miércoles, octubre 29, 2014

Sobre el tedio a vencer


El Samuel Beckett más joven (apasionado entonces por la posibilidad de una lectura “ejemplar” de Marcel Proust) bordeó en notas paralelas y suficientemente contradictorias las fronteras de una sospecha poco menos que insoslayable. Sospecha de aprendiz de brujo en relación con la vida misma (la de cualquiera) y, por extensión directa, con todo intento de dilucidación de sentido en cuanto a la literatura, a su práctica, a sus carencias.
Afirmaba algo por el estilo de que el tedio, como tal, como fenómeno plausible, debe ser el más soportable de los males humanos, a causa de ser el más permanente.
Y aunque no queden del todo claras las relaciones, lo mismo se hace evidente que toda su obra posterior llega a relacionarse, de una u otra manera, con ese tedio que implica en última instancia, el otro tedio de “estar escribiendo”. Pero tal vez se trate de un mal de este siglo del racionalismo sin atenuantes, o acaso aquella sospecha no tenía otra finalidad que la que recordarnos (otra vez) la posibilidad siempre latente de una salida por el humor, por esa especie de humor intrínseco en toda escritura que admite el “destino” de cuestionarse a sí misma como tal.
Lo cierto es que si se intenta partir de la fatalidad de ese tedio y se revisa entonces cierto flanco “marginal” de la vanguardia europea del primer cuarto de siglo no solo cabe la posibilidad de verificarlo como telón de fondo de actitudes y de libros poco divulgados, sino que puede darse, casi sin transición, a una especie de clave que se estaría negando a ofrecer, a pesar de todo, una respuesta más o menos terminante. Entonces también podría hablarse de cierta clave en cuanto a la razón de ser (no necesariamente demostrable) del acto de escribir.
El “caso” Jacques Vaché (que se pretenderá recuperar hasta en sus rasgos efeméricos) parece, por largos momentos y de acuerdo a su contexto, un ejemplo sin atenuantes del tedio a vencer, o de la derrota a aceptar de una vez y para siempre.

Sánchez, Néstor: "El 'umor' de la resistencia absoluta" en Vaché, Jacques ([c. 1916] 2013): Cartas de guerra, Buenos Aires, Editores argentinos hnos., 17-18.

lunes, octubre 27, 2014

Una ética de la nota al pie (sobre dos libros de Osvaldo Baigorria)

Tras las tentativas en Un barroco de trinchera (Mansalva, 2006), el novelista y periodista Osvaldo Baigorria ha comenzado a perfilar en sus dos últimos libros, Sobre Sánchez (Mansalva, 2012) y Cerdos&Porteños (Blatt&Ríos, 2014), una ética de la nota al pie. ¿En qué consistiría esta ética? Sencillamente se trata de una exploración profunda de este recurso desplazado: un clásico paratexto, dependiente del texto central, que en la escritura de Baigorria cobra otras facetas, otros usos. En esa exploración marginal, el autor pone en juego su propia vida en la obra.

En Sobre Sánchez, el texto central mezcla géneros (biografía, crónica, novela, crítica literaria y más) para contar la vida y obra de Néstor Sánchez, ese escritor elusivo que en los últimos años comenzó a ser revisitado gracias a los esfuerzos de editoriales como Paradiso y La Comarca ediciones. Baigorria entrevista a gente cercana a Sánchez, lee sus novelas y artículos críticos, construye lecturas sobre la escritura poemática del autor de Siberia blues, cuenta los entretelones de su investigación pero también coloca notas al pie. La nota que abre la edición, “About”, lo explica claramente: el libro está compuesto por tres partes. La parte III, titulada “Notas al pie”, recupera las notas de las partes I y II. Justamente, una forma de leer Sobre Sánchez sería retomar cada una de las notas cuando son mencionadas (y así seguir el modo clásico, esperado); el otro modo, implícito en la numeración de las partes, sería leer el apartado de notas al pie como un relato autónomo aunque fragmentado, vinculado sí con los otros apartados. En la parte III, las notas proponen reflexiones y anécdotas de Osvaldo Baigorria, una puesta en juego de su subjetividad a través de sus experiencias lúmpenes, místicas y culturales, en claro diálogo con la subjetividad del escritor de La condición efímera. En Sobre Sánchez, Baigorria comienza a elaborar un uso alternativo de las notas al pie: las corre del lugar subsidiario que podrían tener, las usa como espacio de exploración interior y reflexión lingüístico-metafísica, las propone como punto de partida de una ética menor, fragmentaria.


