domingo, febrero 26, 2017

Lo que se viene en 2017 (I) (Años luz editora / Barba de abejas / Palabras amarillas)

Arranco, como en 2016, una serie de posts sobre las novedades editoriales para 2017 de distintos sellos que han pasado por estas humildes entrevistas o cuyos catálogos sigo con atención. Claramente se trata de dar un espacio de difusión para editoriales que no suelen tenerlo en las notas sobre novedades de los suplementos culturales mainstream. Voy de a poco porque como lector las notas que me tiran por la cabeza veinte editoriales y 80 nuevos títulos me marean. Va la primera triada, entonces, para aguardar con ansiedad.

Novedades 2017 en Añosluz editora



Desde Añosluz editora continúan armando la colección sobre literatura rusa con la que sorprendieron el año pasado al publicar La Reserva Nacional Pushkin, de Sergéi Dovlátov. Para 2017 prometen estas novedades en esa línea:

-El oficio, de Sergéi Dovlátov (diarios, por primera vez en español).
-Dramas, de Marina Tsvietáieva (teatro).
-Antología de románticos rusos.

Por otro lado, también aparecerán por este sello, entre varios originales que ya están barajando:

-Tres impresiones, de Mario Arteca.
-El punto olivina y los cordones de zapatos, de Carlos Martín Eguía.

Sobre este último, los editores de Añosluz me comentaban: "Carlos Martín Eguía es un enorme narrador quien ha pasado medianamente desapercibido a lo largo de grandes poemarios y mejores libros de narrativa". 

Novedades 2017 en Barba de abejas

En Barba de Abejas (editorial artesanal & hogareña) se esperan las siguientes novedades para el 2017.
Por un lado, en la colección /En viaje:

-los volúmenes La mañana interior. Diario (1837-1847), de Henry David Thoreau (traducción de Eric Schierloh);
-Diario a bordo del Meteor (1860), de Herman Melville (traducción de Eric Schierloh) y;
-Leyendas de los indios estadounidenses, de la escritora sioux Zitkala-Ša (en traducción de Gabriel Matelo). 

Además, inaugurando la colección /Caribú (textos en torno a la música) se publicará Estoner Pampeano; Patagonia Rebelde, de Sergio Chotsourian (Los Natas, Ararat, Soldati, Sergio Ch.). 
En la colección /Ficción se sumará la reedición de Kanaka, de Juan Bautista Duizeide
En 2017 también quedará inaugurada la colección /La pequeña abeja, de libelos artesanales de hasta 40 pp, en la que aparecerán durante el año:
-un primer volumen de los Diarios, de Roger Deakin;
-los Poemas, en edición bilingüe, de Everett Ruess;
-un texto del naturalista John Burroughs y;
-acaso también el breve manual DIY Cómo montar una pequeña editorial artesanal.

El año cerrará con Vida editorial de las abejas, una celebración de los primeros 6 años y 30 libros de la editorial; el volumen recopilará toda la obra gráfica (ilustraciones de interiores y cibiertas) y tendrá textos sobre edición, encuadernación, dibujo y traducción.

Novedades 2017 en Palabras amarillas


Esta editorial, amiga de la casa, pequeña y pujante, promete dos novedades: 

Diario, de Alejandro Rubio

Editado por primera vez en Chile (La calabaza del Diablo, 2009), cuaderno de notas y caleidoscopio, reflexión sobre el tiempo, alegoría, poema y ficción, este Diario devuelve desde la perspectiva cambiante de un solo día, la voz de nuestra época. Como dice F. Fernandes Sola en el postfacio exclusivo de esta primera edición local: "Rubio ha comprendido bien el plan argentino para conquistar el mundo: no hay guerra externa, solo interna. La reedición de su clásico de culto oculto chileno en estos días en que bregamos, ahora que la así llamada 'generación intermedia' está cambiando inclusión por exclusión, soberanía nacional por apertura al mundo, paco por metaanfetamina, planeros por mendigos, justicia social por esfuerzo personal, el Centro Cultural Kirchner por el CCK, el Colón por un escenario para entrevistas con decrépitos actores yanquis, la mierda populista por la República Verdadera y así siguiendo, nos induce a una vaga satisfacción nostalgiosa cuando en verano, en nuestros quinchos, una leve brisa atraviesa toda la extensión de la pampa trayendo un aroma a quema y cuero y nos despeina la onda sobre nuestras frentes, onda que volvemos a acomodar como el lindo marinero gay que sabe de océanos y tormentas y sueña de vez en cuando con calmas chichas y óperas napolitanas".

