jueves, febrero 28, 2013

Héroe rojo (III) (Antonio Marimón)


Me ha ocurrido con trozos narrativos —fragmentos de infinidad de libros— que haya de súbito una línea impidiéndome seguir la lectura: quedo absorto por la descripción de un cairel, una tela o el brillo liso del océano en un islote. Del mismo modo, con Héctor la conversación por lapsos se detenía; la historia de nuestro hombre estaba tan poblada para nosotros de intensidad o elementos contradictorios, que parecía iba a írsenos de la voz. Entonces permanecíamos callados. A uno de esos encuentros llegué luego de una excursión a Cuautla: tenía fresco el perfil azul de los volcanes al amanecer, un diente sobresalía en la ladera izquierda del Popo. Jamás, ni extremando la imaginación, pude creer cuando el rostro aindiado de Pablo me hacía compararlo con un caudillo de la Revolución Mexicana, que me tocaría ver la madrugada en las tierras donde cabalgó Zapata, y tomaría ron con hielo en las noches de la ciudad del Cónsul. Héctor afirmaba que no hay partido chico ni partido grande: todos, aun aquel puñado de individuos que fuimos nosotros, reproducen una matriz, todos. Así la conversación ingresaba al círculo en que la memoria se adhiere a las preguntas: ¿por qué nuestro crecimiento incluyó nuestra ruina?, ¿por qué sucedió como con esos vasos que resbalan, esas pastillas de jabón deslizándose de los dedos, que los hechos escaparon de nuestras manos hasta parecer producto de otros hombres? Una siesta Ricardo me llevó a su nueva casa; se entraba por una escalera y tenía living-comedor, cocina, varias habitaciones. Era una verdadera casa, no aquella precaria de Güemes. Fuimos en automóvil; desde poco tiempo atrás el Gordo se movilizaba en un Citroen destartalado, de color gris. A partir de 1973, él y algunos más cobraban regularmente sus sueldos de funcionarios, en general inferiores a los del Comité Central. Hasta hubo un detalle comparable al lujo asiático: Ricardo hacía sus viajes a Buenos Aires en avión. Sin embargo, ¿cómo saber que ese módico bienestar de comunistas escondía una crisis? Empezaron a evidenciarse aspectos desconocidos en la conducta del Gordo; por ejemplo, empeñarse en atender las tareas de la Comisión de Finanzas, casi exclusivamente femenina. Luego, los sábados compraba unos kilos de costilla y marchaba a una casa de las afueras, donde vivían Lucrecia y Scofield. Este era pintor, sus exposiciones se basaban en un mismo tema que trabajaba mediante monótonas variaciones de negro, ocre y sepia. Colgados en una galería, sus cuadros impresionaban como un poema desdeñosamente ajeno a la mirada. De pronto supimos que Ricardo sostenía furtivos encuentros con Lucrecia. De pronto se notaban incrustaciones insólitas en su habla; no eran muy coherentes, sino como si tradujera de manera vulgar frases de Nietzsche y Rimbaud —autores favoritos de Scofield—, las que en boca del Gordo sonaban a dichas por un ventrílocuo. También afirmaba que para superar el insomnio era bueno irse a la cama con muchos whiskys y cenado en abundancia. Hedonismo plebeyo, intelectualismo tocado de oídas por un viejo militante, eran síntomas de que algo pasaba con el paradigma que Ricardo había creado de sí mismo; lentamente dejaba asomar raspajes, puntos de fuga hacia otra personalidad. Nombraba con más asiduidad que antes el peligro, como exorcizándolo con las referencias. A mí y a Héctor nos asombraba y ponía ligeramente tensos repasar ese período: un mundo estaba cambiando en el Partido y en nosotros sin que lo notáramos; discursos y acciones anunciaban cierto tránsito que no sabíamos leer, caminábamos sin saberlo entre dos