viernes, febrero 27, 2015

Se acabó la épica


Más info del documental recién estrenado, acá.

viernes, febrero 20, 2015

Mortadelas salvajes


Hace un tiempo, escribía esto sobre los dibujos informes de Frank Vega. En ese momento, Frank estaba publicando una serie de tiras geniales bajo el nombre de "Mortadelas salvajes" en la revista Fierro. Llegó un momento en que compraba la revista solo por sus tiras y las de Gustavo Sala
En esas tiras de Frank, podíamos encontrar: las aventuras de "Pititi", una suerte de ET que, por huir de casa, va a parar a un extraño mundo en donde el neoliberalismo y la explotación laboral toman aspectos futuristas y absurdos; los enfrentamientos de "Plutonio, el sapo karateca" que encara a distintos seres estrafalarios por motivos desconocidos (aunque se lo sabe una especie de justiciero anónimo); y las "Caruchas" que remedan las antiguas figus pero desde una estética tóxica, mutante, extraña.
Ahora bien, con satisfacción, me entero de que se publica ¡finalmente! un tomo recopilatorio de Mortadelas salvajes, de Frank Vega a través de la editorial Tren en movimiento ediciones, en el marco de la flamante colección Gráfica en movimiento (dirigida por Ezequiel García, el autor de la novela gráfica, Creciendo en público).
Copio la gacetilla, dejo una tiras de yapa y espero con ansias tener el volumen en mis manos:

“Mortadelas salvajes”. Libro de historietas de Frank Vega / Blanco y negro, 48 págs., 15 x 30 cms. ISBN: 978-987-3789-01-4

Recopilación de las tiras publicadas por Frank Vega en la revista “Fierro” durante 2012, y que cuentan las desventuras de Pititi, Plutonio (El Sapo Karateca) y demás seres que habitan un suburbio psicodélico y se mueven entre perturbadoras dosis de realidad política y social. Se suman varias tiras nunca antes publicadas, y una nueva aventura de 12 páginas protagonizada por Pititi y realizada especialmente para esta edición. Según Diego Parés (autor del prólogo), decir que este libro es “como un post punk apocalíptico mutante en el conurbano del siglo XXIII no es decir nada”; es ir “rumbo a lo desconocido pero con pasaporte intergaláctico”.

sábado, febrero 14, 2015

el deseo de editar

Primera entrega: la escritura es un hecho atómico (sobre hecho atómico ediciones)
Segunda entrega: los matices del gris (sobre 17grises editora)
Tercera entrega: una mirada extrañada (sobre China editora)
Cuarta entrega: las huellas de la imaginación (sobre Fiordo editorial)
Quinta entrega: seguir el hilo rojo (sobre Hilo rojo editores)
Sexta entrega: cuidado con el libro (sobre Cave librum editorial) 
Séptima entrega: trazar recorridos (sobre Excursiones editorial)
Octava entrega: atípicos (sobre editorial Letranomáda)
Novena entrega: conexiones íntimas (sobre Santiago Arcos editor)
Décima entrega: la juntidad espeluznante (sobre La Comarca libros)

Retomo el proyecto que comencé el año pasado de pequeñas entrevistas a distintos proyectos editoriales pequeños y medianos. El objetivo: realzar el carácter político de cada proyecto, en el sentido que Rancière le da al concepto., las formas de visibilidad que moldean los catálogos, lo que se cifra en un nombre o en un logotipo, los criterios que determinan que está afuera y que está adentro.
En esta nueva entrega, arranco con el incipiente sello Palabras amarillas, desprendimiento del hermoso blog homónimo. En 2014, ha publicado dos libros de un tamaño atípico para las ediciones tradicionales, vinculados con dos autores transgresores y provocativos en la literatura argentina: Informe sobre Moscú/Los pterodáctilos, de José Sbarra y Carlos Correas, la voluntad de vivir, de Bernardo Carey. El primero tiene uno de los relatos de amor más hermosos jamás contados, el de las aves jurásicas. En fin, pasen y lean para conocer a la editorial Palabras amarillas.



