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lunes, mayo 16, 2016

Prólogo a Deleuze hermético, de Joshua Ramey

La editorial Las cuarenta publica Deleuze hermético. Filosofía y prueba espiritual, de Joshua Ramey, con traducción y prólogo de Juan Salzano. Para los que hemos leído y disfrutado de la compilación Nosotros los brujos (Santiago Arcos, 2008; un libro agotadísimo en el que participaron desde Héctor Libertella hasta naKh aB rA y que sería bueno digitalizar porque la editorial no parece deseosa de reeditarlo) y de Deleuze y la brujería (Las cuarenta, 2009), la aparición en castellano de este libro central en la exploración del hermetismo y la brujería en el autor de Mil mesetas es un golazo. Por gentileza de Las cuarenta, van algunos fragmentos del prólogo de Juan Salzano.


La Vía de la Inmanencia: El vector hermético del empirismo trascendental (Juan Salzano) (fragmentos)

(...)
El entorno esotérico que rodeaba las actividades de la enigmática editorial Griffon D´Or, en cuya intensa agitación el prólogo fue fraguado, nos pone ya frente a un entramado de fuerzas e irradiaciones propicio para el ejercicio de cierta potencia excedentaria y renegada del pensamiento. Ya desde el año 1943, Gilles Deleuze y su amigo Michel Tournier, guiados por Maurice de Gandillac –su profesor de filosofía y especialista en el pensamiento neoplatónico de Plotino y Nicolás de Cusa–, asisten a los encuentros organizados por Marie-Magdeleine Davy en el castillo de La Fortrelle, cerca de París, por cuyos pasillos desfilaban pensadores y escritores como Michel Leiris, Jean Paulhan, Gastón Bachelard, Jean Wahl, Pierre Klossowski y Jean Hyppolite. Los encuentros funcionaban, a su vez, como fachada para disimular ciertas actividades vinculadas a la Resistencia francesa, una de las cuales consistía en proteger y ocultar refugiados judíos, franceses, ingleses y estadounidenses. Davy, una ferviente espiritualista, de carácter salvaje, rebelde e independiente, conocedora de 10 lenguas vivas y 4 lenguas clásicas, estudiante de filosofía e historia desde muy joven, y Doctora en Teología, se convertirá en una suerte de sacerdotisa iniciadora de Deleuze, quien apenas tres años más tarde le dedicará uno de sus primeros textos: “De Cristo a la burguesía”. Bajo su égida, frecuentará también el salón de Marcel Moré, donde se cruzará con Michel Butor, Georges Bataille, Alexandre Kojève, Roger Caillois, Arthur Adamov y Jean Paul Sartre, entre otras personalidades de la época. En medio de esta ebullición de hibridizaciones entre esoterismo, filosofía, arte y política se cuecen tanto la editorial que dirigirá Davy y que editará el libro de Malfatti acompañado por el prólogo de Deleuze, como el propio temperamento transversal y experimental de este último. Como dijera Deleuze acerca de los filósofos modernos, en comparación con los pintores manieristas: “Dios y el tema de Dios fueron la ocasión irremplazable para liberar aquello que es el objeto de creación en la filosofía, es decir los conceptos, de las coacciones que les hubiera impuesto el hecho de ser la simple representación de las cosas”. Gracias al diagrama de cruces heterogéneos y desviaciones imprevistas (literalmente extra-ordinarias, para-normales) que aquel caldo creador izaba, con total naturalidad, a matriz de pensamiento y de acción, la obra de Deleuze “toma líneas, colores, movimientos que jamás hubiera tenido sin ese rodeo por Dios” o, en este caso, por las complejas y sinuosas avenidas del esoterismo. Cualquiera que haya leído a Deleuze está al tanto de esta lucidez extra-dialéctica: la creación, en él, jamás pasa por las simples oposiciones rígidas e interdependientes del “versus”, sino por el atletismo huidizo del “trans”. (...)

(...) Lo que debería causar perplejidad es, más bien, la ausencia de todo estudio serio acerca de estos aspectos de la obra de Deleuze. Su eventual pero persistente referencia a temas y autores esotéricos (Wronski, Warrain, Court de Gébelin, Castaneda, la brujería, el chamanismo, el Tao, el I Ching, el tantra, etc.) resulta demasiado evidente como para haberla pasado por alto durante tantos años, mientras se fingía, exageraba y alardeaba en su obra un supuesto materialismo chato y meramente desmitificador –finalmente tan ilustrado, tan enamorado de las Luces de la razón– que explotaría el aspecto crítico de Deleuze para, en un mismo gesto higienizante, barrer bajo la alfombra todos sus vectores clínicos (diríase: terapeutas) y creadores, ligados a una noción positiva de las “potencias de lo falso”: la invención de nuevas posibilidades de vida, por fuera de toda referencia a la Verdad (ya lo decía Klossowski al comentar a Nietzsche: “(…) sólo se desmitifica para mistificar mejor”: una mistificación experimental e inmanente).
“Carecemos del más mínimo motivo para pensar que los modos de existencia necesitan valores trascendentes que los comparen, los seleccionen y decidan que uno es «mejor» que otro. Al contrario, no hay más criterios que los inmanentes, y una posibilidad de vida se valora en sí misma por los movimientos que traza y por las intensidades que crea sobre un plano de inmanencia; lo que ni traza ni crea es desechado. (…): nunca hay más criterio que el tenor de la existencia, la intensificación de la vida”.
De hecho, el propio imperativo de aventura que dinamiza la filosofía de Deleuze, su apertura a toda una serie de experiencias transformadoras –por impugnadoras de lo reconocible y lo habitual– de la percepción, la afectividad, el pensamiento y la lengua, debería haber bastado para que aflorara la sospecha de que, en su obra, las referencias a las experiencias esotéricas (sean éstas brujas, teúrgicas, alquímicas, etc.) jamás operan como simples recursos retóricos o inocentes metáforas. (...)