Justamente, Cerdos&Porteños es una reciente y hermosa compilación de artículos y crónicas de Baigorria, en la que las notas al pie o de referencia reaparecen. Se trata de una antología de textos escritos para las revistas El Porteño y Cerdos&Peces en los 80, atravesada por la estética de la transgresión y de la contracultura. Cada artículo posee dos notas al pie: una que lo antecede y contextualiza las condiciones de producción y publicación del texto; una que lo cierra y repone en qué número de qué revista fue publicado junto a qué otros textos. Ahora bien, estas notas al pie no son sencillamente referenciales sino que, nuevamente, Baigorria utiliza este espacio para transmitir sus peripecias, experiencias e inquietudes en el momento en que realizó cada nota, pero también para construir una relectura crítica, desde el presente, de los temas y el tono que lo obsesionaban en aquel entonces. En este sentido, la tensión entre el Baigorria de los 80 y el Baigorria actual, entre una vida que se despliega en el tiempo y en la historia, se entrevé en esta filigrana que tejen las notas al pie que en un primer momento parecen accesorias pero que luego se vuelve tan fundamentales como los artículos. En mi lectura personal, llegué a tal punto de fascinación con estas notas al pie que leía primero estos paratextos marginales, uno tras otro, y luego recién me internaba en los artículos. En este recorrido, por ejemplo, Baigorria expresa cierta desconfianza ante en el gesto transgresor glorificado en los 80 o explica con detalle por qué valía la pena esa nota por aquellos años y hoy no tendría tanto sentido a la luz del contexto contemporáneo. En todo caso, Baigorria continúa explorando las posibilidades de la nota al pie en Cerdos&Porteños como un espacio de potencia, de reflexión y de autoconocimiento.
Osvaldo Baigorria, acaso sin quererlo, ha propuesto una exploración ética de la nota al pie en sus dos últimos libros, Sobre Sánchez y Cerdos&Porteños. Si en el texto central de ambas obras, la vida se cruza con la escritura (la escritura poemática de Sánchez como compromiso vital; las crónicas transgresoras de Baigorria); en las notas al pie, se trama una ética que pone en juego la vida del autor. Tal vez se trate de esa chispa de vida que intensamente buscamos en las palabras; tal vez, de un modo particular de escribirse en los márgenes para alcanzar un conocimiento de sí, una exploración de la subjetividad y la experiencia personal.

viernes, octubre 24, 2014

Dead pop Fest!

Completando las obras (III): "Todo es política, pero el teatro no cambia el mundo"

Completando las obras (0): Solapas de la primera edición de Cabecita negra (Eduardo Masullo)
Completando las obras (I): Testamento de Rozenmacher
Completando las obras (II): Requiem para un viernes a la noche (Enrique Raab)

Con nuestros escritores. Germán Rozenmacher: “Todo es política, pero el teatro no cambia el mundo”


