sábado, abril 21, 2012

La persistencia del relato

Sobre la base de un esquema de desarrollo con tres fases —separación del individuo de su comunidad social, prueba extraterritorial y maduración, reintegración—, que el etnólogo Arnold van Gennep desarrolló en Les rites de passage (1909), el ya mencionado Victor Turner describe la historia de iniciación como (p.ej. Turner, Ritual, p. 34s.). Es posible diferenciar estas iniciaciones , marcadas por el esquema de búsqueda, de otros esquemas de acción de iniciación, a los que Burkert llama tragedia de la niña adolescente (Burkert, Kulte, pp. 89-100). Se trata en este caso de una forma femenina de la iniciación, que, según Burkert, se resume en cinco funciones, siguiendo la morfología del cuento maravilloso de Propp (Kulte, pp. 91s.): (1) La niña es forzada a dejar su hogar. (2) Vive en un lugar solitario y extraño. (3) Un hombre (humano, dios, demonio) irrumpe y la embaraza. (4) La niña embarazada atraviesa una fase de sufrimientos (castigos, cautiverio, expulsión). (5) La niña es salvada y da a luz a su hijo. Burkert ve el fundamento socio-biológico del esquema de acción de la tragedia de la niña adolescente en el proceso por el cual la niña se convierte en madre, con los estadios intermedios, que van desde de la primera menstruación (el inicio de la madurez sexual suspende la estructura familiar) y la primera relación sexual hasta el nacimiento de la descendencia. El cuento maravilloso de Rapunzel es un ejemplo de esta tragedia de niña adolescente. En la versión de los Kinder- und Hausmärchen (pp. 75-78) de los Grimm, la pequeña Rapunzel debe huir de sus padres bajo la protección de una hechicera (= 1). Esta encierra a la niña de doce años en una torre solitaria (= 2). Años más tarde, el hijo de un rey da con la torre, conoce a Rapunzel y la deja embarazada (= 3). La hechicera descubre la relación entre ambos, corta a Rapunzel su hermoso cabello y la abandona en un desierto (= 4). Rapunzel da a luz un niño y una niña; después de mucho tiempo, el hijo del rey la encuentra y la lleva a su reino como esposa (=5).
Martínez, Matías; Scheffel, Michael (2011[1999]): Introducción a la narratología, Buenos Aires, Las cuarenta, pp. 224-225.

jueves, abril 19, 2012

Retromaníacos


Los muchachos de Caja Negra editan Retromanía de Simon Reynolds. Copio la contratapa y ya lo estoy adquiriendo:

"Vivimos en una era en la que la cultura pop ha enloquecido por lo retro y la conmemoración: bandas que vuelven a juntarse, reediciones, mashups, biopics y documentales de rock… La sobreabundancia de influencias e imágenes del pasado producto de las nuevas tecnologías (Mp3, iPod, YouTube, blogs, MySpace, Spotify, etc.) parece haber convertido a artistas y oyentes en arqueólogos, profanadores y archivistas. Y al reciclado y la recurrencia en rasgos estructurales de la escena musical. ¿Nos dirigimos acaso hacia una especie de catástrofe ecológico-cultural, en la que la búsqueda en los archivos de la hiistoria del rock también se agotará? ¿Qué sucederá cuando nos quedemos sin pasado? ¿Hay algo en el paisaje musical actual –artistas como LCD Soundsystem, Ariel Pink, Lady Gaga o The White Stripes– que sea lo suficientemente rico para sustentar formas futuras de revivalismo? ¿O es que acaso el reciclado degradará el material original hasta un punto en el que ya no se le pueda extraer valor de uso alguno? 
Para Simon Reynolds, uno de los críticos musicales más lúcidos de su generación, hemos llegado a un punto de inflexión. Si bien épocas anteriores han estado también influidas por la música del pasado (¿qué hubiera sido de The Fall y de P.I.L. sin The Velvet Underground o Can?, ¿qué de Depeche Mode y Soft Cell sin Kraftwerk, Bowie o Roxy Music?), nunca antes una sociedad ha estado tan obsesionada como la nuestra con los artefactos culturales de su pasado inmediato. Retromanía es el primer libro que examina la actual fiebre por lo retro y que se interroga si este fenómeno supone una sentencia de muerte para toda originalidad o si llegará nuevamente un tiempo en el que el pasado dejará de ser un museo y un archivo para volver a ser un conjunto de recursos utilizados en la búsqueda de territorios sonoros desconocidos."

lunes, abril 16, 2012

Odradek



Visto en Biopolítica de los estados de excepción.

domingo, abril 15, 2012

La sinagoga de los iconoclastas (J. R. Wilcock) (XXXIII)

ALFRED WILLIAM LAWSON

Hace sólo veinte años existía en el estado de Iowa, cerca de la ciudad de Les Moines, una universidad en la que se impartían exclusivamente las enseñanzas de una única persona: la persona de su propietario, Alfred William Lawson.
Rector Magnífico y Primer Sabio de la Universidad de Lawsonomía, Lawson se describe a sí mismo en su libro Manlife (Vida de hombre), firmado con el pseudónimo Cy Q. Faunce y dedicado enteramente a la documentación de las propias gestas intelectuales, en los siguientes términos: «No hay límites para sus increíbles actividades mentales; infinitas inteligencias humanas se fortificarán y ocuparán durante miles de años en el estudio de las ramas interminables que brotan del tronco y de las raíces del más grande árbol del saber que haya producido hasta ahora la raza humana.»
En la contraportada del mismo libro, el editor (siempre el mismo Lawson) tributa respetuoso homenaje al autor: «Comparada con la Ley de la Penetrabilidad y del Movimiento en Zigzag y Remolino de Lawson, la ley de la gravitación de Newton se convierte en un ejercicio de escuela primaria, y los descubrimientos de Copérnico y de Galilea no son más que semillas infinitesimales del saber.»
«El nacimiento de Lawson fue el acontecimiento más importante de toda la historia de la humanidad», comenta inmodestamente Lawson. Este acontecimiento se produce en Londres en 1869. Trasladado junto con los padres a Detroit, a la edad de cuatro años el estudioso se enfrenta a su primer y fundamental descubrimiento científico: es decir, descubre que siempre es posible hacer salir por la ventana el polvo de la habitación, sirviéndose únicamente del aire de los pulmones; cuando, en cambio, se utiliza la reabsorción, el polvo vuelve a la habitación. Deduce así del fenómeno una primera intuición, de los dos principios elementales que regulan el movimiento del universo: Reabsorción y Presión.

sábado, abril 14, 2012

La vuelta del conde


Los muchachos de Muerde Muertos reeditan Beber en rojo de Alberto Laiseca. Una joyita. Más info, acá.

miércoles, abril 11, 2012

Vagabundo en Nueva York

Un vagabundo que habla argentino practica los ejercicios esotéricos de un místico ruso en las calles de alguna ciudad norteamericana. Marcha a ritmo. Frena antes de cruzar aunque hay luz verde. Se concentra, murmura algo para sí. Mira hacia la derecha, baja el cordón con el pie izquierdo, cruza la calle y sube al otro cordón con el derecho pero, como si se hubiera arrepentido, baja hacia atrás y sube de nuevo con el izquierdo. Mete las manos en los bolsillos, las saca. Respira hondo. Vuelve a caminar.
Así empieza esta parte del esparadísimo ensayo de Osvaldo Baigorria, La condición de la experiencia (no hace falta decir sobre la obra de quién es, el título habla por sí solo).
I want it all and i want it now.

lunes, abril 09, 2012

Oh, la jovencita...

Más sobre Teoría de la jovencita del colectivo Tiqqun, acá. Esperemos que fieles a sus principios, el libro esté en la web rápidamente para esparcir la buena nueva.

viernes, abril 06, 2012

Socket, deporte de célibes caballeros



Visto en El Baile Moderno.

jueves, abril 05, 2012

Pulp


Como empezaría Wimpy, el tipo tiene un compromiso con el análisis cultural. El tipo se sienta frente a su computadora y actualiza su blog, día por día. Así, su blog aparece siempre bien arriba en cualquier vetusto blogroll como el mío. Se llama La biblia de los pobres, flamante nombre, ¿no? La idea es buena y el resultado, mejor: el tipo te toma un detalle, te toma una página, un plano, un cuadro y en tres o cuatro puntos te lo despacha, te lo relaciona con la cultura pop, con la industria cultural o con lo que se te ocurra. No necesita más espacio, con esos tres o cuatro parrafitos (y nosotros, los lectores-internautas le estamos profundamente agradecidos) aporta su lectura. Y lo mejor es que lo hace con sutileza, con precisión y destreza. y lo mejor es que no desprecia nada del mundo de la imagen (de lo imaginario): desde el fanzine al arte abstracto, de la serie de moda a la película de culto, del comic mainstream al comic underground. Así, con sus herramientas, con su compromiso, el tipo aporta su granito de arena a la lucha de sentidos cultural, imaginaria y actualiza día a día ése, su blog, La biblia de los pobres.Leételo, que se las trae.

miércoles, abril 04, 2012

La sinagoga de los iconoclastas (J. R. Wilcock) (XXXII)

