domingo, junio 14, 2009

Torcidos y humanos: literatura argentina mutante (Elvio E. Gandolfo)

Tanto en el cine como en la literatura estadounidense, sobre todo por la abundancia de los géneros (fantástico, de terror, etc.) los freaks como fenómenos de feria abundan. Aparte del film de Browning, basado en "Espuelas", un relato de Robbins, cuyo nombre de pila curiosamente ("freakishly") también era Tod, pueden mencionarse La feria de las tinieblas de Bradbury, Amor profano de Katherine Dunn, o El circo del Dr. Lao de Charles Finney en los libros, o numerosos films de terror con dementes deformes en el altillo o en los carromatos de ferias ("carnivals") itinerantes.

Los textos o films directamente relacionados con ese aspecto escasean en cambio en la literatura o el cine argentinos. Más bien hay que buscarlos en los entresijos de obras globales dedicadas a temas menos laterales, a investigaciones menos caprichosas, menos "freakish", sobre el Ser Nacional. Aunque hay excepciones, tanto personales como textuales.

De los deformes

El autor más conectado con el tema es Roberto Arlt. Aún hoy, a más de medio siglo de su muerte (para regocijo de editores en busca de títulos libres de los derechos de autor), sigue siendo una presencia incómoda, típicamente freak dentro de la galaxia de nombres "puestos" de nuestra literatura. Lo es sobre todo por su estilo, y por la forma en que plantó conscientemente su perfil en el momento mismo de aparición de su obra. Aguerrido, brusco, decidido a dejar su marca, a no ser alguien a quien "únicamente leen correctos miembros de sus familias", estaba en los antípodas no sólo del "escribir bien" del momento, sino también de la idea del escritor posterior que subsiste -a la americana- de becas, subsidios o prestigio traducido en adelantos de derechos. Se jactaba de escribir "siempre en redacciones estrepitosas, acosado por la obligación de la columna cotidiana", y transformaba esa presión que muchos tomarían como infierno en una reivindicación de la "prepotencia de trabajo", de un estilo.
Fue además de los pocos en hablar sin pelos en la lengua sobre los freaks en su sentido más tradicional: el de deformes o marcados físicamente. Su posición anímica ante ellos no podía ser más clara. Ya en el comienzo de su primera novela, El juguete rabioso, el narrador en primera persona trabaja para un librero rengo al que define así: "Era cargado de espaldas, carisumido y barbudo, y por añadidura algo cojo, una cojera extraña, el pie redondo como el casco de una mula con el talón vuelto hacia afuera". Después se apresuraba a agregar: "Cada vez que le veía recordaba este proverbio, que mi madre acostumbraba a decir: 'Guárdate de los señalados de Dios'".
El título de uno de sus cuentos evoca de inmediato al freak paradigmático: "El jorobadito". Como el personaje es central, el narrador se siente obligado a explicar un poco más su posición que en la novela: "Recuerdo (y esto a vía de información para los aficionados a la teosofía y la metafísica) que desde mi tierna infancia me llamaron la atención los contrahechos. Los odiaba al tiempo que me atraían, como detesto y me llama la profundidad abierta bajo la balconada de un noveno piso". Para justificar su odio, el jorobadito, al que ha rebautizado Rigoletto, es en su visión un perfecto hijo de puta insolente, que reclama para sí cuidados y mimos dignos de un príncipe. El intento de ponerle límites no funciona: "Inútil era que prometiera zurrarle la badana o hacerle salir la joroba por el pecho de un mal golpe". Increíblemente, previsiblemente, el narrador introducirá al monstruo en el círculo familiar de la novia, para a) humillarla, b) desatar una situación incontenible, c) poder matarlo. Es el proceso que suelen seguir algunos cuentos de Poe, como "El gato negro", donde la gratuidad del odio a otro ser justifica la intensidad feroz, casi cómica, del estilo aún más que de las acciones.

De la mirada social

El freak no es un monstruo de la mitología, no es alguien simplemente "raro", y muchas veces depende de la mirada de otro grupo que comparte rasgos semejantes de "normalidad" para quedar marcado. Arlt adelanta esa mirada en "Las fieras", un cuento donde se sumerge o cae desde su normalidad a un grupo de dejados absolutos de la mano de Dios, las "fieras" del título: "Los hombres perdidos, ladrones y asesinos y mujeres que tienen la piel del rostro más áspera que cal agrietada". Gente que está a miles de kilómetros de la novia a la que se dirige el relato, a quien le pronostica con cariñoso desdén: "Tú te casarás algún día con un empleado de banco o un subteniente de la reserva". Este desdén no es burla, y la burla tampoco cae, como con el jorobadito, sobre "las fieras". Porque el que narra ya es, cuando comienza a hacerlo, una fiera más.
Muy distinto es el caso de Julio Cortázar, cuando en uno de sus viejos cuentos, "Las puertas del cielo", el protagonista visita un bailongo popular. Allí el hombre la ve tan de afuera que hasta lleva registros de cinógrafo: "En mis fichas tengo una buena descripción del Santa Fe Palace", escribe. Pero su actitud es muy distinta a la del científico, cuando comienzan a llegar los asistentes, la pluma, impulsada por el temor y la distancia respecto de la humanidad de lo que ve, se le vuelve tan estremecida como la de un Lovecraft.
Su mirada social transforma a la gente en freaks, en monstruosidades, proceso reconocido con insólita claridad: "Me parece bueno decir aquí que yo iba a esa milonga por los monstruos, y que no sé de otra donde se den tantos juntos. Asoman con las once de la noche, bajan de regiones vagas de la ciudad, pausados y seguros de uno o de a dos: las mujeres casi enanas y achinadas, los tipos como javaneses o mocovíes, apretados en trajes a cuadros o negros, el pelo duro peinado con fatiga, brillantina en gotitas contra los reflejos azules y rosa, las mujeres con enormes peinados altos que las hacen más enanas, peinados duros y difíciles de los que les queda el cansancio y el orgullo". Por un instante, en un paréntesis, trata de recobrar la precisión científica, pero en realidad para privarlos aún más de humanidad, de rasgos de unión con los "normales": "Para una ficha: de dónde salen, qué profesiones los disimulan de día, qué oscuras servidumbres los aíslan y disfrazan". La descripción del baile propiamente dicho admite la fascinación ("Van a eso, los monstruos se enlazan con grave acatamiento, pieza tras pieza giran despaciosos sin hablar"), pero la conciencia de los cuerpos lo devuelve al asco: "No se concibe a los monstruos sin ese olor a talco mojado contra la piel, a fruta pasada, uno sospecha los lavajes presurosos, el trapo húmedo por la cara y los sobacos, después lo importante, lociones, rimmel, el polvo en la cara de todas ellas, una costra blancuzca y detrás las placas pardas trasluciendo".
No se acercan al tono inestable del freakismo, en cambio, el axolotl que intercambia de puesto con el observador humano, ni el muchacho en motoneta que se cruza en el tiempo con un sacrificado en un altar azteca. Son sutiles extrañezas conceptuales, abstractas, cambios de identidades en las que no interviene el cuerpo. En cuanto a "Circe", la siniestra dama de barrio que da bombones repulsivos a los novios, es más una parábola de la histeria o un caso psicológico que una auténtica freak. De hecho, en un enorme porcentaje, la literatura escrita en Argentina, sobre todo en Buenos Aires, tiene como freak mayor, desde lo más grosero a lo más metafísico, a la mujer, un Otro visto como enemigo temible con la misma sistematicidad con que la ciencia ficción suele ver a los alienígenas. Tema demasiado amplio, sin embargo, para los límites de extensión y tono de esta nota.

De la conjunción y el amor.

