miércoles, febrero 26, 2014

las huellas de la imaginación


En esta cuarta entrega sobre editoriales independientes, toma la voz Fiordo editorial (web, blog, facebook, twitter). Se trata de un proyecto editorial con un catálogo heterogéneo, tapas con hermoso diseño y una política de recuperación y traducción para seguir de cerca. Van entonces preguntas y respuestas a Fiordo editorial. 


GC: ¿Por qué eligieron el nombre “Fiordo” para el proyecto editorial?
F:
Buscábamos una palabra que fuera sonora y que, al mismo tiempo, representara nuestro proyecto. Pensando en términos geográficos nos enteramos de que un fiordo es una entrada de mar en el continente, una huella profunda que queda cuando se retira un glaciar. La idea de algo que deja una huella nos pareció inspiradora. Por otro lado, en sentido estricto, fiordos en Argentina no hay; es un término que trae a la mente lugares lejanos, de la imaginación. Esa resonancia también nos pareció representativa. Y por último, la palabra nos gusta materialmente: nos gusta que la f y la i se liguen en la tipografía; nos gusta su sonoridad.

GC: En los autores y libros de la editorial se nota una búsqueda de nombres nuevos pero también de nombres rescatados, ¿con qué criterios eligen esas obras, cómo han dado con ellas?
F:
Después de haber publicado algunos títulos, entendimos que el catálogo de una editorial no es nunca solo el resultado de un programa. Es el programa en su encuentro con el mundo real, las posibilidades y los límites. Cuando empezamos este proyecto, nuestra idea era poner en circulación textos que no se veían, no solo aquellos que conocíamos y ya no estaban en circulación sino también los que fuéramos encontrando y nos pareciera que merecían ser leídos por otros. Eso aplica a nombres nuevos y a autores ya publicados; a jóvenes y a viejos; en español y en otras lenguas. Compartir lecturas que nos movilizan es lo que está en el principio de nuestro proyecto. Luego está el mundo real: no se puede publicar todo lo que uno quisiera dar a leer a otros; sería ingenuo pensar un proyecto editorial de esa manera. No solo hay que encontrar un equilibrio entre ese deseo y los límites que impone el universo de los derechos de autor, las agencias que administran esos derechos, lo que están haciendo otras editoriales, acá o afuera, etc., sino también pensar en títulos que puedan encontrar una comunidad de lectores y despertar un interés razonable para que la publicación tenga algún sentido. Y eso depende hasta cierto punto de los textos que ya están circulando; en qué medida un texto nuevo puede dialogar con ellos, provocarlos, correr sus límites, etc. Todo eso entra en juego a la hora de elegir títulos. Con respecto a la búsqueda, la hacemos a conciencia, leyendo todo tipo de cosas, noticias, reseñas, crítica, textos que citan otros autores. Con internet como un gran aliado. También nos han hecho propuestas, que evaluamos con diferentes resultados.


GC: En la presentación de la página web, plantean que como editorial quieren proponer "itinerarios de lectura novedosos". Respecto a lo publicado hasta el momento, ¿qué itinerarios se podrían establecer entre los libros del catálogo?
F:
Uno de los itinerarios en que nos embarcamos es el de las escrituras en lenguas extranjeras. No significa que los textos tengan necesariamente relación entre sí (aunque algunos sí la tienen) sino que estamos en un viaje de exploración de narrativas en otros idiomas que apunta a enriquecer el catálogo con un conjunto de buenas traducciones tanto del inglés (que es la lengua que más hemos traducido hasta ahora) como de lenguas menos representadas en general en español. Este esfuerzo se va a notar más este año con traducciones del italiano, el finlandés y el checo, que se suman a la que hicimos del neerlandés el año pasado, además de las de obras en inglés. Obviamente no somos los únicos que hacen traducciones, pero como propuesta orgánica sí nos parece propia. Y la idea de no encerrar esas traducciones en colecciones especiales, sino que sucedan o precedan la publicación de textos en español, también nos parece una propuesta en sí misma.
Luego hay itinerarios difíciles de explicar, que tienen que ver con nuestros gustos un poco erráticos y las lecturas que hacemos, que aun sin proponérnoslo siempre resultan bastante laterales. Leemos mucho, por trabajo y porque nos gusta, y entre nosotros leemos cosas diferentes, no siempre estamos de acuerdo. Hay textos que nos gustan a los dos y que sabemos intuitivamente que encajan en el catálogo, y otros que no. No sabríamos explicar con palabras precisas por qué, es algo que depende de la interacción de varias cosas al mismo tiempo: lo que para nosotros es calidad de la escritura, profundidad en las ideas, proyección del imaginario, capacidad de convocar nuestra sensibilidad y la de otros. Pero esto no explica la especificidad del catálogo en sí, aunque de todos modos, a quien lo haya leído entero, no pueden dejar de resonarle algunos ecos entre los textos, quizás cierta misantropía o tristeza; una crítica a los mecanismos sociales que nos oprimen; la certeza de que la escritura y la lectura son formas de liberación. Claro que estas no son ideas novedosas; lo novedoso es el vínculo que se establece entre los distintos textos que elegimos, que vienen de lenguas y geografías distintas, y que articulan cada uno a su manera estas preocupaciones tan viejas como el tiempo.


GC: ¿Qué importancia le dan al diseño de los libros? ¿Buscan un concepto para las tapas?
F:
El diseño de los libros tiene para nosotros tanta importancia como los textos. Nos gusta el objeto libro, las bibliotecas, el papel, el olor a tinta, y que los textos se lean cómodamente, que la tipografía no moleste, pero sea bella, que el papel no canse, que el formato sea adecuado. Cuando pensamos la maqueta tratamos de que las proporciones entre los elementos de la página fueran justas, y luego en el proceso de impresión, que es incontrolable, hicimos lo posible para que el resultado fuera satisfactorio. Aunque los diseñadores digan otra cosa, no hay recetas, hay que probar mucho y no siempre sale bien, pero sin duda para nosotros el diseño es importante, porque pensamos que la lectura no es simplemente un encuentro con un texto sino un encuentro mediado por una materialidad que puede potenciar la lectura u obstaculizarla.
Con respecto a las tapas, no tenemos un concepto general más allá de la decisión de no trabajar con fotografía o imágenes de catálogo, por lo menos hasta ahora. Quien se encarga de las tapas, Pablo Font, trabaja a partir de materiales que le damos sobre el libro, el propio texto o algo elaborado por nosotros. Tratamos de no influenciar su trabajo más allá de esto, y sobre las opciones que nos muestra, elegimos la que más nos parece que se adecúa al espíritu del texto, lo que es difícil porque es raro que alguna no lo haga. Evaluamos también el impacto que tienen las distintas opciones, si se acercan a algún otro diseño en circulación, cómo funcionan, y sobre eso se refina la opción que sale elegida. En principio, siempre tratamos de que el libro comunique algo desde la tapa, no que sea puro diseño vacío.

GC: ¿Qué libros piensan publicar en 2014?
F: Acabamos de entrar en imprenta con el primer título del año, la traducción del Diario nocturno de Ennio Flaiano, guionista de Fellini entre otros cineastas. Es un conjunto de cuadernos de apuntes y anécdotas sobre la Italia de posguerra, muy lúcido, triste y divertido al mismo tiempo, que publicamos con un prólogo de Eduardo Berti. Luego estamos preparando la traducción de la primera novela de Riikka Pelo, una autora finlandesa que acaba de ganar el premio Finlandia por su segundo libro. Tercero viene un volumen de reseñas y crítica literaria de Martín Schifino, el traductor de algunos de nuestros libros. Son textos que revisan clásicos, autores nuevos de la literatura argentina y fenómenos paraliterarios, muy bien escritos, llenos de buenas hipótesis. Y para fin de año tenemos las traducciones de dos novelas más, la primera es de uno de los autores checos más importantes de la mitad del siglo XX, Egon Hostovsky, que nunca se tradujo al español, y que era admirado por Graham Greene; y la otra es la primera novela de nuestro querido Anthony Powell, un autor inglés que escribió una de las sagas más ingeniosas e inteligentes sobre la vida inglesa de la primera mitad del siglo XX que hayamos leído, y que es uno de nuestros autores favoritos.

martes, febrero 25, 2014

Walsh y Rozenmacher (2)


En las entradas de su diario personal durante 1971, Walsh escribe diversos fragmentos de una novela que se hubiera titulado Diamond point [Punta de diamante]. En uno de esos fragmentos, el protagonista recibe la noticia de la muerte de un amigo, Hermann. Escrita por Daniel Link, la nota al pie en dicho fragmento arriesga: "Hermann tal vez sea Germán Rozenmacher".  La traducción del fragmento, escrito originalmente en inglés, también ha sido realizada por Link.
Efectivamente, Rozenmacher muere, junto a su hijo mayor, el 6 de agosto de 1971 en Mar del Plata por un escape de gas. La tentativa de Link en la nota al pie es casi incuestionable: el fallecimiento de Rozenmacher ocurre en la costa; tenía dos hijos (el mayor fallece); la descripción final coincide con él; se llamaba Germán; muere en 1971. En estas líneas, Walsh retoma la nefasta noticia para reflexionar sobre cómo algunas palabras nos objetivan, cómo la imagen sobrevive a la muerte, cómo la memoria, el olvido y la muerte se entrelazan.
Esta es la segunda mención de Walsh sobre Rozenmacher en su diario.   