LLORENÇ RIBER

Llorenç Riber tuvo la fortuna singular de nacer en una de las casas de pisos construidas por Gaudí en Barcelona; su padre decía que parecía una conejera. Este fue su primer contacto con el arte y con los conejos; ello explica que en materia de arte se convirtiera en un iconoclasta; y en materia de conejos, en un entendido. De la convicción de que él mismo era un conejo sacó tal vez el ímpetu que no tardó en convertirlo en una de las fuerzas más poderosas del teatro contemporáneo; arte al cual supo dar, desde su primera y elástica juventud, tal impulso, que convendrá preguntarse si alguna conseguirá levantarse del lugar donde lo ha enviado dicho impulso. A partir de Riber, nada se ha producido en el escenario que ya no hubiese sido hecho por él.
De la colección de artículos y ensayos Hommage à Ll. Riber (Plon, 1959), compilada con motivo del aniversario de la muerte del director (el cual, como se sabe, fue devorado por un león en las proximidades de Fort Lamy, en el Chad, el 23 de septiembre de 1958, en circunstancias que hasta ahora permanecen ignoradas) transcribimos en primer lugar esta descripción de su persona, tal como fue presentada en 1935 por el critico Enrique Martínez de la Hoz en un diario barcelonés.
El director era entonces extremadamente joven y el crítico no menos hostil, pero el testimonio queda:
“Llorenç Riber llega como un ángel, ligero, casi de puntillas, los brazos abiertos en cruz, las manos que revolotean armoniosamente siguiendo los desplazamientos a derecha o izquierda de los largos cabellos rubios, limpios y lacios. Es muy joven, pero ya ha conseguido hacerse un nombre entre los peores directores de España. En lugar de llevar el jersey debajo de la chaqueta lo lleva al cuello, como un boa, y cada vez que salta de impaciencia ante la incomprensión y la estupidez del mundo, se echa hacia atrás una manga de lana sobre el hombro, irritado, viperinamente amenazador.”
Muy diferente es el tono de los ensayos críticos que lo recuerdan en los años cuarenta y cincuenta, los años de su primera impetuosa madurez, truncados de manera tan lamentable por el rey de los animales, en una zona que, entre otras cosas, no es la suya; parece, en efecto, que era un león vagabundo. Del Homenaje citado hemos elegido cuatro críticas especialmente significativas, cuatro momentos de una carrera cuya única ambición parece haber sido la de abrir al teatro la más original y deslumbrante de las tumbas. Para completar la figura del director prematuramente devorado, añadimos una de las más raras obras de su resistente bolígrafo, el guión para una versión, sin embargo jamás realizada, de un film histórico-legendario que debiera haberse titulado Tristán e Isoldo.

1

Tête de Chien
(Tres actos de Charles Rebmann, Petit Gaumont, Vevey/Entre-deux-Villes)

Dicen que el director Llorenç Riber, no se sabe por qué, tiene la costumbre de introducir uno o varios conejos en cada uno de sus montajes teatrales. Lo hizo en su inolvidable producción de Pelléas et Melissande de Maeterlinck en Poitiers, en la que Pelléas, muerto al final del cuarto acto, reaparecía a comienzo del quinto, en el marco gótico de una elevada ventana del castillo, ataviado como una de las Meninas de Velazquez con un gran conejo de tela entre los brazos. Después en Ibiza, en su versión de Doña Rosita la soltera; allí el conejo estaba vivo y Rosita lo llevaba de paseo en una jaula con ruedas como un papagayo.

martes, abril 03, 2012

Malditos heterodoxos

lunes, abril 02, 2012

El deseo de unas islas

Néstor Perlongher escribió, al menos, tres artículos sobre la "guerra de Malvinas" (que fueron recopilados en Prosa plebeya (Colihue, 1997)). Dos, "Todo el poder a Lady Di" (1982) y "La ilusión de las islas" (1983), ya andan dando vueltas por la web hace unos años. En cambio, "El deseo de unas islas" (1985) nos faltaba. Este último, que aprovecho para digitalizar en esta fecha particular, cruza la guerra con la cuestión de la identidad y si bien el artículo se lee en el marco de la reflexión sobre la "identidad homosexual", los enlaces con las Malvinas son, por demás, productivos. En fin, vaya el artículo de Perlongher para seguir disfrutando de su prosa (de los ecos de su poesía, de sus palabras marginales) y para no cerrar la "guerra de Malvinas" en una mirada unívoca, monolítica.

El deseo de unas islas (Néstor Perlongher)

Publicado en la revista anarquista Utopía nº 3, en 1985. El texto había sido leído el 25 de junio de 1982 en el Sindicato de Jornalistas de Sâo Paulo, en un encuentro sobre “Política y Deseo” organizado por los grupos gays paulistas. A pesar de que el tema de la identidad recorre el ensayo, las alusiones y analogías con la guerra de Malvinas –además de la fecha de escritura- sugieren incluirlo aquí [en la sección sobre “Malvinas Argentinas” de Prosa plebeya (Colihue, 1997)]. Utopía existió entre 1984 y 1987.

Un aviso del desaparecido Ejército de Liberación Homosexual de las Malvinas (en el exilio), prolijamente censurado por la prensa, decía textualmente: "Se recomienda a las 8 (ver informe Kinsey) maricas malvineras entregarse indistintamente a cualquier soldado". Si creemos en las estadísticas de Kinsey y calculamos que los aproximadamente 15.000 soldados sitiados en esas frías soledades precisarán al menos un coito semanal, las desdichadas kelpers deberían haberse pasado a un promedio de 250 soldados por día, suponiendo que el machismo de los ejércitos les impedirá satisfacerse entre ellos y descartando el recurso de las ovejas, por tratarse de perversiones ajenas al tema de este debate.
De ahí que cualquier movimiento homosexual que se preciara debería haber declarado la inmediata solidaridad con las maricas malvineras —quedando, de paso, mejor que los izquierdistas que se solidarizaron con la dictadura argentina—, no tanto porque ellas no se los pudieran bancar solas —ya que los cargamentos de vaselina rusa untuosamente distribuida a través de la soldadesca tornan gozosa cualquier dilatación—, sino porque la guerra habría de acabar algún día, y quién las podrá rescatar de ese vicio de masas.

domingo, abril 01, 2012

La danza de los gags


A las notas que Agamben redactó sobre el gesto, habría que agregarle una más: la de los Looney Tunes. ¿O acaso no fueron ellos quienes intentaron reapropiarse del gesto como destino, del gesto como trazo? ¿O acaso no podrían ser ellos uno más de los eslabones del atlas Mnemosyne de Warburg? 
En todo caso, el gesto como aquello que los personajes de Looney Tunes asumen y soportan puede recorrerse en Lunatic toons, una genial página que recopila imágenes animadas (gifs) de las fantasías animadas de ayer y hoy, aquel último intento de medios sin fin, una danza de los gags.

sábado, marzo 31, 2012

La flexión paranoica (VI)

13 de mayo de 1938. La inversión benigna. Ésta consiste en restablecer el sentido de los valores que la inversión maligna ha dado vuelta precedentemente. Satán, amo del mundo, ayudado por sus cohortes de gobernantes, magistrados, prelados, generales y policías, presenta un espejo ante la faz de Dios. Y con esta operación, la derecha pasa a ser izquierda, la izquierda pasa a ser derecha, al bien se le llama mal y al mal se le llama bien. Su predominio en las ciudades se manifiesta, entre otros signos, en las innumerables avenidas, calles y plazas dedicadas a militares de carrera, es decir a asesinos profesionales, muertos todos, por supuesto, en la cama, porque no hay nada satánico sin un toque grotesco que es como la rúbrica del Príncipe de las tinieblas. Hasta el asqueroso nombre de Bugeaud, uno de los más abominables carniceros del siglo pasado, deshonra las calles de varias ciudades de Francia. La guerra, mal absoluto, es fatalmente objeto de un culto satánico. Es la misa negra celebrada a la luz del día por Mammón, y los ídolos salpicados de sangre, ante los cuales se obliga a arrodillarse a las multitudes engañadas, se llaman: Patria, Sacrificio, Heroísmo, Honor. El sitio más relevante de ese culto es el Hotel de los Inválidos, que yergue su gran pompa de jabón clorada, hinchada por las emanaciones de la Carroña imperial y de algunos asesinos secundarios que allí se pudren. Hasta la estúpida masacre del 14-18 tiene sus ritos, su humeante altar bajo el Arco de Triunfo, sus turiferarios, como tuvo sus poetas, Maurice Barres y Charles Péguy que pusieron todo su talento e influencia al servicio de la histeria colectiva de 1914, y que merecen ser elevados a la dignidad de Grandes descuartizadores de la juventud, con muchos otros, por supuesto.
Ese culto del mal, del sufrimiento y de la muerte, va acompañado lógicamente por el odio implacable hacia la vida. El amor, preconizado in abstracto, es perseguido encarnizadamente en cuanto reviste una forma concreta, toma cuerpo y se llama sexualidad, erotismo. Esta fuente de alegría y de creación, este bien supremo, esta razón de ser de todo lo que respira, es perseguido con diabólico ardor por toda la chusma sensata, laica y eclesiástica.