—¿Por qué motivo su obra como creador se orienta en estos momentos hacia el teatro?
—Necesito escribir para alguien, y en teatro esa conexión se da con una intensidad, con una posibilidad real de arraigarme en mi comunidad que no me da ningún otro medio expresivo. El teatro es un hecho profundamente religioso, y no hablo de religiosidad porque esté de moda considerar el teatro como ritual, sino porque es parte de mi formación como ser humano.
—¿Considera que existe en el país una fuente renovadora de jóvenes dramaturgos?
—Creo que existe una corriente de autores —para citar un caso reciente, Ricardo Monti— que está en una búsqueda muy precisa. Consiste en asumirnos como país y colonizar aquellos instrumentos culturales que ahora nos colonizan a nosotros. Conviene recordar que la polémica entre realismo y vanguardia es absolutamente falsa, porque todos los caminos son buenos para expresarnos, siempre que sean consecuentes con la necesidad liberadora y desmitificadora que siempre tuvo el teatro.
—Las obras que buscan reflejar la sociedad argentina actual, ¿reciben de ésta estímulo o indiferencia?
—Reciben estímulo, porque creo que los productores comprenden que muchas veces son superiores a obras extranjeras. Nadie quiere ver el propio infierno, y nuestra tarea consiste en mostrar cómo bajo una aparente capacidad éste es un país lleno de represión política, moral, sexual.
—El año pasado se estrenó El avión negro, que reunía a varios autores jóvenes, Ud. entre ellos. ¿En qué medida esta experiencia resultó positiva?
—La experiencia fue positiva por varias razones. En primer término, porque me permitió integrar con los otros compañeros —Halac, Cossa, Somigliana, Talesnik— un verdadero laboratorio, y gra¬cias a las críticas pude apurar el proceso por el cual terminé mi última obra. Fue positiva la experiencia de escribir entre varios una sola pieza cuyo objetivo, más allá de los resultados, era arremeter contra un tabú: que el peronismo, de hecho, esté proscripto en la cultura nacional. Frente a él hay que tomar una actitud positiva, crítica, desde adentro, por lo menos en mi caso personal. Indudablemente, el peronismo es la médula de un movimiento revolucionario nacional en la Argentina. Pero insisto en el sentido crítico, porque asumir monolíticamente al peronismo, asumirlo en forma populista y complaciente no es la tarea del intelectual que debe analizar los fenómenos con actitud crítica. Me temo que no todos los resultados estuvieron a la altu¬ra de los siete meses de labor, pero esta pica en Flandes permitirá continuar más adelante a nosotros o a otros.
—Lo político invade a menudo el terreno de lo literario, ¿justifica esta fusión?
—Todo es política, pero el teatro no cambia el mundo. Quienquiera hacerlo que utilice otros medios más eficaces. La función del teatro es reducida, el público de clase media es quien más lo frecuenta.
—Háblenos del conflicto que desarrolla en El caballero de Indias, su pieza aún inédita.
—Sergio Renán piensa ponerla en escena este año. No me gusta hablar de mi obra. Prefiero que el público la vea y juzgue. Hice, además, una adaptación del Lazarillo de Tormes. Lo único que puedo decir es que estoy buscando. Ambas piezas son un poco producto de esa búsqueda donde la realidad y el sueño se mezclan como en la vida.

Fuente: Diario Clarín (suplemente literario), 18 de febrero de 1971, p. 2.

domingo, octubre 05, 2014

Viñetas serias: congreso internacional de historietas


Las actividades día a día pueden consultarse acá: http://www.vinetasserias.com.ar/agenda.html

lunes, septiembre 29, 2014

Fantasmas en las máquinas (Neil Gaiman)

