miércoles, abril 29, 2009

realidadficción: la peste

Palabras clave: GRIPE PORCINA - VENGANZA DE LA NATURALEZA - PARANOIA - APOCALIPSIS - SOSPECHA - DESCONFIANZA - EPIDEMIA - PESTE - PSICOSIS

"Esto es como película de ciencia ficción: estamos encerrados en casa, con las ventanas cerradas, comprando alimentos para un mes", contó a Clarín la ingeniera Beatriz Gómez. Pero la realidad en México rebasa la trama de cualquier película apocalíptica si se tiene en cuenta que 33 millones de alumnos no pueden ir a la escuela por la emergencia, que los militares están en las calles repartiendo barbijos y el Gobierno genera decretos escalofriantes que les permiten ingresar a la casa de cualquier enfermo de gripe, aislarlo y declarar cuarentena.

Desde sus trincheras, los mexicanos llaman a las radios, su contacto con el mundo real, y formulan preguntas que revelan su enorme pánico: ¿Dónde compro el antiviral? ¿Cuántos grados tengo que tener de temperatura para saber si estoy contagiado? ¿Enferma comer carne de cerdo? ¿Dónde reporto que una compañera de oficina está estornudando mucho?". (Clarín.)

Pero también:

"La "Muerte Roja" había devastado el país durante largo tiempo. Jamás una peste había sido tan fatal y tan espantosa. La sangre era encarnación y su sello: el rojo y el horror de la sangre. Comenzaba con agudos dolores, un vértigo repentino, y luego los poros sangraban y sobrevenía la muerte. Las manchas escarlata en el cuerpo y la cara de la víctima eran el bando de la peste, que la aislaba de toda ayuda y de toda simpatía, y la invasión, progreso y fin de la enfermedad se cumplían en media hora." ("La máscara de la muerte roja" de Edgar Allan Poe).

Por otra parte:

"Además, le cupo a la rata una función histórica de incalculable trascendencia.
En la primavera de 1347 pasó por Constantinopla una peste procedente del Asia, y al año siguiente —1348—, tras asolar la Europa entera, llegó a Londres. Según las estadísticas de que dispuso el Papa Clemente VI, murieron en aquella pandemia 42.836.486 de personas.
El mal se iniciaba con respiración agitada y estornudos. Y era tal el temor al contagio , que cuando uno oía estornudar a otro se apartaba alarmado, pero no sin antes desearle, cristianamente, "salud".
La costumbre de decirle "salud" al prójimo estornudante fué, pues, la primera consecuencia de aquella peste." ("Función política y cultural de la rata" de Wimpy)

Además:

"Algunas de estas profecías aparecían como folletín en los periódicos y no eran leídas con menos avidez que las historias sentimentales de los tiempos en que había salud. Muchos de esos vaticinios se apoyaban en cálculos caprichosos en los que intervenían el milésimo del año, el número de muertos y la suma de los meses pasados bajo el imperio de la peste. Otros establecían comparaciones con las grandes pestes de la historia buscando similitudes (que las profecías llamaban constantes) y por medio de cálculos no menos caprichosos pretendían sacar enseñanza para la presente. Pero los más apreciados por el público eran sin disputa los que en un lenguaje apocalíptico anunciaban series de acontecimientos que siempre podían parecer los que la ciudad iba experimentando y cuya complejidad permitía todas las interpretaciones. Nos-tradamus y Santa Odilia eran consultados a diario y siempre con fruto. Lo que había de común en todas las profecías es que, en fin de cuentas, eran todas ellas tranquilizadoras. Sólo la peste no lo era." (La peste de A. Camus)

Y:

"Si hay que dar un valor objetivo a los dos términos así opuestos, la naturaleza, al proceder en oposición violenta a uno de ellos, debería ser concebida en constante rebelión contra sí misma: tan pronto el espanto de lo informe y lo indeciso desembocan en las precisiones del animal humano o del caballo, se sucederán, en un profundo tumulto, las formas más barrocas y más repugnantes. Todos los trastornos que parecen pertenecer propiamente a la vida humana no serían más que uno de los aspectos de esa revuelta alternada, oscilación rigurosa que se levanta con movimientos coléricos y que, si se considera arbitrariamente en un tiempo reducido la sucesión de revoluciones que han persistido sin fin, golpea y hace espuma como una ola en un día de tormenta." ("El caballo académico" de Georges Bataille)

Pueden verse también:

  1. The happening (N. Shyamalan)
  2. Twelve monkeys (T. Gilliam)
  3. El séptimo sello (I. Bergman)
  4. Los ríos profundos (J. M. Arguedas)
  5. Apocalipsis (San Juan)
  6. Etc.

lunes, abril 27, 2009

I try to be like Grace Kelly...

“[…] Pero, ¿puede un escritor de una clase escribir “para” otras, que no son la suya propia? Desde luego que sí cuando se lo hace desde la clase media para la alta pero no resulta tan claro ni tan fácil en el sentido inverso; lo más difícil de todo es hacerlo desde la clase alta o media para el proletariado. Pero como el proletariado no escribe para sí, como tardan en aparecer los escritores verdaderamente proletarios por su origen social y su proyección, son frecuentes los intentos por llenar esa carencia: intentos deliberados de ir al pueblo por medio de la literatura que producen una sensación angustiante cuando son de buena fe o de repugnancia cuando quieren hacer pasar gato por liebre.
Hay que explicar esta diferenciación: en el primer caso se deslizan involuntariamente rasgos que proclaman, rabiosos y reprimidos, que la imagen del mundo que se les propone a los proletarios sigue siendo de la clase superior y eso al pueblo no le sirve porque lo confunde, especialmente por la buena fe; en el segundo caso, se quiere hacer olvidar al proletariado (al pueblo) de su propia existencia, se lo quiere distraer con engaños haciéndole sentir que los embarazos de Grace Kelly tienen el mismo sentido y porvenir que los de sus mujeres. Es claro que tienen el mismo origen (y en eso se agota toda eventual consideración humanística) peor lo que por cierto importa son las pequeñas diferencias con que se encontrarán después los respectivos niñitos.” (p. 48-49)
Fuente: Jitrik, Noé (1967): “Comunicación e incomunicación entre intelectuales y pueblo” en Escritores argentinos. Dependencia o libertad, Buenos Aires, Ediciones Del Candil.

sábado, abril 25, 2009

Diario de Manhattan (fragmento)

domingo 7 [febrero]

Tendió a imponerse con exigencia durante toda la noche: ¿por qué tan alucinante?
Si me viese obligado a comparecer, ya me consta, entre otros factores, la inutilidad denigrante de lo que llamamos cultura, el despropósito que se nombra educación.
Cinco elementos primordiales aparecerían, creo, como de eficacia impostergable (en caso de componerse) para una supuesta regeneración del dilema. Y los enumero para releerlos, para no seguir adelante:
I. rescatar de lo ordinario el conocimiento de tipos humanos (conocerse, conocer al otro en especial a partir del sello cósmico.)
II. estudio activo del inconsciente, en base a evidencias que se protagonizan.
III. que el cuerpo, en su organización diversa y complicadísima, pueda contar con un instrumento objetivo de aprendizaje iniciático; arquería Zen como mejor ejemplo.
IV. simultáneamente, siempre, estudios de cosmos, de universo. O sea: estudio correlativo de tipos, inconsciente, cuerpo instrumento, y leyes que rigen, a su vez, psiquismo, cosmos y universo.
V. ética activa. Rigor sin consideraciones de tolerancia. La conducta como oración cotidiana.
Entonces sí religión; entonces sí re-ligarse.
En este sentido, a pesar de algunos casos relativamente favorables, me parece que la práctica del cristianismo tendería más bien a la fe de la emoción que a la fe de la conciencia. ¿Por eso resulta demasiado cómodo, demasiado complaciente?
Por algo el Dios (Os dí) de consumo más estable resulta casi tonto en su tolerancia patriarcal; no advertiría la carnestolenda interior impenetrable que se le escamotea en permanencia.