Otro freak cortazariano aparece sin embargo con claridad en Rayuela: la vieja pianista Berthe Trépat. En un momento de suspensión de actividades Oliveira entra a un teatro y después de una introducción ridícula freak, por parte de un gordo, aparece la dama: "Lo que seguía era rígido y ancho a la vez, una especie de gorda metida en un corsé implacable. Pero Berthe Trépat no era gorda, apenas si podía definírsela como robusta. Debía tener ciática o lumbago, algo que la obligaba a moverse en bloque, ahora frontalmente, saludando con trabajo, y después de perfil, deslizándose entre el taburete y el piano y plegándose geométricamente hasta quedar sentada". Ese semimonstruo cubista es acompañado por Oliveira después del supuesto show, y se establece entre los dos una delicada tensión erótica no resuelta, mientras recorren las calles nocturnas.
Es cierto que podría ser apenas una loca desesperada por una caricia o un contacto: "-Oliveira... Des olives, el Mediterráneo... Yo también soy..." trata de definirla, como un modo de alejarse, imaginando un doble o doppelganger que "andaba por el barrio latino arrastrando a una vieja histérica y quizá ninfomaníaca". Pero es evidente que el patetismo, tono anímico que provoca el freak con frecuencia de Frankenstein en adelante, se basa sobre todo en lo físico: "Por momentos se metía un dedo en la nariz, furtivamente y mirando de reojo a Oliveira para meterse el dedo en la nariz se quitaba rápidamente el guante, fingiendo que le picaba la palma de la mano, se la rascaba con la otra mano (...) y la levantaba con un movimiento sumamente pianístico para escarbarse por una fracción de segundo un agujero de la nariz". Como están solos, como no hay otras miradas, ni grupo (varias gordas como Berthe Trépat juntas espantarían en vez de intrigar a Oliveira), como es noche, está a punto de pasar algo, de establecerse una conjunción, un contacto de cuerpos. Ese tipo de cruces afectivos o sexuales, del humano y del freak distinto, deforme, es menos común aún que con animales, aunque autores argentinos menores, basados en Trépat, los ejecutaron, con torpeza, por no pensar en la dificultad de lo expresado. En uno de sus pocos ejemplos de tratamiento del tema, Adolfo Bioy Casares escribió un relato, "La sierva ajena", que es a su vez un freak literario dentro de su propia obra. Todo el prolongado comienzo parece escrito por un Bustos Domecq un poco más cercano a la ironía social que a la literaria o surreal. Despistes, apuntes costumbristas de la clase alta, apartan del tema, que tarda mucho en llegar. Cuando lo hace, no tiene nada que ver con el carreteo previo. Es un triángulo, pero grotesco, confuso y, en su cierre, infinitamente melancólico. Un "muchacho bien" se enamora de una mujer que vive en el Tigre y no lo deja entrar a su casa. Cuando lo hace (acción precedida por hechos extraños, como un bolso que parece moverse solo) descubre un triángulo. Flora tiene un amante pequeñísimo, casi una rata (incluso por la voz), con un nombre tan determinante como el Rigoletto del jorobadito arltiano: Rudolf.
Lo que sigue al descubrimiento es una descripción trizada, dolida (que fascina justamente por lo inconclusa, irregular, freak), de los engaños a los que lleva no tanto la traición como el amor. Como Urbina, el protagonista, cree en Flora y como Flora con implacable e incomprensible (desde el punto de vista masculino) lógica femenina cree que las "cosas a la larga se arreglarán", el único elemento firme, Rudolf, el pequeñísimo monstruo, actúa y ciega al humano "normal". La imagen final es desoladora: Flora vuelve a engañar (tal vez a engañarse) y envía a Urbina, solo y ciego, a Europa, en un barco donde lejos de todo rencor, madurado por el sufrimiento, el despechado se pregunta si tiene algún derecho a criticar el fervor y la sumisión ajenas (los de Flora por Rudolf). Unas páginas antes de la ceguera y el dolor, más humanamente, había anhelado estar "de vuelta en su casa como en un refugio, a salvo de la cruel intemperie del mundo, donde hay secretos, y enanos horribles, que lo odian a uno, y mujeres nobles, que lo persiguen".


De la paranoia grupal.

El "Informe sobre ciegos" de Ernesto Sábato permite la duda entre la realidad y lo fantaseado. El extenso texto está escrito por Martín, un freak en sí mismo, para hablar de un grupo entero de freaks posibles: los ciegos. De mirada opaca, tanto más siniestros cuando son de nacimiento, los ciegos lo persiguen. En casi todo su transcurso, el discurso es el de la paranoia perfecta. Como el personaje de Cortázar, el obseso y maníaco Martín quiere ser científico: "Me había preocupado siempre y en varias ocasiones tuve discusiones sobre su origen, jerarquía manera de vivir y condición zoológica". Los considera de piel fría, como "los animales de sangre fría y piel resbaladiza que habitan en cuevas, cavernas, sótanos, viejos pasadizos, caños de desagües", etc. La precisión descriptiva, sin embargo, esquiva una y otra vez los momentos cruciales des de un punto de vista "normal".
Martín es un paranoico de manual: todo lo que le parece evidente resulta delirante para el lector y viceversa. Pero su manía es convincente, aunque no su argumentación. No se concentra en alguien sino en un vasto y enorme grupo al servicio del Demonio. Pero cuando al final llega el anunciado "ayuntamiento" con la Ciega, la posibilidad de crear un momento freak memorable queda sepultado por una avalancha de monumentales imágenes arquetípicas (túneles de sangre, volcanes, regresión a los orígenes evolutivos) más explicados o expuestos que transmitidos.

Del mito y la memoria.

Ya se dijo que un personaje mitológico no es un freak porque sencillamente es eso; una sirena, un tritón, una Medusa cumplen con su función de cantar, portar tridente o convertir en piedra a los demás. A Jorge Luis Borges se le ocurrió una buena idea para transformar a un mito en freak: lo humanizó.
Aunque tiene cabeza de toro, en "La casa de Asterión" el Minotauro piensa como un hombre "normal", no capta la condición de laberinto de su casa, ni la condición de monstruo de su ser, y se sorprende junto con el lector cuando Teseo se sorprende a su vez de que casi no se haya defendido. En otras palabras, muere por no hacer lo que le manda su esencia: ejercer la monstruosidad y la violencia.
Más admirable es la hazaña de "Funes el memorioso". Si bien lo intelectual puro no produce freaks aquí el esquive consiste en magnificar una función del intelecto, la memoria tan típica y únicamente humana, hasta volverla infinita, monstruosa, freak. El paisano Ireneo Funes recuerda todo, pero además en todos sus detalles. Casos reales semejantes terminaron en la locura o el aburrimiento definitivo. Como Funes vive en el campo uruguayo, le provoca al principio un subterráneo, retobado orgullo. Esa facultad que le ha dado el azar de un golpe en la cabeza hace que sienta como limitados, ciegos, sordos, abombados y desmemoriados a los "normales".
Pero al fin reconoce: "Mi memoria, señor, es como vaciadero de basuras". En buena medida las impecables metáforas concretas de Borges (que no aluden a otra cosa aislada, sino todas a un mismo fenómeno) parecen prenunciar ese desmadre o desborde freak de información excesiva que caracteriza hoy a las redes informáticas. La suerte de vivir en el campo le ahorra a Funes no sólo la fama sino también la neurosis. Cuando muere, lo hace de una simple congestión pulmonar.

De la inversión.

Hay una manera final de ser freak: creerse el único normal. El paranoico se siente perseguido, y por lo tanto actúa, se aísla, se autodenuncia. Quien invierte en cambio la relación freak normal, lo hace por un procedimiento simple. Puede canalizarse por la mirada (por la traducción interna, simbólica de esa mirada) o por el lenguaje. O por ambas cosas, como ocurre en Cicatrices de Juan José Saer.
Allí nada menos que un hombre de la ley, además traductor en ratos libres, que trabaja en Tribunales, está hundido en la agobiante naturalidad litoraleña: humedad, lluvias, ritos cotidianos repetidos hasta el hartazgo. Su reacción, tal vez su locura (pero que nadie capta ni ve), es simple: es el ser humano que ve o piensa a los demás como "gorilas". Como leemos y no vemos una película, no sabemos si el movimiento es sólo cosa mental (cambiar el término "hombre" o "mujer" o "niño" o "rubio" por el término "gorila"), o también visual. En sus ensoñaciones solitarias, el desplazamiento le permite acceder a la "normalidad" simiesca, animal de salvajismos y orgías alrededor del fuego.
En la vida diurna, cotidiana, en cambio, el simple cambio verbal o visual convierte en esto la aburrida calle de todos los días: "En la primera esquina, un gorila solitario envuelto en un impermeable azul y con su sombrero hundido en el cráneo, de modo tal que apenas si se le ve la cara, se encoge para toser. Después pasó a su lado y queda atrás.
"Doblo por Mendoza hacia donde debiera estar saliendo el sol, y el coche se desliza lento, pasando por delante de la estación de ómnibus. Hay algunos gorilas en los andenes. Se pasean o están inmóviles, junto a montones de bultos y valijas (...). Un gorila envuelto en un capote negro, la cabeza cubierta por una gorra de vigilante, está parado a la puerta de una garita gris. Tiene los ojos finos en la niebla, y está completamente inmóvil. Después desaparece. Queda atrás".
El procedimiento es radical, definitivo. Basta mirar todo lo demás como distinto para recobrar el factor tranquilizante de la dicotomía freaknormal. Aunque la razón, la ley y la naturalidad queden en manos de un solo hombre. Es un sueño freak, mucho más frecuente de lo que se cree en cuerpos nada deformes. Un sueño puramente humano, nada animal, que deja intocada la realidad del cuerpo y las relaciones, a salvo de todo rasgo freak evidente, por mera inversión absoluta.

En Página/30, año 5, nº 68, Marzo 1996, págs. 26-30

sábado, junio 13, 2009

Un porvenir de lo Imaginario (sobre Fantasmas de Daniel Link) [1ra parte]

El regreso. En Fantasmas: imaginación y sociedad (Eterna Cadencia, 2009), Daniel Link le da una nueva vuelta de tuerca al proyecto crítico que viene sosteniendo desde, por lo menos, Cómo se lee y otras intervenciones críticas (Norma, 2003), pasando por, obviamente, Clases: literatura y disidencia (Norma, 2005). Este proyecto crítico, como ya lo señalamos en la reseña de Leyenda: literatura argentina, cuatro cortes (Entropía, 2006), se caracteriza por ciertos rasgos particulares: algunas obsesiones productivas (la lectura, la tecnología, la industria cultural, los géneros, la vanguardia, los monstruos; a las que se agregan, a partir de este nuevo libro: la imaginación, las comunidades, los fantasmas, la paranoia, la infancia); una postura desclasificada, nómade, que se desplaza por distintos ámbitos (periodístico, académico, ensayístico, ficcional, etc.) sin quedar fijado en ninguno de éstos y desdibujando sus límites; una trabajo artesanal e iluminador con las citas y los conceptos de cierto star system de la filosofía contemporánea (Agamben, Deleuze y Foucault pero también, y sobre todo en Fantasmas, Blanchot, Bataille, Antelo y Sontag); y por último, una recuperación de los propios restos, de los despojos que va dejando su itinerario como crítico, profesor, narrador, etc.