Estamos reunidos aquí, en el final de lo que [Ray] Bradbury llamaba El país de Octubre [The October Country]: tanto un estado mental como una época. Todas las cosechas están dentro, la escarcha está en el suelo, hay niebla en el fresco aire nocturno, y es tiempo de contar historias de fantasmas.
Cuando estaba creciendo en Inglaterra, Halloween no era tiempo de celebración. Era la noche cuando —estábamos seguros de esto— los muertos caminaban, cuando todas las cosas de la noche eran liberadas, y, sensatamente —creyéndolo— los niños nos quedábamos en casa, cerrábamos nuestras ventanas, atrancábamos nuestras puertas, escuchábamos el sonido de las ramas y su golpeteo en el vidrio de las ventanas, temblábamos, y nos sentíamos protegidos.
Había días que lo cambiaban todo: cumpleaños y años nuevos y primeros días de escuela, días que nos mostraban que había un orden para todas las cosas, y las criaturas de la noche y la imaginación entendían esto, tal como nosotros lo hacíamos. La Noche de Brujas era su fiesta, la noche en la que todos sus cumpleaños llegaban por fin. Ellos tenían licencia —todas las fronteras puestas entre los vivos y los muertos eran infringidas—; yo había decidido que también hubiera brujas, pues nunca había logrado tener miedo de los fantasmas, pero sabía que las brujas esperaban en las sombras, y que comían niños pequeños.
En realidad, yo no creía en brujas, ni siquiera a la luz del día. Tampoco a medianoche. Pero en Halloween, yo creía en todo. Incluso creía que había un país al otro lado del océano donde, durante esa noche, gente de mi edad iba de puerta en puerta con disfraces, pidiendo dulces, amenazando con trucos.
Halloween era un secreto en ese entonces, algo privado, y me hubiera abrazado a mí mismo internamente en ese día, como un chico gloriosamente asustado.

***

Ahora escribo ficciones, y a veces esas historias permanecen en las sombras, es entonces cuando me parece que tengo que dar ciertas explicaciones a mis seres queridos y a mis amigos.
“¿Por qué escribís historias de fantasmas? ¿Hay algún lugar para historias de fantasmas en el siglo 21?”.
Como dijo Alicia, hay un montón de espacio. La tecnología no disipa las sombras en el borde de las cosas. El mundo de las historias de fantasmas sigue merodeando los límites de la visión, haciendo las cosas más extrañas, más oscuras, más mágicas, tal como siempre lo ha hecho....
Existe un blog que creo que nadie más lee. Lo encontré mientras buscaba otra cosa, y algo en este blog, el tono de voz tal vez, tan chato y sombrío y sin esperanza, me llamó la atención. Lo agregué a mis favoritos.
Si la chica que mantenía el blog hubiera sabido que alguien lo estaba leyendo, que a alguien le importaba, tal vez no se habría quitado la vida. Incluso ella escribió sobre lo que iba a hacer, sobre las pastillas, el Nembutal y el Seconal y el resto, sobre cómo las había robado de a poco, a lo largo de los meses, del baño de su padrastro, sobre la bolsa de plástico y la soledad, y escribió sobre ello de una forma chata, pragmática, y explicó que, si bien sabía que los intentos de suicidio eran gritos de ayuda, esto realmente no lo era, ella simplemente no quería vivir más.
La chica del blog hizo la cuenta regresiva hasta el gran día, y yo seguí leyendo, sin saber qué hacer, si es que algo podía hacer. No había suficiente información para identificarla en la página web, ni siquiera indicaba en qué continente vivía. No había e-mail. No había manera de dejar comentarios. El último mensaje decía simplemente: “Esta noche”.
Me pregunté a quién debía decírselo, si es que había alguien, y luego me encogí de hombros y, lo mejor que pude me tragué la sensación de que había decepcionado al mundo entero.
Y entonces ella comenzó a postear de nuevo. Ahora, ella cuenta que tiene frío y que se siente sola.
Creo que sabe que yo todavía estoy leyendo su blog...

***

Me acuerdo la primera vez que me encontré en Nueva York para Halloween. El desfile pasaba, y pasaba y pasaba, había brujas y ghouls y demonios y reinas embrujadas y gloriosas, y yo tenía, en ese momento, unos 7 años, y estaba profundamente shockeado. Si esto se hiciera en Inglaterra —me encontraba a mí mismo pensando en la parte de mi cabeza que hace historias— las cosas despertarían, todas las cosas que quemamos en las fogatas de Guy Fawkes para mantener alejadas despertarían. Tal vez puedan hacer esto acá, en Nueva York, porque las cosas que vemos no son inglesas. Tal vez los muertos no caminan acá, en Halloween.
Luego, algunos años después, me mudé a Estados Unidos y compré una casa que parece dibujada por Charles Addams en un día en que se sentía particularmente mórbido. Para Halloween, aprendí a tallar calabazas, luego compré y guardé dulces y esperé por la llegada de los primeros chicos al grito de “treta o truco”. Catorce años después, todavía sigo esperando. Tal vez mi casa parezca poco amigable; tal vez esté demasiado lejos de la ciudad.