Fuente: Sánchez, Néstor (1988): “Diario de Manhattan” en La condición efímera, Buenos Aires, Sudamericana, p. 52-53.

miércoles, abril 22, 2009

Una buena nueva

Por fin una editorial argentina empieza a rescatar a ese escritor, Bernardo Kordon, que quedó en el sótano de la literatura argentina (tal vez por su tendencia realista, tal vez por la crudeza y desesperanza de sus tramas y personajes perdedores en la línea de la obra de Arlt, tal vez porque nunca tuvo el guiño de la crítica) y a quien dedicamos un post hace unos meses en el que incluímos "La última huelga de los basureros". Pues bien, la editorial platense Mil botellas, (quienes ya publicaron a Rafael Barret, entre otros) reedita en un mismo libro dos de las grandísimas novelas cortas del amigo Kordon, Alias Gardelito (1956) y Kid Ñandubay (1971). Vaya como muestra una párrafo de la primera:

"Todo indicaba que existía una especie de gente que no sólo aceptaba, sino que necesitaba del engaño, pagaba por eso. Lo fundamental era dejar que ellos se engañaran solos; no forzarlos nunca. Estaba visto que no era preciso forzarse para engañar a nadie; esa gente se engañaba sola. Él sólo quiso robar un perro; venderlo y cargar con las consecuencias. Pero he aquí que había caído en un mundo de amantes de los perros, donde la gente se enternecía y aflojaba la bolsa sin mayor resistencia. Lo mejor era quedarse quieto: mostrarse cariñoso con ese perro y pasearlo hasta que se presentara una nueva oportunidad. Pues estaba visto que por él mismo nadie le daría dinero para tomar un taxi, ni lo valorizaría en veinte pesos." (Alias Gardelito, p. 86-87)

Fuente: Kordon, Bernardo (1981): Alias Gardelito; Un horizonte de cemento; Kid Ñandubay, Buenos Aires, Galerna.

domingo, marzo 29, 2009

Sobre el ratón Mickey y el ensueño de los hombres actuales

"Al cansancio le sigue el sueño, y no es raro por tanto que el ensueño indemnice de la tristeza y del cansancio del día y que muestre realizada esa existencia enteramente simple, pero enteramente grandiosa para la que faltan fuerzas en la vigilia. La existencia del ratón Mickey es ese ensueño de los hombres actuales. Es una existencia llena de prodigios que no sólo superan los prodigios técnicos, sino que se ríen de ellos. Ya que lo más notable de ellos es que proceden todos sin maquinaria, improvisados, del cuerpo del ratón Mickey, del de sus compañeros y sus perseguidores, o de los muebles más cotidianos, igual que si saliesen de un árbol, de las nubes o del océano. Naturaleza y técnica, primitivismo y confort van aquí a una, y ante los ojos de las gentes, fatigadas por las complicaciones sin fin de cada día y cuya meta vital no emerge sino como lejanísimo punto de fuga en una perspectiva infinita de medios, aparece redentora una existencia que en cada giro se basta a sí misma del modo más simple a la par que más confortable, y en la cual un auto no pesa más que un sombrero de paja y la fruta en el árbol se redondea tan deprisa como la barquilla de un globo."
Fuente: Benjamin, Walter (1989): "Experiencia y pobreza (1933)" en Discursos interrumpidos, Madrid, Taurus, pág. 172.

viernes, marzo 27, 2009

10ma Feria del Libro Independiente y Alternativa

viernes, marzo 20, 2009

Philip K. Dick en los tiempos de Jesucristo

Acá, los muchachos de la revista Hermano Cerdo recuperan y traducen una conferencia muy extraña de Philip K. Dick en la que parte desde una entrevista sobre fascismo y el caso Watergate en las tazas giratorias y en el barco pirata del Capitán Garfio en Disneylandia; luego, pasa por las preguntas que movilizan su proyecto creador (¿qué es la realidad?; ¿qué constituye el auténtico ser humano?), desemboca en un llamado de atención frente a la creación de "pseudo-realidades creadas por gente muy sofisticada usando mecanismos muy sofisticados" y finaliza en una extensa anécdota que señala asombrosas coincidencias entre el argumento de su novela Flow my tears escrita en 1970, el libro Hechos de los Apóstoles de la Biblia y su propia vida.
Copio una parte imperdible:
"[...]¿Cómo explicar todo esto? [la coincidencia entre su novela, el libro de Hechos... y algunas situaciones que le tocó vivir]

La respuesta que se me ha ocurrido puede no ser correcta, pero es la única que tengo. Tiene que ver con el tiempo. Mi teoría es la siguiente: En algún sentido importante, el tiempo no es real. O tal vez sí es real, pero no tal como lo experimentamos o como lo imaginamos que es. Tuve una certidumbre aguda y abrumadora (y todavía la tengo) de que pese a todo el cambio que vemos, un paisaje específico yace bajo el mundo cambiante: y ese paisaje invisible es el de la Biblia; es, específicamente, el período inmediatamente subsiguiente a la muerte y resurrección de Cristo; es, en otras palabras, aquel cuando ocurren los Hechos de los Apóstoles.

Parménides estaría orgulloso de mí. He mirado fijamente el mundo en cambio constante y he declarado que bajo él yace lo eterno, lo inamovible, lo absolutamente real. ¿Pero qué ha ocurrido? ¿Si el momento real es cercano a 50 D.C., entonces por qué vemos 1978 D.C? ¿Y si realmente vivimos en el Imperio Romano, en algún lugar en Siria, por qué vemos los Estados Unidos?

Durante la edad media, una teoría curiosa vio la luz, se las voy a presentar tal y como es. Es la teoría de que el Maligno -Satán- es el “Simio de Dios”. Él crea imitaciones espurias de la creación, de la creación auténtica de Dios, y luego las intercambia por aquella creación auténtica. ¿Explica esta rara teoría mi experiencia? ¿Debemos creer que hemos sido cegados, que hemos sido engañados, que no es 1978 sino 50 D.C…. y que Satán ha creado una realidad falsificada para debilitar nuestra fé en el retorno de Cristo?

Me imagino siendo examinado por un psiquiatra. El psiquiatra dice, “¿En qué año estamos?”. Y yo respondo, “50 D.C.” El psiquiatra parpadea y luego pregunta, “¿Y dónde estás tú?” Yo respondo, “En Judea.” “¿Dónde diablos es eso?” pregunta el psiquiatra. “Es parte del imperio romano,” tendría que responder. “¿Tú sabes quién es el presidente?” me preguntaría el psiquiatra, y yo respondería, “El procurador Felix.” “¿Estás seguro?” preguntaría el psiquiatra, mientras envía una señal discreta a dos inmensos enfermeros. “Sip,” respondería. “A menos que Felix haya dimitido y haya sido reemplazado por el Procurador Festus. Lo que pasa es que San Pablo fue capturado por Felix debido -” “¿Quién te dijo todo esto?” preguntaría de imprevisto el psiquiatra, irritado, y yo respondería, “El Espíritu Santo.” Y después de eso yo terminaría en la habitación acolchada, mirando hacia afuera, y sabiendo exactamente cómo había llegado a ese lugar.[...]"
Léanla completa que vale la pena. Acá, la versión de la conferencia en inglés.

miércoles, marzo 18, 2009

El proyecto editorial que vienen desarrollando los chicos de Ediciones El andariego es digno de tener en cuenta. Este mes lanzan En octubre no hay milagros una novela del escritor peruano Oswaldo Reynoso en el marco de la colección "Narrativa urgente", colección en la que intentan trazar un nuevo mapa de la literatura latinoamericana y lo vienen logrando (rescataron Ferrocarriles argentinos de Elvio Gandolfo, ese sí que fue un primer gran paso).
Copio los datos editoriales y la contratapa del nuevo libro:

Título: En octubre no hay milagros
Autor: Oswaldo Reynoso
Colección: Narrativa Urgente
Precio: $ 35

Lima en los años 60: es el día del Señor de los Milagros, la multitudinaria procesión en hábito morado que une a todos los peruanos. En contraste con este día de recogimiento y devoción religiosa, el escenario de fondo se ofrece a ritmo de manifestaciones, represión y muertes.
El poderoso don Manuel, empresario que teje los hilos de la política desde la sombras; Tito, su joven mancebo recogido de las calles; don Lucho, trabajador honrado que busca un nuevo hogar ante un inminente desalojo; sus hijos y el duro tránsito de la adolescencia a la madurez son algunos de los personajes que se entrecruzan en esta novela que se desarrolla en las horas que separan la mañana del anochecer.
En octubre no hay milagros nos muestra al mejor Reynoso, con un estilo que acosa, perturba, por momentos asquea, y que, como una constante en toda su obra, nunca nos deja indiferentes.

