martes, marzo 10, 2026

La Literatura Diferente, un folleto

Hace tiempo tuve la dicha de participar en la edición de un libro importantísimo para la edición argentina, en habla hispana y para los fanáticos del sci fi y del fantasy. Me refiero a Minotauro, una odisea de Paco Porrúa, de Martín Felipe Castagnet, publicado por Tren en movimiento ediciones. 

Hete aquí que unos meses atrás me encontré con una incompleta colección de Planeta, la celebérrima publicación de realismo fantástico y alrededores de Louis Pauwels, quien a comienzos de los 60 había pateado el tablero de la imaginación al escribir junto a Jacques Bergier, El retorno de los brujos

Hojeaba pues el número 2 de la revista francesa, traducida al español en nuestro país, y entre sus páginas me topé con un folleto de la revista Minotauro (claro, la de Paco Porrúa) que anunciaba "La Literatura Diferente". El folleto me resultó fascinante y se lo compartí a Martín C. que no lo recordaba de su profunda investigación. Y los nexos estaban servidos: la Editorial Sudamericana, por un lado; el vínculo entre el realismo fantástico y los géneros imaginativos de la literatura como el sci fi, el fantasy, el horror, etcétera... 

En fin, sin más vueltas, dejo fotos del folleto de Minotauro para que puedan apreciarlo. ¡Salú!

domingo, febrero 22, 2026

Los índices de la revista Opium (2a parte)

Para finalizar con los índices de la revista Opium, van los de los números 3 1/2 y 4. Y recuerden: "Dios está en los paratextos". ¡Que los disfruten!


 
Opium 3 ½ 

Baires, noviembre de 1965 
 
Tapa: Roberto Duarte 
Grupo editor: Ruy Rodríguez – reynaldo mariani – Isidoro Laufer – Sergio Mulet 
[Editado con el apoyo económico de Falbo Librero editor - y amigo] 
[Diagramación: Renée Cuellar – Ruy Rodríguez] 

Manifiesto “etcétera etcétera. Sí. Sí. Opium aún con el Amor y el Ocio” p. 3 y p. 47 
“A la memoria de Ann Jones”, Dylan Thomas (con nota de Enrique Molina) pp. 4-5 
“Sermón del subterráneo”, Daniel Giribaldi p. 6 
“Balada final”, François Villon (traducción y nota: Edmundo Eichelbaum) p. 7 
“Yo busco unos ojos…”, Mercedes F. Z. de Giúdice p. 8 
“Gigi”, Dalton Trevisan (Brasil) (traducción: Ruy Rodríguez) p. 9-10 
[Publicidad de Ediciones Sunda] p. 10 
“A la gloria de las familias”, Enrique Molina p. 11 
“Mañana, que es domingo”, Egito Gonçalves (Portugal) (traducción: Ángel Crespo) p. 12 
“Estado de mareas”, Ruy Rodríguez p. 13 
“La mesa”, José Peroni p. 14 
“Herido”, Saúl Yurkievich p .15 
“Panqueque con crema”, reynaldo mariani pp. 16-17 
[Publicidad de la revista La loca poesía] p. 16 
[Publicidad de la revista Airón] p. 17 
Dalmiro pregunta a Dalmiro p. 18 
Portada “4 poetas norteamericanos Merton, Ginsberg, Oberweiser, Sherman” p. 19 
“Albada Harlem”, Thomas Merton (traducción: Ernesto Cardenal) p. 20 
“Chillido”, Allen Ginsberg (traducción: Julio Valmaggia y reynaldo mariani) p. 21 
“Suceso”, David Oberweiser (traducción: reynaldo mariani) p. 22 
“El palacio de la luna más baja”, Susan Sherman (traducción: Eduardo Costa y Malena Ezcurra) p. 23-26
[Publicidad de la revista Jazz Up] p. 26 
“Todo por una fotografía que no pude tomar”, Martín Micharvegas p. 27-28 
“Acerca… …de esto que hago”, René Palacios More p. 28-29 
[Publicidad de la revista Vigilia / Publicidad del libro Estado de alerta, de Ezequiel Saad, ediciones La lengua del dragón] p. 29 
“Una cubierta de automóvil”, Sergio Mulet p. 30 y p. 40 
 “Desde la habitación vecina”, Eduardo Aray (Venezuela) p. 31 
“Maconha”, Luisa Futoransky p. 31 
Portada “Dos poemas de Blaise Cendrars” p. 32 
“Eres más bella que el cielo y el mar”, Blaise Cendrars (versión y nota: René Palacios More) p. 33 
“El vientre de mi madre”, Blaise Cendrars (versión y nota: René Palacios More) p. 34-35 
Nota sobre Blaise Cendrars p. 35 
[Publicidad de Falbo Librero editor] p. 36 
“Contra”, Juana Ciesler p. 37 
“Uno”, Jorge Michel p. 38 
[Publicidad de la revista Mediodía] p. 38 
“Poema”, María del Carmen Suáres p. 39 
[Publicidad de la revista El corno emplumado] p. 40 
“Abajo” (fragmentos), Leonora Carrington (nota y traducción: César Moro) pp. 41-46 
[Publicidad de la casa de antigüedades Hogart] p. 47 
[Publicidad de la galería de arte Vignes] p. 47 
[Aviso “Se adhieren a Opium: Claudia Sánchez, Guillermo Smith, Ricardo Becher”] p. 47 
[Aviso de colaboraciones y correo para Opium] p. 47 
[Foto de violencia contra negros en EE. UU. con epígrafe de James Baldwin] p. 48   




