jueves, julio 23, 2015

Darío & Rojas, una amistad

viernes, julio 10, 2015

un choque cuerpo a cuerpo

Primera entrega: la escritura es un hecho atómico (sobre hecho atómico ediciones)
Segunda entrega: los matices del gris (sobre 17grises editora)
Tercera entrega: una mirada extrañada (sobre China editora)
Cuarta entrega: las huellas de la imaginación (sobre Fiordo editorial)
Quinta entrega: seguir el hilo rojo (sobre Hilo rojo editores)
Sexta entrega: cuidado con el libro (sobre Cave librum editorial) 
Séptima entrega: trazar recorridos (sobre Excursiones editorial)
Octava entrega: atípicos (sobre editorial Letranomáda)
Novena entrega: conexiones íntimas (sobre Santiago Arcos editor)
Décima entrega: la juntidad espeluznante (sobre La Comarca libros)
Undécima entrega: el deseo de editar (sobre Palabras amarillas ediciones)
Duodécima entrega: entre lo exótico y lo familiar (sobre Páprika editorial)
Décimotercera entrega: cómo narrar lo contemporáneo (sobre Momofuku libros) 
Décimocuarta entrega: entre ruinas y umbrales (sobre Cabiria ediciones) 
Décimoquinta entrega: una excusa para hacer una utopía (sobre hekht libros)

Va una entrega más de este puñado de preguntas a diversos proyectos editoriales argentinos. Alto pogo (web, fb) es una editorial de dos años de existencia y con el correr del tiempo ha logrado conformar un catálogo consistente como un cross a la mandíbula. El año pasado las novelas Merca de Loyds y Cómic de Odiseo Sobico tuvieron una gran recepción y este año prometen un sugerente grupo de novedades. Van entonces las preguntas y respuestas que respondió Marcos Almada, editor de Alto Pogo.



GC: ¿Por qué la editorial se llama "Alto pogo"? ¿Cómo eligieron la huella de zapatilla como ícono editorial?
AP: "Pogo" era un nombre que ya venía hace rato en mi cabeza, cuando nos juntamos para hablar de la posible creación de un sello editorial, lo tiré arriba de la mesa. Me gustaba la idea de que el nombre tuviera que ver con algo físico, un golpe, un choque cuerpo a cuerpo, algo imposible sin el otro. Después había que agregarle un artículo u otra palabra porque "Pogo" ya existía como nombre de sello, para uno que publicó un solo libro hace algunos años. Nicolás Correa sugirió "Alto". Esas dos palabras juntas, que tal vez vienen de expresiones distintas del habla nos gustaron, sonaban bien conjuntadas.
La huella nos parecía que era un buen logo, una pisada de borcego, la huella que se deja, algo posible de rastrear.


GC: ¿Qué criterios tienen en cuenta para seleccionar los títulos?
AP: Nosotros recibimos material y leemos todo lo que nos llega, pero también salimos a buscar, le pedimos material a autores que nos interesan. Y también están los amigos escritores que nos acercan material de otros escritores que ellos están leyendo. La verdad que en dos años de trabajo, poco más, poco menos, nos llegó bastante material, algunos libros muy interesantes, que esperamos poder editar. Los criterios son varios. Por supuesto que nos tienen que gustar los textos que leemos, que nos tienen que interpelar de alguna manera. Yo, personalmente, busco estilo, una voz narrativa concreta y contundente. Pero también sabemos que no nos podemos quedar en nuestro gusto propio, que atravesando los géneros y los estilos, podemos captar la atención de lectores diferentes. La búsqueda va por ese lado.


GC: ¿Cómo ven la literatura argentina actual a través de los libros que han publicado?
AP: Hace dos años que estamos en la calle, por así decirlo, y publicamos 10 títulos, y este año tenemos pensado publicar unos 8 o 9 títulos más. No sé si con lo que nosotros tenemos publicado podemos hacer un panorama de lo que se está escribiendo, es solo una muestra muy ínfima de la cantidad variada de libros que se publican en Argentina. Somos lectores de muchos de esos libros que se publican en distintos sellos editoriales. Me parece que la literatura argentina pasa por un buen momento. Hay de todo, para todos los gustos. Publicaciones muy cuidadas, y textos verdaderamente sorprendentes.

GC: ¿Cómo surgió la antología Paganos. Antología de santos populares? ¿Qué creen que aporta el género de la antología en términos editoriales?
AP: La idea de la antología fue de Patricio Eleisegui, amigo y autor de Alto Pogo. Un día nos dijo a unos amigos y a mí que escribiéramos un cuento basado en la historia de vida de algún santo pagano. Nos pareció un buen tema y escribimos esos cuentos, cada uno eligiendo un santo. Después nos dimos cuenta de que teníamos un buen tema para tentar a otros escritores y armar una antología. Después apareció la ayuda económica de la Dirección General del Libro y Promoción de la Lectura de CABA, y entonces pudimos armar un libro hermoso, con los falsos grabados de un gran ilustrador como es Julián Matías Roldán. Todo cerraba. Yo soy lector de antologías. Te permiten armarte, justamente, un pequeño mapa de lo que se está escribiendo, de quiénes son los autores que están trabajando. Es un buen abanico, creo yo, muy necesario.