P.D. Una de las inversiones malignas más clásicas y asesinas ha dado origen a la idea de pureza.
La pureza es la inversión maligna de la inocencia. La inocencia es amor al ser, sonriente aceptación de los alimentos celestiales y terrenales, ignorancia de la infernal alternativa entre pureza e impureza. De esta santidad espontánea y como de nacimiento, Satán ha hecho un remedo que se le parece pero que es todo lo contrario: la pureza. La pureza es horror a la vida, odio al hombre, pasión mórbida por la nada. Un cuerpo químicamente puro lo es después de haber sufrido un bárbaro tratamiento para llegar a ese estado absolutamente antinatural. El hombre dominado por el demonio de la pureza siembra la ruina y la muerte a su alrededor. Purificación religiosa, depuración política, salvaguardia de la pureza de la raza, muchas son las variaciones sobre este tema atroz, pero todas monótonamente desembocan en innumerables delitos cuyo instrumento privilegiado es el fuego, símbolo de la pureza y del infierno. (pp.102-104)
Tournier, Michel (1979[1970]): El rey de los Alisos, Buenos Aires, Sudamericana.

viernes, marzo 30, 2012

De semblantes, atmósferas y espías

Leo, para mi trabajo, la novela Los 39 escalones de John Buchan (1914) y además de encontrarme con una entretenidísima historia de espías, conspiraciones y acción pre-primera guerra mundial, me sorprende este elocuente fragmento en el que la teoría de un inglés colonialista en Rodesia pone en juego la tensión entre el semblante y la identidad. 
Pero de repente recordé algo que había escuchado del viejo Peter Pienaar en Rodesia. Ya he citado a Peter en mi relato. Era el mejor explorador que haya conocido y, antes de volverse una persona respetable, varias veces había tenido problemas con la ley y fue perseguido por las autoridades. Peter habló una vez conmigo sobre el tema del engaño y tenía una teoría que justo en este momento vino a mi mente. Dijo que, exceptuando las certezas absolutas como las huellas digitales, los simples rasgos físicos eran muy poco útiles para la identificación si el fugitivo realmente hacía bien su trabajo. Se reía de cosas como el pelo teñido, barbas falsas y disparates por el estilo. Lo único que importaba era lo que Peter llamaba "atmósfera".
Si un hombre podía amoldarse perfectamente a un contexto diferente del ámbito en el que se lo había visto por primera vez y -esta es la parte más importante- realmente podía adaptarse a esas circunstancias comportándose como si nunca hubiera estado en otras, podría entonces engañar a los detectives más inteligentes sobre la tierra. Además, Peter solía contar una historia de cómo una vez había pedido prestado un saco negro y había entrado en una iglesia y compartido el mismo libro de cantos con el hombre que lo estaba persiguiendo. Si ese hombre lo hubiera visto antes rodeado de personas decentes lo habría reconocido; pero solo lo había visto apagando las luces de una cantina con un revólver.
El recuerdo de la conversación con Peter me hizo sentir reconfortado por primera vez en todo el día. Peter había sido un hombre muy sabio, y los tipos a los que perseguía eran más que inteligentes. ¿Y si estaban haciendo lo que proponía Peter? Un tonto trata de parecer diferente; un hombre astuto se ve igual pero es diferente.
Otra vez se hacía presente esa máxima de Peter que me había ayudado cuando fui peón caminero: "Si estás representando un papel, no lo podrás mantener a menos que te convenzas de que verdaderamente eres ese papel". Esto explicaba el partido de tenis. Esos tipos no necesitaban actuar, simplemente daban vuelta un picaporte y pasaban a otra vida tan natural para ellos como la primera. Suena como algo obvio, pero Peter solía decir que este era el truco de todos los criminales famosos.
Buchan, John (2010[1914]): Los 39 escalones, Buenos Aires, La estación, pp.132-133.

martes, marzo 27, 2012

Iría

...si mañana no fuera mi cumpleaños, les juro que iría a la presentación del libro de Tan largas pestagnas en el Centro Cultural Matienzo. ¿Por qué? Porque el chabón, Grego, hace humor con nada. Sus tiras y dibujos pueden descomponerse en dos: por un lado, están los gags sencillos y absurdos, la escritura sinuosa a lo palote; y por otro lado, un dibujo infantil, hecho como al pasar (garabatos torcidos, mamarrachos). Y ese conjunto construye un humor que marca una diferencia, acá no hay cuidado de las formas: hay descontrol y mueca, delirio y borroneo. En fin, vayan, compren y salúdenlo de mi parte.


domingo, marzo 25, 2012

Los taconeos...

La primera parte de El antiguo alimento de los héroes de Antonio Marimón se titula "Lorera" y es un relato, narrado en primera persona por un recluso de un centro de detención durante la última dictadura militar en Argentina. El narrador, con tono intimista-realista-existencialista, propone un interrogante que nos lleva del principio al fin: ¿cómo contar/transimitir esa experiencia de horror y muerte, de pérdida del yo y de afirmación de la carne?
En fin, para conmemorar el Día de la Memoria, vaya este capítulo de tan oscuramente brillante nouvelle (que esperemos algún día vuelva a ser leída y editada en Buenos Aires).


VIII

Los taconeos, el acento metálico de las armas al ser cargadas o descargadas, el tintinear de las botellas, los gritos, las órdenes, el roce de las esposas, la caída del agua de los retretes, un encendedor al prender, las toses, los pedos. Pienso que ése era el primer escalón de ruidos. Tenían por característica que se los podía aislar, cada uno transparentaba una acción que yo imaginaba y reconstruía sobre la pantalla de los párpados vendados. Seguía, luego, otra escala más confusa pero reconocible: consistía en la llegada de una o más víctimas. Empezaba como un tropel de pasos. Se escuchaba inmediatamente el choque de huesos contra la pared, los alaridos revueltos, lo que gritaba el desgraciado mientras lo hacían correr a las patadas, a culatazos, rompiéndole los dientes, hasta que se estremecía una puerta al cerrarse y se amortiguaba el curso de la acción. Los policías sobre todo insultaban ¡hijo de puta! ¡apátrida! ¡sos montonero! y los detenidos respondían que no, o decían por favor, tengo hijos, no me peguen, mis viejos, yo no hice nada, ay mamita mamá mamá. No era demasiado extensa la gama de sus respuestas; sino, sencillamente, no hablaban y toleraban el castigo entre quejidos o bruscos soplos de aire.
Muy cerca de este nivel había un tercero, superior en intensidad, compuesto por lo que se oía cuando la paliza era hasta la muerte. En ese caso impresionaba el jadeo de los verdugos y que lentamente, sin ninguna pausa, cruzaban un límite. A eso lo comunicaba un sentimiento más que una certeza: el ruido se elevaba a nuestras emociones autónomo hasta de la intención de quienes pegaban, adquiría una fuerza de destino superior y como fuera de lo comprensible, pese a que tampoco se podía dejar de escucharlo. Las posiciones de los personajes estaban inhumanamente fijas. Un tronar carnoso explotaba en el cuerpo del golpeado. Era una sonoridad cuyo recuerdo me aterra: los gritos subían y bajaban en vaivenes de frecuencia, se modulaban como un extraño despliegue de improvisaciones sin música, de suspiros donde el ritmo emanaba por un frotarse de la vida y la muerte. Es decir, daba una música para no ser interpretada en ningún concierto porque cada quien la toca con una voz no repetida jamás. Era un canto de médula despedazándose. Y yo torcía los dedos de los pies, sudaba, dentro de diez minutos me toca a mí me decía no dejando entrar otra idea. En aquella catacumba se estaba matando a un hombre.
Después, muy a posteriori, he meditado en algo que hubiera debido pensar o imaginar allí. Cuando mi memoria vuelve a esta escala de sonidos, que como una graduación de transparencias termina en la absoluta confusión, nace una cara de Bacon, el estudio sistemático de un disparate goyesco o un fragmento de cerebro destazado por la grafía de Cuevas. Pero son obsesiones gráficas, trampas, formas para lo que la forma repele. Una pústula anatómica de Leonardo: nueva trampa. En ese momento tan sólo atinaba a afirmar que iba a ser el próximo. Yo anticipaba lo peor que podría sucederme para que no ocurriese, trataba de que aun el padecimiento, por omisión o por engaño, tuviese un sentido dentro de un orden del ser. Orden ya tan frágil como una hebra de seda en el pico de un águila.
Había una última escala de sonidos y no deseo olvidarla: el retumbo de los golpes que yo recibía, su choque con el cuerpo propio, mío, íntimo. ¿Cómo definir este ruido? En ocasiones me lo he preguntado y contesto que ensordecedor, y ensordecedor era la más real de las defensas que a uno le quedaba.

