La primera vez que tuve en mis manos un libro de Segundo Urreca Mieza, fue en la feria dominguera de Tristán Narvaja, en Montevideo. El ejemplar era viejo, de un blanco como sucio de humo con las hojas a punto de despegarse, la tapa solo llevaba el nombre del autor y el título: Nueva Esmorfia Criolla. Ese nombre extravagante ya me había conquistado, malo o bueno, daba igual: ahí había un distinto. Leí el primer párrafo: “Lo que nos distingue y ennoblece como argentinos, es lo que nos enfanga. Levantemos orgullosos nuestros blasones de trapo remendado. La copa de oro del rey borracho brilla tanto en el banquete como el populacho de moscas nacaradas que soban de su vino. El gauchaje y la indiada, comparten el mismo espíritu cesáreo que nuestro heroico patriciado para conformar la Unidad Nacional, solo la judería burguesa evita el temperamento extremo que nos hace grandes”.Más tarde, cuando leí el libro entero, quedé fascinado. No era parejo, había que sortear parrafadas soporíferas hasta encontrar una frase interesante, pero de tanto en tanto, alguna imagen destacaba y valía la pena haberse comido extenuantes reflexiones esotérico-políticas. Porque lo pesado del libro era su simbología metafísica, embebida de tarotismo y astrología, pero el arsenal medieval de sus metáforas, combinada con el argot entre lunfardo, aristocrático y marcial y las reflexiones mesiánicas absurdas, daban un resultado original. Pasé un tiempo con la sensación mezquina de haber capturado un secreto.
lunes, enero 12, 2026
Nuevas noticias sobre Urreca Mieza
viernes, enero 09, 2026
Mi hermano Enrique (Raúl González Tuñón)
“En este sitio estaba situada la casa de la infancia de Enrique González Tuñón, el más porteño de los cronistas de Buenos Aires. Partió a una zona desconocida el 9 de mayo de 1943. No era un General, no era un Primer Ministro, pero era un artista, era un poeta, tenía la llave de la calle. ¡Salúdenlo!”.
martes, diciembre 23, 2025
Crónica TV se teme lo peor
La revista Plan V fue efímera, salieron dos o tres números en el 2005. De forma tirando a cuadrada, buen gramaje y todo a color, parecía en su contenido una clara competidora de la Rolling Stone o la Inrockuptibles pero con un perfil más nac and pop.
Conversando con buenos amigos de la literatura hace unas noches atrás recordé tener los números 1 y 2 de la revista y recordé puntualmente una entrevista/nota al autor de las placas rojas de Crónica TV. Un hermoso delirio.
Pasen y lean. Y si se cruzan con algún ejemplar de la Plan V, dichosos de ustedes!
Se teme lo peor (Luciana Salvador)
Conversamos en exclusiva con el creador del estilo de las célebres placas rojas del canal de noticias más intenso de la televisión argentina. Conozcan a Esteban Boxler.
Humor, inteligencia y cuotas de sensacionalismo e información absurda son las herramientas para crear las clásicas placas rojas de Crónica TV. El génesis de tal exitosa fórmula surgió un día cualquiera del imaginario de Esteban Boxler. Bajo la presión de Mario Gavilán, su jefe en el canal, por sacar una tanda con cinco titulares cada media hora en un viernes donde no había noticias, optó por ¿crear?: "La ciencia lo dice: estudios científicos revelaron que la primer mujer feminista fue la abuela de Frankenstein".
Boxer trabajó en Crónica desde que arrancó el canal hasta el 1 de julio de 1999, actualmente es profesor en CAECE y desarrolla otras actividades relacionadas con el periodismo. "Durante la semana te daba el ritmo de noticias para ir haciendo la tanda de títulos. Cuando a mí me toca el primer día de trabajo, un viernes, llegó un punto donde ya no tenía más nada para poner y Mario Gavilán me estaba metiendo mucha presión. Decidí resolverlo fácil y... ¡Qué me echen! Entonces armé una tanda de seis títulos inexistentes".
¿Por ejemplo?
El más alevoso era el de Frankenstein. Lo entrego y faltaba media hora para que termine mi turno.
Pero, ¿por qué ese título?
Es que me dije: "¡Que me vienen a meter presión si no hay noticia!".
¿Qué pasó entonces?