¿En qué legalidad fundar alguna, cualquiera, negación del mundo? Ahora bien, en Fantasmas, Link no sólo continua este proyecto (este estilo, si se quiere) sino que, en la línea de Clases, se plantea interrogantes alrededor de la ética, la estética y la política. Sin embargo, tal como lo señala el propio autor en el primer texto del libro, “Umbral”, ya no se trata de volver a dar cuenta de los dispositivos de normalización de la cultura y del Estado (ya lo hizo, de forma lúcida y minuciosa, en el libro publicado en 2005), se trata, más bien, de continuar pensando la formas de negatividad que desarticulen y vuelvan ineficaces dichos dispositivos, dichas clases. Así, en Clases, las formas de negatividad política iban de la mano de la vía doble de la ascesis (encarnada en la figura de San Sebastián) y de la transgresión (una política del monstruo, sostenida en el pensamiento de Georges Bataille); en cambio, en Fantasmas, Link se ocupa de indagar otra fuerza de negatividad: la imaginación.

Cartas de lo imaginario. Tal vez, una de las partes más interesantes del libro, como ya lo dije cuando amenazaba con escribir esta reseña, sea “Cartas”. En dicha sección, tramada en el formato del mail que el estimado profesor contesta a sus interesados alumnos, Link recorre (en cierto sentido, recupera) las principales teorías de la imaginación (Sartre, Lacan, Caillois, Blanchot), trabaja la tensión entre la ‘pasión por lo real’ que movilizó al siglo XX (Badiou) y su rechazo de toda imaginación, y anuncia, junto a Agamben y a Barthes, el retorno del gesto y del adjetivo, reconociendo que hay un ‘tiempo del señuelo’: “como ya no existe el riesgo de dejarse atrapar por las fábulas del “yo”, es hora de devolver un porvenir a lo Imaginario” (p. 56). En este movimiento, de lo que se trata, entonces, es de recuperar la imaginación como fuerza negativa que niega la realidad), una fuerza prehumana y presubjetiva que nos arrastra. Dejando atrás los problemas del poder y el límite, Fantasmas nos plantea una juego de potencias negativas, de movimientos, de gestos sin contenido, todas unidades de pura seducción (como el canto de las sirenas). Volviendo al apartado “Cartas”, además de reponer el recorrido teórico de la imaginación, Link nos propone algunos imaginarios para pensar el siglo XX y el siglo XXI: la imaginación humanista (que entra en crisis, en cierta medida, por las guerras mundiales y las revoluciones), la imaginación dialéctica (encarnada en un tipo de negatividad destructora), la imaginación pop (que tanto desbrozó en Clases), la imaginación del desastre (cuyas unidades son: nihilismo, depresión, nostalgia y melancolía) y, en la última sección del libro, la imaginación novomundana (ligada al ‘Nuevo Mundo’, a Latinoamérica, al espacio agujereado y las comunidades abandonadas). Cada imaginación tendrá sus concepciones de tiempo, sus unidades, sus fantasmas; la idea es intentar rastrear dichos fantasmas (no cazarlos: la cultura es un ghostbuster) y describirlos según su “definición indefinida” y la lógica que los relacione.

Continuará...

jueves, junio 11, 2009

Borges en Mar del Plata

"Por eso digo que, de alguna manera, además de la entronización que hace el discurso universitario que por ahí anda diciendo "¡Hay que hablar de Lamborghini!" se me ocurre que a esos textos no le veo futuro en la literatura argentina. ¿Cuál es el futuro de esos textos? Porque Borges ha inflamado la sensibilidad argentina. En la playa, en Mar del Plata, hace diez años, todo el mundo hablaba con metáforas borgeanas sin haber leído a Borges. Cambió el estilo argentino, cambió la narrativa argentina, la narrativa de todos los días, de la vida cotidiana. "Hace un sol escandaloso": en los años cuarenta nadie hubiera dicho esto. Los jóvenes universitarios hablan borgeanamente sin saberlo, los jóvenes aun analfabetos, y hablo de los jóvenes de la Facultad, esos son analfabetos cultos; bueno, hablan como Borges, sin haber leído a Borges."
Nicolás Rosa en las actas de Autopistas de la Palabra. Primera Jornada de Literatura y Psicoanálisis (5 y 6 de Octubre de 2002) sobre la relación entre la obra de Osvaldo Lamborghini y la de Jorge Luis Borges.

domingo, junio 07, 2009

El tiempo que resta

Que el cielo exista...

“También sabemos de otra superstición de aquel tiempo: la del Hombre del Libro. En algún anaquel de algún hexágono (razonaron los hombres) debe existir un libro que sea la cifra y el compendio perfecto de todos los demás: algún bibliotecario lo ha recorrido y es análogo a un dios. En el lenguaje de esta zona persisten aún vestigios del culto de ese funcionario remoto. Muchos peregrinaron en busca de Él. Durante un siglo fatigaron en vano los más diversos rumbos. ¿Cómo localizar el venerado hexágono secreto que lo hospedaba? Alguien propuso un método regresivo: Para localizar el libro A, consultar previamente un libro B que indique el sitio de A; para localizar el libro B, consultar previamente un libro C, y así hasta lo infinito... En aventuras de ésas, he prodigado y consumido mis años. No me parece inverosímil que en algún anaquel del universo haya un libro total1; ruego a los dioses ignorados que un hombre - ¡uno solo, aunque sea, hace miles de años! - lo haya examinado y leído. Si el honor y la sabiduría y la felicidad no son para mí, que sean para otros. Que el cielo exista, aunque mi lugar sea el infierno. Que yo sea ultrajado y aniquilado, pero que en un instante, en un ser, Tu enorme Biblioteca se justifique.

1Lo repito: basta que un libro sea posible para que exista. Sólo está excluido lo imposible. Por ejemplo: ningún libro es también una escalera, aunque sin duda hay libros que discuten y niegan y demuestran esa posibilidad y otros cuya estructura corresponde a la de una escalera.

(Borges, Jorge Luis (1996 [1944]): “La biblioteca de Babel” en Ficciones, Buenos Aires, Emecé, p. 122-123)

El resto insalvable

“[…] El resto es, pues, a la vez un excedente del todo respecto a la parte, y de la parte respecto al todo, que funciona como una máquina soteriológica muy especial. Como tal, el resto concierne sólo al tiempo mesiánico y existe sólo en él. En el final, en el telos, cuando Dios sea “todo en todos” (1 Cor 15,28), el resto mesiánico no tendrá ningún privilegio particular, y habrá agotado su sentido para perderse en el pléroma (1 Tes 4,15: “Nosotros, los vivientes que aún quedamos, no nos adelantaremos en la venida del Señor a los que durmieron”). Pero en el tiempo presente, el único real, no hay más que un resto. Éste no pertenece propiamente ni a la escatología de la ruina, ni a la escatología de la salvación, sino que es más bien –en palabras de Benjamin- el insalvable en cuya percepción puede sólo alcanzarse la salvación. El aforismo kafkiano, según el cual existe la salvación, pero “no para nosotros”, halla aquí su único sentido. Como resto, nosotros, los vivientes, los que quedamos en el tiempo presente (en to nyn kairó), hacemos posible la salvación, somos su “primicia” (aparché, Rom 11,16); estamos ya salvados por así decirlo, pero precisamente por ello no estamos salvados en cuanto resto. El resto mesiánico excede irremediablemente al todo escatológico; es el insalvable que hace posible la salvación .”
(Agamben, Giorgio (2006): El tiempo que resta: comentario a la carta a los Romanos, Madrid, Trotta, p. 61-62)



...aunque nuestro lugar sea el infierno.