Opium 4 

Baires, 1967

Tapa: Gustavo Trigo 
Responsables: ruy rodríguez – reynaldo mariani – sergio mulet 
Editor: Miguel Ángel Gómez Sanjaume 

[el número no tiene paginación] 

Manifiesto “han pasado muchas cosas en un año (…):” 
“Poema para gritar entre las ruinas” – Louis Aragón (traducción y notas: Victoria Rabín) 
“Mutilación” – Marcelo Fox 
[Publicidad de Ediciones Sunda B. A.] 
“Magia”, Arnaldo Acosta Bello (Venezuela) 
“Prosa”, G. Albert Aurier (traducción y nota: Álvaro Rodríguez) 
“La escena de la pirámide”, Philip Lamantia (USA) (traducción: José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal) 
[Publicidad de una ¿antología-revista? El Opiumtodo, anticipaba textos de mariani, rodriguez, mulet y néstor sánchez] 
Fragmento de Siberia blues, Néstor Sánchez 
“Al extranjero”, Rodolfo Hinostroza (Perú) 
“Costumbres nupciales de los perros”, “El vino”, Francis Ponge (traducción y nota: Enrique Molina)
[Publicidad de galería de arte Vignes] 
“La vida no es simétrica”, Rodolfo Relman 
[Publicidad de Sanjaume editor] 
“M”, Francisco Pérez Perdomo (Venezuela) 
“Fragmentos”, Victoria Rabín 
“Reportaje algo agresivo a mí mismo”, Roger Pla (nota: mariani) 
[Collage con la imagen de colaboradores de Opium
[Inscripción tipográfica: “¡Al truco jamás!”] 
“Cartas a André Breton”, Jacques Vaché (traducción y notas: ¿?) 
“Blanca acetileno!”, Jacques Vaché [Recorte en francés y traducido sobre el suicidio de Vaché con opio]” 
[Publicidad de la librería Los cronopios] 
“Regreso de un ciudadano (mamotreto n. 5)”, reynaldo mariani 
“Credo y técnica para prosa moderna” (en inglés y traducido), Jack Kerouac (traducción y nota: ¿Miguel Grinberg?) 
“Kerouac y los ángeles subterráneos”, Henry Miller (traducción y nota: Miguel Grinberg) 
 “El gusto de Miles”, Ted Joana (USA) (versión: Loses Carpartaco) 
[Publicidad de estudio de fotografía Estudio Caglioti] 
“El mal garza real”, Francisco Madariaga 
“La belleza tiene nombre”, Jorge Centofanti 
“Poema IV”, Sergio Mulet 
“Resaca”, Osvaldo Alcântara (Cabo Verde, África) (traducción: Ruy Rodríguez) 
“Inventario sobre la marihuana y ella”, Ruy Rodríguez 
[Aforismos], Oscar Wilde 
[Grabado antiguo de un fraile y un indígena con un telar] 
“Oraciones de un señor arrepentido”, Antonio Cisneros (Perú) 
“Billy the kid”, Jack Spicer (traducción y nota: Miguel Grinberg) 
[Aviso para colaboraciones y suscripciones a Opium
[Índice y responsables del número]

lunes, febrero 09, 2026

Los índices de la revista Opium (1a parte)

Los que pasaron por Lecturas y exhumación, quienes conocen este blog, saben que me interesan los paratextos. Le he dedicado, por ejemplo, posteos a las notas al pie de Carlos Correas

En esta ocasión, comparto un trabajito que me tomé como complemento al gran laburo realizado por Fede Barea, amigo de la casa, en su libro Argentina beat. Derivas literarias de los grupos Opium y Sunda (Caja Negra, 2016). Faltaba tener una visión más general de lo incluido en los cuatro números de la efímera publicación opiúfica. 

