martes, agosto 03, 2021

Se viene Vida, obra y milagros de Marcelo Fox

 

Esta es la historia de un hombre llamado Marcelo Fox. Pocos lo han recordado, muchos lo sumieron en el olvido. Sin embargo, su escritura permanece. 

Las anécdotas alrededor suyo proliferan. En los revoltosos sesenta de la Manzana Loca, hay quienes lo recuerdan gritando “¡soy nazi, soy comunista!”; hay quienes lo vieron cruzando la avenida 9 de Julio a ciegas, tentando a la suerte; hay quienes no olvidan sus dos libros únicos e irrepetibles: Invitación a la masacre, de 1965 y Señal de fuego, de 1968. 

Y si el resto es literatura, este libro pronto a publicarse por Borde Perdido editora y escrito en secreto pacto entre Matías H. Raia y Agustín Conde De Boeck resulta un homenaje al escritor maldito de la literatura argentina. Esto es Vida, obra y milagros de Marcelo Fox, una biografía fantasmal.

Para sumarte a la preventa promocional, hacé click acá (estará vigente hasta mediados de agosto de 2021). Luego, enviá un mail a bordeperdidoeditora@gmail.com para coordinar la entrega!

miércoles, julio 14, 2021

Sobre el ciclo Video Proletario de Cámara (o la re-vuelta lamborghínea)

¿Qué se traen entre manos la editorial Nudista y Agustina Pérez, abanderada de la causa justa lamborghínea? ¿Es verdad que se prepara una edición nacional de esa obra desbordante, sádica, plástica, pornográfica y poética titulada Teatro Proletario de Cámara? ¿Y el ciclo que se anuncia por estos días, Video Proletario de Cámara, qué tiene que ver en todo esto? Para clarificar u oscurecer semejante cruzada, Agustina Pérez me respondió muy amablemente este puñado de preguntas. Los lectores y las lectoras del blog saben que ya hace varios años promulgamos el lema "Todos somos Osvaldo Lamborghini", no podíamos perdernos de esta nueva oportunidad para asediar la obra lamborghínea. 



Golosina Caníbal: ¿De qué se trata el nuevo ciclo “Video Proletario de Cámara”? 

Agustina Pérez: La Editorial Nudista tiene entre manos un proyecto demencial: la publicación crítico-facsimilar en varios tomos del Teatro Proletario de Cámara, de Osvaldo Lamborghini, sí, pero también un inquietar a las avispas del campo cultural mediante otras movidas. Una de ellas es el ciclo Video Proletario de Cámara. Se trata de una serie de encuentros por streaming que no se limitan al raro dispositivo que es motivo de la edición, sino que se decantan por la obra de Lamborghini en general, articulada con distintos interrogantes que su literatura dispara, para empezar, y luego salta, también, al más allá. Otra de las perturbaciones que está en carpeta es una federalización de la obra del Lamborghini menor. Para eso, estamos diagramando una constelación con artistas, críticos e investigadores de otros lares del país, más allá de las fronteras de Buenos Aires, que acaso redunde en un jolgorioso congreso lamborghíneo. 

GC: ¿Quiénes participarán del ciclo? 

AP: Los participantes del ciclo no están todos definidos de antemano, si bien tenemos algunos nombres tentativos. En la primera emisión, que es este viernes de 16 de julio, estarán los escritores Ariel Luppino y Pablo Farrés. Después, yo quisiera (hay que ver qué dicen ellos) charlar con Luis Chitarroni, lui, Él, voz cantante y primera de una prosa enrevesada y tan, tan luminosa, y con Martín Arias, desde mi perspectiva uno de los críticos más geniales de la obra de Lamborghini, cabeza a cabeza con Nicolás Rosa. Luego, serán invitados todos aquellos que formen parte de la edición contribuyendo con breves ensayos. De nuevo: no está definida al 100% esta Cohorte Justa, pero por nombrar algunos están Paola Cortes Rocca, Agustín Conde De Boeck y Rafael Arce. Quiero hacer una mención especial, especialísima, de una lamborghínea trasnochada, que no formará parte de Video Proletario de Cámara. Suspenso aparte, me refiero a Milita Molina. Pero, ¿para qué hacer un aparte cuando comenzar es un lamentable seguirla? Milita Molina, digo, que, además de participar de la edición del Teatro Proletario con un escrito, algo, algo se trae entre manos. Y qué algo. 


GC: ¿Cómo se empieza a preparar la edición argentina del “Teatro Proletario de Cámara”? ¿Cuáles son los primeros pasos? 

AP: El primer paso estrictamente hablando tiene que ver con asegurar que estén dadas las condiciones materiales-económicas de posibilidad para que haya edición. Pero el primer paso viene segundo, y ya estamos trabajando. El editor, Martín Maigua, se ocupa de las cuestiones que a los editores los desvelan y de las que yo nada entiendo. Omar Genovese, el propulsor de este delirio, está à la recherche de invitados para Video Proletario de Cámara, entre otras gestiones sobre las que guardaré un parco silencio. Por mi parte, avanzo con las notas críticas y la transcripción de los manuscritos. 

 

GC: ¿Por qué seguimos leyendo y releyendo a Osvaldo Lamborghini? 