(...) La originalidad del libro de Ramey consiste en mostrar cómo el hermetismo, a lo largo de su historia, partió de un impulso y de una inquietud afines, aunque en condiciones completamente distintas y por medios desemejantes. Valiéndose de investigadores poco sospechosos de complacencias como Faivre y Yates, entre otros, Ramey se permite exhumar el carácter experimental y transformador de la aventura hermética. Por medio de una exploración de sus visiones y prácticas concretas, arriesga una aleación de consecuencias insospechadas tanto para la filosofía como para la práctica hermética. Tanto el hermetismo como la filosofía de Deleuze, según Ramey, encararían el pensamiento como una prueba iniciática de transformación de nuestra experiencia ordinaria del mundo. (...)

(...) De ahí que Ramey pueda responder a las críticas que Hallward, Badiou y Žižek (como representantes contemporáneos del Edipo contra-ocultista que antes encarnaban Freud y Adorno) realizaron a la obra de Deleuze, acusándola de “escapista”. La respuesta de Ramey, aunque compleja, puede sintetizarse así: la búsqueda de acceso al nivel virtual de composición del mundo no implica huir de él y de su dimensión actual, formada, sino alcanzar las fuerzas inmanentes e implicadas virtualmente en lo actual, transparentarlas “en” lo actual mismo –bajo condiciones de inmanencia–, para así poder reconfigurarlo e intensificarlo, volverlo sobre su lado creador (línea de fuga, línea de Afuera). Como dice Ramey en este libro:
“Si el “aquí y ahora” de la revolución fuese simplemente la satisfacción de las exigencias del presente, y no la transformación de esas exigencias (y de aquello que resulta posible o concebible exigir o desear), entonces, desde una perspectiva deleuziana, la política habrá limitado de antemano el significado de revolución, restringiéndolo a la satisfacción de la exigencia presente en lugar de desarrollar una operación en el deseo mismo”. 
Y esta conversión inmanente –lejos del individualismo escapista, atado aún al plano de las formas– instaura una transversalidad colectiva, de grupos inespecificados, aunque singulares, abiertos dinámicamente unos sobre los otros, en bloques intermediales de devenir. (...)

domingo, febrero 08, 2015

El neoliberalismo desde abajo

Mi amigo y nuevo colaborador de este blog, L. L., está en plena lectura de La razón neoliberal: economías barrocas y pragmática popular de Verónica Gago (Tinta limón, 2014). Acá van sus subrayados sobre por qué Gago repiensa el neoliberalismo y qué entiende por neoliberalismo desde abajo:


  “(…) Pensar el neoliberalismo como una mutación en el 'arte de gobernar', como propone Foucault (2007) con el término gubernamentalidad, supone entender el neoliberalismo como un conjunto de saberes, tecnologías y prácticas que despliegan una racionalidad de nuevo tipo que no puede pensarse sólo impulsada 'desde arriba'. Foucault ha dicho que la innovación radical del neoliberalismo es que se trata de una forma de gobernar por medio del impulso a las libertades. Lo que a primera vista parece una contradicción, se vuelve una forma sofisticada novedosa y compleja de enhebrar de manera a la vez íntima e institucional, una serie de tecnologías, procedimientos y afectos que impulsan la iniciativa libre, la autoempresarialidad, la autogestión y, también, la responsabilidad sobre sí. Se trata de una racionalidad, además, no puramente abstracta no macropolítica, sino puesta en juego por las subjetividades y las tácticas de la vida cotidiana”.

“(…) En nuestro continente, la crisis del neoliberalismo ha abierto un debate sobre cómo caracterizar al momento que le sigue. Una línea gira alrededor de la discusión sobre la conceptualización del posneoliberalismo (Brandt & Sekler, 2009; Dávalos, 2012). Desde nuestro punto de vista, el prefijo pos -en el vocablo posneoliberalismo- no indica ni transición ni mera superación. Más bien señala la crisis de su legitimidad como política estatal-institucional a partir de las revueltas sociales recientes, las mutaciones operadas en el capitalismo mundial a partir de su crisis global y de ciertas políticas institucionales en los países cuyos gobiernos han sido caracterizados como 'progresistas' y, al mismo tiempo, la persistencia del neoliberalismo como condición y la incorporación o inmanentización de algunas de sus premisas fun­damentales en la acción colectiva popular que lo ha impugnado”.

Págs. 9-11.


“(…) En Argentina -y en América latina en general- la participación mayor del estado tras el declive de la legi­timidad neoliberal y el aliento a un consumo masivo ha cambiado en los últimos años el paisaje neoliberal: de la miseria, la escasez y la desocupación de principio de siglo (y todas las formas de lucha y resistencia que se generaron entonces) a unas ciertas formas de abundancia que se encuentran con nuevas formas de vivir el consumo, el trabajo, la empresarialidad, la organización territorial y el dinero. La mayor 'promiscuidad' de los territorios se presenta cada vez más como parte de una serie de economías barrocas que rearman una nueva dinámica política de desborde del propio neoliberalismo, cualificándolo de un modo nuevo.
Por neoliberalismo desde abajo me refiero entonces a un conjun­to de condiciones que se concretan más allá de la voluntad de un gobierno, de su legitimidad o no, pero que se convierten en condiciones sobre las que opera una red de prácticas y saberes que asume el cálculo como matriz subjetiva primordial y que funciona como motor de una poderosa economía popular que mixtura saberes comunitarios autogestivos e intimidad con el saber-hacer en la crisis como tecnología de una autoempresarialidad de masas. La fuerza del neoliberalismo así pensado acaba arraigando en los sectores que protagonizan la llamada economía informal como una pragmática vitalista”.

Pág. 12.