Diamond point
A novel

(Language to be handed like an object, wielded like a hammer.)

That was the day Hermann died, or rather the day after, when he heard the news. His wife told him, the way such things are told. "There's bad news. Hermann died", and her face was sad and tense. That moment he started to watch himself, because he was feeling strange, or rather he was acting strangely with his feelings. He almost touched himself physically, to see if anything was missing, to find out exactly what he was losing. Would he have to alter any of his schedules? Not at once.
-It happened in the beach.
-What was he doing in the beach?
-Writing an article or something. His elder son died also.
So. Was it a son or a daughter? Erase, time, erase. Had he ever met the boy? Yes, surely, but he could not recall his face, was he a baby or a boy? Thanks, time. Yet Hermann remained, he was dead at this moment, a man lives in his death for say 48 hours, his body retains the living form, he could suddenly arise and speak, if he really wanted. Hermann remained, fat, and peaceful looking, maybe with his hands crossed atop his belly: that would be a position for him, all right.

[Punta de diamante
Una novela

(Usar el lenguaje como un objeto, esgrimirlo como un martillo)

Fue el día en que Hermann murió, o mejor dicho el día después, cuando él se enteró. Su mujer se lo dijo, de la manera en que se dicen esas cosas. "Malas noticias. Murió Hermann", su cara triste y tensa. A partir de ese momento él empezó a vigilarse, porque se sentía extraño, o mejor dicho sentía extrañeza hacia sus sentimientos. Casi se palpó para saber si le faltaba algo, para saber qué estaba perdiendo exactamente. ¿Tendría que alterar sus movimientos? No en forma drástica.
-Fue en la costa.
-¿Qué hacia en la costa?
-Estaba escribiendo una nota, o algo. Su hijo mayor también murió.
O sea que. ¿Era un hijo o una hija mayor? Bórralo, tiempo, bórralo. ¿Había conocido al muchacho? Sí, seguramente. ¿Pero se acordaba de la cara, era un muchacho o apenas una criatura? Gracias, tiempo. Sin embargo, Hermann seguía ahí. Estaba muerto en ese momento, un hombre vive su muerte digamos 48 horas, su cuerpo conserva su forma viviente, podría levantarse y hablar, si quisiera. Hermann seguía ahí, gordo y apacible, tal vez con las manos cruzadas sobre su barriga: una pose típica de él, seguro.]

Fuente: Walsh, Rodolfo (2007): Ese hombre y otros papeles personales, Buenos Aires, Colihue, pp. 210-211.

domingo, febrero 23, 2014

Lovecraft, entre la Obra y el Mito

De hecho, ¿es posible establecer, con tanta claridad, los límites de la Obra de Lovecraft si no es al precio de una más o menos arbitraria decisión filológica sólo fundada en un criterio moderno de autenticidad que, por lo demás, le era ajeno al propio Lovecraft? ¿Qué decir, en efecto, de los textos que, de un modo u otro, continúan, glosan o parodian la obra de Lovecraft? A partir de los fragmentos dejados por el escritor de Providence, su discípulo Derleth ha podido construir relatos enteros. Otros han continuado el desarrollo de los temas y los personajes propios de sus escritos, de lo que se ha dado en llamar su mitología. Otros más han dado a la imprenta toda una literatura apócrifa. ¿Qué hacer con toda esa masa textual? La filología lovecraftiana, en su aplastante mayoría, ha sido modernamente clásica y, por lo tanto, esencialmente antilovecraftiana: ha buscado eliminar el criterio de escritura y transmisibilidad propias de la mitología lovecraftiana y de su metodología misma de puesta por escrito para avanzar sobre la idea de "autenticidad autoral".
El fandom de Lovecraft ha sido mucho más sabio y mucho más históricamente fiel al gesto del maestro: ha tomado toda la masa escrita en bloque como un solo conjunto: la Obra y su glosa, los Scripta y sus apócrifos, conscientes de que el mayor logro y la mayor insolencia de Lovecraft contra el moderno sistema de la literatura había sido el crear una mitología que destituyera por completo el sentido de la función autor. Lovecraft era un Lover de lo crafty, un insidioso habitante de la oscura Providence cuyo fin último no era producir una Obra (él mismo era consciente de su fracaso en este sentido; por lo tanto el "éxito" póstumo no es el suyo sino el de quienes construyeron la Obra). Al contrario, el intento desquiciado y por ello mismo genial de Lovecraft fue reavivar el Mito en pleno siglo XX. Entiéndase bien, la prestación específica de Lovecraft fue, entonces, no tanto la constitución de una mitología particular (por lo demás aleatoria) sino más bien, y fundamentalmente, el provocar que, de una vez, despertasen, en plena era tecnológica, las fuerzas avasallantes encerradas en aquello que llamamos mitología y que definen las posibilidades y los límites del Homo sapiens.
Ludueña Romandini, Fabián (2013): h. p. lovecraft. la disyunción en el ser, Buenos Aires, hecho atómico ediciones, pp. 16-17.

sábado, febrero 22, 2014

La presentación como una de las bellas artes

Los amigos de Casa Nova editorial, quienes serán próximamente encuestados, me hicieron llegar el hermoso volumen Ariel Schettini presenta. Hasta hace un par de años, la posibilidad de ver leer la lucidez crítica de Schettini se veía limitada a la búsqueda de artículos en revistas especializadas o en espacios generosos como Linkillo (draft version). 
Sin embargo, la publicación de El tesoro de la lengua: una historia latinoamericana del yo (Entropía, 2009) y, ahora, este libro de Casa Nova que recopila diversas presentaciones de libros realizadas por Schettini nos dan la posibilidad de leer una voz crítica afilada y novedosa.
Ariel Schettini presenta, a su vez, arma una red de textos (es decir, los libros presentados). Entonces, no solo será interesante lo que Schettini encuentre en cada obra sino las relaciones que esas obras podrían establecer entre sí, teniendo como nexo el haber sido presentadas por la misma persona. 
En todo caso, comienzo la lectura de Ariel Schettini presenta y pronto vendrá un comentario más consistente sobre estas efímeras presentaciones que fueron acertadamente recopiladas en tinta y papel.


miércoles, febrero 19, 2014

La tercera edad de oro de la TV (Curso MOOC)



Yo, homo serial, estoy encantado con el MOOC que organizan Jorge Carrión y Carlos Scolari sobre series norteamericanas en Miríada X. Veremos qué sale de esa experiencia. Más info, acá.

Sánchez y/o Borges

Esta entrevista de Néstor Sánchez a Jorge Luis Borges salió publicada por primera vez en la revista ARTiempo, n°6, abril/mayo de 1969. En julio de 2004, en el n°4, la revista Lezama la recuperó con un artículo introductorio a cargo de Lautaro Ortíz (de cuyo blog copio la entrevista en cuestión). El encargado de la recuperación fue Rafael Cippolini.
Es llamativo el contraste que se genera entre entrevistador y entrevistado: las preguntas de Sánchez se inclinan hacia su perspectiva de una literatura atravesada por el esoterismo, de la vida puesta en la escritura, de la búsqueda de un sentido; en cambio, las respuestas de Borges evaden al entrevistador, lo hacen pisar en falso, lo conducen por sus propios carriles hacia una "entrevista ejemplar", "idéntica a sí misma". 
En fin, disfruten de este des/encuentro entre Sánchez y Borges.

