martes, mayo 30, 2017

Lo que se viene en 2017 (III) (Nudista)

Seguimos con la propuesta de novedades para 2017. La primera entrega pueden verla acá, la segunda, acá.


La editorial Nudista, con asiento en Río Tercero, está trabajando sin parar y anuncia algunos de los títulos que va a publicar en este 2017:

C6/C7, de Fernando Callero
Un diario de internación construido con una prosa tan exquisita como fluida, que oscila entre la ficción y lo autobiográfico. El autor santafesino sufrió un accidente hace pocos años y en pleno estado de recuperación escribió este libro profundo, poético y divertido.

LAS SIETE MARAVILLOSAS ANTOLOGÍAS CONTEMPORÁNEAS, de Pablo Natale
Con esta selección de libros, antologías por excelencia, Natale vuelve a la poesía en distintos estados de concepción y formas de ser propuesta. Con brillo y agudeza, cada antología se planta con su propia temática, desafío y lógica, donde los lectores somos partes interpeladas, sin pasar desapercibidas.

TERU TERU XY, de Jorge Brondo
El inclasificable artista de Río Tercero nos trae un primer libro, también inclasificable. Brondo es músico, dibujante, poeta y reúne en este volumen, en cada página de este libro, universos gráficos y poéticos que dan cuenta de una creatividad sensible y absoluta.

COMETA DE LA NOCHE NEGRA, de Diego Vigna
La muerte de un familiar puede dar origen a distintos interrogantes en el fuero interior y dentro de una constelación de parientes. Esta novela se construye a partir de ese punto y contiene una prosa precisa que hilvana tensiones y suspenso, sin dudas una joya en la narrativa argentina.

LA ESGUINCE Y OTRAS CUESTIONES, de Irene Gruss
Este libro de relatos breves y profunda sensibilidad construye una atmósfera que cautiva desde la primera línea. La escritora propone estas piezas breves, urbanas, donde algo desespera o desvela a los protagonistas, para cerrar con “La Esguince”, uno de los relatos más conmovedores que hay en nuestro catálogo.

LA TARDE DE LOS PROFETAS, de Juan Revol
El joven escritor cordobés, radicado actualmente en Buenos Aires, ha escrito este libro audaz, inteligente y entretenido, de estructura bíblica. La propagación de un virus es la génesis de un giro en el destino de la humanidad y los versículos de estas “sagradas escrituras de la tarde de los profetas contienen un regalo muy especial para todo lector de su doctrina”.

LECCIONES DE ROMANTICISMO ALEMÁN, de Carlos Surghi
Poesía y versos que se transforman en relatos, como una forma de entendimiento de lo que sucede en tiempo real mientras un grupo de amigos acampa en las afueras de la ciudad, en plenos días de invierno. Este libro de Surghi es de una belleza sin límites.

NGORONGORO, de Leopoldo Castilla
Nuevo libro de poemas del Teuco Castilla, donde nos regala en palabras la esencia sonámbula del África, sus bellezas y terrores. y es cautivante cada registro que florece en sus versos, con la cadencia y los silencios de su misma forma de hablar, salteño del mundo.

LUCES DE NAVIDAD, de Francisco Bitar
Reedición del primer volumen de cuentos del autor de TAMBOR DE ARRANQUE y ACÁ HABÍA UN RÍO, que cosechó elogios en toda la crítica y sin dudas es una obra obligatoria para todo lector que disfruta de lo mejor de la narrativa contemporánea argentina. Sobre la base de las relaciones humanas, los vínculos de pareja y sus vaivenes invisibles, todo está condensado con maestría en los relatos de este libro.


domingo, mayo 28, 2017

"Vos tan nazi y viviendo en pleno Once...?" (Fox, mariani y Poni) (1)

En 1988, el poeta y escritor argentino Martín "Poni" Micharvegas publica Dichosos los ojos que te ven en Madrid. El libro casi no circuló por nuestro país; sin embargo, entre sus páginas, quedaron grabadas algunas imágenes y recuerdos alrededor de la figura de Marcelo Fox, autor de Invitación a la masacre. De esto me enteré tras contactar a Poni vía mail y mantener un intercambio breve pero fructífero sobre Fox. Lamentablemente, Poni falleció el año pasado. En uno de nuestros últimos diálogos, me envió fotografías de ese fragmento en  sus libro Dichosos... en el que evoca a reynaldo mariani (el Poeta), compañero de Fox en Opium, quien a su vez evoca al Gordo y su oscuro brillo. Doble mediación entonces: Micharvegas escribe lo que mariani contaba sobre Fox y lo que él mismo recordaba. Palabras sobre palabras y por debajo los rastros elusivos del autor de Señal de fuego. Va la primera parte del fragmento. 