Cuando entrego todo pensé que me iban a echar. Termina el turno y Mario Gavilán me llama al control y me dice: "Pibe, eso es lo que quiero. Ese estilo me gusta y esas son la noticias que quiero". Yo no le dije que era verso. Me callé la boca y tomé como metodología en las tandas de los seis títulos que los primeros tres sean más o menos serios, y en el cuarto algo desopilante como para ponerle el toquecito. Y después, a medida que iba pasando el tiempo, como veía que lo que resaltaba eran los últimos títulos, empecé a armar todos los títulos así.
La ironía y el sensacionalismo
"El tema de la ironía fue mutando. Es muy buena justamente para acentuar lo bizarro que tiene el canal. Lo que tiene Crónica es que todos los demás canales quieren ser Crónica, pero les da vergüenza", explica Boxler. El sensacionalismo y la ironía que bordean lo ridículo fueron primero la inspiración para los fines de semana, pero con los buenos resultados de un producto que comenzaba a diferenciarse del resto de los canales de noticias, la metodología empezó a traspasar los sábados y domingos hasta alcanzar los siete días de la semana.
En realidad, sostiene Boxler, "la filosofía de Crónica TV no fue pensada de una manera determinada. No es que se sentó un grupo de intelectuales a pensar cómo identificarse con la masa. Sino que el dueño, Héctor Ricardo García, es parte de la masa. Es un tipo al que le gusta Leonardo Favio y Raphael. Y el tipo es eso. Y la pantalla de Crónica es el espíritu de Héctor Ricardo García. Y Héctor Ricardo García es lo más parecido al argentino medio y de clase baja, más allá de que tenga toda la guita y ande en un Mercedes Benz. Y además es un apasionado que vive dentro del canal. Es más, cuando tuvo la detención domiciliaria estaba armando un búnker porque quería quedar detenido en el canal".
¿Quiénes son las cabezas detrás de los títulos?
Primero hay que aclarar. La televisión se parece a la realidad, pero no es la realidad. Quien crea que lo que ve en televisión es realidad tiene un problema. Ý no hay que pedirle a la televisión que diga la verdad o no hay que enojarse con el televisor porque no muestra la realidad como es. Porque en realidad, la televisión es eso: una gran puesta en escena.
¿Y Crónica con los títulos responde a eso?
Exactamente. Además hay una cuestión... Si bien el periodismo es informar; el periodismo ahora pasó a ser un género de ficción. Es un género de ficción basado en la realidad. Son versiones libres de la realidad. Crónica es una versión más libre todavía de lo que es la realidad. Es una versión bizarra de la realidad.
¿Y cómo funciona el mecanismo?
Depende. Si la información salió primero por cable va a la placa; y sí tenés un dato muy bueno la placa no tiene que dar más información para que no lleguen los otros medios. Por ejemplo vos tenés el dato que en Flores un chino masacró a toda la familia. Entonces en la placa vas a poner: “Chino asesino se volvió loco y descuartizó a la familia". Y no das ningún otro dato para poder llegar primero. Una vez que el equipo esta ahí se dice dónde fue. El famoso "Ampliaremos" tiene que ver con eso.
¿Cuántas personas son las que titulan?
Hay un redactor y un productor general del turno al cual se le responde. En mi caso yo tenía llegada directa a Mario Gavilán, después a Félix Molina, que es el actual director del canal. Digamos, el redactor tiene llegada directa al responsable del aire, que es el coordinador del aire o en este caso Félix Molina, o el productor ejecutivo a cargo.
En el titular, ¿qué pesa más: el sensacionalismo, el humor, la ironía o el contenido?
Depende del tipo de noticia. Si es algo de último momento lo que se privilegia es que sea primicia. Se busca primero el impacto, y el impacto se logra siendo los primeros. Y después tenés la posibilidad de la ironía, que eso tiene que ver con los días.
El canal rebelde
Según Boxler, "es un modo de provocar y, en sí, es el más honesto de todos los canales porque Crónica es lo que ves. Hay algunas negociaciones como en todos, pero es el más puro. Porque además con la inmediatez tampoco se puede controlar tanto. En otros canales hay más filtros para salir, acá la bajada de línea es: '¿Cómo vas a poner algo de Jauretche si esto es Crónica TV? Esto es timba, putas y fútbol'".