AP: Salvo angeladas excepciones, no sé si se lee mucho a Lamborghini. Lo que hay, y sí en abundancia, son subrayados perfectos, no de su obra, sino de una cierta cháchara pringosa. Creo que tiene que ver con una homologación entre lectura y comunicación, cuando lo que importa, como dice Héctor Libertella, no es comunicar sino transmitir. Una vez un escriba dijo: “Creen leer, y así les va. Creen leer, cuando lo único que pasa (que queda) es una fina gillette y una línea (de “puntos”) que: —Escribe”. ¿O era “inscribe”? 

La cita para el primer encuentro de Video Proletario de Cámara es el viernes 16/07 a las 22 hs. En este encuentro, participarán Ariel Luppino y Pablo Farrés, en diálogo con Omar Genovese. Se podrá acceder a la charla por este link: https://bit.ly/vpc1-yt

martes, mayo 25, 2021

Archivos digitales. Todo Aira

Continúo con la sección sobre archivos digitales por la que ya pasaron Mágicas ruinas y Ahira. Mi intención es interrogar a algunos proyectos de archivo y digitalización argentinos que se están llevando adelante. 

En esta oportunidad, es el turno de Todo Aira, una página de Facebook que desde hace varios años viene recopilando y poniendo en discusión la producción desbordante del escritor argentino César Aira. Reseñas, relatos, traducciones, fotografías, fragmentos: en Todo Aira cualquier material que se vincule con este autor tiene su lugar. Muy amablemente, Diego Cano, quien lleva adelante este archivo, respondió algunas preguntas. 

Me interesaron sus reflexiones sobre la comunidad de lectores que se va armando alrededor de un autor como Aira, las limitaciones y virtudes de llevar un archivo en una red social como Facebook y la necesidad crítica de seguir pensando la obra aireana.

¡Pasen y lean!

 

Archivos digitales. Todo Aira

Golosina Caníbal: ¿Cómo y para qué nace Todo Aira

Diego Cano: Todo Aira surge de la necesidad de compilar el material inmenso de producción de César Aira que se encontraba disperso y muchas veces de difícil acceso. Personalmente venía realizando el trabajo de juntar todo ese material y me empecé a dar cuenta de que algunos, pocos lectores, guardaban el material con recelo sin compartirlo, como si eso fuera un valor. Al mismo tiempo notaba que la mayoría de los lectores no tenían acceso a esa producción inmensamente rica y continua que es Aira, y que también había avidez lectora por acceder a las reseñas, críticas, entrevistas y artículos. Todo Aira surge de la idea de juntar dos cosas de mi vida, el placer por la lectura de Aira con mis conocimientos y trabajo de redes sociales. Así fue que armé la página. 

GC: ¿Qué criterios utilizás para seleccionar el material a digitalizar? 

DC: Los criterios de selección y puesta online dependen mucho de la plataforma que decidí utilizar. Todo Aira no es un blog ni un sitio por lo que Facebook ya limita la posibilidad de compartir. Las redes sociales tienen una característica que pocos terminan de entender: cuánta más interacción hay, llegás a más público. La página no tiene una cantidad masiva de seguidores, pero sí tiene seguidores permanentes y fieles al contenido. La idea fue hacer algo despersonalizado, quitar el poder de quien dice: “ah, este material es mío”, no tenía ninguna necesidad de poner mi nombre ahí y eso daba la posibilidad de generar un ambiente de mayor debate y participación. Lo que se terminó generando es una comunidad de activos miembros que comentan y debaten (dentro de los límites de una página de Facebook) sobre todas las novedades permanentes que surgen sobre César Aira. Todo Aira es una poética, es todo, realmente todo sobre Aira. Por eso comparto comentarios, críticas, menciones en Twitter, fotos de Aira con lectores, fotos de los libros dedicados y todo lo que junto y muchísimo material que la gente me hace llegar sin parar creando un clima alegre que tiene mucho que ver con el espíritu de la literatura aireana. 

 

  

GC: ¿Qué virtudes y qué defectos encontrás en sostener Todo Aira en una plataforma como Facebook? 

DC: Facebook tiene dos grandes limitaciones para un archivo de este tipo. La primera y más difícil de sortear es el buscador que es pésimo. Eso dificulta ir a atrás y encontrar material para los usuarios. La segunda dificultad es que Facebook baja la calidad de las imágenes lo que resulta en un problema de lectura del material que comparto. Me han sugerido crear un blog o una página, y la verdad que esto lo hago sin recursos en mi tiempo libre y embarcarme en semejante proyecto implicaría un volumen de trabajo y costos que no puedo asumir. Igualmente, estoy muy satisfecho con el resultado a pesar de estas dificultades del formato. Creo que la virtud de Facebook es llegar al público lector fuera de la captura e intento de apropiación que parte de la academia quiere hacer de su obra como un coto de caza. Los lectores tienen ideas más potentes que mil artículos académicos sobre Aira, miren la página sino… 

GC: ¿Cómo se organiza el material al interior del archivo? ¿Hay secciones estables o categorías para ordenar lo que vas subiendo? 

