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jueves, noviembre 19, 2009

Isidoro Blaisten, greatest hits [2ª parte]

Post anterior: Isidoro Blaisten, greatest hits [1ª parte]

En 1974, Isidoro Blaisten publica El mago, una colección de textos más cortos que los de sus anteriores libros y los agrupa en tres secciones (“Ludo Real”, “Cuentos cortitos así” y “Rosebud”), a las que agregará una cuarta en la reedición de 1991 (“El revés de los refranes”).
Por un lado, los apartados “Ludo Real” y “Rosebud” presentan características similares: relatos de poca extensión en los que se parodia desde la literatura universal (“Hamlet, príncipe de Dinamarca o la dicha de vivir”, “El elefante blanco”, “Melpómene y los tres mosqueteros”) y la fantasía mitológica o maravillosa (“Perduración del loro Fénix”, “El hombre de la bolsa”) hasta el psicoanálisis (“El significado del significado”, “El asceta mendicante”) y el arte comprometido o la literatura erótica (“En el sotobosque del country”, “El por qué de las bombachas rosas o decálogo del escritor bombachista o carta abierta a un joven cuentista de sexo”). Copio fragmentos de algunos de los cuentos:
-Tomá pa vos -se escapaba el loro Fénix haciendo gestos obscenos.
-Te viá agarrar, contestatario -decía el gran ejecutor.
-Mirá que te pisho -decía el loro volando cada vez más alto.
[...]
Así habló el pájaro azul y sus palabras fueron escuchadas.
El loro Fénix abandonó la cornisa del Palacio de Justicia. El gran ejecutor encendió el carbunclo y guardó la picana para otra oportunidad.
El pájaro azul regresó a su paquete de yerba. ("Perduración del loro Fénix", p. 101)

Ya soy asceta mendicante. Me dejé la barba y voy por las casas solucionando problemas.
[...] Mi tarifa es dispar y depende de los problemas y del epifenómeno. Tengo un precio para todo. [...]
Complejos de Edipo no clarificados: tres sobres de sopa Knorr Quick, o una cajita de cuatro caldos en cubo, amén de cinco patys (por consulta).
Tendencias homosexuales (para varones y mujeres): 2 pollos (muertos).
Complejo de abandónico: una caja de postre Exquisita, amén de un paquete de yerba Taragüí (que es la mejor), o en su defecto dos de Polenta Mágica. [...] ("El asceta mendicante", p. 139)
Por lo general, los recursos que utiliza Blaisten para burlarse son la imitación deformada y exagerada de ciertos estilos y la banalización de ciertos temas consagrados al transplantarlos a la vida cotidiana (recurso que desplegará con maestría en sus mejores cuentos de Dublín al sur y sus siguientes libros) o al sacarlos de contexto e incorporarlos a situaciones en las que su sentido se desplaza creando un clima absurdo o delirante.
Por otro lado, volviendo a las secciones de El mago, “Cuentos cortitos así” funciona como una colección de microrrelatos de uno o dos renglones: chistes, aforismos o pequeños diálogos con una importante carga de humor. Por ejemplo, estos tres:
Carnicero: Mirá, vieja, y eso que le falta de segunda mano. Va a quedar un kilo el mercadito. ¡Te acordás cuando empezamos con el puesto! Mirá qué linda la ganchera. Y todo gracias a vos, vieja. Si no fuera por vos...
Intelectual:
No, Jessica. Yo soy el que ha crecido. Po eso ahora puedo publicar sin traumas.
("Libros y mercaditos", p. 129)

Vendedor de garrapiñadas: ¡Me tenés podrido!
Intelectual: Se ha producido la fractura de la pareja, Jessica.
("Conflicto de pareja", p. 129)