realidades: la que nosotros creíamos y otra ignorada, mensaje informe de quién sabe qué grito en la tiniebla. Héctor hablaba de la asimilación acrítica de las tesis maoístas desde 1972, de un proceso de bolchevización del Partido desde 1973. Yo, en cambio, tiendo por temperamento a vislumbrar sólo la superficie de los hechos. Por eso, creo que el punto clave se ubica en los días postreros de 1974. Entonces, como en la bitácora de un barco hundido, sucedió un corte en nuestra continuidad: se acababa aquel año en que salimos del SMATA para nunca más volver, era un fin de semana rutinario, cuando me llamaron a una reunión. Entonces supe la nueva línea del Partido: consistiría en oponernos al golpe militar apoyando al gobierno peronista. En mi cabeza, y en la de muchos, hubo una implacable sensación de vértigo: ¿apoyar al gobierno de Isabel? Sí, estaba bien como estrategia global; ya habíamos concurrido a recibirlo a Perón en 1972; significaba descorrer un velo de años, no a través de los sueños de la pequeñoburguesía, como pasó con Cámpora, sino del verdadero peronismo, de esa sustancia opaca que veíamos desde la infancia y conmovía de arriba a abajo el país. Yo no vacilaba, incluso ratifiqué la certeza de creerme dueño de la verdad, como tantas veces me sucediera dentro de lo que se llamaba "espíritu de Partido". Pero si el peronismo era un movimiento tan complejo, ¿por qué se hizo lo posible para legitimar a la fracción que dirigía José López Rega? No afirmo que la escena siguiente ocurrió a la hora de la siesta, pues quizás fue a la media tarde, cuando promedia el día y estalla una claridad como fruta, la cual acentúa el roce del aire frío en la cara. Sí pienso que será una escena decisiva. Ricardo y yo nos sentamos junto a la ventana del bar. Digamos que el sol corría milímetro a milímetro la franja de sombra en el encolumnado del templete, a la entrada del Hospital de Clínicas. Allí, él me contó los pormenores de su primera entrevista con el brigadier Lacabarme. La audiencia había ocurrido de noche y apenas horas antes un comando del ERP trató de matar al interventor con disparos de obús. Llegó el Gordo tímidamente manejando su Citroen; luego lo hicieron pasar a un chalet contiguo a la Casa de Gobierno. Entonces, con una cuarentaicinco depositada sobre el vidrio de la mesita ratona, Lacabanne escuchó a la delegación del Partido. ¿Qué se podía hablar? Individuos armados, vestidos de civil, entraban y salían del living. De vez en cuando, el interventor federal —el mismo que había encarcelado a Ríos, a algunos de nuestros mejores camaradas del SMATA—, con su voz gruesa de militar les decía nombres, quiero nombres, ¡me tienen que dar nombres! Los invitaba a ser soplones de "soviéticos", he ahí el grado de cooperación política que proponía el lopezrreguismo. Por eso, un análisis de aquella alianza es irrisorio: fue la aplicación mimética de las orientaciones oficiales de China en la Argentina; fue la búsqueda ingenua del interlocutor más antisoviético en el gobierno peronista; fue un engaño a partir de una totalidad engañosa; fue un deseo forzado y a destiempo por tomar parte en la trama del Gran Juego, que fascinaba a Ricardo como ha fascinado a tantos. Creo que se hizo partícipe, además, el sello de un fenómeno generalizado en la época: que hasta en la versión de Mao —reforzado por la versión de Mao— el discurso "comunista" se diseminaba en resultados históricos abominables. Si habíamos constituido hasta entonces un grupo con excesos y errores —algunos sin remedio— pero de intenciones casi transparentes, eso cambió por completo; si la trama del Gran Juego había correspondido