Me parecía relevante para notar: los vínculos con poetas y revistas de otros países y regiones del mundo (desde Brasil hasta África, pasando claro está por EE. UU.); las publicidades de locales de la época como el bar Moderno o la casa de antigüedades Hogart (¿algo que ver acaso con la madre Hogarth de OL?); las traducciones elegidas para marcar una tradición, como Alfred Jarry en el segundo número; otros poetas menores que quedaron olvidados en los márgenes de la literatura argentina (y que no entraron en Argentina beat, claro).

Van pues los índices de los números 1 y 2 1/2 de la revista Opium. En unos días subo los siguientes. Y recuerden: "Dios está en los paratextos". ¡Que los disfruten! 


Opium
n. 1 

Baires – Argentina Oct-Nov 1963 

Edita: Grupo OPIUM m. bartolomé – mariani – rodríguez – satz – l. bartolomé – fox 
Responsables: reynaldo mariani – ruy rodríguez 

En este número: jorge medina vidal (uruguay) miguel bartolomé reynaldo mariani ruy rodríguez mario satz marcelo fox rosa skific 

Suplemento: Poesía del Brasil (traducción y notas de Dilermanda Rocha) 
Viñeta: Grabado en madera – Daniel Zelaya 

“Madame”, Miguel Bartolomé p. 1 
“Entonces dijo el que de ellos hablaba”, Ruy Rodríguez p. 2 
“Hadad”, Mario Satz p. 2 
“Composición n. 1” y “Composición n. 3”, Jorge Medina Vidal p. 3 
“Poema”, Rosa Skific p. 3 
“Caca”, Reynaldo Mariani p. 4 
“Sombras”, Marcelo Fox p. 5 
[Publicidades de Eco contemporáneo, El corno emplumado y Librería Norte] p. 5 
[Datos de contacto con la revista] p. 5 
Manifiesto “Opium – opium – opium – opium…”, Grupo OPIUM [Octubre 1963] p. 6




Opium 2 ½ 

Año 2 n. 2 – junio y julio de 1965 

Grupo editor: isidoro laufer – ruy rodríguez – sergio mulet – reynaldo mariani 

Manifiesto “Porque no somos ángeles…” p. B [termina en p. U] 
“ABC de las catástrofes” (fragmento), Aníbal Machado (Brasil) p. C 
“No quisiera crepar”, Boris Vian (versión y nota: Leutrade Hucqtoeur) p. D-E 
“Epitafio”, Bertolt Brecht p. E 
“Enterremos en paz la guerra”, J. Mario (Colombia) p. F 
“Regreso de John Nobody, personaje imaginario aunque (quizás) no tanto”, reynaldo mariani p. G
“L’Opium”, Alfred Jarry (versión: René Palacios More) p. H-J 
[Dibujo de Mario Gómez] p. I 
“Tarma y las islas”, Ruy Rodríguez p. J 
Dos poetas africanos: “Mi canto Europa”, Tomás Medeiros (Isla Sao Tomé – África) // “Para más allá de la desesperación”, Ovidio Martins (Cabo Verde – África) (traducción: Ruy Rodríguez) p. L-M 
“Los héroes”, Juan Calzadilla (Venezuela) p. N 
[Publicidad de El corno emplumado] p. N 
“Poema báquico”, Yehudá Ha-Leví (poeta hispanohebreo - ¿1080-1140?) p. O 
“El trapecio”, Manuel Pacheco (España) p. O 
“Estoy pobre”, Isidoro Laufer p. P 
“La visita de la noche”, Henrique Simas (Brasil) p. Q 
 [Publicidad de Filmboard] p. Q 
“Poema 1” – Sergio Mulet p. R 
[Publicidad de Hogarth, local de antigüedades] p. R 
“Palabras antiguas”, Rafael Solana (México) p. S 
[Publicidad de Serna, local de cine] p. S 
“Envío”, Leopoldo José Bartolomé p. T 
[Publicidad de Falbo Librero editor] p. T 
[Publicidad de La loca poesía] p. U 
[Publicidad de Casa Vignes, galería de arte] p. U 
Continuación de Manifiesto “Porque no somos ángeles…” p. U 
[Publicidad de Ediciones Insurrexit y de próxima publicación editorial de Opium] p. V 
[Publicidad del bar Moderno] p. W 
[Publicidad de librería en Av. Corrientes 1740] p. W 
[Aviso sobre correspondencia y envíos a Opium] p. W 
[Publicidad de gráfica Imprimatur] p. Z

