sábado, mayo 06, 2017

la contundencia y la gracia

Primera entrega: la escritura es un hecho atómico (sobre hecho atómico ediciones)
Segunda entrega: los matices del gris (sobre 17grises editora)
Tercera entrega: una mirada extrañada (sobre China editora)
Cuarta entrega: las huellas de la imaginación (sobre Fiordo editorial)
Quinta entrega: seguir el hilo rojo (sobre Hilo rojo editores)
Sexta entrega: cuidado con el libro (sobre Cave librum editorial) 
Séptima entrega: trazar recorridos (sobre Excursiones editorial)
Octava entrega: atípicos (sobre editorial Letranomáda)
Novena entrega: conexiones íntimas (sobre Santiago Arcos editor)
Décima entrega: la juntidad espeluznante (sobre La Comarca libros)
Undécima entrega: el deseo de editar (sobre Palabras amarillas ediciones)
Duodécima entrega: entre lo exótico y lo familiar (sobre Páprika editorial)
Décimotercera entrega: cómo narrar lo contemporáneo (sobre Momofuku libros) 
Décimocuarta entrega: entre ruinas y umbrales (sobre Cabiria ediciones) 
Décimoquinta entrega: una excusa para hacer una utopía (sobre hekht libros)
Décimosexta entrega: un choque cuerpo a cuerpo (sobre Alto pogo ediciones) 

Hacía bastante tiempo que no retomaba esta serie de preguntas a proyectos editoriales argentinos pequeños y medianos. Me pareció que valía el esfuerzo retomarlo. Rearrancamos entonces con la editorial El Elefante Blanco (FB). Esta editorial que se inició hacia 1996 sostiene su catálogo con obras recuperadas del olvido de la literatura y la historia argentinas. Tal como lo presentan en su página sus libros son "objetos documentales, crónicas de viajes apasionantes, fuentes originales de distintos períodos de nuestra historia y, además (y quizás especialmente), textos divertidísimos y vigentes".Viajeros como Guillermo/William Hudson o cronistas como Ignacio Ezcurra son autores acobijados por este proyecto que se empeña en rescatar textos y voces. Van entonces las preguntas y las respuestas en boca de Marta Gallardo y Julieta Correa, editoras del sello El Elefante Blanco.



GC: ¿Por qué la editorial se llama El Elefante Blanco?
Marta Gallardo: Un elefante blanco alude a empresas imposibles o incordiosas, pero tiene además la contundencia y la gracia de lo que nos evoca.

GC: ¿Qué criterios tienen en cuenta a la hora de armar el catálogo? ¿Organizan su fondo en colecciones?
MG: Son libros que elijo yo porque me gustan, obras de autores que conozco de toda la vida, que busco o aparecen.

GC: ¿Por qué apuestan por la recuperación de textos, memorias y historias en un campo cultural dominado por la urgencia de novedad y los fantasmas de lo último?
MG: Por patriotismo bien entendido, por tradición familiar, por gusto.

GC: ¿Qué tipo de lector imaginan para sus libros? ¿Qué recepción han encontrado en estos años?
MG: Muy buena recepción, mejor de lo que esperaba.

GC: ¿Qué tienen en mente durante este año, 2017, para afirmar la presencia de la editorial?
MG: Esperen y verán.
Julieta Correa: Este año arrancamos con muy buenas noticias. Quedamos seleccionados para estar en el Nuevo Barrio de la Feria del Libro, estaremos hasta el 15 de mayo en el stand 2107 del Pabellón Amarillo. Estamos súper agradecidas con la Fundación El Libro por el espacio, que no habríamos podido tener de ningún otro modo. Si pasan por el stand, van a poder encontrarnos a nosotras, Marty López Lecube y yo, a Nicolás Bocles que sabe todo y da recomendaciones buenísimas, y 70 títulos del catálogo que no se consiguen en librerías en este momento.

GC: ¿Están trabajando sobre alguna novedad?
JC: Vamos a sacar dos novedades en este primer semestre, la primera es una recopilación de textos de cautivos hecha por Mimí Bullrich con textos muy valiosos e inconseguibles. Además, vamos a reimprimir ejemplares de algunos títulos que no se consiguen hace varios años.

 

martes, mayo 02, 2017

Escritura poemática, un libro sobre el taller de Néstor Sánchez

En los últimos años, el proyecto editorial impulsado por Claudio Sánchez bajo el nombre de La Comarca ediciones nos ha permitido recuperar las obras y las ideas del gran escritor de culto y oculto Néstor Sánchez. Si la editorial irrumpió con un libro inigualable titulado Ojo de rapiña, una recopilación totalmente inédita de artículos y ensayos de Sánchez sobre la escritura y la literatura, este año, 2017, promete una gran novedad: Escritura poemática. Se trata de una obra que recupera las experiencias en el taller literario que brindaba el autor de Siberia blues: testimonios, apuntes, preparación de clases pero también textos seleccionados por Sánchez y entrevistas en las que abordó el cómo escribir y la ética del desacato literario. Meterse en la cocina de la escritura poemática, asomarse a las clases que preparaba Sánchez y las percepciones de sus alumnos y alumnas son algunas de las posibilidades que abre este libro para nosotros, sus lectores.
Va pues la tapa, algunos fragmentos cedidos generosamente por Claudio y el flyer de la presentación que será este viernes 5 de mayo.


