jueves, febrero 04, 2016

La seducción oriental (ilustraciones en Las veladas de Ramadán)

En 1916, el escritor argentino Carlos Muzzio Sáenz-Peña publica un libro atípico, Las veladas de Ramadán. Cuentos, apólogos y leyendas de la Persia islamita. Se trata de una obra que presenta una serie de historias de inspiración y delicadeza oriental, al estilo Las mil y una noches. De ese hermoso libro, que si todo sale bien estará de vuelta en las librerías argentinas en 2016, recupero estas ilustraciones del genial Gregorio López Naguil, imágenes seductoras, misteriosas, preciosas. Que las disfruten!

miércoles, febrero 03, 2016

Tres razones por las que sigo leyendo blogs


Asisto al ocaso de los blogs, soy espectador y actor de los últimos gestos de estos espacios virtuales que en algún momento tuvieron su edad de oro y que aún se niegan a desaparecer, a dar su último adiós. A lo mejor es posible hablar de una poshistoria también para los blogs, como quienes nos abrazamos a lo poshumano. En todo caso, hay blogs que no ceso de leer y que siguen sorprendiéndome por la calidad de sus textos o por sus propuestas certeras. Rescato, por el momento, tres que no deberían pasar desapercibidos:

-Las traducciones en el blog apóstrofe

Pablo Makovsky viene traduciendo en su blog apóstrofe notas y artículos realmente valiosos como este sobre la banalidad de la tortura o este de Mark Fisher sobre el progresismo como gesto moralizante. El artículo que Pablo se tomó el trabajo de traducir en estos días es muy interesante y pone en cuestionamiento el lugar de las redes hoy por hoy:
La centralización de la información también me preocupa, ya que hace más fácil que las cosas desaparezcan. Después de mi arresto, cerraron mi cuenta, porque yo no era ya capaz de pagar la cuota mensual. Pero al menos tenía una copia de seguridad de todas mis entradas en una base de datos en mi propio servidor web. Pero ¿qué pasaría si mi cuenta en Facebook o Twitter se apagara de repente? Esos servicios en sí mismos pueden no morir en el corto plazo, pero no es demasiado difícil imaginar un día en que muchos servicios estadounidenses cerraran las cuentas de cualquier persona en Irán, como resultado del actual régimen de sanciones. Si eso sucediera, podría ser capaz de descargar mis mensajes, o asumamos que la copia de seguridad podría ser fácilmente importada a otra plataforma. Pero ¿qué pasa con la dirección web única para mi perfil de la red social? ¿Sería capaz de reclamar más tarde, después de que alguien más haya poseído mi usuario?

Bien, el resultado es más espantoso, porque la centralización de la información en la era de las redes sociales es otra cosa: nos está haciendo las cosas mucho menos potentes en relación con los gobiernos y las corporaciones. La vigilancia se impone cada vez más y empeora a medida que pasa el tiempo. La única manera de mantenerse fuera de este vasto aparato de vigilancia podría ser meterse en una cueva, dormir y yacer allí durante 300 años. (Se lee completo acá)

-Los artículos de cine en el blog La otra

El último artículo sobre cine que escribió Oscar Cuervo acerca de las películas recientes de Tarantino me pareció genial. Entre tanto comentario extremista, un análisis razonado y sólido en la discusión que propone se agradece y si no lean estos párrafos:

A partir de su sexta película y en las dos siguientes, Tarantino dio una vuelta de tuerca en la que fue capaz de pensar su autoría y cuestionar el límite que le imponía ajustarse al lugar que le habían asignado. Su giro histórico, el que da lugar al “segundo Tarantino” del que hablé al principio, es la transfiguración de sus procedimientos previos al servicio de una autoconciencia política. No digo que empieza a tratar temas “importantes” y a someterlos a sus procedimientos preformados, sino que exige a su obra una capacidad para pensarse a sí misma y en su relación con el espectador.