Jessica: Sabés lo que pasa, Samantha, es que es como si lo potenciara negativamente y él lo vivencia mal.
Señora del vendedor de garrapiñadas: El Beto no me anda bien, Pocha.
("Conversaciones en el umbral", p. 130)
Como se ve, en estos breves diálogos, intelectuales y vendedores de garrapiñadas comunican lo mismo pero con distintas expresiones, serie que remarca, una vez más, la intención de desacralizar lo intelectual (serie que tendrá su mejor desarrollo en los cuentos de los libros que siguieron a El mago).
Finalmente, en la sección agregada en 1991, “El revés de los refranes”, Blaisten incorpora nuevos temas de los cuales mofarse (la corrupción, las cirugías estéticas, la “mano dura”, la corriente “New Age”, la ingenuidad de los votantes y la manipulación de los políticos, etc.) y genera las narraciones a partir de la extensión e inversión de los clásicos refranes del habla popular (“El diablo sabe por diablo pero más sabe por viejo”, “No hay mal que por bien no venga”, etc.).

Continuará...

jueves, noviembre 12, 2009

En el sotobosque del country (Isidoro Blaisten)

A principio de año, en un intento por rescatar la obra de Isidoro Blaisten, colgamos "El porqué de las bombachas rosas o decálogo del escritor bombachista o carta abierta a un joven cuentista de sexo", Emiliano hizo un comentario respecto de su obra y yo empecé un greatest hits que en los próximos días me propongo continuar.
A continuación, en la línea paródica en relación con la literatura comprometida de los 70 que señalé en aquellos viejos posts, cuelgo "En el sotobosque del country" (publicado en
El mago (1974)), un cuento corto y humorístico, con ciertos ribetes modernistas (burla, también, del arte por el arte y la torre de marfil), que presenta a un artista que, conflictuado por el compromiso, visita a un psicólogo. ¡Que lo difruten!