Borges igual a Borges (entrevista de Néstor Sánchez)

La primera virtud de Jorge Luis Borges se experimenta casi al mismo tiempo de entrar al salón incalificable de la Biblioteca Nacional donde atiende a todos los que necesitan entrevistarlo, sin excepción alguna. Deja las manos sobre una mesa de tamaño casi tan irreal como el salón, y a partir de allí dispone de todo su tiempo: Borges no es un hombre ocupado.
Poco más tarde necesitará saber con qué tipo de periodismo se topará una vez más su prestigio de hombre de letras. Lo cierto es que Borges necesitará forzar su nueva entrevista hasta volcarla hacia los hábitos de una entrevista ejemplar, casi una entelequia, a la que parecería responder desde hace muchísimo tiempo. Y la sensación de tiempo detenido en el tiempo de hablar no es la segunda virtud de Borges, es a lo sumo el clima obligado de aquella entrevista idéntica a sí misma que él reinstala con un par de movimientos sonambúlicos de sus manos.
Sin embargo, a los pocos minutos entrará en juego otro viejo compañero suyo: el viejo humor. Y hasta parece justo que él lo sepa justo. Inicia entonces una especia de parábola antiperiodística (anti-entrevista periodística) basada aparentemente, en su desconfianza física ante todo interlocutor desconocido: “Hace muchos años trabajé durante algunos meses en el Diario Crítica –recuerda casi sorprendido- fui el peor periodista del mundo. Fíjese, yo he conocido –eran los años veinte- mucha gente que debía muertes. Claro, en aquella época en que todavía funcionaba el cuchillo se hacían casi comunes los que debían dos muertes; se trataba de personas interesantes, cordiales; se podía estar horas con ellos y hasta cultivar su amistad sin que las muertes pesaran en ningún momento. Sin duda eran mejores que los periodistas”.

-¿Quién de los dos Borges contesta generalmente un reportaje?
-Yo trato por todos los medios que sea el primero, pero generalmente no puedo evitar que el segundo, el Borges literato, se entrometa. Es muy entrometido.
-¿Antes de identificarse con el ultraísmo, tuvo alguna oportunidad de ser influenciado por jóvenes como Guillaume Apollinaire y Blaise Cendrars?
-En realidad, no. Creo que en mi obra (no hay otra manera de llamar a lo que he escrito) no hay influencias. En todo caso hay desmedro de todo aquello que me ha tocado de cerca, que ha significado algo para el escritor en mí.
-¿Cree que esa falta de contemporaneidad real de su juventud se vincula al hecho de que sus poemas aparezcan como de menos interés en relación con sus cuentos y prosas de cámara?
-Pienso que mis poemas y prosas no difieren esencialmente. El verso libre es un asunto tipográfico. Todo lo que escribo son atributos o adjetivos míos, yo diría diversas facetas de un mismo fenómeno.
-Usted fue incluido en el desopilante libro de Powells pero alguna vez se refirió, entre otros a Pedro Ouspensky. ¿Cree deberle mucho al auténtico esoterismo occidental, desde Pitágoras a Gurdjieff?
-Yo también, como mucha gente interesada en el tema, tenía idea de que Powells no era otra cosa que un charlatán; pero cuando lo conocí en Europa me di cuenta de que era como yo, un agnóstico. El no estaba seguro respecto de la cuarta dimensión, de la trasmigración, de la transmisión del pensamiento; todas esas posibilidades más allá del positivismo. Almorzando con él lo encontré muy simpático y afín a mis dudas, me habló de su “espíritu borgeano” y nos hicimos amigos. Por otra parte puedo decirle que nunca pase, en estos temas, de una actitud de curiosidad intelectual. Mi madre católica a la manera Argentina, sin mayor fervor; mi abuela protestante; y mi padre discípulo de Spencer, un libre pensador. El clima familiar en que me formé no pasó de una discordia amistosa. Mi literatura no es fantástica para asombrar al lector, todo eso corresponde a estados del alma que he tenido. Es una literatura fantástica pero no irreal. Incluso hay un poema mío en un puente de Constitución que bien podría relacionarse con una búsqueda mística. Yo creo que se trató de un estado poético, nada más.
-¿Entonces su pasión por la metafísica no fue nunca más allá de una actitud filológica?
-Nunca. A lo sumo nunca de un modo trágico como lo ha elegido Unamuno, por poner un ejemplo.
-¿Siente haber exagerado la figura de Macedonio Fernández?
-No, creo que es el hombre más inolvidable que he conocido a lo largo de mi vida; eso lo sentimos todos sus contertulios. Le voy a hacer nombres de muertos y vivos: Santiago Dabove, Enrique Fernández Latour y Manuel Peyrou. Claro, la grandeza de Macedonio estaba en el diálogo más que en lo escrito por él. Fíjese que a pesar de ser un conversador brillante era lacónico y tímido. Si bien no desaconsejo la lectura de sus libros tampoco puedo negar que se trata de un hombre que nunca se entregó enteramente a ellos. Era un hombre de genio, pero su instrumento fue el diálogo, como en el caso de Sócrates (y para poner un ejemplo que no sea polémico). Macedonio fue amigo de Lugones, Ingenieros, J.B. Justo, Molina y Vedia, de Jorge Borges, mi padre. Sin embargo, después de muerto empezaron a aparecer (y todavía siguen apareciendo) todo tipo de gente que asegura haber frecuentado su amistad; y esto no favorece su recuerdo. Pero siempre pasa lo mismo con hombres notables una vez que están muertos.
-¿En algún momento de su vida necesitó alcanzar un aliento más riesgoso que el cuento? ¿Lo intentó?
-Nunca. Bastante trabajo me da hasta el final de mis cuentos. En la actualidad pienso en algo que va a ser menos una novela que un cuento largo y que se va llamar "El Congreso". Por supuesto que este título no tiene nada que ver con una alusión de tipo político.
-¿Cuál es el cuento suyo que más quiere?
-¿Puedo vacilar? Bueno, hay un cuento que se llama "La intrusa", y otro "El sur".
-¿Y el que menos quiere?
-Sin duda "El hombre de la esquina rosada"; yo no lo escribí como cuento realista y, sin embargo, todos se empeñan en leerlo como tal. Un desafío no se hace de esa manera, un compadre auténtico no habla de esa forma. La película es mejor que el cuento. En realidad, si publicar un libro es una gran emoción, ver un film hecho con un argumento propio la supera con creces. Es como si se carnalizaran un grupo de fantasmas que brotaron de uno.
-¿Algún escritor argentino, alguna vez, llegó a decir algo inteligente sobre usted y su obra?
-Casi todos, argentinos y extranjeros, que han hablado en alguna oportunidad sobre mi obra resultaron más inteligentes que yo: o si prefiere más imaginativos.
-Por momentos ¿se ha sentido tan solo como su obra entre la gente de la revista Sur?
-No, nunca, ¿por qué solo? La señora Victoria Ocampo me hizo el honor de invitarme a colaborar en su revista. La revista Sur ha sido generosa conmigo, nunca me fue rechazado ningún original. No me sentí nunca solo; la señora Victoria ha sido muy buena conmigo. A ella se debió la idea de que yo fuera postulado como director de la Biblioteca Nacional, a ella junto con Esther Zamborain de Torres. Cuando me lo propusieron les contesté que jamás me iban a dar un cargo semejante, me quedaba grande. Por mi parte les propuse la biblioteca de Lomas de Zamora, era un sitio que siempre me ha gustado. Sin embargo, el mismo general Lonardi, en persona, justo un 17 de octubre de 1955, me entregó el nombramiento.
-Usted ha tenido, casi siempre, conciencia de nuestro provincianismo cultural y ha deslizado algunas bromas al respecto. Eso de que “el genio de Joyce era puramente verbal lástima que lo gastó en la novela”, incluido en su breviario de literatura inglesa ¿se relaciona con la misma actitud?
-No es broma. Creo que la novela no requiere un estilo tan trabajado como el suyo, un estilo que ofrece tantas dificultades de lectura. Cervantes y Tolstoi fueron grandes novelistas y no necesitaron recurrir a tanta complejidad formal.
-¿Quién ha sido el autor de influencias más perdurable en su formación de escritor?
-En primer término debo reconocer que todos los libros leídos y todas las personas con que cambié alguna palabra han influido decisivamente en mí. Pero comprendo que la pregunta exige una definición casi categórica. Entonces tengo que nombrar a Chesterton, a pesar de que no profeso sus opiniones religiosas. Y esto no significa que para mí Chesterton sea superior a Bernard Shaw, pero en alguna medida me siento indigno de Shaw. Uno no puede elegir a sus maestros. A Chesterton lo considero más imitable.
-Sin embargo, uno de sus libros claves, Historia universal de la infamia rezuma la influencia de Marcel Schwob.
-A pesar de que la idea general de Vidas imaginarias de Schwob, me pareció estupenda desde el primer momento, cuando encaré su lectura atenta me sentí, si se quiere, defraudado; otro tanto le pasó a Bioy Casares, él tampoco podía llegar al final. Sin embargo, a pesar de que me costara tanto trabajo su lectura, la idea general del libro empezó a interesarme vivamente. Pensé que se podía hacer algo mejor con esa idea. Sin duda el ambiente general del libro de Schwob fue lo que motivó Historia universal de la infamia.
-A los treinta años, me parece, la idea de la muerte sólo admite una pregunta ¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Qué sucede a los setenta?
-Hace bastante tiempo estoy tentado en escribir un poema sobre eso. Podría hablarle, a grandes rasgos, de la serenidad que trae la vejez, de esa apacible resignación que incluye la tristeza, pero de una manera muy diferente. A los treinta años, eso sí, cultivaba desdicha, necesitaba ser cada día más desdichado, más profundamente desdichado. Aquello ya no cuenta para mí.