GC: ¿Por qué el blog y la editorial se llaman "Palabras amarillas"?
PA: Palabras amarillas sale de una cita de Las olas, de Virginia Woolf y, en parte, de la lectura de Los amores amarillos, de Tristán Corbière. Cuando sobrevino, en el 2013, la idea de armar un sello y editar libros, ya había una relación afectiva con el blog.

GC: ¿Por qué surgió la editorial? ¿Qué diálogo establecen entre el blog y la editorial?
PA: Surge del deseo de editar libros. Ese es el motor de todo. El blog es como una revista literaria que tiene notas sueltas, reseñas, traducciones, relatos, fragmentos de novelas. El blog es un espacio colectivo que da para un formato más breve. La revista/blog y la editorial tienen en común el interés por la literatura.


GC: Los dos primeros títulos recuperan dos figuras malditas de la literatura argentina, José Sbarra y Carlos Correas. ¿Por qué arrancaron con esos títulos? ¿Qué criterios guían el armado del catálogo?
PA: El criterio para armar el catálogo es el de una antena y un gusto como lector. Es una colección de literatura argentina. En el caso de José Sbarra, la fantasía de poder empezar un catálogo con un autor tan importante y difundir dos textos suyos que si bien están perdidos en la web, creemos necesario que existan en formato libro. En el caso de la obra de teatro de Bernardo Carey, se publicó hace muchos años parcialmente en una revista hoy inconseguible. Y es una obra de teatro genial que se ocupa de un autor como Correas, un escritor inigualable. Es una alegría poder arrancar un catálogo con dos libros tan potentes.

GC: ¿Cómo decidieron el formato particular, pequeño y cuidado?
PA: Lo sugirió Javier Marcón, el primer diseñador del proyecto. En parte, porque nos gustan mucho los libros de bolsillo y además queríamos que fueran asequibles de editar.


GC: ¿Qué títulos preparan para 2015?
PA: Muchos. Un libro de poemas de Jorge Quiroga, El pasado irreal. Reeditar una novela corta de Antonio Oviedo. Un ensayo de Luis Thonis sobre Osvaldo Lamborghini. Unos relatos de Gustavo Calandra. Y un desafío importante para este año es iniciar una colección de Historietas con un libro de textos y dibujos de Ignacio Fernández Paupy, el artista que se ocupa de las tapas y contratapas de los libros de la editorial.

domingo, febrero 08, 2015

El neoliberalismo desde abajo

Mi amigo y nuevo colaborador de este blog, L. L., está en plena lectura de La razón neoliberal: economías barrocas y pragmática popular de Verónica Gago (Tinta limón, 2014). Acá van sus subrayados sobre por qué Gago repiensa el neoliberalismo y qué entiende por neoliberalismo desde abajo:


  “(…) Pensar el neoliberalismo como una mutación en el 'arte de gobernar', como propone Foucault (2007) con el término gubernamentalidad, supone entender el neoliberalismo como un conjunto de saberes, tecnologías y prácticas que despliegan una racionalidad de nuevo tipo que no puede pensarse sólo impulsada 'desde arriba'. Foucault ha dicho que la innovación radical del neoliberalismo es que se trata de una forma de gobernar por medio del impulso a las libertades. Lo que a primera vista parece una contradicción, se vuelve una forma sofisticada novedosa y compleja de enhebrar de manera a la vez íntima e institucional, una serie de tecnologías, procedimientos y afectos que impulsan la iniciativa libre, la autoempresarialidad, la autogestión y, también, la responsabilidad sobre sí. Se trata de una racionalidad, además, no puramente abstracta no macropolítica, sino puesta en juego por las subjetividades y las tácticas de la vida cotidiana”.

“(…) En nuestro continente, la crisis del neoliberalismo ha abierto un debate sobre cómo caracterizar al momento que le sigue. Una línea gira alrededor de la discusión sobre la conceptualización del posneoliberalismo (Brandt & Sekler, 2009; Dávalos, 2012). Desde nuestro punto de vista, el prefijo pos -en el vocablo posneoliberalismo- no indica ni transición ni mera superación. Más bien señala la crisis de su legitimidad como política estatal-institucional a partir de las revueltas sociales recientes, las mutaciones operadas en el capitalismo mundial a partir de su crisis global y de ciertas políticas institucionales en los países cuyos gobiernos han sido caracterizados como 'progresistas' y, al mismo tiempo, la persistencia del neoliberalismo como condición y la incorporación o inmanentización de algunas de sus premisas fun­damentales en la acción colectiva popular que lo ha impugnado”.