Mi idea de crear un taller es de alguna manera la posibilidad de encontrar un grupo homogéneo y perdurable. Tengo cosas que transmitir, además de la escritura, y la posibilidad de discernir la responsabilidad extrema de escribir.
Néstor Sánchez

MÓDULO I

Características:

Una característica indesmentible de esta forma de escritura (que no tiene por qué ser constante) es la obsesividad, el “automatismo”, como podría suceder con un instrumento solista que improvisa largamente.
Si yo vivo la novela como poema, con la relación de ritmo, el capítulo es el verso. Hace falta un lector que advierta las resonancias. Se trata de libros que necesitan una lectura poemática pues fueron concebidos poemáticamente. El lector, habituado a leer novelas donde los elementos de interés se fundan en lo anecdótico fracasa en la relación de resonancia, no está entrenado.
Entonces, ¿qué habría que decir sobre el problema de la lectura? Se habla del adiestramiento del escritor, pero hay que tener en cuenta el adiestramiento del lector que es el reescritor del texto. Sería el adiestramiento de la atención poemática que es fundamental para mi planteo de la estructura novelística.
Pavese decía que el escritor está obligado a leer. Yo lo vivo de la misma manera: un grupo de personas se contagia la posibilidad de aprender a leer. No hay escritura sin lectura. Incluso hay textos que requieren la lectura en voz alta. Una de las experiencias más válidas de mi vida fue la lectura de textos en común. Propongo en el taller esa actividad.

(...)

MÓDULO II

El equilibrio de las herramientas:

• Abolición de los puntos suspensivos y de los signos de admiración.
• Supresión del adjetivo delante del sustantivo (salvo casos muy aislados).
• Valor del silencio (revisión del sentido de pausa: puntuación, espacios en blanco, doble y triple, etc. ej: Hechos memorables - pag. 104).
• La voz propia tiene relación directa con el sentido de pausa y es preciso respetar como en la música, los elementos de la puntuación, estableciendo sus grandes diferencias. En un momento dado incluso pueden faltar.
• Paréntesis.
• Guiones.
• Uso del condicional.
• Cuidar el infinitivo.
• Economía del adverbio. Su importancia expresiva.
• No al gerundio.
• La pregunta: una pregunta extrema, en lo posible extensa
(manejo del tono de pregunta, como con un título).
• Ataque y remate (su importancia).
• Cuidar que lo lapidario no impida trabajar más. No caer con demasiada frecuencia en el remate lapidario; también es posible esperar antes del corte. Con remate se abre el raro conflicto del “propósito” de una escritura, y puede presentirse la posibilidad de aliento.
• Cuando la tendencia es “lapidaria” será necesario leer a autores que tiendan al párrafo amplio, con o sin tendencia a la enumeración: El viento, de Claude Simon, me parece un buen inicio. También el último capítulo de Nosotros dosque, en cierta medida, representó para mí una toma de partido (por supuesto para el contrapunto) en relación con apertura, con búsqueda de aliento.

(...)

Victoria Morana: Fue mi maestro, era una persona sensible y sabía escuchar. Aprendí a hacer un análisis textual, el placer de la disección que permite entender un texto en su totalidad, descifrar en la trama los secretos de la historia. La primera clase propuso un juego: cada encuentro uno de nosotros tenía que llevar una cita para leer en el grupo y debíamos anotarla en el cuaderno. Si tuviese que elegir de las frases que Néstor propuso, las que más lo definirían creo que son: “Todo es vanidad y apacentarse de viento” del Eclesiastés, y “La tentativa que te propongo hacer conmigo puede resumirse en dos palabras: permanecer despierto” de René Daumal.

Inés Pereyra: Me prohibió el uso del punto porque decía que mis frases eran muy lapidarias. Fue buenísimo porque me obligó a tirar de la piola.

Norberto Guarnieri: Sus comentarios eran muy escuetos y había que saber tomar rápidamente lo que decía e interpretarlo. Aquello de la puntuación, siempre recuerdo la coma, el punto y coma; ¡ah!. Los dos puntos: nunca había escuchado hablar de la puntuación de esa manera, algo muy importante en su estructura de enseñanza. Nos recalcaba siempre el cuaderno de notas y la lista de palabras (a la que yo llamaba “palabras listas”) como algo fundamental para cualquier aspirante a escritor; insistía con que la materia prima de un escritor es la palabra, entonces cada uno debía forjar su propio tesoro con frases y palabras que en algún momento iba a utilizar.



sábado, abril 22, 2017

Los géneros de la patria. Entrevista a Josefina Ludmer en El ojo mocho (tercera y última parte)

Esta es la última parte de la entrevista a Josefina Ludmer publicada en 1994 en El ojo mocho. La próxima: Carlos Correas.

Los géneros de la patria. Entrevista a Josefina Ludmer en El ojo mocho (primera parte)
Los géneros de la patria. Entrevista a Josefina Ludmer en El ojo mocho (segunda parte)

Los géneros de la patria (tercera y última parte)