Después Borges, repentinamente jubiloso, hablará de Invasión, un film próximo a estrenarse en Buenos Aires, y cuyo argumento escribiera “sobre esa misma mesa” en colaboración con Bioy Casares. En Invasión, entre otras cosas, se canta su "Milonga del condenado a muerte" con música del legendario Aníbal Troilo: “fíjese que dos días después que la compuse, Hugo Santiago, el realizador del film, me dijo que a la milonga le ponía música Troilo; y yo le pregunté ¿a qué milonga?, pasa que me había olvidado, las milongas son temas populares y la métrica el octasílabo, y a mí me salen tan fácil que una vez compuestas casi inmediatamente las olvido”.
Este año, aparte de traducir Walt Whitman en colaboración con su esposa y de entregar un libro de poemas a la imprenta, tiene en preparación otro argumento cinematográfico: Los otros, de corte puramente fantástico. La acción se va a central en una librería de la calle Corrientes cerca de Rodríguez Peña. Borges se pone de pie y consulta el reloj: el mundo, desgraciadamente, es real; él, desgraciadamente es Borges.

martes, febrero 18, 2014

una mirada extrañada


Aquí está la tercera entrega sobre editoriales independientes. Se trata de un proyecto editorial reciente, China editora (web, facebook, twitter). Integran la editorial: Guri Perez Bruno, Juan Terranova, Matías Luque y Caterina María. Han publicado tres títulos: Las ciencias ocultas en la ciudad de Buenos Aires de Roberto Arlt; Los campos magnéticos (ebook) de Luciano Lamberti y Recuerdos de Córdoba de Flavio Lo Presti. Van, entonces, las respuestas.


GC: ¿Por qué la editorial se llama "China Editora"?
CH: La elección del nombre de la editorial fue el resultado de un brainstorming en medio de una reunión editorial. No hubo que pensarlo dos veces. Fue el nombre que más nos gustó a todos.

GC: Uno de los primeros títulos del catálogo es Las ciencias ocultas en la Ciudad de Buenos Aires de Roberto Arlt. ¿Por qué volver a Arlt como punto de partida? ¿Por qué eligieron ese texto en la obra de Arlt?
CH: El texto que abre el libro y que le da el nombre al libro es un texto poco conocido y muy lindo. Arlt lo escribió a sus 19 años y es un texto que no circula mucho. Nos resultó muy atractiva la idea de armar un libro a partir de ese ensayo sobre el ocultismo en Buenos Aires seleccionando además algunos cuentos afines a esa temática. Y decidimos hacerlo en ese momento en honor al aniversario de los 70 años de su muerte.


GC: Tanto Los campos magnéticos de Luciano Lamberti (se puede bajar gratis de acá) como Recuerdos de Córdoba de Flavio Lo Presti tuvieron una buena recepción critica. ¿Cómo llegaron a esos textos? ¿Qué perspectiva editorial sostienen sobre la literatura argentina actual?
CH: La literatura argentina está en un buen momento. Mucha gente escribiendo cosas buenas. Mucha variedad. Mucha gente editando. Un gran momento para todos.
Desde hace tiempo que venimos siguiendo el trabajo de Luciano Lamberti y teníamos muchas ganas de publicarlo. Nos contactamos con él y le propusimos reeditar su nouvelle Los campos magnéticos.
Algo similar pasó con Flavio Lo Presti. Nosotros conocíamos su trabajo, en especial sus columnas literarias de Ciudad X. Él nos propuso la idea de trabajar un libro con esas columnas y relatos inéditos y nosotros nos entusiasmamos mucho con el proyecto. El resultado fue Recuerdos de Córdoba, que tuvo –y sigue teniendo- una muy buena recepción crítica.

GC: ¿Piensan el catálogo en términos de "colecciones" o "series"?
CH: No, pensamos cada libro como un proyecto único. Las colecciones suelen ser salvavidas de plomo. No sacamos muchos libros por año, no tenemos serialización. Para nosotros, cada libro es un mundo en sí mismo y así lo tratamos.


GC: ¿Qué esperan publicar este año?
CH: Libros muy buenos que venimos trabajando desde el año pasado. El año lo vamos a abrir con un libro de poesía de Luciano Lamberti. Hay mucha expectativa con esta publicación. Va a ser la primera vez que publiquemos poesía.

sábado, febrero 15, 2014

Un sueño de Masotta

Antes de leer mi homenaje a Freud, quisiera referirme a un incidente de mi propio psicoanálisis. En un sueño que tuve pocos días atrás aparecía la espalda tersa y bronceada de una mujer en la playa, arena ardiente donde se deslizaba mi deseo. Las asociaciones me condujeron a la última vez que estuve con mi amigo Lito, en 1964, en una pileta de natación cercada de alambres, junto a una de nuestras sucias playas del Río de la Plata. Mi amigo, sociólogo argentino, se halla encerrado hoy en una soleada cancha de fútbol en Santiago de Chile.
Epígrafe de la conferencia "Sigmund Freud y la fundación del psicoanálisis" (1973) de Oscar Masotta (en Ensayos lacanianos, Buenos Aires, Aguilar, 2008, p. 165).
Ese epígrafe de Masotta en su conferencia sobre la teoría freudiana da cuenta de los secretos vínculos entre el sueño y la historia. Se trata de un fragmento poético (está la imagen onírica de la playa, está la posterior estampa costumbrista) pero también de denuncia (está la última afirmación sobre el encierro de su amigo y la denuncia de esa situación) que funciona como umbral para adentrarse en los vericuetos de la teoría psicoanalítica y su abstracción. Masotta construye un puente analítico-discursivo entre la historia y el psicoanálisis en este epígrafe. Arma la serie, busca las asociaciones, para ir del sueño hacia lo real.
Sin embargo, la referencia al golpe de Estado contra el presidente chileno Salvador Allende se extiende a lo largo de los primeros párrafos de la conferencia. Masotta propone un entrecruzamiento entre sus preocupaciones disciplinares y el contexto socio-histórico. Me interesa esa capacidad del autor de Sexo y traición en Roberto Arlt de teorizar, con clara conciencia del marco socio-histórico en el que emprende su discurso. Esa necesidad de un discurso con fisuras, como adelanta por la negativa en las primeras líneas, para hablar de Freud en medio de una "convergencia de azares" que parece medirse en términos "de tiempo y de sangre". Van entonces los primeros párrafos:
La peculiaridad de esta coyuntura histórica dentro de la cual se nos ha encargado celebrar la sin duda extraordinaria figura de Sigmund Freud, dificulta la continuidad de un discurso que hubiéramos deseado sin fisuras. No podríamos ser nosotros, sin embargo, quienes reivindicaríamos lo negro del texto contra las cadenas quebradas. Contra una moral de lo mismo, siempre presta a reaparecer, no hay que cejar en responder que una silla no es una silla así como lo negro del texto no es lo negro del texto. 
Pero la historia es algo más que el relato del pasado y lo negro de nuestro texto se tiñe con la sangre de un presidente muerto. Se lo ve: hay aquí una convergencia de azares cuya necesidad pareciera medirse en términos de tiempo y de sangre. Pero esta aparente paradoja que surge de una errada confrontación de ambos no está hecha —debiéramos tranquilizar nuestros espíritus excitados— para desorientar a quienes marchamos hacia la práctica y la teoría del psicoanálisis, puesto que hemos probado que de ella venimos. ¿La bolsa o la vida? No es difícil darse cuenta, en efecto, que si uno elige según su bolsillo, se quedará —de acuerdo con una sorprendente lógica que no es sino la del inconsciente— sin la bolsa y sin la vida. Por otra
parte, y que yo sepa, Freud jamás tomó partido por ese lado de regulador homeostático de lo que llamó principio del placer. Tampoco debiéramos hacerlo nosotros, puesto que si se elige la vida, el termómetro cae a cero.
Tal coyuntura es un nido de víboras. [...]
La conferencia completa se puede leer acá.

viernes, febrero 14, 2014

Una tarea nada fácil

El paradigma de seguridad implica que cada disenso, cada intento más o menos violento de derrocar el orden, se vuelve una nueva oportunidad para gobernarlos, y por lo tanto le es redituable. Esto es evidente en la dialéctica que une estrechamente terrorismo con Estado en un interminable círculo vicioso. Comenzando con la Revolución Francesa, la tradición política de la modernidad ha concebido los cambios radicales en la forma de un proceso revolucionario que actúa como pouvoir constituant (poder constituido), el "poder constituyente" de un nuevo orden institucional. Creo que debemos abandonar este paradigma e intentar pensar algo así como un puissance destituante, un "poder puramente destituyente" que no puede ser capturado en la espiral de la seguridad.
En el blog Lobo suelto, se puede leer esta ponencia de Agamben, "Por una teoría del poder destituyente". La tradujeron Gerardo Muñoz y Pablo Domínguez Galbraith. El texto es interesante, un mash-up de hipótesis tomadas de Desnudez y de Estado de excepción. ¿Desde dónde pensar la política que viene?

miércoles, febrero 12, 2014

los matices del gris

Primera entrega: la escritura es un hecho atómico (sobre hecho atómico ediciones)

Va la segunda entrega sobre editoriales independientes. En este caso, se trata de 17grises editora (web, facebook, twitter). Las respuestas son del editor y crítico Maximiliano Crespi.


