lunes, agosto 11, 2025
Segundo Urreca Mieza, un nombre olvidado
lunes, julio 05, 2010
De monstruos y pasiones
El monstruo, por ser tal, es in-clasificable, no-demostrable y excéntrico, no postula una lógica sino que la desbarata, atenta contra la demostración por su sola mostración. Menos que indicial se sostiene en la señal —fasta o nefasta— que lo revela en el momento mismo en que lo oculta.
La humanidad es un valor precario, siempre cuestionado, por la animalidad de la especie. La tarea de hacerse humano es el desalojo cotidiano de lo monstruoso. La monstruosidad no es exorbitante ni desorbitada: es desintegradora de lo humano. La monstruosidad y su exterioridad animal es nuestro destino de naturaleza del que el hombre quiere renegar y la historia combatir.
La crueldad se opone a la criminalidad: la primera es un dato psicológico; la segunda, palingenésico. En la Naturaleza, la crueldad se vuelve criminal: es ciega, neutra, atética. La conquista máxima es dejar de ser animal para ser hombre, pero la fórmula tiene su faz negativa: no ser hombre, sino dejar de ser animal. La ideología explícita es atentatoria, reconoce la animalidad sorpresiva que recorta los actos humanos y tiende a humanizarlos. Para ello emplea el látigo, la exacción, la brutalidad, la prisión. La humanidad es una coartadadel animal que se percibe, como en los zoológicos, por el olor.
viernes, junio 04, 2010
La novela familiar (Entrega 1)
jueves, junio 11, 2009
Borges en Mar del Plata
"Por eso digo que, de alguna manera, además de la entronización que hace el discurso universitario que por ahí anda diciendo "¡Hay que hablar de Lamborghini!" se me ocurre que a esos textos no le veo futuro en la literatura argentina. ¿Cuál es el futuro de esos textos? Porque Borges ha inflamado la sensibilidad argentina. En la playa, en Mar del Plata, hace diez años, todo el mundo hablaba con metáforas borgeanas sin haber leído a Borges. Cambió el estilo argentino, cambió la narrativa argentina, la narrativa de todos los días, de la vida cotidiana. "Hace un sol escandaloso": en los años cuarenta nadie hubiera dicho esto. Los jóvenes universitarios hablan borgeanamente sin saberlo, los jóvenes aun analfabetos, y hablo de los jóvenes de la Facultad, esos son analfabetos cultos; bueno, hablan como Borges, sin haber leído a Borges."Nicolás Rosa en las actas de Autopistas de la Palabra. Primera Jornada de Literatura y Psicoanálisis (5 y 6 de Octubre de 2002) sobre la relación entre la obra de Osvaldo Lamborghini y la de Jorge Luis Borges.
martes, noviembre 25, 2008
Las sombras de Borges (Nicolás Rosa)
Leer a Nicolás Rosa siempre me resulta placentero y, a la vez, exigente. Su escritura es opaca y sus ideas suelen ser complejas porque relacionan distintos vocabularios teóricos y distintos planos del conocimiento (Rosa era, sin duda, un crítico erudito). Este texto en particular, Las sombras de Borges, me parece importante para pensar el legado de ese Gran Escritor del que pareciera que todos en el campo literario deberían dar cuenta de una forma u otra, de modo conciente o inconciente. El pedido de Rosa de "empecemos a olvidar a Borges" para plantear otro tipo de literatura, para escapar de la sombra de esa escritura monstruosa, es un pedido desesperado y casi imperativo, la posibilidad de ejercer el derecho al olvido.
