"Al cansancio le sigue el sueño, y no es raro por tanto que el ensueño indemnice de la tristeza y del cansancio del día y que muestre realizada esa existencia enteramente simple, pero enteramente grandiosa para la que faltan fuerzas en la vigilia. La existencia del ratón Mickey es ese ensueño de los hombres actuales. Es una existencia llena de prodigios que no sólo superan los prodigios técnicos, sino que se ríen de ellos. Ya que lo más notable de ellos es que proceden todos sin maquinaria, improvisados, del cuerpo del ratón Mickey, del de sus compañeros y sus perseguidores, o de los muebles más cotidianos, igual que si saliesen de un árbol, de las nubes o del océano. Naturaleza y técnica, primitivismo y confort van aquí a una, y ante los ojos de las gentes, fatigadas por las complicaciones sin fin de cada día y cuya meta vital no emerge sino como lejanísimo punto de fuga en una perspectiva infinita de medios, aparece redentora una existencia que en cada giro se basta a sí misma del modo más simple a la par que más confortable, y en la cual un auto no pesa más que un sombrero de paja y la fruta en el árbol se redondea tan deprisa como la barquilla de un globo."Fuente: Benjamin, Walter (1989): "Experiencia y pobreza (1933)" en Discursos interrumpidos, Madrid, Taurus, pág. 172.
domingo, marzo 29, 2009
Sobre el ratón Mickey y el ensueño de los hombres actuales
viernes, marzo 27, 2009
viernes, marzo 20, 2009
Philip K. Dick en los tiempos de Jesucristo
Copio una parte imperdible:
"[...]¿Cómo explicar todo esto? [la coincidencia entre su novela, el libro de Hechos... y algunas situaciones que le tocó vivir]Léanla completa que vale la pena. Acá, la versión de la conferencia en inglés.
La respuesta que se me ha ocurrido puede no ser correcta, pero es la única que tengo. Tiene que ver con el tiempo. Mi teoría es la siguiente: En algún sentido importante, el tiempo no es real. O tal vez sí es real, pero no tal como lo experimentamos o como lo imaginamos que es. Tuve una certidumbre aguda y abrumadora (y todavía la tengo) de que pese a todo el cambio que vemos, un paisaje específico yace bajo el mundo cambiante: y ese paisaje invisible es el de la Biblia; es, específicamente, el período inmediatamente subsiguiente a la muerte y resurrección de Cristo; es, en otras palabras, aquel cuando ocurren los Hechos de los Apóstoles.
Parménides estaría orgulloso de mí. He mirado fijamente el mundo en cambio constante y he declarado que bajo él yace lo eterno, lo inamovible, lo absolutamente real. ¿Pero qué ha ocurrido? ¿Si el momento real es cercano a 50 D.C., entonces por qué vemos 1978 D.C? ¿Y si realmente vivimos en el Imperio Romano, en algún lugar en Siria, por qué vemos los Estados Unidos?
Durante la edad media, una teoría curiosa vio la luz, se las voy a presentar tal y como es. Es la teoría de que el Maligno -Satán- es el “Simio de Dios”. Él crea imitaciones espurias de la creación, de la creación auténtica de Dios, y luego las intercambia por aquella creación auténtica. ¿Explica esta rara teoría mi experiencia? ¿Debemos creer que hemos sido cegados, que hemos sido engañados, que no es 1978 sino 50 D.C…. y que Satán ha creado una realidad falsificada para debilitar nuestra fé en el retorno de Cristo?
Me imagino siendo examinado por un psiquiatra. El psiquiatra dice, “¿En qué año estamos?”. Y yo respondo, “50 D.C.” El psiquiatra parpadea y luego pregunta, “¿Y dónde estás tú?” Yo respondo, “En Judea.” “¿Dónde diablos es eso?” pregunta el psiquiatra. “Es parte del imperio romano,” tendría que responder. “¿Tú sabes quién es el presidente?” me preguntaría el psiquiatra, y yo respondería, “El procurador Felix.” “¿Estás seguro?” preguntaría el psiquiatra, mientras envía una señal discreta a dos inmensos enfermeros. “Sip,” respondería. “A menos que Felix haya dimitido y haya sido reemplazado por el Procurador Festus. Lo que pasa es que San Pablo fue capturado por Felix debido -” “¿Quién te dijo todo esto?” preguntaría de imprevisto el psiquiatra, irritado, y yo respondería, “El Espíritu Santo.” Y después de eso yo terminaría en la habitación acolchada, mirando hacia afuera, y sabiendo exactamente cómo había llegado a ese lugar.[...]"
miércoles, marzo 18, 2009
Copio los datos editoriales y la contratapa del nuevo libro:
Título: En octubre no hay milagros
Autor: Oswaldo Reynoso
Colección: Narrativa Urgente
Precio: $ 35
El poderoso don Manuel, empresario que teje los hilos de la política desde la sombras; Tito, su joven mancebo recogido de las calles; don Lucho, trabajador honrado que busca un nuevo hogar ante un inminente desalojo; sus hijos y el duro tránsito de la adolescencia a la madurez son algunos de los personajes que se entrecruzan en esta novela que se desarrolla en las horas que separan la mañana del anochecer.
En octubre no hay milagros nos muestra al mejor Reynoso, con un estilo que acosa, perturba, por momentos asquea, y que, como una constante en toda su obra, nunca nos deja indiferentes.
Pags: 240p.
ISBN: ISBN978-987-24021-5-0
Más info, acá.
domingo, febrero 15, 2009
El porqué de las bombachas rosas o decálogo del escritor bombachista o carta abierta a un joven cuentista de sexo (Isidoro Blaisten)
Entre ese cúmulo de cuentos (prometo hacer un 'greatest hits' de Blaisten para la próxima, para el/la que quiera acercarse a su obra), se destaca una serie que parodia, sobre todo en sus obras de los 60-70, a la literatura comprometida, a los artistas revolucionarios, a los lugares comunes de la literatura argentina de dicho momento y a las reglas del juego del campo intelectual y literario. En esa serie en la que se destacan cuentos como "Un extraño reportaje" (en La salvación, 1972) o "El sotobosque del country" (en El mago, 1974), se inscribe el texto que pego a continuación:

2º) Las bombachas verdes no inspiran confianza.
3º) Las bombachas negras dan mala impresión. Entristecen. Pareciera ser que el escritor de sexo apelara a bajos recursos policíacos.