GC: ¿Por qué la editorial se llama "17grises"?
MC: Ese nombre lo eligió Guillermo Goicochea, mi compañero en este proyecto. Está tomado de cierta elaboración científica según la cual, entre el blanco y el negro, el ojo humano es capaz de percibir 16 tonalidades del gris. La idea era no conformarse ni siquiera con esa pluralidad. Entonces agregamos en un imposible, el gris imaginario. La suma da los 17grises que están en el nombre de la editorial.


GC: ¿Qué criterios utilizan para armar las colecciones Literal/imaginaria y Lindante/ensayos críticos? Es decir, ¿cómo es la literatura y la crítica literaria en 17grises?
MC: Esos dos aspectos, y siempre dependiendo de las finanzas, Guillermo me los ha confiado un poco irresponsablemente a mí. Digo eso porque yo no soy un editor. No tengo ojo de editor. Soy un crítico que lee manuscritos y recomienda experiencias literarias o críticas (muchas veces todavía no fueron pensadas como libros ni siquiera por los autores). A cambio de eso trabajo mucho con los escritores, durante todo el libro y en la medida de lo que considero necesario en cada caso. Hay libros que se han escrito dos o tres veces por completo para llegar a las versiones publicadas pero hay otros en que la corrección se detuvo ya fuere por eventualidades de fuerza mayor, cortocircuitos varios o porque tuve la sensación de que en ese trabajo no se estaba ganando nada.
Los primeros son aquellos con los que más me parece que se identifica a la editorial. Ahí tenés a Can solar de Carlos Godoy, Hombres hechos de Mariano Granizo, Bailando con los osos de Fernando Krapp, en narrativa; Literatura argentina y otros combates de Marcelo Méndez o Ausencia de té de Karen Garrote en el género ensayo.
Los segundos, que lamentablemente salieron sin el trabajo que yo hubiera querido por diferentes razones, me hacen sentir un poco en deuda con sus autores. Si fuera un editor serio nunca diría esto pero, bueno, soy ante todo un lector y me parece que, por ejemplo, En los márgenes de Ignacio Molina no tendría que haber sido publicado.
Después, hay libros que llegan ya armados y la convicción de los autores sobre lo que son detalles, con los que uno no simpatiza, se impone sobre la determinación del editor. Entre ellos yo me siento muy orgulloso de haber podido editar Rodolfo Walsh no escribió Operación Masacre de Sebastián Hernaiz; y entiendo –aunque no necesariamente comparto– las razones y la perspectiva teórico crítica en que está pensado un libro como Escrituras past de Juan Mendoza. Por eso también puedo publicar libros tan disímiles en términos de apuesta estética como Al pie de la letra de Mario Ortiz, El tango que bailás conmigo de Matías Castelli, El sistema del silencio de Valeria Tentoni o Periodismo de Sonia Budassi. Ahí se ven los matices del gris, en la convivencia de estéticas y configuraciones ideológicas diversas.


GC: En sus primeros años, la editorial marcaba un lugar de partida: Bahía Blanca. ¿Por qué lo hacían? ¿Sigue siendo un factor importante para el proyecto?
MC: El proyecto nació en Bahía Blanca. Guillermo y yo nos formamos allá. Y en una reunión –quizá demasiado públicamente– hicimos alarde de que podíamos hacer algo más o menos serio pero con alguna proyección. Empezamos, como casi todas las editoriales jóvenes, publicando nuestros propios libros o libros de autores locales que nos parecían interesantes. Con el tiempo el proyecto fue cobrando fuerza y el Proyecto Bicentenario, visto a la distancia, fue el techo de lo que a nivel editorial podíamos seguir haciendo en el pago chico. Ahí editamos y reeditamos prácticamente a todos los autores representativos de la ciudad o viajeros célebres que decidieron pasar un tiempo en ella: Roberto Payró, Ezequiel Martínez Estrada, Vicente Fatone, Enrique Banchs, Eduardo Mallea, Héctor Ciocchini y Jaime Rest; pero también los jóvenes (ya no tan jóvenes) “Poetas Mateístas”: Mario Ortiz, Omar Chauvié, Marcelo “El Negro” Díaz y Sergio Raimondi. Después de eso, en Bahía sólo nos quedaba bajar. Así que un poco temerariamente bien o mal nos sumamos como otra voz desafinada al coro fervoroso de las pequeñas editoriales argentinas. Bahía Blanca sigue siendo importante en la medida en que, como decía Benjamin, en el origen está el destino.

GC: ¿Qué publicaron en 2013 y qué esperan publicar este año?
MC: En 2013 publicamos Bailando con los osos, el libro de relatos y alucinaciones de Fernando Krapp. Pero también publicamos dos libros que casi no han circulado todavía.
El primero de ellos, Los límites de las imágenes, es un volumen colectivo dirigido por Diana Ribas, especialista en Historia del Arte, que reconstruye la historia política y social de Bahía Blanca desde la trama lábil de las experiencias estéticas y culturales de la ciudad desde su fundación a la fecha. Es un libro potente y preciso que conjuga lúcidos momentos de reflexión teórica sobre políticas de lo minoritario y minuciosos análisis de estudio cultural.
El segundo es uno de esos libros que se editan como se escriben: para honrar el trabajo y la profesión de fe: Marx manuscrito, que compilamos junto a Maximiliano Lagarrigue y José Taurel Xifra. Ese libro tiene que ver con una interesante experiencia de estudio y lectura realizados por el Colectivo de trabajo Intelectual “Materiales”. No voy a decir nada del libro porque me parece que bien se defiende solo. Diré que nadie lee a Marx en serio en estos días. Se lo rechaza o se lo reduce a la versión aguada en que lo deglute el progre-populismo. Ese libro es un intento de evitar esas orillas miserables y acaso por eso mismo pase desapercibido. Es más divertido leer a Carrère, y exige menos de nosotros mismos.
Para 2014 proyectamos bastante. Está saliendo de imprenta La insecto, el mudo y el machaco de Julián Urman, una novela desesperada y delirante cuyo tema central es el desafío de inventar al otro. Y ya estamos preparando La fe de los pasajeros, el segundo libro de narrativa de Carlos Godoy y también Muñeco la opera prima de Ariel Shalom. Apostamos de nuevo a lo nuevo: vida intensa, muerte joven, cadáver exquisito.

lunes, febrero 10, 2014

Walsh y Rozenmacher (1)

En los diarios de Rodolfo Walsh, Ese hombre y otros papeles personales (De la Flor, 2007 / Edición preparada por Daniel Link), hay dos menciones de Germán Rozenmacher. La primera de ellas aparece en una entrada del diario de 1970 en la que Walsh cuenta sus vicisitudes como redactor en la revista Siete días. Justamente en esa redacción se cruza con Rozenmacher, quien había cobrado notoriedad por una entrevista realizada a un comisario uruguayo (de apellido Otero, apodado "el cazador de tupamaros"). La narración del encuentro y el estilo de Walsh tienen su encanto: describe al otro con tres adjetivos, presupone que el otro se intranquiliza ante su presencia, ambos se espejan en una búsqueda literaria y política. Va, entonces, la primera mención de Rozenmacher en los diarios de Walsh.

Jueves 4 de febrero, 70

[Walsh escribe sobre la redacción de la revista Siete días durante 1970]
[...]