“(…) Entonces, hablar de neoliberalismo desde abajo es un modo de dar cuenta de la dinámica que resiste la explotación y la desposesión y que a la vez se despliega en (y asume) ese espacio antropológico del cálculo. Esta hipótesis está a la base de una ampliación (temática y conceptual) de la noción misma de neoliberalismo y, por tanto, de la proyección de una nueva afectividad y racionalidad para trazar el mapa político de estas economías fuertemente expansivas de las abigarradas ciudades latinoamericanas. Puesto en estos términos, parece difícil convencerse de que el fin del neoliberalismo depende de la declaración de unos gobiernos que dicen haber dejado atrás esas políticas. No porque haya que simplemente desconfiar de lo que declaman, sino porque el neoliberalismo es una forma anclada en los territorios, fortalecida en las subjetividades populares y expansivas y proliferantes en términos organizativos en las economías informales. Esta perspectiva no implica desproblematizarla como lógica de gobierno, sino profundizar el modo en que ese imperativo de gobierno se articula con formas de invención no reducibles, aunque tampoco del todo incompatibles, con el diagrama neoliberal”.

Pág. 14.


“(…) Desde esta perspectiva, el neoliberalismo es mucho más que una doctrina de los think tanks imperiales y está mucho más acá de lo que buena parte del progresismo regional está dispuesto a asumir. Y esto porque desafía la idea de que su opuesto es una 'vuelta al estado' entendida en términos de una 'autonomía (contractual o del significante puro) de lo político', tal como la teoría del populismo propone. Tomar en serio la articulación entre neoliberalismo y subjetividades populares pone la exigencia de recrear conceptos aptos (territorio, valor, economía, etc.) para comprender la dinámica compleja que alcanza a lo político cuando es capaz de recoger en sí todas las capas de lo real, Otro modo de leer aquella advertencia de Marx: 'lo real es múltiplemente determinado'. La dinámica axiomática del capital, como han teorizado Deleuze y Guattari (1988), pone de relieve justamente esta tensión entre una flexibilidad y versatilidad de captura y explotación, por parte del capital y, al mismo tiempo, la necesidad de distinguir las operaciones mediante las cuales esa máquina de captura subsume relaciones sociales e invenciones que también resisten y desbordan el diagrama de captura/explotación”.

Págs. 15 a 16.

sábado, noviembre 09, 2013

El sonido del miedo


En noviembre de 2005, un numeroso grupo de periodistas internacionales informaron que la fuerza aérea israelí estaba usando bombas sónicas, bajo la cobertura de la noche, con el nombre de "bombas de sonido” en la Franja de Gaza. Llamamos 'bomba sónica' al efecto de baja frecuencia y alto volumen provocado por aviones que vuelan a poca altura y más rápido que la velocidad del sonido. Sus víctimas las compararon con el muro de aire a presión que genera una explosión masiva. Los informes sobre sus efectos incluyen ventanas rotas, dolor de oído, sangrado de narices, ataques de ansiedad, insomnio, hipertensión y algo usualmente calificado como “sacudida interna”. A pesar de las protestas por parte de palestinos e israelíes, el gobierno alegó que las bombas de sonido eran “preferibles a las reales”. ¿Cuál es el objetivo de estos ataques a poblaciones civiles? ¿Y qué nuevos modos de ejercicio del poder ejemplifican estos -no tan- nuevos métodos? Como sucedió tanto con la adopción por parte del ejercito estadounidense de las tácticas de “sorpresa y conmoción” en los ataques preventivos de Iraq como con las bocinas de los apoyos a proximidad durante la blitzkrieg de la Segunda Guerra Mundial, el objetivo ha sido debilitar la moral de la población civil creando un clima de miedo a través de una amenaza que era preferiblemente no-letal, pero, muy posiblemente, igual de perturbadora que un ataque verdadero. El miedo puramente inducido por efectos de sonido, o, por llamarlo de otro modo, aquel que se sitúa en el espacio de indecibilidad entre un ataque sónico o uno “verdadero”, es lo que llamamos un miedo virtualizado. El miedo que en este caso se vuelve totalmente ajeno de la necesidad por ser “controlado”. Y, por supuesto, ese miedo inducido sónicamente no por ello es menos real. En él, se activa exactamente el mismo mecanismo de defensa ante un posible futuro no deseado, quizás aún mas poderoso por su presencia espectral. Aún es más, estas innovaciones armamentísticas no tienen porque provocar la desmovilización enemiga, prevenir un futuro indeseable, sino que más bien tienden a provocar, a incrementar la sed de conflicto, a precipitar el futuro.

Guerra Sónica: sonido, afectos y ecología del miedo rastrea las resonancias provocadas por estas innovaciones, al igual que también investiga su impacto en la forma en que siente la población. Y no nos referimos solo a sus emociones personales, subjetivas e individualizadas, sino más bien a sus sentimientos colectivos o, más exactamente, a eso que llamamos 'afectos'. Específicamente, prestaremos más interés por los entornos, o ecologías, en los que el sonido contribuye con una atmósfera o ambiente inmersivo de miedo y amenaza –cuando decimos que el sonido ayuda a crear una mala vibración. A esta dimensión del encuentro se le llamará 'tonalidad afectiva', un termino que tiene una obvia, pero poco explorada, relación con como el sonido modula el ánimo. Mientras que en los ejemplos anteriores las armas sónicas no producían más que ansiedad, las vibraciones intensas no amenazan solo a las disposiciones emocionales traumadas o a la fisiología de la población, sino que también afectan a la misma estructura de nuestras construcciones y muros.
En 2012, Rosendo González Núñez brindó un anticipo de la introducción al español de Sonic Warfare, de Steve Goodman. La traducción puede leerse acá; el libro original en inglés, acá. Visiten La Ciudad Technicolor, un blog exquisitamente deleuzeano.

martes, febrero 12, 2013

Zzk!


martes, mayo 11, 2010

golpe ciego (sobre Alternativas de lo posthumano de Oscar Del Barco)

