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martes, julio 14, 2026

Estación Buenos Aires: un lugar en la vida de Celia Paschero

La vida de Celia Paschero fue una vida en tránsito. Autora de dos libros, Muchacha en la ciudad (1963) y La salamandra (1965), Paschero nace 1928 y si bien sus primeros tres años los vive en Entre Ríos el resto de su infancia, adolescencia y juventud transcurre en la Reina del Plata. 

La ciudad de Buenos Aires, con sus barrios y su tráfico, con sus comercios y sus humores, con sus recorridos y vericuetos, atraviesan la escritura poética de Paschero. Estudia en la Escuela Normal para maestra, bajo mandato familiar; pero al mismo tiempo se forma como traductora de lengua inglesa y, posteriormente, realiza la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad de Buenos Aires. Su tesis, dirigida por el historiador de las ideas José Luis Romero, se titula “La búsqueda del ser nacional en los ensayistas argentinos”. ¿Qué habrá leído Paschero en, por ejemplo, El hombre que está solo y espera, de Raúl Scalabrini Ortiz, ella que amaba el centro de Buenos Aires y estudiaba el ensayo americano? Lo cierto es que de esa preocupación americanista solo quedan rastros: un artículo publicado en una revista efímera llamada Arte y crítica, sus viajes por Latinoamérica, algunas cartas… 


Paschero publica el artículo “Consideraciones sobre el ensayo americano” en la revista Arte y crítica, n.° 1, en 1964. 

En Buenos Aires, Paschero forma parte de la bohemia entre los años 50 y los 60. Conoce a Alberto Girri, de quien reseña dos libros con ribetes esotéricos Propiedades de la magia (1959) y La condición necesaria (1960), y frecuenta a su pareja, Leonor Vassena, una dibujante y artista plástica que muere joven y cuya historia está perdida en los pliegues de la cultura argentina (aunque Claudio Iglesias la haya recordado en un breve pero justo perfil publicado en Genios pobres y Manuel Moyano Palacio le haya dedicado hace unos meses un conversatorio único e inolvidable). Junto al poeta Juan Carlos Pellegrini, con quien comparte un matrimonio breve y dos hijas hacia fines de 1950, traduce para Editorial Sur El animador, de John Osborne y J. B., de Archibald Macleish. 

¿Qué más? Claro, entra y sale de los cafés de Corrientes y de Florida, de la omnipresente Manzana Loca, y discute sobre poesía y ensayo con Tilo Wenner (fundador de la Escuela del Espíritu Experimental), sobre psicoanálisis y magia con Francisco Tomat-Guido (poeta, guardiacárcel, segunda pareja de Paschero), sobre autores nacionales y escritores ingleses con José Rubén Falbo (librero y editor de la novela La salamandra). Publica un poema en la revista Barrilete; un par de reseñas en Ficción. Todo eso en Buenos Aires, la Reina del Plata, signo y desvelo para el espíritu inquieto de Celia Paschero.


Celia Paschero en la portada de su libro de poemas Muchacha en la ciudad

Muchacha en la ciudad es claro indicio de cómo la ciudad caló hondo en la poesía de Paschero. Ser una mujer moderna en la Buenos Aires de 1963 podía ser una bandera: 

Voy entrando por la vereda 
del ganarme mi dinero 
tanto 
para mis hijas 
para que estudien 
por el derecho de escupir 
después 
mis enseñanzas 
esto 
para mis vicios 
libro 
disco 
cigarrillo 
café 
charla 
tanto 
para la urgencia 
de un diario bife con ensalada 

El tono íntimo entre el deseo y el esfuerzo se entrelaza con una mirada impresionista de la vida urbana y el encuentro con los otros en los versos de Paschero. Hay cuerpo y calle. Para muestra, basta un poema: 

Una apetencia con nombre de ciudad 

Cuando me levanto 
del lecho del amor 
mi deseo se llama 
patria
cielo 
ciudad 
Porque la condición carnal del 
espíritu 
o esa paz de la carne 
que nunca nos redime 
me obliga 
a olfatear el viento 
buscando 
a mis hermanos 
y sus ámbitos propicios 

Entonces 
qué quieres que te diga 
no me consuelo 
de verlos flojos 
resignados a una voz de 
ciudad gris 