Págs. 9-11.


“(…) En Argentina -y en América latina en general- la participación mayor del estado tras el declive de la legi­timidad neoliberal y el aliento a un consumo masivo ha cambiado en los últimos años el paisaje neoliberal: de la miseria, la escasez y la desocupación de principio de siglo (y todas las formas de lucha y resistencia que se generaron entonces) a unas ciertas formas de abundancia que se encuentran con nuevas formas de vivir el consumo, el trabajo, la empresarialidad, la organización territorial y el dinero. La mayor 'promiscuidad' de los territorios se presenta cada vez más como parte de una serie de economías barrocas que rearman una nueva dinámica política de desborde del propio neoliberalismo, cualificándolo de un modo nuevo.
Por neoliberalismo desde abajo me refiero entonces a un conjun­to de condiciones que se concretan más allá de la voluntad de un gobierno, de su legitimidad o no, pero que se convierten en condiciones sobre las que opera una red de prácticas y saberes que asume el cálculo como matriz subjetiva primordial y que funciona como motor de una poderosa economía popular que mixtura saberes comunitarios autogestivos e intimidad con el saber-hacer en la crisis como tecnología de una autoempresarialidad de masas. La fuerza del neoliberalismo así pensado acaba arraigando en los sectores que protagonizan la llamada economía informal como una pragmática vitalista”.

Pág. 12.


“(…) Entonces, hablar de neoliberalismo desde abajo es un modo de dar cuenta de la dinámica que resiste la explotación y la desposesión y que a la vez se despliega en (y asume) ese espacio antropológico del cálculo. Esta hipótesis está a la base de una ampliación (temática y conceptual) de la noción misma de neoliberalismo y, por tanto, de la proyección de una nueva afectividad y racionalidad para trazar el mapa político de estas economías fuertemente expansivas de las abigarradas ciudades latinoamericanas. Puesto en estos términos, parece difícil convencerse de que el fin del neoliberalismo depende de la declaración de unos gobiernos que dicen haber dejado atrás esas políticas. No porque haya que simplemente desconfiar de lo que declaman, sino porque el neoliberalismo es una forma anclada en los territorios, fortalecida en las subjetividades populares y expansivas y proliferantes en términos organizativos en las economías informales. Esta perspectiva no implica desproblematizarla como lógica de gobierno, sino profundizar el modo en que ese imperativo de gobierno se articula con formas de invención no reducibles, aunque tampoco del todo incompatibles, con el diagrama neoliberal”.

Pág. 14.


“(…) Desde esta perspectiva, el neoliberalismo es mucho más que una doctrina de los think tanks imperiales y está mucho más acá de lo que buena parte del progresismo regional está dispuesto a asumir. Y esto porque desafía la idea de que su opuesto es una 'vuelta al estado' entendida en términos de una 'autonomía (contractual o del significante puro) de lo político', tal como la teoría del populismo propone. Tomar en serio la articulación entre neoliberalismo y subjetividades populares pone la exigencia de recrear conceptos aptos (territorio, valor, economía, etc.) para comprender la dinámica compleja que alcanza a lo político cuando es capaz de recoger en sí todas las capas de lo real, Otro modo de leer aquella advertencia de Marx: 'lo real es múltiplemente determinado'. La dinámica axiomática del capital, como han teorizado Deleuze y Guattari (1988), pone de relieve justamente esta tensión entre una flexibilidad y versatilidad de captura y explotación, por parte del capital y, al mismo tiempo, la necesidad de distinguir las operaciones mediante las cuales esa máquina de captura subsume relaciones sociales e invenciones que también resisten y desbordan el diagrama de captura/explotación”.

