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lunes, julio 27, 2026

¿necesita mariani ser rescatado por los suplementos culturales?

Me gustó una columna que publicó Damián Tabarovsky ayer mismo sobre el poeta reynaldo mariani. La reproduzco tomándome el atrevimiento de sacarle las mayúsculas a su nombre. Él siempre firmo, y lo tomó como un recurso de su escritura, con minúscula: mariani a secas. 

Por otro lado, disiento sobre que no se han reeditado sus libros y en que acerca de su obra no se publican textos. Puedo conceder que los suplementos culturales en los últimos años fueron cediendo terreno y desinteresándose de los escritores olvidados (hasta ahí nomás, el año pasado Tulio Carella fue tapa del mismo suplemento en donde publica Tabarovsky...). 

En todo caso, la vida y obra de mariani ha venido teniendo tímidas reapariciones en los últimos años, a lo mejor por circuitos menos centrales y visibles... Por ejemplo, la editorial extinta Instituto Lucchelli Bonadeo reeditó, gracias al trabajo exhumador de Federico Barea, tanto su poesía (prolegómenos, mamotretos y reluctancias) como 7 historias bochornosas (dejó las tapas en el posteo; algunos ejemplares aún pueden encontrarse al que rebusque por librerías virtuales y analógicas). 

Otra buenas fuentes de información son un viejo blog sobre mariani; la entrevista piola que le realizó Lautaro Ortiz en Página/12 en 2004; e incluso el especial de la revista virtual de poesía Op. cit. "En busca del beat" de 2017. También el ya mencionado de forma reiterada documental de Diego Arandojo y Lafarium, Opium. La Argentina Beatnik, lanzada en 2014-2015, que le dedica toda una sección a mariani.

Sea pues la columna de Tabarovsky una excusa para continuar acercándonos a la poesía y narrativa de este beatnik argentino que asoló las calles de la Manzana Loca junto a sus amigos opiúficos y que luego se fue a vagar por ahí, dejando leyendas y poemas a su paso. ¡Salú!


El rescate irrescatable (Damián Tabarovsky) 



Hubo una época en que, al menos una vez al año, los suplementos culturales de los periódicos publicaban un artículo dedicado a la obra de algún escritor olvidado. Se trataba de una ley de género: así como en los parques hay monumentos al soldado desconocido, en los periódicos había homenajes al escritor olvidado. Por supuesto que los nombres de los escritores variaban año a año; la lista era infinita, tan larga como el propio olvido. Especie de brigada de rescate, la buena intención del periodismo rescatista era tal, que a veces se repetían los nombres con sólo unos años de diferencia. Hay escritores que fueron rescatados dos o tres veces en la misma década; especies de cabezas duras refractarios al esfuerzo editorial, testarudos en mantenerse en el olvido. Ingratos. Pero esa época, en la que yo ironizaba tanto sobre el asunto, ya pasó. Ahora los medios, el mercado, las redes y el campo literario en general ya ni hablan de los escritores olvidados, sino solo de los escritores (y escritoras) que tienen “fans” (sí, “fans”, no lectores), que ganan premios, publican en editoriales multinacionales, venden mucho (a veces no tanto, ni siquiera…) y expresan con un éxito triste el “mainstream de calidad” que hegemoniza la literatura argentina contemporánea. 

Pues, es un buen momento para volver a mariani –escritor argentino, autor de 7 historias bochornosas–: a él ni siquiera le llegó el rescate, el desinterés parece ser su herencia. Sobre él no se publican artículos, no se escriben tesis de doctorado, no se reeditan sus libros, no se realizan congresos en homenaje. Nunca una calle llevará su nombre. Y cuando no impera el olvido, opera el equívoco: mariani firmaba a secas, así, sólo mariani, para no ser confundido con su tío, Roberto Mariani, autor de Cuentos de la oficina, el texto más sofisticado que dio el costumbrismo porteño del grupo de Boedo. mariani llevó al extremo el mito fundante de la literatura moderna: escribir un libro único y genial. En efecto, eso es 7 historias bochornosas, publicado por la editorial Sudamericana en Buenos Aires, en 1968. Una serie de relatos escritos en una lengua puesta en crisis; como si la sintaxis hubiera entrado en un proceso de tartamudeo terminal, la necesidad de personajes desalojada de su centralidad, y el sentido colocado en suspenso. 