“Se cierne ahora sobre el mundo una época implacable. Nosotros la forjamos, nosotros que ya somos su víctima. ¿Qué importa que Inglaterra sea el martillo y nosotros el yunque? Lo importante es que rija la violencia, no las serviles timideces cristianas. Si la victoria y la injusticia y la felicidad no son para Alemania, que sean para otras naciones. Que el cielo exista, aunque nuestro lugar sea el infierno.”
(Borges, Jorge Luis (1996 [1946]): “Deustches Requiem” en El Aleph, Buenos Aires, Emecé, p. 140-141)

No para nosotros

“Por eso Kafka no habla de sabiduría. Sólo le quedan los productos de su ruina. Y estos son dos: el rumor de las cosas verdaderas (una especie de periódico de cuchicheos teológicos en el que se trata de lo desacreditado y obsoleto); el otro producto de esta diástasis es la locura, que si ha malgastado por completo el valor propio de la sabiduría, ha conservado en cambio el garbo y la tranquilidad que por todos lados se le escapa al rumor. La locura es la naturaleza de los preferidos de Kafka, desde Don Quijote, pasando por los empleados, hasta los animales. (Ser animal no significaba para él sino haber renunciado por una especie de pudor a la figura y a la sabiduría humanas. Igual que un caballero distinguido, que se equivoca de bar, renuncia por pudor a limpiar su vaso). Para Kafka era firmemente incuestionable: primero, que alguien para ayudar tiene que ser un loco; segundo, que sólo es verdadera la ayuda de un loco. Sólo que no es seguro que haga efecto en el hombre. Tal vez ayude más bien a los ángeles (confr. el pasaje en que a los ángeles se les encomienda algo que hacer), aunque con los ángeles podría hacerse de otra manera. Por eso, como dice Kafka, hay infinitas existencias de esperanza, sólo que no para nosotros. Esta frase contiene de veras la esperanza kafkiana. Y es la fuente de su radiante alegría.”
(Benjamin, Walter, “Una carta sobre Kafka”)

No tenemos tiempo, y por eso miramos al cielo

“Lo que se oponía (entonces como ayer) al sistema teológico, al Estado como cosa circular y cerrada, a los regímenes de normalización y de exclusión, a los dispositivos de encierro y disciplinamiento, era la serie desordenada de intervenciones y movimientos en el tiempo que funcionaron (entonces como ayer) como máquinas de guerra. Eran las sectas, los complotados, el terrorismo discursivo y político, los monstruos: todo lo que se salía de los sistema de clasificación dinamitando sus propios principios clasificatorios, desmoronando las clases.
“Si el honor y la sabiduría y la felicidad no son para mí, que sean para otros. Que el cielo exista, aunque mi lugar sea el infierno.”, decía Borges en “La biblioteca de Babel” (1941). Es que no tenemos tiempo, y por eso miramos al cielo y queremos, como Borges, San Sebastián y John Cage, el cielo, aunque no sea el lugar para nosotros1.

1 Si he suministrado dos ejemplos no literario (San Sebastián, Internet) ha sido deliberadamente: que nadie piense que sostenemos alguna hipótesis autonomizante de la literatura.
(Link, Daniel: Clases: literatura y disidencia, Buenos Aires, Norma, p. 16-17)

sábado, junio 06, 2009

Piedra libre

El cronograma completo de la jornada, que será los días 12 y 13 de Junio en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, acá.

Breve

Excelente idea: una revista literaria en la que cada texto tiene como límite las 99 palabras.
Visiten el nuevo número de La Comunidad Inconfesable. Revista breve.

martes, junio 02, 2009

La cultura en peligro (Jorge Luis Borges)

El texto que pego a continuación es un artículo publicado por Borges en el diario Clarín en 1984 con motivo de la reforma del plan de estudios en la carrera de Letras de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Si bien no estoy de acuerdo con la perspectiva del artículo, me pareció pintoresco y tiene alguna que otra alusión irónica que bien vale la pena.

La cultura en peligro

Por Jorge Luis Borges

Es raro que alguien quiera haber sido objeto de una broma; tal es, inverosímilmente, mi caso. Ha llegado a mis manos un manuscrito cuya materia es la reforma -llamémosla así- de los estudios de la Facultad de Letras de la Universidad de Buenos Aires. Soy doctor emérito de esa casa. En esta ocasión, como en otras, no he sido consultado, pero me creo con derecho a opinar. Transcribo el asombroso texto:

"Todas las literaturas extranjeras podrán ser optativas y pueden sustituirse, por ejemplo:
por

Literatura media y popular.
Medios de comunicación.
Folclore literario.
Sociología de la literatura.
Sociolingüística.
Psicolingüística.”

Prefiero creer que este misterioso proyecto es jocoso, o trata de serlo; si ha sido escrito para ser leído literalmente, es alarmante o terrorífico. Abolir las literaturas extranjeras es, de hecho, abolir humanidades, es decir, la cultura. El verbo sustituir ha sido empleado de manera indebida. Puede sustituirse una taza de café por una de té, pero no el estudio de Virgilio, o el de Voltaire, por el de Canal 13. En cuanto a "literatura media" confieso mi invencible ignorancia; quizá se trate simplemente de literatura mediocre, acaso la de autores que asimismo son funcionarios. En lo que se refiere a "folklore" (voz acuñada en Inglaterra, en 1846) contaré una anécdota personal.
Hace ya muchos años. Néstor Ibarra y yo conversábamos con un amigo común, el tropero Soto. Ibarra le dijo:
—Usted es entrerriano. Usted creerá, sin duda, en los lobizones.
El paisano le contestó:
—No crea señor. Esas son fábulas.
Como se ve el pueblo es menos crédulo que los crédulos folkloristas. Si el folklore me interesara, lo buscaría en tierras muy antiguas, como la India, o primitivas como el Senegal. no en las provincias argentinas, de tradición reciente. Me dicen, sin embargo, que gracias a las autoridades, el folklore ha llegado ya a la campaña.
¿Qué será la sociología de la literatura? El hecho estético es un brusco milagro. No puede ser previsto. Me place recordar que el pintor Whistler dijo una vez Art hapens, el Arte sucede. Ya el místico alemán Ángelus Silecius había declarado: Die Rose Ist ohn'Warum, la rosa es sin porqué.
¿Qué serán la sociolingüística y la psicolingüística? Como del resto del universo, nada sé de esas disciplinas o neologismos, pero sé que no pueden "sustituir" a las Mil y Una Noches o a las aventuras de Alicia.
Según es fama, los argentinos somos ingenuos. Para acallar toda sospecha convendría que algún personaje oficial desmintiera en letras de molde el estrafalario catálogo que denuncio.

Citado en Bombini, Gustavo (2005): La trama de los textos, Buenos Aires, Lugar.

domingo, mayo 31, 2009

Angelito no es Ángel Leto: la resurrección del autor

1. El crítico:

"Con Ángel Leto, las cosas son diferentes: el camino hacia su muerte está en Glosa. La muerte, entonces, tiene la necesidad de lo narrado. Si pocos hubieran previsto que el Ángel de Cicatrices iba a recorrer el camino de la violencia política, tampoco este dato estaba ausente de los posibles narrativos: las elipsis en las que se ausenta el tiempo, desde Cicatrices hasta Glosa, pueden ser imaginadas a partir de materiales sociales. Saer podría, mañana, narrarla, pero esa narración no afectaría a Cicatrices, porque allí no podrían estar la huellas de la conversión política de Leto, ni del suicidio frente a la emboscada policial. Leto, muriendo en Glosa, deja casi intacto a Ángel en Cicatrices. Para Leto, entre Cicatrices y Glosa lo que pasó fue la historia de la Argentina." (p. 294)

Fuente: Sarlo, Beatriz: “La condición mortal (1993)” en Escritos sobre literatura argentina, Buenos Aires, Sudamericana, 2007.

2. Un lector:

Cuando terminé de leer Cicatrices, hablé con un amigo fanático de Saer sobre esta magnífica novela y salió el tema de la relación entre Angelito y Ángel Leto. Mi amigo sostenía que Angelito (ese joven con un fuerte complejo de Edipo cuya madre se perfila, en Cicatrices (1968), como una verdadera femme fatale) era Ángel Leto (protagonista de Glosa (1986), muchacho traumado más bien por el suicidio de su padre, cuya madre se perfilaba como una amable viuda que comenzaba a tener un affaire con el mejor amigo de su difunto esposo). Yo, desconfiado, le aseguré que no era posible que fueran la misma persona (en particular, porque la madre de Leto no podía ser la de Angelito; después, porque en ningún momento se mencionaba el apellido de Angelito); él, convencido, me aseguraba que los especializados críticos que se dedicaban a la obra de Saer (Sarlo y Premat, en especial) establecían la relación entre ambos personajes señalando que eran el mismo en distintos momento de la historia (se sabe que ésa es una de las características de la obra del santafesino, algunos personajes (Tomatis, por poner un ejemplo paradigmático) aparecen en varias novelas que transcurren en distintos momentos del siglo XX). En fin, luego de abandonar la discusión, una vez que llegué a mi casa, hojeé incansablemente la primera parte de Cicatrices y la novela Glosa en busca de indicios que pudieran sustentar la afirmación de que Angelito y Leto eran la misma persona. No los encontré. Los críticos estaban alucinando.