4º) Las bombachas blancas semejan mofa o burla hacia el lector.
5º) Las bombachas violetas semejan propaganda de supermercado.
6º) Bombachas índigo, tierra de siena, fucsia, ladrillo, té con leche, mostaza, rojo indio, rojo señal, rojo de cadmio, gris acerado, celeste imperio, ocre, amarillo de nápoles, tiza, bronce viejo, marfil de occidente, tierra de sombra tostado, ciclamen, borravino, pistacho, azul veronés, azul de ultramar, azul cobalto, azul brasso, azul de prusia y todo es azul, descartadas por completo.
7º) En el relato de ficción, quien usare las bombachas deberá sufrir.
8º) Las formas de sacar la bombacha en forma sádica y brutal son infinitas y variadas. Por lo general no hay reglas fijas y todo depende de fas distintas escuelas literarias:
a) Naturalista: con los dientes mientras la protagonista acaricia a dos gatos de angora con ambas manos.
b) Realismo socialista: con una pinza pico de loro.
c) Objetivista o llamada también escuela de la mirada: el protagonista varón mirará fijamente durante catorce páginas una jofaina esmaltada mientras las bombachas van cayendo lentamente.
d) Clásica helénica: se unce el elástico a un carro de cuadriga. El auriga hace viborear el látigo y las bombachas estallan como ramos de jaciatos.
e) Lenguaje coloquial: he aquí un ejemplo: —Sacátelas, guacha.
(Ella): —Rodolfo (puede usarse otro nombre).
—Qué. ¿No te gusta? Una sacadita, no más.
Rodolfo, seguía diciendo ella. Seguiste diciendo. Y me clavabas. Le clavabas. Las uñas. Las uñas. Las uñas.
f) Literatura de la tilde, llamada también del guión grande o designada con la locución familiar "de la rayita": sobre el de-curso del cuerpo textual se es-curre la bombacha. Con-fusión de géneros. La escritura desanda y re-vela. ¿Vela o re-vela? Cuerpo des-velado, de-velado. ¿Cubre o des-cubre? Re-cae la culpa y cae la bombacha. Él no ceja. Él persevera. Je persévère. Je père sévère. Ne me quittez pas. Quitátela. Cae. Re-cae. La. Bomb-acha.
Debes ser muy preciso e indicar con absoluta precisión y claridad meridiana el lugar donde quedarán las bombachas una vez sacadas por cualquiera de los métodos ya especificados.
Los mejores lugares de tu preferencia serán:
a) Enroscadas en forma de sierpe alrededor de una pata de mesa veneciana del siglo dieciséis.
b) Al volar por el aire han quedado colgadas de un ángulo de un grabado de Piranesi que representa el pontón de Castel Sant'Angelo.
c) Han quedado desmayadas en forma de caléndula aterida junto al portarretrato que tiene una foto que representa a la hija (no importa de quién).
d) Es obvio indicar que cada tipo de literatura que se emplee usará la forma literaria de dejar caída la bombacha que le resultare más proclive. Verbigracia, para el tipo de literatura coloquial los lugares podrían ser:
a-1) El álbum pisoteado de las fotos de casamiento (no importa de quién).
a-2) Papel de estraza todo engrasado y asqueroso con restos de salame o bondiola. Nunca leberwurst, cima rellena, jamón del diablo, jamón tiernizado y/o serrano ni menos todavía aspic de pavita aun cuando venga precedido de la connotación "cortado en fetas".
a-3) La cama (mejor que cama, jergón, si fuera posible) deberá rechinar estrepitosamente. Acá Rodolfo puede tener un pensamiento interior o un fluir de la conciencia entre paréntesis y/o corchetes (nunca asteriscos): "La muerte. Guacha. Sos la muerte. La fábrica. Rodolfo. Rodolfo. Rodolfo. Tiene ruido a muerte. Rodolfo. Guacha. Fábrica. Rodolfo. Puta".
a-4) El joven escritor sexual bombachista deberá estar alertado contra un peligro muy común de confundir el empleo de la técnica mixta con la mezcla de las escuelas literarias. Veamos un ejemplo:
Se incendia la villa Miseria. Los amantes quedan carbonizados pero la bombacha se salva porque ha quedado aprisionada entre dos chapas de cinc canaleta. En ningún caso el joven escritor de sexo hará pronunciar al teniente de bomberos estas palabras mientras rescata la bombacha: "En Flandes se ha puesto el sol".
He notado que muchos jóvenes en su afán efectista de sorprender al lector de sexo no paran mientes y atentan contra la pureza del estilo, inconsiderando que esta tesitura puede crear una generación de jóvenes sexuales desmañados, sin rigor, que caen en lo chabacano y corren el albur de que su literatura sexual muera con ellos.
Hace un mes, recibí una carta de un joven escritor del condado de Yorkshire. Su literatura sexual estaba encuadrada dentro del pragmatismo clásico helénico, no obstante lo cual no titubea en describir con caracteres rúnicos la bombacha rosa tiziano de la protagonista.
He aquí todo, joven cuentista. En la soledad recoleta de tu gabinete, trabaja, trabaja y trabaja. Si lo que acá se ha dicho te ha servido para el rigor, mi misión está cumplida. Pero tenlo presente: estas líneas no son un dogma sino una guía para la acción.
En Blastein, Isidoro (2004): Cuentos completos, Buenos Aires, Emecé, págs. 103-105.
sábado, diciembre 20, 2008
Revista No Retornable
| NO-RETORNABLE (revista literaria virtual) |
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NUEVO NÚMERO DE VERANO !!!!