Págs. 15 a 16.

sábado, febrero 07, 2015

Leer es futuro


Copio la gacetilla de esta propuesta genial:

"El Ministerio de Cultura de la Nación lanza “Leer es Futuro”, la colección de narrativa integrada por 21 libros con cuentos de 18 escritores noveles, ilustrados por jóvenes dibujantes, con el objetivo de difundir sus obras, fomentar la lectura y federalizar la palabra.
Los libros se distribuyen en las diferentes actividades culturales que realiza el Ministerio en todo el país y también pueden descargarse aquí:
  • "Un sentimiento suspendido en el tiempo", de Alejandra Zina. Ilustrado por Lula Urondo (Leer en línea | Descargar)
  • "Relativo a la eternidad de los instantes", de Martín Cantalupi. Ilustrado por Ernan Cirianni (Leer en línea | Descargar)

Además, se distribuyen en forma gratuita "Todos los veranos", de Haroldo Conti (ilustrado por Oldemar Cimadoro) y "Cuentos", de Miguel Briante (ilustrado por Pedro Mancini).
Los organismos e instituciones pueden solicitar la colección por correo electrónico a leeresfuturo@cultura.gob.ar.

Juan Diego Incardona, Leonardo Oyola, Hernán Vanoli, Pía Bouzas, Alejandra Zina, Esteban Castromán, Martían Zariello, Cezary Novek y Fabio Martínez son algunos de los autores de Córdoba, Salta, Entre Ríos, Santa Fe, Mar del Plata y Ciudad de Buenos Aires, entre otros puntos del país, que fueron convocados tomando en cuenta el contexto federal.
Los escritores elegidos -algunos publicados, otros no- trabajan para difundir y federalizar la literatura desde ciclos literarios, sellos editoriales, programas de radio, revistas, reseñas de prensa y redes sociales.
Los ilustradores participantes son jóvenes y talentosos dibujantes interesados en mostrar su trabajo. Nicolás Moguilevsky, Ezequiel García, Otto Zaizer, Ariel López V. y Daniela Kantor son algunos de los artistas que interpretaron las diversas miradas y los universos de los narradores para realizar el arte de tapa de cada libro.
La serie también incluye trabajos de Haroldo Conti, Miguel Briante y Roberto Arlt, padrinos de la colección por su compromiso social y su calidad literaria; y tres volúmenes de literatura infantil.
De este modo, el Ministerio de Cultura de la Nación continúa la tarea de promover las voces actuales de la narrativa nacional entre los argentinos ávidos de nuevas lecturas. Además, busca jerarquizar el trabajo del escritor acercando sus creaciones a un público más amplio".

Hay variadito para chusmear! Lean, chicos, lean!

jueves, febrero 05, 2015

En los nombres (sobre Primavera ninja de L. Orani y Las redes invisibles de S. Robles


En el número 9 (noviembre de 2014) de la revista Mancilla, hay un dossier sobre la ciudad de La Plata en el que se puede leer el artículo “Atravesados” de Esteban Rodríguez Alzueta. El primer párrafo de ese texto habla sobre la creatividad onomástica en la música platense: “La Plata es una ciudad atravesada, la Manchester argentina. Él mató a un policía motorizado, Valentín y los volcanes, Un Planeta, The Siniestros, Camión, Reno, La Patrulla espacial, Sr Tomate, Shaman y los hombres en llamas, Pérez, Chico Ninguno, Norma, Monoaural, Miro y su fabulosa orquesta de juguetes, son bandas que vinieron detrás de otras bandas, que dialogan con un repertorio variopinto que ellas mismas integrarán algún día (…). Los nombres son las contraseñas que elegimos para guardar el tiempo. Porque detrás de cada nombre se cifra una identidad y se tejen relaciones. Una banda es más que una banda. Una banda es un telón de fondo y de eso queremos hablar en este ensayo”. La enumeración de nombres de bandas de La Plata construye una constelación; el final del párrafo parece referir, sin quererlo, a una novela publicada recientemente. Esa novela es Primavera ninja de Luis Orani. 