Marcelo Fox en Dichosos los ojos que te ven (1988), de Poni Micharvegas

Cualquier rescate. Aún el rescate de su confesión de estar ya totalmente jugado (cosa que nadie iba a dudar): su libertad era un anarquismo indeciso. Prefería merodear el mundillo de los frustrados que venden zapatos de mujer y ropa de temporada… Entendía pésimamente lo que pasaba con todo, con nosotros, con Perón, con la Argentina. Una hubiese olvidado todo lo dicho sin consistencia en esa mesa. Una vez más la sesuda realidad se nos negaba. Pasaba a ser alpistecito de sociólogos, historiadores y políticos: los nuevos dueños de la literatura. Pero su relación con El Gordo era mi intriga.
En algún momento aquello tenía que salir a flote. Daríamos vueltas por los morros llenos de bichas nocturnas que se animan en las escaleritas repletas de ocultos especialistas en la transacción. Y habría que recorrer el mundo del Poeta, con putos melenudos de tetitas insinuantes (hechas con silicones - y decía: yo no creo que eso lo consigan a fuerza de hormonas), en sus histerias y costuras de grandes trajes plateados y coronas de oro falso para las festividades de carnaval. Él también, como yo y el resto de los que fuimos, amábamos lo textual -que es infinito- y la posibilidad profética de entrar alguna vez a la temida trastienda del mundo donde se juegan a los dadas o cartas nuestros destinos. El Poeta esquiceu. Su rescate saludable del cuerpo duró hasta que apoyamos los codos en la dega. Quise hacer abrir una lata de sardinas, pero el Poeta volvió con su vieja palma a golpearse suavemente el mítico hígado. El Poeta bebeu. Un largo trago por su gaznate afónico. Todo el teclado golpeado del mundo. Oh, Jim Ellis, dónde quedó Bird? (el boxeador, lógico, con sus problemitas de isquemia cerebral, no supo qué responder. Solo ensayó un juego de cintura en el cual ninguno de nosotros creyó). De allí, pasamos a un “restaurante baratito de la esquina”. Eran las tres de la tarde en la subida sucia de una calle perpendicular al mar. Hastiados de los días nublados, de las lloviznas de tizne y poeira. Daríamos sentados, una gran vuelta por nombres y recuerdos, sobre kilómetros de olvidos y malos recuerdos, antes de llegar al punto en que hablásemos de El Gordo. Vuelos sobre recuerdos y malos recuerdos: una nueva manía. El Poeta quería decirnos que El Gordo había sido un bebé bello. En el montón quedaban: la fractura del fémur del Yeti y la pálida de la cortada de huevos de Isidro.
Tengo que decírtelo antes de comer. Después podría hacerte mal. I. en el baño de la casa, con una navaja en la mano, agarrando la bolsa por la raíz, pegando el tajo, soltando el alarido.
Pensándolo bien es coherente.
Salvó la vida, parece.
Sus testículos llevados envueltos en una toalla de cara hasta la sala de guardia. La hemorragia a los largo de las piernas, inundando con sus coágulos los mocasines vencidos. Algo más que Vincent.
Algo más lejos que un amor insospechado por una cuñada viúva.
El secuestro de Miguel Ángel, el tiroteo en Mendoza donde caería Paco, la desaparición de Haroldo por manos enmascarados.
Toda una gran vuelta de ronda apocopándose, sintagmáticamente. Quedarías afuera de toda esperanza. Poeta. En tu reloj la hora caía misericordiosa. El tiempo nuestro rebotaba en la tela de tus jeans. Ahora tendremos que mirar hacia adelante donde estaba tu escudilla reasegurada, sujeta con una cadena que en los ratos libres nos colgaríamos al cuello con otras chucherías.

