miércoles, octubre 29, 2008

Vivir y dejar morir

"[…] De cualquier modo, el ciclo de novelas que escribió Ian Fleming es un caso digno de particular estudio en virtud de la confusión e inexactitud con que ha sido enjuiciado el protagonista, al que atribuyen rasgos pertenecientes al mundo de acción que lo circunda: James Bond es un eficiente y disciplinado servidor de la oficina británica de inteligencia; mantiene una cordial pero respetuosa relación con el personal femenino de esta dependencia estatal; pone sus difíciles obligaciones por encima de todo; está autorizado a matar, pero lo hace solo por necesidad y defensa propia; su conducta erótica es pro­miscua, pero jamás seduce o ultraja a una mujer sino que -a menudo, con cierta compasión y sentimentalis­mo- acepta los ofrecimientos de sus atractivas admira­doras, quienes por lo general se han formado en una vida de agitación y penuria en que la iniciación sexual fue impuesta tempranamente por un acto de violencia. En resumen, este arquetipo heroico -destinado a suscitar la simpatía e identificación del lector- se halla muy lejos de ser un personaje sádico que maltrata mujeres y hace gratuita exhibición de brutalidad, según se ha pretendi­do; es más bien la encarnación de un ideal romántico, un tanto byroniano; la continencia y la mansedumbre no son sus cualidades distintivas -como no podían ser­lo en la atmósfera que lo rodea-, pero en sus tareas y en sus placeres no comete ofensas innecesarias y solo le preocupa cumplir con su deber y disfrutar al máximo sus momentos de solaz. En estos relatos, la inhumanidad y la perfidia corren por exclusiva cuenta de los enemigos del héroe -en particular, las cabezas pensantes de Smersh y de Spectre-, quienes son introducidos de tal forma que se ganan de entrada la antipatía del auditorio. El mayor reproche que quizá se le pueda hacer a Fleming es cierta generalizada xenofobia (los malvados suelen ser orientales, mestizos o naturales de países remotos), pero inclusive esto no debe ser confundido con racismo porque -a semejanza de lo que sucede en las novelas de Faulkner- un hombre de color puede ser noble, valien­te y generoso si colabora con la buena causa (Quarrel en Live and Let Die y en Dr. No); por lo demás, tal actitud del autor acaso ni siquiera sea personal sino una conce­sión al público británico: a menos que sirvan a un país extranjero potencialmente enemigo, todos los ingleses son caballerescos; las debilidades y felonías son exclu­sividad de las poblaciones exóticas (idea que no es nue­va en la literatura porque suele encontrarse ya en los clásicos griegos). En consecuencia, James Bond es una especie de trickster, ese típico semidiós o "héroe cultural" travieso -y, en este caso, epicúreo- de las culturas pri­mitivas, cuya misión consiste en prestar auxilio incom­parable y riesgoso a la humanidad sufriente, para lo cual se interna en la "Comarca de la Muerte" o roba el fuego seminal de los titanes; es un ejemplo de la "metamorfo­sis de las divinidades", un avatar de Prometeo (o acaso de Hércules y sus "doce trabajos") que se incorpora al nuevo panteón popular proporcionado por la "cultura de masas": el relato de sus aventuras carece de profun­didad y responde a un esquema mecánico y repetido, la edad del protagonista -como sucede en las "tiras cómi­cas"- no varía con el transcurso del tiempo, las hazañas narradas son totalmente extravagantes e inverosímiles; pero el impacto logrado es pleno porque se trata de un mito que responde a las necesidades de nuestra época. Lo cual debe servirnos de advertencia: quizá las creacio­nes de la "cultura de masas" deban ser examinadas con esquemas de la antropología, más bien que con instru­mentos de la crítica literaria o de la sociología[1]."

[1] La tendencia a crear mitos que caracteriza a la "cultura de masas" y el significado que esto tiene en nuestro tiempo son problemas fundamentales para la investigación. El asunto ha sido considerado por Roland Barthes, en Mythologies [Mitologías, Buenos Aires, Siglo Veintiuno Editores]. Pero quien más ha desarrollado la cuestión es Edgar Morin; para un examen panorámico, cf. op. cit., p. 230-232; para el mito de las estrellas cinematográficas, cf. Les Stars, passim [Las estrellas del cine, Buenos Aires, Eudeba]; para un resumen de la posición adoptada por Morin y bibliografía adicional, cf. Daniel Bell, loc. cit., p. 13.

En Rest, Jaime (2006): “Literatura y cultura de masas (1965)” en Arte, literatura y cultura popular, Bogotá, Norma, págs. 129-131.

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