En esa exigencia Tarantino desnaturaliza su talento y su sapiencia pop y se historiza, es decir, se distancia del punto de inicio en el que apareció y fue aceptado y pone en entredicho los dispositivos que posibilitan tal tipo de consumo cultural, tal clase de películas y tal especie de espectadores. Ese giro no le hace renunciar a su vocación espectacular, ni a su talento de escritor de diálogos y de director de actores -muchos de esos actores hicieron los papeles de su vida en esas películas-, ni a su excepcional destreza para estirar el tempo dramático, ni a su prodigiosa imaginación para poner escenas extensas e intensas y resolverlas con gracia. (Se lee completo acá)

-Los cuadernos del crítico en el blog La Biblia de los pobres

El Blopa en su blog sobre historietas e imágenes, siempre tironeado entre el abandono y la resurrección violenta, inició una serie de recuperaciones de textos críticos sobre la historieta con autores como Carlos Sampayo, Eliseo Verón y Guillermos Saccomano. La propuesta es incipiente pero valiosa y pueden seguirla acá.

Gracias, entonces, a los blogs apóstrofe, La otra y La Biblia de los pobres, que todavía le dan esperanzas a los usuarios y lectores de blogs, manteniendo vivo un circuito que ante la vorágine de las redes sociales amenaza todo el tiempo con su desaparición.

jueves, diciembre 24, 2015

Jonás; IV, 12 (José Edmundo Clemente)

Llegué a Historia de la soledad (1969), de José Edmundo Clemente, gracias a la recomendación de un amigo librero. Se trata de un breve volumen compuesto por once capítulos y un prólogo. La intención de Clemente es trazar una historia menor de esos hombres que los libros olvidaron, sumidos en la soledad y la ingratitud. Para ello, escribe esta serie de semblanzas filosóficas que, si bien puede tener alguna reminiscencia de las Vidas imaginarias, de Schwob más que de la Historia universal de la infamia, de Borges, logra echar luz sobre unos hombres solitarios, opacados por otros que han ganado el renombre y la gloria. Clemente era un especialista en estética, en filosofía y en bibliotecología; además, tenía una prosa fina y elegante como podrán leer más abajo. El humor, la reivindicación nostálgica y el comentario agudo marcan el ritmo de su Historia de la soledad. Copio el capítulo 4 de este hermoso libro y se los recomiendo con fervor. 


Jonás; IV, 12 (José Edmundo Clemente)