Cuaderno del poema, de Gabriel Cortiñas

Libro fragmentario, entre la crónica y el ensayo, en diálogo con la poesía, sobre todo hispanoamericana, donde podemos entrar o salir por cualquier parte, siempre con alguna pregunta o idea acerca del verso, del ritmo o todo eso que puede caber en un poema. Como dice en una de sus entradas: "La poesía no existe, o es quizá la etiqueta para una forma, lógicamente histórica; ya que el poema es donde se actualiza el conflicto, es la forma viva de una tensión. ¿De dónde viene la palabra tensión?". Tanto la política, la educación como la estética serán, en este caso, el motor (o mundo) que se filtra detrás del sujeto que escribe. Este libro, que transita la poesía como una experiencia, despliega una tensión histórica y una atracción entre lo teórico y la vida cotidiana que algunos bautizaron como praxis.

miércoles, febrero 22, 2017

Señal de fuego (Marcelo Fox) (selección 2)


En 1968, Marcelo Fox publica Señal de fuego, por un sello efímero llamado Yelpo editor. En el colofón del libro de tapas color madera se lee: 
Se terminó de imprimir el dos de junio de mil novecientos sesenta y ocho, en los talleres gráficos "FOX". Buenos Aires, Argentina. 
Estuvo al cuidado de su autor, natural de Occidente, América. 
Fueron tirados unos pocos ejemplares.
Supuestamente el libro no se vendía; el mismo Fox se lo regalaba a amigos y conocidos.
Continúo con una segunda selección de Señal de fuego, aforismos escritos al calor de las llamas.

Señal de fuego (selección - Parte 2) (Marcelo Fox)

Quiero arar en el infinito mi propia parcela infinita.

***

El conocimiento último. Saber que todo es vacío colgando del vacío. Plenitud colgando de la plenitud. Plenitud y vacío que son aire, llamas, vegetales, objetos, dialécticas, dioses, ramificaciones momentáneas, eternidades efímeras, concretas, huecas, rastros del sol para los ojos de los peregrinos de lo absoluto, alimentos cotidianos, rejas, para los otros, los que duermen.
Saber que las palabras, aun las más altas, son espejos ariscos, capaces, en manos inexpertas, de inocular con sus juegos el sueño, hasta el sueño más profundo, el soñar que se está despierto.

***

Pensamientos como piedras incendiadas para arrojas en las aguas del leteo cotidiano.

***

El santo deseo de destruir, de hacer hogueras de libros, de empezar todo de nuevo a partir de ciertas verdades fundamentales.

***

Dicen que hay ciudades, laberintos, risas, pájaros, niños, cielos, medallas al mérito, fosforecencias, divertidas charadas, arquitectos eficaces. Yo sólo veo un desierto opaco, yo sólo veo restos de antiguos naufragios y dioses estrangulados, estatuas que se agitan vanamente tratando de atrapar el viento, alguna que otra hoguera clandestina que se diluye al poco tiempo de encenderse, bajo la lógica uniforme de lo gris.

***

Lenguaje, traición servicial.

***

El desastre, el juego de locos, comienza cuando los hombres renuncian a ser sabios y se proclaman amigos de la sabiduría. Cuando arrojan el fuego de sus cráneos para alucinarse con vislumbres efímeras y cavernas oscuras.

***

El cráneo, templo natural del fuego.

***

Yo, resumen del Todo. Instrospección, salto hacia las raíces del ser. Metapsíquica = Metafísica.

***

La lucha, el cambio, el devenir, nivel del Logos. La paz, la permanencia, la eternidad, nivel del Ser.

Fox, Marcelo (1968). Señal de fuego (selección), Buenos Aires, Yelpo editor.

jueves, febrero 16, 2017

Los géneros de la patria. Entrevista a Josefina Ludmer en El ojo mocho (segunda parte)

Seguimos con la entrevista a Ludmer publicada en 1994 por El ojo mocho. Quedará una tercera parte final. Luego, será el turno de otra gran entrevista de la misma revista.

Los géneros de la patria. Entrevista a Josefina Ludmer en El ojo mocho (primera parte)

Los géneros de la patria (segunda parte)