GC: ¿Qué títulos esperan publicar en 2015?
AP: El 13 de junio presentamos en Boedo Los escarabajos, una muy buena novela de Macarena Moraña; después se viene Una mujer corre y Algunas cosas que estuvieron pasando desde que te fuiste, dos nouvelles brillantes de Bibiana Ricciardi; después le sigue Wonderboy de Yair Magrino, El deseo de Vivian Dragna, La grafa de Claudia Sobico, Tierra del fuego de Julieta Antonelli, el libro de cuentos Sierra Grande de César Sodero, la antología Gérmen, autores noveles recomendados por autores de trayectoria, que está trabajando Hernán Brignardello y tres o cuatro poemarios para la colección de Poesía que dirige Nicolás Correa, entre ellos La extraña dama de Javier Roldán. Cada uno de esos libros nos abrió a un universo distinto, voces distintas e historias hermosas, algunas de ellas incluso bastante conflictivas. Esperamos poder tentar a los lectores, que son, en definitiva, el horizonte que perseguimos, lectores que gusten y se emocionen con estos libros que tanto nos gusta trabajar.

martes, julio 07, 2015

Las Varonesas vuelve


Este es un libro paradójico.

Para Roberto Bolaño, Las Varonesas era una “novela notable y olvidada”. ¿Cómo una obra puede ser notable pero haber sido olvidada? Otras novelas monstruosas como Adán Buenosayres, de Leopoldo Marechal y El desierto y su semilla, de Jorge Barón Biza atravesaron esa paradoja.

Este es un libro censurado.

En una entrevista de 2013 en el diario El Litoral, Carlos Catania dice: “en efecto, a los pocos meses de haberse editado en Barcelona, en Seix-Barral, me anunciaron que la novela había sido prohibida en mi país, junto a La tía Julia y el escribidor, de Vargas Llosa. No me sorprendió. Ya sabía que aquí se habían quemado libros, acto que solo cabe en el delirio de un idiota”.

Este es un libro recobrado.

En 2013, el periodista Guillermo Belcore lee la mención de Bolaño y como si de una señal se tratase busca con insistencia Las Varonesas, de Carlos Catania. La encuentra en internet, a un precio bajo. Luego de atravesar la lectura de esta novela oceánica, Belcore publica en su blog La biblioteca de Asterión y en el diario La Prensa una nota sobre la novela. Así recomienza la historia de este libro.

Este es un libro postergado.

Treinta y nueve años tuvieron que pasar para que Las Varonesas pueda conseguirse en Argentina. Treinta y nueve años para que una editorial decidiera volver a publicarla. Treinta y nueve años para recuperar una novela que pide a gritos ser leída en las tinieblas de su época.

Este es un libro monstruoso.

En la misma entrevista de 2013, Catania señala: “Escribo, fundamentalmente, porque soy un inconforme. No estoy de acuerdo con el mundo ni conmigo mismo, ni con los sistemas, ni con casi nada. A menudo, lo que llamamos verdad no es más que el error en que todos coinciden. De ahí la Teoría del Error, que Alfredo pregona en Las Varonesas. Mi odio involucra una gran ansia de regeneración y humanidad, lo que quizás hoy día se asemeja a la locura”.

domingo, junio 28, 2015

La viuda pobre, la Convención de Berna y el artista de vanguardia

La figura de la viuda pobre como punta de lanza —muchas veces sumada a los huérfanos desahuciados del hombre de letras— fue durante bastante tiempo un bonito comodín en la discusión sobre los derechos de autor y, en particular, sobre el plazo post-mortem que cubriría el reconocimiento de dichos derechos. Al menos desde la muerte de Jorge Luis Borges (1986), la literatura argentina ha visto consolidarse esta figura pero ya no como retórica sino como entidad de carne y hueso, con nombre y apellido. María Kodama se llama la viuda (no tan) pobre que aprovecha el “disfrute hereditario de la obra artística” de Borges. Ese primer anacronismo acompaña a Kodama en su curiosa “defensa” de los textos de Borges.
Sin embargo, la noticia del procesamiento del escritor argentino Pablo Katchadjian por su libro “El Aleph engordado” (publicado en 2009 por una editorial pequeña perteneciente al autor, con una tirada de cerca de 200 ejemplares) ha terminado demostrando que en el caso de la viuda de Borges la postura intransigente y persecutoria tiene más que ver con los derechos morales de la obra que con los derechos económicos.
Algunas ideas que escribí sobre el procesamiento a Pablo Katchadjian siguen acá.