-En el párrafo del Facundo, claro. Ahora: para mí en ese momento era clarísimo de qué modo Sarmiento construía el otro, porque… bueno: eso es una cosa obvia, todo el mundo lo dice “no hay que ahorrar sangre de gauchos”, etcétera, ¿no?, que constituía el revés exacto de la gauchesca, y por lo tanto que había que integrarlo como su revés, y en qué consistía ese ser revés, y entonces yo ahí juego con la idea de Chile, de los Andes separando un lado y el otro lado, y al mismo tiempo con la idea del revés porque no toma la voz, porque no lo oyó a Facundo, ¿no? El que oye a Facundo no puede escribir ese texto, ¿no?
ER: -Y el otro que “no oiría” la voz del gaucho, después, sería Borges, en la “Biografía de Tadeo Isidoro Cruz”, porque ahí escribe…
-Exacto. Porque ahí escribe desde Sarmiento…
HG: -Pero en forma… sin la ley, digamos. Vos decís eso.
-No, pero eso es en el otro. Eso es en “El Fin”. En la “Biografía…” la idea es escribir a Cruz desde Sarmiento, ¿no?, tapándole la voz.
HG: -Yo decía lo de Martínez Estrada porque ahí Cruz aparece como el culpable de la detección del texto, aparece como un traidor…
-Bueno, para mí no era un traidor. Yo tenía todo el tiempo la escena del Acorazado Potemkin, cuando desertan los marineros. Ese era el momento que yo tuve todo el tiempo cuando escribía eso, ¿no? La idea de deserción para unirse a un movimiento de otro tipo. O sea, la idea de salir del sistema para entrar a un tipo de mundo de iguales. Para mí esa es la marca de la literatura popular: el momento de la deserción como momento clave donde el que abandona el poder pasa a las filas de pueblo.
HG: -Sí, por eso me pareció siempre interesante que Martínez Estrada rechace eso, no sé si disputando o no con la interpretación de Borges: no sé si escribió Muerte y transfiguración antes o después…
-Y… cuarenta y ocho, más o menos en el mismo momento.
HG: Por eso. Me parecía una polémica sobre el carácter del traidor. En Martínez Estrada de un traidor que además arruina, con una especie de impudicia y de picardía que no reprime y vos no, ¿no?
-Sí, sí, obviamente, porque Martínez Estrada está escribiendo desde un lugar absolutamente imposible, ¿no? Yo me acuerdo de una cosa que era “el viejo Vizcacha es malo porque está rodeado de perros”; tiene directamente enunciados cómicos, Martínez Estrada. Para mí era un texto cómico, en algún momento. O: “En el Martín Fierro no hay obscenidades”, ¿no? Eso es imposible de aceptar. O sea: ¿qué es lo que está tapando todo el tiempo Martínez Estrada, cuando él precisamente dice que está trabajando sobre lo tapado, sobre lo no dicho? O sea: yo creo que su trabajo de tapadura es mucho mayor.
HG: -Sí, pero igual yo te digo: pondría a El género gauchesco en la línea, como un análisis de la vinculación entre grandes libros y grandes tragedias históricas, la sombra de Martínez Estrada yo la veo en tu libro.
-Bueno, yo estoy todo el tiempo polemizando con él, porque es el libro que yo consideraba anterior al mío. O sea: es el libro anterior al mío que trató de pensar la gauchesca. Y obviamente tenés que polemizar con el libro anterior al tuyo que piensa tu mismo campo. Si no, no podés escribir.
HG: -Sí, bueno. Pero da la casualidad de que no hay muchos.
-Bueno, pero no sé, además… Qué se yo: la figura de Martínez Estrada no me es simpática. No me era simpática cuando yo veía los análisis que hacía… fundamentalmente del Martín Fierro, porque no trabaja demasiado sobre los otros textos. O sea: no coincidía. Tuve que no coincidir para poder escribir.
HG: -Pero… yo recuerdo una frase (no sé si de ahí o de alguna otra parte): nadie puede leer el Martín Fierro sin revolcarse en el suelo, o algo así. Es la sensación de que nadie puede leer el Martín Fierro, y la gauchesca en general, sin la sensación de que está hablando de luchas muy actuales, de tradiciones de heroísmo o de… en fin: de voces de las luchas, de la cuestión de la ley, de la justicia hoy, ¿no? O sea: revela que la crítica literaria como máquina es… Máquina y guerra es muy parecido, ¿no? No hay guerra sin máquina, y a la inversa.
-Sí: una máquina de lectura es una máquina de guerra, también. De modo que… el construir la máquina es apasionante, ¿no? Cuando al principio leés el corpus, o un cantidad de textos y tenés como elementos aislados, como palabras sueltas, ¿no? Hasta que todo eso empieza a funcionar interrelacionado y en forma de red, o en la forma que le quieras dar: es un trabajo de elaboración bastante entretenido, diría yo: por lo menos te saca el aburrimiento, ¿no? Y a partir de ahí es que no me interesa más una crítica literaria que trabaje con textos individuales o con figuras de escritores, ¿no? Me dejó de interesar la figura del escritor y más bien me empezó a interesar cada vez más esa categoría de “masa textual” que forma parte de la cultura. Que es un poco la idea del próximo libro.
ER: -Bueno: entre los “escritores” a los que sí les das bolilla te llevaría a Borges. Digo: porque es el gran ausente, el ausente “imperdonable” de la “máquina Viñas”, y en cambio en tu propia “máquina” ocupa un lugar central. No sé si se podría decir que vos armaste tu máquina con las mejores piezas de la de Viñas y la de Borges, pero lo cierto es que Borges aparece, en El género gauchesco, como el último eslabón del género, y al mismo tiempo como el que da vuelta el género, el que lo piensa de nuevo.
-Sí: Borges era para mí el verdadero lector de la gauchesca, o sea: la lectura de la gauchesca que hizo Borges fue para mí el punto de partida. Porque Borges dice expresamente, en su lectura de la gauchesca: no son gauchos, están usando la voz del gaucho, y es a partir de ahí que yo empiezo a pensar, ¿no? O sea que para mí Borges aparece como lector y reescritor de la gauchesca.
HG: -Una idea que siempre…. Yo sé que algunos lo dijeron, que algunos dedican su vida a pensarlo, ¿no?, pero me parece muy… o sea, lo que veo de místico: ¿es posible una voz sin texto? Porque me da la impresión de que en tu libro hay… la idea más “anarquista”, digamos, para seguir con esa palabra, sería la pregunta de si hay una voz que esté sin texto, sin escritura, sin escritor. Incluso una voz que no escuche nadie, ¿no?: sería un momento final… O sea: ¿hay alguna posibilidad de utilizar una voz y que alguien no la escuche y haga con eso otra cosa? ¿Hay alguna posibilidad?