Después aparece Germán [Rozenmacher]. Tostado, deportivo, más delgado.
—Así que estás ayudando a los tupamaros.
Sonríe.
—Pobre tipo. Ahora van a poner a uno peor.
Germán, con una sola nota, hizo saltar a Otero, el perseguidor de tupamaros1.
—Un personaje de Graham Greene —le digo.
Quiere hablar conmigo, hoy no porque tiene que terminar un trabajo. La cara le vacila, menciona la palabra "política", parece que quisiera sincerarse. Con Tito, Somigliana y Talesnik están escribiendo una obra de teatro sobre el peronismo2. Al principio pensaron en sketches separados, pero después la obra adquirió continuidad, integridad. Él escribió una parte en que un comisario peronista le dice a un militante peronista antes de torturarlo: "Vos sos peronista, yo también soy peronista. Vos tenés una carta de Perón, yo tengo otra carta de Perón. Vas a morir por zonzo", y le da a la picana.
Mi presencia tal vez intranquiliza a Germán. Hago lo posible por tranquilizarlo. Le digo que yo también tengo un cuento empezado, que se llama "El Hombre", donde digo cosas como ésas. Pero que no me decido a terminarlo, publicarlo. Entonces se anima:
–Esas cosas hay que empezar a decirlas —dictamina.
Firpo también está entristecido por el fin de Otero. Un buen tipo, dice.
Otero es un torturador, me ha dicho Gutiérrez, que es uruguayo.
La gente está llena de buena conciencia. Yo mismo estoy lleno de buena conciencia y propósitos de dignidad. Ya no sé ni emborracharme con alegría.
1 Se refiere a la nota "El cazador de Tupamaros" firmada por Germán Rozenmacher en Siete días, 3: 140 (Buenos Aires: 12 al 18 de enero de 1970). / Recopilada en Obras completas de Rozenmacher (BN-Jorge Álvarez, 2013).
2 Esa obra es El avión negro, escrita en colaboración por Rozenmacher, Roberto Cossa, Carlos Somigliana y Roberto Talesnik.

Fuente: Walsh, Rodolfo (2007): Ese hombre y otros papeles personales, Buenos Aires, Colihue, pp. 181-182.

jueves, febrero 06, 2014

Política de la ficción



Vía Facultad Libre de Rosario.

viernes, enero 31, 2014

la escritura es un hecho atómico

El mundo editorial es político. Es político porque encontrarle un nombre al proyecto es darle una identidad, una dirección, una intención. Es político porque confeccionar un catálogo, armar colecciones y decidir qué entra (qué no) y por qué es un modo de hacer visible ciertas escrituras, ciertos pensamientos. "Es político en la medida en que enmarca no sólo obras o monumentos, sino el sensorium de un espacio-tiempo específico, siendo que dicho sensorium define maneras de estar juntos o separados, de estar adentro o afuera, enfrente de o en medio de, etc. Es político en tanto que sus haceres moldean formas de visibilidad que reenmarcan el entretejido de prácticas, maneras de ser y modos de sentir y decir en un sentido común; lo que significa un "sentido de lo común" encarnado en un sensorium común" (Rancière hablando sobre la política de la estética). Por eso, me gustaba la idea de iniciar el 2014 presentando algunos proyectos editoriales, hacerles tres o cuatro preguntas y darles visibilidad y circulación. Un pequeño excursus por las políticas editoriales.


Empecemos con hecho atómico ediciones (twitter, fb, mail), quienes tienen mi entera simpatía por haber publicado a Fabián Ludueña Romandini (ya lo he citado en alguna ocasión) con un libro sobre Lovecraft: h. p. lovecraft. la disyunción en el Ser (pronto será leído y reseñado).
Las respuestas son del editor Emmanuel Taub.

GC: ¿Por qué la editorial se llama “hecho atómico”?
ET: La idea surgió desde una proposición del Tratactus logico-philosophicus de Wittgenstein. Sin embargo, había algo en la palabra que era atractivo más allá del significado propio que le había dado el filósofo a aquella expresión. No sólo en la sonoridad sino en la fuerza de la imagen de pensar la escritura como un estallido atómico, como una revolución del universo. Aquello me llevó a pensar que el devenir de la palabra y la escritura en el mundo era un “hecho atómico”. Más aún, la violencia de la palabra en un mundo mudo de lenguaje humano, es lo que termina transformando al mundo mismo para el hombre. Es más que una forma de expresión o comunicación, es la posibilidad de abrir el mundo y de formar parte de él. Un mundo que estaba y estará aquí a pesar del hombre. Escribir es un hecho atómico, rebelarse al lenguaje del tiempo y el espacio y de esa forma violentar la naturaleza. Es por ello que la filosofía que le da sentido al proyecto editorial se basa en esta idea: “la violencia de la palabra pueda hacer belleza de este mundo, la escritura es un hecho atómico”.



GC: ¿De qué modo piensan las relaciones entre filosofía, estética y literatura? ¿Qué criterios tienen en cuenta para armar el catálogo?
ET: Desde un primer momento la propuesta editorial se sostiene sobre el diálogo entre las disciplinas; más aún, sobre la idea de que no existe la filosofía, la estética o la literatura por sí mismas separadas una de la otra. En este sentido, la idea es romper con la construcción disciplinaria academicista que separa los nichos de conocimientos según parámetros de políticas universitarias y presupuestarias. Lo que quiero decir es que existe cada uno de estos ámbitos del conocimiento pero que no son entes separados, sino que estamos constantemente en diálogo, y esa es la única forma de construir un saber y una comunidad de conocimiento.
Frente a esta concepción del mundo de las ideas, la política editorial de Hecho atómico se sostiene justamente en priorizar aquellos textos que tengan la apertura de un estilo de ensayo y el formato de un tratado. Porque lo que tuvimos en mente antes de elegir los primeros textos, y los que siguen en la colección, es la idea de un determinado formato de libro. Justamente, no publicamos libros con más de cien páginas, y el foco está puesto a la calidad del texto y al cuidado del libro. De esta manera, la línea editorial se va construyendo según estos intereses y bajo un elogio de la rareza: queremos textos que digan algo, que apuesten por proponer formas, hipótesis, teorías, imágenes. Nuestro límite es material, y tiene que ver con la cantidad de páginas, en cuanto a las disciplinas, desde la filosofía hasta la literatura, desde la teoría estética a la ilustración, la fotografía, o el comic, trataremos de publicar todo lo que nos produzca deseo e inquietud de lectura.

GC: ¿Cuál es la apuesta en términos del libro como objeto?
ET: Hecho atómico se sostiene sobre una idea de libro como objeto y desde allí, para bien o para mal, como dije en la respuesta anterior, se elige o convoca autores para construir el catálogo. La idea es que creemos profundamente en el valor del libro y del papel. Y en el proceso de construcción del libro como objeto único. Es por ello que uno de los valores fundamentales de nuestros libros, además del cuidado que le ponemos a la edición, es que los libros son ediciones numeradas a mano. Cada libro es único. Nuestras ediciones son de quinientos ejemplares numerados y cada libro es el que hay y el que habrá. Creo que esa es una manera de darle un valor extra al objeto tan bello que es el libro, y una manera de pararnos frente a la velocidad del mundo. Un mundo que ha perdido el sentido de los artesanal. Queremos reivindicar el libro, la imprenta en el sentido artesanal del trabajo de dedicación. Pero artesanal en el sentido más bello de la palabra: artesanal como producto del trabajo, de uno mismo, junto a otros, y donde el producto final es el que se consigue. No somos parte de un engranaje: somos el engranaje, y las partes, y el resultado. El libro es un producto humano, tan humano que puede que nos termine constituyendo. El libro es tal vez el último refugio de humanidad; la humanidad misma. Cada libro es un mundo: apertura y fragilidad. El libro es una obra en sí misma, el resultado del trabajo entre el hombre y el mundo.