Es el momento 
te lo digo 
en que me pesa ser mujer 
en una tierra 
ahuecada por el miedo 
con hombre sin grito 
sin ásperas contradicciones 
sin el capricho de la 
libertad 

Qué quieres que te diga 
a mi edad todavía 
me desahoga 
hacer añicos un vaso 
contra la pared 
si la vida 
me responde con un fracaso 
demasiado persistente 

Todavía 
a mi edad 
alivio la quintaesenciada 
frustración 
cuando el cielo se aplica 
a su incoherencia de rayos 
vocingleros 
a la lluvia 
de despliegue exagerado 

Qué quieres que te diga 
no creo 
que te hayas resignado 
al color arratonado 
de nuestro río 
a la radio dominguera 
del fútbol 
al último poeta de la soledad y la angustia 
ni a tu querida que sueña en Europa 

Me parece que también a ti 
los viejos de zapatos rotos 
que juegan a la lotería 
y tu vecino 
que riega el jardín en camiseta 

Que también a ti 
el industrial rubio 
y las casas de cambio de San Martín 
las vidrieras de Santa Fe 
tu cafecito noctámbulo 
en las noche neblinosas de Buenos Aires 

el reportaje a la amarilla 
estrella de Hollywood 
que vio Madrid en Avenida de Mayo 
y un trozo de París en Carlos Pellegrini 

Que también a ti 
las caminatas por Corrientes
con un tango a tu lado 
y un libro viejo 
en la otra vereda 

Que también a ti 
el obelisco y la derechura de piedra 
de Diagonal
y tanto encuentro y tanto asfalto 
y tanta mentira 
y el plomo del cielo 

te rompen como a mí 
el corazón 

Buenos Aires y la poesía volverán como obsesión en el ensayo que Paschero y Tomat-Guido escriben bajo el título La poesía moderna argentina, de 1964. El texto se propone como un recorrido reflexivo por la poesía argentina desde las vanguardias del 20 hasta los 60. La mirada está centrada en recuperar la tarea de la poesía en el siglo XX frente a una crisis universal del espíritu y de las letras: “El rescate de las potencias oscuras del hombre, de los ámbitos oníricos del inconsciente, del irracionalismo propio de estas entrañables zonas del hombre total —dimensiones desconocidas y despreciadas por la época de la razón…”. Un año después, Paschero volverá a explorar esas zonas entrañables en donde coinciden la literatura y el esoterismo con su novela, La salamandra


Invitación a la presentación de La salamandra en 1965. 

Publicada por Falbo librero editor —que contaba en su catálogo con Miguel Briante, Leonor Pichetti, Héctor Lastra, María Rosa Oliver y Jorge Luis Borges, entre otros y otras—, la novela transcurre efectivamente en Buenos Aires. Sus protagonistas, Isabel y la narradora, se reúnen periódicamente en un departamento para confesarse en un tono que va del secreteo al diván, ida y vuelta. Dos relatos en paralelo van cruzándose en el último libro de Paschero: por un lado, están los recuerdos orales de Isabel, quien comienza un descenso a los infiernos sexuales desde el momento en que su marido le propone sacarse fotos eróticas con una amiga para obtener un dinero extra. Por otro lado, está el presente de la narradora, Celia, que relata sus aventuras y desventuras por las calles porteñas. Para recuperar el título de un libro del afín Alfredo Moffatt: Estrategias para sobrevivir en Buenos Aires. Celia escribe sobre cómo escribir una novela, sobre cómo conseguir un trabajo potable, sobre cómo abandonar el psicoanálisis y abrazar otras búsquedas espirituales, sobre cómo elegir un proyecto de vida sin ser devorada por la cabeza de Goliat: “¿Cuántos caminos habrá que recorrer antes de encontrar el que se supone que es nuestro?”. 