Este número de verano presenta cambios y nuevos interrogantes porque ¿acaso no es eso la literatura, una pregunta que cada tanto tiene una respuesta diferente? _Dossier Malvinas Análisis de la Guerra de Malvinas: realidad fáctica, ficciones, entrevistas, ensayos, exploración del contexto, del rol de los medios, del imaginario social actual, etc. *Contar la guerra Relatos, poesías y fragmentos de novelas relacionados con Malvinas. Introducción - Sol Echevarría Cuando te vi caer - Sebastián Basualdo Relatos breves - Rodolfo Cifarelli Una poesía - Paola Ferrari Los pichiciegos – Fogwill Soberanía nacional - Rodrigo Fresán Primera Línea - Carlos Gardini Impresiones de un natural nacionalista - Daniel Guebel La guerra del gallo - Juan Guinot Ella no puede creer que se pierda - Valeria Iglesias Los fantasmas de Malvinas - Federico Lorenz Una puta mierda - Patricio Pron Pólvora y Chimangos - Edgardo Russo La marca del ganado - Pablo de Santis
* Pensar Malvinas Textos que reflexionan sobre la guerra y su actualidad. Introducción - Alejandro Boverio Malvinas: relato, ritual y agonía histórica - Nicolás Lavagnino Lo "Otro" de la memoria - Verónica Tozzi Las pruebas de vida: cartas que quedaron de la guerra.. - Mateo Niro Historia y memoria - María Rosa Lojo Escribir Malvinas - Horacio Banega Una guerra inventada - Alejandro Soifer Fotografías para producir memorias - Maria Laura Guembe Retratos en dos tiempos - Graciela Speranza La imposición sentimental - Pablo Debussy La pichicera en la filigrana de los gimnasios - Alejandro Droznes De la guerra "sucia" a la guerra "limpia" Entrevista a León Rozitchner – Alejandro Boverio y Luciano Carniglia Escritos al calor de la guerra Todo el poder a Lady Di - Néstor Perlongher Por la soberanía nacional en las Malvinas.. – Grupo de Discusión Socialista La guerra de las Malvinas y la liberación nacional - Jorge Enea Spilimbergo *Fotografías Malvinas. Retratos y paisajes de guerra - Juan Travnik *Entrevistas Algunas preguntas a escritores sobre la cuestión. Carlos Gamerro Martín Kohan Patricio Pron Otras voces, otros ámbitos * Recordar Malvinas Cronología - Graciela Speranza y Fernando Cittadini Selección de canciones sobre Malvinas Decreto Nº 753 Carta abierta de la Comisión de Familiares de ex-Combatientes Jornadas en la UNLP: Decir la historia… para no morir - AAVV Algunas reflexiones y propuestas ... - Gabriel Sagastume
* Debatir Espacio abierto para seguir contando y pensando la guerra.
_Meter el verso Selección de cuatro poetas contemporáneos: Unos asuntos relacionados con la poesía - Mariano Blatt Cosmorama - Alejandro Mendez Suburbia - Alfredo Jaramillo El Jardín del Tao - Carlos Godoy _Contate algo Acá te acercamos, para que puedas leer online, estos relatos: Un lunes cualquiera - Carlos Costa Fragmentos de una novela inédita - Luciana De Mello Paisajes - Mariela Ghenadenik El doble oficio de la araña - Jimena Néspolo
_ Tres son multitud Ampliamos la apuesta con tres entrevistas: Diálogo inconcluso con Félix Bruzzone - Maximiliano Crespi Ácida crítica del escritor César Valdebenito - Claudio Inzunza La continuidad de los parques de Alejandro Zambra - Valeria Meiller _Laberintos Imágenes de la artista visual Anabella Papa _¿Qué hay de nuevo? Reseñas de libros editados o re-editados recientemente al alcance de los lectores, los curiosos, los chismosos y los amantes de la crítica literaria. Escriben sobre: Las Cuatro Estaciones, de Arturo Carrera - Gabriel Cortiñas Crítica acéfala, de Raúl Antelo - Maximiliano Crespi Dramaturgias, AAVV - Luciana Espinosa Cartografías, de Silvia López - Javier Fernández Solaris, de Romina Freschi - Ana Guillot Nueva escritura en Latinoamérica, de Héctor Libertella - María Laura Lattanzi Turistas, de Hebe Uhart - Esteban Leyes La caja, de Gabriel Reches - Fernando Lozano San Francisco, de Luciano Lamberti - Pablo Natale Frío en Alaska, de Matías Capelli - Pablo Nicotera Y todo el resto es literatura: ensayos sobre Osvaldo Lamborghini- Matías Raia El caserío, de Carlos Aldazábal - María Laura Romano La mitad de la verdad, de Irene Gruss - Leonardo Sabatella. Ferrocarriles argentinos, de Elvio Gandolfo - Florencia Sanseverino Piedras Encantadas, de Rodrigo Rey Rosa - Daniela Szpilbarg Anís, de Mariana Dimópulos - por Damián Tullio _ El sonido y la furia Comentarios o advertencias breves sobre teatro y otras artes. En constante actualización porque la vida durante un tiempo, se agita y se pavonea en la escena, y luego no se la oye más.
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martes, diciembre 09, 2008
Confieso que he leído
Vía El lamento de Portnoy y Hermano Cerdo.
Actualización: Aquí, mi humilde participacion.
viernes, diciembre 05, 2008
Roberto Mariani, con los botines de punta
La editorial El 8vo loco sigue rescatando autores argentinos que propusieron una estética que rompía con los moldes Boedo/ Florida en los años 20 a través de los recursos de la mezcla y el grotesco, constituyendo a través de estos una posible "tercera zona". Después de la publicación de los Poemas 1920-1930 de Nicolás Olivari y de la Narrativa 1920-1930 de Enrique González Tuñón (ambos libros con prólogos de excelente análisis a cargo de los responsables de la editorial, Ana Ojeda y Rocco Carbone), la editorial se despacha, y bienvenida sea, con el 1er tomo de la Obra completa 1920-1930 de Roberto Mariani. El tomo en cuestión recoge: el libro de poemas Las acequias y otros poemas, la novela corta Culpas ajenas... (1922) y el celebérrimo libro de Mariani Cuentos de la oficina (1925) del que hace un tiempo subimos el primer cuento. Desde ya, aplaudimos la recuperación que está llevando El 8vo loco, llenando un hueco editorial importante.
PD.: Amen de estas publicaciones, prometen la futura edición de la Narrativa completa 1920-1960 de Nicolás Olivari.