Las sombras de Borges
Escribir sobre Borges hoy significa escribir con Borges. El problema es saber qué parte le corresponde a cada uno. Toda escritura sobre Borges divide al texto borgiano y opera sobre una parte: el Borges crítico, el Borges poeta, el Borges cuentista, o el Borges del Carriego, o el del Martín Fierro o el Borges de las puras ficciones. Y en cada parte, otra parte más pequeña: parte sobre parte o partes contra partes, toda escritura sobre Borges debe conjeturar—calcular, decimos— un encuentro de bordes —roce— con una parte de la obra de Borges, o presumir una congruencia icónica de un punto del texto escrito —operación de plegado topológico— con el texto a escribir. Este texto tiene como bordura a Funes el Memorioso, otorgándole un final que su oculta disposición propone: una metáfora de la lectura y una versión irrisoria de toda hermenéutica. Que los que se ocuparon de la escritura borgiana hagan del Quijote de Pierre Ménard su victorioso y altivo simulacro, obliga a aquellos que se ocupan de la lectura borgiana a proponer a Funes el Memorioso como una trama axiomática de esas operaciones que llamamos el leer y el escribir. Nadie puede escribirlo todo puesto que Todo no puede ser escrito. Nadie puede leerlo todo, puesto que Todo no puede ser leído. Incertidumbre y olvido pueblan los fantasmas de la lectura.
El objeto Borges (llámese su corpus, su texto, su escritura), que como tal es un objeto, es el texto de Borges más todos los textos que Borges ha leído —sus precursores o quizá mejor sus ancestros textuales—, más las lecturas que sobre el texto de Borges se han operado —lecturas estilísticas, sociocríticas, psicoanalíticas— las más inconsistentes según creemos —desde la izquierda y la derecha, desde el discurso universitario y desde la extra-territorialidad, desde la zona literaria argentina o desde los sistemas literarios y críticos extranjeros—, el objeto Borges, decíamos, se ha convertido en un objeto excesivamente potente, en un artefacto semafórico que marca los caminos, las vías, los derroteros, las fronteras y los límites de las zonas literarias y de los recorridos de escritura. De tanta luz, luz enceguecedora, no podrían negarse las sombras. El objeto Borges se ha vuelto opaco y de esa opacidad nos vamos a ocupar.
Potente, arroja tanto su luz como su sombra de escritura desde hace años sobre los escritores argentinos para fagocitarlos o expulsarlos, someterlos o excluirlos de su circuito. Hijo potente de padres, ancestros y filiaciones poderosas (todo lo que Borges ha leído-recordado en su escritura) se ha convertido en un Padre Textual omnívoro y omnipotente, genera ambivalentemente odio y amor, es el Padre con el que no se puede pactar para la división de los bienes textuales, él lo posee todo y su herencia permanece indivisa. Padre que, regenerándose en una voraz apropiación-desapropiación de los textos y en un consumo ingente de los despojos textuales, no ha permitido —todavía no ha permitido— el intercambio simbólico en la libre circulación textual. La herencia textual borgiana es una marca indeleble, como una marca de fábrica y todavía no nos ha permitido esa traslación, esa transferencia, en el sentido mercantil pero también psicoanalítico del término, propia de los linajes textuales: asentarse sobre la marca para borrarla, convertir la propiedad textual privada, privadísima, en bienes mostrencos. La Biblioteca borgiana —ese imaginario colectivizado en la cultura desde Alejandría y que se confunde con el Laberinto, desde Heliópolis, hasta la Biblioteca Nacional pasando por los palimpsestos medievales—, es una Biblioteca Hermética, no de un saber hermético, sino herméticamente clausurada. Se está siempre o demasiado cerca o demasiado lejos. Dentro de ella o fuera de ella.
Demasiado cerca: se establece con él, con ella, una relación perversa, de perversión textual, que produce copias de copias, imitaciones de la Imitación, pastiches de los pastiches borgianos (que en realidad nunca son tales pues sólo están citados, aludidos pero nunca efectuados), o da lugar a travestismos inconscientes. Los escritores que están ahora entre los 40 y los 50 años, todos han escrito textos borgianos, es decir textos miméticos. Este hecho no es de por sí negativo, es un camino de pasaje, si se quiere, de rito de iniciación a la escritura necesario para el escritor argentino, pero es un camino de alienación sin duda que debe dejar lugar a la separación. Separación que por el momento tiene figura de rito canibalístico, de ingestión del cuerpo textual en el festín de las letras totémicas. Pagada la deuda paterna, de hecho nunca saldada completamente, podrá el escritor establecer un diálogo textual donde su voz pueda llegar a otros.