HG: -La simulación estaría en la noción misma de individuo clasificado en el Estado. La clasificación busca, en fin, recomponer a capacidad estatal de reclasificar, y de resolver operaciones políticas. ¿Cómo se clasifica en Arlt?
-Bueno, yo creo que lo que ocurre es que en el caso de Arlt..., lo que podríamos llamar “modo de representación” de Arlt, que sería un poco su marca especifica y su modo de clasificar, es que representa todas las instituciones, y todas las estructuras sociales, pero del lado de la ilegalidad y del delito. Y la verdad, la representa como comedia o simulación. Cada una de las zonas que uno puede pensar que constituyen ese conjunto social previo al golpe, están tomadas para ser representadas como su revés. Porque el grupo del astrólogo, en Temperley, es el Estado. Lo que pasa es que está representado del lado de la ilegalidad y la farsa. Es un Estado ilegal y delincuente. Pero es el Estado. O sea, el Estado puede funcionar a la vez como contraEstado. Porque el contraEstado representa al Estado. La reunión de Temperley es una reunión de ministros. Simplemente una reunión de gabinete. Y hasta tal punto es el Estado, que hay una cárcel al lado, porque allí está secuestrado Barsut. O sea, está el Estado, y al lado, la cárcel del Estado con su preso. ¿Por qué no hay representación de la clase obrera en Arlt? Porque está representada por los anarquistas, que son la zona “ilegal” de la clase. El revés, la otra cara. O sea, toda la realidad está representada por su otra cara, que es la del delito. Es la parte legítima o ilegal de esa zona la que se encarga de representarla. En cuanto a la verdad como simulación y comedia, ¿qué hace Barsut al final? Una comedia para salvarse de la justicia y se va de Estados Unidos a filmar la película… o que hemos leído, a filmar Los siete locos.
HG: -En alguna de las predicciones del astrólogo, el cine tiene un papel fundamental, me parece que ocupa toda la zona de la ilusión, pues en la lucha contra el Estado era necesario que se creara la ilusión de que el cartón podía convertirse en piedra. Y eso sólo ocurre en el cine. Sólo en el cine se puede hacer un paraíso de cartón pintado.
-Yo creo que eso está también en Gatica. Porque el cine aparece como el estadio superior de toda una cultura. Yo diría de toda la cultura popular, tal como está trabajada en esa película. Como una especie de muestrario. El cine aparece como el único medio que los puede absorber a todos: que puede absorber a la radio, que puede absorber al cabaret y al fútbol. ¿Viste que van apareciendo a lo largo de toda la película, como si hubieran hecho una lista? Y la primera es una calesita. De la calesita aparece el circo, porque la primera mujer de él (Gatica) es una actriz de circo. Aparece la radio, aparecen las revistas. Aparece el cabaret en la era del mambo. También la cantina. O sea que es como un recorrido totalmente coherente de lo que podría ser un muestrario…
HG: - …de la historia nacional, sí. Pero el cine como escenario está en la otra, en Un muro de silencio.
-Claro. Pero está… fíjate que…
HG: -En el set de Un muro de silencio no hace falta Gatica, en el set están los intelectuales que buscan la verdad del espíritu, que se encuentran a sí mismos.
-Claro, pero ahora, ahora podemos hablar de los valores que mencionábamos antes. Porque fijate qué concepción distinta del cine se da en Gatica, que es esta forma superior de lo que sería la diversión y la información popular. Forma superior simplemente porque puede absorber a todas, y reproducirlas a todas. Y en cambio el cine en Un muro de silencio es la reproducción absoluta de la realidad. O sea, el cine y la realidad. ¿Vieron el gran parecido de las actrices? Además la película se hace cansadora, tiene un ritmo repetitivo, porque esa reproducción de la realidad se repite incesante, sin cambios. En cambio, en Gatica, que es mejor cine para mí, hay un ritmo totalmente diferente porque el cine no es la realidad. El cine es la absorción, digamos, la posibilidad de reproducción cultural. Es un nivel diferente, me parece. O sea, Un muro de silencio es realista…
ER: -Lo de Favio es superior, sin dudas. Ahí el cine…
-… no es la reproducción de la realidad, el espejo. Y Un muro de silencio es el espejo total. En ese sentido la concepción realista de Un muro de silencio es algo antigua.
HG: -En Un muro de silencio lo realmente más interesante es la escena del secuestrado en bar… Uno lo compara con la escena de Gatica donde Perón y Evita están en el sanatorio. Son las dos grandes escenas de lo que nunca se pudo ver.
-Es lo previo a la muerte.

miércoles, febrero 08, 2017

La medida de un conflicto (de antologías, supervivencias y olvidos)


En 1970, la editorial venezolana Monte Ávila editores publica la antologia 20 nuevos narradores argentinos. La particularidad es que el antologador fue, ni más ni menos, Néstor Sánchez. En tapa se leen los nombres de los autores compilados que van desde Briante hasta Rozenmacher pasando por Libertella y Piglia, entre muchos más. Lo interesante quizás sean los otros nombres, los que no suenan tanto y también imaginar qué criterios habrá tenido en cuenta Sánchez para su selección. Transcribo el índice para dar una idea del contenido:

Índice de 20 nuevos narradores argentinos, antología de Néstor Sánchez 

Nota

Miguel Briante
"Habrá que matar los perros"