Marimón, Antonio (1987): "Lorera" en El antiguo alimento de los héroes, Buenos Aires-Montevideo, Puntosur, 26-28.

viernes, marzo 23, 2012

Epic Caperucita


Red de Jorge Jaramillo y Carlo Guillot. Visto en dadanoias.

miércoles, marzo 21, 2012

La sinagoga de los iconoclastas (J. R. Wilcock) (XXXI)

NIKLAUS ODELIUS

Durante cierto tiempo, hacia 1890, los enemigos del darwinismo —que entonces amenazaba con arrastrar a Europa a una nueva herejía, tan atractiva que seducía incluso a las Iglesias militantes— se sintieron tentados de apuntarse a las teorías de Odelius, profesor de zoología de Bergen y corresponsal del Real Instituto de las Ciencias de Königsberg; la tentación fue tan efímera como la teoría.
Como otros muchos estudiosos de su siglo, Odelius había llegado a la conclusión de que el relato de la creación del mundo que nos había dejado Moisés debía ser totalmente revisado. No ya porque la historia del Génesis no hubiera sido inspirada por el propio Dios, sino porque la expresión escrita de dicha inspiración había sido confiada a la lengua hebraica. Ahora bien, es característico de dicha escritura el hecho de aparecer invertida, o en cualquier caso en la dirección que el mundo unánimemente estima invertida, o sea de derecha a izquierda. Era una manera como otra, entre las muchas imaginadas por Dios, aquel eterno burlón, de dar a entender a los lectores que también los hechos descritos estaban invertidos. Generaciones de hombres se habían preguntado cómo era posible que Dios hubiese separado en un día la luz de las tinieblas, y algunos días después creado el sol y las estrellas, que constituyen la única fuente conocida de luz: la respuesta de Niklaus Odelius era simplemente que el sol había sido creado antes que la luz, y el hombre antes que los animales. Eso implicaba curiosas consecuencias.
Como todos los naturalistas de su tiempo, Odelius era evolucionista; fue el único entre sus contemporáneos, en cambio, que seguía sosteniendo, como muchos habían sostenido en los siglos XVII y XVIII, que esta evolución suponía una decadencia; no sólo de un estado de perfección original, cerciorable en mayor o menor medida en las diferentes especies tanto desaparecidas como existentes, sino decadencia también a lo largo de la escala biológica, de especie a especie, de la más antigua y suprema invención de Dios, que es el hombre, hasta los más modernos protozoos. El hombre aquejado por el pecado original se había convertido en mono (no todos, sin embargo, porque quedaban todavía algunos, en el estado originario, para testimoniar la gloria del Creador), el mono en veso, el veso en ballena y así sucesivamente: los lagartos en peces, los peces en calamares, las hidras en amebas; desde sus orígenes el mundo había tomado el camino de un franco descenso.
Niklaus Odelius, zoólogo, supuso que algo parecido debía haber ocurrido con las plantas; pero dejó a los botánicos ese aspecto del problema. Reconocía que la escritura de la creación era en ocasiones decididamente bustrofédica, es decir, que determinadas cosas habían ocurrido después, y otras antes, respecto a como habían sido narradas, o bien testimoniadas por la historia fósil; en cualquier caso, los detalles no le incumbían, lo que le interesaba sobre todo era la gran síntesis, la idea conductora, la genial intuición que no sólo hacía morder el polvo a toda una ralea petulante de darwinistas, sino que arrojaba una luz insólita sobre los milenios alterados de lo creado, este degenerar de Adán en babuino, en perro, el elefante, en pterodáctilo, en serpiente. Eva, en cambio, había degenerado, sugería Odelius, en animalitos amables y femeninos, suaves castores, suntuosos pájaros, preciosas tortugas. La idea de que la tortuga sea un animal precioso, comparable por tanto a la mujer, puede parecer arbitraria actualmente, pero estaba muy difundida a fines del siglo pasado, cuando era usada (la tortuga) para fabricar peines, anteojos y tabaqueras.
Un estudioso capaz de afirmar que los camellos descienden de los árabes, tal vez hubiera podido mantenerse a flote en la Edad Media; pero hace ochenta años, como científico, su fama estaba condenada a una rápida extinción. La ciencia oficial es una fortaleza, en cuyos túneles en ocasiones, tal vez siempre, reina una lucha encendida, pero sus puertas no se abren al primero que llama a ellas. Del Génesis al microbio (1887), la obra en la que Odelius expresa más articuladamente su teoría de la progresiva estultifícación de las especies, habría podido ser acogida con curiosidad, con escepticismo, con repugnancia, con hilaridad; en cambio no fue acogida en absoluto. Nadie se tomó el trabajo de refutarla, lo que es la máxima señal del desprecio científico. No por ello el autor se quitó la vida; en la soledad de la obstinación, vivió el suficiente tiempo como para que le fuera permitido contemplar la llegada de los nazis a Bergen, como confirmación a su jamás repudiada teoría.

martes, marzo 20, 2012

Voy


Presentación | Historieta. Los canillitas y Saichann: La Flor, Bacteria, Bronx
Miércoles 21 de marzo a las 20:00. Auditorio. Entrada libre y gratuita. Hasta completar la capacidad de la sala.

Organizado junto con Locorabia y Grupo Belerofonte

Se presentan los libros de historietas Los canillitas de Diego Agrimbau y Fernando N. Baldó y Saichann: La Flor, Bacteria, Bronx de Alberto Saichann, Ricardo Ferrari y Eduardo Mazzitelli.

Los autores dialogarán con Alejandro Farias, Marcos Vergara (Loco Rabia) y Rodolfo Santullo (Grupo Belerofonte- Uruguay), editores de estos títulos. Moderarán este encuentro los periodistas y especialistas Andrés Valenzuela y Andrés Accorsi.


Más info sobre Los canillitas, acá.
Más info sobre Saichann, acá.

domingo, marzo 18, 2012

Carnavalizando



Fiesta popular - Babasónicos

Juego de látigos,
mis dedos quieren salpicar,
Risa de latas,
viento peina chispas.

No seas infeliz,
dejate arrastrar por el carnaval.
Noche de máscaras,
déjate influenciar por el caos.

Chicas ricas no le tengan miedo,
esto es sólo una fiesta popular,
Chicos ricos no se asusten tanto,
esto no termina, es una fiesta popular.

Orgía de plásticos,
chusma de la capital,
zumbadores,
chuchería seria.

No seas infeliz,
dejate arrastrar por el carnaval.
Noche de máscaras,
déjate influenciar por el caos.

Chicas ricas no le tengan miedo,
esto es sólo una fiesta popular,
Chicos ricos no se asusten tanto,
esto no termina, es una fiesta popular.

Chicas ricas no le tengan miedo,
esto es sólo una fiesta popular,
Chicos ricos no se desesperen,
esto no termina, es una fiesta popular.

sábado, marzo 17, 2012

Derecho de resistencia

El problema del estado de excepción presenta evidentes analogías con el del derecho de resistencia. Se ha discutido mucho, particularmente en el seno de asambleas constituyentes, acerca de la oportunidad de incluir el derecho de resistencia en el texto de la constitución. En el proyecto de la actual Constitución italiana, estaba incluido un artículo que afirmaba: "Cuando los poderes públicos violan las libertades fundamentales y los derechos garantizados por la Constitución, la resistencia a la opresión es un derecho y un deber del ciudadano". La propuesta, que retomaba una sugerencia de Giuseppe Dosseti, uno de los exponentes más prestigiosos del área católica, encontró vivas oposiciones. En el curso del debate prevaleció la opinión de que era imposible regular jurídicamente algo que, por su naturaleza, se sustraía al ámbito del derecho positivo, y el artículo no fue aprobado. Pero en la Constitución de la República Federal Alemana figura en cambio un artículo (el 20) que legaliza sin reservas el derecho de resistencia, afirmando que "contra cualquier intento de abolir aquel orden [la constitución democrática], todos los alemanes tienen un derecho de resistencia, si otros remedios no son posibles". Las argumentaciones son aquí exactamente simétricas a las que oponen los autores de la legalización del estado de excepción en el texto constitucional o en una ley expresa frente a aquellos juristas que consideran del todo inoportuna su reglamentación normativa. Es cierto, en todo caso, que si la resistencia se volviera un derecho o, aun más, un deber (cuya omisión podría ser castigada), no sólo la constitución terminaría por colocarse como un valor absoluto intangible y omnicomprensivo, sino que también las elecciones políticas de los ciudadanos terminarían por ser jurídicamente normatizadas. El hecho es que ya en el derecho de resistencia, ya en el estado de excepción, lo que está en cuestión, en suma, es el problema del significado jurídico de una esfera de acción en sí misma extrajurídica. Aquí están en contraste la tesis que afirman que el derecho debe coincidir con la norma y la que sostiene en cambio que el ámbito del derecho excede la norma. Pero las dos posiciones son en última instancia solidarias en el hecho de excluir la existencia de una esfera de la acción humana sustraída por completo al derecho.

Agamben, Giorgio (2005[2003]): Estado de excepción, Buenos Aires, Adriana Hidalgo, pp. 38-39.

viernes, marzo 16, 2012

The Pep's Show



miércoles, marzo 14, 2012

La flexión paranoica (V)