DC: En principio, al no disponer de fondos y con las limitaciones que impone Facebook, el material no está organizado en secciones. Sin embargo, organizo los posts con cierto equilibrio de criterios: tapas de libros pocos conocidos, traducciones, artículos y entrevistas inhallables, notas periodísticas, fotos de lectores de Aira, fotos desconocidas del propio César Aira, traducciones de la obra de Aira a otros idiomas, memes, etc. Quiero destacar que la página es el primer lugar donde el trabajo de traducción enorme de Aira (¡tradujo 121 libros!) fueron puestos en conocimiento del público. La página dio inicio en junio de 2017 y después enseguida salió el Catálogo Aira, de Ricardo Strafacce, uno de los que más sabe sobre la obra de Aira. También por suerte acaba de salir en formato libro, La ola que lee. Artículos y reseñas (1981-2010), una selección de artículos y reseñas publicada por Penguin Random House que ya había sido subidos a Todo Aira. 

 

  

GC: ¿Qué intercambio tenés desde el archivo con los lectores de Aira y con el autor mismo? 

DC: El intercambio con los lectores es permanente, aportando material, generando comentarios, debatiendo algunos puntos, como dije anteriormente el mayor éxito de la página es haber generado esa comunidad de lectores. Con Aira tengo poca relación, aunque en excelentes términos. Empecé la página sin preguntarle hasta que alguien comento: “¿che, esto le caerá bien a Aira?”. Entonces me di cuenta que debía mínimamente preguntar si estaba de acuerdo o tenía alguna objeción. La respuesta fue inmediata, breve y concisa, “…me parece bien, me gusta lo que hacés, seguí adelante con los proyectos”. Ahí me quede tranquilo y avancé. Nos hemos visto una sola vez para charlar de cosas en general y de literatura, pero solo eso. A veces la gente escribe a la página pensando que es el propio Aira quien sube el material, o piensa que la página está hecha por un grupo de gente, y la verdad que es sólo en base a mi búsqueda obsesiva y permanente. Aprendí mucho leyéndolo y sigo absorbiendo cosas, porque su obra es infinita. Por ejemplo, a mí me gusta resaltar su literatura en general por sobre los ensayos, pero se puede ver ahí una genialidad que sólo es cercana Borges. Por eso hacer esta página es un inmenso placer personal de aprendizaje continuo. 

GC: ¿Creés que Todo Aira es un archivo replicable? Es decir, ¿serviría pensar un Todo Piglia, un Todo Saer o un Todo Puig

DC: Sí, ¡por supuesto! El tema es quién se tomaría el trabajo. Creo que el caso de Saer es más necesario aún, hay mucha cosa dispersa y está muy apropiado por los que supuestamente “saben”. El mundo lector saeriano es mucho más amplio y rico. Hacer un Todo Puig sería pura belleza, ¿alguien se atreverá? 

GC: ¿Cómo sigue Todo Aira? ¿Hay nuevos proyectos o ideas vinculadas al archivo? 

DC: La obra de Aira es infinita así que tenemos Todo Aira para rato. Creo que el desafío es ampliar los campos de circulación y debate. Si no hubiera sido por la pandemia, tenía el proyecto de armar un debate sobre qué hacemos con Aira. Estoy convencido que todavía no tenemos dimensión sobre lo que significa para los lectores, escritores y el mundo literario en general su narrativa. Al igual que con Borges, la literatura después de él debió pensarlo y apropiárselo para poder absorberlo y superarlo. Con Aira en ese sentido todavía queda un camino inmenso. Por ejemplo, Ricardo Strafacce y Juan José Becerra han dicho que Aira es más que Borges. Sin afirmar tal cosa, lo que está claro es que tenemos algo grande por delante y nos debemos todavía una crítica. Existen comentarios críticos respecto de su obra que circulan, pero son marginales y todavía no han logrado cristalizarse en un argumento sólido. Como dicen algunos, Aira espera todavía su crítica. Desde Todo Aira pretendo impulsar todo debate rico y respetuoso que sirva para la literatura por venir. 


 

domingo, mayo 02, 2021

Las otras caras de Celia Paschero

 

Me encontré con el nombre de Celia Paschero y con su novela La salamandra mientras seguía algunas migas que conducían a Falbo Librero editor. Me llamó la antención esa tapa con la cara de Celia en diferentes perfiles, asemejando las de la luna, y en el centro ese animal alquímico y hermoso que habita las llamas del fuego. Con cierta facilidad encontré la novela en usados virtuales y realmente me deslumbró. Paschero escribía bien, La salamandra era un libro valioso y olvidado publicado en 1965, pero... ¿qué más podía saber sobre su vida y obra?

Entre el año pasado y este, logré armar algunos textos sobre Celia, sobre sus libros, sobre su entorno. También, con mucha felicidad, se reeditaron Muchacha en la ciudad y La salamandra y pueden conseguirse a través de los usados virtuales o en la página web de Celia Paschero. El número 2 del fanzine Golosina Caníbal presenta también fue dedicado a Celia.

En todo caso, para quien le interese conocer sobre esta autora sensible y lúcida, inteligente y pasional, van estos acercamientos primeros:

 

Estación Buenos Aires: un lugar en la vida de Celia Paschero

  

La vida de Celia Paschero fue una vida en tránsito. Autora de dos libros, Muchacha en la ciudad (1963) y La salamandra (1965), Paschero nace en Buenos Aires en 1928 y si bien sus primeros dos años los vive en Entre Ríos el resto de su infancia, adolescencia y juventud transcurre en la Reina del Plata. 