GC: ¿Qué libros publicaron hasta el momento y qué piensan publicar en 2014?
ET: Los primeros dos libros que han aparecido en la colección son: gilgamesh o del origen del arte de Marcelo G. Burello y h.p. lovecraft. la disyunción en el Ser de Fabián Ludueña Romandini. Además, en estas semanas estamos empezando a distribuir el nuevo libro, que por otro lado es nuestro primer libro de cuentos e ilustraciones; se llama otros cuentos y otros cuentos y es obra de Tobías Schleider, y viene con ocho ilustraciones especialmente preparadas para el libro de Alan Berry Ryhs. Para la segunda mitad del año estaremos publicando un ensayo sobre Aby Warburg y una traducción de una conferencia de él, un libro de fotografías preparadas también para el formato de la editorial y un ensayo sobre la mímesis. Igual, siempre seguimos en la búsqueda de nuevos títulos.

lunes, enero 27, 2014

Dos bocas (Santiago Dabove)

Entonces llegamos a un lugar donde la gente tenía dos bocas, una en la cara y otra en el vientre. Se sentaban en la mesa y cuando traían los manjares, sacaban de vez en cuando un trozo y se lo llevaban a la barriga.
Esta feliz disposición les permitía hablar y sonreír con toda cortesía mientras los vientres absorbían.
Esa gente decía que esto era una ventaja, pues palabras y sonrisas no se mezclaban tropezando entre grasas y sopas. Sus bocas chiquitas y de lujo estaban hechas para una función superior, pero no decían nada espiritual, quizá porque todo debe ser mezclado y con algo de salvaje hasta la verdadera elegancia.
Yo pregunté si lo que comía allí en la barriga era otra cabeza.
—No puede haber dos cabezas en un cuerpo, contestó un médico. Es una boca contra natura que hacemos a la gente elegante. también hacemos ano contra natura, para jóvenes sanos de buena sociedad.
—¿Cómo puede ser? ¡Es monstruoso!
—Para que usen el otro en funciones "estéticas".

Dabove, Santiago (1976): La muerte y su traje, Buenos Aires, Calicanto, p. 165.

jueves, enero 23, 2014

El escritor dios y las convenciones sin fin

El escritor dios (o semi dios) que encontró en la palabra escrita un medio para decir lo que quería decir, parecería condenado a no poder pensar los límites de toda convención como una pauta de eticidad: nunca más lejos de la poesía que es, antes que ninguna otra cosa, una única voz que nos habla.
Y no cuestionar los límites (mejor sobrepasarlos en beneficio de la ampulosidad de una "técnica"), representa, aunque involuntaria, una postura ética que a esta altura llena los estantes y amenaza sepultarnos en papel.
Tal vez por eso, por no haber pensado nunca en estos términos, a muy pocos les tiembla la mano (en cuanto dioses, o semidioses) frente a la disyuntiva de caer en la trampa donde quedará al descubierto, en última instancia, una actitud de vida: en cuanto la necesidad expresiva lo requiere nuestro poderoso buceador se mete, imprevistamente, en la cabeza de un personaje, recorre sus células y nos cuenta, desde ahí, lo que dicho personaje piensa en relación con lo que a él le preocupa para seguir adelante; o se mete deliberadamente en el corazón, y nos cuenta desde allí lo que el personaje siente; o de pronto se convierte en niño y habla como un niño (los traspirados esfuerzos de la verosimilitud), en una mujer adúltera y habla como mujer adúltera, en un viejo ferroviario y habla como un chico que es una mujer adúltera jubilada que sigue sin darnos la menor noticia del desopilante pretidigitador escondido detrás de una máquina de escribir.
Así, entre el cartón y las convenciones sin fin, nunca falta -en las buenas novelas- alguna descripción del paisaje, sobre todo como presentación de capítulo o descanso dramático, nunca falta la corroboración de un fenómeno meteorológico tal cual, el personaje que abre la puerta y entra vestido con esa ropa y entonces se encuentra de lleno con el otro personaje con el que a su debido tiempo hablará, impunemente, telefónicamente y hasta que sea necesario, de las cosas que piensa el que está aburrido detrás de la máquina.
La lista de convenciones flagrantes, inadmisibles como simplificación y como actividad real de un hombre, es demasiado larga. Se la sabe larga y tediosa cuanto más grande es la necesidad de limitarse (como autor, como lector) a fin de reconocer en la página escrita el significado de nuestra situación como hombres, una situación sin atenuantes. Por eso que no puede ser reducido a un problema técnico; se trata de un problema ético, mucho más complejo en la medida que se reconoce la complejidad y riqueza del instrumento que se tiene y se desprecia: el lenguaje.
Sánchez, Néstor (2013): "Márgenes" (1969) en Ojo de rapiña: monólogos sobre una experiencia de escritura, Buenos Aires, Editorial La Comarca Libros, pp. 26-28.

viernes, enero 17, 2014

Florida y después


El bajo porteño que recorrí en mis veintitantos tenía ese hálito, procesado de otro modo, con cierta angustia, desconcierto y haciendo del placer una forma de resistencia. Poniendo bombas intracapilares, criptomenemistas, que trataban de sabotear un “relato” de otra forma. Tomando lo que la corrupción desmedida (que nos vendía Página/12, del que éramos acérrimos lectores) y la vulgaridad sin colador, disfrazada de “apertura económica”, nos ofrecía para el goce (vinos, habanos, libros y CDs importados), pero dotándolo de un sentido subversivo. El placer crítico de la productividad elogiada y el desguace era un arma política, ahora se ve más claro. Todo era una forma de resistencia hedonista a la uniformidad (que no llamaría “neoliberal” por ser un cliché), al gestionismo frívolo y el economicismo rampante, a la reducción al número (uno a uno), a la avispa presidencial, al humor barato y pretendidamente “transgresor” del conductor canchero de turno. Nadie creía en ello. No era apoliticismo porque se hablaba de política entre amigos pero con otra retórica y modos, quizá más sofisticados o menos exhibicionistas que los de hoy. Era una política no partidaria ni de trincheras (moneda corriente estos días) que no caía en el cinismo de “dar la vida” por una militancia falaz que termina, a la vista está, en contrato, robo, omisión, caja o beca: un aparato del Estado paquidérmico e hipócrita al cual muchos someten su libido. Hay poca erótica fuera de esa sumisión estos días.
Un ensayo-crónica de LDF, "El bajo, un estado de ánimo" en donde la calle Florida y sus alrededores como plano espacio-temporal sirven para pensar las modas culturales pero también las políticas de deseo. Más allá del acuerdo o no con la perspectiva del filósofo cronista, es un texto que habilita una reflexión intertextual (está ahí el cruce productivo entre Ezequiel Martínez Estrada y Héctor Libertella, entre Néstor Perlongher y Soda Stereo) sobre una zona urbana de flujos deseantes. No pude evitar pensar en el capítulo de Aquí América Latina (Eterna cadencia, 2010) de Josefina Ludmer en el que la autora y Libertella recorren la ciudad de Buenos Aires reflexionando sobre los tiempos yuxtapuestos: (cf. Agamben): "Y entonces cada punto de la ciudad pero también cada sujeto, cada idea, cada imagen… es y contiene su historia, sus formas anteriores y sus pasados yuxtapuestos". En fin, lean y disfruten del texto de LDF sobre el bajo porteño.

jueves, enero 16, 2014

Un pequeño paso...

Abro sucursal en Twitter:




Al infinito y más allá!

lunes, enero 13, 2014

Los libros de Gaiman


Hace unos años, pongamos 1999 o 2000, en una casa de historieta efímera (ya no existe) en la ciudad de Miramar, me encontré con las novelas de Neil Gaiman. Iba buscando algún comic de Spawn pero en vidriera me llamó la atención un libro escrito entre Gaiman y Terry Pratchett (cuyas historias en Mundodisco había comenzado a devorar), Buenos presagios (Good omens). Recuerdo que primero compré ese, una novela cómica entre ángeles, demonios y carreteras yanquis, y la antologia de relatos The Sandman: book of dreams, compilada por el autor de la saga y por Ed Kramer (allá lejos y hace tiempo, cuando inaugurábamos este blog con mi amigo Pablo, subí unos fragmentos del genial prólogo, escrito por Frank McConell, sobre la necesidad de dioses). Luego, llegaría el turno de la novela de ciencia ficción Neverwhere, en la que Gaiman plantea un mundo subterráneo degradado y oscuro.
Los años pasaron y más allá de la insistencia de otro amigo, no volví a acercarme a la literatura de Gaiman (aunque sigo deseando conseguir y terminar la saga de The Sandman, una obra maestra de la cultura escrita). Me entero por esta nota de Mariana Enriquez que sus últimas novelas y libros para chicos empiezan a circular por las librerías argentinas y no puedo más que celebrarlo (y ahorrar peso por peso para adquirir American Gods, que parece que se las trae): 
En todas las fantasías de Gaiman, por más oscuro que sea el mundo y terrible lo que se tiene que enfrentar, el protagonista escapa, o encuentra las herramientas para hacerlo. Escribía en The New Statesman Laurie Penny: “Los libros de Gaiman suelen seguir una estructura básica. Debajo de la superficie hay otro mundo oscuro y la gente común –gente sola, perdida– pueden encontrar el camino hacia allí si son muy valientes o tienen suerte. La puerta mágica en la pared que te saca de tu vida y te lleva a otra. Gaiman ha perfeccionado la fórmula y nadie lo hace mejor. No es una sorpresa que sus lectores lo amen como una droga. Otros escritores de fantástico y novelistas gráficos contemporáneos de Gaiman –Warren Ellis, China Miéville, Alan Moore– tienen una agenda política. Pero aparte de cierta militancia por los derechos de la comunidad lgbt, el trabajo de Gaiman es puro escapismo, y eso quizá lo hizo tan popular en los ’90 y en los 2000: un tiempo en que a la gente se le permitía soñar sobre diferentes vidas pero no sobre cómo cambiar la propia. Fueron los años en que los jóvenes necesitaban historias para sobrevivir. Todavía las necesitamos...
A Gaiman no le molesta que su ficción sea considerada “escapista”. Dice, citando a Tolkien, que los únicos que están en contra de escapar son los carceleros. Y agrega: “La gente me suele preguntar: ¿cómo se siente acerca de que lo que escribe es fundamentalmente escapista? Y yo respondo que, para mí, no hay nada malo con querer escapar. Alguien que está en una situación imposible y a quien se le abre una puerta por la que se puede ir, y se puede ir de una manera genuina, y en ese irse puede aprender cosas y juntar una armadura y conocimiento y armas para que, cuando vuelva a la prisión, sea una mejor prisión. Eso es algo bueno. Eso nunca puede ser algo malo”.