Por lo cual El Gordo no dejaba de brillar, al fondo de su recuerdo, como un lindo mozalbete.
Cómo es eso de cuando uno cree ser y termina siendo lo opuesto a lo que creía? Al Gordo lo deformaron.
Lo conoció en el bar Coto Chico. El Gordo andaba con sus primeros versos mostrables en el bolsillo, con su aire de pavo descomunal (sus anteojos de culo de botella cayéndoseles permanentemente hacia la punta de la nariz), sudado y sucio, hablando de su obra de teatro con monjitas sangrientas. El Poeta se conmovió ante este chico foto lleno de tanta gracia y capaz de despertar tanto repudio. Confesó que lo llevó a la casa:
Y le di de comer y beber como en el Viejo Testamento.
Arriba y abajo, charlando proyectos para impulsar al abismo el féretro con ruedas de la literatura nacional. La hora en que abrían los mitos, narcisos y heroísmos. La hora de las Lauras. Los días de las Tres Marías. De aquel asunto mal fraguado y peor realizado del prostíbulo de hombres con la mayordomía de la Negra Castigadora, la fabulosa ninfa spilimberguiana.
El comienzo de los 60 (mientras el escorpión centelleaba en el cielo con su cola en signo de interrogación). Se iba hacia la escritura que lo contendría todo: disquisición, fanatismo. La hora de la sinceridad rayana en el espanto (juego de la verdad escrita). Tiempo de romper los moldes de la nada. Periodo lleno de declaraciones, de manifiestos, de editoriales para 150 lectores: conferencias hasta el amanecer. De aquel entonces el Poeta conserva resabios en el habla solemne: el uso de arcaísmos. Un detalle fugaz que no le importa en su raíz a nadie. Un retrato de la lengua del poeta ejercitada en la penumbra del balbuceo surreal. Y su odio al barrio.
Pero yo quería saber cómo vivía él. En qué casa? Con qué gente?
Supo por sus cuentos que la Vieja era ciega y que obligaba al Viejo y a él a hacer de la casa un claustro donde no entrara nadie.
Típica familia clase alta decadente: un bisabuelo ministro, un abuelo senador, un padre lleno de ideas que no daba pie con bola en ningún negocio.
Nadie tiene que entrar en esta casa!, dando bastonazos a troche y moche por costillas fantasmales. Orden cerrado con cuerpos a tierra por la violencia de la ciega, repartiendo como un molinete turbo, mandobles a rolete.
Yo tenía mi enigma y quería colaborar en el destronamiento de aquella bruja. Así que forcé al Gordo a llevarme a su casa, un piso grande, roñoso, en Junín y Ayacucho, en pleno gueto. “Vos tan nazi y viviendo en pleno Once, cómo puede ser, Herr Goebels?” Como no tenía respuesta (él también como Martí, y en las antípodas, se sentía vivir en “las entrañas del monstruo”) entrar en su mundo fue más que fascinante. Un salón de aquellos con bustos de mármol caídas de sus peanas y con una alfombra de polvo de cuarenta años de sedimentación. Allí, al trono de la ciega, no entraría nadie. Poder pispiar desde la puerta. Estar casi al alcance de su pelo justiciero (y ella, sentir con ese otro tacto de los ciegos, mi presencia), y El Gordo mintiéndole diciendo que allí estaba él solo. Él solo.
Él solo.
El Poeta reconoció que el asunto del suicidio del Gordo era algo improbable.
Lo que pasa es que nunca salió de los barrios del centro. Tenía su ruletita rusa: cruzar la Nueve de Julio, por ejemplo, sin detenerse, con los ojos fijos, como un ciego, justamente. Me agarraba la cabeza cuando veía los filetes que le hacían los autos. Y El Gordo, inconmensurable, con su mole pesada (elefante unos días, hipopótamo otros) siguiendo adelante con sus trancas de aurora. (...)

Micharvegas, Martín "Poni". Dichosos los ojos que te ven, Madrid, Proletras Latinoamericanas, 1988, pp. 27-30.

sábado, mayo 06, 2017

la contundencia y la gracia

Primera entrega: la escritura es un hecho atómico (sobre hecho atómico ediciones)
Segunda entrega: los matices del gris (sobre 17grises editora)
Tercera entrega: una mirada extrañada (sobre China editora)
Cuarta entrega: las huellas de la imaginación (sobre Fiordo editorial)
Quinta entrega: seguir el hilo rojo (sobre Hilo rojo editores)
Sexta entrega: cuidado con el libro (sobre Cave librum editorial) 
Séptima entrega: trazar recorridos (sobre Excursiones editorial)
Octava entrega: atípicos (sobre editorial Letranomáda)
Novena entrega: conexiones íntimas (sobre Santiago Arcos editor)
Décima entrega: la juntidad espeluznante (sobre La Comarca libros)
Undécima entrega: el deseo de editar (sobre Palabras amarillas ediciones)
Duodécima entrega: entre lo exótico y lo familiar (sobre Páprika editorial)
Décimotercera entrega: cómo narrar lo contemporáneo (sobre Momofuku libros) 
Décimocuarta entrega: entre ruinas y umbrales (sobre Cabiria ediciones) 
Décimoquinta entrega: una excusa para hacer una utopía (sobre hekht libros)
Décimosexta entrega: un choque cuerpo a cuerpo (sobre Alto pogo ediciones) 

Hacía bastante tiempo que no retomaba esta serie de preguntas a proyectos editoriales argentinos pequeños y medianos. Me pareció que valía el esfuerzo retomarlo. Rearrancamos entonces con la editorial El Elefante Blanco (FB). Esta editorial que se inició hacia 1996 sostiene su catálogo con obras recuperadas del olvido de la literatura y la historia argentinas. Tal como lo presentan en su página sus libros son "objetos documentales, crónicas de viajes apasionantes, fuentes originales de distintos períodos de nuestra historia y, además (y quizás especialmente), textos divertidísimos y vigentes".Viajeros como Guillermo/William Hudson o cronistas como Ignacio Ezcurra son autores acobijados por este proyecto que se empeña en rescatar textos y voces. Van entonces las preguntas y las respuestas en boca de Marta Gallardo y Julieta Correa, editoras del sello El Elefante Blanco.