Copio a continuación la gacetilla de presentación del libro:
"Roberto Mariani y la Obra completa (1920-1930) de El 8vo. loco
La reedición de obras olvidadas –buceo en el acerbo cultural comunitario con objetivos de exhumación– es todo menos original. Sin embargo, vale la pena detenerse algunos momentos en la empresa que lleva adelante El 8vo. loco con su colección "Pingüe patrimonio", no sólo porque rescata textos de calidad literaria que nada tienen que envidiarle a la pasión argentina por lo dicotómico (Boedo/ Florida, Borges/ Arlt, Cortázar/ Walsh y un larguísimo etcétera), sino porque lo hace proponiendo una nueva matriz explicativa para la mítica década del veinte. Hasta el día de hoy, se han beneficiado del cuidado rescate que lleva adelante esta pequeña editorial (evidente en sus estudios preliminares, la reproducción inmodificada de las primeras ediciones y la inclusión de reseñas del momento de aparición de las distintas obras) la narrativa de Enrique González Tuñón y la poesía de Nicolás Olivari producidas a lo largo de la década del veinte.
Ahora le ha llegado el turno a Roberto Mariani (1893-1946), tercer exponente de lo que Ana Ojeda y Rocco Carbone, prologuistas de esta edición, consideran la "tercera zona": escritores que, a partir de un trabajo con la categoría estética de lo grotesco, lograron dar cuenta de las declinaciones enfrentadas por esa incipiente pequeña burguesía a la que, en definitiva, ellos mismos pertenecían y que se vio fuertemente marcada por las resultantes de la inmigración promovida activa y sistemáticamente por el Estado argentino desde 1880. Junto a Nicolás Olivari, Roberto Arlt, los hermanos Discépolo, Raúl Scalabrini Ortiz y Enrique González Tuñón, Roberto Mariani se alejó de los dos polos político-literarios hegemónicos de la década del veinte –revolución para la literatura (Florida) o literatura para la revolución (Boedo)–, como así también de los "padres" de la literatura argentina de aquel momento (Lugones, Gálvez, Wast, Lynch, Banchs, entre tantos otros) para establecerse con comodidad en su justo medio con una escritura de gran vuelo que, a la vez, comporta una preocupación por dar cuenta de los dramas de la "gente común".
Roberto Mariani nació en La Boca en 1893 de madre y padre italianos. Fue una personalidad multifacética. Transitó varios géneros literarios y alcanzó cierta notoriedad gracias al altercado entablado con los muchachos del grupo de Florida, de quienes se distanció con su célebre artículo de 1924: "Martín Fierro y yo". Sin duda, su texto más famoso es Cuentos de la oficina, que ve la luz un año más tarde. Él mismo padeció la reificación del trabajo de escritorio, si bien también fue camionero de largas distancias, empleado del ferrocarril y colaboró en publicaciones periódicas. También fue empleado del Banco Nación, de donde lo echaron por agitador. Fundó la revista Extrema Izquierda mientras trabajaba en el Ministerio de Agricultura. En 1932 su novela En la penumbra ganó el Segundo Premio Municipal. Murió el 3 de marzo de 1946, de un ataque cardíaco.
El presente volumen, primera reedición de la obra de este autor en por lo menos una década, está integrado por tres obras: Las acequias y otros poemas (1921), Culpas ajenas… (1922) y Cuentos de la Oficina (1925), la mayoría imposibles de conseguir en la actualidad. Cuenta, además, con un extenso e informado estudio preliminar, bibliografía completa del autor, minisemblanza biográfica y reseñas del momento de aparición de las obras.
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El 8vo. loco - Libros de acá
info@el8voloco.com.ar
www.el8voloco.com.ar"
lunes, diciembre 01, 2008
Trashumantes de neblina, no las hemos de encontrar (Oscar Blanco – Adriana Imperatore – Martín Kohan)
De cómo la literatura cuenta la guerra de Malvinas
La guerra de Malvinas, como toda guerra, constituye una confrontación de cuerpos, y a la vez, una confrontación de discursos. Desde el relato convocante de los comienzos hasta la postrera rendición de cuentas, la guerra despliega una construcción de versiones que siguen pugnando por imponerse, incluso cuando la lucha entre los cuerpos ya ha concluido.
Han predominado dos maneras de contar la guerra de Malvinas en la disputa por el terreno de la memoria colectiva: una, la que podríamos denominar versión triunfalista; otra, la versión del lamento. La versión triunfalista corresponde al discurso oficial, es la que construye héroes y responde a la tradición según la cual "nuestra bandera jamás ha sido atada al carro del enemigo". La versión del lamento, por su parte, surge, a diferencia de la anterior, en el punto de inflexión de la derrota: construye víctimas, responde a la tradición de la neutralidad bélica argentina, y apuesta a las vías diplomáticas.
La primera versión, más transitada durante la guerra, circula abarcando un abanico que va desde el discurso de Galtieri en el balcón de la casa rosada, hasta las crónicas de los medios masivos, pasando por el fervor de los cánticos populares: su impronta es el desafío al "principito" y el anuncio, en titulares, de que "estamos ganando". La segunda versión comienza a imponerse tras la derrota. Los combatientes son ahora "chicos": víctimas (en la locura, en la mutilación, etc.), no tanto de los ingleses sino de sus propios oficiales. Un discurso anti-militarista, y también anti-imperialista en este caso, dirá entonces que la guerra fue una "causa justa", pero que estuvo mal conducida.
Esta segunda versión se propone cuestionar a la primera en sus principios fundamentales: ocupar el espacio de su opuesto, revertir todos sus términos. Sin embargo, la versión del lamento no cuestiona a la versión triunfalista de un modo tan contundente como lo pretende. Lo cierto es que ambas se inscriben, finalmente, en un mismo marco, participan de una misma lógica: la lógica del Gran Relato Nacional, es decir, la del Gran Relato Argentino.
En la base de la conformación de toda nación moderna - y también en la de
La coyuntura de un conflicto o de una guerra, como en el caso de Malvinas, exaspera el poder aglutinante del nosotros y convierte a los otros en enemigos; por lo tanto la posibilidad de escapar a la instancia globalizadora del Gran Relato Nacional resulta más difícil todavía.
Cuando "los chicos de la guerra" se lamentan de su suerte, insisten, no obstante, en que volverían a pelear por las islas con una preparación más adecuada: sostienen, en definitiva, lo legítimo de la "gesta". Y cuando el pensamiento progresista pone en juego su versión, dirige sus ataques al descalabro de la organización militar, pero a la vez se entusiasma, por su postura antiimperialista, con el hecho del desafío alas potencias coloniales.
La otra variante de aparente discrepancia apela a una estrategia que consiste en invocar valores universales, valores que pretenden posicionarse por encima de los conflictos nacionales: así, por ejemplo, Borges imagina a un soldado inglés que lee a Cervantes y a un soldado argentino que lee a Conrad, ambos en sus lenguas originales. Pero la tradición anti-belicista - como toda tradición que se basa en valores superadores para oponerlos al Relato Nacional - no consigue en definitiva escapar de él.