La ciudad de Buenos Aires, con sus barrios y su tráfico, con sus comercios y sus humores, con sus recorridos y vericuetos, atraviesan la escritura poética de Paschero.

Sigue en revista Invisibles.

 

Celia Paschero, una alquimista de la literatura argentina

 

¿Qué caminos nos llevan de retorno a una obra olvidada, a una historia de vida enterrada en el pasado? Entrar en una librería de usados, revolver las bateas buscando tapas y títulos que nos llamen la atención, comprar un libro sin referencias ni etiquetados, como quien apuesta en una ruleta cultural, es uno de ellos. Otro es la mención al pasar de un nombre, la lectura por casualidad de las solapas de un libro, una palabra o un apellido que se prenden a la curiosidad de los que amamos el papel impreso. Hay más caminos que nos conducen a una obra olvidada: caminos obvios o misteriosos, caminos directos o rebuscados. Por uno de ellos, llegué a la escritora argentina Celia Paschero y su novela, La salamandra.

Sigue en revista Be Cult.

 

Celia Paschero vuelve

  

La palabra rescate no se ajusta a la exhumación de un libro, queda corta y parece más bien comodín editorial o trabajo social. Reeditar un libro que hace más de cincuenta años que no circulaba, que se conseguía de casualidad y tras mucha búsqueda no es rescatar. Más bien se parece a la tarea del arqueólogo: se trata de buscar entre las ruinas del pasado, entre los rastros que la memoria fue dejando en las librerías de usados, entre las páginas de viejas revistas con nombres y títulos actualmente desconocidos. La reedición de La salamandra y de Muchacha en la ciudad, los dos únicos libros que la escritora Celia Paschero publicó en vida en los años 60, es un gesto arqueológico y nos permite entrar en un vida desconocida y fascinante.

Sigue en Perfil


jueves, marzo 04, 2021

Cavernícolas posmodernos. Entrevista a Héctor Libertella (1985)

En 2016, por los diez años de la muerte de Héctor Libertella, la revista Hispamérica, dirigida por Saúl Sosnowski, recuperó esta entrevista de Reina Roffé de 1985 por la publicación de ¡Cavernícolas! Para nosotros, lectores de Libertella, la entrevista es valiosa porque despliega lucidez, redes y continúa indagando en el trabajo con el lenguaje y en su triple condición de profesor, investigador y narrador. Dejo un parrafito introductorio de la revista de Sosnowski y luego va el intercambio entre Libertella y Roffé. Pasen y lean!

Cavernícolas posmodernos. Entrevista a Libertella (1985)

En esta entrevista, publicada el 27 de octubre de 1985 en el diario La Razón de Buenos Aires con motivo de la publicación de su libro de relatos ¡Cavernícolas!, en la editorial Per Abbat, Héctor Libertella, que ya había dado muestra de los significativos y originales aportes de su escritura a la narrativa argentina de esos años, habla del papel de la literatura en la era tecnológica, de otros autores destacados de aquel momento, y de algunas de sus búsquedas: escribir en castellano como si se tratara de una lengua extranjera o la instauración de un sistema que funcione “por desplazamientos”, en definición de algunos críticos. Sus saltos de la teoría a la ficción no se encuentran sólo en algunos de sus libros, sino que impregnan toda su obra. 

¿Existe, a su entender, una generación, un movimiento o una promoción de narradores actuales argentinos? 

Dentro de una gran familia no hay clasificación posible. A veces pienso que todos nosotros somos como robots que repiten una maqueta muy antigua. Recuerdo aquel poema de Borges, “El truco”, que dice algo así: “como las alternativas del juego se repiten y se repiten, los jugadores de esta noche copian antiguas bazas. Hecho que resucita un poco a las generaciones de los mayores, que legaron al tiempo que Buenos Aires los mismos versos y las mismas diabluras”. Y me hago entonces muchas preguntas: ¿Quién sigue hilando esa enorme tela gótica de Mujica Láinez? ¿Será acaso César Aira? ¿Por qué ese lugar tan disputado de Roberto Arlt no podrá ser ocupado por el menos pensado, por un narrador violento y “nato” como Fogwill? ¿Cómo reviven un Bioy o un Felisberto Hernández en esa prosa morosa de Luis Gusmán? ¿Y la piedra filosofal de Macedonio, sigue en manos de Osvaldo Lamborghini? ¿Cómo puedo decirte en diez segundos que con Saer hemos llegado a la madurez del hermano mayor? ¿Tengo el derecho de juntar en un solo grupo a Medina, Asís, Giardinelli o Lastra, sólo porque evoquen algún tipo de realidad? ¿Y en otro a Javier Torre, Rabanal, Sánchez Sorondo o Pichón Rivière, sólo porque evoquen algún tipo de conflicto íntimo? ¿De dónde sale y adonde va esa escritura atravesada de lecturas de un Martini Real? ¿Y las grandes sagas: Nicolás Casullo, Luis Wainerman, Mario Satz? ¿Acaso Marechal se prolonga en Wainerman? Y si nos atenemos a un solo modelo de narrativa, ¿Briante sigue siendo nuestro primer narrador? ¿Y los jóvenes: Gardini, Moledo, Landaburu, Pauls, Caparros? ¿Y las mujeres: Ana María Shúa, Liliana Heer, vos misma? ¿Aceptarán que los agrupe tan arbitrariamente? Tengo más preguntas y más preguntas: ¿Quién clasifica a Laiseca? ¿Y quién atrapa a los cambiantes Ricardo Piglia y Germán García, desde sus primeros libros a los últimos? ¿Y Emeterio Cerro, qué? Con esto te quiero decir que la literatura sigue siendo esa combinatoria de lecturas e inconsciente, y que es muy difícil para mí poner a cada uno de nosotros en una Cifra. Me parece más bien que nuestra generación es como una foto sobreimpresa a toda la tradición argentina, y nadie escapa de ese marco. Al fin y al cabo, una gran familia en un gran ejército de robots: todos cumplen órdenes secretas de no se sabe dónde, y todos terminan reproduciendo la cara de algún antepasado. 