"Había escuchado un chisme de que Keanu Reeves tenía una pareja, un tipo. Entonces arme una placa que decía que era gay", cuenta Boxler. Pero cuando tenía que salir la placa al aire se había cambiado el switcher perdiendo el color rojo de la placa. Entonces para darle el fondo habitual empezaron a buscar el color rojo y cuando estaban probando en un momento se pasa por un color lila. Entonces jodiendo con el videografista le digo tirala en rosa a la placa. Y con el sonidista le pusimos un tema de Village People. El coordinador de aire miró y dijo: "Son las dos de la mañana de un domingo, ¿quién se va a dar cuenta?". Y salió así la placa, salió una placa rosa... Llamó al toque Héctor Ricardo García y dije: "¡Nos echan!". Y llamó felicitando. Y dije: "¡Buenoooooo esto me supera!".
¿Cómo surgió la placa de las vacas contramano? ("Vacas escapan de camión jaula y huyen por Gaona, algunas a contramano)
Ese título surge por Félix Molina. Cuando llama la periodista que estaba cubriendo dice que están corriendo las vacas por al autopista, y en joda Félix Molina le pregunta: "¿Van corriendo contramano?". Y la mina se puso a mirar en serio si iban de contramano. Y el tipo dice porque no poner que van contramano. Es ridículo pero es cierto.
¿La placa dónde declaraba Batman?
Batman es el testigo que vio el choque.
¿Una placa divertida?
Cuando fue el caso de Lorena Bobbit: "Arráncame la vida", y en una segunda placa le puse: "Cortó por lo sano".
¿Una placa en la que Crónica salió ganando?
En el suicidio de Yabram. Crónica fue la primera. Estaban todos los periodistas en la estancia de Yabram muertos de frío cuando salió la placa de Crónica.
¿Cómo tenían la información?
Un llamado directo de alguien. Es un mutuo contacto con la policía y gente de inteligencia. ¿Y las placas "Faltan 64 días para la Primavera"? Ideas de García.
¿Tienen un por qué?
Porque le gustó y además la primer cortina que se usaba era un tema cantado por Ringo Bonavena, amigo de García. Y el hermano de Ringo Bonavena es el que maneja toda la parte comercial.
"Cuando entré en confianza con Mario Gavilán en una cena le digo: "Mario, te tengo que contar la verdad... lo de Frankenstein era mentira". Y me dice: "Me gusta más que sea mentira. Es como el gol de Maradona con la mano, que haya sido con la mano es más lindo todavía"
Fuente: Plan V, n. 2, noviembre de 2005, pp. 23-25.
miércoles, diciembre 17, 2025
Aleluyas matritenses: pasado, humor y grotesco
sábado, noviembre 01, 2025
Es raro pero es así: Báñez prologa a Osvaldo Ballina
Hace un tiempo atrás, en los encuentros de Pan y circo, dedicados a la obra del platense Gabriel Báñez, un amigo de esta casa, su eminencia el Sr. José Retik, nos compartió un prólogo. Se trataba de las palabras preliminares de Báñez al libro del poeta Osvaldo Ballina, Ceremonia diurna, publicado en 1983 por la editorial Ramos Americana editora.
Me entusiasma la intimidad y el humor, la ironía y la atención a las palabras, Báñez siempre me deleita. Además en las líneas que digitalizo más abajo, el novelista deja asentados algunas notas sobre el proceso de creación de Góndolas, un texto inolvidable, pretexto de Hacer el odio (aunque se publicó después) y probablemente más arriesgado, más atrevido, muchísimo más gracioso.
Si no saben nada de nada sobre tal autor, recomiendo esta nota comprometida y lúcida de Ana Regina publicada en la revista Bache.
Van pues estos párrafos de puño y letra del gran francotirador de la literatura argentina, Gabriel Báñez.
Prólogo a Ceremonia diurna, de Osvaldo Ballina (Gabriel Báñez)
sábado, octubre 25, 2025
Vidas paralelas. Sara Gallardo y H. A. Murena, algunos apuntes cronológicos
En el 55 empecé a trabajar como periodista, hice muchos viajes en calidad de tal y en calidad de escritora, y una vez más tarde en calidad de señora (con Héctor Murena, cuando ganó la beca Guggenheim). Anduve por países árabes, Grecia, Turquía, mandando notas a la revista Atlántida, que por ese motivo se fundió. Fue muy divertido. Después me divorcié. En 1963 publiqué Pantalones azules, un opio de novela, que causó decepción general aunque ganó el tercer premio municipal. Ese mismo año conocí a Murena. Empezó una época de gran actividad: a la tarde trabajaba como redactora de Primera Plana y por la mañana escribía Los galgos, los galgos, mi primera novela gruesa aunque sin mérito de gruesa porque le sobran unas 40 páginas.