Pags: 240p.
ISBN: ISBN978-987-24021-5-0

Más info, acá.

domingo, febrero 15, 2009

El porqué de las bombachas rosas o decálogo del escritor bombachista o carta abierta a un joven cuentista de sexo (Isidoro Blaisten)

Coincido con mi compañero Emiliano en que Isidoro Blaisten es un cuentista imperdible y uno de los grandes tapados de la literatura argentina (a veces me pregunto por qué algunos de estos autores tapados y despreciados en nuestra literatura, alcanzan con el correr de los años, el podio (al menos, el académico) como Osvaldo Lamborghini y por qué no sucede lo mismo con otros como Blaisten, Rozenmacher, Briante, etc.; a lo mejor tiene que ver con las modas teóricas que circulan por los pasillos de las facultades, por los catálogos de las editoriales independientes y por los estantes de las librerías cool de Palermo, seguramente la cuestión es mucho más profunda). Agradezco la oportunidad que me brindó el 2008 de leer todos sus cuentos, de disfrutarlos, de conocer su cuentística prolífica, humorística y muy bien escrita; tal vez, nunca me hubiera acercado a sus libros y ahora que lo hice, no puedo evitar recomendárselo a todo aquel que tiene interés en leer cuentos excelentes, entretenidos, inteligentes, etc.
Entre ese cúmulo de cuentos (prometo hacer un 'greatest hits' de Blaisten para la próxima, para el/la que quiera acercarse a su obra), se destaca una serie que parodia, sobre todo en sus obras de los 60-70, a la literatura comprometida, a los artistas revolucionarios, a los lugares comunes de la literatura argentina de dicho momento y a las reglas del juego del campo intelectual y literario. En esa serie en la que se destacan cuentos como "Un extraño reportaje" (en La salvación, 1972) o "El sotobosque del country" (en El mago, 1974), se inscribe el texto que pego a continuación:


El porqué de las bombachas rosas o decálogo del escritor bombachista o carta abierta a un joven cuentista de sexo



1º) En toda parte de sexo, de cualquier literatura, sexual o no, to­das las bombachas deberán ser rosas. Únicamente rosas.
2º) Las bombachas verdes no inspiran confianza.
3º) Las bombachas negras dan mala impresión. Entristecen. Pare­ciera ser que el escritor de sexo apelara a bajos recursos policíacos.
4º) Las bombachas blancas semejan mofa o burla hacia el lector.
5º) Las bombachas violetas semejan propaganda de supermercado.
6º) Bombachas índigo, tierra de siena, fucsia, ladrillo, té con leche, mostaza, rojo indio, rojo señal, rojo de cadmio, gris acerado, celeste im­perio, ocre, amarillo de nápoles, tiza, bronce viejo, marfil de occidente, tierra de sombra tostado, ciclamen, borravino, pistacho, azul veronés, azul de ultramar, azul cobalto, azul brasso, azul de prusia y todo es azul, descartadas por completo.
7º) En el relato de ficción, quien usare las bombachas deberá sufrir.
8º) Las formas de sacar la bombacha en forma sádica y brutal son infinitas y variadas. Por lo general no hay reglas fijas y todo depende de fas distintas escuelas literarias:
a) Naturalista: con los dientes mientras la protagonista acaricia a dos gatos de angora con ambas manos.
b) Realismo socialista: con una pinza pico de loro.
c) Objetivista o llamada también escuela de la mirada: el protago­nista varón mirará fijamente durante catorce páginas una jofaina esmal­tada mientras las bombachas van cayendo lentamente.
d) Clásica helénica: se unce el elástico a un carro de cuadriga. El au­riga hace viborear el látigo y las bombachas estallan como ramos de ja­ciatos.
e) Lenguaje coloquial: he aquí un ejemplo: —Sacátelas, guacha.
(Ella): —Rodolfo (puede usarse otro nombre).
—Qué. ¿No te gusta? Una sacadita, no más.
Rodolfo, seguía diciendo ella. Seguiste diciendo. Y me clavabas. Le clavabas. Las uñas. Las uñas. Las uñas.
f) Literatura de la tilde, llamada también del guión grande o desig­nada con la locución familiar "de la rayita": sobre el de-curso del cuerpo textual se es-curre la bombacha. Con-fusión de géneros. La escritura des­anda y re-vela. ¿Vela o re-vela? Cuerpo des-velado, de-velado. ¿Cubre o des-cubre? Re-cae la culpa y cae la bombacha. Él no ceja. Él persevera. Je persévère. Je père sévère. Ne me quittez pas. Quitátela. Cae. Re-cae. La. Bomb-acha.
Debes ser muy preciso e indicar con absoluta precisión y claridad meridiana el lugar donde quedarán las bombachas una vez sacadas por cualquiera de los métodos ya especificados.
Los mejores lugares de tu preferencia serán:
a) Enroscadas en forma de sierpe alrededor de una pata de mesa veneciana del siglo dieciséis.
b) Al volar por el aire han quedado colgadas de un ángulo de un grabado de Piranesi que representa el pontón de Castel Sant'Angelo.
c) Han quedado desmayadas en forma de caléndula aterida junto al portarretrato que tiene una foto que representa a la hija (no importa de quién).
d) Es obvio indicar que cada tipo de literatura que se emplee usa­rá la forma literaria de dejar caída la bombacha que le resultare más proclive. Verbigracia, para el tipo de literatura coloquial los lugares po­drían ser:
a-1) El álbum pisoteado de las fotos de casamiento (no importa de quién).
a-2) Papel de estraza todo engrasado y asqueroso con restos de sa­lame o bondiola. Nunca leberwurst, cima rellena, jamón del diablo, ja­món tiernizado y/o serrano ni menos todavía aspic de pavita aun cuan­do venga precedido de la connotación "cortado en fetas".
a-3) La cama (mejor que cama, jergón, si fuera posible) deberá re­chinar estrepitosamente. Acá Rodolfo puede tener un pensamiento inte­rior o un fluir de la conciencia entre paréntesis y/o corchetes (nunca as­teriscos): "La muerte. Guacha. Sos la muerte. La fábrica. Rodolfo. Rodolfo. Rodolfo. Tiene ruido a muerte. Rodolfo. Guacha. Fábrica. Ro­dolfo. Puta".
a-4) El joven escritor sexual bombachista deberá estar alertado contra un peligro muy común de confundir el empleo de la técnica mixta con la mezcla de las escuelas literarias. Veamos un ejemplo:
Se incendia la villa Miseria. Los amantes quedan carbonizados pe­ro la bombacha se salva porque ha quedado aprisionada entre dos cha­pas de cinc canaleta. En ningún caso el joven escritor de sexo hará pro­nunciar al teniente de bomberos estas palabras mientras rescata la bombacha: "En Flandes se ha puesto el sol".
He notado que muchos jóvenes en su afán efectista de sorprender al lector de sexo no paran mientes y atentan contra la pureza del estilo, inconsiderando que esta tesitura puede crear una generación de jóvenes sexuales desmañados, sin rigor, que caen en lo chabacano y corren el al­bur de que su literatura sexual muera con ellos.
Hace un mes, recibí una carta de un joven escritor del condado de Yorkshire. Su literatura sexual estaba encuadrada dentro del pragmatis­mo clásico helénico, no obstante lo cual no titubea en describir con ca­racteres rúnicos la bombacha rosa tiziano de la protagonista.
He aquí todo, joven cuentista. En la soledad recoleta de tu gabine­te, trabaja, trabaja y trabaja. Si lo que acá se ha dicho te ha servido para el rigor, mi misión está cumplida. Pero tenlo presente: estas líneas no son un dogma sino una guía para la acción.

En Blastein, Isidoro (2004): Cuentos completos, Buenos Aires, Emecé, págs. 103-105.

sábado, diciembre 20, 2008

Revista No Retornable

NO-RETORNABLE

(revista literaria virtual)

www.no-retornable.com.ar

NUEVO NÚMERO DE VERANO !!!!


_Quiénes somos

Este número de verano presenta cambios y nuevos interrogantes porque ¿acaso no es eso la literatura, una pregunta que cada tanto tiene una respuesta diferente?