jueves, junio 18, 2015

Presentación El rufián moldavo, de Edgardo Cozarinsky

lunes, junio 15, 2015

Un señor del siglo XVIII se pone celoso (Santiago Dabove)

Mi mujer era una belleza, es decir, una atracción máxima. Ya tuve en las fiestas que celebrábamos el tono y preludio de lo que ella debía de ser en las alcobas extramatrimoniales... Pendulaba sus ojos de rostro en
rostro, de bigote en bigotito, como aprobando el amor poliándrico. Comprendo que una mujer así no debía
ser de uno solo, pero... me chocaba que a mi gónada, se añadieran tantos pisaverdes, con sacos como batitas, pantalones planchados filosos, bigotitos peluquería, pañuelitos fruncidos como flores, gominas y otros encantos.
A pesar de ser, en principio, un feroz individualista, me parece tremendo tener que suprimir una mujer bella,
aun cuando ya no sea mi esposa en el corazón; pues una mujer bella es la que posibilita el engendramiento de los bien formados, únicos dignos de ser vistos, junto con los inteligentes y morales.
Por eso, y por sentimiento y caridad cristianos, dudé mucho antes de hacer aserrar la hoja de un florete francés que tenía, y ponerle, en substitución, una aguja de acero finísima. Me engañaba a mí mismo pensando que, si se la introducía en el pecho, su corazón apasionado era el culpable moviéndose.
En mi casa, todos los espejos, cristales, vidrios, estanques del jardín y azulejos del baño, reflejaban a mi mujer, y ella se complacía en esto, pues en el fondo era un Adonis, que amándose a sí mismo, amaba el amor y no los hombres y las mujeres.
Un día abordé al amante principal de toda la cohorte de amantes, que era como una especie de jefe de oficina erótica que andaba detrás de mi mujer.
—Ud. conoce a mi mujer más que todos los azulejos de su baño...
—Señor...
—Ud. conoce la geometría, o más bien la “carnimetría” de mi mujer, sus medidas planas y de espacio. Porque el ancho y largo se aprecian con la vista, pero como Ud. ha palpado... y el tacto según los entendidos es lo único que da el sentido de la profundidad, de la tercera dimensión...
—Señor...
—Usted sabe que cuando ella, sin ropa, se mueve en el espacio, provoca muy interesantes efectos de luz. ¡Usted es un Cézanne de mi mujer!
—Señor, nada entiendo de pintura, ni de escultura.
—Pero, si sólo fuera su pintor, no me importaría. Usted es también su escultor. Trabaja en una estatua blanda, sin ser capaz de hacer y crear un falangín o un meñique, como no sea trabajando por su culpa para la especie. Reciba tranquilo la cachetada que se merece desde el principio de los tiempos, cuando no habia Smith y Wetsson.
Fue un día muy esperado y emocionado, ese del regreso de una de las fiestas suyas, y ella no sospechaba
que fuera el día en que el alfiler clava la mariposa... Llegó, al fin, y después de mucha toilette se metió en la cama.
Durmióse con la sonrisa inocente de la mujer de todos. Me aproximé con el alfiler que tenía el mango de florete francés; ése, con el ∞ que volcado es también el símbolo del infinito en matemáticas. Lo levanté sobre el pecho... pensando en las oscilaciones del infinito, cuando el corazón sorprendido moviera el ∞ de la aguja. Pero, no sé si por desgracia o felicidad, el efecto de la droga que había tomado para darme ánimo me paralizó el brazo.
...Ensueño... la vida es mágica por sus luces, sombras, sonidos, olores... y la muerte espera quizá enternecida por un vago renacimiento, sueño de opio sin mañana...
La vejez de un Adonis es lo grave; perder formas y morbidez ante el espejo, acordeonarse ante el espejo.
Basta con eso, no se precisan alfileres ni estoques... 
Pero, ella murió sin duda apurada por la velocidad de un corazón demasiado amoroso. Yo creo que se buscaba a sí misma, con dicha, con prisa, y hasta palpándose por miedo de que se agotara una forma tan perfecta. 
Pero, desde que murió mi inquietud fue mayor.
Ahora la veo en cada espejo, en cada azulejo o cristal, en todo lo que refleja; desnuda y victoriosa, en el índice forrado con un dedo de guante, sosteniendo en una suerte de malabarismo bufonesco y familiar, una aguja terminada en mango de florete francés.
Victoriosa, la desearía de nuevo viva, y aun con todos los amantes colgados en su pedestal, arañando en vano por subir.

Dabove, Santiago. La muerte y su traje, Buenos Aires, Las cuarenta, 2015, pp. 176-179.

lunes, junio 08, 2015

Poesía, e-poetry y después...

 

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