naturalmente a otras fuerzas y sujetos, nosotros entramos de ahí en más a sus fauces, y de la peor manera. Fallecido Perón, nada se opuso a que las instituciones políticas naufragaran entre bandas y señores de la guerra. Unos decían tener fines ideológicos, otros sólo militares, pero todos se intercambiaban los muertos, las alianzas, los mandobles por debajo de la mesa; la sociedad entera satelizaba en derredor de aventureros sin escrúpulos y de ciertos oportunistas que les servían. Ese rasgo había pasado a ser condición estructural de la política argentina en 1975; en él se confundían y rotaban izquierdas y derechas, teniendo como referente a alguna facción o grupo de hombres de armas, institucional o irregular, con o sin contigüidad de ideas. ¿Era posible participar de la historia sin entrar a semejante ajedrez jugado con peones de carne triturada? Hubo quienes en aquella desventurada izquierda por lo menos lo intentaban; aunque los aniquilasen —en un sentido a todos nos ocurrió lo mismo— no perdieron el horizonte moral. Algún curioso que estudie estos problemas se preguntará por qué no renuncié al Partido después de que Ricardo me narró su reunión con Lacabanne; no lo hice. Pareciera que en el camino de la razón a lo irracional quedaran residuos listos para inventar nuevas ilusiones. Un mediodía, en el departamento de Marita y Cacho, defendí con tanto vigor la línea política que me dejaron salir como un extraño; no me soportaban. Otra memorable noche nos reunimos en un restaurante Ricardo, Héctor y yo; nos acompañaban Vera y Edith. Es notable el poder enervante de la buena mesa: luego de un trecho en que sólo se oye el rumor de las mandíbulas, todos los comensales hablan y hablan, como si por la conjunción gozosa de los manjares y el vino con los cuerpos se desprendiera un sonido libérrimo de palabras. Las voces de ese coro se superponen con rara armonía, como asociadas en llegar a un límite donde se posterga el acto de entenderse, como acoplándose en una falta de significado último que afortunadamente a ningún comensal preocupa. Fue cuando el Gordo Ricardo sacó a relucir el tema de la insurrección. Los tres nos pusimos a describirla: enumeramos los puentes que habrían de tomarse, los edificios públicos, la forma en que serían bloqueadas las carreteras, el uso de la radio y hasta frases del discurso que deberíamos leer para llamar al pueblo a las armas. Luego vino el minucioso capítulo de las venganzas: cada uno iba nombrando un enemigo y la pena que le impondría al capturarlo; muchos eran amigos de otros tiempos catalogados entonces de "traidores" y "soviéticos". A intervalos, después de un nombre decíamos ése no me lo quita nadie, lo quiero para mí. Las dos mujeres siguieron un rato el juego, hasta que se callaron. Yo lo atribuí, con resentimiento, a que todas las referencias se correspondían con un mundo en verdad masculino, a la transposición en la política de complicidades de amigos. Más tarde supe que tampoco nos aguantaban. ¿Por qué no renuncié, no me fui? Porque éramos muchos los que vivíamos el mismo hechizo y, si quiero ser veraz, porque también a mí me subyugaba el Gran Juego. Diré que solía imaginarme sobre un camión con altoparlante recorriendo los barrios; al pasar por las avenidas y edificios encontraba piquetes de obreros armados que, para distinguirse, llevaban brazaletes de la CGT. Pablo decía por radio un discurso que yo le escribía, la calle era como una gran casa de todos. Me emocionaba susurrar aquellos versos de Alberti: "Arde Madrid. Ardía / por los cuatro costados", me emocionaba hasta el escalofrío, poblado el pensamiento por ese tumulto.