Todo libro posee márgenes abiertos y fluyentes que exceden la quieta angostura de su caja tipográfica, los límites formales de la imprenta; como si al tacto de nuestra mirada sensual las letras se abrieran maduras, ensanchando la página que les sirve de cauce. Milagro que vuelve las ideas y sentimientos al cálido relieve original, semejante al Lázaro bíblico. Algunos libros llevan un impulso más fuerte todavía; a la presión que extiende los costados del texto agregan un envión longitudinal que sobrepasa el corrido argumental de la obra y lo prolonga a supuestas intenciones secretas y posteriores. Intenciones que cada uno descubre con la misma alegría del solitario que encuentra una fortuna oculta, aunque muchas veces el hallazgo termina en alucinada fantasía, en simple espejismo de lector codicioso. O presuntuoso. Seguramente el descubrimiento ya fue previsto por el autor; seguramente las variantes posibles son hábiles concesiones a nuestra impúdica vanidad. Seguramente mi propia ambición de interpretar a Jonás sea apenas uno de los tantos finales de Jonás.
Recordemos la secuencia visual del Libro. Jonás debe ir a predicar a Nínive. Desobedece la misión. Embarca en el puerto de Jope, rumbo a Tarsis. En viaje, la nave es sacudida por un violento temporal. Los marineros imploran a sus dioses. El mar crece. Echan suerte para saber a quién castiga el cielo. La furia del viento no cesa. La prueba señala a Jonás. Las olas tapan la cubierta del buque. Los marineros tiran a Jonás por la borda. La tempestad calma. Un enorme pez traga a Jonás. Tres días y tres noches permanece dentro del animal. Se arrepiente. El pez lo devuelve sano y salvo a tierra. Cumple el mandato de ir a Nínive. Llega luego de tres días de camino.
El resumen de las “diapositivas” es aparentemente claro; Jonás desobedece, es castigado y perdonado. Pero creo que debemos considerar al texto más allá de la caprichosa historia de un desobediente o el relato turístico por el Mediterráneo en una incómoda bodega. Cuando mucho, esto solo haría del hijo de Amittay el precursor de los viajes submarinos. Tampoco, la publicidad de un acto demagógico de la siempre dispuesta voluntad de Jehová. Por lo pronto, ciertos signos evidentes levantan claves para otras interpretaciones. Tres días y tres noches permanece Jonás dentro del pez; tres y tres, 33, simbólica cifra que luego identificaría la edad de Cristo. Tres días tarda en llegar al lugar de la prédica; tres son las ciudades mencionadas en el texto: Nínive, Jope, Tarsis. Nada es casual. El tres era considerado número mágico en la antigüedad, incluso para los católicos. San Mateo considera a los tres días y tres noches término premonitorio de la Resurrección: “Porque como estuvo Jonás en el vientre de la ballena tres días y tres noches, así estará el Hijo del hombre en el corazón de la tierra” (Mt.; XII, 40). Quizás el lector considere fáciles coincidencias a estos signos; por mi parte también prefiero otra interpretación.
La ciudad fenicia de Tarsis adelanta una sospecha; el pez que traga a Jonás, ballena según San Mateo, la completa. Igualmente, el oportuno arrepentimiento que salva a nuestro héroe de equivocar el destino para el cual había sido llamado. Llamado. Estoy acercando los hechos a mi intención; “llamado” (vocãtus) es raíz etimológica, justamente, de vocación, palabra que considero centro del libro. Todos fuimos llamados para una misión determinada; en la medida que nos acercamos a ella, nos acercamos al verdadero sentido de nuestra vida. Pero no siempre asumimos la responsabilidad de nuestra vocación; a menudo huimos de ella y caemos, como Jonás, en el fondo de la ballena. La precisión de San Mateo es oportuna. La ballena representaba en la simbología tradicional al mundo terreno, al cuerpo venoso y perecedero. Melville recurre a la increíble Ballena blanca para aludir la obstinada persecución del hombre tras de su inevitable muerte. Su destino más cierto.
Pasemos ahora al margen final del texto, al impulso que no pudo detener la imprenta y que continúa girando por inercia propia una vez cerrado el libro. Atendamos a la metáfora de la obra, ese espectro de la realidad, diría Ortega, que prosigue fantasmal y nítido el contorno de la imagen ausente. No se trata de un absurdo lingüístico. Sería muy pobre admitir la simplicidad de Jonás tragado por una ballena verdadera y devuelto intacto al día tercero. No debemos abusar de los milagros; sobre todo, cuando son innecesarios. Hagamos crédulo el relato. Jonás entra al estómago de una ballena metafórica. La ballena es él mismo; el estómago de la ballena, su propio estómago. Lo habita por unos días, igual que muchos lo hacen por siempre, satisfechos del interior de su piel, adormecidos de tedio. Jonás logra arrepentirse, pero la mayoría prosigue a escondidas de su vocación. Hombres cegados por llegar a la próspera Tarsis hasta que la muerte les recuerda, tarde, que no vivieron la vida fundamental; la vida para la que fueron llamados. Que es igual a no haber vivido nunca, porque la señal marcada en el alma se les ha borrado. En vez de Nínive, la cúpula interior de una ballena será el cielo merecido. Oscuro leviatán; universo sin estrellas. Quizás la ballena sea una inconsciente alusión al infierno, o a la impotencia. Quizás el infierno sea una metáfora de la impotencia.

Clemente, José Edmundo (1969). Historia de la soledad, Buenos Aires, Siglo XXI editores, pp. 35-39.