GC: ¿Por qué la editorial se llama El Elefante Blanco?
Marta Gallardo: Un elefante blanco alude a empresas imposibles o incordiosas, pero tiene además la contundencia y la gracia de lo que nos evoca.

GC: ¿Qué criterios tienen en cuenta a la hora de armar el catálogo? ¿Organizan su fondo en colecciones?
MG: Son libros que elijo yo porque me gustan, obras de autores que conozco de toda la vida, que busco o aparecen.

GC: ¿Por qué apuestan por la recuperación de textos, memorias y historias en un campo cultural dominado por la urgencia de novedad y los fantasmas de lo último?
MG: Por patriotismo bien entendido, por tradición familiar, por gusto.

GC: ¿Qué tipo de lector imaginan para sus libros? ¿Qué recepción han encontrado en estos años?
MG: Muy buena recepción, mejor de lo que esperaba.

GC: ¿Qué tienen en mente durante este año, 2017, para afirmar la presencia de la editorial?
MG: Esperen y verán.
Julieta Correa: Este año arrancamos con muy buenas noticias. Quedamos seleccionados para estar en el Nuevo Barrio de la Feria del Libro, estaremos hasta el 15 de mayo en el stand 2107 del Pabellón Amarillo. Estamos súper agradecidas con la Fundación El Libro por el espacio, que no habríamos podido tener de ningún otro modo. Si pasan por el stand, van a poder encontrarnos a nosotras, Marty López Lecube y yo, a Nicolás Bocles que sabe todo y da recomendaciones buenísimas, y 70 títulos del catálogo que no se consiguen en librerías en este momento.

GC: ¿Están trabajando sobre alguna novedad?
JC: Vamos a sacar dos novedades en este primer semestre, la primera es una recopilación de textos de cautivos hecha por Mimí Bullrich con textos muy valiosos e inconseguibles. Además, vamos a reimprimir ejemplares de algunos títulos que no se consiguen hace varios años.

 

martes, mayo 02, 2017

Escritura poemática, un libro sobre el taller de Néstor Sánchez

En los últimos años, el proyecto editorial impulsado por Claudio Sánchez bajo el nombre de La Comarca ediciones nos ha permitido recuperar las obras y las ideas del gran escritor de culto y oculto Néstor Sánchez. Si la editorial irrumpió con un libro inigualable titulado Ojo de rapiña, una recopilación totalmente inédita de artículos y ensayos de Sánchez sobre la escritura y la literatura, este año, 2017, promete una gran novedad: Escritura poemática. Se trata de una obra que recupera las experiencias en el taller literario que brindaba el autor de Siberia blues: testimonios, apuntes, preparación de clases pero también textos seleccionados por Sánchez y entrevistas en las que abordó el cómo escribir y la ética del desacato literario. Meterse en la cocina de la escritura poemática, asomarse a las clases que preparaba Sánchez y las percepciones de sus alumnos y alumnas son algunas de las posibilidades que abre este libro para nosotros, sus lectores.
Va pues la tapa, algunos fragmentos cedidos generosamente por Claudio y el flyer de la presentación que será este viernes 5 de mayo.


Mi idea de crear un taller es de alguna manera la posibilidad de encontrar un grupo homogéneo y perdurable. Tengo cosas que transmitir, además de la escritura, y la posibilidad de discernir la responsabilidad extrema de escribir.
Néstor Sánchez

MÓDULO I

Características:

Una característica indesmentible de esta forma de escritura (que no tiene por qué ser constante) es la obsesividad, el “automatismo”, como podría suceder con un instrumento solista que improvisa largamente.
Si yo vivo la novela como poema, con la relación de ritmo, el capítulo es el verso. Hace falta un lector que advierta las resonancias. Se trata de libros que necesitan una lectura poemática pues fueron concebidos poemáticamente. El lector, habituado a leer novelas donde los elementos de interés se fundan en lo anecdótico fracasa en la relación de resonancia, no está entrenado.
Entonces, ¿qué habría que decir sobre el problema de la lectura? Se habla del adiestramiento del escritor, pero hay que tener en cuenta el adiestramiento del lector que es el reescritor del texto. Sería el adiestramiento de la atención poemática que es fundamental para mi planteo de la estructura novelística.
Pavese decía que el escritor está obligado a leer. Yo lo vivo de la misma manera: un grupo de personas se contagia la posibilidad de aprender a leer. No hay escritura sin lectura. Incluso hay textos que requieren la lectura en voz alta. Una de las experiencias más válidas de mi vida fue la lectura de textos en común. Propongo en el taller esa actividad.

(...)