Hay un punto que une dos libros tan disímiles como Primavera ninja de Luis Orani y Las redes invisibles de Sebastián Robles, ambos publicados en 2014 por la nueva editorial Momofuku libros. Ese punto es la creatividad onomástica. Tanto la novela suburbana rockera de Orani como los cuentos borgeanos siglo XXI de Robles se sostienen en una proliferación de nombres que guían el relato y le dan densidad. Entre las críticas culturales que ejercita Gustavo Roldán en Primavera ninja y las descripciones de redes sociales en Las redes invisibles, los nombres van marcando el avance de la escritura y cuidan el verosímil de cada obra: The Meatball Club, Presidente Puerta o Debi Das Dalas parecen nombres de bandas musicales del circuito indie; Mon amour, Orphan, HansLudwig1959 o Elcorsario parecen nombres de redes sociales y nicknames. Se trata en ambas obras de crear redes de denominaciones para generar en el lector un mundo musical-cultural o virtual-digital verosímil —según sea el caso—, vincular con los saberes y experiencias previas del lector y luego avanzar mediante esas resonancias. 

Quienes hayan participado alguna vez de un foro, saben que en el apodo o nickname de cada usuario puede codificarse un nuevo sujeto, una faceta no conocida en la realidad no virtual. Quienes participan de un foro y luego conocen a las personas por fuera de la existencia digital, saben que aun descubriendo el nombre real de cada usuario, elegimos seguir llamándolos por su nickname, que en esa contraseña onomástica se reconoce la vida virtual. Hace tiempo que participaba de un foro, que luego, por las vueltas de la vida, dejé de frecuentar. Unos días atrás, volví a entrar por diversas razones y encontré un thread donde un grupo de usuarios recordaba a otros que habían dejado de visitar el sitio. En ese thread dicen algo así: “se acuerdan de ku2pa? y cuando raven se fue del foro? / que épocas”; “se acuerdan de machete? de ejovchina (era así?)?”; “mariesugarcube, hotaru, intermar, laibach”; “la nena, la corrent, chispa, jupa, virula / cuanta gente perdida para siempre”. Constelaciones de nicknames, creatividad onomásticas, nombres en código que pierden a sus usuarios y los sobreviven. Cuando leía ese thread no podía dejar de pensar en Las redes invisibles de Robles.

En la novela de Orani y en los relatos de Robles, se trata también de cifrar en los nombres ciertos sentidos, ciertas significaciones y ciertas experiencias. Las bandas ficcionales del off bonaerense de Primavera ninja podrían existir con toda tranquilidad pero la construcción crítica que realiza Gustavo Roldán, el periodista músico-cultural del relato, y la experiencia de vida del narrador les dan espesor y las diferencian más allá de la simple mención onomástica. Por un lado, Roldán realiza interpretaciones de la propuesta musical de cada banda, entrevista a sus integrantes, traza genealogías y critica positiva o negativamente sus últimas grabaciones; por otro lado, Manca cuenta su vida y su participación en la banda de Juano Díaz, acompañado por una banda de sonido sostenida en estos grupos inventados. Así, los nombres no son trazos sin contenido sino que se abren a la reflexión ficcional de Roldán o a la experiencia (y su transmisión) de Manca. Algo similar ocurre con las redes sociales de Las redes invisibles, cada sitio en los relatos nos abre a los objetivos, la forma de funcionamiento, las reglas de sociabilidad, la relación entre usuarios que se cifran detrás de cada nombre. El plano de la descripción aporta el cómo funciona o el para qué funciona; el plano de la narración propone la experiencia de algún usuario o de un grupo de usuarios que viven un nuevo modo de re-construir su subjetividad y de relacionarse con el otro. De nuevo, los nombres de las redes sociales (pero también los nicknames de los usuarios) cifran significaciones y experiencias, no son marcas en el agua. Por estas razones, Primavera ninja de Orani y Las redes invisibles de Robles son experimentos de creatividad onomástica y nosotros, los lectores, somos sus conejillos de indias, corriendo en la pequeña rueda del sentido.

En Wikipedia, hay algunas ideas básicas sobre la Cábala que resultan interesantes al momento de pensar la creatividad onomástica. Más allá de su definición, disciplina o escuela de pensamiento esotérico relacionada con el judaísmo que utiliza algunos procedimientos para analizar el sentido recóndito de la Torá, la lectura cabalística propone tres mecanismos analíticos básicos: la gematría; el notaricón; y la temurá. La entrada de Wikipedia explicita cada uno y muestra cómo en la descomposición de los nombres y palabras se esconden significados ocultos, gestos divinos, destinos. Esa lectura entre la religión y la paranoia que propone la Cábala considera a los nombres como palabras que cifran sentidos y en el juego con estos, se pueden encontrar mundos y verdades. 