De modo que el Gran Relato Argentino logra entrampar en su lógica a todas estas versiones: todo podrá ser cuestionado, excepto las bases de la identidad nacional, núcleo fundante de la versión oficial. Todo podrá ser dicho, excepto que el problema de la soberanía sobre las islas carece de relevancia.
Estrategias de desarme: una guerra desarmada
Existen, de todas maneras, otros relatos que sí deconstruyen el Gran Relato y que pertenecen al campo discursivo de la literatura: surgieron en la narrativa argentina de los últimos años con variantes tan diversas, literaria y generacionalmente, como lo son
Su operación consiste en deconstruir y no en destruir lo que la destrucción pone en funcionamiento es una lógica que ataca desde el exterior del sistema en cuestión, su objetivo es la superación y el reemplazo de ese otro sistema, por eso lo bombardea, pero no lo dinamita. Dinamitarlo, deconstruirlo, supone actuar desde el interior: reconocer la lógica y la estructura internas para ubicar los puntos claves, los pilares que sostienen el sistema y lo harán caer: tarea de espía, tarea de saboteador.
La deconstrucción utiliza el mismo principio que deconstruye, opera dentro de su objeto, pero invirtiendo sus jerarquías; provoca un corrimiento del sistema en la medida en que consigue ubicar un elemento que dicho sistema no puede resolver. Su estrategia es trastocar órdenes, desarmar oposiciones, producir un cortocircuito en los fundamentos, actuar dentro de los límites que plantea el sistema, pero para resquebrajarlo.
A menudo, las versiones aparentemente opuestas al Gran Relato Nacional, como dijimos al referirnos a la tradición anti-belicista, formulan una superación por medio de valores universales:
Gardel era francés
Es posible, tomando los textos propuestos como un corpus (campo de trabajo) y leyendo qué cuentan de la guerra de Malvinas y cómo lo hacen, conformar una historia en la que se combinan distintos rasgos de cada uno de ellos.
En los textos deconstructivos mencionados, la "causa" no es "justa": parece justa mientras se la lee seriamente, pero se revela irrelevante en el registro del chiste. Y es precisamente en este tipo de registro donde cabe la inversión.
Si el Gran Relato Nacional definía, a través de un sistema de inclusión y exclusión, a un nosotros y un ellos, ese otro, la figura del extranjero, no se ubica ahora en el afuera sino adentro, y más aún: en el centro mismo. Un soldado va a Malvinas, pero su familia es inglesa, y su hermano está en Londres. Un ex combatiente se presenta en una embajada argentina, pero se trata en verdad de un chileno que ha usurpado su lugar. Y aún en la posición de voluntario, que en el caso de guerra resume en sí lo nacional como deseo (combatir por la patria como ejercicio de voluntad), es donde aparece un japonés: se alista en la causa antiimperialista, guiado por los principios aprendidos en nombre del Emperador durante
Juego de inversiones: el Gran Relato Nacional está paradójicamente sustentado por un extranjero. La guerra de Malvinas bien puede ser contada como la confrontación por la posesión de una isla ubicada "frente a la costa de Cumberland": los argentinos son los que la han ocupado patrióticamente durante ciento cincuenta años, y los ingleses son los que intentan recuperarla en una aventura sin sentido.
Pero toda identidad nacional, no sólo la argentina, está deconstruida con el mismo procedimiento: aún la del enemigo. Quien representa lo inglés en un restaurant londinense es un hindú (justamente una ex colonia). Y los pibes argentinos en Malvinas se asombran porque los ingleses son "escot, wels o gurjas" y se preguntan si no hay ingleses auténticos. Y es que es precisamente la idea de que haya una autenticidad nacional lo que se cuestiona: tampoco los ingleses son ellos mismos, no hay centro puro que no sea impregnado por la otredad.
Lo propio aparece constituido por lo ajeno también en el nivel de lo cultural. Los soldados argentinos fuman cigarrillos ingleses (y los oficiales, cigarrillos franceses o norteamericanos). La radio inglesa en las Malvinas es la que pasa folklore y tango, y es por lo tanto la preferida por los soldados argentinos en lugar del rock de las radios nacionales. Los ingleses toman té con bombilla, como si fuese mate, o bien desayunan con "arroz con leche, mazamorra y mate cocido"; los pichys (soldados argentinos que luchan por sobrevivir y no por la causa nacional) beben whisky cuando negocian con el enemigo, lo que remite a la tradición iconográfica de Galtieri, cautivado por la bebida del otro, al cual le declara la guerra.
Aquí no hay héroes nacionales. La heroicidad requiere una causa justa y en estos textos la causa ha sido despojada de su fundamento. Lo que queda, perdida la causalidad, es la casualidad: cuando un argentino aparece en la posición de héroe por haber matado a un gurkha, se trata en realidad de un accidente que se produce cuando los dos procuran entregarse mutuamente como prisioneros. Si el cónsul argentino en un desconocido país africano (que ni siquiera es el auténtico cónsul, sino que ha usurpado su lugar) incursiona en la embajada inglesa en lo que es visto como un acto de arrojo, lo que en verdad está haciendo es tratando de reivindicar, no tanto el orgullo nacional, como el honor personal comprometido por unas cartas amorosas que intenta recuperar. Así también, cuando aparece otro voluntario, esta vez argentino, su motivación para alistarse en el ejército no responde a eficacia alguna del Gran Relato convocante, sino al deseo que tiene de ser hecho prisionero y ser trasladado a Londres, con la intención de presenciar un concierto de los Rolling Stones.