MÓDULO II

El equilibrio de las herramientas:

• Abolición de los puntos suspensivos y de los signos de admiración.
• Supresión del adjetivo delante del sustantivo (salvo casos muy aislados).
• Valor del silencio (revisión del sentido de pausa: puntuación, espacios en blanco, doble y triple, etc. ej: Hechos memorables - pag. 104).
• La voz propia tiene relación directa con el sentido de pausa y es preciso respetar como en la música, los elementos de la puntuación, estableciendo sus grandes diferencias. En un momento dado incluso pueden faltar.
• Paréntesis.
• Guiones.
• Uso del condicional.
• Cuidar el infinitivo.
• Economía del adverbio. Su importancia expresiva.
• No al gerundio.
• La pregunta: una pregunta extrema, en lo posible extensa
(manejo del tono de pregunta, como con un título).
• Ataque y remate (su importancia).
• Cuidar que lo lapidario no impida trabajar más. No caer con demasiada frecuencia en el remate lapidario; también es posible esperar antes del corte. Con remate se abre el raro conflicto del “propósito” de una escritura, y puede presentirse la posibilidad de aliento.
• Cuando la tendencia es “lapidaria” será necesario leer a autores que tiendan al párrafo amplio, con o sin tendencia a la enumeración: El viento, de Claude Simon, me parece un buen inicio. También el último capítulo de Nosotros dosque, en cierta medida, representó para mí una toma de partido (por supuesto para el contrapunto) en relación con apertura, con búsqueda de aliento.

(...)

Victoria Morana: Fue mi maestro, era una persona sensible y sabía escuchar. Aprendí a hacer un análisis textual, el placer de la disección que permite entender un texto en su totalidad, descifrar en la trama los secretos de la historia. La primera clase propuso un juego: cada encuentro uno de nosotros tenía que llevar una cita para leer en el grupo y debíamos anotarla en el cuaderno. Si tuviese que elegir de las frases que Néstor propuso, las que más lo definirían creo que son: “Todo es vanidad y apacentarse de viento” del Eclesiastés, y “La tentativa que te propongo hacer conmigo puede resumirse en dos palabras: permanecer despierto” de René Daumal.

Inés Pereyra: Me prohibió el uso del punto porque decía que mis frases eran muy lapidarias. Fue buenísimo porque me obligó a tirar de la piola.

Norberto Guarnieri: Sus comentarios eran muy escuetos y había que saber tomar rápidamente lo que decía e interpretarlo. Aquello de la puntuación, siempre recuerdo la coma, el punto y coma; ¡ah!. Los dos puntos: nunca había escuchado hablar de la puntuación de esa manera, algo muy importante en su estructura de enseñanza. Nos recalcaba siempre el cuaderno de notas y la lista de palabras (a la que yo llamaba “palabras listas”) como algo fundamental para cualquier aspirante a escritor; insistía con que la materia prima de un escritor es la palabra, entonces cada uno debía forjar su propio tesoro con frases y palabras que en algún momento iba a utilizar.



sábado, abril 22, 2017

Los géneros de la patria. Entrevista a Josefina Ludmer en El ojo mocho (tercera y última parte)

Esta es la última parte de la entrevista a Josefina Ludmer publicada en 1994 en El ojo mocho. La próxima: Carlos Correas.

Los géneros de la patria. Entrevista a Josefina Ludmer en El ojo mocho (primera parte)
Los géneros de la patria. Entrevista a Josefina Ludmer en El ojo mocho (segunda parte)

Los géneros de la patria (tercera y última parte)