Nadie puede decidir por sobre las máquinas. El campo de trabajo concentracionario, por ejemplo, es una creación del gran Autómata técnico-científico y no sólo fruto de la demencia stalinista o hitleriana. No es casual que una pléyade de enfermos mentales ocupen los puestos claves de los gobiernos que deciden los destinos de la humanidad en su conjunto. No se trata de casualidades sino de un Sistema; un sistema-vivo que utiliza el cerebro del hombre como su propio cerebro. (“Crisis”, p. 141)
¿Qué es esto? ¿Ciencia ficción? ¿Ficción paranoica? ¿Filosofía de la técnica? ¿Diagnóstico apocalíptico? Tal vez sea una mezcla de todo eso: un resto inasimilable. Alternativas de lo posthumano de Oscar del Barco (Caja Negra, 2010) reúne textos del filósofo cordobés que van de la crítica gramsciana al marxismo ortodoxo y la oscura diagnosis de la técnica y el Sistema a la propuesta de una, como dice el brillante y paranoico prólogo de Pablo Gallardo y Gabriel Livov, “teología metafísica de raigambre batailleana” (20).
Creo que los textos de Alternativas de lo posthumano en los que Del Barco realiza una diagnosis del Sistema, en que intenta decir “lo más posible” sobre el Sistema (“El “peligro” y lo que salva”; “Crisis” y “Postscriptum”, por ejemplo) son los más fascinantes, sobre todo porque en esos espacios la filosofía posmetafísica y posmarxista se confunde con la ciencia ficción: el Sistema como espejismo (98); el Sistema como pensamiento sin cuerpo (101); el no-sistema y el Sistema (108); el Sistema como máquina-con conciencia (141); los “bichos” del Sistema (143); etc. Desde ya, resuenan en sus planteos las ideas de Deleuze y Heidegger, a este último lo analiza en “Heidegger y el “misterio” de la técnica”.

viernes, marzo 26, 2010

Death to the demon David Cronenberg!

Chocolate por la noticia: David Cronenberg es un genio. Tuve la oportunidad de ver eXistenZ (1998) y me dejó idiotizado. Hace algunos años había visto Videodrome (1983) y también me había perturbardo.
Creo que lo que me encanta de estas dos películas particularmente (aunque podria agregar, lateralmente, Dead Ringers (1988) y su trabajo sobre el doble, la fecundación y la adicción) es la reflexión en torno a tres ejes: el cuerpo (en su sentido biológico), la tecnología y la realidad (ejes que, en general, se inscriben en la mixtura de dos géneros: la ciencia ficción y el policial).
Cronenberg merodea lo perverso y lo morboso porque hace que sus personajes y que sus mundos interactúen corporalmente con los artefactos industriales y tecnológicos (la televisión en Videodrome, los videojuegos y sus periféricos en eXistenZ), es decir, los objetos se conectan directamente a nuestro cuerpo: en eXistenZ, los personajes tienen un "bio-port" que les permite introducir el cable-órgano que los vincula al control remoto del juego; en Videodrome, el protagonista besa a la pantalla de televisión, que late como si fuera un corazón, y se introduce en ella. Pero también en sentido inverso, Cronenberg hace que la tecnología se vuelva natural, biológica, en las películas antes mencionadas los objetos se vuelven humanos y/o animales, cobran vida y son viscosos, blandos, palpitantes. Así, el cuerpo humano pierde sus límites y, en consonancia con los planteos de Peter Slöterdijk en "El hombre operable", el sujeto y el objeto que tan claros se distinguían, comienzan a entrelazarse (incluso, de manera sexual) y sus diferencias se tornan difusas. Y eso, perturba.


Pero todavía hay más en Cronenberg ya que, a partir de esta inquietante relación íntima entre el cuerpo y la tecnología, el director de Crash explora la posibilidad de la realidad virtual (ya sea a través de la televisión, ya sea a través de los videojuegos) y de qué incidencias podría tener en la mente y en los sentidos del ser humano. De este modo, nuevamente se vuelve inestable un límite: el límite entre realidad y virtualidad, entre lo real y lo imaginario. eXistenZ es una película traumática por esa inestabilidad porque no sólo sus personajes se encuentran perdidos al no poder determinar si están o no en el juego sino que los espectadores, o eso es lo que al menos me sucedió a mí, también se ven involucrados en la indeterminación. Por lo demás, esa frontera difusa entre la realidad "real" y la realidad "virtual" tendrá resonancias sobre aspectos como la identidad, la experiencia y la percepción.
En fin, recomiendo fervientemente mirar estas películas y si ya las vieron, volver a verlas porque con creaciones como Second Life o sólo con el desarrollo actual de Internet o de consolas de videojuegos como la Wii, el cine de Cronenberg funciona como una anticipación ("el futuro llegó hace rato", ¿no?) y una reflexión en torno a las posibilidades del cuerpo y de la tecnología, pura biopolítica.

PD.: Por lo demás, algunos investigadores vinculados a una filosofía no tradicional ya comienzan a prestarle atención a este director como puede verse en este libro: Flatline constructs: gothic materialism and cybernetic theory-fiction de Mark Fisher, en el que se mezcla Deleuze + gótico + Cronenberg + cyberpunk.

viernes, noviembre 13, 2009

Un poco de heavy mental


AAAARG.ORG es una GRAN página con un hermosa biblioteca (digital, obvio; casi todo en inglés, lástima) de artículos y libros de filósofos y pensadores. Pueden encontrar textos de Deleuze, Derrida, Nancy, Agamben, Bataille, Blanchot, Badiou, Benjamin, Adorno, Zizek, etc. En fin, casi todo lo que se les ocurra del pensamiento filósofico-cultural mainstream está ahí. Además tiene una sección llamada "Issues" que enlaza todos los textos agrupándolos bajo diversas etiquetas realizadas por los usuarios (ej.: "Cyborg Anthropology", "Posthuman series", etc.) y otra sección de discusiones. Para poder bajar los textos (en pdf, casi todos), hay que hacerse un usuario. Espero que les sirva.