domingo, diciembre 20, 2015

Gilgamesh, copia y original


Tal como declara el propio Kramer, los cinco cantos de Gilgamesh (o Bilgames, en su forma inicial) no fueron ni los unicos ni los primeros poemas sumerios, pero tienen el raro mérito de, tras haber sido puestos en circulación como entretenimientos cortesanos hace unos cuatro mil años en la ciudad de Ur, al cabo haber sido refundidos y "plagiados" por toda la posteridad vecina, tanto autóctona (babilónica) como extranjera, hasta alcanzar la magnitud de una obra maestra y referente por antonomasia en su género. De hecho, el idioma de Sumer se fue extinguiendo gradualmente, sobre todo a favor del acadio, pero la versión unificada en forma de epopeya fue celosamente aprendida y copiada a otras lenguas, totalmente ajenas (por ser de raíz semítica), y por otras culturas, que quizás hasta odiaban ancestralmente a los sumerios. El detalle de que se trate de una obra literaria que superó a su pueblo y su lengua no es menor (por lo demás, el prestigio de la cultura sumeria era tal que muchos otros testimonios se conservaron). Pues justamente que se la haya copiada es lo que resulta notable: por primera vez en la historia humana, que sepamos, se le atribuyó a un producto de la mano del hombre el distingo de su duplicación; y es en este gesto, en su re-producción más que en su producción original, que parece anunciarse el surgimiento de una nueva conciencia, en la que la veneración y el afán de conservación desbordan por mucho a lo puramente utilitario y práctico. Nunca sabremos ni cuál fue la primera creación hecha con intenciones artísticas ni gozada con intenciones estéticas, pero aquí tenemos una gran candidata a ser la primera obra de arte reproducida en toda la historia humana, y es un mérito en el que es preciso detenerse por su significado, aun contra toda la posterior exaltación que se ha hecho de la originalidad (tan importante en literatura, de hecho, que el género literario moderno por antonomasia dio en llamarse precisamente novela). Vista así, la "epopeya del miedo a la muerte" -como bellamente la definiera Rilke- sería la primera obra humana íntegramente reconocida como tal, como una entidad digna de inmortalidad (precisamente lo que tanto ansiaba su héroe epónimo).
Burello, Marcelo G. (2013). Gilgamesh o del origen del arte, Buenos Aires, hecho atómico ediciones, pp. 62-63.

sábado, diciembre 19, 2015

La letra argentina. Lenguajes, política y vida en el siglo XXI


Se trató de un encuentro realizado en el Centro Cultural "Paco Urondo" de la Facultad de Filosofía y Letras el 6 y 7 de noviembre de 2014. El encuentro fue organizado por el Ministerio de Cultura de la Nación y reunió a escritores, periodistas, editores y críticos literarios para reflexionar sobre diversos temas como la literatura y la circulación de libros, los libros y la política, los lenguajes contemporáneos, etcétera. 
Este año se publicó un libro que recopila ese encuentro, La letra argentina. Dejo la versión en PDF en el siguiente link: 


Copian, repartan y comenten a quien interese. Pego a continuación el índice para que chusmeen las intervenciones y los nombres de los participantes!

Índice

Apertura - Bruera, Morgade, Forster
Literatura y circulación de libros - Boido, Chitarroni, Cristófalo, Scolnik
Literatura y vida
Literatura y envidia - Mariano Quirós
Acerca del instante, la literatura y la vida - Roberto Raschella
La literatura (y la vida) como querría - Carlos Skliar
La autoficción: artefactos agotados y nuevos modelos de escritor - Claudio Zeiger
Diálogo I - Luis Gusmán
Géneros populares
Géneros populares - Marcelo Figueras
Derivas actuales de los géneros populares - Mariana Enríquez
La ambigüedad genérica - Horacio González
Oralidad, autogestión y periferia - Juan Diego Incardona
Irrupciones políticas
El poeta y el Estado - Sergio Raimondi
La barbarie civilizada o la civilización bárbara - José Pablo Feinmann
Después del 2001, literatura argentina y política - Hernán Vanoli
¿Rodolfo Walsh o Manuel Puig? - Carlos Gamerro
Lenguajes contemporáneos
Vida cotidiana - Daniel Link
Un plato de azúcar - Miguel Vitagliano
El idioma de los argentinos: lo traducible y lo intraducible - María Pia López
El tiempo de la poesía - Daniel Freidemberg
Diálogo II - Ludmer, Garramuño
Qué hace escritor a un escritor
Palabras leves - Paula Pérez Alonso
El momento íntimo de la escritura - Sergio Olguín
El escritor, las pérdidas, los amigos - Arturo Carrera
Los tonos de una nación: una pregunta del pasado - Matilde Sánchez
Qué es ser escritor: algunos ejemplos - Sergio Chejfec
Sobre los participantes

lunes, diciembre 14, 2015

Presentación: A dónde van los caballos, de Marcelo Britos y Cacería de guanacos, de Rosana Gutiérrez

lunes, noviembre 30, 2015

Señal de fuego (Marcelo Fox) (selección 1)