-En el párrafo del Facundo, claro. Ahora: para mí en ese momento era clarísimo de qué modo Sarmiento construía el otro, porque… bueno: eso es una cosa obvia, todo el mundo lo dice “no hay que ahorrar sangre de gauchos”, etcétera, ¿no?, que constituía el revés exacto de la gauchesca, y por lo tanto que había que integrarlo como su revés, y en qué consistía ese ser revés, y entonces yo ahí juego con la idea de Chile, de los Andes separando un lado y el otro lado, y al mismo tiempo con la idea del revés porque no toma la voz, porque no lo oyó a Facundo, ¿no? El que oye a Facundo no puede escribir ese texto, ¿no?
ER: -Y el otro que “no oiría” la voz del gaucho, después, sería Borges, en la “Biografía de Tadeo Isidoro Cruz”, porque ahí escribe…
-Exacto. Porque ahí escribe desde Sarmiento…
HG: -Pero en forma… sin la ley, digamos. Vos decís eso.
-No, pero eso es en el otro. Eso es en “El Fin”. En la “Biografía…” la idea es escribir a Cruz desde Sarmiento, ¿no?, tapándole la voz.
HG: -Yo decía lo de Martínez Estrada porque ahí Cruz aparece como el culpable de la detección del texto, aparece como un traidor…
-Bueno, para mí no era un traidor. Yo tenía todo el tiempo la escena del Acorazado Potemkin, cuando desertan los marineros. Ese era el momento que yo tuve todo el tiempo cuando escribía eso, ¿no? La idea de deserción para unirse a un movimiento de otro tipo. O sea, la idea de salir del sistema para entrar a un tipo de mundo de iguales. Para mí esa es la marca de la literatura popular: el momento de la deserción como momento clave donde el que abandona el poder pasa a las filas de pueblo.
HG: -Sí, por eso me pareció siempre interesante que Martínez Estrada rechace eso, no sé si disputando o no con la interpretación de Borges: no sé si escribió Muerte y transfiguración antes o después…
-Y… cuarenta y ocho, más o menos en el mismo momento.
HG: Por eso. Me parecía una polémica sobre el carácter del traidor. En Martínez Estrada de un traidor que además arruina, con una especie de impudicia y de picardía que no reprime y vos no, ¿no?
-Sí, sí, obviamente, porque Martínez Estrada está escribiendo desde un lugar absolutamente imposible, ¿no? Yo me acuerdo de una cosa que era “el viejo Vizcacha es malo porque está rodeado de perros”; tiene directamente enunciados cómicos, Martínez Estrada. Para mí era un texto cómico, en algún momento. O: “En el Martín Fierro no hay obscenidades”, ¿no? Eso es imposible de aceptar. O sea: ¿qué es lo que está tapando todo el tiempo Martínez Estrada, cuando él precisamente dice que está trabajando sobre lo tapado, sobre lo no dicho? O sea: yo creo que su trabajo de tapadura es mucho mayor.
HG: -Sí, pero igual yo te digo: pondría a El género gauchesco en la línea, como un análisis de la vinculación entre grandes libros y grandes tragedias históricas, la sombra de Martínez Estrada yo la veo en tu libro.
-Bueno, yo estoy todo el tiempo polemizando con él, porque es el libro que yo consideraba anterior al mío. O sea: es el libro anterior al mío que trató de pensar la gauchesca. Y obviamente tenés que polemizar con el libro anterior al tuyo que piensa tu mismo campo. Si no, no podés escribir.
HG: -Sí, bueno. Pero da la casualidad de que no hay muchos.
-Bueno, pero no sé, además… Qué se yo: la figura de Martínez Estrada no me es simpática. No me era simpática cuando yo veía los análisis que hacía… fundamentalmente del Martín Fierro, porque no trabaja demasiado sobre los otros textos. O sea: no coincidía. Tuve que no coincidir para poder escribir.
HG: -Pero… yo recuerdo una frase (no sé si de ahí o de alguna otra parte): nadie puede leer el Martín Fierro sin revolcarse en el suelo, o algo así. Es la sensación de que nadie puede leer el Martín Fierro, y la gauchesca en general, sin la sensación de que está hablando de luchas muy actuales, de tradiciones de heroísmo o de… en fin: de voces de las luchas, de la cuestión de la ley, de la justicia hoy, ¿no? O sea: revela que la crítica literaria como máquina es… Máquina y guerra es muy parecido, ¿no? No hay guerra sin máquina, y a la inversa.
-Sí: una máquina de lectura es una máquina de guerra, también. De modo que… el construir la máquina es apasionante, ¿no? Cuando al principio leés el corpus, o un cantidad de textos y tenés como elementos aislados, como palabras sueltas, ¿no? Hasta que todo eso empieza a funcionar interrelacionado y en forma de red, o en la forma que le quieras dar: es un trabajo de elaboración bastante entretenido, diría yo: por lo menos te saca el aburrimiento, ¿no? Y a partir de ahí es que no me interesa más una crítica literaria que trabaje con textos individuales o con figuras de escritores, ¿no? Me dejó de interesar la figura del escritor y más bien me empezó a interesar cada vez más esa categoría de “masa textual” que forma parte de la cultura. Que es un poco la idea del próximo libro.