PD.: Ah, actualiza todos los días, si se inscriben en la mailing list, les llegan las novedades de los nuevos artículos y libros subidos.

martes, octubre 20, 2009

De cómo enchufarse a la conciencia orgiástica y explorar la apertura del organismo (sobre Deleuze y la brujería de Matt Lee y Mark Fisher)

El pensamiento de Deleuze es una usina de conceptos pero también una forma de pensar el mundo desde una perspectiva que supera las clásicas dicotomías del pensamiento filosófico y, por qué no, este pensamiento puede volverse un modo de comportarse, un modo de vida: un modo de composición. En los últimos años, en Argentina a partir de proyectos como Estación alógena y en otros países, a través de algunos investigadores que mencionaremos a continuación, se han empezado a explorar los vínculos entre el pensamiento deleuziano y la brujería (y demás prácticas anomales). Obviamente esta relación no es forzada ya que, se sabe, nuestro bienamado filósofo francés ha mencionado su inclinación por obras como la de Carlos Castaneda y en el libro escrito en colaboración con Felix Guattari, Mil mesetas (1980), podemos encontrar una sección de la meseta "1730: Devenir-intenso, Devenir-animal, Devenir-imperceptible..." bajo el subtítulo "Recuerdos de un brujo" que explora esta figura como algo vital para su idea de "manada". Al libro Nosotros, los brujos, compilación de artículos de diversos investigadores y ensayistas publicada por Santiago Arcos el año pasado, se le suma una pequeño y cautivante libro: Deleuze y la brujería de Matt Lee y Mark Fisher (Editorial Las cuarenta, 2009).

Este libro es una recopilación de dos artículos más un prólogo-artículo que explora las conexiones entre la filosofía deleuziana y la brujería. En general, la compilación remite a los conceptos de devenir, inmanencia, manada, cuerpo sin órganos y multiplicidad como centrales para pensar esta relación; recorre gran parte de la obra de Deleuze (cada autor hace su recorte particular desde Diferencia y repetición (1968) hasta los libros escritos junto a Guattari); y va estableciendo algunos lazos con brujos (Austin Osman Spare), prácticas de la brujería (la adivinación, los sigilos) y movimientos literarios y filosóficos (el gótico, el cyberpunk pero también el materialismo).

El prólogo de Juan Salzano se llama "Deleuze y la brujería" y trabaja con el tema de la naturaleza como un monstruo anomal (no anormal porque, tal como se explica en Mil mesetas, su diferencia antecede toda clasificación) y extático (en analogía con los monstruos de Lovecraft) y lo relaciona con la adivinación como práctica de brujos que siguen el "phylum de la materia-flujo". A ver, si bien el vocabulario puede parecer hermético y alocado (el artículo de Matt Lee, en este sentido, es mucho más académico, más estructurado, se ajusta más al vocabulario deleuziano típico y no juguetea tanto con el sentido), hay una idea de fondo del brujo (y de Deleuze) como aquel que se compone con la naturaleza, con el proceso y con lo imperceptible y esa idea resulta por demás interesante para, como señala Salzano, pensar en una "teratomancia del universo". Me parece un acierto el vínculo que se rescata y se teje en este prólogo entre la naturaleza, el monstruo y la inmanencia y el rol que cumpliría el brujo como aquel que puede captar lo imperceptible proponiendo una "ingeniería de lo imprevisto" que siga los soplos de la naturaleza.

Por su parte, el artículo de Matt Lee, "Recuerdos de un brujo", es una suerte de introducción a los conceptos centrales de la filosofía de Deleuze y Guattari que, luego, se plantea la exploración de un capítulo determinado de Mil mesetas y de los conceptos de "bloques de devenir", "manada", "multiplicidad" y, finalmente, la figura del brujo que también funciona como concepto: es el borde de la manada. Luego, establece los puntos de conexión entre el pensamiento de D&G con el de un oscurantista de principios del siglo XX: Austin Osman Spare y su teoría de los sigilos. Básicamente, la propuesta de Matt Lee se centra en retomar cierto vitalismo, que de la mano de Bergson, aparece en la filosofía deleuziana y que también tiene sus resonancias en las propuestas brujas de Osman Spare. Este vitalismo conduce, en el caso del brujo del siglo XIX, a la búsqueda de técnicas que logren "enchufar a la conciencia orgiástica", en otras palabras, explorar una "nueva sexualidad", una "creatividad aumentada y expandida". Como en el artículo de Salzano, hay un movimiento de retorno a lo preindividual, a lo preconciente que destruiría el ego y daría lugar a un "puro plano de inmanencia" sin sujeto ni objeto. Finalmente, Matt Lee señala que dos elementos pueden tomarse de los pensamientos cruzados de Deleuze y Osman Spare: el modelo de un "universo en devenir" y la experimentación como la técnica apropiada para este mundo.