sábado, enero 31, 2026

Nicolás Peyceré. Un nómade musical y pictórico (entrevista de Guillermo Saavedra)

Leí a Peyceré hace unos años, como quien da un salto de fe. Había encontrado en saldo de la editorial Adriana Hidalgo, Las muchachas sudamericanas (antes llamada Novela o las aventuras y oficios de dos muchachas americanas) y me lo había llevado por referencias cruzadas provenientes de artículos y entrevistas de Fogwill, Aira y Laiseca. No podía ser un mal escritor, una obra despreciable, algo debía haber ahí... 

Efectivamente Las muchachas... me sorprendió gratamente y luego dos personas cercanas me hablaron del Evangelio apócrifo de Haddatah, el libro que mencionaban con énfasis los popes del contracanon literario nacional en los 80. Tardé en conseguirlo pero también lo hallé y lo leí con deleite, acá pueden leer una líneas al respecto. Ahora me gustaría leer todo lo que publicó, claro, y en eso estamos.

Hace unos días conversando con mi amigo M. M. sobre Peyceré me mencionó una entrevista desconocida para mí en un libro aún más desconocido: La curiosidad impertinente, un recopilación de entrevistas hechas por Guillermo Saavedra entre fines de los 80 y principios de los 90, publicada por Beatriz Viterbo. Además de Peyceré los nombres del índice son sorprendentes: Saer, Piglia, Bioy, Laiseca, Libertella, C. E. Feiling, Martini, Gusmán, Cohen, entre otros.

En fin, leí con mucho placer la entrevista de Saavedra a Peyceré y le sentí eso que su escritura me había transmitido: la fascinación con el pasado y con un vocabulario del pasado, la descripción detenida como una forma de narrar. Pasen y lean y si les llama la atención, no duden en darle una chance al autor de Las muchachas sudamericanas, que varios de sus libros se consiguen aún con facilidad.   


Nicolás Peyceré. Un nómade musical y pictórico 

Entrevista de Guillermo Saavedra 

Dedicado inicialmente a la medicina y aficionado al dibujo, Nicolás Peyceré fue derivando, de veinticinco años a esta parte, hacia el psicoanálisis y la literatura. Autor de textos de poesía y ensayo, prefiere que se mencionen sus tres libros de narrativa: Novela o las aventuras y oficios de dos muchachas americanas (1979), El evangelio apócrifo de Hadattah (1981) y La explicación (1986), además de sus Poemas elegidos (1991). En ellos se despliega un infrecuente proyecto experimental, que Peyceré insiste en discriminar del vanguardismo y la marginalidad. 

Razonablemente un poco menos joven que su escritura, canoso, de estatura y complexión medianas, Nicolás Peyceré parece haber cruzado los cincuenta años. Hay que deducirlo porque él, amparado en una mezcla de timidez e intransigencia principista, se rehúsa a ofrecer datos personales: “Si me proponen una entrevista, me imagino a alguien mirándome a través de una persiana. Prefiero exponer mi escritura en lugar de mi persona, porque no soy un actor, soy un escritor. Además, desconfío de las psicobiografías”. 

Cuando el cronista le promete no utilizar esos datos para intentar, a partir de ellos, una exégesis de sus libros, este hombre de grandes anteojos que parece rehuir también los largos parlamentos se atreve a escanciar algunas gotas de su historia: una infancia transcurrida en pleno centro porteño, estudios en el colegio Champagnat, la carrera de médico, un viaje por Europa que duró varios años, su desempeño como médico rural, su afición al dibujo. 

