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domingo, junio 28, 2015

La viuda pobre, la Convención de Berna y el artista de vanguardia

La figura de la viuda pobre como punta de lanza —muchas veces sumada a los huérfanos desahuciados del hombre de letras— fue durante bastante tiempo un bonito comodín en la discusión sobre los derechos de autor y, en particular, sobre el plazo post-mortem que cubriría el reconocimiento de dichos derechos. Al menos desde la muerte de Jorge Luis Borges (1986), la literatura argentina ha visto consolidarse esta figura pero ya no como retórica sino como entidad de carne y hueso, con nombre y apellido. María Kodama se llama la viuda (no tan) pobre que aprovecha el “disfrute hereditario de la obra artística” de Borges. Ese primer anacronismo acompaña a Kodama en su curiosa “defensa” de los textos de Borges.
Sin embargo, la noticia del procesamiento del escritor argentino Pablo Katchadjian por su libro “El Aleph engordado” (publicado en 2009 por una editorial pequeña perteneciente al autor, con una tirada de cerca de 200 ejemplares) ha terminado demostrando que en el caso de la viuda de Borges la postura intransigente y persecutoria tiene más que ver con los derechos morales de la obra que con los derechos económicos.
Algunas ideas que escribí sobre el procesamiento a Pablo Katchadjian siguen acá.

viernes, julio 25, 2014

Prólogo a Los reportajes de Félix Chaneton (Juan Manuel Levinas)

En 1984, Carlos Correas publicaba su novela Los reportajes de Félix Chaneton por la editorial Celtia. Hacia 2000, conseguirla era casi una tarea utópica. Una novela poco leída e inhallable. Encontré un ejemplar usado, de casualidad, y pude tener una experiencia de lectura extraordinaria, como las que suele proponer Correas en su narrativa y ensayística (si es posible distinguir entre ambas). 
Por suerte, en plan de recuperación de la narrativa de Correas, hace un par de años, la editorial Interzona publicaba Un trabajo en San Roque (2005), para volver a leer cuentos fundamentales como "La narración de la historia" y otros inéditos que recuperan el tono de Los reportajes... Años más tarde, la editorial Mansalva recuperaba otros textos en Los jóvenes (2012). Sin embargo, quedaba como deuda pendiente la reedición de Los reportajes de Félix Chaneton. 
En 2014, treinta años más tarde, Interzona reedita la novela de Correas, con prólogo de Edgardo Scott. No puedo menos que celebrarlo (y sostener el interrogante por el proceso de canonización al que podríamos estar asistiendo). Para ello, subo el prólogo que abría la vieja edición de Celtia, un prólogo apócrifo firmado por un tal Juan Manuel Levinas.


Prólogo (Juan Manuel Levinas)

Los tres relatos que siguen fueron encontrados entre los papeles de Félix Chaneton. Corresponden a tres momentos sucesivos de su vida. Aquí aparecen por primera vez. Se trata, pues, de una publicación póstuma.
El título para el conjunto —Los reportajes de Félix Chaneton— me pertenece y creo indicado justificarlo. Como de ordinario entendemos por reportaje el texto elaborado tras una encuesta personal del autor, mitigaremos condescendientemente, según se quiera, esa ordinariez si encuestador y encuestado son uno y el mismo en el hecho estético. No porque la sola belleza no pueda ser ordinaria; no ordinaria es la belleza inventada desde la nada y con la materia. Estos reportajes son autorreportajes a modo de capítulos de una novela autobiográfica. Son las encuestas que se hizo quien debió descubrir que el hombre es hombre al ser cuestión de su ser, pregunta por sí mismo.
Venturoso y desasosegado descubrimiento, conque signifique arrostrar el miedo de pensar y actuar, pero igualmente el encontrarse en peligro en el mundo y en la sociedad. "¿Quién y qué soy?" "¿En qué me estoy convirtiendo?" "¿Qué hacer conmigo mismo?" son algunas de las rutinarias o balbuceantes fórmulas por las que vivimos y nos representamos la interrogación del ser hombre.
Y siendo imposible fundar literariamente lo propio sin fundar lo ajeno, toda autobiografía es una heterobiografía. Para contar una vida hay que volver contable la vida. Y ¿con cuál método? Problema humano: por el hombre vienen el cuento, la confesión y el método a la vida. Pues si yo soy lo que son los otros, confesarme es declararme y declarar a los hombres en mí.
Esta novela autobiográfica es una versión de sí mismo con los otros que ofrece el autor. No diré que es la única versión, pero sí la única literariamente verdadera y, entonces, materialmente falsa. El autor se reclama "creador", porque la obra es la "criatura" humana que es sólo efectiva, sólo vive, si los otros la nutren, amparan y limitan. El tradicional análisis de que un autor no consigue escapar a sus límites ha de ser reemplazado por la comprensión del autor que persigue y halla, felizmente, sus límites en los lectores. Pero debe hallarlos devastando las inercias institucionales de muerte que aún separan a los hombres. Los autorreportajes novelados de Félix Chaneton serán construcción de literatura si son aniquilación de la realidad, dada; por lo que tendremos calidad literaria en la medida en que la literatura sea destructiva: éste es su procedimiento definitorio, pues nada puede haber más inane para la literatura misma que la edificación. Así, es miserable para la literatura, el simple patetizar dichas o desventuras o el simple pormenorizar goces; un erotismo sin inmoralidad es la tontería doméstica; por el contrario, la pornografía, cuando es inventiva y no pobre estereotipo y receta probada, comporta ya más fuerza en su disolvencia: es la inmoralidad en estado, de gracia infantil.
Y puesto que inicialmente no hay literatura más que en nuestra imaginación, habrá que crearla con palabras. Chaneton, veraz fraudulento o apócrifo investigador, resultará de su obra y de sus lectores: aquélla y estos serán los autores de Félix Chaneton autor. Lo escrito por Chaneton ¿fue verdadero?, ¿fue falso? Solamente Chaneton literato será real. Los acontecimientos debieron ser convertidos en apariencias eficaces para que la realidad del autor pudiera ser literaria, la imagen necesaria de su texto novelesco. Y porque amé como pude a Chaneton, aunque él me ignorara, quiero sentir que esa conversión ocurrió, que Chaneton logró, antes de su muerte súbita, poner punto final no sólo a lo que quiso decir, sino a lo que había que decir.

Correas, Carlos (1984): Los reportajes de Félix Chaneton, Buenos Aires, Celtia, pp. 11-13.

PD.: Acá, una entrevista a Carlos Correas de 1990, realizada por Jorge Quiroga y recuperada por un blog genial llamado Palabras amarillas.

sábado, diciembre 07, 2013

La abanderada de los humildes (7)

Previously: "Casandra", de J. R. Wilcock
"El único privilegiado", de Rodrigo Fresán
"(Star Quality)", de Edgardo Cozarinsky
Cine (fragmento), de Juan Martini
"La razón principal", de Luis Gusmán
La ciudad de los sueños (fragmento), de Juan José Hernández

Como nada se pierde, todo se retoma, vuelvo a mi estimada renovación de corpus alrededor de la abanderada de los humildes, Evita. En este caso, vía El oasis, dejo el relato de César Aira, "Las dos muñecas". Es interesante cómo recupera "El simulacro" de Borges, la perspectiva de la infancia y el peronismo (que luego desplegará con altísima calidad en El tilo) y lo ominoso de las muñecas como juguetes casi reales. El relato fue escrito en 1995 y recopilado en La trompeta de mimbre (Beatriz Viterbo, 1998).

Las dos muñecas (César Aira)

Evita tenía dos muñecas “Evita” de tamaño real, que había mandado a hacer especialmente, idénticas a ella y entre sí. Las necesitaba por la cantidad de actos a los que debía asistir, en razón de la importancia que tenía su figura en el ritual peronista. La idea original era mandar hacer una sola, para poder duplicarse y satisfacer con su presencia a más gente; pero después se le ocurrió que con el mismo esfuerzo necesario para hacer una se podían hacer dos, y tendría más margen de acción. En realidad, hecha una también se podían hacer diez, o veinte, o mil; pero se limitó a dos nada más porque con dos sus necesidades quedaban cubiertas, y le resultaba chocante tener una legión de réplicas. A los alemanes que se las hicieron les dijo que las quería a las dos igualmente perfectas, porque como nunca se sabe qué va a pasar, nunca sabría cuál de las dos debería utilizar. No quería tener una mejor que otra, una “favorita” y una “de repuesto”, sino dos muñecas iguales. Y las tuvo. Se las entregaron en sendas caja de níquel con cerraduras de seguridad, que fueron depositadas en un cuarto de acceso restringido de la Residencia Presidencial. Los chambelanes de la Señora sacaban una y otra, a veces las dos a la vez, según las necesidades de la agenda, y durante años cumplieron sus funciones sin que nadie cayera en la cuenta de la sustitución. Eran asombrosamente pequeñas pero las medidas estaban bien tomadas, y respondían hasta el último milímetro al modelo. La realidad siempre es ligeramente más extraña de lo que uno espera. Las muchedumbres fervorosas que la veían aparecer en persona ante sus ojos la agigantaban, y llenaban con ella todo el espacio de su memoria, para siempre. Las instrucciones a los fabricantes habían sido cumplidas cabalmente: se había logrado la perfección. Pero sucede que la perfección, como todos los absolutos, es una cuestión muy resbalosa. Eran perfectas, es decir idénticas, pero ese rasgo no era recíproco. Lo cual produjo, llegado el momento, un accidente muy triste, que por suerte para el régimen quedó secreto.
Sucedió en una de esas ceremonias, entre grotescas y conmovedoras, típicamente peronistas, que tenían lugar casi todos los días en alguno de los barrios populares del Gran Buenos Aires. En este caso se trataba de la inauguración del campo recreativo de un sindicato. Era una tarde hermosa de primavera, a las siete. Se había anunciado la presencia de Evita, y allí fue una de las muñecas… y la otra. Porque por un malentendido en el personal a cargo mandaron a las dos, ataviadas con el mismo tailleur pied de pule blanco y negro, el mismo sombrerito, los mismos zapatos de gamuza negra, cada una en su respectiva caravana de Cadillacs y motociclistas que partieron con dos o tres minutos de diferencia.
Todo el barrio se había dado cita. Los bombos hacían latir el suelo y las casas. Por unos parlantes se hacían los anuncios y se pasaban tangos… Una característica del peronismo fue que no se propuso dominar el mundo, sino sólo la Argentina. Eso bastó para hacer de la Argentina un mundo: el mundo peronista. El sol se ponía tras las casitas vacías, al fondo de las calles de tierra. Los pájaros cantaban en los árboles del parque sindical. La multitud se inflamaba en la expectativa… ¡Y de pronto la anunciaron! ¡Ya estaba aquí! Un grito unánime salió de las gargantas y miles de pañuelos se agitaron. “Evita” había aparecido en el estrado, más hermosa que los sueños donde vivía, más real que la esperanza. Como sucedía siempre que se presentaba, nadie podía creerlo del todo. La tenían tan presente, todos los días… Su realidad en cierto modo distorsionaba la percepción, y fue por eso que nadie se dio cuenta que había dos.
Las aclamaciones se transformaron con naturalidad en la marchita, y después empezaron los discursos. En primera fila, flanqueando a “Evita”: el obispo, el intendente, el secretario del sindicato, la representante de la rama femenina, diputados, ministros provinciales y colados. El público fijaba la vista con arrobo en la Señora, en una o en la otra. Los corazones decían “¡Presente!”.
Era la primera vez que las muñecas se veían entre sí (y fue la única). Estaban atónitas, porque las dos ignoraban la existencia de la otra. La ignoraban en la medida que podían hacerlo, en su limitadísima psicología de objetos, que en esta circunstancia tocó sus trémulos extremos. Mientras saludaban, y cantaban la marcha, y volvían a saludar, notaron que todos sus gestos eran los mismos, que se movían al mismo tiempo y lo hacían todo igual. Cuando empezó el discurso del Ministro de Trabajo, las dos clavaron la vista en el mismo punto del vacío, con el mismo gesto cortés de fatiga. Habían decidido ignorarse, porque parecía lo único razonable, pero la curiosidad pudo más. Se volvieron una hacia la otra, se miraron francamente, con la misma duda en los ojos. Pero, ¡qué difícil hablar, hacer una pregunta o responderla, sin que la otra no lo hiciera al mismo tiempo! Cada pregunta que pudiera hacer una, se la haría la otra, y no valía la pena oír la respuesta porque era lo que respondería ella. En una cascada vertiginosa, todo el diálogo se anticipaba a sí mismo y se consumía en un fuego de revelación: no era la única, y eso significaba que no era ella. Una tristeza inmensa la invadía, su tonto narcisismo de muñeca se disolvía, y no dejaba nada en su lugar. Era casi como si todo el mundo se disolviera y se volviera nada: la tarde de primavera, el pueblo, la Argentina… Todo se hacía atrozmente transparente, un desierto que en adelante debería atravesar sin esperanzas, sin ilusiones.
La puesta de sol había difundido por todo el cielo un intenso rosa, que se derramaba en la tierra y afectó su naturaleza de muñecas. Corrían lágrimas por sus mejillas, y el pueblo reunido frente al palco también lloraba, no sabía por qué. Era la infancia de la Argentina, la edad de los juguetes.

César Aira, 21 de Agosto de 1995

sábado, enero 19, 2013

Autocensura

Tanto la censura como la pornografía son géneros artísticos extremadamente complejos. La estética del censor ha compuesto con los años un texto ilegible (inalcanzable) con tramos del Ulises de Joyce, las Memorias de una princesa rusa, escenas de las películas de Armando Bo (y de otros), estatuas con taparrabos, etcétera. Expedirse sobre el tema con absoluto rigor implicaría, por lo tanto, un refinadísimo análisis de toda la cultura. Trabajo seguramente pornográfico, censurable.
Así comienza el breve texto "La estética del censor" de Osvaldo Lamborghini, posteado por otro Osvaldo, vía Christian Ferrer. Me tienta leerlo de la mano de Bataille y sus elucubraciones sobre el gasto y lo sagrado, sus rescates desesperados de lo heterogéneo. El desplazamiento de la censura a la autocensura me parece central para pensar su poética. En todo caso, léanlo completo: sigue acá.

sábado, julio 07, 2012

Juvenilismo


Llegó. Ahora, gracias a Mansalva, podremos leer "Los jóvenes" de Carlos Correas de forma completa. Por lo demás, el libro recopila textos ya aparecidos aquí y allá: "Las armas tiernas"; el hitazo "La narración de la historia"; y "Algo más sobre mi caso". Bien, seguimos en la procesión hacia el canon: después de OL y de Copi, llega Correas. Sólo falta que reediten ese novelón Los reportajes de Felix Chaneton.

sábado, junio 30, 2012

Sin nombre (Copi)

Nota: para leer las páginas en un tamaño amable a la vista sólo tiene que abrir las imágenes con la opción de "Abrir en nueva pestaña" en el menú desplegable del botón derecho del mouse. De otro modo, sus ojos se esforzarán por leer una letra minúscula y unos trazos delgadísimos. Queda dicho.

Previously: Las costumbres incaicas
Recuerdos de circo
La última disputa
Kang
Los viejos sentimientos
Se han comido a papá
Mister Morton
Hotel de citas
El helado
La última cosmonauta



En Revista Fierro, nº 36, octubre de 2009.

sábado, marzo 03, 2012

¿Quién de nosotros escribirá "El niño proletario"?







"Clase media: Wachifiesta" por Langer en revista Barcelona, 24 de febrero de 2012, Buenos Aires, pp. 24-25.

lunes, enero 16, 2012

La última cosmonauta (Copi)

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Recuerdos de circo
La última disputa
Kang
Los viejos sentimientos
Se han comido a papá
Mister Morton
Hotel de citas
El helado





En Revista Fierro, nº 18, abril de 2008.

jueves, enero 05, 2012

El helado (Copi)

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La última disputa
Kang
Los viejos sentimientos
Se han comido a papá
Mister Morton
Hotel de citas



En Revista Fierro, nº 12, octubre de 2007.

viernes, diciembre 23, 2011

Hotel de citas (Copi)

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Mister Morton





En Revista Fierro, nº11, 2da época, septiembre de 2007.

sábado, diciembre 17, 2011

Todo queda en familia


Los chicos y chicas de el interpretador tardaron pero volvieron con toda: el número 37 de la revista es un megasuperespecial sobre dos pares de hermanos: los Viñas y los Lamborghini. Análisis, reseñas, entrevistas, cronologías, una polémica divina entre OL y DV en torno de la figura de Evita en las páginas de Marcha y hasta un inédito del buen David: "La ciudad en la novela de América Latina. 1. Buenos Aires". Periodismo de investigación cultural, le dicen, y como nos tiene acosutmbrados todo bien sazonado con introducciones críticas, artículos detallistas y ensayos dinámicos. Una joyita, pasen y vean.

viernes, diciembre 16, 2011

Mister Morton (Copi)

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Recuerdos de circo
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Los viejos sentimientos
Se han comido a papá




En Revista Fierro, nº9, 2da época, julio de 2007.

sábado, diciembre 10, 2011

Se han comido a papá (Copi)

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Los viejos sentimientos





En Revista Fierro, nº7, 2da época, mayo de 2007.

miércoles, noviembre 30, 2011

Los viejos sentimientos (Copi)

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Recuerdos de circo
La última disputa
Kang



En Revista Fierro, nº5, 2da época, marzo de 2007.

miércoles, noviembre 23, 2011

Kang (Copi)

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Recuerdos de circo
La última disputa


En Revista Fierro, nº4, 2da época, febrero de 2007.

viernes, noviembre 18, 2011

La última disputa (Copi)

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Recuerdos de circo






En Revista Fierro, nº3, 2da época, enero de 2007.

lunes, noviembre 14, 2011

Recuerdos de circo (Copi)

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En Revista Fierro, nº2, 2da época, diciembre de 2006.

miércoles, octubre 19, 2011

200 años, 200 libros


Acá, la lista de libro escogidos (gracias, eblogtxt). En cualquier momento, hago mi aporte con mis 15 elegidos. Si alguien se anima, puede dejar sus propios en las comentarios.

domingo, abril 10, 2011

"Los jóvenes" o el camino hacia el canon literario

A la una de la mañana el Anchor languidecía. En el mostrador del bar, varios putitos de calzoncillos anatómicos beben Coca-Cola. Junto al piano bailotean torpemente dos ingleses de porongas lechosas. Los farolitos rojos dan la justa luz para ese pequeño quilombo de pajeros. Mesitas alcahuetas y lustraditas, mozos con aire de perros, espejos estratégicos para que los putitos se deseen de reojo. En una mesa, alrededor de un podrido olor a pescado, hay una hembra fermentando. En la pared del fondo, una lámina vieja de Elizabeth y Felipe de Edimburgo (se comentaba que Felipe ya no se la da más por el culo porque Elizabeth se tiraba muchos pedos y como es sabido, los de Elizabeth Arden). Y en el aire un crepitar bullicioso, una guasca hecha polvo brillante y estrellado. Las locas sentadas miran por la ventana y añoran la ciudad.
Acá, un fragmento de un texto inédito de Carlos Correas, "Los jóvenes". Si tal como lo promete la editorial Mansalva, entre sus próximos títulos se encuentra Los jóvenes y otros relatos, lo espero con impaciencia
Y realizo una premonición (que a lo mejor ya está cumpliéndose): Carlos Correas será en estos años, lo que Osvaldo Lamborghini fue al canon literario argentino los años anteriores. Es decir, prepárense para una oleada de papers, tesis y conferencias sobre un escritor "maldito" en la corte de la literatura canonizada. Al menos servirá para que se lo lea y, sobre todo, para que alguien se la juegue con la reedición de Los reportajes de Felix Chaneton.

viernes, agosto 27, 2010

Germán Rozenmacher no fue un one hit wonder (IV)

En 1970, se estrena El avión negro, obra de teatro escrita en colaboración por Roberto Cossa, Germán Rozenmacher, Carlos Somigliana y Ricardo Talesnik. La obra estaba organizada en una serie de escenas que retrataban la tensión política en torno al peronismo y la posible vuelta de Perón en el escenario político pero también social (así algunas escenas llevan los siguioentes nombres: "La sirvienta"; "Compañero"; "El inversor"; etc.), escenas con una fuerte dosis de sátira social y de humor negro (en particular, en torno al  binomio peronismo-antiperonismo) que se vinculaban a través de una marcha-murga que festejaba la hipotética llegada del "avión negro" (metáfora conflictivo de esperanza y de espera que también puede leerse en el cuento de David Viñas como "El avión negro", recopilado en Las malas costumbres (1963) o en un poema con el mismo título de Esteban Moore (2007)). 
En fin, de El avión negro, vaya una de las escenas que más me gustaron cuando la leí: "El dentista" (resulta interesante que en un cuento como "Cochecito", Rozenmacher vuelva sobre el rol del "odontólogo", el esposo de la amante de Cacho, como un rol social típicamente burgués y antiperonista). Si quieren leer la obra completa, pueden hacerlo acá.

EL DENTISTA

(El supuesto consultorio es un ámbito muy estrecho que ocupa una porción muy reducida del escenario. Una ventana pequeña. Un sillón profesional, el torno y la bandeja con algunos instrumentos. El Dentista está preparando una inyección con cierta impaciencia. La paciente mira aprensivamente.)

DENTISTA
Ay, m'hijita, ni que fuera una criatura...

PACIENTE
Perdone, doctor, pero no soporto el torno...Prefiero el pinchazo.

DENTISTA
Está bien, está bien, perdemos tiempo los dos, pero... (La inyección está lista. Se acerca a la Paciente) Abra bien la boca...Abra más...¡Más!

PACIENTE
(Quiere decir "no doy más") ¡O oi má!
 

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