En otro nivel, en el de la producción —es una comprobación empírica pero válida— la sombra de Borges se ha tendido sobre toda una generación de escritores, de grandes escritores, como Héctor Tizón, Antonio Di Benedetto, Juan José Saer, Daniel Moyano o sobre nuestros grandes poetas que han vivido no de la sombra de Borges (esos son otros, los otros que han hecho valer en el mercado internacional la sombra borgiana) sino que han sufrido la sombra de Borges: o demasiado cerca, Bioy Casares, pongamos por caso, o demasiado lejos, Juan L. Ortiz.
Para la crítica, y prácticamente las últimas generaciones a partir de 1955 no han dejado de escribir sobre Borges, este objeto potente se ha vuelto también opaco: absorbe todos los fulgores y no refleja ninguno. Podría decirse que es, en el caso, una elección de objeto narcisista invertida, donde la crítica sólo puede comprobar su propia especularidad. Este hecho se debe, según entendemos, por lo menos a dos fenómenos:
- a la elevación a objeto de culto social del texto Borges (texto + personaje + autor + persona), fenómeno que desconcertó siempre al mismo Borges;
- y al carácter fundamentalmente hiperliterario propio de la escritura borgiana. Literatura de literaturas, sobre literaturas, el acceso crítico, la entrada, si se prefiere, a la obra, queda siempre atrapada en la ficción crítica, que por su propia sustancia, anonada tanto al crítico como a la crítica. Esa excentrización del texto recae sobre la aniquilación del sujeto crítico que puede elegir el argumento de la carta obligada— y sólo elegir los caminos del silencio, los de la repetición o los del goce. Convengamos que estos dos últimos no son sino otras formas del silencio. Reposar-se en el texto y dejar que el texto repose.
¿De dónde proviene, ahora más profundamente, esa monstruosa ilegibilidad del texto borgiano? El texto de Borges como el de Sade son in-humanos porque legislan contra la humanidad de la gramática y de los códigos, los imitan a la perfección para socavar sus reglas más profundas: soslayan la distancia del original a la copia, que es la función macabra del simulacro. El texto de Joyce, quizá como el de Artaud, es des-humano: despoja al simulacro ficcional de su sustento subjetivo: en el horizonte ya no hay quien escriba, ya no hay quien lea. En Borges no hay ningún hermetismo (salvo el simulacro del hermetismo), en Borges no hay ninguna filosofía (salvo el simulacro del pensar metafísico), ninguna lógica (salvo el simulacro de una lógica aritmética. Oh! los números en Borges, y no nos referimos a la simulación de juegos cabalísticos), ninguna dificultad del estilo (salvo el simulacro del estilo de otros estilos). Quizá la ilegibilidad borgiana consista en haber realizado el programa de Mallarmé: "Todo en el mundo existe para concluir en un Libro", en el Libro Absoluto mallarmeano, el Libro-Naturaleza como Logos. La escritura de Borges es pulsátil, es un escándalo geométrico, no posee extensión, de allí la imposibilidad de narrar y la convocatoria hechicera de lo inenarrable. El texto borgiano comete el error de infinito, del cual hablaba Blanchot. Todo está en todas partes, en el centro ficticio y en el borde del texto, en el texto y en el co-texto, pero nunca en el contexto. Esa escritura es pura tensión, no ex-tensión, es puro punto y todos sabemos cómo se llama ese punto. Y en ese punto descentrado, en ese centro incandescente pero vacío, el mundo calla, enmudece. El Libro que reemplaza al Mundo. Herejía de la literatura, heresiarca de la escritura, Borges consuma anticipadamente el límite de lo posible escriturario de nuestra época. Es él todo lo posible, agota el imaginario textual y nos deja huérfanos de irrealidad. Sin horizonte, horizonte histórico —también hay una historia de lo imaginario—, no hay posibilidades de escritura ni de lectura. Borges cubre, por el momento, todo ese horizonte y nos condena a la pura legibilidad, a la dura y ascética herencia de ser lectores puros.
Memoria y olvido son los puntos extremos que traman la textura de un texto: inscripción y borramiento son las operaciones que engendran la escritura. Operaciones que convocan la memoria textual y el olvido textual. A medida que leo-escribo, a medida que escribo-leo todo el pasado textual —restos y despojos por momentos deslumbrantes—, pero aquello que todavía no ha sido cuantificado por la crítica es el olvido. A medida que leo-escribo, olvido; a esa fugacidad la hemos llamado des-lectura, aquello que produce el texto des-leído. El olvido-necesario, el olvido-bálsamo, el olvido-protector. Aquel que le faltó a Funes. Eso se llama palimpsesto: al escribir borramos la escritura del otro, de los otros, la cancelamos, pero al mismo tiempo la inscribimos en nuestra propia escritura.