Antonio Dal Masetto
Siete de Oro (fragmento)

Fernando De Giovanni
Keno (fragmento)

Jorge Di Paola Levin
"Caballo sin Titán"

Raúl Dorra
"Aquí en este desierto"

Mario Espósito
"El exilio"

Aníbal Ford
"La respuesta"

Germán García
"Complicancia Uno"

Leandro Katz
Es una ola (fragmento)

Gregorio Kohon
Odetta en Babilonia y el rápido en Canadá (fragmento)

Héctor Libertella
El camino de los hiperbóreos (fragmento)

Reynaldo Mariani
"El cuchillo sobre el agua"

Juan Carlos Martelli
Persona Pálida (fragmento)

Martín Micharvegas
Las horas libres (fragmento)

Basilia Papastamatíu
"El pensamiento común"

Ricardo Piglia
"La honda"

Ruy Rodríguez
"Inventario sobre la marihuana y ella"

Horacio Romeu
"Cantata"

Germán Rozenmacher
"El gato dorado"

Rubén Tizziani
Las galerías (fragmento)

Las obras entre comillas son relatos; las obras en cursiva y con el paréntesis al lado son fragmentos de novelas o textos de más largo aliento. 
Se podría hacer un trabajo de relevo más específico y fundamentado, pero rápidamente realizo una clasificación de autores argentinos en:

-Muy conocidos (Miguel Briante, Antonio Dal Masetto, Germán García, Héctor Libertella, Ricardo Piglia)
-Relativamente conocidos (Jorge Di Paola Levin, Aníbal Ford, Juan Carlos Martelli, Basilia Paspamatíu, Germán Rozenmacher, Rubén Tizziani)
-Poco conocidos (Fernando De Giovanni, Raúl Dorra, Mario Espósito, Leandro Katz, Gregorio Kohon, Reynaldo Mariani, Martín Micharvegas, Ruy Rodríguez, Horacio Romeu)

De los "Muy conocidos", no me voy a ocupar.
Respecto de los "Relativamente conocidos", todos fueron recientemente reeditados excepto quizás Martelli y Tizziani. Recomiendo enfáticamente Los tigres de la memoria (1973), de Martelli, un policial negro extraño. 
Quizás lo más interesante sea, claro, los "Poco conocidos". Hay solo tres autores de la lista que han logrado una pequeña reivindicación en estos años. En la antología Argentina beat (Caja Negra, 2016), relatos y poesías de reynaldo mariani, de Leandro Katz y de Ruy Rodríguez asomaron tímidamente. Se suma la indispensable publicación de la obra poética de mariani de la que ya dimos noticia por acá. Asimismo, para 2017, esperamos la reedición de 7 historias bochornosas, de mariani, y de El búho en el vitral, de Rodríguez. De los demás autores poco conocidos, basta una rápida búsqueda en ML para encontrar las primeras ediciones, a veces a precios irrisorios. ¿Qué narrativas, qué escrituras nos estaremos perdiendo? ¿Qué historias detrás de estos autores olvidados, de estas obras menospreciadas esperan nuevos lectores? Dejo la inquietud pendiente.
Finalmente, como el índice de 20 nuevos narradores jóvenes lo muestra, el volumen abre con una "Nota" firmada por Néstor Sánchez y que solo un fragmento de la misma se encontraba en la web. Vaya pues la presentación de esta interesante antología que abre la puerta a la interrogación por cuál red de nombres y obras sobrevivió en la lucha por la supervivencia literaria y que abre una luz curiosa sobre algunas escrituras que hace años nadie se anima a reeditar o siquiera a leer. Va el texto de Sánchez:

Nota a 20 nuevos narradores argentinos (Néstor Sánchez)