ER: -Bueno: entre los “escritores” a los que sí les das bolilla te llevaría a Borges. Digo: porque es el gran ausente, el ausente “imperdonable” de la “máquina Viñas”, y en cambio en tu propia “máquina” ocupa un lugar central. No sé si se podría decir que vos armaste tu máquina con las mejores piezas de la de Viñas y la de Borges, pero lo cierto es que Borges aparece, en El género gauchesco, como el último eslabón del género, y al mismo tiempo como el que da vuelta el género, el que lo piensa de nuevo.
-Sí: Borges era para mí el verdadero lector de la gauchesca, o sea: la lectura de la gauchesca que hizo Borges fue para mí el punto de partida. Porque Borges dice expresamente, en su lectura de la gauchesca: no son gauchos, están usando la voz del gaucho, y es a partir de ahí que yo empiezo a pensar, ¿no? O sea que para mí Borges aparece como lector y reescritor de la gauchesca.
HG: -Una idea que siempre…. Yo sé que algunos lo dijeron, que algunos dedican su vida a pensarlo, ¿no?, pero me parece muy… o sea, lo que veo de místico: ¿es posible una voz sin texto? Porque me da la impresión de que en tu libro hay… la idea más “anarquista”, digamos, para seguir con esa palabra, sería la pregunta de si hay una voz que esté sin texto, sin escritura, sin escritor. Incluso una voz que no escuche nadie, ¿no?: sería un momento final… O sea: ¿hay alguna posibilidad de utilizar una voz y que alguien no la escuche y haga con eso otra cosa? ¿Hay alguna posibilidad?
-Bueno, yo creo que sí; que hay una posibilidad. Pero una de las características de la voz es que es escuchada.
HG: -Claro, y otros hacen otra cosa con ella. Pero en tu libro aparece una continua molestia con el hecho de que alguien haya escuchado y haya hecho otra cosa con ella: que la haya puesto en términos de una ley y le haya dado ciertos usos. Me pareció que hay una incomodidad de que haya sido así.
-No, fijate. Yo incluso en algún momento empecé a jugar con la idea de la locura, ¿no? De la alucinación auditiva: con la idea de “escuchar voces”, que aparece en algún momento en el texto, también. Porque a medida que me iba metiendo en la escritura, obviamente la escritura tiene mucho que ver con ciertos momentos muy locos, muy, muy limítrofes, diría yo, y… en algún momento pensé en Hernández oyendo las voces de los gauchos para escribir, la idea de una voz que te dicta, la idea de la alucinación auditiva de los locos.
HG: -La sensación mística. El episodio de los marinos colgados, también. Si es así que funcionan los textos, los textos se escuchan mutuamente como textos.
-Obviamente.
HG: -Pero se escuchan de una forma aviesa, digamos. Bah: enigmática, no sé. No es un cierto proceso de influencias detectable bajo lecturas de la crítica convencional, ¿no? Se precisa maldad para interpretar la forma en que estas influencias se producen. Maldad y humorismo, como en lo de Cantor, ¿no? Y… los nombres siempre ocultan cosas. El malo siempre trata de ver qué ocultan los nombres, y cae mal que revele qué ocultan los nombres… o qué nombre no se ha dicho. Dónde está el vacío… Por eso pensé si no hay una idea de alegoría que… ¿no hay la idea de alegoría, en tu sistema, en tu “máquina”?
-Totalmente. Éste es un libro totalmente alegórico.
HG: -Pero no lo decís. No es una idea que esté explicitada, ¿no?
-No, no, no. Hay muchas ideas que no están explicitadas: yo creo que la alegoría no hay que explicitarla. Pero es una alegoría bejaminiana, eh, no es una alegoría de tipo medieval: es una alegoría totalmente pasada por Benjamin en el sentido de que por encima de un texto podés leer siempre otro, ¿no?: ésa es la idea de la alegoría; de una especie de segundo nivel.
HG: -No, por eso: lo que me pareció cuando lo leí era que era un intento de decir lo máximo que pasó aquí en los años setenta sin aludir. Excepto muy contados momentos, a los setenta: era un libro del presente.
-Sí, sí, por eso, como decíamos antes, al principio: Cómo nombrar el horror, ¿no? ¿Con qué discurso decir el horror? Yo ahí en la investigación ésa me encontré con el horror, ¿no? En el Martín Fierro es clarísimo: el horror del exilio, el horror de que te tocan el cuerpo en el cepo (el horror de la tortura, ¿no?), está todo el tiempo. Y está todo el tiempo en el género: con los amputados y con todos esos cuerpos que hablan allí, todo lo largo del género. Está en la guerra: la guerra de que la guerra es la destrucción y que la destrucción te llega al cuerpo. Y ahí yo creo que… yo encontré eso ahí: ese discurso del horror, ¿no? Y a partir de ahí un poco seguí pensando, ¿no? Cómo… cómo hablar de eso.
HG: -Todo eso junto a un lado “científico”, digamos, en tus investigaciones literarias…