En el sotobosque del country

A la hora en que el corazón toma un color de noches perdidas para siempre, el escritor comprometido, testigo insobornable de su tiempo, del momento que le había tocado vivir, se tendió sobre el diván color de trémula campánula, champaña fervorosa, canela ambivalente y heliotropo ornamental.
—Doctor, sufro —exclamó el escritor comprometido— de un mal tan espantoso como esta palidez del rostro mío.
—Viajad y os distraeréis —le dijo desde atrás el doctor Zuffro oliendo la anémona que sostenía entre sus dedos.
—Tanto he viajado. He ido a tantos congresos. A tantos encuentros...
"Debo cambiar de técnica", se dijo el doctor Zuffro dejando la anémona ya olida en el ramilletero de ónix. "Debo cambiar de técnica", volvió a decirse tomando una buganvilla del búcaro de ágata. "¿Dónde estará el busilis del conflicto?" pensó oliendo la buganvilla. "Oh, Señor, cuanto mejor se está en el sotobosque del country bajo el amancay en flor que atendiendo a escritores comprometidos."
—Lo que usted tiene que hacer es elaborar el duelo por el marxismo-leninismo.
—Doctor Zuffro, es que yo le di los mejores años de mi vida.
El doctor dejó la buganvilla en el búcaro y tomó una prímula del póculo de terracota.
—¿Nunca pensó en las flores de Bach...?
—No tuve tiempo. Siempre en los frigoríficos y en los cañaverales, siempre en la zafra.
El doctor Zuffro dejó la prímula en el póculo y levantó un nenúfar de la canéfora esmaltada. Un pétalo de malva real se desprendió del vaso de júcaro labrado. Vio cómo el pétalo caía lento y liviano, sin peso, sin dolor, sin esperanza.
—Pobres todavía quedan.
—Sí, doctor Zuffro, pero ya no es como antes.
"Cuánto mejor se está en el country umbrío, sin dolientes, contemplando las varas del fresno contra el cielo azul turquí", se dijo el doctor Zuffro dejando el nenúfar en la canéfora. Miró sus manos vacías y dijo:
—¿La ecología? ¿No le gusta la ecología?
—Sabe lo que pasa, doctor, siempre entre cardales y abrojos. Me recuerda mi primera novela.
"Las peonías habrán florecido ya en el sotobosque del country y yo aquí", se dijo el doctor Zuffro buscando con los ojos algo para oler, pero ya todo había sido olido.
—¿Y si se compromete con animales? ¿Y si asume el compromiso con animales? Mire (el doctor Zuffro fue abriendo los dedos y enumerando): tiene cuises, comadrejas moras y overas, vizcachas, musarañas...
—¡Doctor! Mi palabra es para el hombre. El hombre que atosiga las minas, que hace el amor al sol después de haber trabajado la tierra. Mi voz es para el jangadero fluvial para el hachero forestal, para el agricultor frutal, para el cañero de la caña dulce y el salario amargo...
"Nada", se dijo el doctor Zuffro. Hasta el ramito de boj y el ramito de retama habían sido olidos, y ahora, en el country, estaría por surgir el último resplandor de la tarde, el estallido final y dorado del verde último, el incendio fugaz que precede a la penumbra. El doctor Zuffro miró el reloj.
—... para el leñador con la resina en la sangre, para el pescador con el alma de agua, para el carpintero con un nudo de espanto en la madera, para el hermano del sur con el viento en la cara, mientras el látigo del capanga resuena en la urdimbre de los cafetales y el recolector descalzo tirita en el bohío sin lumbre y el vendimiador sudado riega los surcos de los sarmientos con su sudor. El sudor de las espaldas mojadas en los algodonales, el sudor de los obreros golondrina, el sudor de los changarines rurales, el sudor...
Con lentitud, con esmero, el doctor Zuffro se levantó del sillón, caminó hacia atrás, cerró la puerta sigilosamente, olió la única violeta del violetero de la mesa de pórfido del recibidor, abrió y cerró suavemente la puerta de entrada, tomó el ascensor, descendió a la cochera, subió a su coche, saludó al encargado y subió la rampa rumbo a la Panamericana.
La noche empezaba. Era la hora en que el corazón toma un color de noches perdidas para siempre y ya se divisaban las almenas artilladas, y la alambrada de púas electrificadas del country. Mostró su credencial en el primer puesto de guardia. El ametralladorista apartó con su garfio la jauría de lobos. El doctor Zuffro llegó al segundo puesto, el de los dogos. El guardia le sonrió y levantó la valla electromagnética. Y el doctor Zuffro pasó por todos los puestos: por el de la patrulla de reconocimiento, por el del pelotón de detección de salvoconductos y por el de los radares, por la brigada de mastines y el escuadrón de los doberman. Y por fin saludó al consigna de la verja y al imaginaria de la última garita de identificación. Los dos le devolvieron el saludo con el pulgar levantado.
Ya estaba cerca. El sol postrero trasponía ya el puente levadizo, las aguas del foso, el nido de ametralladoras. Respiró con plenitud. Estaba ya, por fin, en el sotobosque, libre ya, por fin, de escritores comprometidos.

Fuente: Blastein, Isidoro (2004): Cuentos completos, Buenos Aires, Emecé, págs. 151-153.

sábado, junio 20, 2009

Isidoro Blaisten, greatest hits [1a parte]