_Dossier Malvinas

Análisis de la Guerra de Malvinas: realidad fáctica, ficciones, entrevistas, ensayos, exploración del contexto, del rol de los medios, del imaginario social actual, etc.

*Contar la guerra

Relatos, poesías y fragmentos de novelas relacionados con Malvinas.

Introducción - Sol Echevarría

Cuando te vi caer - Sebastián Basualdo

Relatos breves - Rodolfo Cifarelli

Una poesía - Paola Ferrari

Los pichiciegos – Fogwill

Soberanía nacional - Rodrigo Fresán

Primera Línea - Carlos Gardini

Impresiones de un natural nacionalista - Daniel Guebel

La guerra del gallo - Juan Guinot

Ella no puede creer que se pierda - Valeria Iglesias

Los fantasmas de Malvinas - Federico Lorenz

Una puta mierda - Patricio Pron

Pólvora y Chimangos - Edgardo Russo

La marca del ganado - Pablo de Santis

* Pensar Malvinas

Textos que reflexionan sobre la guerra y su actualidad.

Introducción - Alejandro Boverio

Malvinas: relato, ritual y agonía histórica - Nicolás Lavagnino

Lo "Otro" de la memoria - Verónica Tozzi

Las pruebas de vida: cartas que quedaron de la guerra.. - Mateo Niro

Historia y memoria - María Rosa Lojo

Escribir Malvinas - Horacio Banega

Una guerra inventada - Alejandro Soifer

Fotografías para producir memorias - Maria Laura Guembe

Retratos en dos tiempos - Graciela Speranza

La imposición sentimental - Pablo Debussy

La pichicera en la filigrana de los gimnasios - Alejandro Droznes

De la guerra "sucia" a la guerra "limpia"

Entrevista a León Rozitchner – Alejandro Boverio y Luciano Carniglia

Escritos al calor de la guerra

Todo el poder a Lady Di - Néstor Perlongher

Por la soberanía nacional en las Malvinas.. – Grupo de Discusión Socialista

La guerra de las Malvinas y la liberación nacional - Jorge Enea Spilimbergo

*Fotografías

Malvinas. Retratos y paisajes de guerra - Juan Travnik

*Entrevistas

Algunas preguntas a escritores sobre la cuestión.

Carlos Gamerro

Martín Kohan

Patricio Pron

Otras voces, otros ámbitos

* Recordar Malvinas

Cronología - Graciela Speranza y Fernando Cittadini

Selección de canciones sobre Malvinas

Decreto Nº 753

Carta abierta de la Comisión de Familiares de ex-Combatientes

Jornadas en la UNLP: Decir la historia… para no morir - AAVV

Algunas reflexiones y propuestas ... - Gabriel Sagastume

* Debatir

Espacio abierto para seguir contando y pensando la guerra.

_Meter el verso

Selección de cuatro poetas contemporáneos:

Unos asuntos relacionados con la poesía - Mariano Blatt

Cosmorama - Alejandro Mendez

Suburbia - Alfredo Jaramillo

El Jardín del Tao - Carlos Godoy

_Contate algo

Acá te acercamos, para que puedas leer online, estos relatos:

Un lunes cualquiera - Carlos Costa

Fragmentos de una novela inédita - Luciana De Mello

Paisajes - Mariela Ghenadenik

El doble oficio de la araña - Jimena Néspolo

_ Tres son multitud

Ampliamos la apuesta con tres entrevistas:

Diálogo inconcluso con Félix Bruzzone - Maximiliano Crespi

Ácida crítica del escritor César Valdebenito - Claudio Inzunza

La continuidad de los parques de Alejandro Zambra - Valeria Meiller

_Laberintos

Imágenes de la artista visual Anabella Papa

_¿Qué hay de nuevo?

Reseñas de libros editados o re-editados recientemente al alcance de los lectores, los curiosos, los chismosos y los amantes de la crítica literaria. Escriben sobre:

Las Cuatro Estaciones, de Arturo Carrera - Gabriel Cortiñas

Crítica acéfala, de Raúl Antelo - Maximiliano Crespi

Dramaturgias, AAVV - Luciana Espinosa

Cartografías, de Silvia López - Javier Fernández

Solaris, de Romina Freschi - Ana Guillot

Nueva escritura en Latinoamérica, de Héctor Libertella - María Laura Lattanzi

Turistas, de Hebe Uhart - Esteban Leyes

La caja, de Gabriel Reches - Fernando Lozano

San Francisco, de Luciano Lamberti - Pablo Natale

Frío en Alaska, de Matías Capelli - Pablo Nicotera

Y todo el resto es literatura: ensayos sobre Osvaldo Lamborghini- Matías Raia

El caserío, de Carlos Aldazábal - María Laura Romano

La mitad de la verdad, de Irene Gruss - Leonardo Sabatella.

Ferrocarriles argentinos, de Elvio Gandolfo - Florencia Sanseverino

Piedras Encantadas, de Rodrigo Rey Rosa - Daniela Szpilbarg

Anís, de Mariana Dimópulos - por Damián Tullio

_ El sonido y la furia

Comentarios o advertencias breves sobre teatro y otras artes. En constante actualización porque la vida durante un tiempo, se agita y se pavonea en la escena, y luego no se la oye más.

+ www.no-retornable.com.ar
+ contacto@no-retornable.com.ar

martes, diciembre 09, 2008

Confieso que he leído

Me parece muy entretenida la idea que tomaron prestada desde el blog de la revista virtual, por demás recomendada, Hermano Cerdo. El desafío consiste en recoger distintas intervenciones de personas que cuenten qué leyeron este año (2008) y que, tal vez, terminen por armar una red en la que circulen las experiencias, las sensaciones y las recomendaciones de distintos lectores. Acá, las instrucciones para participar. Una buena idea para terminar el año y para ir planeando lecturas para el año que nos espera.

Vía El lamento de Portnoy y Hermano Cerdo.

Actualización: Aquí, mi humilde participacion.

viernes, diciembre 05, 2008

Roberto Mariani, con los botines de punta

La editorial El 8vo loco sigue rescatando autores argentinos que propusieron una estética que rompía con los moldes Boedo/ Florida en los años 20 a través de los recursos de la mezcla y el grotesco, constituyendo a través de estos una posible "tercera zona". Después de la publicación de los Poemas 1920-1930 de Nicolás Olivari y de la Narrativa 1920-1930 de Enrique González Tuñón (ambos libros con prólogos de excelente análisis a cargo de los responsables de la editorial, Ana Ojeda y Rocco Carbone), la editorial se despacha, y bienvenida sea, con el 1er tomo de la Obra completa 1920-1930 de Roberto Mariani. El tomo en cuestión recoge: el libro de poemas Las acequias y otros poemas, la novela corta Culpas ajenas... (1922) y el celebérrimo libro de Mariani Cuentos de la oficina (1925) del que hace un tiempo subimos el primer cuento. Desde ya, aplaudimos la recuperación que está llevando El 8vo loco, llenando un hueco editorial importante.

PD.: Amen de estas publicaciones, prometen la futura edición de la Narrativa completa 1920-1960 de Nicolás Olivari.

Copio a continuación la gacetilla de presentación del libro:

"Roberto Mariani y la Obra completa (1920-1930) de El 8vo. loco

La reedición de obras olvidadas –buceo en el acerbo cultural comunitario con objetivos de exhumación– es todo menos original. Sin embargo, vale la pena detenerse algunos momentos en la empresa que lleva adelante El 8vo. loco con su colección "Pingüe patrimonio", no sólo porque rescata textos de calidad literaria que nada tienen que envidiarle a la pasión argentina por lo dicotómico (Boedo/ Florida, Borges/ Arlt, Cortázar/ Walsh y un larguísimo etcétera), sino porque lo hace proponiendo una nueva matriz explicativa para la mítica década del veinte. Hasta el día de hoy, se han beneficiado del cuidado rescate que lleva adelante esta pequeña editorial (evidente en sus estudios preliminares, la reproducción inmodificada de las primeras ediciones y la inclusión de reseñas del momento de aparición de las distintas obras) la narrativa de Enrique González Tuñón y la poesía de Nicolás Olivari producidas a lo largo de la década del veinte.