Alguna vez Ricardo Piglia dijo que “…ya no se puede narrar a menos que uno sea inocente, y sin embargo la novela exige relato. Los mejores narradores son quienes conocen esa contradicción y tratan de resolverla”. En este sentido, ¿se siente imposibilitado para contar una historia? 

No me preocupa tanto la imposibilidad o no de contar una historia. Mi problema se da al revés: contar lo imposible. Me parece que eso podría definir aproximadamente lo que es ¡Cavernícolas! 

¿Cómo nace ¡Cavernícolas!

Empezó hace muchos años como una sospecha. La sospecha de que cuando hablamos (estemos en las situaciones más modernas o sofisticadas) siempre aparece un fondo muy antiguo en nuestra lengua. Como un comportamiento salvaje, una maqueta, un modelo que se permea por todas partes y agrieta lo que decimos. La posibilidad de hacer un libro así me daba una especie de furia: unas ganas de escribir con un cuchillo entre los dientes. Como si estuviera obligado a hacer la autobiografía de un energúmeno de la lengua. No fue fácil. Las primeras versiones eran demasiado realistas, muy “representativas” de esa situación. Escribí y taché, me cambié de países, dejé y retomé el proyecto hasta que por fin salió, “coaguló”, este volumen. Después vienen otros que sigo trabajando, y que ya tienen muchas correcciones encima. ¿Puede describirnos este primer volumen? Es casi imposible, porque no sé si describir la anécdota o el tipo de problema que ataca. Son tres relatos más o menos largos. 

Uno, "La historia de Antonio Pigafetta", trabaja explícitamente sobre la crónica. Es la primera vuelta al mundo, contada por el cronista de Magallanes. Un cronista tan dudoso de sí mismo que todo el tiempo está copiando crónicas ajenas para darle un poco de veracidad a lo que cuenta. Al final, esa técnica obsesiva termina vaciándolo como a un robot: ya no sabe quién es, y además perdemos de vista al mismo Magallanes y dudamos de que ese viaje se haya producido alguna vez. Y si ese viaje no existe, el mundo sigue siendo chato. 

El otro texto es “La leyenda de Jorge Bonino”. Ni qué decirlo, es el mismo cómico de la lengua que conocimos en el Instituto Di Tella en los años sesenta. Salvo que, en vez de hablarle a su público, Bonino ahora escribe su autobiografía. Y para escribir usa diccionarios, como un niño que está aprendiendo la “lectoescritura”. Se pierde todo el tiempo en las etimologías. Unas lo llevan a otras, y al final, en esa red, inventa cosas que nada tienen que ver con su vida. Es como la historia de una mentira: una lengua “inventada”, como la que inventó el Bonino real, que parece estar hablando de la realidad y no habla de nada. 

En el tercer relato, “Nínive”, todo pasa por la traducción. Son unos excavadores que saquean tablillas asirias para llevárselas a Londres o a París. Pero lo que ellos sacan son pedazos sueltos, medias tablitas, restos inconexos que sólo pueden descifrar a medias, con la ayuda de un turco pícaro. Finalmente, así penetra en Europa la cultura asiría: a los saltos, loca, fragmentada, un poco a las carcajadas del turco. En fin, me parece que en los tres relatos sobrevive aquel proyecto de hace años: como si la lengua viajara y se retorciera en distintas situaciones y en distintos momentos y aventuras. 

¿Puede adelantarnos algo de los próximos volúmenes? 

Bueno, estoy preparando algo que seguramente se llamará La librería argentina. La imagen me vino en Puebla, México, visitando la biblioteca palafoxiana, la biblioteca que el obispo Palafox se llevó a México allá por el mil seiscientos y tantos. Es algo completamente increíble: una sala abovedada con miles de libros latinos apretados en las paredes. Salvo que la sala tiene la forma exacta de un galeón, de un pequeño barco. Y yo pensé que eso era, justamente, la cultura argentina: un cargamento de libros traídos en el molde de un barco. Pienso en los jóvenes del Salón Literario de 1837, esperando ansiosos en el puerto de Buenos Aires la llegada de uno de esos cargamentos. Pienso también en todo un país que ha esperado libros para devorárselos y después traducirlos, interpretarlos y hacerlos circular. También preparo algo que imprecisamente se llamará Dibujos de la piedra animada. Es un extraño baño, con las paredes llenas de garabatos, en una hostería en Misiones. Pero el baño tiene una clave hermética: es un teatro de la memoria que dejaron los indios guaraníes, como si fuera un “ayudamemoria” para las generaciones futuras. Y entonces tendré que pegarme el tono guaraní, quebrar su fonética, contaminar por todos lados la lógica castellana con esos “ruidos” guaraníes para ver si yo también descifro qué dicen esas paredes. Y hay otros diez o doce relatos en camino. Por lo visto, como usted mismo sugiere, parece un proyecto para toda la vida. 

