La primera vez que tuve en mis manos un libro de Segundo Urreca Mieza, fue en la feria dominguera de Tristán Narvaja, en Montevideo. El ejemplar era viejo, de un blanco como sucio de humo con las hojas a punto de despegarse, la tapa solo llevaba el nombre del autor y el título: Nueva Esmorfia Criolla. Ese nombre extravagante ya me había conquistado, malo o bueno, daba igual: ahí había un distinto. Leí el primer párrafo: “Lo que nos distingue y ennoblece como argentinos, es lo que nos enfanga. Levantemos orgullosos nuestros blasones de trapo remendado. La copa de oro del rey borracho brilla tanto en el banquete como el populacho de moscas nacaradas que soban de su vino. El gauchaje y la indiada, comparten el mismo espíritu cesáreo que nuestro heroico patriciado para conformar la Unidad Nacional, solo la judería burguesa evita el temperamento extremo que nos hace grandes”.Más tarde, cuando leí el libro entero, quedé fascinado. No era parejo, había que sortear parrafadas soporíferas hasta encontrar una frase interesante, pero de tanto en tanto, alguna imagen destacaba y valía la pena haberse comido extenuantes reflexiones esotérico-políticas. Porque lo pesado del libro era su simbología metafísica, embebida de tarotismo y astrología, pero el arsenal medieval de sus metáforas, combinada con el argot entre lunfardo, aristocrático y marcial y las reflexiones mesiánicas absurdas, daban un resultado original. Pasé un tiempo con la sensación mezquina de haber capturado un secreto.
Agustín Caldaroni publicó un comentario sobre Segundo Urreca Mieza y el último número del fanzine Golosina Caníbal presenta... en la revista Punzó. Se lee entero por acá. ¡Gracias, Agustín!

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