El recorrido podría ser cronológico y, entonces, empezar con el primer libro de cuentos de Blaisten, La felicidad (1969). En dicho libro se destacan dos cuentos, "Alimentación y salud" y "El remate", en los que ya aparecen los rasgos que caracterizan gran parte de la cuentística de Don Isidoro: relatos con un tono humorístico que raya con el absurdo y lo grotesco; una peculiar capacidad para captar la vida cotidiana y plasmarla en las descripciones y el habla de sus personajes; una galería de hombres fracasados, defraudados por la dura realidad que buscan una salida a través de la reparadora fantasía. Por ejemplo, en "Alimentación y salud":
"Los invendibles destornilladores Rapid Destor ya comprados y entregados, y anteriores, "que han revolucionado todo lo convencional y cursi que en materia de destornilladores existía hasta el presente, señor Isaías. Fíjese usted que la vieja creencia de que únicamente el movimiento giratorio es el que corresponde a un destornillados ha sido completamente desechada por absurda. Observe usted esta tablita, señor Isaías: tenemos aquí seis tornillos..."
Y demostrarle al señor Isaías, hacerle entrar por los ojos a Isaías que Rapid Destor no es un destornillados común, que Rapid Destor es un destornillador con alma..." (Blaisten, Isidoro (2004). Cuentos completos, Buenos Aires, Emecé, p. 20)
Algunos años después, en La salvación (1972), Blaisten continúa con esta línea de cuentos con personajes fracasados (por ejemplo, "El gran poeta") pero inicia una nueva con un relato extraordinario: "Un extraño reportaje". En éste, Blaisten nos presenta la caracterización de un escritor, Silenio Dagnino Taibo, a través de dos reportajes incoherentes en los que el periodista le realiza preguntas sofisticadas y el entrevistado le devuelve respuestas absurdas (que podrían estar relacionadas con cierta postura "transgresora" de algunos escritores de la época); una biografía literaria de Taibo que hacer recordar a las ficciones sobre escritores de Borges; (con alusiones a la obra borgeana pero también a otros autores del momento); una serie de opiniones de escritores destacados (Borges, Liliana Heker, Ernesto Sábato, Orson Welles) exaltando, de forma un tanto ambigua, las cualidades de la obra del escritor; etc. Así, mediante distintos géneros discursivos, Blaisten construye a su personaje pero también se burla de la consagración literaria, de las publicaciones especializadas y de los literatos santificados. Copio este fragmento:
"-P.: ¿Qué opinión le causó su país a su regreso?
-R.: Asquerosa.
-P.:¿Qué es para usted la literatura?
-R.:Una deposición. (Empleó otro término irreproducible)
-P.:¿Entonces por qué escribe usted?
-R.:Por eso mismo. Por una necesidad biológica.
-P.:¿Esribe usted para el pueblo?
-R.:Escribo para mí. Me importa tres pitos del pueblo." (p. 71)
Y también:
"1939. Guerra Mundial. Hitler invade Polonia y la Bohemia. Mussolini deja a cargo de toda Italia a Vicente Battista, y se refugia en Milán. Candioti abandona su intento de unir Buenos Aires con Rosario a la altura de San Fernando. Nace Fernando Sánchez Zinny en una vieja casona de Ramos Mejía. Se firma el pacto de Munich. Silenio Dagnino Taibo publica Un fagot para Eloísa, obra donde se conjugan la metafísica literaria con el suspenso policial. El cuerpo inerte de Eloísa es descubierto por el portero de la sinagoga de Milán, que a la sazón toca el fagot en la Scala, De ahí en más comienza a debatirse en el meandro de la duda, y sólo podrá rescatarse en la búsqueda laberíntica de la expiación, siguiendo el símbolo del fagot perdido." (p. 71-72)
A través de "Un extraño reportaje, entonces, se abre una segunda serie de cuentos, que será explorada con más énfasis en sus otros libros y que tiene como objetivo parodiar el campo intelectual argentino (sus actores, sus corrientes, sus reglas, etc.).

Continuará...

domingo, febrero 15, 2009

El porqué de las bombachas rosas o decálogo del escritor bombachista o carta abierta a un joven cuentista de sexo (Isidoro Blaisten)