¿Eso no le impide escribir otras cosas? 

No, para nada. Pronto termino una novela corta, El paseo internacional del perverso, que se construye superponiendo a un abuelo con un padre, un hijo y un nieto. Como si la vida de un hombre fuera eso, un instante inconsciente donde se achican todos los tiempos y uno queda superpuesto o sobreimpreso con todos los de su sangre. Como si, para mí, ése fuera el relato familiar más verdadero del mundo: un bebé muy viejo, que viaja por la banda negra del sueño de su familia, y va dejando por aquí y por allá lagunas, vacíos y olvidos que los demás llenarán. También termino un ensayo literario sobre autores o problemas de literatura en América Latina: Escritores, literatos y patógrafos. Es decir, los tres lugares donde van cayendo ciertas escrituras. Los distintos lugares de una cadena que va del pathos o carácter a la pasión, después al padecimiento, y por último a la patología, enfermedad o morbo de la letra. Y sigo adelante con La muerte lingüística, un estudio sobre el comportamiento de las vanguardias y las escrituras herméticas frente a lo que yo llamaría el Sistema Normal de la literatura. Para este libro me vale mucho el trabajo de investigación que estoy haciendo en el CONICET, precisamente con un objeto que son las escrituras herméticas en América Latina. 

¿Cómo se puede conciliar el trabajo de ficción con la actividad académica y la investigación? 

Son tres momentos. El profesor difunde un saber y lo hace sobre la escena de ciertos interlocutores presentes. El investigador construye objetos teóricos de acuerdo con su estructura conceptual que le dicta su método. El escritor de ficciones se deja hacer en una rede de inconsciente y lecturas. Enseñar, investigar y escribir ficciones, simultáneamente, puede no ser tan complicado. Me parece que hay que poner un acento patólogico en cada caso. Como ir definiendo las pasiones dominantes en cada uno de esos momentos. Sólo tengo miedo de que esta actividad, en un circo de tres pistas, termine agotándolo a uno más rápido de lo que parece. 

¿No existe el peligro de que unas actividades influyan en las otras? ¿De que sea demasiado creativo como investigador y demasiado teórico como narrador? 

No creo. Puede haber préstamos, transferencias disimuladas, yo qué sé. No quiero saber nada sobre esto. Sólo pienso que uno trabaja con la garantía de una enorme tarjeta de crédito atrás, que es la Cifra de cada uno; su combinatoria inconsciente pura, y la obsesión. Se trata de rotar y girar por esas actividades como una especie de “entrenamiento de la posición”, una “práctica de los lugares”. No sé si soy claro. 

¿Y cómo ve a la Argentina, a la cultura argentina, a la literatura argentina después e su regreso? 

No voy a decir que es otro país. Quiero decir que yo me estoy transformando aceleradamente al verlo. Para poder sobrevivir pensando, sólo me estoy aferrando a ciertas ideas. Sobre todo a la idea de “posmodernidad”, que aquí recién empieza a discutirse entre algunos grupos. Me parece que la posmodernidad llegó a la Argentina sin que nadie se dé cuenta. Sería como la llave para entender cosas que algunos no pueden, sólo porque siguen aferrados a la lógica de los años sesenta. No sé cómo explicarlo: se está produciendo un violento contraste entre algo muy antiguo y algo muy del futuro. Un choque eléctrico que deja entre paréntesis nuestras formas de pensamiento de hace dos décadas. Como si nuestras discusiones, nuestras pasiones, nuestro estilo de querer construir o disentir hubieran caído en una especie de abismo. Y como si no hubiéramos armado todavía la red que pueda protegernos del golpe de esa caída. Estoy leyendo de todo, para deshilar el problema desde distintos lados: Habermas, Lyotard, Jameson, Baudrillard. . . En fin, estoy tratando de armar “mi red personal”. 

¿Pero quién es el hombre posmoderno? 

Bueno, posmoderno es un hombre muy antiguo que tiene en sus manos un aparato hipersofisticado, una máquina del futuro. Es un cavernícola que atrapa a su presa con un finísimo rayo láser. Durante diez años, aquí tuvimos a esa clase de hombres. Es un Ello atravesado y armado por los lenguajes del mundo postindustrial. Un orangután con casco ultrasónico: un Mad Max. Por él no pasan las ilusiones del humanismo: es un pozo ciego donde se pierden Freud, Marx, las socialdemocracias y todas las ideas de construcción y cambio que nos habíamos armado desde hace décadas. Un robot desgarbado que nos mira con ojos vacíos, y en el que ya no reconocemos la vieja pasión de aquel argentino típico que conversaba y discutía en los cafés de Buenos Aires. Para decirlo con otras palabras: aquel argentino era un apasionado, un “pasional”. Éste es un joven patógrafo que, cuando habla, habla parco, con gestos, con señales sueltas. Deja marcas, sin que esas marcas se me organicen todavía como mensaje. 