Buenos Aires es el telón de fondo para la historia de estas dos mujeres y el extraño animal que habita en el fuego. Así narra Paschero un domingo porteño de invierno en el capítulo VIII: 

Claro que fue un paseo —si se lo puede llamar así- masoquista, como lo llamarían los psicoanalistas. Porque tomó un ómnibus que la llevó al centro y después caminó sin rumbo, porque sí, por las solitarias calles. Era domingo y no hay nada más desgarrador que las calles y plazas del centro en una tarde de domingo, lluvioso, y frío. Invierno, para peor. Buenos Aires accede a una luz azulada y opaca cuando es invierno. La luz espectral de una caverna de hielo. Luz sin fuerzas, que decae bruscamente a las cinco y media de la tarde, para cerrarse en noche cuando apenas son las seis. El invierno es delicioso para estar adentro. Y mejor, todavía, si nuestro amor nos acompaña en nuestro lánguidos paseos por cuartos cerrados, o en nuestros perezosos reposos en un sofá, frente a la estufa, con un buen libro en la mano, o buena música expandiéndose por la atmósfera, y dulces besos, más calientes y alcohólicos que el vino tibio con clavo de olor, tomado en tazas de barro. 
Pero el centro de Buenos Aires, que parece un hormiguero los días de semana es más triste en domingo que una calesita abandonada por los niños, girando torpemente al son de una musiquita pegajosa y llorona. Todavía la cosa se agrava si la perspectiva de una de esas calles se abre de pronto a los mástiles de los barcos en el puerto. Porque entonces, el corazón ya demasiado dolorido comienza a gritar con voz de sirena, y el desaliento se vuelve tan intenso, que ya uno no piensa más que en llegar hasta las aguas del río y hundirse por fin, con todo lo puesto, en esas olas color amarillo y gris. ¡Menos mal que Isabel elude el llamado de los barcos! ¡Menos mal que se aleja ahora del centro donde la muerte se esconde en todas las esquinas! (p .131). 


Las caras de Celia Paschero en la tapa de La salamandra. 

Hacia el final de La salamandra, Celia anuncia un viaje: “La viajera soy yo. Me he pasado el año suspirando por ir a Machu Picchu, en el Perú” (160). En la realidad, Paschero había realizado esa visita, entre enero y febrero de 1961, con sus dos hijas. Abandona, entonces, Buenos Aires y encuentra otro sitio, temporario pero fundamental, en su vida: Estación Lima. El poeta Martín Adán, Machu Picchu y un leopardo enjaulado se cruzarán en su camino. 

Pero esa es otra historia, otro lugar en la vida de Celia Paschero.*

*La primera versión de este ensayo se publicó en la extinta revista virtual Invisibles en 2020 (¡Good old times!). Algunos años después, el librero y lector Facundo "Kuky" Basualdo lo publicó en una corta tirada del fanzine de la librería también finita Ocio (recomiendo el actual newsletter de Facu: La Ceremonia del Ocio). Comparto por acá el texto para que queda a mano y para que nuevos lectores sigan llegando a la novela vitalista y genial de Paschero. ¡Salú! 

miércoles, mayo 28, 2025

Golosina Caníbal presenta... (tapas n.° 01 al 10)

Estas son las tapas de los primeros diez números de Golosina Caníbal presenta..., un fanzine analógico, impreso y finito que nació en 2020. La idea original surgió por intentar darle una sobrevida a textos que noto se pierden en los mares virtuales (revistas caídas, sitios inexistentes o en agonía) o han sido olvidados hace mucho tiempo. 

Así, pueden notar entre el número 01 y el 10 que las voces, las firmas, los temas y las épocas varían y van del pasado al presente ida y vuelta (y también, por qué no, le amagan al futuro). 

 

Las primeras novelas de Ariel Luppino, según la mirada de Agustín Conde De Boeck (n.° 01); 

un vistazo a La salamandra, una gran novela olvidada de 1965, de Celia Paschero (n.° 02); 

un ensayo sobre las Rubaiyat, escrito por el maestro Raúl Antelo (n.° 03); 

el retorno ficcional de Marcelo Fox, urdido por Luppino (n.° 04); 

ese perfil inolvidable de Luisa Sofovich sobre James Joyce (n.° 05); 

la traducción de prosas poéticas objetivistas de Gertrude Stein realizada por Juan Maisonnave (n.° 06); 

una entrevista perdida al monstruo Lai de Hernán Bergara con ilustraciones de Diego Cano (n.° 07); 

el relato sobre los crotos en la lapicera rabiosa de don Bernardo Kordon (n.° 08); 

un acercamiento múy lúcido a la poesía de Georg Trakl realizado por Rogelio Bazán (n.° 09); 

y los poemas muertos de Ligotti, traducidos por Agus Conde De Boeck (n.° 10). 