-Bueno, yo creo que sí; que hay una posibilidad. Pero una de las características de la voz es que es escuchada.
HG: -Claro, y otros hacen otra cosa con ella. Pero en tu libro aparece una continua molestia con el hecho de que alguien haya escuchado y haya hecho otra cosa con ella: que la haya puesto en términos de una ley y le haya dado ciertos usos. Me pareció que hay una incomodidad de que haya sido así.
-No, fijate. Yo incluso en algún momento empecé a jugar con la idea de la locura, ¿no? De la alucinación auditiva: con la idea de “escuchar voces”, que aparece en algún momento en el texto, también. Porque a medida que me iba metiendo en la escritura, obviamente la escritura tiene mucho que ver con ciertos momentos muy locos, muy, muy limítrofes, diría yo, y… en algún momento pensé en Hernández oyendo las voces de los gauchos para escribir, la idea de una voz que te dicta, la idea de la alucinación auditiva de los locos.
HG: -La sensación mística. El episodio de los marinos colgados, también. Si es así que funcionan los textos, los textos se escuchan mutuamente como textos.
-Obviamente.
HG: -Pero se escuchan de una forma aviesa, digamos. Bah: enigmática, no sé. No es un cierto proceso de influencias detectable bajo lecturas de la crítica convencional, ¿no? Se precisa maldad para interpretar la forma en que estas influencias se producen. Maldad y humorismo, como en lo de Cantor, ¿no? Y… los nombres siempre ocultan cosas. El malo siempre trata de ver qué ocultan los nombres, y cae mal que revele qué ocultan los nombres… o qué nombre no se ha dicho. Dónde está el vacío… Por eso pensé si no hay una idea de alegoría que… ¿no hay la idea de alegoría, en tu sistema, en tu “máquina”?
-Totalmente. Éste es un libro totalmente alegórico.
HG: -Pero no lo decís. No es una idea que esté explicitada, ¿no?
-No, no, no. Hay muchas ideas que no están explicitadas: yo creo que la alegoría no hay que explicitarla. Pero es una alegoría bejaminiana, eh, no es una alegoría de tipo medieval: es una alegoría totalmente pasada por Benjamin en el sentido de que por encima de un texto podés leer siempre otro, ¿no?: ésa es la idea de la alegoría; de una especie de segundo nivel.
HG: -No, por eso: lo que me pareció cuando lo leí era que era un intento de decir lo máximo que pasó aquí en los años setenta sin aludir. Excepto muy contados momentos, a los setenta: era un libro del presente.
-Sí, sí, por eso, como decíamos antes, al principio: Cómo nombrar el horror, ¿no? ¿Con qué discurso decir el horror? Yo ahí en la investigación ésa me encontré con el horror, ¿no? En el Martín Fierro es clarísimo: el horror del exilio, el horror de que te tocan el cuerpo en el cepo (el horror de la tortura, ¿no?), está todo el tiempo. Y está todo el tiempo en el género: con los amputados y con todos esos cuerpos que hablan allí, todo lo largo del género. Está en la guerra: la guerra de que la guerra es la destrucción y que la destrucción te llega al cuerpo. Y ahí yo creo que… yo encontré eso ahí: ese discurso del horror, ¿no? Y a partir de ahí un poco seguí pensando, ¿no? Cómo… cómo hablar de eso.
HG: -Todo eso junto a un lado “científico”, digamos, en tus investigaciones literarias…
-Yo me considero una descendiente de científicos, y por lo tanto la fascinación del pensamiento científico está siempre presente para mí, ¿no? La fascinación de la transparencia de la ciencia. Que por supuesto es un mito total, pero que está como horizonte, y todas las investigaciones del siglo XX en el campo de la imaginación, donde se pueden comparar la imaginación científica y la imaginación creadora, humanística o literaria, o cualquier tipo de imaginación, también están presentes. Para mí leer material científico... o sea: yo soy una fanática de la revista Science, por ejemplo. No me pierdo ningún número, porque siempre encuentro una inspiración. Inspiración en el tipo de pensamiento, en el tipo de mecanismos para lograr datos, para llegar a las construcciones, para describir estados de cosas, etcétera. De modo que en ese caso era muy importante para mí poder pensar en términos de una especie de no sé, de guía: tener la ciencia como una especie de guía de un tipo de reflexión, nada más. Y además otra cosa: porque lo que a mí me interesa es la divulgación científica, como discurso: el tipo de discurso que lleva las abstracciones máximas de la tienda a la posibilidad de comunicarlo y divulgarlo, ¿no?: ese tipo de discurso me interesaba especialmente. Que procede por comparaciones, que procede por analogías con la vida cotidiana: es ahí en el momento del discurso de divulgación donde yo lo encuentro más literario.
ER: - Bueno: la introducción, en El género gauchesco, del recorte sobre la teoría de los anillos de Einstein...
-Que era el modo de datar un día, porque para mí lo importante ahí era la fecha. ¿Vieron que los diarios se usan para las fechas, a veces, no? Para poner eso como que ese día quedaba completamente grabado, y bueno: de paso encontré la idea de Einstein de... bueno: en realidad es un aparato de lectura, ¿no?, la construcción de un telescopio. O sea: cómo tiene que ser un telescopio para poder ver lo que se quiere ver, y me pareció una buena metáfora de aparato de lectura, ¿no? O sea: que hay que tener una distancia, que tiene que estar bien enfocado, que el observador tiene que estar en tal lugar...
HG: -Ah, yo pensé esa nota sobre la base de una gran gratuidad. La leí sin saber bien de qué se trataba…
-Y... de un aparato de lectura.
HG: -Ah, pero yo no había percibido eso.
-Pero además, el título es: "Se descubrió la teoría de los anillos", y yo estoy todo el tiempo con los anillos, las alianzas... Que después al final se transforma en el señor de los anillos. Porque esos anillos son las alianzas típicas del género, ¿no? Y al mismo tiempo es el modo de ligar el discurso literario con lo real: Porqué tiene una conexión de un lado y una conexión del otro, y forma como un anillo, entonces: la metáfora del anillo, que es la metáfora de la alianza, del anillo-alianza, que es la metáfora del matrimonio desde el punto de vista del género femenino, ¿no?, me pareció que en ese momento en que yo había encontrado que a partir de la teoría de Einstein se había demostrado la "teoría de los anillos" (creo que dice así), bueno, dije: ésta es la cosa, la cosa es la teoría de los anillos.