6 de mayo de 1938. Esta mañana, en la primera plana de todos los diarios, aparecen las fotos del nuevo gabinete ministerial. ¡Asombrosa y patibularia galería! La bajeza, la abyección y la estupidez se encarnan de diferentes modos en esos veintidós rostros, que ya hemos tenido ocasión de admirar veinte veces en otras "combinaciones". Por otra parte, la mayoría de ellos formaban el ministerio anterior.
Tienes que pensar en una "Constitución siniestra" cuyo preámbulo comprenda las seis siguientes proposiciones:
1. La santidad corresponde al individuo solitario y sin poder temporal.
2. A la inversa, el poder político proviene íntegramente de Mammón. Los que lo ejercen toman sobre sí toda la iniquidad del cuerpo social, todos los delitos que se cometen diariamente en su nombre. Por eso es que el mayor delincuente de una nación es quien ocupa la posición más elevada en la jerarquía política: el Presidente de la República; después de él los ministros, y después de ellos todos los dignatarios del cuerpo social, magistrados, generales, prelados, servidores todos de Mammón, símbolos vivientes todos del magma fangoso que se llama Orden establecido, cubiertos todos de sangre de los pies a la cabeza.
3. A estas temibles funciones responden los organismos con un ajuste perfecto. Para cumplir con el más abyecto de los oficios, una selección a la inversa se encarga de cernir en el cedazo los equipos que constituyen la quintaesencia de la más sublime escoria que la nación puede ofrecer. Queda establecido que de un consejo de ministros, de un cónclave, de una conferencia internacional, se exhala un olor a carroña que aleja hasta a los buitres más cebados. A un nivel más modesto, un consejo de administración, un estado mayor, la reunión de un cuerpo constituido cualquiera, son otros tantos hatos de crápulas, que un hombre medianamente honesto no podría frecuentar.
4. En cuanto un hombre dicta la ley, se colocará al margen de ella y al mismo tiempo quedará fuera de su protección. Es por ello que la vida de un hombre que ejerza un poder cualquiera tendrá menos valor que la de una cucaracha o una ladilla. La inmunidad parlamentaria debe ser objeto de una inversión benigna que dará derecho a todos los ciudadanos a tirar, sin permiso de caza, ante la aparición de cualquier hombre político que se ponga al alcance de su fusil. Cada asesinato político es una obra de salubridad moral, y hace sonreír de felicidad a la Santa Virgen y a los ángeles del paraíso.
5. Convendría añadir a la constitución de 1875 un artículo según el cual todos los miembros de un gobierno depuesto serían pasados por las armas sin apelación y de inmediato. Es inconcebible que hombres a los que la nación retira su confianza puedan, no solamente volver impunes a sus casas, sino también proseguir su carrera política aureolados por su quiebra fraudulenta. Esta disposición tendría la triple ventaja de limpiar la sanies más cadavérica de la nación, de evitar el regreso de los mismos rostros a sucesivos gobiernos, y de aportar a la vida política lo que más falta le hace: seriedad.
6. Todo hombre deberá saber que el vestir voluntariamente un uniforme, cualquiera sea éste, lo señalará como criatura de Mammón y se expondrá a la venganza de la gente honesta. Entre el número de bestias hediondas que se puede cazar en cualquier estación, la ley deberá citar a los policías, los curas, los guardianes de plazas y hasta a los académicos. (100-102)
Tournier, Michel (1979[1970]): El rey de los Alisos, Buenos Aires, Sudamericana.

lunes, marzo 12, 2012

Ultraviolento


Más info acá. Vayan, yo si pudiera ir a la charla del bueno de Rodrigo Rey Rosa, ahí estaría (después de leer El material humano, que me prestó mi buen amigo EM, nunca fui el mismo).

Visto en Hablando del asunto.

¿Nativos digitales? Pfffff...


One often hears that today’s young people find computers and the internet to be totally natural and easy to use — i.e., that they are “digital natives.” I’m going to say that that’s false, at least of college students.

Some pieces of anecdotal evidence:
  • Getting college students to check their e-mail regularly is often a challenge.
  • College students frequently display a lack of understanding of how basic computer programs work (using manual headings in a word processor, creating manual footnotes, etc.).
[A menudo se escucha que actualmente la gente joven encuentra a las computadoras y a internet como algo absolutamente natural y fácil de usar, es decir, que son "nativos digitales". Voy a señalar que esto es falso, al menos para los estudiantes universitarios.

Algunas partes de evidencia anecdótica:
  •  Lograr que los estudiantes universitarios chequeen sus e-mails regularmente es a menudo un desafío.
  • Los estudiantes universitarios frecuentemente demuestran una falta de entendimiento de cómo funcionan los programas básicos en una computadora (usar encabezados manuales en el procesador de texto, crear notas al pie manuales, etc.).]

Evidencia para evitar comerse el buzón de que las nuevas generaciones serían maestros del manejo informático: lean el breve post de Adam sobre los supuestos "nativos digitales", con el que concuerdo absolutamente, acá.

viernes, marzo 09, 2012

La sinagoga de los iconoclastas (J. R. Wilcock) (XXX)

SYMMES, TEED, GARDNER

El capitán John Cleves Symmes sostenía que la tierra está formada por cinco esferas concéntricas, todas ellas agujereadas por los polos. Mucho, y durante muchos años, se habló en los Estados Unidos de esta apertura polar, llamada habitualmente el «agujero de Symmes»; el capitán había hecho distribuir por todas partes un folleto en el que explicaba cómo estaban las cosas y solicitaba la ayuda de cien valerosos compañeros dispuestos a explorar con él el agujero septentrional, a lo largo de varios millares de kilómetros. A través de este agujero —y del opuesto— el agua del mar fluye continuamente a la primera esfera interna, también poblada, al igual que las tres restantes, de animales y vegetales.
Sus teorías quedan expuestas en dos libros, muy diferentes entre sí pero ambos titulados La teoría de las esferas concéntricas de Symmes (Symmes' Theory of Concentric Spheres); el primero publicado en 1826, por un discípulo suyo, y el segundo en 1878, por su hijo, Americus Symmes. Una de las razones aducidas por Symmes en apoyo de su hipótesis es el hecho, para él obvio, de que con el sistema de las esferas concéntricas el Creador se ahorraba una notable cantidad de materiales, sin afectar en mucho la solidez del conjunto. Por otra parte la circunstancia de que la tierra sea habitable tanto por fuera como por dentro debe ser para Dios, sumo arrendador de los planetas, ventajosa, no sólo desde el punto de vista económico sino también del ecuménico.
Parece que el relato inconcluso de Edgar Allan Poe, Narración de Arthur Gordon Pym de Nantucket, pretendía precisamente describir un viaje al centro de la tierra a través del agujero de Symmes.

* * *
Una noche de 1869, en su laboratorio alquímico de Utica, Cyrus Reed Teed tuvo una visión, descrita posteriormente en el opúsculo La iluminación del Koresh: Maravillosa experiencia del Gran Alquimista de Utica, Nueva York (The Illumination of Koresh: Marvelous Experience of the Great Alchemist at Utica, N. Y.). En la visión se le había aparecido una hermosa mujer y le había anunciado que él, Cyrus Teed, se convertiría en el nuevo Mesías. Antes de desaparecer, la señora le había explicado además la estructura real del universo, o sea la auténtica cosmogonía.

miércoles, marzo 07, 2012

La posta...

...en la impresión de futuros libros artesanales. Un tutorial divino. ¡A por ellos!

sábado, marzo 03, 2012

¿Quién de nosotros escribirá "El niño proletario"?







"Clase media: Wachifiesta" por Langer en revista Barcelona, 24 de febrero de 2012, Buenos Aires, pp. 24-25.

miércoles, febrero 29, 2012

Del lector de leyendas de santos, el todavía no y la vida pecaminosa


Los textos narrativos unen así dos perspectivas epistemológicas diferentes, la relativa a la praxis vital de los protagonistas, de un lado, y la analítico-retrospectiva del narrador, de otro. Para el lector, comprender un texto narrativo implica tener en cuenta ambas perspectivas.
La doble estructura epistemológica de los textos narrativos entre la perspectiva de los agentes y la del narrador encuentra su expresión quizás más clara en lo que se refiere al ámbito de los relatos literarios en determinados nombres de géneros. Designaciones como "leyenda" o "tragedia" poseen la misma particularidad lógica que las oraciones narrativas descriptas arriba. Subsumen los acontecimientos, a partir del primer episodio, en un determinado esquema de acción y comprenden lo narrado desde la perspectiva de su desenlace. Y, a diferencia de los predicados no narrativos, pueden, en retrospectiva, resultar falsos en virtud del desarrollo posterior de la historia. A modo de prueba y a fin de ilustrar esto imaginemos una leyenda de santos cristiana cuyo héroe lleva una vida en temor de Dios que cumple con todos los requisitos para una salvación futura. Después de muchos años, sin embargo, cae en las manos de infieles sanguinarios que procuran apartarlo de su fe torturándolo; en estas circunstancias, el héroe reflexiona acerca del horizonte abierto de acciones posibles, abjura de su fe y lleva adelante, a partir de allí, satisfecho, una vida pecaminosa. Un desarrollo tal convierte retrospectivamente toda la historia en algo diferente a una leyenda —como por ejemplo en una leyenda paródica—. En una verdadera leyenda, el santo es, desde su nacimiento, un futuro santo, su vida transcurre, en palabras de Clemens Lugowski, "en la absoluta seguridad del "todavía no", esto es, en la absoluta certeza de la consumación, que, de este modo, se supone dada de antemano" (Lugowski, Form, p. 28). Estos esquemas de acción asociados a los nombres de géneros son análogos lógicamente a las oraciones narrativas. Sólo retrospectivamente puede adscribirse con seguridad un texto a un determinado género.
¿Es posible concebir una cultura en la que la propia vida es llevada adelante desde una perspectiva agencial ligada al presente y, al mismo tiempo, es descrita con la certeza (no psicológica, sino) epistémica de los predicados narrativos? Nos parece que esto es lógicamente inconcebible; en cualquier caso, no se trataría de nuestra cultura. El convencimiento intuitivo del lector de leyendas de santos respecto de la certeza futura de la vida santa se debe más bien al hecho de que el lector proyecta la certeza del punto de vista retrospectivo a la perspectiva abierta de los agentes. En este caso, la forma genérica empuja la perspectiva existencial del agente a un segundo plano, sin hacerla desaparecer del todo, por cierto.
Martínez, Matías; Scheffel, Michael (2011[1999]): Introducción a la narratología, Buenos Aires, Las cuarenta, pp. 176-177.