Marimón, Antonio (1987): El antiguo alimento de los héroes, Buenos Aires-Montevideo, Puntosur, 158-164.

miércoles, febrero 27, 2013

chocolatines Jack


yo no le cargaría a este pibe el avatar de nuestras decadencias. Ricardo Fort, después de todo, es una sintomatología de la época y no hace más que expresar el aspiracional de tantos: que ese aspiracional sean unas tilingas vacaciones a Miami no es culpa suya. Entonces, la tragedia no es él, la tragedia somos nosotros. El, en todo caso, nos condensa, les lleva South Beach y Ocean Drive a las señoras del primer y segundo cordón porque sabe que eso es lo que desean. A diferencia de Susana, que se mete en Bal Harbour a consumir para ella y su hija Merceditas, Fort consume como invitándonos a consumir con él: va a cámara abierta y te muestra al vendedor latino, la ropa colgada, la etiqueta con el precio. Es decir, traslada, transporta. Es de una infinita melancolía, pero es así cómo se hace amar: con una bolsa de chocolates, con una extensión de la tarjeta, hay cosas que se aprenden de chico. Su fortuna, además, es una fortuna blanca o por lo menos más blanca de lo que son las fortunas nuestras de todos los días. A diferencia de Macri, de Kirchner, del que ustedes quieran, todos saben de dónde sacó y sigue sacando la plata: no hay fantasma posible para todo ese dinero, que es dinero que nosotros pusimos en sus manos en todos estos años de chocolatines Jack, bombones Jaqueline, botellitas de licor, barritas de cereal: el tipo es rico porque nosotros lo hicimos rico, y eso le otorga permisos de confección publicitaria que anda a discutírselos. Por lo demás, él mismo, y sí, es un chico elemental, incandescente pero elemental. Ahora, eso qué tiene que ver.
Seselovsky, Alejandro (2010): "Ricardo Fort: Ella quiere su rumba" en Trash. Retratos de la Argentina mediática, Buenos Aires, Norma, p. 106.

Obviamente, en las últimas semanas, la figura Fort tuvo una nueva parábola: convertido en el hombre que volvió de la muerte, la estrella de Fortuna se ha vuelto en el-hombre-rico-que-vuelve-a-la-familia, reconociendo que tras su recuperación y milagro se dio cuenta de cuánto apreciaba a su madre. Una suerte de cuento navideño con moraleja, de hijo pródigo mediático. En todo caso, otro ribete de la galaxia trash que tan bien explora Seselovsky. Eso va quedando del verano, eso y la intensa polémica entre Maradona, Ventura y Rial, una nueva muestra de lo improfanable del lenguaje, de su girar en el vacío

martes, febrero 26, 2013

We are chusmas

La reedición de Museo del chisme de Edgardo Cozarinsky es motivo para celebrar. Yo, chusma, he intentado difundir las pequeñas anécdotas del libro en diversas oportunidades (acá, acá y acá) por lo que la aparición del Nuevo museo del chisme, una edición revisada y ampliada que nos brinda la distinguida editorial La bestia equilátera, no me puede pasar desapercibida. Cozarinsky hace del chisme un género básico, en el sentido fundamental de la palabra, a través del trabajo artesanal con el que talla estas pequeñas delicias de la vida cultural y por eso hay que recorrer su hermoso museo.


Nuevo museo del chisme - Edgardo Cozarinsky
Esta visita guiada a los chismes más deliciosos de la historia de la literatura, de las artes y de la historia a secas, tiene como cicerone y maestro de ceremonias a Edgardo Cozarinsky, que ha demostrado ya en muy distintos géneros y registros su inteligencia, su veracidad y su rigor. La tensión dramática o humorística de la anécdota impone su eficacia. Tras esa límpida definición (gracias a la síntesis genial de Cozarinsky), poco puede agregarse en términos de estilo y escritura.

El Nuevo museo del chisme, que enriquece con veinticinco hallazgos la primera edición —hoy inhallable—, reúne un elenco de personajes que va de Dorothy Parker a James Joyce, de Victoria Ocampo a Ernesto Sabato, de Joseph Stalin al astronauta Tsibliyev. Abre el volumen un ensayo que cobra mayor importancia con el curso de los años, “El relato indefendible”, una indagación única y preciosa del chisme como núcleo indispensable de la novela –en Henry James y Proust, sí, pero también como indicio informativo de cualquier narración–.

El libro que hay que tener para que la literatura siga siendo la isla del tesoro del placer.