HG:- Bueno, sí. Pero eso... no quita cierta gratuidad... Lo interpretable es lo exhaustivo, ¿no? Lo interpretable lleva a algo exhaustivo, necesariamente. El texto queda convertido en metáfora, alegoría, política, contrato, alianza... La pregunta sería si todo esto no te acerca bastante al gran estructuralismo... toda esta idea acerca de tos textos, la serie de textos, el cuerpo de textos.
-Al post-estructuralismo, tal vez. Supongo que sí: mi formación estructuralista no la puedo ocultar en ningún momento; además yo del estructuralismo aprendí técnicas de análisis que todavía me siguen resultando bastante útiles en el momento de analizar textos. Si uno deja de lado toda la obsesión binaria del estructuralismo, yo creo que hay una cantidad de elementos técnicos que se pueden seguir usando. Y aparte esta idea de una textualidad sin autor, que, bueno, no es solamente estructuralista, ¿no?; está bastante en la tradición literaria. Valéry hablaba constantemente de esto, ¿no?: de una especie de masa –“del espíritu”, la llamaba él ¿no?: producida por el espíritu-, de tal modo que si no hubiera aparecido tal autor cualquier otro hubiera escrito eso porque eso era como el desarrollo necesario de una historia.
ER: -En el libro hay una especie de foucaultismo de base muy fuerte, a pesar de que Foucault aparece muy poco, o lateralmente –vía Chomsky– mencionado…
-Sí: Está, por supuesto, todo Foucault, está todo Bajtin. No sé: están todas las lecturas del momento en que yo trabajé en este libro, ¿no? O sea: todas las lecturas teóricas, de años, que podían servirme. Tomé de todos lados. Uno podría decir qué es lo que no tomé. Yo creo que está un poco aprovechada una serie de lecturas de años.
ER: -No, pensaba en la idea de disciplina de Foucault, y tu idea acerca de la contemporaneidad entre el disciplinamiento de la voz del gaucho a través de la métrica “culta” de la poesía gauchesca y el disciplinamiento de su cuerpo a través del aparato estatal, del ejército. O sea: aparece la poesía como un aparato estatal, disciplinario, contemporáneo y convergente con el otro.
-Sí, sí: eso es totalmente foucaultiano. Hay mucho Deleuze, también.
HG: -Deleuze, eso te estaba por decir. Ya que estamos en los grandes próceres. Digo: la idea de “máquina”...
-Sí, sí. Por eso: no sé qué no está…
HG: -Claro: Está todo, pero has hecho otra cosa con eso. Bah: está Macedonio Fernández… Por eso: es un libro de nuestra época, de nuestras lecturas y de nuestras vidas políticas, y es un tratado sobre lo que leímos y sobre cómo leímos. Por eso yo me sentí muy identificado. Me pareció un libro de los más cercanos a la experiencia de una generación de lectores argentinos de los más diversos temas, y es un libro, en ese sentido, muy político, extremadamente político.
-Sí, yo quiero trabajar mejor el tema de la relación entre la literatura y la política, y pienso hacerlo en mi próximo libro. Lo que pasa es que para este próximo libro ya no tengo (y creo que todos estamos un poco en eso, ¿no?), no tenemos la cantidad de lectura que yo podía tener a fines de los ochenta, cuando escribí esto, ¿no? Que en realidad venía de los setenta. O sea: para trabajar ahora en la relación entre literatura y política, que no me gustaría repetir la conceptualización anterior, sino bueno: inventar un aparato nuevo, ¿no? No hay demasiado material, ¿no? Estamos tratando de cambiar discursos y no tenemos… modelos, no sé cómo llamarlos, ¿no? O sea que para mí, en este momento (y eso que vengo de un centro que desde el punto de vista bibliográfico es absolutamente exhaustivo) la sensación es de bastante orfandad.
HG: -¿Y vos dirías que en las carreras, o en los departamentos, como se dice, de Letras, considerados en abstracto, hay más chances que en los departamentos de las otras viejas áreas humanísticas?
-Yo diría que todos estamos trabajando con las mismas lecturas, en este momento, en todos los departamentos. Creo que vos tenés que coincidir conmigo porque supongo que tus lecturas y las mías coinciden bastante, ¿no? En este momento lo que yo veo es una especie de confluencia total de las humanidades, hasta el punto tal que la categoría de departamento misma parece estar cuestionada.
HG: -Sí, pero al mismo tiempo las luchas políticas entre territorios, departamentos, etc., aquí en la Argentina por lo menos, recrudecen cada vez más.
-Sí, sí: Recrudecen justamente ante el peligro de la disolución total. Porque lo que nos unifica ahora son problemas, y no ya disciplinas. O sea: tipos de problemas, que los trabajamos desde todos los lugares, ¿no? Ése es el Estado actual de las humanidades, que se dividen por tipos de problemas o por campos problemáticos y ya no por disciplinas.
ER: -Sí, si eso se pudiera arrastrar a las formas organizativas de las Universidades, destruye un modelo de Universidad.
-Bueno: Yo creo que la Universidad dentro de poco va a tener que reformarse totalmente, ¿no?, hacia unas nuevas humanidades.
HG: -Sí; acá se percibe eso, pero lo absurdo es ese sistema de custodiar pequeñas unidades académicas con criterios de perro guardián, ¿no?, rechazando lo ajeno, rechazando a los Invasores, a los “colgados” y a los intrusos de una especie de definición ideal del “campo científico”. Al menos en el campo de las ciencias sociales...
-Sí, sí, en literatura también. En literatura se ve clarísimo, ¿no? No sé: tal vez resolvería la cosa plantearla en términos de “estudios culturales”, que parece ser una zona donde se resolverían ese tipo de convergencias, permitiendo una ampliación del campo de la literatura al de la cultura, donde se encuentran todas las otras disciplinas. Yo supongo que este proceso se va a acentuar cada vez más, y por lo tanto los “guardianes”, como vos decís, se van a poner cada vez más duros.