martes, febrero 28, 2012

Qué hacer


A su vez, y a diferencia de lo que sucede a menudo con los grupos de investigación y cátedras relacionadas con la teoría literaria en la Argentina, no privilegiamos la literatura nacional como objeto de estudio. Frente a la actitud facilista de entender la teoría como una serie de dispositivos, recursos y postulados formulados en Europa o (más raramente) Estados Unidos capaces de producir monografías, papers y tesis al ser aplicados a Saer o a Arlt, preferimos encarar las cuestiones teóricas directamente. No se trata tampoco de producir una teoría “argentina” en el sentido telúrico del término, sino de una descolonización invertida: deshacernos de cualquier imperativo nacionalista para trabajar con la teoría desde un lugar crítico y productivo, en pos de un trabajo sobre el método que tenga en cuenta las particularidades de nuestro contexto y de nuestra formación. Somos conscientes de que escribir teoría literaria en español implica el riesgo de quedarse atrapado en la cárcel de lo local, pero sin embargo creemos que la simple resignación a esta situación recibida es una solución cobarde.
La revista Luthor, una genial publicación sobre y de teoría literaria, cumple 3 años y 8 números. El editorial de este nuevo número es una toma de posición, un manifiesto para nuestro siglo XXI. Y además, abren sus páginas para colaboradores externos. ¿Qué más pedir? Léanla, es dejar de lado la superficialidad del hombre de acero e internarse en la mente retorcida del villano más inteligente del mundo. 

lunes, febrero 27, 2012

Historia de O

domingo, febrero 26, 2012

La sinagoga de los iconoclastas (J. R. Wilcock) (XXIX)

PHILIP BAUMBERG

En 1874, en las cercanías de Wanganui en la Nueva Zelanda septentrional, Philip Baumberg, natural de Cork en Irlanda, hizo funcionar por vez primera su bomba de perros o dog-pump. El artefacto, si es que así puede llamársele, aprovechaba el hecho científicamente demostrado de que si se llama a un perro bien educado, éste acude. Baumberg se servía de una treintena de perros de trabajo, pastores y similares, y de dos peones asalariados, indígenas, cuyo número fue después aumentando progresivamente,
El primer peón estaba situado en la parte baja, con un cubo, junto a un arroyo de agua potable; el segundo estaba en lo alto de la colina, al lado de un canalón de hojalata que mediante una leve pendiente conducía el agua hacia una cisterna contigua a la vivienda de Baumberg. Cada perro llevaba colgado del cuello un bidón que era llenado por el indígena de la parte inferior; después el de arriba llamaba al perro, y cuando éste llegaba a él, el hombre echaba el agua del bidón al canalón de la cisterna; inmediatamente después el otro indígena llamaba al perro hacia abajo y repetía la operación.
Con treinta perros en movimiento el efecto era especialmente vivaz. Para evitar los frecuentes errores provocados por la imposiblidad de recordar los treinta nombres de los animales, errores que repercutían desfavorablemente en la marcha del trabajo —en ocasiones un perro reclamado demasiado pronto se volvía abajo con el bidón todavía lleno—, Baumberg decidió dividir las tareas, de modo que los maoríes pasaron a ser cuatro: dos dedicados al trasvase y dos a las llamadas. Para impedir después que los perros se pararan a media pendiente, o se fueran por su cuenta, tuvo que añadir dos vigilantes a lo largo de la cuesta.
Otros dos indígenas fueron dedicados al recambio de los perros, dado que éstos, normalmente, por su especial naturaleza y constitución, no pueden trabajar más de una hora seguida. Por lo tanto, los perros utilizados en la bomba eran en realidad casi noventa, lo que complicaba de tal manera la memorización de los nombres, que fueron añadidos otros dos maoríes en calidad de auxiliares y ayudantes de llamada. Otros cuatro indígenas se encargaban de que los perros no se pelearan entre sí, ni se entregaran a prácticas indecentes, pero sobre todo no se escaparan con los bidones, tan altamente apreciados entonces como ahora por las poblaciones del interior.
No se le escapaba a Baumberg la obvia verificación de que catorce personas entregadas directamente al transporte de bidones o cubos, en lugar de a la vigilancia y dirección de los animales, hubieran transportado cien veces más agua que treinta perros, inquietos y caprichosos (muchas veces se sentaban para rascarse, se hacían el muerto, y los más astutos y viejos fingían hábilmente dolores en las patas, desvanecimientos, mareos, de manera especial las hembras). Pero profundas consideraciones humanitarias de carácter evangélico, bastante explicables en un judío irlandés en estrecho contacto con las desaparecidas pero prepotentes misiones católicas de la isla, le inducían no sólo a preferir el trabajo animal, sino también a describir minuciosamente sus ventajas, como puede leerse en su prolija y única disertación Dog as Worker, His Preeminence over Ass, Ox and Man (El perro como trabajador: sus ventajas respecto al asno, el buey y el hombre) impresa en Sidney, Australia, en 1876.
Puesto que ni en Auckland ni en otro punto de las islas existía entonces una Oficina de Patentes regular, y tampoco Australia, poblada todavía en buena parte por hijos y nietos de condenados a cadena perpetua, ofrecía en dicho sentido especiales garantías, Baumberg tuvo que esperar un viaje a Londres en 1884 para patentar su bomba de perros; de cuyo invento y puesta a punto no sacó otra cosa que burlas y olvido. Solamente se refiere a él Brewater, en su exhaustiva historia de las formas de trabajo: De las pirámides al control adaptativo con calculador on line (primer volumen de la Enciclopedia del sindicalista, Bari, 1969).

viernes, febrero 24, 2012

Chomsky para todos



¿El último grito de la moda? Remeras chomskyanas para lingüistas informales. Divino.

martes, febrero 21, 2012

La flexión paranoica (IV)

18 de febrero de 1938. Cada vez que en un coche que se me confía veo clavada en el tablero la medalla de San Cristóbal, pienso en el colegio de Beauvais, y admiro una de esas constancias que corren a lo largo de mi existencia. Algunas son fortuitas y algo ridículas. Ésta es fundamental. El colegio San Cristóbal, Néstor, luego este oficio de mecánico que vuelve a colocarme bajo el patronato del gigante cargando a Cristo... Hay más aún. Este cutis oscuro y este pelo lacio y negro, los heredé de mi madre, pues ella parecía una gitana. Nunca tuve la curiosidad de averiguar el origen de su familia —mi vida ya está bastante llena de premoniciones— pero no me sorprendería que en él hubiese algo de carromatos y caballos.
Es como este nombre de Abel que creí accidental hasta el día en que cayeron ante mis ojos las líneas de la Biblia que relatan el primer asesinato de la historia humana. Abel era pastor, Caín labriego. Pastor, es decir nómada, labriego, es decir sedentario. La disputa de Abel y de Caín prosigue de generación en generación desde el origen de los tiempos hasta nuestros días, como la oposición atávica de los nómadas a los sedentarios o, más exactamente, como la encarnizada persecución de que son víctima los nómadas por parte de los sedentarios. Y ese odio no se ha extinguido; lejos de hacerlo, reaparece en la reglamentación infame e infamante a que están sometidos los gitanos a quienes se trata como a criminales, y que se exhibe a la entrada de las aldeas en carteles que indican "estacionamiento prohibido a los nómadas".
Es verdad que Caín está maldito y que su castigo, como su odio por Abel, se perpetúa igualmente de generación en generación. Ahora, le dijo el Eterno, serás maldito en la tierra que abrió sus entrañas para recibir de ti la sangre de tu hermano. Cuando la cultives ya no te dará sus frutos, andarás por ella errante y fugitivo. Así Caín fue condenado al peor de los castigos para él: convertirse en nómada como lo era Abel. Tiene palabras de rebeldía contra este veredicto que además no obedece. Se retira lejos de la faz del Eterno, y allí construye una ciudad, la primera ciudad, a la que llama Enoch.
Pues bien, yo sostengo que esa maldición de los agricultores, tan duros siempre con sus hermanos nómadas, sigue cumpliéndose en nuestros tiempos. Como la tierra ya no los nutre, los panzas-barrosas se ven obligados a hacer sus petates y a partir. Van errando por millares de una región a otra, y en el siglo pasado se sabía que, haciendo del estado sedentario una de las condiciones para ejercer el derecho de voto, se excluía del cuerpo electoral una considerable masa fluctuante y, en principio, insensata por estar desarraigada. Luego se establecen en las poblaciones donde forman el proletariado de las grandes ciudades industriales.
Y yo, oculto entre los arraigados, falso sedentario, falso hombre sensato, no me muevo, es cierto, pero cuido y reparo ese instrumento por excelencia de la migración, el automóvil. Y tengo paciencia porque sé que vendrá el día en que el cielo, harto de los crímenes de los sedentarios, hará llover fuego sobre sus cabezas. Entonces, como Caín, serán arrojados en desorden a los caminos, huyendo enloquecidos de sus ciudades malditas y de la tierra que se niega a alimentarlos. Y yo, Abel, el único sonriente y satisfecho, desplegaré las grandes alas que escondía bajo mi ropa sucia de mecánico y, pateando sus cráneos tenebrosos, emprenderé el vuelo hacia las estrellas. (47-49)
Tournier, Michel (1979[1970]): El rey de los Alisos, Buenos Aires, Sudamericana.