Finalmente, Deleuze y la brujería recopila una serie de fragmentos del libro de Mark Fisher, Flatline constructs: gothic materialism and cybernetic theory-fiction, bajo el nombre "Materialismo gótico". La propuesta es tramar un pensamiento filosófico sobre el cuerpo, la cibernética y la actualidad sobre la mixtura entre el gótico, ese movimiento literario que trabaja entre lo orgánico y lo inorgánico, el terror y el miedo (vampiros, zombies, etc.) y el materialismo, para la lectura de un capitalismo tardío definido como la producción de máquinas por máquinas. Ahora bien, este materialismo gótico tiene una singular expresión en un concepto, flatline, que aparece en la novela clásica del cyberpunk, Neuromante (1984) de William Gibson. Este concepto, que indica la línea muerta de los electroencefalogramas cuando hay muerte cerebral, es utilizado por Mark Fisher para explorar el estado de suspensión entre la vida y la muerte, entre lo orgánico y lo inorgánico y llegar a desplazar la tensión entre la mente y el cuerpo como la tensión entre diferentes modos del cuerpo (catersianismo versus spinozismo). Fisher lee Neuromante para ver cómo, en la línea de Spinoza, la mente se ve como una "idea del cuerpo" y para resaltar una crítica de "la sabiduría y los límites del organismo"y de la "armonía orgánica". (crítica fundamental en la filosofía de Deleuze a partir de sus menciones a Spinoza y a Artaud pero también a través del concepto de "cuerpo sin órganos", hay un apartado muy lúcido sobre el tema en el artículo). El recorrido por la novela de Gibson se entrelaza con menciones al pensamiento deleuziano en el que el autor de Flatline constructs se detendrá de lleno en la segunda parte de la recopilación en la que analiza los concepto de "manada" y de "brujo", resaltando la forma de propagación de la "alianza" (en oposición a la filiación) y el caracter de "anomal" del brujo.

En definitiva, Deleuze y la brujería es un pequeño y estimulante libro que en su complejidad intenta una aproximación al pensamiento alternativo de la magia y la filosofía con el objetivo de indagar en una novedosa "práctica ética de relaciones con lo viviente", tal como lo sostiene Matt Lee en el final de su artículo, y en una concepción diferente del ser y del cuerpo.

sábado, junio 13, 2009

Un porvenir de lo Imaginario (sobre Fantasmas de Daniel Link) [1ra parte]

El regreso. En Fantasmas: imaginación y sociedad (Eterna Cadencia, 2009), Daniel Link le da una nueva vuelta de tuerca al proyecto crítico que viene sosteniendo desde, por lo menos, Cómo se lee y otras intervenciones críticas (Norma, 2003), pasando por, obviamente, Clases: literatura y disidencia (Norma, 2005). Este proyecto crítico, como ya lo señalamos en la reseña de Leyenda: literatura argentina, cuatro cortes (Entropía, 2006), se caracteriza por ciertos rasgos particulares: algunas obsesiones productivas (la lectura, la tecnología, la industria cultural, los géneros, la vanguardia, los monstruos; a las que se agregan, a partir de este nuevo libro: la imaginación, las comunidades, los fantasmas, la paranoia, la infancia); una postura desclasificada, nómade, que se desplaza por distintos ámbitos (periodístico, académico, ensayístico, ficcional, etc.) sin quedar fijado en ninguno de éstos y desdibujando sus límites; una trabajo artesanal e iluminador con las citas y los conceptos de cierto star system de la filosofía contemporánea (Agamben, Deleuze y Foucault pero también, y sobre todo en Fantasmas, Blanchot, Bataille, Antelo y Sontag); y por último, una recuperación de los propios restos, de los despojos que va dejando su itinerario como crítico, profesor, narrador, etc.

¿En qué legalidad fundar alguna, cualquiera, negación del mundo? Ahora bien, en Fantasmas, Link no sólo continua este proyecto (este estilo, si se quiere) sino que, en la línea de Clases, se plantea interrogantes alrededor de la ética, la estética y la política. Sin embargo, tal como lo señala el propio autor en el primer texto del libro, “Umbral”, ya no se trata de volver a dar cuenta de los dispositivos de normalización de la cultura y del Estado (ya lo hizo, de forma lúcida y minuciosa, en el libro publicado en 2005), se trata, más bien, de continuar pensando la formas de negatividad que desarticulen y vuelvan ineficaces dichos dispositivos, dichas clases. Así, en Clases, las formas de negatividad política iban de la mano de la vía doble de la ascesis (encarnada en la figura de San Sebastián) y de la transgresión (una política del monstruo, sostenida en el pensamiento de Georges Bataille); en cambio, en Fantasmas, Link se ocupa de indagar otra fuerza de negatividad: la imaginación.

Cartas de lo imaginario. Tal vez, una de las partes más interesantes del libro, como ya lo dije cuando amenazaba con escribir esta reseña, sea “Cartas”. En dicha sección, tramada en el formato del mail que el estimado profesor contesta a sus interesados alumnos, Link recorre (en cierto sentido, recupera) las principales teorías de la imaginación (Sartre, Lacan, Caillois, Blanchot), trabaja la tensión entre la ‘pasión por lo real’ que movilizó al siglo XX (Badiou) y su rechazo de toda imaginación, y anuncia, junto a Agamben y a Barthes, el retorno del gesto y del adjetivo, reconociendo que hay un ‘tiempo del señuelo’: “como ya no existe el riesgo de dejarse atrapar por las fábulas del “yo”, es hora de devolver un porvenir a lo Imaginario” (p. 56). En este movimiento, de lo que se trata, entonces, es de recuperar la imaginación como fuerza negativa que niega la realidad), una fuerza prehumana y presubjetiva que nos arrastra. Dejando atrás los problemas del poder y el límite, Fantasmas nos plantea una juego de potencias negativas, de movimientos, de gestos sin contenido, todas unidades de pura seducción (como el canto de las sirenas). Volviendo al apartado “Cartas”, además de reponer el recorrido teórico de la imaginación, Link nos propone algunos imaginarios para pensar el siglo XX y el siglo XXI: la imaginación humanista (que entra en crisis, en cierta medida, por las guerras mundiales y las revoluciones), la imaginación dialéctica (encarnada en un tipo de negatividad destructora), la imaginación pop (que tanto desbrozó en Clases), la imaginación del desastre (cuyas unidades son: nihilismo, depresión, nostalgia y melancolía) y, en la última sección del libro, la imaginación novomundana (ligada al ‘Nuevo Mundo’, a Latinoamérica, al espacio agujereado y las comunidades abandonadas). Cada imaginación tendrá sus concepciones de tiempo, sus unidades, sus fantasmas; la idea es intentar rastrear dichos fantasmas (no cazarlos: la cultura es un ghostbuster) y describirlos según su “definición indefinida” y la lógica que los relacione.