Fin de la entrevista

(Entrevista realizada por H. González y E. Rinesi)

Fuente: Revista El ojo mocho, n° 4, 1994.

viernes, abril 21, 2017

adigitalizar.org


Me enorgullece anunciar la aparición del blog Taller de digitalización en el que con un grupo de compañeras y compañeros exploramos las vicisitudes de las generaciones de escáneres y cámaras en mano, dispuestos a retomar los archivos polvorientos que permanecen olvidados y aislados en bibliotecas de la triste realidad, abriendo caminos digitales a libros, revistas y demás yerbas que de otro modo no tendrían una existencia postfísica. El objetivo del blog es claro: brindar herramientas, suscitar reflexiones, recomendar proyectos en torno de la digitalización de la cultura. 
Una primera participación desde Golosina caníbal es este comentario sobre el portal AméricaLee:
Por aquellos años en que tener un escáner plano podía facilitarnos el acceso a materiales de estudio, buenos y viejos tiempos de compartir archivos comprimidos, de aprender a usar el OCR, de limpiar las páginas a mano con algún programa de edición de imágenes, me enteré de la existencia del cd que contenía la revista Contorno digitalizada. Recuerdo que algún compañero o compañera me hizo una copia (porque, claro, en aquella época la duplicación seguía siendo más analógica que virtual) y que al recibirla me sumergí a leer la revista en la que habían escrito maestros de la crítica literaria argentina como David Viñas. Luego me enteraría de que este trabajo señero en el mundo del archivo digital argentino había sido producido por el CeDInCI.
Ahora, esta institución, en conjunto con la Universidad de San Martín, se despachan con una gran proyecto llamado AméricaLee – Publicaciones latinoamericanas del siglo XX. Se trata de un repositorio digital donde se puede acceder a distintas revistas de América Latina desde fines del siglo XIX hasta fines del siglo XX.

martes, abril 04, 2017

Literatura, ciencia y ocultismo en la Argentina de entresiglos (sobre Cuando la ciencia despertaba fantasías, de Soledad Quereilhac)


En estos días tuve el placer de leer la investigación de Soledad Quereilhac, Cuando la ciencia despertaba fantasías. Prensa, literatura y ocultismo en el Argentina de entresiglos (Siglo XXI, 2016). La propuesta es directa y compleja: hacia fines del siglo XIX en Argentina, pero también en el mundo, la noción de lo científico englobaba tanto la ciencia oficial como múltiples pseudociencias y prácticas ocultistas. En este sentido, la autora afirma que, por esos años, no era tan evidente el límite entre, por ejemplo, teorías de la evolución y magnetismo animal o entre estudios sobre la electricidad y espiritismo. Por lo tanto, hablar de ciencia en esa época evocaba imágenes, ideas y fantasías heterogéneas en juego y en fricción.
En los primeros capítulos del libro, Quereilhac realiza un rastreo minucioso por revistas (conocidas como Caras y Caretas y no tan conocidas como Constancia) y por sociedades de ocultismo, magnetología, médiums y otras yerbas para trazar un mapa de ideas, teorías, autores y textos perdidos entre los pliegues de la Argentina de entresiglos. El espiritismo moderno, el magnetismo animal y la teosofía son algunas de las teorías que circulaban por Buenos Aires y alrededores y la autora las recupera para comprender sus razonamientos y las reflexiones y discusiones que evocaban. Tras dejar planteadas esas coordenadas, Cuando la ciencia despertaba fantasías se centra en el análisis de un género literario coincidente con este intéres social y heterogéneo por la ciencia: la fantasía científica. 
Así, la autora lee relatos de Eduardo L. Holmberg, Leopoldo Lugones, Atilio Chiappori y Horacio Quiroga a la luz de las experimentaciones de la época, de las reflexiones y discusiones pseudocientíficas rastreadas al principio del libro, y detecta qué tratamiento literario y qué recursos narrativos pone en juego cada autor cuando se trata de cruzar ciencia y literatura. En estos últimos apartados, hay pasajes muy valiosos como la discusión con Ludmer y otros críticos en torno a Las fuerzas extrañas de Lugones; la recuperación de los relatos de Chiappori y de textos perdidos entre revistas y publicaciones de los otros autores; y el esfuerzo logrado por encontrar nuevos sentidos en cuentos de Quiroga mil veces transitados como "La gallina degollada" o "El almohadón de plumas".
Finalmente, va la recomendación enfática de Cuando la ciencia despertaba fantasías, de Soledad Quereilhac, un estudio consistente y minucioso que recupera experiencias y discusiones sobre la ciencia y la literatura que, durante muchos años, quedaron relegadas por tratarse de saberes laterales, pseudocientíficos, sometidos.
Cierro con este fragmento sobre Lugones y la teosofía que me pareció sencillamente genial:
Desde el punto de vista de las historia de las ideas, estudiar la vinculación de Lugones con la teosofía se convierte en un auténtico ejercicio de iluminación de su obra; en cierta forma, cuanto más se investiga sobre la teosofía, más se comprende la escritura de Lugones. Y no precisamente porque en la teosofía se agote todo su repertorio sino, en todo caso, porque es posible encontrar en ella un verdadero acervo de temas, ideas, argumentos y formas de razonar que Lugones supo incorporar tanto en algunos ensayos como en su literatura fantástica. Había algo en el modus operandi discursivo de los teósofos que Lugones pareció comprender muy tempranamente. La teosofía le proveyó un tipo de argumentación que echaba mano de tradiciones, historias y mitos antiguos para hilvanarlos cuidadosamente con lo moderno, apelando a supuestos núcleos comunes, que se tradujo en el libro El payador (1916), con el armado del linaje argentino que comienza en Hércules y sigue con los paladines. Dar apariencia razonada a lo que en realidad es mito y encontrar un esencia espiritual en el objeto tratado también es una lección teósofica.
Lugones aprende de Blavatsky que se puede crear un texto nuevo, de aspiraciones cósmicas, proyectando de manera imaginaria las correspondencias entre lo antiguo y lo moderno. Aprende de Besant que el discurso espiritualizante de la teosofía puede articularse con una empresa de nacionalismo cultural, y que puede incluso politizarse explícitamente cuando se trata de justificar jerarquías sociales (como la superioridad de la elite frente a la masa) o de denostar la democracia para la Argentina. Hizo uso funcional del escalafón espiritualizante de las siete razas para inventar aquello de la "subraza gaucha", especie de "protoraza" del argentino en El payador. Apeló a la figura del médium para construir la figura del poeta que espiritualiza la materia y para escalonar esta tarea en una progresión creciente de espiritualizaciones: la naturaleza en bruto (la pampa), el payador que loa esa naturaleza, el Martín Fierro de José Hernández, él mismo -Lugones, poeta e intelecutal- lector de Hernández y médium mayor que comunica la tradición cultural nacional a la elite dirigente (Monteleone, 1998).