Ahora le ha llegado el turno a Roberto Mariani (1893-1946), tercer exponente de lo que Ana Ojeda y Rocco Carbone, prologuistas de esta edición, consideran la "tercera zona": escritores que, a partir de un trabajo con la categoría estética de lo grotesco, lograron dar cuenta de las declinaciones enfrentadas por esa incipiente pequeña burguesía a la que, en definitiva, ellos mismos pertenecían y que se vio fuertemente marcada por las resultantes de la inmigración promovida activa y sistemáticamente por el Estado argentino desde 1880. Junto a Nicolás Olivari, Roberto Arlt, los hermanos Discépolo, Raúl Scalabrini Ortiz y Enrique González Tuñón, Roberto Mariani se alejó de los dos polos político-literarios hegemónicos de la década del veinte –revolución para la literatura (Florida) o literatura para la revolución (Boedo)–, como así también de los "padres" de la literatura argentina de aquel momento (Lugones, Gálvez, Wast, Lynch, Banchs, entre tantos otros) para establecerse con comodidad en su justo medio con una escritura de gran vuelo que, a la vez, comporta una preocupación por dar cuenta de los dramas de la "gente común".

Roberto Mariani nació en La Boca en 1893 de madre y padre italianos. Fue una personalidad multifacética. Transitó varios géneros literarios y alcanzó cierta notoriedad gracias al altercado entablado con los muchachos del grupo de Florida, de quienes se distanció con su célebre artículo de 1924: "Martín Fierro y yo". Sin duda, su texto más famoso es Cuentos de la oficina, que ve la luz un año más tarde. Él mismo padeció la reificación del trabajo de escritorio, si bien también fue camionero de largas distancias, empleado del ferrocarril y colaboró en publicaciones periódicas. También fue empleado del Banco Nación, de donde lo echaron por agitador. Fundó la revista Extrema Izquierda mientras trabajaba en el Ministerio de Agricultura. En 1932 su novela En la penumbra ganó el Segundo Premio Municipal. Murió el 3 de marzo de 1946, de un ataque cardíaco.

El presente volumen, primera reedición de la obra de este autor en por lo menos una década, está integrado por tres obras: Las acequias y otros poemas (1921), Culpas ajenas… (1922) y Cuentos de la Oficina (1925), la mayoría imposibles de conseguir en la actualidad. Cuenta, además, con un extenso e informado estudio preliminar, bibliografía completa del autor, minisemblanza biográfica y reseñas del momento de aparición de las obras.

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lunes, diciembre 01, 2008

Trashumantes de neblina, no las hemos de encontrar (Oscar Blanco – Adriana Imperatore – Martín Kohan)

De cómo la literatura cuenta la guerra de Malvinas

La guerra de Malvinas, como toda guerra, consti­tuye una confrontación de cuerpos, y a la vez, una confrontación de discur­sos. Desde el relato convocante de los comienzos hasta la postrera rendición de cuentas, la guerra despliega una construcción de versiones que siguen pugnando por imponerse, incluso cuando la lucha entre los cuerpos ya ha concluido.

Han predominado dos maneras de contar la guerra de Malvinas en la disputa por el terreno de la memoria colectiva: una, la que podríamos deno­minar versión triunfalista; otra, la ver­sión del lamento. La versión triunfalis­ta corresponde al discurso oficial, es la que construye héroes y responde a la tradición según la cual "nuestra bande­ra jamás ha sido atada al carro del enemigo". La versión del lamento, por su parte, surge, a diferencia de la ante­rior, en el punto de inflexión de la derrota: construye víctimas, responde a la tradición de la neutralidad bélica argentina, y apuesta a las vías diplomá­ticas.

La primera versión, más transita­da durante la guerra, circula abarcando un abanico que va desde el discurso de Galtieri en el balcón de la casa rosada, hasta las crónicas de los medios masi­vos, pasando por el fervor de los cánti­cos populares: su impronta es el desafío al "principito" y el anuncio, en titula­res, de que "estamos ganando". La segunda versión comienza a imponerse tras la derrota. Los combatientes son ahora "chicos": víctimas (en la locura, en la mutilación, etc.), no tanto de los ingleses sino de sus propios oficiales. Un discurso anti-militarista, y también anti-imperialista en este caso, dirá en­tonces que la guerra fue una "causa justa", pero que estuvo mal conducida.

Esta segunda versión se propone cuestionar a la primera en sus princi­pios fundamentales: ocupar el espacio de su opuesto, revertir todos sus térmi­nos. Sin embargo, la versión del lamen­to no cuestiona a la versión triunfalista de un modo tan contundente como lo pretende. Lo cierto es que ambas se inscriben, finalmente, en un mismo marco, participan de una misma lógica: la lógica del Gran Relato Nacional, es decir, la del Gran Relato Argentino.

En la base de la conformación de toda nación moderna - y también en la de la Argentina -, se encuentra la cons­titución de un relato cuya función es homogeneizar, definir un nosotros y un ellos en un sistema de inclusión y exclu­sión, otorgar una identidad colectiva que opera en el horizonte del imagina­rio social, a través de un sistema simbó­lico: nombre, bandera, himno, escudo, panteón de héroes y de hitos. Una narra­ción del origen y de lo porvenir: una tradición y un relato futuro. La eficacia de este relato consiste en que logrará disolver las diferencias internas, ha­ciéndolas converger y coincidir en los valores de la unidad nacional.

La coyuntura de un conflicto o de una guerra, como en el caso de Malvi­nas, exaspera el poder aglutinante del nosotros y convierte a los otros en enemigos; por lo tanto la posibilidad de escapar a la instancia globalizadora del Gran Relato Nacional resulta más difí­cil todavía.

Cuando "los chicos de la guerra" se lamentan de su suerte, insisten, no obstante, en que volverían a pelear por las islas con una preparación más ade­cuada: sostienen, en definitiva, lo legí­timo de la "gesta". Y cuando el pensa­miento progresista pone en juego su versión, dirige sus ataques al descala­bro de la organización militar, pero a la vez se entusiasma, por su postura anti­imperialista, con el hecho del desafío alas potencias coloniales.

La otra variante de aparente dis­crepancia apela a una estrategia que consiste en invocar valores universales, valores que pretenden posicionarse por encima de los conflictos nacionales: así, por ejemplo, Borges imagina a un soldado inglés que lee a Cervantes y a un soldado argentino que lee a Conrad, ambos en sus lenguas originales. Pero la tradición anti-belicista - como toda tradición que se basa en valores superadores para oponerlos al Relato Nacional - no consigue en definitiva escapar de él.

De modo que el Gran Relato Ar­gentino logra entrampar en su lógica a todas estas versiones: todo podrá ser cuestionado, excepto las bases de la identidad nacional, núcleo fundante de la versión oficial. Todo podrá ser dicho, excepto que el problema de la sobera­nía sobre las islas carece de relevancia.


Estrategias de desarme: una guerra desarmada

Existen, de todas maneras, otros relatos que sí deconstruyen el Gran Relato y que pertenecen al campo dis­cursivo de la literatura: surgieron en la narrativa argentina de los últimos años con variantes tan diversas, literaria y generacionalmente, como lo son La Causa Justa de Osvaldo Lamborghini, Los Pichy-cyegos de Rodolfo Fogwill, A sus plantas rendido un león de Osvaldo Soriano, "El aprendiz de bru­jo" y "Soberanía nacional" en Historia argentina de Rodrigo Fresán, "Memo­randum Almazán" en Nadar de noche de Juan Forn o "Impresiones de un natural nacionalista " en El ser querido de Daniel Guebel.

Su operación consiste en deconstruir y no en destruir lo que la destruc­ción pone en funcionamiento es una lógica que ataca desde el exterior del sistema en cuestión, su objetivo es la superación y el reemplazo de ese otro sistema, por eso lo bombardea, pero no lo dinamita. Dinamitarlo, deconstruirlo, supone actuar desde el interior: recono­cer la lógica y la estructura internas para ubicar los puntos claves, los pila­res que sostienen el sistema y lo harán caer: tarea de espía, tarea de sabotea­dor.

La deconstrucción utiliza el mis­mo principio que deconstruye, opera dentro de su objeto, pero invirtiendo sus jerarquías; provoca un corrimiento del sistema en la medida en que consigue ubicar un elemento que dicho sistema no puede resolver. Su estrategia es trastocar órdenes, desarmar oposicio­nes, producir un cortocircuito en los fundamentos, actuar dentro de los lími­tes que plantea el sistema, pero para resquebrajarlo.