En algún momento —Peyceré no condesciende a dar razones, aduce no saberlas—, el psicoanálisis y la literatura comenzaron a desplazar a la medicina y el dibujo: “No fue una inclinación sino algo que sucedió. Yo pensaba seguir trabajando como médico rural, cosa que me gustaba mucho y aún sigue gustándome. De cualquier modo, reconozco una dedicación más o menos sistemática a la escritura desde hace veinte años. Pero me encuentro más cómodo con escritores jóvenes, con escritores de veinte años que con aquellos que tienen veinte años de escritores”. 


¿Cómo piensa la actividad literaria quien hace ya dos décadas le dedica algunos de sus mejores afanes? Peyceré —que hubiera preferido una entrevista “a la Gilles Deleuze” y sin embargo soporta estoicamente la presencia electrónica y nipona de un grabador maltrecho— dice, mientras se ayuda con unas anotaciones pertinentes: “Creo que, por un lado, están los escritores que constituyen la vanguardia. Pero ésta, en literatura, aparece más bien como un catálogo de autores. Las vanguardias se superponen, unas encima de las otras, de modo tal que, finalmente, todo es o ha sido vanguardia. Podría decirse incluso que los escritores de vanguardia suelen estar designados. Por otro lado, están los escritores nómades. De éstos, no se sabe. No están a los costados como los marginales sino en cualquier parte. Como dice Kafka: ‘Es imposible comprender cómo han penetrado hasta la capital; sin embargo, están allí, y cada mañana da la impresión de que su número ha aumentado’”. ¿Se considera un nómade el que dice —lee— estas palabras? “Podría ser —responde Peyceré, en un modo potencial que parece estar implícito en todas sus afirmaciones— pero el de nómade es un concepto que se emite desde un lugar central, desde un punto fijo. Por eso los nómades no saben de sí mismos. Dice Nietzsche, también, de ellos: ‘Llegan como el destino, sin causa, sin razón, sin miramientos, sin pretextos’”. Palabras, las de Kafka, las de Nietzsche, las del propio Peyceré, que hablan más de obras que de hombres. ¿Cómo son estas profanas, nómades escrituras? “Se trata de escrituras no situables, errabundas, desprolijas; textos inacabados aunque lleven la palabra ‘fin’. Los nómades tienen los horizontes desaliñados, los campos visuales cortados por escotomas y sus escrituras suelen ser arrancadas de crónicas; a veces, tienen todavía hilachas de esos arrancamientos. Son escrituras sentadas, como la figura egipcia Quah ab ra: no podemos hacer mucho con ellas”. 

¿Hay modelos para esta escritura transhumante? ¿Quiénes son los nómades de esta genealogía peycereana? El hombre tímido, apenas entrevisto, se dispone a espiar por las persianas de su propia memoria: “Pienso en escrituras muy antiguas. Por ejemplo Le roman de la rose (que por supuesto nada tiene que ver con El nombre de la rosa); pienso, también, en libros que no son estrictamente literarios, libros de botánica y de viajes; pienso en Julio Verne, en la Encyclopédie, en la Imagerie d’Epinal, vieja colección de láminas”. 

Inevitablemente, el hombre habla por su obra. En los textos de Peyceré, hay una insistencia en lo visual, una manera de representar su mundo que se vuelve obsesivamente sobre pinturas, grabados, láminas, dibujos. ¿Qué razones vuelcan la escritura sobre esas exposiciones? ¿Tal vez una inteligencia barthesiana que ofrece láminas para ser leídas? El nómade escritor y dibujante responde en voz muy baja: “Las láminas —también ciertas voces, ciertos gritos— constituyen una intermediación entre lo que escribo y lo que se llama la realidad. Obviamente, la intermediación está siempre; pero hay un uso distinto de ella en la lámina, en el lenguaje de mis obras. La escritura verosímil, el realismo, supone la mediación del lenguaje-institución, lo consensual, lo que está en boga. En el caso de mi escritura, reemplazaría la palabra ‘verosímil’ por el concepto de ‘intertextualidad’. Es decir, un texto que tiene como intermediación otro texto; pero ese texto ocasional no es lo que está en boga. Los nómades, en su errabundeo constante por infinidad de textos, se parecen a los hombres del paleolítico que eran, a la vez, recolectores y cazadores”. 


Peyceré —anteojos de gruesos cristales y sólido marco de nácar negro— ha sabido traducir su metáfora de los campos visuales, escotómicos, segmentados, en una obra que ofrece una mirada fragmentada de un mundo subjetivo: “Se puede hacer una artesanía sin deshacer la sintaxis; dejar palabras-frases sueltas que sean un relieve, donde las secuencias no sean causales sino seriales”. 