Este libro nace de una manera un poco rara. Yo leí la historia de un monje de Alejandría, un letrado que precisamente dedica su vida a cuidar un paralítico para salvar su alma y la de otro, pero éste era una persona tan malvada que finalmente el hombre desespera hasta de sí mismo y quiere abandonarlo. Va entonces a un convento a plantear su problema, luego ambos mueren con pocos días de diferencia. Esta historia yo la quería contar en otras circunstancias y cuando fui al Chaco tomé nota de los relatos de un indio, capataz de una misión, que me impresionaron profundamente. Fue Murena quien me sugirió que contara la historia del monje pero en este medio. En un principio me pareció totalmente imposible pero él me acerco unos textos de una cautiva en el Amazona que me fueron muy útiles para comprender el tono que podía usar. A través de todo ello fui armando el libro, con trabajo, disciplina y una gran tarea de corrección. Allí reinventé ese idioma basado, en parte, en las notas que había tomado pero que se fue organizando según sus propias leyes. En cuanto al personaje en sí, la idea me la dio un amigo boliviano [¿Jesús Urzagasti?] quien conoció un mataco gigantesco, un hombre que cantó antes de ser asesinado. Las historias sobre este indio me impresionaron sobre todo porque, aún conviven en esa zona dos realidades, una cotidiana y otra casi mágica, enormemente más rica que la nuestra. Allí perviven, como natural, los dones proféticos y todos esos dones, pero que están presentes en la Ilíada o en la Biblia, por ejemplo.
Y el libro terminó siendo la historia de una vocación, en la que un hombre de raza mataca es llamado para una misión que él supone importante, y que resulta ser, precisamente, cuidar a un paralítico infame y, encima, blanco. Pero él sigue su vocación o su misión hasta el fin. Todos mis libros, bien mirados, enfocan este tema: en el primero hay una chica que se deja hacer un destino; en Pantalones azules hay un joven guiado por prejuicios, por un código de ideales mentales sin relación con la realidad, y él elige ese camino de irrealidad. Recién en Eisejuaz encontré la posibilidad de reflejar a un hombre más fuerte que su destino, capaz de cumplir con su misión. (No olvidar que por ese entonces Héctor Murena había pasado a ser ‘el intelectual más desacreditado de América’, después de haber sido el niño mimado, y sin embargo, había seguido su voz interior sin la menor vacilación).
Bueno, después de ese libro [Eisejuaz] yo hubiera podido proseguir el camino místico, pero me planteé la necesidad o el deseo de ser una persona que quiere contar historias. Porque el místico no tiende a contar nada, sino a callarse. Y me obligué a escribir a modo de ejercicio, los cuentos de El país del humo, unidos por el común denominador de América, un lugar donde nada permanece, donde todo lo hecho se borra enseguida y donde se levantan estatuas en una inútil batalla contra el humo.
Cuando enviudó, sufrió un golpe muy fuerte y después de su última novela, La rosa en el viento, no pudo volver a escribir. O por lo menos así lo sentía ella. Es probable que, en términos médicos, haya estado deprimida y por tanto no se haya podido concentrar. Pero el lenguaje psicológico no es bello, así que se mantuvo alejada de ese tipo de interpretaciones y del consuelo que a otros a veces nos traen. Ella creyó más bien que la habían abandonado los dioses de la escritura. Y empezó, con la misma entrega que antes tuvo para la escritura, una nueva etapa.
—¿Dónde queda el país del humo?—Aquí. América es el país del humo: un país imposible de catequizar, una pampa un poco expresionista, irreductible, desértica, salvaje. El humo lo abarca todo y crea una especie de fantasmagoría y de gran pereza. Es un mundo de monstruos. Y es a la vez fascinante.