 

Golosina Caníbal presenta... es un fanzine, como decía, impreso y finito. Sus números se agotan, produzco pocos ejemplares (entre 100 y 200), y los números del 01 al 06 ya se han evaporado, están agotados y ahora viven y sobreviven en bibliotecas, mesas de luz, docenas de huevos o tachos de basura. En estos días apunto al n.° 20, casi para brindar con los 20 años que también se cumple en este año, 2025, de ese blog, Golosina Caníbal. 

Si a algún internauta le interesa un ejemplar del fanzine, saber qué otros hay (próximamente posteo del 11 al 19), me pueden escribir a través de Instagram, Facebook (de X me fui por cansancio y nihilismo) o por el viejo y querido mail: golosinacanibalblog@gmail.com 

Gracias por el interés y la lectura. De a poco intento despabilar este antro. Veremos, veremos...










 

domingo, mayo 02, 2021

Las otras caras de Celia Paschero

 

Me encontré con el nombre de Celia Paschero y con su novela La salamandra mientras seguía algunas migas que conducían a Falbo Librero editor. Me llamó la antención esa tapa con la cara de Celia en diferentes perfiles, asemejando las de la luna, y en el centro ese animal alquímico y hermoso que habita las llamas del fuego. Con cierta facilidad encontré la novela en usados virtuales y realmente me deslumbró. Paschero escribía bien, La salamandra era un libro valioso y olvidado publicado en 1965, pero... ¿qué más podía saber sobre su vida y obra?

Entre el año pasado y este, logré armar algunos textos sobre Celia, sobre sus libros, sobre su entorno. También, con mucha felicidad, se reeditaron Muchacha en la ciudad y La salamandra y pueden conseguirse a través de los usados virtuales o en la página web de Celia Paschero. El número 2 del fanzine Golosina Caníbal presenta también fue dedicado a Celia.

En todo caso, para quien le interese conocer sobre esta autora sensible y lúcida, inteligente y pasional, van estos acercamientos primeros:

 

Estación Buenos Aires: un lugar en la vida de Celia Paschero

  

La vida de Celia Paschero fue una vida en tránsito. Autora de dos libros, Muchacha en la ciudad (1963) y La salamandra (1965), Paschero nace en Buenos Aires en 1928 y si bien sus primeros dos años los vive en Entre Ríos el resto de su infancia, adolescencia y juventud transcurre en la Reina del Plata. 

La ciudad de Buenos Aires, con sus barrios y su tráfico, con sus comercios y sus humores, con sus recorridos y vericuetos, atraviesan la escritura poética de Paschero.

Sigue en revista Invisibles.

 

Celia Paschero, una alquimista de la literatura argentina

 

¿Qué caminos nos llevan de retorno a una obra olvidada, a una historia de vida enterrada en el pasado? Entrar en una librería de usados, revolver las bateas buscando tapas y títulos que nos llamen la atención, comprar un libro sin referencias ni etiquetados, como quien apuesta en una ruleta cultural, es uno de ellos. Otro es la mención al pasar de un nombre, la lectura por casualidad de las solapas de un libro, una palabra o un apellido que se prenden a la curiosidad de los que amamos el papel impreso. Hay más caminos que nos conducen a una obra olvidada: caminos obvios o misteriosos, caminos directos o rebuscados. Por uno de ellos, llegué a la escritora argentina Celia Paschero y su novela, La salamandra.

Sigue en revista Be Cult.

 

Celia Paschero vuelve

  

La palabra rescate no se ajusta a la exhumación de un libro, queda corta y parece más bien comodín editorial o trabajo social. Reeditar un libro que hace más de cincuenta años que no circulaba, que se conseguía de casualidad y tras mucha búsqueda no es rescatar. Más bien se parece a la tarea del arqueólogo: se trata de buscar entre las ruinas del pasado, entre los rastros que la memoria fue dejando en las librerías de usados, entre las páginas de viejas revistas con nombres y títulos actualmente desconocidos. La reedición de La salamandra y de Muchacha en la ciudad, los dos únicos libros que la escritora Celia Paschero publicó en vida en los años 60, es un gesto arqueológico y nos permite entrar en un vida desconocida y fascinante.

Sigue en Perfil


 

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