Relieve, serialidad: por las rendijas se escapa el peycereano celo por vincular su oficio de palabras con la pintura y con la música: “Creo que estas disciplinas artísticas poseen un lenguaje mucho más avanzado que el de la literatura. Por eso siempre estoy buscando esa hibridación que se produce cuando un escritor está sobresaltado por una pintura o por una percusión. Es entonces cuando los acontecimientos se unen a través de frases que son zeugma, o cartografías. Así como en la música la atonalidad es concebida como un sistema de relaciones sin puntos de referencia fijos, me interesan —del lenguaje— las mutaciones sintácticas, las enumeraciones con zeugma, las elipsis, la palabra imprevista. Estos serían los elementos de una técnica que se corresponden con esa imagen de los escotomas que antes mencionaba”. 

Elipsis, zeugma, escotomas: procedimientos que tienden a escamotear datos; una literatura que desde lo que dice y lo que muestra parece estar hablando de una ausencia. Lo que se elude, ¿se calla por pudor o por ignorancia? “Por ambas cosas —dice el hombre de nombre y apellido agudos—: a veces no digo más porque no sé más y, otras veces, por una cuestión de intimidad. En última instancia, no sé por qué escribo como escribo. Mi escritura sabe más que yo”.


Pero, ¿por qué fragmentos, por qué esquirlas de una realidad que se sospecha más vasta?, insiste el cronista a través de la persiana. Nicolás Peyceré duplica el plano de la charla: “Podría decirse que hay dos aspectos vinculados a mi escritura. Uno, que sería el de la ocasión y tiene que ver con mi vida; y otro, el de la técnica, es decir el de la artesanía. Si me preguntan por la fragmentación, por ejemplo, no sé muy bien qué pasa con ella. Pero sé que hubo una ocasión. Sobre todo en Novela o las aventuras y oficios de dos muchachas americanas, que inauguró ese tipo de escritura y que fue escrita en los escasos momentos libres que yo tenía y, en consecuencia, me llevaba forzosamente a la fragmentación. Después sí vino una suerte de justificación artesanal: pensé que el lector se fatigaría con textos muy largos, que debía dejar, entre fragmento y fragmento, espacios de respiración, de descanso”. 

¿Qué le ocurre a Peyceré como lector de su propia obra, una obra que, según él mismo dice sabe más que él mismo? ¿Vislumbra, tal vez, una teoría del conocimiento, una concepción de la literatura y del mundo? Sonriente, susurrando, amablemente, contesta revisando sus papeles: “Sucede que esta especie de nomadismo me aleja —creo que por suerte— de las teorías. Me pone más en ocasión con mi vida y con la artesanía. Algunos hablan de epistemología y hacen preguntas del tipo: ‘¿Qué uso?’, ‘¿Qué no-uso?’, ‘¿Qué es escribir?’. Estas no son preguntas que se haga el nómade artesano”. Claro que el nómade está a salvo de las teorías pero no del sentido: “Las escrituras nómades son como los caminos de las hormigas: las palabras van, llevan cosas, no se sabe bien para dónde. Pero, aun despojadas de contexto, o acompañando despojos de contextos, las palabras suelen tener sentido. Esto lo saben los nómades. Saben también que ese segundo despojamiento, el del sentido, ni siquiera se logra con la Ostranenie, la técnica de desfamiliarización de la que hablaba Shklovsky”. 

Evangelio apócrifo, Novela: desde el título mismo los textos de Peyceré ponen de manifiesto su carácter ficcional y delimitan su filiación genérica. ¿Cuál es la relación del errabundo voceador de láminas y los géneros? “La de los géneros es una cuestión que me interesa especialmente. Sobre ello, suelo hacerme dos preguntas: ¿Por qué ceñir los géneros a los tres de la preceptiva clásica? y ¿Por qué suprimirlos, por qué no dejarlos extendidos, ampliados, diseminados, incluso rasgados? Se me ocurre que hay una multitud de géneros, de vestiduras con las que una escritura puede presentarse. Citaré algunos, arbitrariamente: la menipea, a la que Joyce da nuevos aspectos en su Ulises; el género pornografía, que alcanza su excelencia en revistas como Squire o Elle; la crónica americana, como las Memorias del general Paz; la poesía narrativa, que luce en la obra de Cesare Pavese; la novela segmentada, que aparece en Las mil y una noches, en El Quijote, en Rayuela; el género crítica literaria, que hermosamente dio Roland Barthes; las enciclopedias devotas, como el Essai de Merveilles de Etienne Binet; ¿y qué género podríamos inventar para ubicar, por ejemplo, Las tentaciones de San Antonio de Flaubert?”. 