***

Y entonces estaba la que decía en el correo de voz de su teléfono celular —y sonaba divertida mientras lo decía— que tenía miedo de haber sido asesinada, pero que igual dejáramos el mensaje y que intentaría respondernos.
Y no fue hasta que leímos las noticias, varios días más tarde, que descubrimos que ella había sido realmente asesinada, aparentemente de forma azarosa y bastante horrible.
Pero entonces ella ciertamente devolvió el mensaje a cada persona que le había dejado un correo de voz. A través del celular, en principio, dejando correos de voz que sonaban como si alguien susurrara en un temporal, sonidos húmedos y amortiguados que nunca se terminaban de resolver en palabras.
Eventualmente, por cierto, ella nos devolverá nuestra llamada en persona.

***

Y todavía me preguntan “¿Por qué contar historias de fantasmas? ¿Por qué leerlas o escucharlas? ¿Por qué sentir placer en relatos que no tienen otro propósito que, confortablemente, asustarnos?”.
No lo sé. Realmente no lo sé. Es algo que nos transporta en el tiempo. Encontramos historias de fantasmas en el antiguo Egipto; luego, historias de fantasmas en la Biblia; clásicas historias de fantasmas desde Roma (acompañadas de hombres lobo, casos de posesión demoníaca y, por supuesto, una y otra vez, brujas). Nos hemos contado unos a otros historias sobre otredad, sobre la vida más allá de la tumba, por un largo tiempo; historias que nos ponen la piel de gallina y que hacen que las sombras sean más profundas y, lo más importante, historias que nos recuerdan que estamos vivos, y que hay algo especial, algo único y destacable sobre la condición de estar vivos.
El miedo es una cosa maravillosa, en pequeñas dosis. Montamos el tren fantasma hacia la oscuridad, sabiendo que eventualmente las puertas se abrirán y que saldremos a la luz del día una vez más. Siempre es tranquilizador saber que estamos todavía acá, que estamos sanos y salvos. Que nada extraño ha ocurrido, no realmente. Está bien ser un niño nuevamente, por un rato, y temer —no a los gobiernos, ni a las regulaciones, ni a las infidelidades o a las cuentas o a las guerras distantes, sino a los fantasmas y a esas cosas que no existen, y que si existieran, no podrían hacernos daño.
Y este momento del año es el mejor para una aparición, incluso en este días las cosas más comunes pueden convocar las sombras más perturbadoras.
Las cosas que nos inquietan pueden ser cosas pequeñas: una página web; un correo de voz; un artículo en un diario, tal vez, escrito por un escritor inglés, que recuerda fiestas de Halloween ya pasadas y árboles esqueléticos y rutas ventosas y oscuras. Un artículo que contiene fragmentos de historias de fantasmas, y que, más allá del absurdo, nadie recuerda haber leído excepto vos, y que simplemente no estará allí la próxima vez que vayas a buscarlo para volver a leerlo.

Traducción: Guadalupe Correa, Sebastián Gentile y Matías Raia

Publicado en revista New Yorker, 31 de octubre de 2006. 
Web: http://www.nytimes.com/2006/10/31/opinion/31gaiman.html?pagewanted=all&_r=0

viernes, septiembre 26, 2014

#Outsidervuelve


Más info sobre la vuelta de la editorial Outsider y sobre este nuevo proyecto literario-digital, acá.

jueves, septiembre 25, 2014

Rap & Saudade


 

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