Las dos voces de estos diálogos han callado. La de Murena el 5 de mayo de 1975, la de Vogelmann el 21 de junio de 1976. Quienes las oyeron recordarán el contrapunto que formaban. Recordarán la gravedad, la pasión de una; la lentitud, el acento extranjero de la otra. Recordarán las definiciones fulmíneas, las impaciencias, las vacilaciones, las bromas que eran el modo habitual de conversar de Murena, y que tan buen encuadre hallaban en la paciencia, en la erudición de Vogelmann.
—Dejemos tu país privado y vayamos al nuestro, al de todos. ¿Qué país dejaste?—Dejé un campo de batalla. Tengo en claro algo muy luctuoso. Estoy empapada en sangre argentina. Porque yo deseé que se terminara con la guerrilla, con los magos y las porquerías. Pero por algo le pasó a nuestro país lo que le pasó. Héctor [Murena] decía que todavía éramos un campamento, no un país, y que la violencia de la fundación iba a volver. Y no se equivocó. Yo no le creía, como criolla que soy. Él venía de afuera y veía mejor. Ahora leo sus ensayos y está claro. Sufría porque era una especie de profeta, una antena. Todavía no somos una comunidad. Desde afuera se ve bien. Aquí, como sabe, hay emigrados. Están los que juegan al teatro del héroe, hay de todo. No es mi caso, por supuesto. A mí me duele el país como destino. Y lo que extraño de la Argentina es su naturaleza, esa ausencia de paisaje. El río. La tarde con sensación de lejanía que tiene nuestro campo. Pero no puedo extrañar el país porque yo soy como el país. Te imaginás entonces las ganas que tengo de ir. Pero falta poco…
Tras dos años en Barcelona y dos años pasados en los Alpes suizos, de 1982 a 1988, mi madre, Sara Gallardo, vivió en Roma los que resultaron ser los últimos años de su vida. (…)
Cuando poco antes de dejar Suiza le pregunté a mi madre por qué nos mudábamos una vez más y por qué precisamente a Roma, su respuesta fue ‘porque quiero vivir en el mundo clásico’. (…)
Porque si hay una clave que puede definir los últimos años de la vida de mi madre, es justamente el binomio de espiritualidad y belleza. ‘Belleza’ no en el sentido canónico y ligeramente árido de la Estética sino en el sentido cálido, fértil y casi carnal de il senso del bello, ‘el sentido de lo bello’, que caracteriza al Barroco romano y su relación con la Roma clásica. La espiritualidad, en cambio, fue la de un reencuentro —si es que en algún momento hubiese habido un distanciarse— con la religión y la Iglesia. Un reencuentro al cual mi madre llegó a través de una madurez espiritual que le hacía considerar, con ese candor que la vida en Roma le puede dar a todo lo relativo a las religiones, las fascinantes consecuencias del sincretismo de los primeros cristianos.
Así, por ejemplo, mi madre se conmovía al descubrir que la Virgen María no solo era la madre de Cristo sino que su figura también incorporaba el simbolismo de la diosa egipcia Isis. O que San Miguel no solo era el santo que llevaba el nombre de su hermano, sino también la incorporación al cristianismo de Mitra, dios cuyo culto llegó a Roma desde Oriente con las legiones, allá por los mismos años en que San Pedro y los primeros cristianos predicaban en Roma.
Sus lecturas de esos años reflejan estos intereses: las crónicas romanas de Ferdinand Gregorovius, o los relatos de los descubrimientos del arqueólogo Amedeo Maiuri. Recuerdo en particular la conmoción que le causaba la descripción del hallazgo de una Venus de mármol policroma en el sur de Italia, así como la lectura de las Sagradas Escrituras, del filósofo Rudolf Steiner, y de todo lo relativo a la vida de Edith Stein, primera santa de origen judío. Este iba a ser el tema de su próximo libro, para el cual estaba investigando, y que desgraciadamente no llegó a escribir.
Ahora bien, que toda esta espiritualidad no confunda a los que leen estas líneas, nada de triste ni oscuro y autoflagelante en todo esto. Al contrario, creo que la espiritualidad de mi madre en los últimos años de su vida se diferenció de la de su infancia justamente por su luminosidad y alegría y, por cierto, por el haber germinado en el fértil humus del sentido del humor y auto-ironía tan propios de su carácter.


























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