Dentro de ese panorama ejemplar e inconcluso que el escritor ha ofrecido, hay un género —el evangelio apócrifo— en el que admite haber incursionado. Este hombre, que en algún momento de la charla ha reclamado para el escritor “humildad para corregir intensamente los textos y circunspección para rodear de una esmerada atención cosas y sucederes” ha querido volver a contar la buena nueva. ¿Por qué escribir una historia tantas veces escrita, tanto tiempo atrás? La pregunta le viene de perlas al nómade discreto para musitar cordialmente, sin temor, ni temblor, su última cita: “¿Por qué construimos una silla? Para sentarnos, ¿verdad? ¿Y por qué seguimos construyéndola de igual forma que las anteriores? ¿Por qué repetimos? Tal vez porque, como dice Kierkegaard, lo que se repite en una repetición es justamente que no se repite”. 

Publicada en la revista Vuelta Sudamericana, Nro. 16, Buenos Aires, noviembre de 1986. Luego recopilada en el libro de entrevistas de Guillermo Saavedra, La curiosidad impertinente, Rosario, Beatriz Viterbo, 1993, pp. 95-99.

domingo, enero 18, 2026

Marcelo Fox te invita a su masacre


La necesidad tiene cara de hereje y la literatura argentina añora las herejías del pasado. 

¿Qué mayor hereje que Marcelo Fox, un joven escritor perdido en la década del 60? 

Durante febrero, leeremos relatos, poemas, reseñas y los dos libros de Fox publicados en su vida breve: Invitación a la masacre (1965) y Señal de fuego (1968). 

¿Que si habrá otros invitados? Claro que sí: frecuentaremos los bares de la Manzana Loca, las páginas de Opium y otras revistas olvidadas, y acompañarán nuestros pasos Alberto Laiseca e Ithacar Jalí, entre otros y otras. 

Si te interesa conocer y leer al gordo Fox, la invitación a su masacre queda extendida. Arrancamos en febrero. 

¡Más info al mail golosinacanibalblog@gmail.com!

jueves, enero 15, 2026

Las dedicatorias de Marcelo Fox



Esta muestra organizada por el área de Investigaciones de la Biblioteca Nacional fue un gran evento de 2025. La idea era seleccionar distintos libros del acervo de la Biblioteca que tuvieran dedicatorias y tratar de leer en esos breves mensajes algún vínculo, algún sentimiento, alguna historia. Hay elucubraciones fantásticas, les recomiendo que chusmeen el catálogo

Tuve la fortuna y el gusto de participar en el catálogo con dos textos, uno sobre dedicatorias de puño y letra de J. R. Wilcock; y otro sobre dedicatorias de Marcelo Fox al historiador Fermín Chávez. 

A continuación dejo este segundo texto. ¡Espero que lo disfruten!



Otro milagro secreto


Que dos ejemplares de un escritor perdido en las notas al pie de la literatura argentina como Marcelo Fox se conserven en el acervo de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno parece una curiosidad. Ahora bien, si ambos volúmenes además están dedicados de puño, letra y signo y dirigidos a la misma persona, el historiador revisionista Fermín Chávez, nos encontramos sencillamente ante un milagro. No es extraño que alrededor de Fox, de su precipitada vida, de su escritura oscura y profética aparezca un —otro— milagro secreto. 

En el crisol de las ideologías de los años sesenta, Fox publica Invitación a la masacre (Falbo Editor, 1965) y Señal de fuego (Yelpo Editor, 1968). Años después, escritores como Fogwill y Laiseca se encargarían de difundir su primer libro a través de fotocopias y con la convicción de que Fox había sido un verdadero genio (como todo genio, un muerto joven: en 1972, con apenas 30 años). No existe un archivo de vida y obra del “gordo” Fox. Se cuenta, por ejemplo, que Señal de fuego circulaba casi de mano en mano, que la tirada fue breve y secreta. Un largo manto de olvido, silencio e incomodidad cubre su producción y su historia. ¿Cómo recordar a un poeta que gritaba “Soy nazi, soy comunista” en las lecturas de la movida beatnik? ¿Qué decir sobre el joven de dos metros de altura y doscientos kilos que atravesaba las calles de la Manzana Loca porteña vistiendo una capota de la Gestapo? ¿Cuál es la clave para leer un libro como Señal de fuego, publicado en el año del Mayo francés, en cuyas páginas conviven aforismos y esvásticas grabadas en tinta roja? 