A menudo, las versiones aparente­mente opuestas al Gran Relato Nacio­nal, como dijimos al referirnos a la tradición anti-belicista, formulan una superación por medio de valores uni­versales: la Vida, la Cultura, la Paz, etcétera. Pero la deconstrucción, preci­samente, no se propone una superación, sino una desarticulación por degrada­ción. El Relato Argentino no va a ser destruido por valores superiores, sino deconstruido mediante la utilización de sus mismos principios, pero boicotea­dos en su esencia, corrompidos en su prestigio.


Gardel era francés

Es posible, tomando los textos pro­puestos como un corpus (campo de trabajo) y leyendo qué cuentan de la guerra de Malvinas y cómo lo hacen, conformar una historia en la que se combinan distintos rasgos de cada uno de ellos.

En los textos deconstructivos men­cionados, la "causa" no es "justa": pa­rece justa mientras se la lee seriamente, pero se revela irrelevante en el registro del chiste. Y es precisamente en este tipo de registro donde cabe la inversión.

Si el Gran Relato Nacional defi­nía, a través de un sistema de inclusión y exclusión, a un nosotros y un ellos, ese otro, la figura del extranjero, no se ubica ahora en el afuera sino adentro, y más aún: en el centro mismo. Un solda­do va a Malvinas, pero su familia es inglesa, y su hermano está en Londres. Un ex combatiente se presenta en una embajada argentina, pero se trata en verdad de un chileno que ha usurpado su lugar. Y aún en la posición de voluntario, que en el caso de guerra resume en sí lo nacional como deseo (combatir por la patria como ejercicio de voluntad), es donde aparece un japo­nés: se alista en la causa anti­imperialista, guiado por los principios aprendidos en nombre del Emperador durante la Segunda Guerra Mundial.

Juego de inversiones: el Gran Re­lato Nacional está paradójicamente sus­tentado por un extranjero. La guerra de Malvinas bien puede ser contada como la confrontación por la posesión de una isla ubicada "frente a la costa de Cumberland": los argentinos son los que la han ocupado patrióticamente durante ciento cincuenta años, y los ingleses son los que intentan recuperar­la en una aventura sin sentido.

Pero toda identidad nacional, no sólo la argentina, está deconstruida con el mismo procedimiento: aún la del enemigo. Quien representa lo inglés en un restaurant londinense es un hindú (justamente una ex colonia). Y los pi­bes argentinos en Malvinas se asom­bran porque los ingleses son "escot, wels o gurjas" y se preguntan si no hay ingleses auténticos. Y es que es precisa­mente la idea de que haya una autenti­cidad nacional lo que se cuestiona: tampoco los ingleses son ellos mismos, no hay centro puro que no sea impreg­nado por la otredad.

Lo propio aparece constituido por lo ajeno también en el nivel de lo cultural. Los soldados argentinos fu­man cigarrillos ingleses (y los oficiales, cigarrillos franceses o norteamericanos). La radio inglesa en las Malvinas es la que pasa folklore y tango, y es por lo tanto la preferida por los soldados argentinos en lu­gar del rock de las radios nacionales. Los ingleses toman té con bombilla, como si fuese mate, o bien desayunan con "arroz con leche, mazamorra y mate cocido"; los pichys (solda­dos argentinos que luchan por sobrevivir y no por la causa nacional) beben whis­ky cuando negocian con el enemigo, lo que remite a la tradición iconográfica de Galtieri, cautivado por la bebida del otro, al cual le declara la guerra.

Aquí no hay héroes nacionales. La heroicidad requiere una causa justa y en estos textos la causa ha sido despojada de su funda­mento. Lo que queda, per­dida la causalidad, es la casualidad: cuando un ar­gentino aparece en la posi­ción de héroe por haber matado a un gurkha, se trata en realidad de un accidente que se produce cuando los dos procuran entregarse mutuamente como prisio­neros. Si el cónsul argenti­no en un desconocido país africano (que ni siquiera es el auténtico cónsul, sino que ha usurpado su lugar) incursiona en la embajada inglesa en lo que es visto como un acto de arrojo, lo que en verdad está haciendo es tratando de reivindicar, no tanto el orgullo na­cional, como el honor personal com­prometido por unas cartas amorosas que intenta recuperar. Así también, cuando aparece otro voluntario, esta vez argentino, su motivación para alis­tarse en el ejército no responde a efica­cia alguna del Gran Relato convocante, sino al deseo que tiene de ser hecho prisionero y ser trasladado a Londres, con la intención de presenciar un con­cierto de los Rolling Stones.

Vemos entonces que se reproduce la lógica del sistema de lo nacional, pero con la inversión de sus jerarquías, trastocando su orden simbólico, degra­dando sus principios de valor, estos relatos deconstruyen, por lo tanto, las versiones de la guerra del Gran Relato Argentino. Lo propio aparece como lo otro; lo otro se identifica con lo propio. Los siete textos que circuns­cribimos plantean la representación de múltiples espacios: el espacio propio (la Argentina en La Causa Justa); el espacio del otro (Londres en "El apren­diz de brujo"); el espacio propio en el ajeno (la embajada argentina en Chile en "Memorándum Almazán" y el con­sulado argentino en Bongwutsi en A sus plantas rendido un león); el espa­cio en disputa (las islas Malvinas en Los pichy-cyegos y en "La soberanía na­cional"); o los espacios absolutamente invertidos (Inglaterra es Argentina y Argentina es Inglaterra en "Impresio­nes de un natural nacionalista"). En estos espacios se producen sistemas de homogeneización, que a su vez funcio­nan como sistemas de inclusión y ex­clusión, se detentan órdenes jerárqui­cos, se constituye un nosotros antagóni­co de un ellos. Es decir que los grupos representados en estos textos operan, en apariencia, con la misma lógica que un Estado utilizaría para definir una identidad nacional. Sin embargo, sus móviles invierten los valores sobre los cuales lo nacional está construido y corroen esa lógica: los pichys del texto de Fogwill, los oficinistas de La Causa Justa, el aprendiz de brujo en la cocina de Londres, el chileno farsante en la embajada argentina, el falso cónsul ar­gentino en Bongwutsi, sólo se propo­nen sobrevivir o zafar, aunque a menu­do no lo consigan, supliendo la lógica del honor nacional por la de la supervivencia, que actúa en el interior de su sistema, pero para resquebrajarlo.


Y Dios no es argentino

En los textos testimoniales - Los chicos de la guerra de Daniel Kon o 5.000 adioses a Puerto Argentino de Daniel Terzano, por ejemplo -son recu­rrentes las apelaciones a Jesucristo o a Dios, o la aparición de objetos tales como crucifijos y rosarios, en la situa­ción límite del miedo a la muerte o al sufrimiento físico. Los textos deconstructivos, en otro movimiento, secularizan estas zonas de religiosidad, trans­formándolas al ocupar su lugar con narraciones sobrenaturales, relatos de aparecidos, etc. Nos sitúan así en el registro de lo fantástico, tradición que la escritura literaria ha tomado de la oralidad (los cuentos de fantasmas na­rrados en torno al fogón), hasta volverla propia. Mediante esta inversión - la de colocar lo profano donde estuve le sagrado - se nos ubica en un terreno reconocidamente literario, donde ve­mos emerger la deconstrucción.


No todo lo que reluce es deconstrucción

Decimos, por otra parte, que se trata de relatos deconstructivos, porque no postulan nada que reemplace al Gran Relato Argentino: sólo lo desarman. Ni siquiera el propio espacio de enuncia­ción queda en pie. Por eso diluyen también el espacio de autoridad de sus narradores: su saber es mostrado como endeble, su cordura es puesta en duda, su lugar de poder es cuestionado, su honestidad es sospechada.

Lo que se plantea aquí no es que necesariamente la literatura deconstruya un sistema. Un texto como "Gurka" de Vicente Zito Lema, contado desde la locura, termina erigiendo la figura de las víctimas de la versión del lamento. Y un texto tramado desde la técnica narrativa que se propone lograr un ve­rosímil realista, podrá recorrer, como sucede en Arde aún sobre los años de Fernando López, todas las versiones del relato de la guerra (incluida la ofi­cial); pero no logra desarticular ni deconstruir su objeto, al sostener tam­bién, finalmente, la versión de las víc­timas.