3. El autor resucitado:

Piglia
Hay un punto con relación a eso, que es Ángel Leto, porque el Ángel que cuenta Cicatrices ¿es Ángel Leto?
Saer No.
Piglia Ah!, ¡qué macanudo!
Saer ¿Por qué "qué macanudo"?
Piglia Porque no me hubiera gustado que fuera el mismo... El Ángel Leto que tiene una madre...
Saer En La vuelta completa.
Piglia No, en uno de los cuentos de Palo y hueso.
Saer No, ése no es Ángel Leto, es Angelito.
Piglia Los novelistas de Santa Fe les ponen a todos los mismos nombres… Pero tiene una madre parecida a la de Ángel Leto…
Saer Claro, totalmente.
Piglia Porque hay un Ángel que tiene una madre y que aparece en Cicatrices.
Saer Ése es Angelito, que es el mismo Angelito del relato, y es también el mismo Ángel de ese relato inédito que salió ahora en los Cuentos completos que se llama "La relación de oro", el mismo Ángel pero un poco más tarde, un poco mayor.
Piglia ¿De cuándo es ese cuento?
Saer Es un relato de los años sesenta.
Piglia Es un relato que está ligado a En la zona.
Saer Sí, pero también a Cicatrices más bien, es como una pequeña anticipación de Cicatrices.
Piglia Entonces no se debe confundir ese Angelito con el Ángel Leto.
Saer No, eso lo hice como una cosa un poco deliberada, una coquetería del autor a los lectores. Y alguna gente se dio cuenta, pero no tiene mucha importancia porque, por ejemplo, Angelito es periodista (trabaja con Tomatis en el diario), pero está un poco como aparte; en cambio Ángel Leto es contador, tenedor de libros.
Piglia Entonces veamos a Ángel Leto: ¿dónde aparece por primera vez?
Saer Aparece por primera vez en La vuelta completa, cuando acaba de llegar de Rosario. Cuando entra Rey al correo, Ángel Leto está con Tomatis, que se lo presenta a Rey, quien a su vez le dice "¿Usted también es un franciscano de la nueva generación?". Y después, cuando en la primera parte Rey va con Clara -la mujer de Marquito- al amueblado, Leto está ahí, está tomando cognac con Giménez, el dueño del motel, y él lo trae de vuelta. Todo eso está en la primera parte de Cicatrices. Después aparece un poco al final de Cicatrices y después no aparece más...
Piglia Y después aparece como un tipo del ERP.
Saer Sí, aparece en... "Amigos" y aparece en Glosa también, donde es el personaje principal, junto con el matemático.

El diálogo completo entre Piglia y Saer en el que hacen un recorrido por los personajes de la obra del autor de Cicatrices, acá.

viernes, mayo 29, 2009

El silencio de las sirenas

Estoy en plena lectura del último libro de Daniel Link, Fantasmas: imaginación y sociedad (Eterna Cadencia, 2009). Mi intención es reseñarlo pero es un libro con tantos fantasmas, con tanta potencia, con tanta paranoia, que todavía no sé por dónde encararlo (sus entradas, por lo demás, son múltiples). Lo que sí sé es que puede recomendarse con mucho énfasis y que tiene momentos luminosos (por poner algunos ejemplos, los análisis de El principito de Saint-Exupéry ("Infancia") y de Lolita de Nabokov ("1955") pero también esas ruinas de las teorías de la imaginación dispuestas en "Cartas", el texto sobre Tom de Finlandia y el magnífico artículo-homenaje a la paranoia de Rául Antelo).

Por lo demás, la entrada principal de Fantasmas está habitada por sirenas: esos seres mitológicos que arrastrados desde las aguas de la Antigüedad repararon, no casulamente, en las corrientes del Nuevo Mundo (tal como nos lo recuerda Link en "1492"); esos montruos (recuérdese Clases: literatura y disidencia (Norma, 2005)) que con su canto (su potencia) y su silencio (su impotencia) ofrecen el "puro (des)conocimiento (de sí)" y una fuerza de desintegración; esas poderosas cantantes, figuras desclasificadas que sedujeron a los griegos pero también a Blanchot y a Kafka y que ahora vuelven a hacerse oír en las páginas de este libro, a través de frases que las invocan:

"El canto de la sirenas es “pura llamada”, “el grato vacío de la escucha”, la indiferencia entre interior y exterior, entre el ser y la nada, entre llamada y relato, entre creencia y deseo, entre fuga y encierro: un umbral de seducción, nunca un límite de comprensión." (p. 28-29)

"Supongamos, dice Kafka, que alguien haya sido capaz de salvarse de la seducción del canto. Sea. Pero las sirenas tienen un arma todavía más poderosa: el silencio. Y de eso, de la seducción del vacío, de la seducción de la nada, no se salva nadie. No es que las fantasmagorías chillen en ese "entre-lugar", entre Naturaleza y Cultura, que les reconocemos. La potencia de esos monstruos es diferente de la espera de la tejedora patriótica o de la generosidad de la cantante embriagadora, porque está en otra parte sin estar en ninguna. Y esos monstruos, las sirenas, no están en el lugar de algo, de otra cosa, de la Cosa (el tejido matrimonial o las altas camas). Lo más terrible es que están en el lugar de nada, la nada es su lugar, son nada, lo que queda confirmado en su silencio." (p. 32)
PD.: Agradecimientos a Eterna Cadencia, brillante editorial del firmamento editorial argentino, por este inquietante libro.

jueves, mayo 28, 2009

Viñetas sueltas - 2do Festival Internacional de Buenos Aires (del 25 al 31 de Mayo de 2009)

Más info, acá.

sábado, mayo 23, 2009

¡Azo! ¡Azo! ¡Azo!

"¿Y qué haría ése que tocaba la trompeta en el crepúsculo, sobre un balcón de Olmos, un tercer piso a cuadra y media de 24 de Septiembre? Historias, hinchado coro de historias sin una escritura. Por Fragueiro miré hacia atrás: muros bajos, grises fachadas en caída y balaustres; en la esquina de Colón la Xerox había sido incendiada. Junto al camión de los bomberos estaba Aldao, colgándole la máquina de fotos en el pecho, se fue retirando hasta un extremo de mi campo visual y luego se convirtió en una franja delgadísima. Detrás suyo asomaba el espectáculo: la avenida era como una sala en silencio en que una voluntad había sembrado las cosas con el desorden de un huracán. Aldao caminaba nervioso, nos enseñaba los Citroën volcados y quemados, hacía el detalle de negocios y edificios que recibieron ataques, a cada rato decía secamente mirá esto, mirá aquello cómo quedó. Después la luz nívea desapareció para dejar paso a un neutro tono acero, y volvimos a quedarnos solos con Abel. Lo que sigue lo recuerdo como si lo hubiera visto detrás de un tul: cuatro muchachos se acercaron a un Renault estacionado frente a María Auxiliadora; como si volara, el auto se balanceó un poco y lo dieron vuelta; un líquido negro salía de la chapa y a esa mancha, segundos más tarde, le echaron un fósforo. Rápidamente se levantaron las llamas. Genet dice que en toda revolución hay una embriaguez pavorosa; el enigma de ese día no es político, sino el origen de aquella embriaguez. Nadie, ni actores ni testigos, lo conocemos: el comienzo se obnubila en beneficio de una totalidad desbordada de sí misma, y por lo tanto sin habla o con un habla inaudible. El Cordobazo tuvo la magia de la peste: la vida era espectáculo y era historia y no era nada." (p. 87-88)

Marimón, Antonio (1988): "La fiesta" en El antiguo alimento de los héroes, Buenos Aires, Puntosur.

miércoles, mayo 06, 2009

El Obispo ha desaparecido (algunas razones para leer a Néstor Sánchez)

Me voy a poner imperativo: hay que leer la obra de Néstor Sánchez. ¿Por qué? Bueno, porque es una de las propuestas estético-literarias más jugadas a nivel formal en la literatura argentina; porque solicita del lector una postura activa y creativa; por su experimentación con la sintaxis (distinta a la de Saer; igual de valiosa) y su capacidad de producir extrañamiento jugando con la semántica y el sonido de las palabras (pongo por caso: "siempre al recumplirse la irrupción los mismos resabios de iniquidad en la injusticia de la congoja"); por su posición atípica en el sistema literario argentino (a pesar de que Viñas lo ubicaba, en los 60, por su novela Nosotros dos, cerca de Cortázar); porque si bien sus tramas podrían decirse realistas, su forma de llevarlas a cabo, su forma de escribirlas es de una renovación vanguardista pasmosa; porque, tal como lo señalaba el maestro Nicolás Rosa en "El relato de la droga: sobre la obra de Néstor Sánchez", en la obra de este escritor que hay que leer, que hay que rescatar del olvido, prevalece el discurso (por sobre la historia) y el juego con los posibles narrativos y con la combinatoria de las palabras que recrea un "modo potencial de relato", se mueve de "lo real narrativo" a "lo imaginario narrativo"; en fin, hay buenas razones para leerlo.
Sé que lo antes expuesto, si quien lo lee nunca se aproximó a los libros de Sánchez, puede resultar palabras vacías; vayan, entonces, como ejemplo los siguientes fragmentos:

"Primer ángel celeste con una esquina de bifurcaciones inconfesadas, con un montón de tabaco, pantalón largo, el accionar receloso de la advertencia: veloz, envidiable, acanallado, en otra trama, impaciente mordaz. Partió en un reguero de menosprecio, asimilándose por si acaso a un mandato." ("Informe para Emilia Ordaz" en La condición efímera (1988)).