Continuará...

lunes, octubre 23, 2006

La fiesta interpretativa

(Aclaración: lo siguiente es una lluvia de ideas, no un texto “coherente”.)

Hace un tiempo que vengo pensando en la utilidad de la crítica literaria y, sinceramente, cada vez estoy más desilusionado. En principio, convengamos que leo más libros de crítica y teoría literaria que de literatura. No hay nada que hacerle, mis gustos metaliterarios pesan más que los “primarios”. Pero en este trance de lecturas y en el proyecto de un futuro, comencé a pensar en la crítica literaria y su utilidad. Confieso: no llegué a nada.

Hay que decirlo: la fiesta interpretativa es para unos pocos. La crítica literaria, ni que hablar de la teoría literaria, tiende a la formación de cenáculos donde se discuten las lecturas que se hacen de la literatura desde las perspectivas teóricas más intrincadas del universo discursivo. ¿Qué persona no preparada en estos menesteres entiende, por ejemplo, a Ricardo Piglia? Me acuerdo que en una librería (de útiles, no de libros), conocí a una chica que estaba terminando el secundario y que tenía que rendir una evaluación sobre El juguete rabioso de Arlt. Yo, iluso, le presté para que fotocopiara la lectura que hace Piglia del mismo (la del dinero, la transgresión y la circulación de la lectura). En su momento le dije que si no entendía el artículo, que me escribiera. De más está decir que nunca me escribió y todavía hoy tengo la incertidumbre de si lo habrá entendido o no. Vaya uno a saber...

La crítica literaria es el placer masturbatorio de rescribir, sobrescribir y contraescribir una escritura ya trazada en la hoja en blanco. No se parte desde la nada sino desde la proliferación de sentido que expone esa escritura que pide a gritos ser interpretada, ser leída, ser ordenada por alguien o por algo que encuentre su sentido. Sin embargo, la crítica literaria agrega su plus de significado a la literatura que proviene ya sea de la contextualización del texto como de las referencias a las condiciones de producción del autor o la inscripción de la lectura a un sistema o una corriente interpretativa determinada.

Ahora bien, todo eso: ¿de qué sirve? Entiendo que para algunos autores es necesario leer con detenimiento, desarrollar ideas que le den sentido al texto pero, igualmente, no termino de captar la utilidad de la crítica. Sí, ya sé, la “noción de gasto”, la inutilidad de la literatura, etc. Pero no me satisface escribir sobre la literatura si eso no permite ninguna transformación en la realidad: me siento en aislamiento total, escribiendo lecturas para compartir entre colegas y en congresos eruditos que hablan sobre lo transgresor que es Bolaño pero que no explican como llevar esa transgresión a la práctica. El vínculo entre la crítica y la realidad está roto, ni que hablar de su relación específica con la política. Es divertido leer desde Bataille o desde Deleuze a todos los autores vanguardistas o buscar la ideología en Borges, pero no veo que eso produzca algo en la sociedad. No quiero caer en un pensamiento protorevolucionario ni en la espera de una transformación que no asoma por el horizonte, pero tampoco me llena encerrarme en la torre de marfil a cuestionarme sobre si Sarmiento es o no es el primer escritor de la literatura argentina.

miércoles, agosto 30, 2006

Micropolítica: cartografías del deseo de Suely Rolnik y Félix Guattari (Tinta Limón ediciones, 2006)

"La idea inicial era que el libro fuese un diario de viaje, un simple trabajo de edición de las más de mil páginas de transcripción de las charlas. Sin embargo, en el contacto con los textos, se fue imponiendo otro proyecto: era una oportunidad para registrar cierto aspecto de Guattari que no aparece en sus libros. Él mismo define este aspecto como el sentimiento de estar siempre tomando «olas que nos transportan, haciendo surf en la articulación de toda suerte de vectores de inteligencia colectiva». El libro permitiría mantener vivo, en la escritura, al Guattari apasionado por las aventuras de invención individuales y colectivas —muchas veces punto de partida de su proceso de creación de conceptos, un work in progress que Guattari emprendía incansablemente en su día a día. Los encuentros que constituyeron el viaje y el trabajo de pensamiento movilizado por ellos es lo que yo quise hacer presente en este libro."

Acá, Micropolítica: cartografías del deseo de Suely Rolnik y Félix Guattari (Tinta Limón ediciones, 2006) (Vía Rizomas).

PD.: Chequéen la página Caósmosis que tiene textos interesantes y afines al tema (Toni Negri, Gilles Deleuze, Félix Guattari, Jean Baudrillard, Michel Foucault, anarquismo, etc.)

jueves, agosto 03, 2006

Deleuze está fuera de sektor

"¿Se imaginan al pelado Foucault de campera negra y tachas, vociferando “vigilar y castigar” en un tema heavy? ¿Y a Deleuze, trashero, redimiendo el miedo del mundo?[...] Gastón Pérsico –diseñador gráfico, amante del metal– tomó textos de ambos filósofos y, mediante la técnica cut-up, los transformó en canciones duras.[...]"

La nota completa, acá.