Quereilhac, Soledad (2016). Cuando la ciencia despertaba fantasías. Prensa, literatura y ocultismo en la Argentina de entresiglos, Buenos Aires, Siglo XXI, pág. 157.

martes, marzo 21, 2017

Para conmemorar otra larga noche...

A la buena noticia de la película basada en la novela de Humberto Costantini, La larga noche de Francisco Sanctis, que por cierto viene dando mucho que hablar, se le suma la reedición del libro a cargo de la editorial Tren en movimiento. Justamente, para este 24 de marzo de 2017, se realizará en el Centro Cultural Haroldo Conti una presentación doble: primero, la proyección de la peli; luego, el brindis y la charla por el libro. Una fecha justa para celebrar una película y una reedición más que esperadas. Dejo el flyer para los/as interesados/as.

viernes, marzo 10, 2017

Lo que se viene en 2017 (II) (Cactus / Lafarium y Oráculo ediciones / Blatt&Ríos)

Seguimos con la propuesta de novedades para 2017 de tres editoriales. La primera entrega pueden verla acá.

Novedades 2017 en Cactus
 

Esta gran editorial de filosofía tiene preparados varios títulos para este año:


-Para salir de lo postmoderno, de Henri Meschonnic

-Anatomía comparada de los ángeles / Sobre la danza, de Gustav Fechner

-Sobre la técnica, de Gilbert Simondon

-Foucault más allá de Foucault, de Sandro Chignola

-Los diferentes modos de existencia, de Etienne Souriau

-Fragmentos subjetivos, de Stephane Nadaud

-Derrames II. Aparatos de Estado, de Gilles Deleuze

-Simondon. Filosofía de la transindividualidad, de Muriel Combes

-Semilla de Crápula, de Fernand Deligny


Novedades 2017 en Lafarium y Oráculo ediciones


La revista Lafarium y Oráculo ediciones, comandados por Diego Arandojo, prometen estos títulos:

-Harlock, el libro de los fantasmas. Segundo volumen del ilusionista y espírita Harlock. Esta vez se abordan historias sobre fantasmas alrededor del mundo, además de un apéndice especial sobre tipología y material de ficción, que incluye un cómic de Quique Alcatena.

-La botella de Klein, de Claudio García Fanlo – Esta nouvelle de género fantástico, escrita por Claudio García Fanlo, da término a la llamada “Saga Hiperbólica”, iniciada con “La Casa Hiperbólica” (2015) y “El Disco de Poincaré” (2016). Las tramas abiertas se cierran en pos de un arcano de otro mundo.

-Niños desechables, de Diego Arandojo. Relatos trágicos sobre niños y niñas. Narraciones que nos conducen por historias de vida donde lo oscuro, lánguido y perverso está presente.


Novedades 2017 en Blatt&Ríos


Estos son los libros que anticipan desde esta editorial amiga. Las fechas son tentativas (aunque ya en febrero y marzo vienen cumpliendo).

Febrero

Sombras rusas, de Liliana Villanueva. Libro de crónicas sobre Rusia después de la caída del muro, en los 90. Un libro sobre las ruinas del socialismo real, con descripciones de las grandes ciudades y también viajes a Siberia y otras zonas de Rusia. Villanueva es periodista y vivió cinco años allá en esa época. Tiene la técnica narrativa de los buenos cronistas. Es la autora de Las clases de Hebe Uhart y acaba de recibir el premio Casa de las Américas.