lunes, diciembre 30, 2013

Polvo de estrellas (sobre Ball boy de Tatiana Goransky)



Aclaración: la nouvelle reseñada se enmarca en un proyecto editorial-cultural al que vale la pena seguirle el rastro: Exposición de la actual narrativa rioplatense. Se trata de una serie de libros breves de autores y autoras rioplatenses con tapas realizadas por artistas plásticos. Los libros pueden comprarse en papel en un precio módico o bajarse del blog de la Exposición de forma gratuita, en PDF. Ya comencé con la lectura de algunos títulos de este proyecto por lo que intentaré reseñar otro más para dar y tener un panorama. 

1. Hay una canción del grupo Superhéroes titulada "El que está al lado del cantante de Los Piojos", en la que se intenta crear empatía hacia esas figuras fantasmales que forman parte de una banda pero que quedan relegadas por el fulgor de las estrellas centrales del escenario. Un movimiento similar realiza la escritora Tatiana Goransky en su última nouvelle Ball boy (tragedia en polvo de ladrillo) (Milena Caserola - El 8vo loco, 2013). El relato se enfoca en los ball boys y ball girls, chicos y chicas que dedican sus cuerpos al desplazamiento en los márgenes de las canchas de tenis, opacados por deportistas monstruosos como Roger Federer, Rafael Nadal o Juan Martín del Potro. En este relato, asistimos a la rutina de Manuel: un ball boy que pasa sus días ejercitando su cuerpo, siguiendo los partidos del torneo de Roland Garrós, repasando el Código universal del buen Ball boy. Sin embargo, Manuel no está solo. Compite por ser el ball boy elegido (si no hay competencia, no hay deporte): su contrincante fundamental es Micaela, una chica de 12 años, 8 años menor a Manuel. Goransky logra crear un mundo para los ball boys (como el de los jockeys en aquel capítulo de Los Simpsons) con su lógica interna (es elocuente y básica la explicación de los bases y los nets que abre el relato), su competencia feroz, sus lemas repetidos hasta el hartazgo ("Piensen tenis", les dice Danny, el entrenador).

2. En El enigma de París (2007), Pablo de Santis escribe un relato policial clásico que, entre otros aspectos, retrata la relación entre el detective y su ayudante, enfocando en el segundo, quien sólo parece existir para constatar con asombrada ingenuidad las deslumbrantes deducciones del primero. En Ball boy, es la relación entre los tenistas y sus ayudantes en cancha la que replica esa subordinación: ¿no son acaso los ball boys los encargados de llevar y traer las pelotas para que el partido se desarrolle con dinamismo? ¿no son figuras fantasmales que se pierden en los márgenes del polvo de ladrillo, siendo apenas percibidos por los espectadores? ¿no son los eternos ensombrecidos frente a la luz encandilante de las figuras deportivas? Manuel es un ball boy pero no se conforma con eso: quiere ser EL ball boy (vive y a la larga se desvive por ello). A diferencia del ayudante de detective, Manuel no quiere ser tenista (incluso desperdicia todas las oportunidades de serlo): elige la sombra de las redes, las toallas sudadas, la posibilidad de ser el ball boy ideal del tenista ideal, Roger Federer. La relación fetichista y obsesiva entre este ball boy y su tenista soñado da cuenta de cómo fanáticos y objetos de fanatismo son también un tema predilecto para la tragedia.

3. El relato se enmarca en un contexto cronológico cuidado por la construcción narrativa de Goransky: mayo-junio de 2009, tiempo del torneo internacional Roland Garrós pero también tiempo de la gripe H1N1, la gripe porcina. Así, lo que podría volverse pura rutina se degrada entre barbijos y epidemia, fixture tenístico y cobertura mediática. Ese contexto socio-histórico se enlaza con otro: el contexto personal-familiar de Manuel. La convivencia y el pasado de Dorota, la abuela; las cajas de recortes sobre tenis y los equipos usados, que conservan el olor corporal de cada jornadas; y los cruces con los demás vecinos del edificio enmarcan el día a día del ball boy. En este sentido, Ball boy escapa al cuadro de costumbres para volverse un relato trágico (ahí está el pasado acechando, ahí está la enfermedad contagiándose) que por momentos cobra visos de ciencia ficción distópica.

4. Tatiana Goransky, la autora de Ball boy, es una narradora, en el sentido clásico del término. Ya lo había demostrado en Don del agua (Gárgola, 2010) con una novela de aventuras pero también familiar de tema excéntrico: la rabdomancia. Goransky cuenta historias, teje tramas, sin dejarse arrastrar por las modas de la literatura argentina actual. Más que realismo, en estos relatos se trata de peripecias (de aventuras en Don del agua, de tragedia en Ball boy), evitando el giro autobiográfico y la experimentación forzada. 

5. Ball boy de Tatiana Goransky es una muestra de cómo contar, en pocas páginas, una efectiva historia de obsesiones en un clima trágico-apocalíptico, sin perder de vista la trama y evitando el costumbrismo. Se puede bajar, leer y compartir de forma digital y gratuita de acá.

martes, diciembre 24, 2013

La fiesta del caos

Fue entonces cuando me decidí a organizar mi primera fiesta realmente caótica. Ante todo, los lacayos tenían orden de no conducir a los invitados directamente al gran salón, sino a las diversas dependencias del palacio, cada uno a un lugar distinto: al cuarto de las lámparas, a la cocina, al dormitorio de una mucama en el último piso, a la capilla, al gallinero. Allí los dejaban, que se arreglaran como mejor pudieran. Para los que a pesar de todo lograban llegar al gran salón, donde ni yo ni nadie de la familia los esperaba, la orquesta debía tocar piezas de baile que empezaban normalmente, para volverse cada vez más lentas, hasta un punto en que el baile se hacía imposible. Los criados ofrecían atrayentes refrigerios, en las tradicionales bandejas de plata, que luego resultaban ser —pero no siempre, porque entonces no habrían causado tanto efecto— sándwiches de gusanos, albóndigas de aserrín, o bocadillos con tajadas de víbora. Además circulaban por los salones labradores y mozos de mercado, con sus ropas de trabajo, y una multitud de obreros que efectuaban reparaciones en las puertas, los techos y los muebles de las habitaciones, sin preocuparse por la presencia de la flor y nata de nuestra aristocracia. En los jardines hice instalar además una cantidad de trampas: pozos disimulados con hojas, lazos atados a las puntas de los árboles, jaulas como cenadores que se cerraban apenas entraba en ellas la pareja adúltera deseosa de aislamiento.
La fiesta en cuestión fue un gran éxito; superado el primer momento de desconcierto, los invitados se entregaron a la exploración del caos con renovadas energías y —exceptuando claro está a los más ancianos y a los hipócritas, que se retiraron en seguida— tanto se divirtieron que era ya de día cuando hubo que echarlos con mangueras y regaderas, porque no se querían ir. Pero yo, en cambio, no estaba plenamente satisfecho del resultado: me parecía que al fin de cuentas se había tratado de una fiesta un poco más movida que las anteriores, y nada más. Nada, en verdad, que pudiera compararse con un verdadero caos. Debía refinar mis métodos, aplicar en mayor escala mi ingenio; debía, sobre todo, convertir a los infieles: no era admisible que los huéspedes se volvieran a sus casas, a proseguir la existencia ordenada de todos los días. Debía introducir el azar hasta el fondo mismo de sus vidas.
Wilcock, J. R. "El caos" (1960). Se puede leer completo acá en el libro de cuentos El caos (1974).
 

Blog Template by YummyLolly.com - Header Image by Vector Jungle