Para terminar, sé que en estos días usted ha regresado de un congreso de escritores, realizado en las Islas Canarias, y que su ponencia versó sobre "vanguardia y posmodernidad " en la literatura. ¿Cómo se da lo posmoderno en ese terreno? 

Ese traslado a la literatura no es fácil. Creo que anida en una vertiente de las vanguardias y en ciertas formas patográficas como la afasia, el grafismo, el idiolecto, el hipergongorismo, el arcaísmo, la hermesis verbal, el neo-neobarroco. Es decir, en aquellas formas “brutas”, puras, de pura regresión, que también dejan un poco entre paréntesis toda una reflexión moderna sobre el texto. En cambio, hay otra vertiente de la vanguardia, Sor Juana, Lezama, Octavio Paz, Severo Sarduy que, por venir de un tronco común hermético, muy antiguo, se muestra como indiferente a estos problemas de modernidad o posmodernidad. Frente a esta polémica, ellos son prescindibles. Siguen funcionando como la oposición ilustrada. 

Fuente: Hispamérica, n. 134, año 45, agosto 2016, pp. 61-66.

martes, febrero 23, 2021

Boom Boom Borges o la distorsión multiplicada

¿Qué hacer con Borges en el siglo XXI? Ver Boom Boom Borges, es una opción. Dirigido por Ignacio Bartolone, autor de las obras Piedra sentada, pata corrida, La piel del poema y La madre del desierto, y con producción de Lucera tv y La espada de pasto y actuaciones de Julián Cabrera (Borges) y Cristian Jensen (Soler Serrano), se trata de un ejercicio de distorsión teatral, un remix siniestro de una famosa entrevista en la televisión española en los años 80. El video está a continuación y le siguen algunas preguntas gentilmente contestadas por Nacho Bartolone.

 

Golosina Caníbal: ¿Cómo surge la idea de “Boom Boom Borges”? 

Ignacio Bartolone: El material tiene una versión escénica preexistente que llegamos a hacer una sola vez en vivo para un festival de escenas teatrales en Librería Mi Casa. En ese momento, la situación resultante fue muy distinta ya que lo que se puso por delante, o lo que terminó resaltando, fue la eficacia casi sobrenatural de ambos actores, Julián Cabrera y Cristian Jensen, para representar, desde una exquisita fonomímica, la escena de la tan mentada entrevista. El mito fundacional del boom boom, ya que vamos a hablar de Borges hablemos en términos de cómo se lo narra a Borges, encuentra su origen en la intención de postproducir algún hecho borgeano y quizás sea mucho decir esto, pero la operativa resulto siendo una estrategia intrínsicamente borgeana: desplazar algún elemento preexistente hacia un nuevo contexto y otorgarle de esta manera una nueva significación y una nueva forma de lectura. Todo esto sumado a que todavía estaba fresca la penosa situación que Kodama llevó adelante contra Pablo Katchadjian, me hicieron renunciar a su literatura a cambio del último género que el maestro practicó con genialidad: las entrevistas. 

GC: ¿Cómo circuló y qué recepción tuvo en el público? 

IB: Invitados por el genial ciclo de música experimental, tan experimental que incluyeron esto en su programación, Mínimo un lunes, nos pusimos en contacto con los amigos de Lucera tv y decidimos juntos transformar el número vivo en un infierno de televisión alucinada. Filmando con los Lucera, además de permitirnos hacer algo en medio de la desolada pandemia, la escena ganó distorsión, enrarecimiento y una plasticidad que remite tanto al videoarte como a la involuntaria psicodelia de cierta televisión de cable que supo ser amparo y chupete de muchos los que trabajamos este proyecto. El toque final lo dio el compositor Valentin Pelisch que desarmó, ecualizó y mejoró el ya deformado audio con el que trabajamos. 

GC: En el video parece haber una apuesta por la distorsión y una mirada siniestra, ¿hay un trasfondo más amplio en el que se inscribe? 

IB: Quizás haya un efecto siniestro que convive a la par de cierta comicidad de mueca rota. En definitiva, tanto La espada de pasto (en IG, @laespadadepasto) como Lucera Tv (@luceratv), se toman muy a pecho la divisa que el maestro Leónidas Lamborghini nos dejó: Asimilar la distorsión y devolverla multiplicada.

miércoles, febrero 10, 2021

Krysha Bogdan. La pesada de la danza

Hace unos días me enteré del fallecimiento de Cristina "Krysha" Bogdan. Meses atrás, recuperé este perfil escrito por Hugo Tabachnik sobre esta genial música, humorista, bailarina y quien fuera también pareja de Miguel Abuelo, compañera artística de Bonino y del Grupo Lobo, entre otras aventuras. Para despedirla con afecto, paz y amor, digitalizo esta breve entrevista publicada en Cerdos y Peces, n. 1, realizada por Enrique Symns en agosto de 1983 (agradezco el dato a Aldana Perazzo, gran lectora y amiga del blog, a quien pueden seguir en IG bajo el nombre @recomendacioneslibreras). 

¡Salú, Krysha! ¡Que sigas tocando tu acordeón con gracia y arte donde quiera que vayas! 