CHISME N° 20:
París, años 30. Joyce le dicta a Beckett su work in progress, que será Finnegan’s Wake. En algún momento llaman a la puerta, Beckett no lo oye y Joyce dice: “Come in”. Al final de la jornada de trabajo, el secretario lee en voz alta el dictado del día. Al llegar al “come in”, Joyce se sobresalta: “¿Y eso?”. “Usted lo dijo”. Tras un momento de reflexión, el autor decide: “Dejémoslo…”.

Leé un fragmento ACÁ

También disponible en E-BOOK desde marzo

sábado, febrero 23, 2013

2001


En los diarios que compraba para buscar trabajo empecé a leer noticias sobre la transbiótica. Una técnica para reemplazar sin trastornos los órganos humanos enfermos o dañados, que comprendía tanto la adaptación del implante como la perfecta conservación de los órganos de repuesto en bancos de reserva. El sistema era impecable; el problema consistía en conseguir órganos sanos. En laboratorio se podían desarrollar cuerpos humanos descerebrados, para después desguasarlos, pero la madurez de estos cuerpos llevaba veinte años, el proceso era muy caro y los órganos obtenibles de ellos no tenían la fortaleza de los órganos de un cuerpo humano natural y sano. Evidentemente los enfermos ricos ofrecían dinerales a los vendedores voluntarios de órganos naturales.
Siempre fue sano, fuerte y pobre.
De la crisis del 2001 a 2001, odisea en el espacio: el cuento de ciencia ficción de Daniel Barbieri sigue acá. Quiero leer más de Barbieri, hay una zona de la literatura argentina, la de la ciencia ficción, que ha quedado relegada a los fanáticos o a las revistas especializadas y que vale la pena explorar. Seguiré por esa senda interespacial.

viernes, febrero 22, 2013

Limpia, fija y da esplendor

Clases magistrales en el Teatro San Martín

CLASE MAGISTRAL INAUGURAL (MARZO)

RICARDO PIGLIA: “Una mirada sobre Rodolfo Walsh”

Martes 5/3 a las 19

Entrada libre y gratuita


SEMINARIO MARZO

MARTIN KOHAN: “Literatura argentina y guerra”

Miércoles 6, 13, 20 y 27 a las 19

Los modos en que la idea y la práctica de la guerra (ya sea bajo la forma de terrorismo de Estado, ya sea a través de un conflicto armado como el de Malvinas) aparece en la producción de ficciones a lo largo de las últimas décadas en la Argentina (Fogwill, Gamerro, Ratto, Pron).


SEMINARIO ABRIL

DAMIAN TABAROVSKY: “Fogwill: estado de la cuestión”

Miércoles 3, 10, 17 y 24 a las 19:

Rodolfo Enrique Fogwill es uno de los autores argentinos más leídos de la actualidad y uno de los que tiene mayor poder de influencia en la nueva generación de escritores locales. A dos años y medio de su muerte, este seminario es el primero que se le dedica a su obra, que abarca novelas, cuentos, poesía y ensayo.


CLASE MAGISTRAL MAYO

ELVIO GANDOLFO: “Vidas y obras de Mario Levrero”

Martes 7/5 a las 19

Mario Levrero es, junto a Roberto Bolaño, uno de los mayores (re)descubrimientos de la literatura latinoamericana de fin del siglo XX. Un repaso por todos los géneros que el escritor uruguayo supo cultivar en sus cuentos y novelas (del policial a la ciencia ficción) y todos los trabajos que supo hacer (de redactor de historietas a creador de crucigramas) a lo largo de su peculiar biografía.

Entrada libre y gratuita


SEMINARIO MAYO

MARÍA MORENO: “Crónicas y cronistas del Río de la Plata en los siglos XIX y XX”

Miércoles 1, 8, 15 y 22, a las 19

La escritura de no ficción atraviesa en la actualidad una fase de esplendor y visibilidad, y el término “crónica” está en boca de todos. ¿Pero es este género, en verdad, algo que podría definirse como algo novedoso? Una historia de los cronistas rioplatenses que atraviesa dos siglos de periodismo y literatura y que pone en contexto la producción de los cronistas contemporáneos.