"Un poco porque empezaría a quemar el asfalto bajo los pies, porque sería la única variante en la que yo podía colaborar a lo lejos y un mediodía del verano del cincuenta y tres en que volvió a silbar desde la verja traía el proyecto descuidos en el balneario "Las Barrancas", algo sin ninguna categoría que según sus propias palabras lo tranformó al minuto en un perro de costa: dos paletas y una pelota que no picara mucho, el que está en el otro extremo es el Obispo tostado por el sol, cada tanto pierde la pelota y va a buscarla y mientras vuelve al paso reubica la playa, hace indicaciones de trasladar el partido algunos metros a la derecha, goza además el Obispo bajo el sol, ríe en el otro extremo, le pone la cara levantada, se reparte el sudor por el cuerpo." (Siberia blues (1967)) .

"Si ella con el pelo sobre la cara cuando arrojó el vestido por el aire a verano en la pieza de hoy no hubiera entendido hasta el agotamiento que pensás todavía pensamientos tipo el retrasado el triste con la guitarra enfundada." (Siberia Blues).

"Y en alguna medida capaz de volvérsenos irreprochable, querido viejo, vienen a traerlo un poco por telones de fondo, por frases interrumpidas para siempre, las mortificaciones de su Rilke empeñado en alcanzar alguna vez los beneficios de la soledad perfecta o perfeccionable: cierto instante o mejor sospecha de instante con prolongaciones mudas y sucesivas en que podría (entonces les sería dado) recogerse de toda credulidad en la vida minúscula -o acaso dijeron de común acuerdo ilusioria." ("Adagio para viola d'amore" en La condición efímera).

Hace unos años Paradiso ediciones viene reeditando la obra de Néstor Sánchez. Ya editaron en los años anteriores Siberia blues (1967) y Cómico de la lengua (1973) y el mes pasado, La condición efímera (1988). Este último libro es una colección de cuentos con verdaderas joyas como "Diario de Manhattan" (acá, pueden leer un fragmento), "Informe para Emilia Ordaz", "La consigna" y demás.
Léanlo, no los va a defraudar.

PD.: Recomiendo, también, el dossier sobre el autor de Siberia blues que salió en la revista Las ranas, nº3 (noviembre de 2006) en el que se recogen artículos sobre su obra pero también un artículo fantástico escrito por Sánchez ("El lenguaje jazzistico"), algunas cartas, algunos fragmentos biográficos, una cronología muy prolija y exhaustiva y una suerte de manifiesto, "Grupo de los diez", que empieza así: "Generar un movimiento para la DESPUTANIZACION DE LA PALABRA.". Imperdible.

domingo, mayo 03, 2009

Que lo reparió: arte efímero

"Hoy, viendo una cajita de mi hermana, descubrí que tiene un juguete que se llama “Mi pequeño Pony”. No un caballito pony rosado con alas. Un consolador rosa con pelo. QLRP" (mujer, 16 años)

"Hoy, mi mujer salió con las amigas. La pasó a buscar un auto con vidrios polarizados y volvió a las 3 de la mañana con “el marido de una amiga” que la trajo en una super moto. Yo me alquilé una de Disney para ver con los chicos. QLRP" (hombre, 34 años)

"Hoy, un chico me invito a salir y fuimos a comer a Mcdonalds. Cuando va a pagar saca un cupon que decía, 2 Mcpollo gratis. Estaba vencido y pagué yo. QLRP" (mujer, 20 años).
Más arte efímero en Que lo reparió. Historias cotidianas que salen mal.

miércoles, abril 29, 2009

realidadficción: la peste

Palabras clave: GRIPE PORCINA - VENGANZA DE LA NATURALEZA - PARANOIA - APOCALIPSIS - SOSPECHA - DESCONFIANZA - EPIDEMIA - PESTE - PSICOSIS

"Esto es como película de ciencia ficción: estamos encerrados en casa, con las ventanas cerradas, comprando alimentos para un mes", contó a Clarín la ingeniera Beatriz Gómez. Pero la realidad en México rebasa la trama de cualquier película apocalíptica si se tiene en cuenta que 33 millones de alumnos no pueden ir a la escuela por la emergencia, que los militares están en las calles repartiendo barbijos y el Gobierno genera decretos escalofriantes que les permiten ingresar a la casa de cualquier enfermo de gripe, aislarlo y declarar cuarentena.

Desde sus trincheras, los mexicanos llaman a las radios, su contacto con el mundo real, y formulan preguntas que revelan su enorme pánico: ¿Dónde compro el antiviral? ¿Cuántos grados tengo que tener de temperatura para saber si estoy contagiado? ¿Enferma comer carne de cerdo? ¿Dónde reporto que una compañera de oficina está estornudando mucho?". (Clarín.)

Pero también:

"La "Muerte Roja" había devastado el país durante largo tiempo. Jamás una peste había sido tan fatal y tan espantosa. La sangre era encarnación y su sello: el rojo y el horror de la sangre. Comenzaba con agudos dolores, un vértigo repentino, y luego los poros sangraban y sobrevenía la muerte. Las manchas escarlata en el cuerpo y la cara de la víctima eran el bando de la peste, que la aislaba de toda ayuda y de toda simpatía, y la invasión, progreso y fin de la enfermedad se cumplían en media hora." ("La máscara de la muerte roja" de Edgar Allan Poe).

Por otra parte:

"Además, le cupo a la rata una función histórica de incalculable trascendencia.
En la primavera de 1347 pasó por Constantinopla una peste procedente del Asia, y al año siguiente —1348—, tras asolar la Europa entera, llegó a Londres. Según las estadísticas de que dispuso el Papa Clemente VI, murieron en aquella pandemia 42.836.486 de personas.
El mal se iniciaba con respiración agitada y estornudos. Y era tal el temor al contagio , que cuando uno oía estornudar a otro se apartaba alarmado, pero no sin antes desearle, cristianamente, "salud".
La costumbre de decirle "salud" al prójimo estornudante fué, pues, la primera consecuencia de aquella peste." ("Función política y cultural de la rata" de Wimpy)

Además:

"Algunas de estas profecías aparecían como folletín en los periódicos y no eran leídas con menos avidez que las historias sentimentales de los tiempos en que había salud. Muchos de esos vaticinios se apoyaban en cálculos caprichosos en los que intervenían el milésimo del año, el número de muertos y la suma de los meses pasados bajo el imperio de la peste. Otros establecían comparaciones con las grandes pestes de la historia buscando similitudes (que las profecías llamaban constantes) y por medio de cálculos no menos caprichosos pretendían sacar enseñanza para la presente. Pero los más apreciados por el público eran sin disputa los que en un lenguaje apocalíptico anunciaban series de acontecimientos que siempre podían parecer los que la ciudad iba experimentando y cuya complejidad permitía todas las interpretaciones. Nos-tradamus y Santa Odilia eran consultados a diario y siempre con fruto. Lo que había de común en todas las profecías es que, en fin de cuentas, eran todas ellas tranquilizadoras. Sólo la peste no lo era." (La peste de A. Camus)

Y:

"Si hay que dar un valor objetivo a los dos términos así opuestos, la naturaleza, al proceder en oposición violenta a uno de ellos, debería ser concebida en constante rebelión contra sí misma: tan pronto el espanto de lo informe y lo indeciso desembocan en las precisiones del animal humano o del caballo, se sucederán, en un profundo tumulto, las formas más barrocas y más repugnantes. Todos los trastornos que parecen pertenecer propiamente a la vida humana no serían más que uno de los aspectos de esa revuelta alternada, oscilación rigurosa que se levanta con movimientos coléricos y que, si se considera arbitrariamente en un tiempo reducido la sucesión de revoluciones que han persistido sin fin, golpea y hace espuma como una ola en un día de tormenta." ("El caballo académico" de Georges Bataille)

Pueden verse también:

  1. The happening (N. Shyamalan)
  2. Twelve monkeys (T. Gilliam)
  3. El séptimo sello (I. Bergman)
  4. Los ríos profundos (J. M. Arguedas)
  5. Apocalipsis (San Juan)
  6. Etc.

lunes, abril 27, 2009

I try to be like Grace Kelly...

“[…] Pero, ¿puede un escritor de una clase escribir “para” otras, que no son la suya propia? Desde luego que sí cuando se lo hace desde la clase media para la alta pero no resulta tan claro ni tan fácil en el sentido inverso; lo más difícil de todo es hacerlo desde la clase alta o media para el proletariado. Pero como el proletariado no escribe para sí, como tardan en aparecer los escritores verdaderamente proletarios por su origen social y su proyección, son frecuentes los intentos por llenar esa carencia: intentos deliberados de ir al pueblo por medio de la literatura que producen una sensación angustiante cuando son de buena fe o de repugnancia cuando quieren hacer pasar gato por liebre.
Hay que explicar esta diferenciación: en el primer caso se deslizan involuntariamente rasgos que proclaman, rabiosos y reprimidos, que la imagen del mundo que se les propone a los proletarios sigue siendo de la clase superior y eso al pueblo no le sirve porque lo confunde, especialmente por la buena fe; en el segundo caso, se quiere hacer olvidar al proletariado (al pueblo) de su propia existencia, se lo quiere distraer con engaños haciéndole sentir que los embarazos de Grace Kelly tienen el mismo sentido y porvenir que los de sus mujeres. Es claro que tienen el mismo origen (y en eso se agota toda eventual consideración humanística) peor lo que por cierto importa son las pequeñas diferencias con que se encontrarán después los respectivos niñitos.” (p. 48-49)
Fuente: Jitrik, Noé (1967): “Comunicación e incomunicación entre intelectuales y pueblo” en Escritores argentinos. Dependencia o libertad, Buenos Aires, Ediciones Del Candil.