Fer, de Cucurto. A fines de los 90 y principios de los 2000, Cucurto emprendió la escritura de novelas breves. Algunas de ellas, como Noches vacías y Cosa de negros, fueron publicadas. Fer pertenece a esa serie, la del poeta que de pronto se hace novelista, inspirado en la figura de otra artista: Fernanda Laguna.


Marzo

Florentina, de Eduardo Muslip. Novela breve de Eduardo Muslip, con una narrativa que recurre a flashback y retoma imágenes de la infancia. Está inspirada en su abuela. Es una novela muy conmovedora, hermosamente escrita, que se inscribe perfectamente en la obra de Muslip. Autor de Avión, Plaza Irlanda, Phoenix.

Las luces de emergencia se encenderán automáticamente, de Luisa Geisler. Luisa Geisler es una de las jóvenes promesas de la literatura brasileña. Con gran capacidad narrativa, cuenta una historia de amistad. Está ambientada en una ciudad mediana brasileña, en la actualidad. Un joven de 20 y pocos años entra en coma y su mejor amigo se propone tomar nota de todo cuanto pase, para que al despertar pueda enterarse de lo que pasó en su entorno. Es un libro sobre el amor y la amistad, sobre el pasaje de la juventud a la madurez: sobre el trabajo, la diversión, las drogas, la sexualidad y las expectativas de una generación respecto del futuro.


Abril

El libro de los géneros, de Elvio Gandolfo. Reedición del agotadísimo libro de Gandolfo que publicara Norma hace unos años, esta vez aumentado. Lector omnívoro, Gandolfo se dedica, abordando distintos géneros, a dar cuenta de algunos de los autores de policial, fantástico, terror y ciencia ficción que más marcaron su experiencia como lector. Es un libro erudito y de lectura ágil: tiene reseñas, notas largas, prólogos, reportajes, etc.

SMALL WARS + HIGH HEAT, de Lee Child. Dos novelas breves de uno de los mejores escritores de policiales del momento. Por primera vez editado en Argentina, en este caso se trata de dos historias de Jack Reacher. Lee Child escribió 21 novelas sobre este héroe, y algunas nouvelles que funcionan como precuelas. High Heat cuenta la historia de una visita de un Jack Reacher adolescente a Nueva York la noche del gran apagón. En Small Wars, Jack Reacher, ya policía militar, tiene que investigar a su hermano, también militar. Fluidez narrativa, gran manejo del género policial, grandes diálogos y tramas perfectas son algunos de los atributos de Lee Child.


Mayo

Un prisionero del Cáucaso, de Andrei Bitov. Primer libro de Bitov editado en Argentina, traducido por Fulvio Franchi. Sale en La Nariz, colección dirigida y prologada por Pablo Katchadjian. Uno de los autores rusos más notables del siglo XX con un libro que varios escritores rusos, desde Alexandr Pushkin, insisten en reescribir. Se trata de un viaje de Bitov a Armenia.


Junio

La escuela neolacaniana, de Ricardo Strafacce. Una de las mejores novelas de Ricardo Strafacce. Una trama enrevesada y mucha fluidez narrativa. Desde sus primeros libros, pasando por su fundamental biografía de Osvaldo Lamborghini, Strafacce se ha convertido en uno de los autores con mayor proyección. De algún modo, la novela es una vuelta a Literal o a esa generación que encarnó y encarna un modo de entender la literatura.

Reedición de Los hombres que hicieron la historia de las marcas deportivas, de Eugenio Palopoli. El modo en que unos pequeños emprendimientos familiares surgidos de las cenizas de la posguerra llegaron a transformarse en gigantescas y poderosas multinacionales –y en transformar junto con ellos al deporte mundial– está plagado de traiciones, espionaje, bromas pesadas, manejos espurios, victorias y fracasos pero, sobre todo, mucho talento y esfuerzo. Los hombres que hicieron la historia de las marcas deportivas cuenta ese largo y muchas veces oscuro derrotero que atravesaron Adidas, Puma, Nike, Reebok y otras marcas hasta llegar a ser lo que son hoy. Y al contar esta historia, el libro cuenta, inevitablemente, la trastienda de la relación entre las marcas, los organismos deportivos internacionales, los deportistas de primer nivel, banqueros, inversionistas, playboys y aventureros de todo tipo y hasta no pocos políticos y altos funcionarios gubernamentales. Con rigor documental y una escritura amena y precisa, Eugenio Palopoli logra narrar una zona poco frecuentada de los últimos setenta años de la historia del deporte mundial.


Agosto

Conversaciones con Cucurto, de Facundo Soto. Facundo Soto se propuso leer cada libro de Cucurto y le hizo una larga entrevista por cada uno de los libros. De esa manera, el libro es una suerte de pequeña biografía literaria y un repaso de la literatura que empezó, primero en poesía, a emerger en la década del 90.


Septiembre

Un nuevo libro de Maruja Bustamante. Libro que reúne obras de teatro de Maruja, el segundo de tres volúmenes que vamos a sacar en Blatt & Ríos de una de las dramaturgas más influyentes de su generación. Un teatro neobarroso, fluvial.

Las malas lenguas, de Alejandro López. Tercera novela del autor de La asesina de Lady Di y Kerés cojer? Una novela fragmentaria y asimismo muy fluida. La lengua endemoniada de la novela deja ver una apuesta por el género, las sexualidades disidentes, lo bajo.


Noviembre

DV. Autobiografía de Diana Vreeland, editora de Harper’s Bazaar y Vogue, asistente de imagen de Jackie Kenedy, columnista de moda, consultora del MOMA en Moda. Su autobiografía, espléndidamente escrita, es la historia de la alta costura de la segunda mitad del siglo XX y la historia de sus relaciones y amistades.
 

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