SEMINARIO JUNIO

DANIEL LINK: “La lógica de Copi”

Miércoles 5, 12, 19 y 26 a las 19

Leída en la intersección del cómic, la ficción narrativa y el teatro (soportes en los cuales se funda por igual su prestigio), la obra de Copi interroga centralmente la noción de acción (dramática y narrativa). Copi irrumpe en la escena mundial para proponer una ética y una estética trans: transexual, transnacional, translingüística, y opone al Estado-Nación y sus ficciones guerreras la idea de comunidad (posnacional y, al mismo tiempo, imposible).


SEMINARIO JULIO

ALAN PAULS: “Dar la cara”

Miércoles 3, 10, 17 y 24 a las 19

¿Cómo se construye la figura de autor (cómo se instala una presencia) en la literatura y el arte contemporáneos? Estrategias y movimientos. Levrero, Vallejo, Sarduy y otros.


CLASE MAGISTRAL AGOSTO

ROBERTO HERRSCHER: “Cómo contar la guerra”

Martes 6 a las 19

Los límites entre periodismo y literatura en los relatos de no ficción sobre la Segunda Guerra Mundial, Vietnam, Malvinas y las guerras actuales en Irak y Afganistán.

Entrada libre y gratuita.


SEMINARIO AGOSTO

LUIS GUSMÁN: “Los raros: Masotta, Libertella, Lamborghini”

Miércoles 7, 14, 21 y 28 a las 19

Pensamiento en los márgenes, obras incómodas e inclasificables, la centralidad, la periferia, el canon, la diferencia entre el escritor y el artista: todas estas cuestiones están presentes en los textos de Oscar Masotta, Héctor Libertella y Leónidas Lamborghini.


SEMINARIO SEPTIEMBRE

LUIS CHITARRONI: “La ficción no nos deja mentir”

Miércoles 4, 11, 18 y 25 a las 19

“La ficción no nos deja mentir” es un seminario acerca de algunos métodos de composición literaria. El propósito es detenerse todo lo posible en la elaboración secundaria para avanzar más rápido en el curso de la narración, sin paradojas (ya que el enunciado titular es muy serio): de las anotaciones de Henry James para novelas y relatos a los escritos de Kafka sobre sus propios escritos. Y ya en pleno vuelo, de las “profanaciones” de Joe Orton y Kenneth Halliwell Halliwell al “Teatro proletario de cámara”, de Osvaldo Lamborghini.


SEMINARIO OCTUBRE

BEATRIZ SARLO: “El espacio y sus recorridos”

Miércoles 2, 9, 16 y 23 a las 19

En esta serie de charlas se abordan los distintos modos de desplazamiento: viajes, cosmopolitismo, latinoamericanismo y, finalmente, turismo. Una reflexión, de Victoria Ocampo al Che Guevara.


SEMINARIO NOVIEMBRE

CARLOS GAMERRO: “Joyce y los argentinos”

Miércoles 6, 13, 20 y 27 a las 19

Una introducción a la obra narrativa de James Joyce, con centro en Dublineses, Retrato del artista adolescente y Ulises, y su influencia en la obra de autores como Jorge Luis Borges, Rodolfo Walsh, Juan José Saer, Manuel Puig y otros.


SEMINARIO DICIEMBRE

MARCELO COHEN: “Viajes de la literatura al extranjero: la narrativa fantástica del siglo XX al XXI”

Lunes 2, 9, 16 y 23 a las 19

Las ficciones fantásticas como excursiones a incidentes que la abrumadora lógica de la razón instrumental pasa por alto. Estas charlas se proponen mostrar algunas de las formas con que el género ha ampliado la percepción y la conciencia del mundo, y cómo hoy está aboliendo su falsa separación de los realismos. Con detenimientos en las obras de Buzzatti, Mandiargues, Piñera, Kafka, Levrero, Lem, Carter, Bodoc, Harrison, Cortázar, Gandolfo, Sorokin, Tsutsui, Lethem y otros.