PD.: Si alguien sabe dónde se consigue Heavy mental, que me lo comunique porque estoy ansioso por escucharlo.

lunes, mayo 22, 2006

Re-cortes (sobre Leyenda de Daniel Link)

  • Leyenda: literatura argentina, cuatro cortes (Ed. Entropía) se divide en cuatro cortes cronológicos en función de una arqueología de la literatura argentina. Cada corte se presenta como una cartografía de autores ligados a partir de uno o varios conceptos que están explícitos en los tres primeros cortes (el género policial y la industria cultural; la crítica, la política y el contexto; la violencia, la mass-media y el estilo) y más difusos en la cuarta parte (aunque el objetivo del libro, en parte, consiste en mostrar que las ideas de los anteriores cortes reaparecen y condicionan al último: la literatura contemporánea).
  • El segundo corte, sobre la crítica literaria que se renueva a partir de Contorno, parte de la división de la crítica literaria en su estatuto institucional académico y periodístico, ambos vinculados con diversas lógicas (universitaria y de mercado). Desde este desdoblamiento, Leyenda puede ser leído en esa tensión: los tres primeros son claro ejemplo de la crítica académica; en cambio, el último se inscribe y se escribe desde la crítica periodística. Link, como en sus anteriores libros, escribe en esa tensión y a su vez la supera, mezclándo las dos lógicas en una crítica distinta que escapa a la homogeneidad de un discurso establecido esgrimiendo esas tres variables, también (y tan bien) señaladas en el segundo corte: una redistribución de saberes; una intervención política; y una escritura.
  • Sólo con tomar los títulos de los cortes se pueden vislumbrar las lentes con las que Link lee la literatura argentina: Peronismo y misterio; Crítica y política; Crisis de la literatura; y Milenio: Restos diurnos y Márgenes. Retomando una frase del prólogo queda claro tanto el uso de estas variables como el objetivo de Leyenda: “...parto desde el presente para entender de dónde nos viene (de dónde imaginamos que nos viene) una determinada relación (una relación actual) entre literatura y cultura industrial, crítica y verdad, arte y política.”(Pág. 16) Estos últimos conceptos no se limitan a aparecer en un corte sino que van desplazándose de uno en otro, relacionándose entre sí y reformulándose en relación con el contexto histórico y social en el que se inscriben. Por eso, si en el segundo corte (Crítica y política) la crítica argentina “adquiere conciencia... de sus posibilidades políticas...” a partir de “condiciones históricas precisas” (Pág. 63), en el tercer corte (Crisis de la literatura) la literatura misma se presenta como un conflicto entre la estética y la política donde la “irrupción de fuerzas antiestéticas” generan una escritura desde la violencia.
  • Las citas en Link funcionan en diversos planos: por un lado, son citas de autoridad que le permiten sostener el discurso, una coro de voces que constituyen la médula de cada uno de los ensayos, un repertorio de fragmentos que provienen de otros discursos entrelazados con el discurso del propio Link. A su vez, da la sensación de que la cita es una invocación casi religiosa a los que ya pensaron antes lo que Link quiere decir, en este sentido retoma las citas para reformularlas, para continuarlas o para enfrentarlas pero siempre utilizando al fragmento como punto de salida. Por último, autores como Deleuze, Foucault o Agamben no sólo se presentan citados sino que irrumpen en el discurso crítico de Link como guías y cada una de las citas o los conceptos que de ellos provienen son antorchas que iluminan el recorrido de su pensamiento, es imposible pensar el discurso de Link sin la incidencia, sin la presencia de estos autores.
  • En Leyenda, Link recorre la literatura argentina desplazándose entre zonas que a pesar de su heterogeneidad están íntimamente conectadas. Si el punto de partida es el género (policial, en este caso) donde la literatura se transforma desde la industria cultural; la próxima parada será la crítica literaria en relación con la política y su autoreconocimiento; luego, la literatura misma, su violenta contextualización durante los años 70' y su vuelta hacia la política y contra el género; y por último, la lectura desde el periodismo, la reseña, el repertorio de autores particulares contemporáneos. De este modo, reaparece ese nomadismo que caracteriza la crítica de Link, estar siempre “entre” y nunca en un punto particular; como si la posibilidad de pensar a la literatura sólo pudiera ser alcanzada mediante el estar, a la vez, dentro y fuera de ella. Clara muestra de esta postura son sus anteriores libros en los cuáles la literatura se mezcla con el cine, la tecnología, la filosofía, etc. Como bien dice Patricio Lennard en su reseña para Página/12, Link se postula claramente como un "crítico a secas", desligándose de toda especialización.
  • Ya desde Cómo se lee y otras intervenciones críticas (Ed. Norma), Link trabaja con sus restos, sus despojos, los rastros que su desplazamiento nómade-crítico va dejando por los lugares donde pasa. Los tres últimos libros están compuestos por artículos publicados en diversos ámbitos (periodístico, académico, internet, clases) y reconstruyen, como si fuera una especie de vitral: una unidad heterogénea que en cada una de sus partes (o textos) reenvía hacia un todo en el cual se inscribe. De esta manera, la escritura crítica se multiplica a través de sus distintas inscripciones, recorre caminos y posiciones variadas, y se presenta, desde el vamos, como distinta a sí misma. Entre las citas, los deplazamientos y las diversas inscripciones de su discurso, Link se muestra casi inasible y desarma, por su insistencia, las categorías rígidas en las que suele caer la crítica literaria.
  • A lo mejor a falta de una idea rectora (como lo son la idea de "disidencia" en Clases y las de "tecnología" y "lectura" en Cómo se lee), Leyenda parece ser más un panorama que un proyecto teórico-literario. Sin embargo, como el plano de la crítica literaria es la matriz del libro y con las implicancias que conlleva, puede realizarse la misma lectura que Link recomendaba en Cómo se lee: una lectura paranoica en base a los indicios que brillan en cada corte, conformando una serie a la cual se vuelve necesario otorgarle un sentido. Prestando atención a estos indicios, Leyenda nos reenvía a las problemáticas y obsesiones (la lectura, la industria cultural, los géneros, la tecnología, la vanguardia, etc.) con las que Link viene trabajando hace tiempo, nos revela su posicionamiento frente a las mismas y produce la inquietud necesaria para que el lector intente responder a esas cuestiones o, por lo menos, para que le otorgue sentido a esas lecturas (una de lectura de lecturas).

 

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