Vemos entonces que se reproduce la lógica del sistema de lo nacional, pero con la inversión de sus jerarquías, trastocando su orden simbólico, degradando sus principios de valor, estos relatos deconstruyen, por lo tanto, las versiones de la guerra del Gran Relato Argentino. Lo propio aparece como lo otro; lo otro se identifica con lo propio. Los siete textos que circunscribimos plantean la representación de múltiples espacios: el espacio propio (
Y Dios no es argentino
En los textos testimoniales - Los chicos de la guerra de Daniel Kon o 5.000 adioses a Puerto Argentino de Daniel Terzano, por ejemplo -son recurrentes las apelaciones a Jesucristo o a Dios, o la aparición de objetos tales como crucifijos y rosarios, en la situación límite del miedo a la muerte o al sufrimiento físico. Los textos deconstructivos, en otro movimiento, secularizan estas zonas de religiosidad, transformándolas al ocupar su lugar con narraciones sobrenaturales, relatos de aparecidos, etc. Nos sitúan así en el registro de lo fantástico, tradición que la escritura literaria ha tomado de la oralidad (los cuentos de fantasmas narrados en torno al fogón), hasta volverla propia. Mediante esta inversión - la de colocar lo profano donde estuve le sagrado - se nos ubica en un terreno reconocidamente literario, donde vemos emerger la deconstrucción.
No todo lo que reluce es deconstrucción
Decimos, por otra parte, que se trata de relatos deconstructivos, porque no postulan nada que reemplace al Gran Relato Argentino: sólo lo desarman. Ni siquiera el propio espacio de enunciación queda en pie. Por eso diluyen también el espacio de autoridad de sus narradores: su saber es mostrado como endeble, su cordura es puesta en duda, su lugar de poder es cuestionado, su honestidad es sospechada.
Lo que se plantea aquí no es que necesariamente la literatura deconstruya un sistema. Un texto como "Gurka" de Vicente Zito Lema, contado desde la locura, termina erigiendo la figura de las víctimas de la versión del lamento. Y un texto tramado desde la técnica narrativa que se propone lograr un verosímil realista, podrá recorrer, como sucede en Arde aún sobre los años de Fernando López, todas las versiones del relato de la guerra (incluida la oficial); pero no logra desarticular ni deconstruir su objeto, al sostener también, finalmente, la versión de las víctimas.
De modo que la posibilidad de desarmar el Relato de
Notas
-Fogwill, Rodolfo Enrique. Los Pichy-cyegos. Ediciones de
-Forn, Juan. "Memorándum Almazán", en Nadar de noche. Editorial Planeta, Buenos Aires, 1991.
-Fresán, Rodrigo. "El aprendiz de brujo" y "La soberanía nacional", en Historia argentina. Editorial Planeta, Buenos Aires, 1991.
-Guebel, Daniel. "Impresiones de un natural nacionalista", en El ser querido. Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1992.
-Lamborghini, Osvaldo. "La causa justa", en Novelas y cuentos. Ediciones del Serbal, Barcelona, 1988.
-Soriano, Osvaldo. A sus plantas rendido un león. Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1986.
Otros textos sobre Malvinas que han sido confrontados:
-Borges, Jorge Luis. "Juan López y Juan Ward", en Borges, Fundación Banco de Boston, Buenos Aires, 1987.
-Kon, Daniel. Los chicos de la guerra. Editorial Galerna, Buenos Aires, 1982.
-López, Fernando. Arde aún sobre los años. Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1986.
-Terzano, Daniel. 5.000 adioses a Puerto Argentino. Editorial Galerna, Buenos Aires, 1985.
-Zito Lema, Vicente. "Gurka (Un frío como el agua, seco)", en Voces en el hospicio. Ediciones de Fin de Siglo, Buenos Aires, 1990.
-Baczko, Bronislaw. Los imaginarios sociales. Memorias y esperanzas colectivas. Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires, 1991.
-Culler, Jonathan. Sobre la deconstrucción. Cátedra, Madrid, 1988.
-Derrida, Jacques. De la gramatología. Siglo XXI, México, 1986.
-Gellner, Ernest. Cultura, identidad y política. El nacionalismo y los nuevos cambios sociales. Gedisa, Barcelona, 1989.
-Naciones y nacionalismo. Alianza Editorial, Madrid, 1988.
-Habermas, Jürgen. Identidades nacionales y postnacionales. Editorial Tecnos, Madrid, 1989.
-Hobsbawn, E.J. Nations and nationalism since 1780.
miércoles, noviembre 26, 2008
Más libros para más: colecciones del Centro Editor de América Latina
PD.: Esperemos que se copen con subir más libros de los que editaron en la web. También pueden encontrar en la página de BN, la revista La Biblioteca (con contenido heterogéneo pero muy recomendable, por cierto).
martes, noviembre 25, 2008
Las sombras de Borges (Nicolás Rosa)
Leer a Nicolás Rosa siempre me resulta placentero y, a la vez, exigente. Su escritura es opaca y sus ideas suelen ser complejas porque relacionan distintos vocabularios teóricos y distintos planos del conocimiento (Rosa era, sin duda, un crítico erudito). Este texto en particular, Las sombras de Borges, me parece importante para pensar el legado de ese Gran Escritor del que pareciera que todos en el campo literario deberían dar cuenta de una forma u otra, de modo conciente o inconciente. El pedido de Rosa de "empecemos a olvidar a Borges" para plantear otro tipo de literatura, para escapar de la sombra de esa escritura monstruosa, es un pedido desesperado y casi imperativo, la posibilidad de ejercer el derecho al olvido.
Las sombras de Borges
Escribir sobre Borges hoy significa escribir con Borges. El problema es saber qué parte le corresponde a cada uno. Toda escritura sobre Borges divide al texto borgiano y opera sobre una parte: el Borges crítico, el Borges poeta, el Borges cuentista, o el Borges del Carriego, o el del Martín Fierro o el Borges de las puras ficciones. Y en cada parte, otra parte más pequeña: parte sobre parte o partes contra partes, toda escritura sobre Borges debe conjeturar—calcular, decimos— un encuentro de bordes —roce— con una parte de la obra de Borges, o presumir una congruencia icónica de un punto del texto escrito —operación de plegado topológico— con el texto a escribir. Este texto tiene como bordura a Funes el Memorioso, otorgándole un final que su oculta disposición propone: una metáfora de la lectura y una versión irrisoria de toda hermenéutica. Que los que se ocuparon de la escritura borgiana hagan del Quijote de Pierre Ménard su victorioso y altivo simulacro, obliga a aquellos que se ocupan de la lectura borgiana a proponer a Funes el Memorioso como una trama axiomática de esas operaciones que llamamos el leer y el escribir. Nadie puede escribirlo todo puesto que Todo no puede ser escrito. Nadie puede leerlo todo, puesto que Todo no puede ser leído. Incertidumbre y olvido pueblan los fantasmas de la lectura.