Me enteré de la existencia de Marcelo Fox, a partir de un comentario al pasar de un conocido. El comentario señalaba el lugar de escritor maldito que Fox se había ganado en los años 60 y la dificultad de conseguir sus escasas obras: Invitación a la masacre (1963) y Señal de fuego (1968). De esta última me enteraría más tarde por medio de una carambola de tuits y recorridas por Mercadolibre.
De Fox poco se sabe. Hay algunos datos aislados en el blog inmaculada decepción, acá y acá. Las anécdotas que lo tienen como protagonista lo instalan en un lugar incómodo. También se sabe que Fogwill y Alberto Laiseca lo han mencionado en varias oportunidades. El amigo Vespa nos refirió esta entrevista de Fogwill donde menciona a Fox y lo señala como inspiración para un personaje de Vivir afuera (1998).
En todo caso, la obra de Marcelo Fox se ha perdido entre los anaqueles de la literatura argentina, quedando relegada a un lugar oculto y maldito. Su libro Invitación a la masacre es inconseguible y los proyectos de reeditarlo se han frustrado rápidamente por problemas con los herederos de Fox. En la web se pueden leer algunos extractos de ese primer libro: acá, acá y acá. Su otro libro, Señal de fuego, se consigue un poco más fácilmente, aunque con un precio que puede complicar el bolsillo de cualquiera y en una cantidad de ejemplares limitada ya que se trata de la primera edición. Justamente, el objeto-libro Señal de fuego es de lo más particular: tapa y contratapa simil papel madera, letras góticas en portada, tinta roja en la tipografía de sus páginas, esvásticas como separadores de las diversas partes, una imagen del autor provocadora, mirando hacia el lector, con un puño sobre el pecho y una especie de cruz de hierro por detrás. De ese libro, una colección de aforismos escritos en el filo de la razón, en las tinieblas de la violencia, extraigo esta primera selección.

Señal de fuego (selección – Parte 1) (Marcelo Fox)



No es deseo del diablo destruir el mundo, su vivero de víctimas.

***

Hasta ahora los gritos de los profetas sólo han producido breves pesadillas en el sueño de los hombres.

***

El estómago del mundo termina digiriéndolo todo.

***

No saben que viven, no saben que mueren, pero mantienen firmemente el timón en la mano para que el barco no se desvíe de su eterna trayectoria circular.

***

El fuego no hace brillar los rostros de los que habita, eso sería facilitar demasiado la tarea de los esbirros de la grisura, la oquedad, el hielo.

***

Cuando la sangre delira, los túneles, las ciudades, las coartadas, se derrumban.

***

Como aman la Libertad, la han sepultado en un hermoso panteón en cuyas paredes se halla primorosamente esculpidos los principios eternos del derecho, las ordenanzas municipales, los artículos de la constitución y las leyes de tránsito. Sobre el catafalco en que ella yace con su mortaja de yeso hay un cartel escrito en letras góticas que dice: Prohibido escupir en el suelo.
Las ceremonias que se celebran allí mismo en su honor son reguladas por luces de semáforos, para que todo se desarrolle dentro del máximo orden y corrección.

***

Llaman hombres libres a los esclavos; y a los hombres libres, asesinos y libertinos.

***

Si no quieren que los rebeldes griten no les peguen.

***

Fogata entre los témpanos de hielo y la oscuridad, mi voz guía hacia las arenas de este mundo a la caballería aérea de la muerte.

***

Sólo cuando las tinieblas sean totales el sol renacerá.

***

Los actores cambian. Los decorados cambian. El sueño permanece.

Fox, Marcelo (1968). Señal de fuego (selección), Buenos Aires, Yelpo editor.
 

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