La alusión no es del todo arbitraria: hace aproximadamente una decena de años, en la ciudad de Buenos Aires, un tal Roque Islam (poeta impublicable y desasosegado) necesitó poner el pecho a una especie de exhortación, acaso un poco desconsiderada: ¿por qué motivo no escribía prosa?
Casi sin lugar a dudas él debió experimentar algo bastante parecido a una provocación, a lo alusivo de por sí; entonces preguntó, a su vez, si se le estaba proponiendo que narrara (en los términos más o menos frecuentes), si se le estaba ofreciendo la alternativa de contar alguna historia, o suceso ajeno, o recoveco mnemónico.
La respuesta no sólo resultó afirmativa sino que además contenía la intención de una posibilidad personal (es decir, para él a su edad, de acuerdo con su obstinación sin atenuantes). Casi de inmediato Islam, fiel a cierto octosílabo recurrente, con esfumaturas, optó por ponerse de pie y salir a la calle. Todo esfuerzo por entrever lo que habrá pensado durante el trayecto hasta su casa, solo, a esas horas, resulta poco menos que impensable.
Ahora, por una rara inclinación a lo inmediato, se presenta la oportunidad de contrapuntear a veinte narradores argentinos que por aquel entonces, en el peor de los casos, sólo llegarían a los veinticinco años de edad.
De los innumerables lugares comunes de la supuesta crítica especializada rioplatense, entonces, convendría recurrir a tres que, a su modo, terminan de garantizar cierta tendencia a la proliferación y al auge: experiencia directa en lo narrativo que salta sobre la noción de poema (supuesta raíz de la lengua); confianza poco menos que inusitada por parte de las casas editoras; cierto costado de desenfado formal (sobre todo sintáctico) a partir de la segunda edición de Rayuela.
Sin embargo, releyendo el material, surge casi de improviso un elemento categórico que pretendería enfrentarse a otro un poco más desvaído: por un lado la permanencia inevitable del realismo sin atenuantes (o con sus propias esfumaturas y modorras); por el otro la irrupción del texto que querría negarse a ser cuento, o relato, o crónica.
Y tal vez otro síntoma bastante identificable: casi la mitad de los autores renuncian a la “prosa de cámara” para empezar directamente con el aliento, con la novela o su parodia. En este sentido el material vale la pena porque muestra una transición y, al mismo tiempo, un cansancio, cierta confianza cuestionadora en relación con determinado criterio de realidad (y de palabra), más, al mismo tiempo, la sospecha de que el lenguaje escrito podría protagonizar una sospecha, como tal.
Por otra parte: las ausencias inevitables pretenderían estar comentadas en algunas de las tendencias que se incluyen aquí.
En el mejor de los casos la recopilación de veinte autores jóvenes1 no “da” un solo autor, ni tampoco dos: ofrecería la medida de un conflicto, el titubeo inevitable y bienintencionado de las tendencias más la riqueza obvia de un “estado” semejante. También aparece, por algunos momentos, esa fatiga previa de la convención que tanto atormentara a Roque Islam.

Caracas, 1970

N. S.

1. Por dos motivos (exceso de edad y/o divulgación suficiente) fueron excluidos: Manuel Puig, Daniel Moyano, Tomás Eloy Martínez, Juan José Hernández, Rodolfo Walsh y Juan José Saer.

viernes, febrero 03, 2017

Sobre La vanguardia perdida. El humor de los 60 en 4 patas, Gregorio y La Hipotenusa. Entrevista a Osvaldo Aguirre

Hace unas semanas me enteré de una excelente noticia: se publicó un libro que recopila humor y literatura de tres publicaciones olvidadas de los 60: 4 patas, Gregorio y La hipotenusa. Se sabe que este blog mira encandilado hacia las recuperaciones de autores y textos olvidados en la literatura argentina por lo que, con ansiedad, me puse en contacto con el responsable de la investigación y de la selección, Osvaldo Aguirre. El libro fue publicado por Ediciones De La Flor bajo el título La vanguardia perdida y es una hermosa edición. A propósito de esta publicación y de este valioso rescate, Aguirre nos respondió las siguientes preguntas.