El objeto Borges (llámese su corpus, su texto, su escritura), que como tal es un objeto, es el texto de Borges más todos los textos que Borges ha leído —sus precursores o quizá mejor sus ancestros textuales—, más las lecturas que sobre el texto de Borges se han operado —lecturas estilísticas, sociocríticas, psicoanalíticas— las más inconsistentes según creemos —desde la izquierda y la derecha, desde el discurso universitario y desde la extra-territorialidad, desde la zona literaria argentina o desde los sistemas literarios y críticos extranjeros—, el objeto Borges, decíamos, se ha convertido en un objeto excesivamente potente, en un artefacto semafórico que marca los caminos, las vías, los derroteros, las fronteras y los límites de las zonas literarias y de los recorridos de escritura. De tanta luz, luz enceguecedora, no podrían negarse las sombras. El objeto Borges se ha vuelto opaco y de esa opacidad nos vamos a ocupar.
Potente, arroja tanto su luz como su sombra de escritura desde hace años sobre los escritores argentinos para fagocitarlos o expulsarlos, someterlos o excluirlos de su circuito. Hijo potente de padres, ancestros y filiaciones poderosas (todo lo que Borges ha leído-recordado en su escritura) se ha convertido en un Padre Textual omnívoro y omnipotente, genera ambivalentemente odio y amor, es el Padre con el que no se puede pactar para la división de los bienes textuales, él lo posee todo y su herencia permanece indivisa. Padre que, regenerándose en una voraz apropiación-desapropiación de los textos y en un consumo ingente de los despojos textuales, no ha permitido —todavía no ha permitido— el intercambio simbólico en la libre circulación textual. La herencia textual borgiana es una marca indeleble, como una marca de fábrica y todavía no nos ha permitido esa traslación, esa transferencia, en el sentido mercantil pero también psicoanalítico del término, propia de los linajes textuales: asentarse sobre la marca para borrarla, convertir la propiedad textual privada, privadísima, en bienes mostrencos. La Biblioteca borgiana —ese imaginario colectivizado en la cultura desde Alejandría y que se confunde con el Laberinto, desde Heliópolis, hasta la Biblioteca Nacional pasando por los palimpsestos medievales—, es una Biblioteca Hermética, no de un saber hermético, sino herméticamente clausurada. Se está siempre o demasiado cerca o demasiado lejos. Dentro de ella o fuera de ella.
Demasiado cerca: se establece con él, con ella, una relación perversa, de perversión textual, que produce copias de copias, imitaciones de la Imitación, pastiches de los pastiches borgianos (que en realidad nunca son tales pues sólo están citados, aludidos pero nunca efectuados), o da lugar a travestismos inconscientes. Los escritores que están ahora entre los 40 y los 50 años, todos han escrito textos borgianos, es decir textos miméticos. Este hecho no es de por sí negativo, es un camino de pasaje, si se quiere, de rito de iniciación a la escritura necesario para el escritor argentino, pero es un camino de alienación sin duda que debe dejar lugar a la separación. Separación que por el momento tiene figura de rito canibalístico, de ingestión del cuerpo textual en el festín de las letras totémicas. Pagada la deuda paterna, de hecho nunca saldada completamente, podrá el escritor establecer un diálogo textual donde su voz pueda llegar a otros.
En otro nivel, en el de la producción —es una comprobación empírica pero válida— la sombra de Borges se ha tendido sobre toda una generación de escritores, de grandes escritores, como Héctor Tizón, Antonio Di Benedetto, Juan José Saer, Daniel Moyano o sobre nuestros grandes poetas que han vivido no de la sombra de Borges (esos son otros, los otros que han hecho valer en el mercado internacional la sombra borgiana) sino que han sufrido la sombra de Borges: o demasiado cerca, Bioy Casares, pongamos por caso, o demasiado lejos, Juan L. Ortiz.
Para la crítica, y prácticamente las últimas generaciones a partir de 1955 no han dejado de escribir sobre Borges, este objeto potente se ha vuelto también opaco: absorbe todos los fulgores y no refleja ninguno. Podría decirse que es, en el caso, una elección de objeto narcisista invertida, donde la crítica sólo puede comprobar su propia especularidad. Este hecho se debe, según entendemos, por lo menos a dos fenómenos:
- a la elevación a objeto de culto social del texto Borges (texto + personaje + autor + persona), fenómeno que desconcertó siempre al mismo Borges;
- y al carácter fundamentalmente hiperliterario propio de la escritura borgiana. Literatura de literaturas, sobre literaturas, el acceso crítico, la entrada, si se prefiere, a la obra, queda siempre atrapada en la ficción crítica, que por su propia sustancia, anonada tanto al crítico como a la crítica. Esa excentrización del texto recae sobre la aniquilación del sujeto crítico que puede elegir el argumento de la carta obligada— y sólo elegir los caminos del silencio, los de la repetición o los del goce. Convengamos que estos dos últimos no son sino otras formas del silencio. Reposar-se en el texto y dejar que el texto repose.
¿De dónde proviene, ahora más profundamente, esa monstruosa ilegibilidad del texto borgiano? El texto de Borges como el de Sade son in-humanos porque legislan contra la humanidad de la gramática y de los códigos, los imitan a la perfección para socavar sus reglas más profundas: soslayan la distancia del original a la copia, que es la función macabra del simulacro. El texto de Joyce, quizá como el de Artaud, es des-humano: despoja al simulacro ficcional de su sustento subjetivo: en el horizonte ya no hay quien escriba, ya no hay quien lea. En Borges no hay ningún hermetismo (salvo el simulacro del hermetismo), en Borges no hay ninguna filosofía (salvo el simulacro del pensar metafísico), ninguna lógica (salvo el simulacro de una lógica aritmética. Oh! los números en Borges, y no nos referimos a la simulación de juegos cabalísticos), ninguna dificultad del estilo (salvo el simulacro del estilo de otros estilos). Quizá la ilegibilidad borgiana consista en haber realizado el programa de Mallarmé: "Todo en el mundo existe para concluir en un Libro", en el Libro Absoluto mallarmeano, el Libro-Naturaleza como Logos. La escritura de Borges es pulsátil, es un escándalo geométrico, no posee extensión, de allí la imposibilidad de narrar y la convocatoria hechicera de lo inenarrable. El texto borgiano comete el error de infinito, del cual hablaba Blanchot. Todo está en todas partes, en el centro ficticio y en el borde del texto, en el texto y en el co-texto, pero nunca en el contexto. Esa escritura es pura tensión, no ex-tensión, es puro punto y todos sabemos cómo se llama ese punto. Y en ese punto descentrado, en ese centro incandescente pero vacío, el mundo calla, enmudece. El Libro que reemplaza al Mundo. Herejía de la literatura, heresiarca de la escritura, Borges consuma anticipadamente el límite de lo posible escriturario de nuestra época. Es él todo lo posible, agota el imaginario textual y nos deja huérfanos de irrealidad. Sin horizonte, horizonte histórico —también hay una historia de lo imaginario—, no hay posibilidades de escritura ni de lectura. Borges cubre, por el momento, todo ese horizonte y nos condena a la pura legibilidad, a la dura y ascética herencia de ser lectores puros.