Coincido con mi compañero Emiliano en que Isidoro Blaisten es un cuentista imperdible y uno de los grandes tapados de la literatura argentina (a veces me pregunto por qué algunos de estos autores tapados y despreciados en nuestra literatura, alcanzan con el correr de los años, el podio (al menos, el académico) como Osvaldo Lamborghini y por qué no sucede lo mismo con otros como Blaisten, Rozenmacher, Briante, etc.; a lo mejor tiene que ver con las modas teóricas que circulan por los pasillos de las facultades, por los catálogos de las editoriales independientes y por los estantes de las librerías cool de Palermo, seguramente la cuestión es mucho más profunda). Agradezco la oportunidad que me brindó el 2008 de leer todos sus cuentos, de disfrutarlos, de conocer su cuentística prolífica, humorística y muy bien escrita; tal vez, nunca me hubiera acercado a sus libros y ahora que lo hice, no puedo evitar recomendárselo a todo aquel que tiene interés en leer cuentos excelentes, entretenidos, inteligentes, etc.
Entre ese cúmulo de cuentos (prometo hacer un 'greatest hits' de Blaisten para la próxima, para el/la que quiera acercarse a su obra), se destaca una serie que parodia, sobre todo en sus obras de los 60-70, a la literatura comprometida, a los artistas revolucionarios, a los lugares comunes de la literatura argentina de dicho momento y a las reglas del juego del campo intelectual y literario. En esa serie en la que se destacan cuentos como "Un extraño reportaje" (en La salvación, 1972) o "El sotobosque del country" (en El mago, 1974), se inscribe el texto que pego a continuación:


El porqué de las bombachas rosas o decálogo del escritor bombachista o carta abierta a un joven cuentista de sexo