lunes, febrero 20, 2012

Leer a Libertella

La importancia de A la santidad del jugador de juegos de azar no radica en su novedad (de El árbol de Saussure a Zettel, la literatura libertelliana había ligado ya de manera decisiva su deseo a una apuesta autoreflexiva y a una deriva textual cada vez más pronunciada hacia lo informe, lo múltiple y lo inacabado), sino en su inactualidad, es decir: en el contraste que presenta al ser incorporado a cualquier listado de libros recientes. En este sentido, las preguntas que este libro póstumo de Héctor Libertella plantea a la masa pueril de etnografía y fetichismo de la subjetividad en que se solaza la literatura argentina contemporánea son varias y diversas. Sin embargo, hay dos, fundamentales, sobre las que vale la pena detenerse especialmente, sobre todo porque en ellas se define su efectuación política.
Ésta es la clase de reseñas que quisiera escribir: reseñas en las que un libro leído puede ser la punta de lanza para problematizar el campo literario, el campo cultural, una toma de posición en sus polémicas, en sus movimientos y en sus búsquedas. Más allá de que uno como lector coincida o no con sus apreciaciones, no puedo evitar sentir que las que valen son estas reseñas (las que invitan a una lectura crítica, las que extienden sus alcances a los bordes del texto, las que proponen conceptos, ideas, posturas) y no las otras (las pedestres, las que copian temas de la contratapa o simplemente las que cuentan el libro). En fin, una estimulante reseña de Maximiliano Crespi sobre A la santidad del jugador de juegos de azar de Hector Libertella.

domingo, febrero 19, 2012

Instrucciones de seguridad

sábado, febrero 18, 2012

Desfachatez

En nuestra cultura, la relación cara/cuerpo está signada por una asimetría fundamental, que establece que la cara permanezca por lo general desnuda, mientras que el cuerpo normalmente se cubre. A esta asimetría le corresponde un primado de la cabeza, que se expresa en los modos más diversos, pero que es más o menos constante en todos los ámbitos, desde la política (donde al titular del poder se le llama la "cabeza") hasta la religión (la metáfora cefálica de Cristo en Pablo); desde el arte (donde puede representarse la cabeza sin el cuerpo -es el retrato-, pero no -como es evidente en el "desnudo"— el cuerpo sin la cabeza) hasta la vida cotidiana, donde el rostro es por excelencia el lugar de la expresión. Esto parece confirmarse por el hecho de que mientras las otras especies animales presentan con frecuencia precisamente en el cuerpo los signos expresivos más vivaces (las pintas del pelaje del leopardo, los flamantes colores de las partes sexuales del mandril, pero también las alas de la mariposa y el plumaje del pavo real), el cuerpo humano está singularmente privado de rasgos expresivos.
Esta supremacía expresiva del rostro tiene su confirmación y, a la vez, su punto débil en el rubor incontrolable donde se hace patente la vergüenza por la desnudez. Es tal vez por esa razón que la reivindicación de la desnudez parece poner en cuestión sobre todo el primado de la cara. Que la desnudez de un cuerpo bello puede eclipsar o hacer invisible el rostro se dice claramente en el Cármides, el diálogo que Platón consagra a la belleza. Cármides, el joven que da nombre al diálogo, tiene un bello rostro pero, dice uno de los interlocutores, su cuerpo es tan bello que "si él aceptara desnudarse, creeríais que no tiene rostro" (Car. 154d), que él está, literalmente, "sin rostro" (aprósopos). La idea de que el cuerpo desnudo puede impugnar el primado del rostro para ponerse él mismo como rostro está implícita en las respuestas de las mujeres en los procesos de brujería que, interrogadas sobre por qué en el aquelarre besaban el ano de Satanás, se defendían afirmando que también ahí había un rostro. De modo similar, mientras que en los inicios de la fotografía erótica las modelos debían ostentar en el rostro una expresión romántica y soñadora, como si el objetivo las hubiera sorprendido, no visto, en la intimidad de su boudoir, con el transcurso del tiempo este procedimiento se invierte, y la única tarea del rostro se vuelve la de expresar una impúdica conciencia de la exposición del cuerpo desnudo a la mirada. La desfachatez (la pérdida del rostro) es ahora la contraparte necesaria de la desnudez sin velos. El rostro, devenido cómplice de la desnudez, mirando al objetivo o haciendo un guiño al espectador, da a entender una ausencia de secreto, expresa sólo un darse a ver, una pura exposición.
Agamben, Giorgio (2011): "Desnudez" en Desnudez, Buenos Aires, Adriana Hidalgo, pp. 128-130.

viernes, febrero 17, 2012

La sinagoga de los iconoclastas (J. R. Wilcock) (XXVIII)

SOCRATES SCHOLFIELD

Su existencia siempre ha planteado dudas. Del problema se han ocupado santo Tomás, san Anselmo, Descartes, Kant, Hume, Alvin Plantinga. No ha sido el último Socrates Scholfield, titular de la patente registrada en el U.S. Patent Office en 1914 con el número. 1.087.186. El aparato de su invención consiste en dos hélices de latón montadas de manera que, girando lentamente cada una en torno a la otra y dentro de la otra, demuestran la existencia de Dios. De las cinco pruebas clásicas, ésta es la llamada prueba mecánica.

miércoles, febrero 15, 2012

Mortal Physics

sábado, febrero 11, 2012

Minotauro pynchoniano


Pronto, según la dialéctica del Libro, Pointsman estará solo, se deslizará por un negro campo hacia la isotropía, hacia el cero, con la esperanza de ser el último en irse... ¿Habrá tiempo? Él tiene que sobrevivir..., intentar conseguir el Premio, no por su propia gloria, no, sino para cumplir una promesa para con el grupo humano de siete al que perteneció en otro tiempo, aquel grupo que no lo consiguió... Aquí está la imagen de un médium, iluminado desde atrás, solo junto a la alta ventana del Grand Hotel, el vaso de whisky alzado hacia el límpido cielo subártico y «por ustedes, pues, camaradas; mañana todos nosotros estaremos en escena; ocurre que sólo Ned Poinstman nos sobrevivió a todos, eso es todo...». A ESTOCOLMO... Su grito de combate, y, después de Estocolmo, un borroso, un prolongado y dorado anochecer...
Sí, cierta vez creyó que lo estaba esperando un Minotauro, ¿saben?: solía soñar que él corría hasta la última sala, la bruñida espada a punto, gritando como el jefe de un comando, soltándolo todo al final: un auténtico y maravilloso climax de vida en su interior por primera y última vez, mientras el rostro se volvía hacia él, viejo, cansado, sin captar nada de la humanidad de Pointsman, sólo dispuesto a presumir ante él con otra rozadura de cuerno, otro golpe de pezuña, convertidos en rutina desde hacía mucho tiempo (pero esta vez habría lucha: Minotauro sangrante, la maldita bestia; gritos desde lo más profundo de su propio interior, cuya virilidad y violencia lo sorprenderían)... Éste era el sueño. Los lugares y las caras cambiaban; poco de él sobrevivía, salvo la estructura, a la primera taza de café y a la plana pastilla beige de bencedrina. Podía ser un parque de camiones al amanecer, el pavimento recientemente regado con mangueras, lleno de manchas marrones de grasa; los camiones con toldos de color oliva, cada uno con un secreto, todos ellos esperando..., pero él sabe que en el interior de uno de estos vehículos...Y, por fin, tras una detenida rebusca, lo encuentra: el código identificatorio más allá de las voces; sube a la parte trasera, bajo la lona, espera bajo la luz parda y opaca hasta que, a través de la borrosa ventanilla oblonga de la cabina, aparece un rostro, un rostro que él sabe que empieza a volverse..., pero la estructura fundamental es el rostro que se vuelve, el encuentro de los ojos... Acecha el Reichssieger von Thanatz Alpdrucken, el más esquivo de los sabuesos nazis, campeón en Weimar en 1941, que lleva tatuado dentro de la oreja el número 416832 del registro genealógico tras haber cruzado una Alemania londresificada, con su cada vez menor forma de hígado gris, galopando junto a sombríos canales sembrados de desperdicios de la guerra, entre estallidos de cohetes que nunca lo alcanzan, siempre perseguido, una placa grabada con explosiones, el plano de una ciudad destinada a la inmolación, el de una corteza cerebral humana y otra canina, la oreja del perro ligeramente inclinada, la parte superior de su cráneo reflejando claramente las nubes invernales, metiéndose en un refugio acorazado que se encuentra a varias millas por debajo de la ciudad, una ópera de intriga balcánica en cuya hermética seguridad, en medio de cuyos racimos de disonancia azul irregularmente marcados, Pointsman es incapaz de huir por completo debido al modo de insistir del Reichssieger, siempre en primer plano, sereno, imposible de anular, y de cuya persecución literal regresa de este modo, debe regresar una y otra vez en un rondó febril hasta que, por último, van a parar a la ladera de una colina, al final de una larga tarde de partes enviados por Armagedón, entre hileras escarlata de buganvilla, senderos dorados donde se alza el polvo, columnas de humo a lo lejos sobre la ciudad tentacular que ambos han atravesado, voces en el aire que dicen que América del Sur ha ardido hasta convertirse en cenizas, que el cielo de Nueva York se ha convertido en brillante púrpura debido al nuevo y todopoderoso rayo de la muerte..., y es aquí, por fin, donde el perro gris puede volverse y con sus ambarinos ojos mirar los de Ned Poinstman...
Cada vez, a cada cambio de dirección, su sangre y su corazón son acariciados, batidos, elevados con alborozo e impulsados hacia la helada noctiluca, hacia la fundente y fulgurante termita, mezcla de aluminio y óxido de hierro, de las bombas incendiarias, mientras él comienza a despedir una luz incontenible, mientras las paredes de la cámara adquieren un vivo matiz sangriento, naranja, luego blanco, y comienzan a deslizarse, a fluir como cera..., es un laberinto derrumbándose en anillos hacia fuera, héroe y horror, ingeniero y Ariadna consumidos, fundidos dentro de la luz de él, la loca explosión de él...
Hace ya años. Sueños que apenas recuerda. Hace mucho que los intermediarios han dejado de estar entre él y su bestia final. Le negarían incluso la mísera perversidad de estar enamorado de su propia muerte...
Pero ahora, con Slothrop en el asunto —ángel repentino, sorpresa termodinámica o lo que sea—, ¿cambiará algo? ¿Es posible que Pointsman llegue a tentar al Minotauro, al fin y al cabo?