Mariani hizo de la excentricidad su pasatiempo favorito. Vivió más de veinte años en Brasil ejerciendo los más diversos oficios; geólogo, financista, barman, vendedor de libros por las playas, mendigo; y luego fue a morir a la Patagonia, en Zapala. Pero antes fue amigo de grandes escritores como Néstor Sánchez y Héctor Libertella, fue borrachín en bares, polemista agudo, actor de cine, y sobre todo fundador de la revista Opium. Nació en 1936 y murió hace algunos años, en fecha relativamente incierta. 

La influencia que ronda las 7 historias bochornosas es la del jazz. Muchos escritores de los ‘60 —de Perec a Cortázar— están influenciados por el jazz. Pero mientras que para ellos el jazz termina siendo un elemento tranquilizador (primero el solo de trompeta, después el de saxo, luego el del bajo, más tarde el de batería y finalmente… ¡Plim, caja!), en mariani el jazz es una metáfora de la desintegración del sentido, de la destrucción de toda forma establecida, de la sintaxis. La improvisación entendida como un lugar del que no se vuelve. 


Publicado en Perfil Cultura, domingo 26 de julio de 2026. Disponible en:  https://www.perfil.com/noticias/columnistas/el-rescate-irrescatable.phtml

domingo, junio 14, 2026

Sobre El río oculto (2024), de Diego Arandojo y Jorge Fantoni

Releo El río oculto, de Diego Arandojo (guion) y Jorge Fantoni (dibujo), publicado por Deux Graphica. Le había dado una primera lectura cebada y veloz, necesitaba este nuevo encuentro para disfrutar esta historia de esoterismo y literatura en el Río de la Plata. 


Noto que podría ir en serie con: 

-primer eslabón: la muy conocida aguafuerte de Roberto Arlt sobre las ciencias ocultas (años 20). En esta historieta se trata del puntapié narrativo. Fausto se obsesiona desde pequeño con continuar los pasos del escritor y mapear el río profundo de sociedades secretas, libros mágicos y palabras cifradas que ha recorrido las calles porteñas.


 
-segundo eslabón: el no tan conocido ensayo de Adolfo de Obieta sobre la Buenos Aires invisible (fines de los años 60). En este sentido, Arandojo enhebra nombres visibles del esoterismo argentino literario (Leopoldo Lugones, el mismísimo Arlt, Xul Solar, Ernesto Sabato) y revela otros realmente olvidados o invisibles (Romilio Ribero, Ithacar Jalí, Josefina “Finita” Ayerza). La historia de la traductora de Aleister Crowley, Finita Ayerza, me pareció encantadora.


 
-tercer eslabón: un proyecto anterior de Arandojo, junto con Facundo Percio, como la historieta Beatnik Buenos Aires. El río oculto retoma el procedimiento de la anécdota narrativa compacta con un personaje fuerte, un lugar preciso y una acción principal bien definidas como elemento básico. Le suma una pátina de nostalgia y soledad: el protagonista y narrador, un Fausto maduro, parte del recuerdo de su padre para revelar su investigación de la Buenos Aires oculta entre el siglo XIX y el XX. 


Los dibujos de Fantoni, al igual que en el anterior proyecto compartido con Arandojo, Carne (2023), subrayan ese margen grotesco del horror, donde lo terrible se vuelve risible y al revés. Con El río oculto, Arandojo el Mago suma una pieza más a su proyecto que se sigue tejiendo en los mundos del esoterismo, la cultura y el espíritu.

 

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