1º) En toda parte de sexo, de cualquier literatura, sexual o no, to­das las bombachas deberán ser rosas. Únicamente rosas.
2º) Las bombachas verdes no inspiran confianza.
3º) Las bombachas negras dan mala impresión. Entristecen. Pare­ciera ser que el escritor de sexo apelara a bajos recursos policíacos.
4º) Las bombachas blancas semejan mofa o burla hacia el lector.
5º) Las bombachas violetas semejan propaganda de supermercado.
6º) Bombachas índigo, tierra de siena, fucsia, ladrillo, té con leche, mostaza, rojo indio, rojo señal, rojo de cadmio, gris acerado, celeste im­perio, ocre, amarillo de nápoles, tiza, bronce viejo, marfil de occidente, tierra de sombra tostado, ciclamen, borravino, pistacho, azul veronés, azul de ultramar, azul cobalto, azul brasso, azul de prusia y todo es azul, descartadas por completo.
7º) En el relato de ficción, quien usare las bombachas deberá sufrir.
8º) Las formas de sacar la bombacha en forma sádica y brutal son infinitas y variadas. Por lo general no hay reglas fijas y todo depende de fas distintas escuelas literarias:
a) Naturalista: con los dientes mientras la protagonista acaricia a dos gatos de angora con ambas manos.
b) Realismo socialista: con una pinza pico de loro.
c) Objetivista o llamada también escuela de la mirada: el protago­nista varón mirará fijamente durante catorce páginas una jofaina esmal­tada mientras las bombachas van cayendo lentamente.
d) Clásica helénica: se unce el elástico a un carro de cuadriga. El au­riga hace viborear el látigo y las bombachas estallan como ramos de ja­ciatos.
e) Lenguaje coloquial: he aquí un ejemplo: —Sacátelas, guacha.
(Ella): —Rodolfo (puede usarse otro nombre).
—Qué. ¿No te gusta? Una sacadita, no más.
Rodolfo, seguía diciendo ella. Seguiste diciendo. Y me clavabas. Le clavabas. Las uñas. Las uñas. Las uñas.
f) Literatura de la tilde, llamada también del guión grande o desig­nada con la locución familiar "de la rayita": sobre el de-curso del cuerpo textual se es-curre la bombacha. Con-fusión de géneros. La escritura des­anda y re-vela. ¿Vela o re-vela? Cuerpo des-velado, de-velado. ¿Cubre o des-cubre? Re-cae la culpa y cae la bombacha. Él no ceja. Él persevera. Je persévère. Je père sévère. Ne me quittez pas. Quitátela. Cae. Re-cae. La. Bomb-acha.
Debes ser muy preciso e indicar con absoluta precisión y claridad meridiana el lugar donde quedarán las bombachas una vez sacadas por cualquiera de los métodos ya especificados.
Los mejores lugares de tu preferencia serán:
a) Enroscadas en forma de sierpe alrededor de una pata de mesa veneciana del siglo dieciséis.
b) Al volar por el aire han quedado colgadas de un ángulo de un grabado de Piranesi que representa el pontón de Castel Sant'Angelo.
c) Han quedado desmayadas en forma de caléndula aterida junto al portarretrato que tiene una foto que representa a la hija (no importa de quién).
d) Es obvio indicar que cada tipo de literatura que se emplee usa­rá la forma literaria de dejar caída la bombacha que le resultare más proclive. Verbigracia, para el tipo de literatura coloquial los lugares po­drían ser:
a-1) El álbum pisoteado de las fotos de casamiento (no importa de quién).
a-2) Papel de estraza todo engrasado y asqueroso con restos de sa­lame o bondiola. Nunca leberwurst, cima rellena, jamón del diablo, ja­món tiernizado y/o serrano ni menos todavía aspic de pavita aun cuan­do venga precedido de la connotación "cortado en fetas".
a-3) La cama (mejor que cama, jergón, si fuera posible) deberá re­chinar estrepitosamente. Acá Rodolfo puede tener un pensamiento inte­rior o un fluir de la conciencia entre paréntesis y/o corchetes (nunca as­teriscos): "La muerte. Guacha. Sos la muerte. La fábrica. Rodolfo. Rodolfo. Rodolfo. Tiene ruido a muerte. Rodolfo. Guacha. Fábrica. Ro­dolfo. Puta".
a-4) El joven escritor sexual bombachista deberá estar alertado contra un peligro muy común de confundir el empleo de la técnica mixta con la mezcla de las escuelas literarias. Veamos un ejemplo:
Se incendia la villa Miseria. Los amantes quedan carbonizados pe­ro la bombacha se salva porque ha quedado aprisionada entre dos cha­pas de cinc canaleta. En ningún caso el joven escritor de sexo hará pro­nunciar al teniente de bomberos estas palabras mientras rescata la bombacha: "En Flandes se ha puesto el sol".
He notado que muchos jóvenes en su afán efectista de sorprender al lector de sexo no paran mientes y atentan contra la pureza del estilo, inconsiderando que esta tesitura puede crear una generación de jóvenes sexuales desmañados, sin rigor, que caen en lo chabacano y corren el al­bur de que su literatura sexual muera con ellos.
Hace un mes, recibí una carta de un joven escritor del condado de Yorkshire. Su literatura sexual estaba encuadrada dentro del pragmatis­mo clásico helénico, no obstante lo cual no titubea en describir con ca­racteres rúnicos la bombacha rosa tiziano de la protagonista.
He aquí todo, joven cuentista. En la soledad recoleta de tu gabine­te, trabaja, trabaja y trabaja. Si lo que acá se ha dicho te ha servido para el rigor, mi misión está cumplida. Pero tenlo presente: estas líneas no son un dogma sino una guía para la acción.

En Blastein, Isidoro (2004): Cuentos completos, Buenos Aires, Emecé, págs. 103-105.

viernes, noviembre 14, 2008

El sadismo según Blaisten o cómo ser el boludo del bondi


No sé ya si lo dijimos explícitamente o no, si lo escribimos o lo pensamos, si estamos haciendo lo que pensábamos hacer o lo que surge. En algún momento y por diferentes vías llegamos a la común conclusión de que lo trillado de "El sur" y "Continuidad de los parques" nos había cansado, y al convencimiento de que entre la hojarasca amarillenta de Corrientes o en las antologías de época de las que soy confeso cultor y fanático debía de haber verdaderas joyas.

En honor a la verdad, hay que decir, además, que no es que esas maravillas cotidianas no estén nunca al alcance de la mano: sucede que uno no las mira hasta que no aprende a verlas. A veces algún texto crítico, algún aniversario, algún viejo fanático –o alguno nuevo–, son la puerta de entrada a grandes hallazgos. Parece que fue ayer cuando recordaba, entre lágrimas de risa, las ocurrencias del excelso cuentista argentino Isidoro Blaisten con un inteligente artista argentino, muy vinculado al mundo de las Letras. Me destacaba el rol del humor en la literatura, y mientras me contaba de memoria algún argumento de los cuentos de don Isidoro –y de memoria yo reponía los títulos– confesaba: "a veces abro sus libros y todavía me cago de risa".