KRISHA BOGDAN. La pesada de la danza 

Nacida en Gran Bretaña, pero de origen polaco, recibe de su madre, oralmente, toda la tradición de la poesía y el teatro polaco. En 1967, integra junto a Robertino Granados y Carlos Trafic el ya legendario “GRUPO LOBO” en el Instituto Di Tella. Viajó por todo el mundo, aprendiendo y trabajando en cada pueblo y ciudad, regresa a la Argentina a fines del año 1980 y desde entonces recorre la ciudad transformando una plaza, un pabellón del Borda, una fiesta de rock o un recital en un escenario para sus desconcertantes puestas. Actualmente ha formado un grupo llamado “LA PESADA DE LA DANZA” junto con Ana Benegas y Susana Pozner, un grupo de Rock Femenino con características muy especiales... 

¿No resulta medio “pesado”, eso de “la pesada de la danza”? 

Es en realidad una contrapropuesta a la danza tal como está planteada en la Argentina. Es pesada porque no tiene límites estéticos, porque puede entrar todo tipo de movimientos: el trabajo con el horror, con lo feo, con lo agresivo, con el humor... 

En qué otro sentido ¿se diferencia de la “danza oficial”? 

Hacemos las cosas a pesar de todo, a pesar de que no haya medios económicos, que no haya espacio, que haya censura, nosotras sacamos la danza a la calle... 

Pero hay cosas que hacés que son bastante fuertes, como esa ranchera en donde el personaje dice todo tipo de palabrotas; ¿cómo reacciona la gente ante una propuesta tan fuerte? 

Con humor, reacciona riéndose porque la propuesta se plantea desde una figura inocente, muy simple que larga palabrotas y ante esa contradicción entre texto e imagen, la gente reacciona con humor, no es un trabajo agresivo. 

Trabajás mucho con el humor... 

Con el humor, con lo poético, lo tragicómico y por sobre todo con la improvisación. Ahora incorporé la “palabra significativa”. Antes yo trabajaba con “sanata” que es un idioma hablado en ningún idioma, la gente trataba de entender lo que decíamos hasta que se daba cuenta que no hablábamos nada. Es una técnica que usaba Bonino en su conferencia “Bonino aclara ciertas dudas”. Cuando volví a la Argentina, me reencontré otra vez con el significado, con el decir cosas... 

Lo tuyo es algo así como “Danza Callejera”, contame cómo es esa experiencia de trabajar en espacios no convencionales... 

Empecé hace dos años y medio en los café concert ya que eran el único espacie desde donde se podían comunicar ideas nuevas, no había nada en ninguna parte. Dejé el teatro, me interesé por el público de música que es un público más flexible, más joven de cabeza, más receptivo. La primera experiencia fue en el Parque Lezama en “Encuentros en el Parque” y fue extraordinario porque allí había vecinas, niños, intelectuales, de todo... fue una verdadera fiesta, la gente superrecibió lo que hicimos... 

Hiciste una experiencia muy interesante en la Rural, en la fiesta que organizó Pan Caliente y en donde yo te eché del escenario...

 (Risas) Sí, nos echaste pero no te hicimos caso y seguimos porque el público pedía que nos quedáramos, el público siempre tiene razón... Otra cosa muy interesante fue lo que hicimos en el Hospital Borda. Lo hice con un percusionista y con Claudia Schvartz. Logramos que bailaran los pacientes que podían bailar y que aplaudieran los que podían aplaudir, porque había otros que no estaban ni para eso, pero el mayor logro fue hacer bailar a los psicólogos que tenían un miedo terrible... ellos tenían miedo de que los pacientes se “zafaran”, pero fue impresionante terminaron cantando “Popotitos” y bailando todos juntos, después nos comentaron que ese día se habían abierto pacientes que llevaban meses de mutismo... 

Has recibido opiniones técnicas de gente “entendida" en danza... 

Pocas, pero no hay forma de que me critiquen porque yo tengo mucha técnica. Me critican si la cosa está “bien puesta” o no, si está bien dirigidita, pero justamente mi dirección pasa por la no-dirección ya que esa es la mejor dirección y con la puesta yo hace rato que no trabajo ni con luces ni con escenografía, aprovecho la luz que haya y las cosas que haya en el lugar... 

Pero sí te ocupas mucho del vestuario... 

Sí, para mí el vestuario es un instrumento, yo con el vestuario hago una creación, por ahí me encuentro algo en un tacho de basura y con eso me invento una nueva historia, me interesa sobre todo lo visual, la cosa del disfraz, del carnaval, del color y la alegría. 

Trabajás solamente con mujeres, tiene características feministas tu espectáculo. 

Claro, somos feministas, pero aquí en la Argentina, tal como está planteado el feminismo somos anti-feministas. Somos feministas en el sentido que nos reunimos mujeres a hacer algo juntas y nada menos que rock que es un hábito sólo de hombres. Excepto Rouge no hay un grupo de mujeres haciendo rock, vamos a hacer rock onda años 59, rock bien cuadradito con gags musicales de humor y danza. En todo caso el nuestro es un feminismo underground y pasa por una actitud vital más que por una declaración de principios... 

Enrique Symns 

Fuente: Cerdos y Peces, año 1, n. 1, suplementos de El Porteño, agosto de 1983, p. 15.

 


 Y de yapa, una performance de Krysha en 1990:

 

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