La creatividad onomástica en Primavera ninja de Luis Orani y Las redes invisibles de Sebastián Robles es finalmente un modo de pensar. La novela de Orani es la educación sentimental y musical del narrador, atravesada por las críticas intelectuales de Roldán y la figura elusiva de Juano, el rockstar suicidado por la sociedad. Los nombres de las bandas, entonces, son una red que le da verosimilitud a la historia pero también a la Historia (el relato transcurre desde fines de los noventa hasta el 2014, más o menos, pasando por el 2001, claro) y que codifica experiencias y saberes culturales y musicales del conurbano, en particular, de Argentina y el mundo, en general. Por su parte, los relatos de Robles son un muestrario de posibles redes sociales que imaginan un “qué pasaría si” en el que lo virtual y lo real se desdibujan. Los nombres de las redes sociales, en este caso, evocan reflexiones filosóficas y tecnológicas y cifran modos de comunicación y de subjetividad en tiempos de Facebook. En definitiva, ambas obras explotan una creatividad onomástica para pensar el tiempo o el sujeto, la cultura o la historia argentina, y proponen desde géneros y escrituras diversas una misma inquietud: qué se esconde detrás de un nombre.

viernes, enero 30, 2015

La fiesta de los enanos (J. R. Wilcock)

I

La señora Marín vivía sola con dos enanos, que físicamente más que personas parecían animales, aunque desde el punto de vista intelectual hubiera sido difícil imaginar compañía más agradable. De noche, una vez apagadas todas las luces de la casa, la señora se tendía en su cama de bronce, exhalando un suspiro de satisfacción, y así se quedaba las horas, inmóvil, con los ojos bien abiertos, generalmente fijos en el cielo raso; en la penumbra cambiante de un lejano aviso luminoso que se encendía con isócrona regularidad, los enanos la entretenían con su conversación. Temas no faltaban, y todos parecían interesarles.

Aunque un tema habrían preferido no tocar: la muerte del señor Marín. Sin embargo Güendolina —que así se llamaba la señora— lo traía a colación por cualquier motivo, con gran irritación de sus interlocutores. En efecto, se trataba de un acontecimiento que para ellos no revestía casi ninguna importancia, y que por otra parte había tenido lugar varios años atrás, cuando el enano más joven, Anfio, no había aún nacido, y el mayor, Présule, vivía todavía en la casa de la calle Lavalle, con la tía de su patrona actual.

La verdad era que Güendolina se consideraba culpable de esta muerte, porque una noche, profundamente ofendida por ciertas observaciones que su marido le había hecho el día antes sobre una blusa nueva de terciopelo que se había comprado, no quiso abrirle la puerta de calle cuando aquél volvió del partido de fútbol nocturno. El señor Marín, que era enfermo del corazón e incapaz de hacer daño a una mosca, se sintió mal, probablemente por el disgusto, y como no le daban las fuerzas para llegar hasta un hotel, se acurrucó en el umbral, donde a la mañana siguiente, al abrir la puerta, la señora tuvo la desagradable sorpresa de encontrarlo muerto de frío, al lado de la botella de leche vacía, que al parecer el agonizante se había bebido en sus últimos momentos. Por más que lo arrastró adentro, por más que lo desvistió y lo acostó bien abrigado en la cama, el hombre no revivió, y la señora se quedó con ese peso sobre la conciencia.

Salvo en lo que se refiriera a este episodio tan desagradable, los enanos de la casa de la calle Solís se distinguían por el eclecticismo de su conversación, por la originalidad con que encaraban los más diversos problemas, y también por su buena educación, especialmente cuando se encontraban en presencia de su dueña; aunque a veces perdieran la compostura cuando se hablaba de pescado, dada la pasión casi irracional que ambos sentían por este tipo de alimento, especialmente las sardinas en lata y las anchoas.
 

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