Pynchon, Thomas (2002[1973]): El arcoiris de gravedad, Barcelona, Tusquets, pp. 219-222.

viernes, febrero 10, 2012

Red serial


Si una generación anterior de series consiguió, partiendo de referentes externos, darle forma a un mercado con una entidad tan reconocible y popular, lo lógico sería pensar que la nueva oleada de productos televisivos ya no tuviese que pasar nunca más por el trámite de “no parecer televisión”. Al contrario, el terreno abonado por The Sopranos, Six feet under, Lost y The Wire podría entenderse como el punto de partida desde el cual llevar propuestas a nuevas alturas. Breaking Bad podría ubicarse como bandera de una generación de series posteriores, construida con el ojo puesto en sus precedentes, una serie de series.
En la revista Orsai n°3, pueden leer un hermoso artículo, "Breaking Bad, la ultraserie", escrito por Nacho Vigalondo con una idea fundamental para las series que corren: las referencias deberíamos dejar de buscarlas en el cine y empezar a buscarlas en las series mismas, en la tradición televisiva. El análisis de Breaking Bad de Vigalondo es genial y lo mismo aplicaría para una serie como Fringe en la que se reconoce la radicalidad de Lost, mezclada con la estructura de casos autoconclusivos de House y el roce con fenómenos paranormales a lo X-Files. Vaya la hipótesis de Vigalondo, entonces, para encontrarle nuevas resonancias a nuestras series más queridas, en una lógica distinta a la del cine y los largometrajes.

martes, febrero 07, 2012

La necesidad de un ninja púrpura



Gracias, Adri.

lunes, febrero 06, 2012

La sinagoga de los iconoclastas (J. R. Wilcock) (XXVII)

YVES DE LALANDE

Hoy nadie lee ya las novelas de Yves de Lalande, lo que permite sospechar que dentro de poco ya nadie leerá las novelas de nadie. Yves de Lalande era un nombre inventado: en realidad se llamaba Hubert Puits. Fue el primer productor de novelas a escala realmente industrial. Como todos, se había iniciado en su actividad en un plano artesanal, escribiendo novelas a máquina; con ese método, muy ilustre, pero primitivo, necesitaba al menos seis meses para terminar una obra, y esa obra quedaba muy lejos de poder ser llamada un producto bien acabado. Con el tiempo, Puits se dio cuenta de que la idea de escribir por sí solo una cosa tan compleja y variada como una novela, tan llena de humores y situaciones y puntos de vista diferentes, parecía tarea más adecuada para un Robinson Crusoe que para un ciudadano de la más grande y avanzada nación industrial del siglo veinte, Francia.
Para empezar, el editor de la Biblioteca del Gusto, para la cual trabajaba Puits entonces, exigía que sus novelas abundaran no sólo en aventuras, sino también en escenas; de amor romántico; pero Puits llevaba seis años manteniendo una relación absolutamente normal con su camarera o sirvienta a horas, una antigua monja gris y avara que no le concedía el más mínimo detalle de tipo romántico, de modo que se veía obligado a sacarlos de otros libros y siempre había algo que no funcionaba, por ejemplo cuando la protagonista sabía que era la hija adulterina del hermano del rey de Francia, arrebataba al novio la espada y se atravesaba el pecho, pero la escena se desarrollaba en el metro entre Bac y Solferino bajo el Ministerio de Trabajos Públicos, cosa que podía parecer algo extraña.
En cuanto a aventuras, una vez le había sucedido que se quedó encerrado en el ascensor durante dos horas y media, y, en efecto, este episodio reaparecía con frecuencia en sus novelas, incluso en la de ambiente tonquinés, La fiera de la Cochinchina; pero sabía que no podía exprimirlo al infinito. Puits se convenció de que para hacer una buena novela no basta un solo hombre, hacen falta diez, tal vez veinte: quién sabe los empleados que tenían Balzac, Alexandre Dumas, Malraux, pensaba.
Por otra parte, los hombres son propensos a discutir entre sí: mejor cinco empleados de buen carácter que no diez genios incompatibles. Así fue como se inició el establecimiento o fábrica de novelas Lalande. No nos pondremos a describir aquí las fases sucesivas de su desarrollo, sino su forma definitiva, la que permitió al todavía joven marqués De Lalande (también el título era inventado) publicar, entre 1927 y 1942, 672 novelas, de las cuales 87 fueron trasladadas con variado éxito a la pantalla.

viernes, febrero 03, 2012

La flexión paranoica (III)

16 de enero de 1938. [...] Néstor comía rápida, seria, laboriosamente, interrumpiéndose sólo para enjugar el sudor que le manaba de la frente y le caía sobre los anteojos. Tenía algo de Sileno, con sus mofletes, su vientre redondeado, sus anchas caderas. La trilogía ingestión-digestión-defecación marcaba el ritmo de su vida, y las tres operaciones se rodeaban del respeto general. Pero ésta era sólo la faz manifiesta de Néstor. Su faz oculta, que fui el único en sospechar, eran los signos, la interpretación de los signos. Ese era el gran norte de su vida, junto con el despotismo absoluto con que abrumaba a todo San Cristóbal.
Los signos, la interpretación de los signos... ¿De qué signos se trataba? ¿Qué revelaba su interpretación? Si pudiera contestar esta pregunta, toda mi vida habría cambiado, y no sólo mi vida sino también —me atrevo a escribirlo en la certeza de que nadie leerá nunca estas líneas— hasta el mismo curso de la historia. Por cierto Néstor sólo había dado algunos pasos en ese sentido, pero mi única ambición es precisamente seguir sus huellas y llegar tal vez algo más allá de donde él llegara, gracias al mayor tiempo que se me concede y también a la inspiración que emana de su sombra. (pp. 33-34)

[...]

28 de marzo de 1938. Esta mañana, extraño sobresalto con la sensación de que es hora de levantarme. Mi despertador marca las dos menos cuarto, pero está parado. Me levanto en busca de mi reloj pulsera que está sobre la mesa. También está parado, y las agujas marcan las dos y diez. Tuve pues que discar en el teléfono la hora para saber que eran las siete.
En la calle niebla intensa. He dejado junto a la acera mi viejo Hotchkiss para poder correr a Meaux, a ver un cliente, antes de abrir el taller. Cuando acciono el arranque, no pasa nada: la batería no funciona, descargada sin duda por la niebla. Ahora bien, el reloj del tablero, alimentado por la batería, también se ha parado y marca las dos y quince.
Estas coincidencias en cadena me impresionarían si no estuviese acostumbrado al fenómeno. Pero mi vida está llena de coincidencias inexplicables que yo interpreto como otros tantos llamados de atención. No es nada; es el destino que me vigila y trata de que no olvide su presencia invisible pero inevitable.
El verano pasado, yo dormía con la ventana abierta de par en par. Al despertarme, conecto la radio para acunar con música los primeros minutos de la jornada. Y la música surge, en efecto, chispeante, vivaz, fresca, endiablada. Luego me distrae un gran jaleo en el techo, sobre mi cabeza. Algunos pájaros, de tamaño sin duda respetable, se pelean e insultan con pasión. El ruido aumenta y adivino a los adversarios entrelazados, resbalando sobre la chapa inclinada. Finalmente, un paquete de plumas erizadas rebota en el marco de la ventana y cae dentro de mi pieza. Dos urracas asustadas se separan con un impulso común y retoman, por la ventana, el camino de la libertad. En ese momento se apagan los últimos acordes de la música y la locutora anuncia: "Acaban de escuchar la obertura de La urraca ladrona de Rossini". Sonreí bajo las sábanas. Murmuré: "¡Buenos días, Néstor!".
A veces también es una respuesta —generalmente irónica— a un pedido indiscreto que se me escapa. Porque, en fin, rodeado como estoy de signos y de relámpagos, bien podría, sin duda, me parece, pretender tener suerte.
Hace seis meses, teniendo algunos vencimientos difíciles de levantar, compré un billete entero de la Lotería Nacional pronunciando esta corta plegaria: "Néstor, ¿aunque sea una vez?". ¡Ah, no puedo decir que no me haya escuchado! Hasta diría que me respondió, con un palmo de narices. Mi número era el B 953.716. El número que procuró un millón a su propietario fue el B 617.359. Mi número al revés. ¡Era para enseñarme a no querer sacar un trivial provecho de mi privilegiada relación con lo que hace mover el universo! Me enfadé; luego reí. (pp. 86-88)
Tournier, Michel (1979[1970]): El rey de los Alisos, Buenos Aires, Sudamericana.

miércoles, febrero 01, 2012

Grafonovelas para todos


Factum, grafonovelas semanales.
La idea es genial: historietas de género entregadas de forma semanal, todos los días, de lunes a sábados (el domingo se descansa). La variedad de los géneros va del horror a la space opera pasando por el policial negro.
Mis favoritas: Los pocos que quedan (un misterio sobrenatural) de M. Muntaner y Manuel Depetris y El camino del bluesman (una serie de horror) de Damián Connelly y Diego Simone. Léala, amig@, no sé arrepentirá.
 

Blog Template by YummyLolly.com - Header Image by Vector Jungle