Una reciente encuesta personal de escaso o nulo valor como muestra me dio como resultado que la media de los estudiantes de Letras de la Universidad de Buenos Aires tiene un libro de Blaisten en la casa, aunque la mayoría aún no lo leyó. Como yo, que tenía no un libro de él, sino decenas de cuentos antologizados dispersos en distintas antologías de diversas épocas y por leer, no sé, a Kordon, a Briante o a Rozenmacher, o a la espera de encontrarme con lo indiscutible de Silvina Ocampo, lo salteaba.

En honor a la verdad, tengo que decir que no descubrí a don Isidoro sino gracias a un gran amigo que me estaba pudriendo con su anecdotario y su sugerencia imperativa “tenés que leer a Blaisten” hasta que un día me regaló los Cuentos completos, editados por Emecé. Yo también tengo ahora un libro de Blaisten, pero sí lo leí. Rescato de Blaisten, además de su gran habilidad como cuentista, esa nota de humor con la que supo teñir gran parte de su literatura, para romper con la solemnidad que a veces la rodea. Una noche, en una larga Odisea en el 60 y tras terminar una novela que, en acertadas palabras de Borges –después leí– “deja una impresión final de tristeza y de inutilidad”, no tenía por delante más que dos horas de viaje y libro de Emecé. Quizá algún día la Teoría del Todo logre explicar que el azar no existe, pero, esa noche, de la desolación personal y de la inducida por la novela anterior, abrir el libro en “Mishiadura en Aries” logró arrancarme esa risa privada que nadie suele entender. Dejo aquí un pequeño fragmento:

"Pero usted, cuando va al cine, ¿qué hace? Sí, sí, ¿qué hace? ¿Cómo las compra? Yo, no. Yo voy y las compro a mitad de precio. Un paso previo. Sí. Siempre. El establishment de la mishiadura. No exactamente. Buen, mitad de precio, mitad de precio, no necesariamente. Éste es un eufemismo más de la sociedad de consumo burguesa. Después usted tiene que ir y pagar todo el rosario de impuestos. Sí le digo. Y ¿sabe lo que le dan a la postre? Mire, le dan un tarjetón así que dice bien grande: gratis. ¡Claro que usted paga! Pero ahí tiene, ¿ve? Parece fácil pero no es. Mire, esta chica lo explicaba muy bien: hay una estructura socializante. ¡Qué tiene que ver Palacios con esto! Sí, es anterior. Pero no, ésos son proyectos. Proyectos de leyes. Escuche: dentro de la estructura socializante, a la sociedad, la sociedad de consumo burgués, le conviene que haya muchos neuróticos. ¿Por qué, se preguntará usted? Muy sencillo. Porque entonces de masoquistas, pasan a ser sadistas. Ahora lo va a entender. Tiene mucho que ver. El boletero del cine tarda a propósito antes de entregarle la entrada que dice gratis, para que todos los que están en la cola tengan tiempo de mirarla bien. ¿Qué es entonces el boletero? El boletero es un sadista. ¿Por qué es un sadista? Porque en su casa es un masoquista. La mujer le rompe las bolas, nunca le alcanza la plata, en fin, lo de siempre. Entonces el tipo descarga su neurosis en una vivencia agresiva. Ahora, ¿a la sociedad socializante le convienen tipos así? Claro que le convienen. Son la carne de cañón, papa. Me extraña. Van a Vietnam con una polenta bárbara. Es toda la bronca acumulada. ¿Se da cuenta?"

De "Mishiadura en Aries", en Cuentos completos. Buenos Aires, Emecé, 2004.

 

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