Golosina Caníbal: ¿Cómo llegaste a las revistas y suplementos que recuperás en La vanguardia perdida?
Osvaldo Aguirre: Las descubrí a partir del trabajo para otro libro, la compilación de las crónicas y los textos periodísticos de Francisco Urondo. Como parte de ese trabajo, consulté distintas colecciones de la revista Leoplán, donde Urondo, dicho sea de paso, publicó algunos de sus mejores textos. Allí me encontré con Gregorio, el suplemento que editó Miguel Brascó y donde publicaron Alberto Vanasco, Copi, Rodolfo Walsh, César Fernández Moreno, Catú y muchos otros escritores y dibujantes argentinos y extranjeros. Desde el primer momento pensé que todo ese material tenía que volver a circular. Básicamente porque cuando encuentro algo que me gusta se me ocurre siempre la misma idea: hacer un libro. Pero además porque las únicas memorias de Gregorio se limitaban a mencionar que fue el lugar donde Quino publicó las primeras tiras de Mafalda, y había muchísimo más, esas viejas revistas contenían un tesoro. Después lo hablé con Juan Sasturain y en el curso de varias conversaciones terminamos de definir la idea de recuperar no solo esa publicación sino también otras igualmente olvidadas de la época, como La hipotenusa -de muy difícil hallazgo, pero Juan tenía algunos ejemplares- y 4 patas, de Carlos del Peral -todavía más difícil, en principio, pero afortunadamente se encontraban disponibles en el Cedinci. En 2014 visitamos a Brascó y le hicimos una entrevista, ya con la idea de hacer la antología. En ese momento nos faltaba la editorial, hasta que hablamos con De la Flor. Juan estaba con mucho trabajo y finalmente me dijo que siguiera solo con la edición. En el proceso de edición tuve que enfrentar un obstáculo importante, la inexistencia de colecciones completas de estas revistas en bibliotecas o museos o instituciones públicas. Pero ya tenía un entrenamiento por otros trabajos editoriales, así que finalmente, después de mucho andar y de consultar distintas bibliotecas y sitios, pude recomponer un corpus bastante amplio para hacer la antología.
GC: ¿Por qué apostás por recuperar estas publicaciones de los 60?
OA: Editar es, entre otras cosas, elegir, y una elección siempre plantea un juicio de valor, es decir, en este caso, “estos textos, estos dibujos, son extraordinarios y no pueden quedar confinados en publicaciones que nadie lee, tienen que volver a estar al alcance de los lectores porque no solo siguen vigentes sino también porque son piezas importantes en la historia del humor y la literatura argentina”. Editar este tipo de materiales es ir un poco contra los criterios más estandarizados y menos interesantes de edición, atados a la actualidad y a las urgencias del mercado. Son, además, obras que nos permiten descubrir o mirar desde otra luz a autores y artistas notables, o revalorizar a otros que, siendo conocidos, no han sido examinados en profundidad, como Brascó. Para mí fue además un orgullo que el libro se publique en De la Flor, por lo que significa la editorial y por su trayectoria en la publicación de humor. Quiero destacar el trabajo de Susana Aime y de Carina París, en la producción editorial, además del prólogo de Sasturain y el empuje de Kuki Miler a la publicación.
GC: ¿Qué particularidades sobre el humor, gráfico y literario, aparecen en esta selección que realizaste?
OA: Los dibujantes y escritores de estas publicaciones son parte de una generación que cambia las formas de hacer humor, a partir del agotamiento de los modelos cristalizados en revistas como Patoruzú y Rico Tipo. Una de sus características son los cruces constantes con el arte, el contexto cultural en sentido amplio y la política, con el nuevo periodismo y las experiencias de ruptura en el arte. Son publicaciones que presuponen un lector con cierta competencia cultural y política y que, como muestra Brascó en Gregorio, apuntan a salir del género, porque el corpus no está dado necesariamente por sí mismo sino que implica una construcción y ahí se ve la importancia del editor. Y tienen una marca muy fuerte de la literatura, como se puede ver en los textos de Osvaldo Lamborghini, Daniel Giribaldi y Enrique Wernicke que publica La hipotenusa, por ejemplo.
GC: ¿A qué se debe el título La vanguardia perdida? ¿Qué te interesa del término vanguardia actualmente?
OA: Sasturain explica en el prólogo el sentido del título: es una experiencia de vanguardia que se perdió en el sentido de que fue olvidada y apenas aparecía mencionada en las historias del género. Vanguardia es un término bastante usado y que puede prestarse a lugares comunes, pero creo que describe correctamente un tipo de práctica que fue habitual en el arte de los 60, una práctica que no solo producía una ruptura respecto de las formas convencionales de hacer arte sino que además se proyectaba a través de muy distintos modos de intervención social. A través del humor, del absurdo, de la ficción, estos escritores y dibujantes están hablando de la sociedad de su época y ya no de las supuestas costumbres o de los personajes estereotipados del humor de los 50, y más que a la risa apuntan a un efecto más inquietante, me parece, donde puede darse la comicidad pero también la reflexión y la crítica. En sus extremos, la vanguardia podría ser, digamos, lo que no parece arte, lo que parece mal hecho, lo que hace que volvamos a plantearnos las preguntas básicas del arte. La ruptura de Carlos del Peral, Kalondi y Héctor Cattolica con Landrú, cuando se van de Tía Vicenta y empiezan a pensar en 4 patas, es significativa en ese sentido; esa división marca de alguna forma los límites de Tía Vicenta en su representación de la política y al mismo tiempo descubre otras posibilidades, que es precisamente lo que se mostrará en los cuatro números de 4 patas. Carlos del Peral es otra figura que merece un rescate mucho más amplio. En algún momento la revista se queja, en broma, de no tener lectores, pero lo cierto es que Del Peral terminó citado por la policía, y ese es un dato de cierta repercusión. Por otra parte, toda la reflexión de Brascó sobre el humor, en distintos textos de Gregorio, sitúa una nueva forma de pensar el género que está en correlación no tanto con lo que venía antes en el mismo género sino, como ya dijo Jorge B. Rivera en sus trabajos pioneros, con el contexto cultural de los 60.
GC: ¿Te gustaría recuperar otras revistas o experiencias culturales que también hayan quedado perdidas en la historia argentina?
OA: Sí, claro. Me interesan particularmente las décadas del 60 y 70. Ahí queda mucho por investigar.