De modo que la posibilidad de desarmar el Relato de la Gesta de Mal­vinas no es inherente a la literatura. Pero, sin embargo, es en ciertas zonas de la narrativa de los últimos años donde se formula la posibilidad de elu­dir la trampa de la falsa oposición de las versiones, y se apuesta a una narración a través de la cual lo justo de la "causa justa", el fundamento mismo del Gran Relato Nacional convocante, se desvanece.


Notas

-Fogwill, Rodolfo Enrique. Los Pichy-cyegos. Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 1983.

-Forn, Juan. "Memorándum Almazán", en Nadar de noche. Editorial Planeta, Buenos Aires, 1991.

-Fresán, Rodrigo. "El aprendiz de brujo" y "La soberanía nacional", en Historia argentina. Editorial Planeta, Buenos Aires, 1991.

-Guebel, Daniel. "Impresiones de un natural nacionalista", en El ser que­rido. Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1992.

-Lamborghini, Osvaldo. "La causa justa", en Novelas y cuentos. Edicio­nes del Serbal, Barcelona, 1988.

-Soriano, Osvaldo. A sus plantas rendido un león. Editorial Sudameri­cana, Buenos Aires, 1986.

Otros textos sobre Malvinas que han sido confrontados:

-Borges, Jorge Luis. "Juan López y Juan Ward", en Borges, Fundación Banco de Boston, Buenos Aires, 1987.

-Kon, Daniel. Los chicos de la gue­rra. Editorial Galerna, Buenos Aires, 1982.

-López, Fernando. Arde aún sobre los años. Editorial Sudamericana, Bue­nos Aires, 1986.

-Terzano, Daniel. 5.000 adioses a Puerto Argentino. Editorial Galerna, Buenos Aires, 1985.

-Zito Lema, Vicente. "Gurka (Un frío como el agua, seco)", en Voces en el hospicio. Ediciones de Fin de Siglo, Buenos Aires, 1990.

-Baczko, Bronislaw. Los imagina­rios sociales. Memorias y esperanzas colectivas. Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires, 1991.

-Culler, Jonathan. Sobre la decons­trucción. Cátedra, Madrid, 1988.

-Derrida, Jacques. De la gramatología. Siglo XXI, México, 1986.

-Gellner, Ernest. Cultura, identidad y política. El nacionalismo y los nuevos cambios sociales. Gedisa, Barcelona, 1989.

-Naciones y nacionalismo. Alianza Editorial, Madrid, 1988.

-Habermas, Jürgen. Identidades nacionales y postnacionales. Editorial Tecnos, Madrid, 1989.

-Hobsbawn, E.J. Nations and nationalism since 1780. Cambridge University Press, Cambridge, 1990.

Fuente: Revista Espacios, nº 13, Dic. 1993- Marzo 1994, Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, págs. 82-86.

miércoles, noviembre 26, 2008

Más libros para más: colecciones del Centro Editor de América Latina

La Biblioteca Nacional continúa con su proyecto editorial por demás interesante (que va desde rescates y reediciones de libros olvidados como Historia funambulesca del profesor Landormy de Arturo Cancela hasta ediciones facsimilares como la de la revista Contorno) y en estos días acaba de publicar el catálogo Más libros para más: colecciones del Centro Editor de América Latina. Con esta publicación llena un vacío importante al rescatar y mostrar la envergadura de la editorial de Boris Spivacow, dando cuenta de todos los libros que se publicaron en las distintas y numerosas colecciones del CEAL. En fin, pueden comprar la edición impresa o pueden bajarlo de acá.

PD.: Esperemos que se copen con subir más libros de los que editaron en la web. También pueden encontrar en la página de BN, la revista La Biblioteca (con contenido heterogéneo pero muy recomendable, por cierto).

martes, noviembre 25, 2008

Las sombras de Borges (Nicolás Rosa)

Leer a Nicolás Rosa siempre me resulta placentero y, a la vez, exigente. Su escritura es opaca y sus ideas suelen ser complejas porque relacionan distintos vocabularios teóricos y distintos planos del conocimiento (Rosa era, sin duda, un crítico erudito). Este texto en particular, Las sombras de Borges, me parece importante para pensar el legado de ese Gran Escritor del que pareciera que todos en el campo literario deberían dar cuenta de una forma u otra, de modo conciente o inconciente. El pedido de Rosa de "empecemos a olvidar a Borges" para plantear otro tipo de literatura, para escapar de la sombra de esa escritura monstruosa, es un pedido desesperado y casi imperativo, la posibilidad de ejercer el derecho al olvido.

Las sombras de Borges

"Se diría entonces que había estado leyendo en Las Mil y Una Noches un relato que se refería a mí mismo. Mil años antes de nacer estuve prefigurado en personajes que habitaron las riberas del Tigris. El terror y el desaliento me infundieron esta idea."


Dos opciones: o este es un texto fraguado por mí, simulacro de la copia borgiana, o si el lector prefiere es un texto de Thomas de Quincey extraído de su Suspiria de profundis, que es copia borgiana de De Quincy o texto borgiano de De Quincy que anticipa a Borges. La teoría de los precursores no implica ninguna relación de certeza, de búsqueda del origen de la verdad, sino más bien culmina en la dehiescencia de la raíz: encrucijada de la genealogía, desorientación del linaje.

Escribir sobre Borges hoy significa escribir con Borges. El problema es saber qué parte le corresponde a cada uno. Toda escritura sobre Borges divide al texto borgiano y opera sobre una parte: el Borges crítico, el Borges poeta, el Borges cuentista, o el Borges del Carriego, o el del Martín Fierro o el Borges de las puras ficciones. Y en cada parte, otra parte más pequeña: parte sobre parte o partes contra partes, toda escritura sobre Borges debe conjeturar—calcular, decimos— un encuentro de bordes —roce— con una parte de la obra de Borges, o presumir una congruencia icónica de un punto del texto escrito —operación de plegado topológico— con el texto a escribir. Este texto tiene como bordura a Funes el Memorioso, otorgándole un final que su oculta disposición propone: una metáfora de la lectura y una versión irrisoria de toda hermenéutica. Que los que se ocuparon de la escritura borgiana hagan del Quijote de Pierre Ménard su victorioso y altivo simulacro, obliga a aquellos que se ocupan de la lectura borgiana a proponer a Funes el Memorioso como una trama axiomática de esas operaciones que llamamos el leer y el escribir. Nadie puede escribirlo todo puesto que Todo no puede ser escrito. Nadie puede leerlo todo, puesto que Todo no puede ser leído. Incertidumbre y olvido pueblan los fantasmas de la lectura.

El objeto Borges (llámese su corpus, su texto, su escritura), que como tal es un objeto, es el texto de Borges más todos los textos que Borges ha leído —sus precursores o quizá mejor sus ancestros textuales—, más las lecturas que sobre el texto de Borges se han operado —lecturas estilísticas, sociocríticas, psicoanalíticas— las más inconsistentes según creemos —desde la izquierda y la derecha, desde el discurso universitario y desde la extra-territorialidad, desde la zona literaria argentina o desde los sistemas literarios y críticos extranjeros—, el objeto Borges, decíamos, se ha convertido en un objeto excesivamente potente, en un artefacto semafórico que marca los caminos, las vías, los derroteros, las fronteras y los límites de las zonas literarias y de los recorridos de escritura. De tanta luz, luz enceguecedora, no podrían negarse las sombras. El objeto Borges se ha vuelto opaco y de esa opacidad nos vamos a ocupar.