Las dedicatorias a Fermín Chávez abren más interrogantes alrededor de la vida y la obra de Marcelo Fox, un habitante del lado B de la literatura argentina. Desde fines de los años cincuenta, después de haberse acercado al peronismo desde el nacionalismo católico, Chávez comienza a cimentar las bases de su obra: una revisión de la historia nacional. ¿Fox lo habrá leído? Él, un joven escritor con ínfulas de maldito, ¿se habrá visto a su vez seducido por el hecho maldito de la política argentina? Algunos años antes, había dedicado un ejemplar de Invitación a la masacre (hoy parte de una colección privada) con estas palabras: "A Pedro Catella, Gran Inquisidor para congraciarse y evitar la Gran Hoguera". Catella, ¿hijo o padre? De seguro con vínculo cercano a Alicia Eguren y a la Resistencia Peronista. ¿Otro posible grado de cercanía entre Fox y el peronismo? ¿Cuál peronismo? 



En cuanto a las dedicatorias a Chávez, la primera es escueta; elocuente, en cambio, la de Señal de fuego. Se ve una cruz ansada, proveniente del esoterismo egipcio y vinculada con el renacimiento y la inmortalidad; se ve también una firma en donde el apellido se transforma en líneas, en trazos, en un código a descifrar. No hay muestras de afecto, no hay señas de cercanía, está la mano de Fox grabando sus sigilos poéticos, es decir, proféticos. Acaso, como sugiere Diego Arandojo, se esconde en esa firma una mistificación antigua y pagana: Marcelo TOTH. El dios egipcio Toth, con cabeza de pájaro, lleva en una de sus manos la cruz ansada; es el dios de la magia y de la muerte, mediador entre vivos y muertos. Hay una última pregunta: ¿Chávez habrá leído Señal de fuego? ¿Habrá sentido, entre esos aforismos apocalípticos y esas cruces gamadas de sangre, alguna profecía de los tiempos por venir, tiempos cargados de violencia, de persecución y de ríos de sangre firmados por tres letras A?


El resto del increíble catálogo de la muestra se puede leer por acá.

lunes, enero 12, 2026

Nuevas noticias sobre Urreca Mieza

La primera vez que tuve en mis manos un libro de Segundo Urreca Mieza, fue en la feria dominguera de Tristán Narvaja, en Montevideo. El ejemplar era viejo, de un blanco como sucio de humo con las hojas a punto de despegarse, la tapa solo llevaba el nombre del autor y el título: Nueva Esmorfia Criolla. Ese nombre extravagante ya me había conquistado, malo o bueno, daba igual: ahí había un distinto. Leí el primer párrafo: “Lo que nos distingue y ennoblece como argentinos, es lo que nos enfanga. Levantemos orgullosos nuestros blasones de trapo remendado. La copa de oro del rey borracho brilla tanto en el banquete como el populacho de moscas nacaradas que soban de su vino. El gauchaje y la indiada, comparten el mismo espíritu cesáreo que nuestro heroico patriciado para conformar la Unidad Nacional, solo la judería burguesa evita el temperamento extremo que nos hace grandes”. 

Más tarde, cuando leí el libro entero, quedé fascinado. No era parejo, había que sortear parrafadas soporíferas hasta encontrar una frase interesante, pero de tanto en tanto, alguna imagen destacaba y valía la pena haberse comido extenuantes reflexiones esotérico-políticas. Porque lo pesado del libro era su simbología metafísica, embebida de tarotismo y astrología, pero el arsenal medieval de sus metáforas, combinada con el argot entre lunfardo, aristocrático y marcial y las reflexiones mesiánicas absurdas, daban un resultado original. Pasé un tiempo con la sensación mezquina de haber capturado un secreto. 
Agustín Caldaroni publicó un comentario sobre Segundo Urreca Mieza y el último número del fanzine Golosina Caníbal presenta... en la revista Punzó. Se lee entero por acá. ¡Gracias, Agustín!
 

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