Los Seminarios tienen un costo de 150 pesos. Se entregará certificado de asistencia.

Acá, la programación completa del CCGSM en todas las áreas.

domingo, febrero 17, 2013

I want it


Un sudaca en la Corte - Daniel Moyano (Caballo Negro editora, 2012)

Daniel Moyano no sólo navega sobre sus historias, sobre la escritura, navega también en él, entra y sale con una naturalidad que oculta el prodigio de sus recursos narrativos. Un sudaca en la Corte es un breve conjunto de relatos en los que el autor de Tres golpes de timbal abre, como al pasar, la rosa de los vientos de su escritura. Allí está su infancia desolada, su exilio en España, la batalla de su imaginería contra las dictaduras militares, los paisajes de cuero de La Rioja, toda una acuarela móvil con la que juega Moyano como un niño moviendo y transformando el mundo.
Su prosa está sostenida por relámpagos poéticos, esos dones que muchos narradores consideran inalcanzables y que en este autor es el ánima misma de su lenguaje. Daniel cuenta como contaba oralmente: con economía precisa y el vuelo inalcanzable. El conjunto de su obra es de la más alta narrativa del siglo XX de nuestro país y de América Latina. Sin embargo, salvo en aisladas ocasiones, se le ha dado en la Argentina el reconocimiento que merece. Mérito mayor del esfuerzo de esta editorial.
Quien lea Un sudaca en la Corte entrará en el juego de Daniel. Y jugará sonriendo muchas veces de su propia tristeza, jugará a desarmar un ejército con un oboe y cuando quiera darse cuenta ya estará hablando mano a mano con Don Quijote de la Mancha.
Mientras, como el flautista de Hamelin, con un violín y el trino del diablo, este escritor atrae sus lectores hacia el océano aéreo de su imaginación.

Leopoldo Castilla

sábado, febrero 09, 2013

Hacia una política spinozista

Ante todo, una política spinozista no deja lugar a ningún lamento por la adversidad de las cosas, ni promueve una ruptura reaccionaria con las situaciones efectivas desde un moralismo que se arroga la función de juzgar los avatares de la vida colectiva a partir de una presunta sociedad ideal –perdida o por venir–; una política spinozista, más bien, es potenciación de los embriones emancipatorios que toda sociedad aloja en su interior para su extensión cuantitativa y cualitativa. Una confianza en lo que hay como punto de partida de una intervención.
Diego Tatián escribe sobre la democracia a la luz de Spinoza. Quiero leer Lo impropio (Excursiones, 2012). Me animaría a decir que Diego Tatián y Dardo Scavino son dos exponentes fundamentales del pensamiento filosófico-político de la actualidad. 

viernes, febrero 08, 2013

El futuro


Exposiciones. Tres novelitas pequeñoburguesas es una trilogía compuesta por Los años noventa (Adriana Hidalgo, 2001), La ansiedad (El cuenco de plata, 2004) y Montserrat (Mansalva, 2007), precedidas por un Antiprólogo de Mario Bellatin.
De 1990 a la actualidad, del contestador automático al blog, pasando por el mail y el chat, Exposiciones registra quince años todavía presentes de las tecnologías de comunicación interpersonal. En el borde difuso entre ficción y autobiografía, esta trilogía también es una manera de entender –de contar– el amor, la familia, el dolor, las relaciones, la enfermedad, el trabajo.
Siempre atento a los nuevos modos de narrar el mundo, Daniel Link compone una obra que funciona como una actualización de la novela, al mismo tiempo que cuenta una larga historia que es, fundamentalmente, sentimental.

Disponible en Amazon, etc, a partir del 11 de febrero.