Potente, arroja tanto su luz como su sombra de escritura desde hace años sobre los escritores argentinos para fagocitarlos o expulsarlos, someterlos o excluirlos de su circuito. Hijo potente de padres, ancestros y filiaciones poderosas (todo lo que Borges ha leído-recordado en su escritura) se ha convertido en un Padre Textual omnívoro y omnipotente, genera ambivalentemente odio y amor, es el Padre con el que no se puede pactar para la división de los bienes textuales, él lo posee todo y su herencia permanece indivisa. Padre que, regenerándose en una voraz apropiación-desapropiación de los textos y en un consumo ingente de los despojos textuales, no ha permitido —todavía no ha permitido— el intercambio simbólico en la libre circulación textual. La herencia textual borgiana es una marca indeleble, como una marca de fábrica y todavía no nos ha permitido esa traslación, esa transferencia, en el sentido mercantil pero también psicoanalítico del término, propia de los linajes textuales: asentarse sobre la marca para borrarla, convertir la propiedad textual privada, privadísima, en bienes mostrencos. La Biblioteca borgiana —ese imaginario colectivizado en la cultura desde Alejandría y que se confunde con el Laberinto, desde Heliópolis, hasta la Biblioteca Nacional pasando por los palimpsestos medievales—, es una Biblioteca Hermética, no de un saber hermético, sino herméticamente clausurada. Se está siempre o demasiado cerca o demasiado lejos. Dentro de ella o fuera de ella.

Demasiado cerca: se establece con él, con ella, una relación perversa, de perversión textual, que produce copias de copias, imitaciones de la Imitación, pastiches de los pastiches borgianos (que en realidad nunca son tales pues sólo están citados, aludidos pero nunca efectuados), o da lugar a travestismos inconscientes. Los escritores que están ahora entre los 40 y los 50 años, todos han escrito textos borgianos, es decir textos miméticos. Este hecho no es de por sí negativo, es un camino de pasaje, si se quiere, de rito de iniciación a la escritura necesario para el escritor argentino, pero es un camino de alienación sin duda que debe dejar lugar a la separación. Separación que por el momento tiene figura de rito canibalístico, de ingestión del cuerpo textual en el festín de las letras totémicas. Pagada la deuda paterna, de hecho nunca saldada completamente, podrá el escritor establecer un diálogo textual donde su voz pueda llegar a otros.

En otro nivel, en el de la producción —es una comprobación empírica pero válida— la sombra de Borges se ha tendido sobre toda una generación de escritores, de grandes escritores, como Héctor Tizón, Antonio Di Benedetto, Juan José Saer, Daniel Moyano o sobre nuestros grandes poetas que han vivido no de la sombra de Borges (esos son otros, los otros que han hecho valer en el mercado internacional la sombra borgiana) sino que han sufrido la sombra de Borges: o demasiado cerca, Bioy Casares, pongamos por caso, o demasiado lejos, Juan L. Ortiz.

Para la crítica, y prácticamente las últimas generaciones a partir de 1955 no han dejado de escribir sobre Borges, este objeto potente se ha vuelto también opaco: absorbe todos los fulgores y no refleja ninguno. Podría decirse que es, en el caso, una elección de objeto narcisista invertida, donde la crítica sólo puede comprobar su propia especularidad. Este hecho se debe, según entendemos, por lo menos a dos fenómenos:
  • a la elevación a objeto de culto social del texto Borges (texto + personaje + autor + persona), fenómeno que desconcertó siempre al mismo Borges;
  • y al carácter fundamentalmente hiperliterario propio de la escritura borgiana. Literatura de literaturas, sobre literaturas, el acceso crítico, la entrada, si se prefiere, a la obra, queda siempre atrapada en la ficción crítica, que por su propia sustancia, anonada tanto al crítico como a la crítica. Esa excentrización del texto recae sobre la aniquilación del sujeto crítico que puede elegir el argumento de la carta obligada— y sólo elegir los caminos del silencio, los de la repetición o los del goce. Convengamos que estos dos últimos no son sino otras formas del silencio. Reposar-se en el texto y dejar que el texto repose.
Lo sorprendente en Borges no es tanto las múltiples lecturas que puede provocar su riqueza textual (en realidad un imaginario de la crítica) sino su monstruosa ilegibilidad (distinta de la de Sade o la de Joyce) y por ende su in-humanidad. Todo texto legible, aunque esté hipotecado por la estereotipia, es un texto humano: propone sus códigos, sus protocolos de lectura, su gramática ínsita, sus vectores de fuerza, en suma, las reglas de su legibilidad. Pero la obra de Borges, y tal vez allí resida el secreto de su escritura —secreto a voces como el de Polichinella— desanima y desconcierta los protocolos críticos, sólo remite a una experiencia de lectura y reenvía al crítico a esa totalidad imposible del texto borgiano y a esa otra totalidad imaginaria que es el sujeto de la crítica. Estamos siempre o demasiado cerca o demasiado lejos, pero nunca encontramos el centro. Sólo nos queda hacer, en un simulacro de parricidio (es decir, un gesto y no un acto fundacional como los parricidas ideológicos del 55), y es eso lo que está ocurriendo, del corpus borgiano un corpus citacional digamos, remedar al padre: hacer de la cita borgiana la cita de nuestras citas: despedazar el cuerpo del Padre Textual —ahora padre muerto— y proceder a su ingestión por partes, fragmentos de la fragmentación borgiana, negativizar la escritura borgiana, en suma, borrarla para que pueda volver a ser, no repetida, sino escrita.

¿De dónde proviene, ahora más profundamente, esa monstruosa ilegibilidad del texto borgiano? El texto de Borges como el de Sade son in-humanos porque legislan contra la humanidad de la gramática y de los códigos, los imitan a la perfección para socavar sus reglas más profundas: soslayan la distancia del original a la copia, que es la función macabra del simulacro. El texto de Joyce, quizá como el de Artaud, es des-humano: despoja al simulacro ficcional de su sustento subjetivo: en el horizonte ya no hay quien escriba, ya no hay quien lea. En Borges no hay ningún hermetismo (salvo el simulacro del hermetismo), en Borges no hay ninguna filosofía (salvo el simulacro del pensar metafísico), ninguna lógica (salvo el simulacro de una lógica aritmética. Oh! los números en Borges, y no nos referimos a la simulación de juegos cabalísticos), ninguna dificultad del estilo (salvo el simulacro del estilo de otros estilos). Quizá la ilegibilidad borgiana consista en haber realizado el programa de Mallarmé: "Todo en el mundo existe para concluir en un Libro", en el Libro Absoluto mallarmeano, el Libro-Naturaleza como Logos. La escritura de Borges es pulsátil, es un escándalo geométrico, no posee extensión, de allí la imposibilidad de narrar y la convocatoria hechicera de lo inenarrable. El texto borgiano comete el error de infinito, del cual hablaba Blanchot. Todo está en todas partes, en el centro ficticio y en el borde del texto, en el texto y en el co-texto, pero nunca en el contexto. Esa escritura es pura tensión, no ex-tensión, es puro punto y todos sabemos cómo se llama ese punto. Y en ese punto descentrado, en ese centro incandescente pero vacío, el mundo calla, enmudece. El Libro que reemplaza al Mundo. Herejía de la literatura, heresiarca de la escritura, Borges consuma anticipadamente el límite de lo posible escriturario de nuestra época. Es él todo lo posible, agota el imaginario textual y nos deja huérfanos de irrealidad. Sin horizonte, horizonte histórico —también hay una historia de lo imaginario—, no hay posibilidades de escritura ni de lectura. Borges cubre, por el momento, todo ese horizonte y nos condena a la pura legibilidad, a la dura y ascética herencia de ser lectores puros.

Memoria y olvido son los puntos extremos que traman la textura de un texto: inscripción y borramiento son las operaciones que engendran la escritura. Operaciones que convocan la memoria textual y el olvido textual. A medida que leo-escribo, a medida que escribo-leo todo el pasado textual —restos y despojos por momentos deslumbrantes—, pero aquello que todavía no ha sido cuantificado por la crítica es el olvido. A medida que leo-escribo, olvido; a esa fugacidad la hemos llamado des-lectura, aquello que produce el texto des-leído. El olvido-necesario, el olvido-bálsamo, el olvido-protector. Aquel que le faltó a Funes. Eso se llama palimpsesto: al escribir borramos la escritura del otro, de los otros, la cancelamos, pero al mismo tiempo la inscribimos en nuestra propia escritura.

¿Qué es el cerebro humano sino un palimpsesto?, se preguntaba indeciso Thomas de Quincey. Y la respuesta la da Freud, el cerebro humano, permítasenos esta expresión, es un block mágico. Allí donde más se quiere recordar, más olvidamos. Y lo que proponemos es simple y sencillo, pero costoso. Empecemos a olvidar a Borges.

Fuente: Rosa, Nicolás (2003): La letra argentina: crítica 1970-2002, Buenos Aires, Santiago Arcos, págs. 165-170.
 

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