sábado, abril 25, 2009

Diario de Manhattan (fragmento)

domingo 7 [febrero]

Tendió a imponerse con exigencia durante toda la noche: ¿por qué tan alucinante?
Si me viese obligado a comparecer, ya me consta, entre otros factores, la inutilidad denigrante de lo que llamamos cultura, el despropósito que se nombra educación.
Cinco elementos primordiales aparecerían, creo, como de eficacia impostergable (en caso de componerse) para una supuesta regeneración del dilema. Y los enumero para releerlos, para no seguir adelante:
I. rescatar de lo ordinario el conocimiento de tipos humanos (conocerse, conocer al otro en especial a partir del sello cósmico.)
II. estudio activo del inconsciente, en base a evidencias que se protagonizan.
III. que el cuerpo, en su organización diversa y complicadísima, pueda contar con un instrumento objetivo de aprendizaje iniciático; arquería Zen como mejor ejemplo.
IV. simultáneamente, siempre, estudios de cosmos, de universo. O sea: estudio correlativo de tipos, inconsciente, cuerpo instrumento, y leyes que rigen, a su vez, psiquismo, cosmos y universo.
V. ética activa. Rigor sin consideraciones de tolerancia. La conducta como oración cotidiana.
Entonces sí religión; entonces sí re-ligarse.
En este sentido, a pesar de algunos casos relativamente favorables, me parece que la práctica del cristianismo tendería más bien a la fe de la emoción que a la fe de la conciencia. ¿Por eso resulta demasiado cómodo, demasiado complaciente?
Por algo el Dios (Os dí) de consumo más estable resulta casi tonto en su tolerancia patriarcal; no advertiría la carnestolenda interior impenetrable que se le escamotea en permanencia.

Fuente: Sánchez, Néstor (1988): “Diario de Manhattan” en La condición efímera, Buenos Aires, Sudamericana, p. 52-53.

miércoles, abril 22, 2009

Una buena nueva

Por fin una editorial argentina empieza a rescatar a ese escritor, Bernardo Kordon, que quedó en el sótano de la literatura argentina (tal vez por su tendencia realista, tal vez por la crudeza y desesperanza de sus tramas y personajes perdedores en la línea de la obra de Arlt, tal vez porque nunca tuvo el guiño de la crítica) y a quien dedicamos un post hace unos meses en el que incluímos "La última huelga de los basureros". Pues bien, la editorial platense Mil botellas, (quienes ya publicaron a Rafael Barret, entre otros) reedita en un mismo libro dos de las grandísimas novelas cortas del amigo Kordon, Alias Gardelito (1956) y Kid Ñandubay (1971). Vaya como muestra una párrafo de la primera:

"Todo indicaba que existía una especie de gente que no sólo aceptaba, sino que necesitaba del engaño, pagaba por eso. Lo fundamental era dejar que ellos se engañaran solos; no forzarlos nunca. Estaba visto que no era preciso forzarse para engañar a nadie; esa gente se engañaba sola. Él sólo quiso robar un perro; venderlo y cargar con las consecuencias. Pero he aquí que había caído en un mundo de amantes de los perros, donde la gente se enternecía y aflojaba la bolsa sin mayor resistencia. Lo mejor era quedarse quieto: mostrarse cariñoso con ese perro y pasearlo hasta que se presentara una nueva oportunidad. Pues estaba visto que por él mismo nadie le daría dinero para tomar un taxi, ni lo valorizaría en veinte pesos." (Alias Gardelito, p. 86-87)

Fuente: Kordon, Bernardo (1981): Alias Gardelito; Un horizonte de cemento; Kid Ñandubay, Buenos Aires, Galerna.

domingo, marzo 29, 2009

Sobre el ratón Mickey y el ensueño de los hombres actuales

"Al cansancio le sigue el sueño, y no es raro por tanto que el ensueño indemnice de la tristeza y del cansancio del día y que muestre realizada esa existencia enteramente simple, pero enteramente grandiosa para la que faltan fuerzas en la vigilia. La existencia del ratón Mickey es ese ensueño de los hombres actuales. Es una existencia llena de prodigios que no sólo superan los prodigios técnicos, sino que se ríen de ellos. Ya que lo más notable de ellos es que proceden todos sin maquinaria, improvisados, del cuerpo del ratón Mickey, del de sus compañeros y sus perseguidores, o de los muebles más cotidianos, igual que si saliesen de un árbol, de las nubes o del océano. Naturaleza y técnica, primitivismo y confort van aquí a una, y ante los ojos de las gentes, fatigadas por las complicaciones sin fin de cada día y cuya meta vital no emerge sino como lejanísimo punto de fuga en una perspectiva infinita de medios, aparece redentora una existencia que en cada giro se basta a sí misma del modo más simple a la par que más confortable, y en la cual un auto no pesa más que un sombrero de paja y la fruta en el árbol se redondea tan deprisa como la barquilla de un globo."
Fuente: Benjamin, Walter (1989): "Experiencia y pobreza (1933)" en Discursos interrumpidos, Madrid, Taurus, pág. 172.

viernes, marzo 27, 2009

10ma Feria del Libro Independiente y Alternativa

viernes, marzo 20, 2009

Philip K. Dick en los tiempos de Jesucristo

Acá, los muchachos de la revista Hermano Cerdo recuperan y traducen una conferencia muy extraña de Philip K. Dick en la que parte desde una entrevista sobre fascismo y el caso Watergate en las tazas giratorias y en el barco pirata del Capitán Garfio en Disneylandia; luego, pasa por las preguntas que movilizan su proyecto creador (¿qué es la realidad?; ¿qué constituye el auténtico ser humano?), desemboca en un llamado de atención frente a la creación de "pseudo-realidades creadas por gente muy sofisticada usando mecanismos muy sofisticados" y finaliza en una extensa anécdota que señala asombrosas coincidencias entre el argumento de su novela Flow my tears escrita en 1970, el libro Hechos de los Apóstoles de la Biblia y su propia vida.
Copio una parte imperdible:
"[...]¿Cómo explicar todo esto? [la coincidencia entre su novela, el libro de Hechos... y algunas situaciones que le tocó vivir]

La respuesta que se me ha ocurrido puede no ser correcta, pero es la única que tengo. Tiene que ver con el tiempo. Mi teoría es la siguiente: En algún sentido importante, el tiempo no es real. O tal vez sí es real, pero no tal como lo experimentamos o como lo imaginamos que es. Tuve una certidumbre aguda y abrumadora (y todavía la tengo) de que pese a todo el cambio que vemos, un paisaje específico yace bajo el mundo cambiante: y ese paisaje invisible es el de la Biblia; es, específicamente, el período inmediatamente subsiguiente a la muerte y resurrección de Cristo; es, en otras palabras, aquel cuando ocurren los Hechos de los Apóstoles.

Parménides estaría orgulloso de mí. He mirado fijamente el mundo en cambio constante y he declarado que bajo él yace lo eterno, lo inamovible, lo absolutamente real. ¿Pero qué ha ocurrido? ¿Si el momento real es cercano a 50 D.C., entonces por qué vemos 1978 D.C? ¿Y si realmente vivimos en el Imperio Romano, en algún lugar en Siria, por qué vemos los Estados Unidos?

Durante la edad media, una teoría curiosa vio la luz, se las voy a presentar tal y como es. Es la teoría de que el Maligno -Satán- es el “Simio de Dios”. Él crea imitaciones espurias de la creación, de la creación auténtica de Dios, y luego las intercambia por aquella creación auténtica. ¿Explica esta rara teoría mi experiencia? ¿Debemos creer que hemos sido cegados, que hemos sido engañados, que no es 1978 sino 50 D.C…. y que Satán ha creado una realidad falsificada para debilitar nuestra fé en el retorno de Cristo?