martes, enero 31, 2017

Osario bajo la luna (Amalia Jamilis)

Amalia Jamilis fue una gran narradora. Una prueba es este breve cuento publicado en Los días de suerte (Emecé, 1969) bajo el título "Osario bajo la luna". Cuando Jamilis falleció en 1999, estaba trabajando en una novela basada en este relato, novela que por cierto quedó inédita. Gracias a la editorial Eduvim, actualmente podemos leer sus dos primeros libros Detrás de las columnas (1967) y Los días de suerte (1969) agrupados en la publicación El reconocimiento y otros cuentos; aunque aún quedan cuatros libros más por reeditar (incluyendo al espectacular Parque de animales, de 1998).Vaya, pues, este cuento para re-descubrir la maestría narrativa de Jamilis y la misteriosa precisión de sus relatos.


Osario bajo la luna (Amalia Jamilis)

Era absurdo que Costa no reparase en su ausencia, esa línea que le había dejado el anillo sobre la alianza, un poco más clara que su piel ahora, con el sol de octubre; sobre todo teniendo en cuenta que ya hacía veinticinco años que lo llevaba en su anular izquierdo; pero todo era igualmente absurdo esa tarde, probablemente a raíz del hallazgo del osario: que no le molestase la blusa de Melita, con un solo bretel,
que se detuviera a escuchar la melodía esa que salía desde el fondo, detrás de la mesa de entradas: “Diana”, por Harry Roy, la clase de jazz que alguna vez le había entusiasmado, sin alharaca alguna, sin esos sonidos de batería y de trompetas. Los elementos se tendían, se armaban: la melodía, la blusa de Melita, aun el Espasevit en cápsulas, día por medio, que no recordaba si había tomado ya, si debía tomar.
Además se caía de cansancio, y aunque ese orden invertido de valores, moviéndose delante de él era lo que más se parecía a la alegría, empezaba a derivar hacia un proyecto de pieza oscurecida y sábanas frescas y almidonadas.

En ese momento lo miré a papá y me asusté, como si alguien con ese aire tan rústico y sucio pudiese ser papá y tuve miedo, aunque me dije en seguida que con un buen baño y una afeitada quedaría como nuevo
y estaría otra vez presentable, y hasta me animaría a pedirle o haría que mamá le pidiera que bajase a la cancha, porque no hay nada como el tenis para hacerlo olvidarse de todo, y era precisamente eso lo que
Laura y yo queríamos, con ellos dos en la ruta, esperándonos ya un poco impacientes.
—Es increíble que haya conseguido traernos. Nosotras también debemos estar bastante trastornadas —dijo la señora Goya. De pronto veía la cara de Laura haciendo gestos desde el espejo del baño.
—Además estoy muy extrañada. Desde la última vez que lo intentó sin resultados tu padre se ha vuelto grosero. El osario debe ser puro cuento: picaderos por todos lados, pero del osario ni noticias.
Ahora Laura había salido del baño y la señora Goya la miraba sin decirle nada, un poco admirada de las piernas bien torneadas, del busto algo pesado, pero alto y firme, de que todo aquello hubiese salido de su propio cuerpo. “Debe andar arrastrándose con alguno”, se dijo rabiosa, mirándola como para inmovilizarla definitivamente contra la pared, como a un gran pájaro.

Creo que grité y que fui feliz porque acababa de escaparme de su mirada que me desnudaba, que interrogaba el andamiaje de mi virginidad con la que ya hacía tiempo deseaba terminar y que, en efecto, aquella misma tarde perdí. El tiempo escurrióse debajo de nosotros, con papá a la cabeza en busca del osario. Lo veía corriendo y nosotras con él, revolviendo entre huesos calcinados: mamá, Melita, yo misma revolviendo. Haber dejado Buenos Aires, la Facultad, las tardes del bar Fénix, para ir a revolver en un montón de huesos que papá no encontraba, que no conseguía encontrar. Daba lástima, daba risa. Y el viejo estúpido, papá, arrastrándonos a nosotras tres hasta un pueblo perdido entre antiguos picaderos, haciéndonos vadear ríos, hasta que mis piernas y las de Melita y las de mamá, que se me antojaban repulsivas, surcadas como estaban por esas pequeñas venas bermejas, se nos volvieron igualmente rojas y ásperas.