Memoria y olvido son los puntos extremos que traman la textura de un texto: inscripción y borramiento son las operaciones que engendran la escritura. Operaciones que convocan la memoria textual y el olvido textual. A medida que leo-escribo, a medida que escribo-leo todo el pasado textual —restos y despojos por momentos deslumbrantes—, pero aquello que todavía no ha sido cuantificado por la crítica es el olvido. A medida que leo-escribo, olvido; a esa fugacidad la hemos llamado des-lectura, aquello que produce el texto des-leído. El olvido-necesario, el olvido-bálsamo, el olvido-protector. Aquel que le faltó a Funes. Eso se llama palimpsesto: al escribir borramos la escritura del otro, de los otros, la cancelamos, pero al mismo tiempo la inscribimos en nuestra propia escritura.
¿Qué es el cerebro humano sino un palimpsesto?, se preguntaba indeciso Thomas de Quincey. Y la respuesta la da Freud, el cerebro humano, permítasenos esta expresión, es un block mágico. Allí donde más se quiere recordar, más olvidamos. Y lo que proponemos es simple y sencillo, pero costoso. Empecemos a olvidar a Borges.
Fuente: Rosa, Nicolás (2003): La letra argentina: crítica 1970-2002, Buenos Aires, Santiago Arcos, págs. 165-170.
domingo, noviembre 23, 2008
viernes, noviembre 21, 2008
La anárquica y profunda carga de lo Prohibido en aquellos pequeños sucios comics (sobre las Tijuana bibles)
Aquellos pequeños comics comprendían casi todo el muestrario sexual que una mente excitada pudiera imaginarse: sexo vaginal, sexo oral, sexo anal pero también zoofilia (The Pet), masturbación (The Shower), sadomasoquismo (Layla always gets her girl), etc.
Aquellos pequeños comics pervertían diversas figuras de comics famosos: Popeye, Blondie, Mutt and Jeff, Little Lulú, Terry and the pirates, Bringing up father, Archie, etc.

Aquellos comics, también, parodiaban y sexualizaban a estrellas cinematográficas del momento: Esther Williams (Esther Williams - Get a li'l like the fishes do); Robert Mitchum (Goof butts); John Dillinger (A hasty exit); William Powell y Myrna Loy (Nut to will hays), Clark Gabel (The sheik) etc.

Dejo algunos fragmentos que me parecieron interesantes del artículo de Spiegelman quien intenta dilucidar la importancia de las Tijuana Bibles como un producto de la cultura popular y como pretexto para los comics underground de los 60:
- In any case, without the Tijuana Bibles there would never have been a Mad magazine -- which brought a new ironic attitude into the world of media that has since become pervasive -- and without Mad there would never have been any iconoclastic underground comix in the sixties.
- The Fuck Books were not overtly political but were by their nature anti-authoritarian, a protest against what Freud called Civilization and Its Discontents. Here was a populist way to rebel against the mass media and advertising designed to titillate and manipulate, but never satisfy. Betty Boop, Greta Garbo, and Clara Bow all radiated sex appeal on screen, but they were cock-teasers, never quite delivering what they promised -- especially after 1934, when the Hollywood Hays office went into high gear.
- A related impulse expresses itself on the Internet today, with newsgroups posting digitized JPEG images of Walt Disney's Beauty and the Beast making what Shakespeare called "the beast with two backs," trading extended and explicit chain stories of the sex lives of the "Star Trek" crew, and -- thanks to the wizardry of Photoshop -- swapping naked pictures of the cast of "Gilligan's Island." The frisson in this high-tech version of Tijuana Bibles seems to have at least as much to do with the thrill of violating copyright and licensing law as with sexual need. In the thirties it was simply a tremendous relief to find out exactly what Blondie and Dagwood did between their daily stints in the newspaper that led to the birth of their Baby Dumpling.
- The essential magic of comics is that a few simple words and marks can conjure up an entire world for a reader to enter and believe in. Presumably, this is true of erotic comics as well; how else can one explain the willingness to spend hard Depression-era currency to be aroused by a very primitively drawn Donald Duck schtupping an ineptly drawn Minnie Mouse? It's precisely this miraculous ability to suspend disbelief and temporarily blur Image and Reality that arouses the ire of those puritanical censors of the Left and Right who can confuse depictions of rape with actual rape. It's a profound confusion of categories as well as a scrambling of symptom and cause.
- Though there are bound to be those who will loudly declaim that the Tijuana Blues demean women, I think it important to note that they demean everyone, regardless of gender, ethnic origin, or even species.
- The Tijuana Bibles were the sex-education manuals of their time. In entertaining and easy-to-read cartoon diagrams, the Beavises and Buttheads of an earlier age could painlessly learn what to put where, and how to move it once they put it there. Significantly, these books spread the hot news that women actually enjoyed sex and that even fat people like Oliver Hardy and Kate Smith could be sexy. They taught that, despite the mortifying shame of it all, cunnilingus (in these books called "pearl fishing," "whistling in the whiskers," or "yodeling in the canyon") was fun. To understand how shameful oral sex was believed to be, class, you need only to turn to "Mussolini in Ethiopia" on page 124, a giddily primitive Eight-Pager drawn by Mr. Dyslexic's dad, with its memorable punch line: "You-like-to-have-your-pussy-sucked-I-get-Hitler-for-you."
Y para cerrar, siguiendo a Spiegelman, tal como decía una famosa Tijuana Bibles, los invito a que recorran esta página que recoge algunas decenas de éstas:







