sábado, enero 19, 2013

Autocensura

Tanto la censura como la pornografía son géneros artísticos extremadamente complejos. La estética del censor ha compuesto con los años un texto ilegible (inalcanzable) con tramos del Ulises de Joyce, las Memorias de una princesa rusa, escenas de las películas de Armando Bo (y de otros), estatuas con taparrabos, etcétera. Expedirse sobre el tema con absoluto rigor implicaría, por lo tanto, un refinadísimo análisis de toda la cultura. Trabajo seguramente pornográfico, censurable.
Así comienza el breve texto "La estética del censor" de Osvaldo Lamborghini, posteado por otro Osvaldo, vía Christian Ferrer. Me tienta leerlo de la mano de Bataille y sus elucubraciones sobre el gasto y lo sagrado, sus rescates desesperados de lo heterogéneo. El desplazamiento de la censura a la autocensura me parece central para pensar su poética. En todo caso, léanlo completo: sigue acá.

3 comentarios:

Yael dijo...

Y... si te tienta, hacelo. Me deja pensando esto de la censura y la pornografía como géneros artísticos. Porque la censura es una acción. De modo que definirla como un género, resulta audaz. Me recuerda dos films diferentes. Dentro de "Cinema Paradiso", están los films censurados por el sacerdote. Y finalmente, el film construido a partir de la censura: el de los besos. Salvando las distancias respecto de lo que hoy es censurable, no deja de ser un ejemplo. A ver si la lectura del texto de Lamborghini no desmiente mi mínima comprensión del fragmento...

Yael dijo...

En efecto, es lo que suponía: el censor es un burócrata que crea nuevos mensajes. Pero los verdaderos titiriteros del censor somos todos en tanto parte de la cultura. La cuestión de la verdadera subversión estaría en dejar de ser un funcionario de las buenas finalidades.

Matías dijo...

Ja, me gustó tu comentario preview y tu posterior comentario de lectura completa. Sí, estoy de acuerdo en que resulta arriesgado pensar la censura como género; creo que OL está pensando en el resultado de los procedimientos de censura y que en esas intervenciones se vislumbran ciertas reglas genéricas. Respecto de tu última impresión, en ese punto veo la cercanía con Bataille: ese desprecio por las buenas finalidades que lo acaparan todo. OL está pensando claramente en su estética de la transgresión, lo que me sigo preguntando (como ya lo he hecho en varios posts de este blog) es si esa estética resulta aún válida en la actualidad...

 

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