Solamente por cierto tiempo le pareció a Costa que Goya no lo había escuchado. Estaba sentada ante el tocador, que no era un tocador, sino una mesa oscura, pero elegante, llena de potes y frascos de loción, con un espejo ovalado en la pared.
—No entendés hasta qué punto es importante el hallazgo del osario —dijo Costa, sintiéndose idiota: algo así como recitar un poema delante de una planta.
—¡Oh! ese osario —dijo Goya—. Sabía que acabarías encontrándolo. Ahora podés bañarte y tomar un Toddy frío abajo, en la cancha.

Entonces nos hicieron entrar, advirtiéndonos que no hiciéramos ruido, no fuese que los vecinos nos descubrieran y entramos a la salita. Walter dijo que a él le gustaba en su dormitorio y lo miró a Claudio y Claudio se rió y dijo algo de una sirvienta llamada Herminia en ese dormitorio, ciertas noches. Entonces Laura pareció repentinamente irritada con Walter y ni siquiera lo miró mientras subíamos.

Un poco antes de la cena la señora Goya estaba verdaderamente exhausta. Costa había jugado bastante bien: había errado relativamente pocas pelotas, y eso teniendo en cuenta que no hacía mucho que había vuelto a practicar. En realidad tenía la certidumbre de que se había quedado dormida mientras ellos jugaban, sentada en el banco, bajo los plátanos. Ahora, bamboleando levemente la cabeza, en medio de la tarde dulce, excesivamente perfumada, pensaba en el osario. Dentro de un rato los huesos platearían entre las zarzas. Era preciso despojar a esa conjetura de su polvo de toscas, convertirla en un omóplato, con su borde dentado, carcomido por el tiempo, con su color musgoso y húmedo.

—Ya lo hiciste —dijo Claudio—. Lo hiciste y no pasó nada. ¿Te sentís bien?
—Sí —le contesté—. Estoy bien —todavía respiraba y exhalaba el aliento despacio, procurando no hacer ruido—. Ahora tendré que encomendarme a la suerte.
—Tonta —dijo Claudio, resbalando contra mí—. No se tienen con tanta facilidad. Generalmente la primera vez todo se reduce a esto.
Entonces miré la lámpara encendida, me puse boca arriba y tomé un cigarrillo del centro de la mesa de luz.
—Tenés razón —dije sin voz—. Todo se reduce a esto.

Y ahora todo era más horrible que la realidad que estaban viendo. Las pequeñas flechas pulidas de picadero, en el bajo, junto a los tamariscos. El lecho del río seco, con su limo rojo durante el día. El rumor sigiloso de las cresas y las culebras. Y luego el osario, el amplio montículo que Goya iluminaba con la linterna, sorprendida mientras sostenía en su palma el montón de huesos vagamente azules.
Primero Costa reconoció sus propias falanges angostas, carcomidas en algunos sitios, las coyunturas en una gama baja, oscuras. Recién entonces vio su anillo con la piedra blanca, más blanca que los huesos. Se dio vuelta sin querer saber más, pero sabiendo ya que esa pelvis frágil, con destellos cobrizos era la de Laura. Que la clavícula porosa, en cuyos intersticios alguna vez comerían los caracoles era la de Melita. Que Goya era un fémur solitario, de una blancura enharinada y fría. Todo seguía siendo absurdo; le subió nuevamente la melodía de Diana, sin estridencia, como solía hacerlo Harry Roy, en las viejas grabaciones del salón Victorias, de la calle Maipú. Se acordó de pronto del Espasevit y pensó que era una suerte haberlo recordado, después de todo el día no había terminado y eran dos cápsulas día por medio.

Jamilis, Amalia (1969), Los días de suerte, Buenos Aires, Emecé, pp. 49-55.

lunes, enero 30, 2017

Taller de literatura y esoterismo (x Alan Ojeda)

El amigo de la casa, Alan Ojeda, arranca con este taller en el caluroso febrero de la Ciudad de Buenos Aires. Recomendado.


Según Aleister Crowley, uno de los magos más importantes e influyentes del siglo XX, magia es: "la ciencia y arte de causar cambio en conformidad con la Voluntad". ¿No es la finalidad primaria del artista? Ciertamente magia práctica y arte tienen mucho en común. Basta visitar las obras de pintores-esoteristas como Austin Osmas Spare o escritores como René Daumal para comprenderlo.

Este taller semestral pretende trabajar, desde la producción, los arcanos y simbolos que atraviesan las distintas corrientes esotéticas (Tarot, kabbalah, astrología, elementales, etc) Esto implicará un aprendizaje a través del acto mismo de producción: el arte como método aprender los secretos del mundo.

Programa completo y bibliografía:

Encuentros: Sábado de 13 a 15
Duración: 6 meses
Precio: $350 x mes

Comienza el 18 de febrero.

Inscripción y consultas: ojedaserrago@gmail.com
 

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