¿Qué es el cerebro humano sino un palimpsesto?, se preguntaba indeciso Thomas de Quincey. Y la respuesta la da Freud, el cerebro humano, permítasenos esta expresión, es un block mágico. Allí donde más se quiere recordar, más olvidamos. Y lo que proponemos es simple y sencillo, pero costoso. Empecemos a olvidar a Borges.
Fuente: Rosa, Nicolás (2003): La letra argentina: crítica 1970-2002, Buenos Aires, Santiago Arcos, págs. 165-170.
viernes, octubre 27, 2006
La lengua del ausente (un recuerdo de Nicolás Rosa)
Sin embargo, me pone la piel de gallina pensar en que ya no dará más clases en la facultad, en que ya no podré ir a escuchar las conferencias que daba en otros sitios, en que, una vez más, se nos escapa una persona inteligente y apasionada por dos cosas: la enseñanza y la escritura.
Es verdad que nunca terminé de entenderlo: compré varios de sus libros y empecé todos los artículos pero nunca los terminé; varias veces me fui de sus clases, excelentes clases en las cuales me resultaba casi imposible seguirlo y que, sin embargo, me cautivaban. A lo mejor era ese estatuto que buscaba para la crítica literaria lo que me enganchaba a su letra: la autonomía de la crítica respecto de la literatura, una crítica con estilo y, sobre todo, una "ficción crítica".
No tengo mucho para decir, lamento mucho su muerte y todavía no comprendo por qué lo siento tan cercano. La última vez que lo vi, leyó una conferencia sobre Borges y la matemática y aclaró que el texto tenía una complejidad alta. Tal vez por eso, entendí la mitad de lo que leyó pero juro que esa mitad me iluminó el día y me dió una razón para seguir confiando en la crítica literaria, en su función política y estética. Esa tarde volví a sentir, como antes me había sucedido con su lectura de "La ficción proletaria", el placer del texto.
Algunos artículos en Internet:
Dos reseñas de La letra argentina (Santiago Arcos, 2003):
Contratapa de Relatos críticos (Santiago Arcos, 2006), su último libro:
"¿Qué es un intelectual? Vive de prestado y es el comensal más evidente de las oficinas que anotan, registran y documentan el circuito de la cultura. Ensayos, novelas, filosofías, historias, crónicas, "papeles", son la cocina donde se mezclan las versiones y opiniones que sostienen sus intentos y pretensiones -dos razones distintas- de ejercer una modificación en el sistema de pensamiento circulante -una culta latiniparla abreviada- con la idea de producir acciones en la conducta política del entorno. La historia de los intelectuales, quizá Sócrates y así le fue, y con toda seguridad Cicerón y Plutarco, tal vez Tomás, y con toda seguridad Agustín, Voltaire, personaje puramente político en su obra y en su acción, Rousseau en parte modesta, arrogante Sarmiento que puso en su obra la política a su favor en desmedro de su accionar político, a diferencia de Mitre que puso a su favor la historia, y los intelectuales contemporáneos que viven a la sombra de algún poder -de opinión, de circunstancias, de ejercicio de un mandato, de un grupo o asamblea-, que los convoca para reducirlos a una voz sojuzgada por la ideología circunstancial, ¿no viven del trabajo de los otros, para pensar para otros después de haber pensado gracias a otros?, ¿el intelectual no será el parásito que corteja la cortesanía del Poder?... Absorbidos, chupados por el bicho cultural, los virus informáticos son la muestra aleatoria de los parásitos contemporáneos.
Podemos dormir tranquilos, la computadora piensa por nosotros; el riesgo como máquina de autoridad es piense golosamente "en nosotros" para organizar la gran comilona cultural."
miércoles, junio 21, 2006
Cuadernos de Recienvenido
PD.: Todo el mérito del hallazgo se lo debo al link de Link al Google Académico.