Me imagino siendo examinado por un psiquiatra. El psiquiatra dice, “¿En qué año estamos?”. Y yo respondo, “50 D.C.” El psiquiatra parpadea y luego pregunta, “¿Y dónde estás tú?” Yo respondo, “En Judea.” “¿Dónde diablos es eso?” pregunta el psiquiatra. “Es parte del imperio romano,” tendría que responder. “¿Tú sabes quién es el presidente?” me preguntaría el psiquiatra, y yo respondería, “El procurador Felix.” “¿Estás seguro?” preguntaría el psiquiatra, mientras envía una señal discreta a dos inmensos enfermeros. “Sip,” respondería. “A menos que Felix haya dimitido y haya sido reemplazado por el Procurador Festus. Lo que pasa es que San Pablo fue capturado por Felix debido -” “¿Quién te dijo todo esto?” preguntaría de imprevisto el psiquiatra, irritado, y yo respondería, “El Espíritu Santo.” Y después de eso yo terminaría en la habitación acolchada, mirando hacia afuera, y sabiendo exactamente cómo había llegado a ese lugar.[...]"
Léanla completa que vale la pena. Acá, la versión de la conferencia en inglés.

miércoles, marzo 18, 2009

El proyecto editorial que vienen desarrollando los chicos de Ediciones El andariego es digno de tener en cuenta. Este mes lanzan En octubre no hay milagros una novela del escritor peruano Oswaldo Reynoso en el marco de la colección "Narrativa urgente", colección en la que intentan trazar un nuevo mapa de la literatura latinoamericana y lo vienen logrando (rescataron Ferrocarriles argentinos de Elvio Gandolfo, ese sí que fue un primer gran paso).
Copio los datos editoriales y la contratapa del nuevo libro:

Título: En octubre no hay milagros
Autor: Oswaldo Reynoso
Colección: Narrativa Urgente
Precio: $ 35

Lima en los años 60: es el día del Señor de los Milagros, la multitudinaria procesión en hábito morado que une a todos los peruanos. En contraste con este día de recogimiento y devoción religiosa, el escenario de fondo se ofrece a ritmo de manifestaciones, represión y muertes.
El poderoso don Manuel, empresario que teje los hilos de la política desde la sombras; Tito, su joven mancebo recogido de las calles; don Lucho, trabajador honrado que busca un nuevo hogar ante un inminente desalojo; sus hijos y el duro tránsito de la adolescencia a la madurez son algunos de los personajes que se entrecruzan en esta novela que se desarrolla en las horas que separan la mañana del anochecer.
En octubre no hay milagros nos muestra al mejor Reynoso, con un estilo que acosa, perturba, por momentos asquea, y que, como una constante en toda su obra, nunca nos deja indiferentes.

Pags: 240p.
ISBN: ISBN978-987-24021-5-0

Más info, acá.

domingo, febrero 15, 2009

El porqué de las bombachas rosas o decálogo del escritor bombachista o carta abierta a un joven cuentista de sexo (Isidoro Blaisten)

Coincido con mi compañero Emiliano en que Isidoro Blaisten es un cuentista imperdible y uno de los grandes tapados de la literatura argentina (a veces me pregunto por qué algunos de estos autores tapados y despreciados en nuestra literatura, alcanzan con el correr de los años, el podio (al menos, el académico) como Osvaldo Lamborghini y por qué no sucede lo mismo con otros como Blaisten, Rozenmacher, Briante, etc.; a lo mejor tiene que ver con las modas teóricas que circulan por los pasillos de las facultades, por los catálogos de las editoriales independientes y por los estantes de las librerías cool de Palermo, seguramente la cuestión es mucho más profunda). Agradezco la oportunidad que me brindó el 2008 de leer todos sus cuentos, de disfrutarlos, de conocer su cuentística prolífica, humorística y muy bien escrita; tal vez, nunca me hubiera acercado a sus libros y ahora que lo hice, no puedo evitar recomendárselo a todo aquel que tiene interés en leer cuentos excelentes, entretenidos, inteligentes, etc.
Entre ese cúmulo de cuentos (prometo hacer un 'greatest hits' de Blaisten para la próxima, para el/la que quiera acercarse a su obra), se destaca una serie que parodia, sobre todo en sus obras de los 60-70, a la literatura comprometida, a los artistas revolucionarios, a los lugares comunes de la literatura argentina de dicho momento y a las reglas del juego del campo intelectual y literario. En esa serie en la que se destacan cuentos como "Un extraño reportaje" (en La salvación, 1972) o "El sotobosque del country" (en El mago, 1974), se inscribe el texto que pego a continuación:


El porqué de las bombachas rosas o decálogo del escritor bombachista o carta abierta a un joven cuentista de sexo



1º) En toda parte de sexo, de cualquier literatura, sexual o no, to­das las bombachas deberán ser rosas. Únicamente rosas.
2º) Las bombachas verdes no inspiran confianza.
3º) Las bombachas negras dan mala impresión. Entristecen. Pare­ciera ser que el escritor de sexo apelara a bajos recursos policíacos.
4º) Las bombachas blancas semejan mofa o burla hacia el lector.
5º) Las bombachas violetas semejan propaganda de supermercado.
6º) Bombachas índigo, tierra de siena, fucsia, ladrillo, té con leche, mostaza, rojo indio, rojo señal, rojo de cadmio, gris acerado, celeste im­perio, ocre, amarillo de nápoles, tiza, bronce viejo, marfil de occidente, tierra de sombra tostado, ciclamen, borravino, pistacho, azul veronés, azul de ultramar, azul cobalto, azul brasso, azul de prusia y todo es azul, descartadas por completo.
7º) En el relato de ficción, quien usare las bombachas deberá sufrir.
8º) Las formas de sacar la bombacha en forma sádica y brutal son infinitas y variadas. Por lo general no hay reglas fijas y todo depende de fas distintas escuelas literarias:
a) Naturalista: con los dientes mientras la protagonista acaricia a dos gatos de angora con ambas manos.
b) Realismo socialista: con una pinza pico de loro.
c) Objetivista o llamada también escuela de la mirada: el protago­nista varón mirará fijamente durante catorce páginas una jofaina esmal­tada mientras las bombachas van cayendo lentamente.
d) Clásica helénica: se unce el elástico a un carro de cuadriga. El au­riga hace viborear el látigo y las bombachas estallan como ramos de ja­ciatos.
e) Lenguaje coloquial: he aquí un ejemplo: —Sacátelas, guacha.
(Ella): —Rodolfo (puede usarse otro nombre).
—Qué. ¿No te gusta? Una sacadita, no más.
Rodolfo, seguía diciendo ella. Seguiste diciendo. Y me clavabas. Le clavabas. Las uñas. Las uñas. Las uñas.
f) Literatura de la tilde, llamada también del guión grande o desig­nada con la locución familiar "de la rayita": sobre el de-curso del cuerpo textual se es-curre la bombacha. Con-fusión de géneros. La escritura des­anda y re-vela. ¿Vela o re-vela? Cuerpo des-velado, de-velado. ¿Cubre o des-cubre? Re-cae la culpa y cae la bombacha. Él no ceja. Él persevera. Je persévère. Je père sévère. Ne me quittez pas. Quitátela. Cae. Re-cae. La. Bomb-acha.
Debes ser muy preciso e indicar con absoluta precisión y claridad meridiana el lugar donde quedarán las bombachas una vez sacadas por cualquiera de los métodos ya especificados.
Los mejores lugares de tu preferencia serán:
a) Enroscadas en forma de sierpe alrededor de una pata de mesa veneciana del siglo dieciséis.
b) Al volar por el aire han quedado colgadas de un ángulo de un grabado de Piranesi que representa el pontón de Castel Sant'Angelo.
c) Han quedado desmayadas en forma de caléndula aterida junto al portarretrato que tiene una foto que representa a la hija (no importa de quién).
d) Es obvio indicar que cada tipo de literatura que se emplee usa­rá la forma literaria de dejar caída la bombacha que le resultare más proclive. Verbigracia, para el tipo de literatura coloquial los lugares po­drían ser:
a-1) El álbum pisoteado de las fotos de casamiento (no importa de quién).
a-2) Papel de estraza todo engrasado y asqueroso con restos de sa­lame o bondiola. Nunca leberwurst, cima rellena, jamón del diablo, ja­món tiernizado y/o serrano ni menos todavía aspic de pavita aun cuan­do venga precedido de la connotación "cortado en fetas".
a-3) La cama (mejor que cama, jergón, si fuera posible) deberá re­chinar estrepitosamente. Acá Rodolfo puede tener un pensamiento inte­rior o un fluir de la conciencia entre paréntesis y/o corchetes (nunca as­teriscos): "La muerte. Guacha. Sos la muerte. La fábrica. Rodolfo. Rodolfo. Rodolfo. Tiene ruido a muerte. Rodolfo. Guacha. Fábrica. Ro­dolfo. Puta".
a-4) El joven escritor sexual bombachista deberá estar alertado contra un peligro muy común de confundir el empleo de la técnica mixta con la mezcla de las escuelas literarias. Veamos un ejemplo:
Se incendia la villa Miseria. Los amantes quedan carbonizados pe­ro la bombacha se salva porque ha quedado aprisionada entre dos cha­pas de cinc canaleta. En ningún caso el joven escritor de sexo hará pro­nunciar al teniente de bomberos estas palabras mientras rescata la bombacha: "En Flandes se ha puesto el sol".
He notado que muchos jóvenes en su afán efectista de sorprender al lector de sexo no paran mientes y atentan contra la pureza del estilo, inconsiderando que esta tesitura puede crear una generación de jóvenes sexuales desmañados, sin rigor, que caen en lo chabacano y corren el al­bur de que su literatura sexual muera con ellos.
Hace un mes, recibí una carta de un joven escritor del condado de Yorkshire. Su literatura sexual estaba encuadrada dentro del pragmatis­mo clásico helénico, no obstante lo cual no titubea en describir con ca­racteres rúnicos la bombacha rosa tiziano de la protagonista.
He aquí todo, joven cuentista. En la soledad recoleta de tu gabine­te, trabaja, trabaja y trabaja. Si lo que acá se ha dicho te ha servido para el rigor, mi misión está cumplida. Pero tenlo presente: estas líneas no son un dogma sino una guía para la acción.

En Blastein, Isidoro (2004): Cuentos completos, Buenos Aires, Emecé, págs. 103-105.
 

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