-Yo me considero una descendiente de científicos, y por lo tanto la fascinación del pensamiento científico está siempre presente para mí, ¿no? La fascinación de la transparencia de la ciencia. Que por supuesto es un mito total, pero que está como horizonte, y todas las investigaciones del siglo XX en el campo de la imaginación, donde se pueden comparar la imaginación científica y la imaginación creadora, humanística o literaria, o cualquier tipo de imaginación, también están presentes. Para mí leer material científico... o sea: yo soy una fanática de la revista Science, por ejemplo. No me pierdo ningún número, porque siempre encuentro una inspiración. Inspiración en el tipo de pensamiento, en el tipo de mecanismos para lograr datos, para llegar a las construcciones, para describir estados de cosas, etcétera. De modo que en ese caso era muy importante para mí poder pensar en términos de una especie de no sé, de guía: tener la ciencia como una especie de guía de un tipo de reflexión, nada más. Y además otra cosa: porque lo que a mí me interesa es la divulgación científica, como discurso: el tipo de discurso que lleva las abstracciones máximas de la tienda a la posibilidad de comunicarlo y divulgarlo, ¿no?: ese tipo de discurso me interesaba especialmente. Que procede por comparaciones, que procede por analogías con la vida cotidiana: es ahí en el momento del discurso de divulgación donde yo lo encuentro más literario.
ER: - Bueno: la introducción, en El género gauchesco, del recorte sobre la teoría de los anillos de Einstein...
-Que era el modo de datar un día, porque para mí lo importante ahí era la fecha. ¿Vieron que los diarios se usan para las fechas, a veces, no? Para poner eso como que ese día quedaba completamente grabado, y bueno: de paso encontré la idea de Einstein de... bueno: en realidad es un aparato de lectura, ¿no?, la construcción de un telescopio. O sea: cómo tiene que ser un telescopio para poder ver lo que se quiere ver, y me pareció una buena metáfora de aparato de lectura, ¿no? O sea: que hay que tener una distancia, que tiene que estar bien enfocado, que el observador tiene que estar en tal lugar...
HG: -Ah, yo pensé esa nota sobre la base de una gran gratuidad. La leí sin saber bien de qué se trataba…
-Y... de un aparato de lectura.
HG: -Ah, pero yo no había percibido eso.
-Pero además, el título es: "Se descubrió la teoría de los anillos", y yo estoy todo el tiempo con los anillos, las alianzas... Que después al final se transforma en el señor de los anillos. Porque esos anillos son las alianzas típicas del género, ¿no? Y al mismo tiempo es el modo de ligar el discurso literario con lo real: Porqué tiene una conexión de un lado y una conexión del otro, y forma como un anillo, entonces: la metáfora del anillo, que es la metáfora de la alianza, del anillo-alianza, que es la metáfora del matrimonio desde el punto de vista del género femenino, ¿no?, me pareció que en ese momento en que yo había encontrado que a partir de la teoría de Einstein se había demostrado la "teoría de los anillos" (creo que dice así), bueno, dije: ésta es la cosa, la cosa es la teoría de los anillos.
HG:- Bueno, sí. Pero eso... no quita cierta gratuidad... Lo interpretable es lo exhaustivo, ¿no? Lo interpretable lleva a algo exhaustivo, necesariamente. El texto queda convertido en metáfora, alegoría, política, contrato, alianza... La pregunta sería si todo esto no te acerca bastante al gran estructuralismo... toda esta idea acerca de tos textos, la serie de textos, el cuerpo de textos.
-Al post-estructuralismo, tal vez. Supongo que sí: mi formación estructuralista no la puedo ocultar en ningún momento; además yo del estructuralismo aprendí técnicas de análisis que todavía me siguen resultando bastante útiles en el momento de analizar textos. Si uno deja de lado toda la obsesión binaria del estructuralismo, yo creo que hay una cantidad de elementos técnicos que se pueden seguir usando. Y aparte esta idea de una textualidad sin autor, que, bueno, no es solamente estructuralista, ¿no?; está bastante en la tradición literaria. Valéry hablaba constantemente de esto, ¿no?: de una especie de masa –“del espíritu”, la llamaba él ¿no?: producida por el espíritu-, de tal modo que si no hubiera aparecido tal autor cualquier otro hubiera escrito eso porque eso era como el desarrollo necesario de una historia.
ER: -En el libro hay una especie de foucaultismo de base muy fuerte, a pesar de que Foucault aparece muy poco, o lateralmente –vía Chomsky– mencionado…
-Sí: Está, por supuesto, todo Foucault, está todo Bajtin. No sé: están todas las lecturas del momento en que yo trabajé en este libro, ¿no? O sea: todas las lecturas teóricas, de años, que podían servirme. Tomé de todos lados. Uno podría decir qué es lo que no tomé. Yo creo que está un poco aprovechada una serie de lecturas de años.
ER: -No, pensaba en la idea de disciplina de Foucault, y tu idea acerca de la contemporaneidad entre el disciplinamiento de la voz del gaucho a través de la métrica “culta” de la poesía gauchesca y el disciplinamiento de su cuerpo a través del aparato estatal, del ejército. O sea: aparece la poesía como un aparato estatal, disciplinario, contemporáneo y convergente con el otro.
-Sí, sí: eso es totalmente foucaultiano. Hay mucho Deleuze, también.
HG: -Deleuze, eso te estaba por decir. Ya que estamos en los grandes próceres. Digo: la idea de “máquina”...
-Sí, sí. Por eso: no sé qué no está…
HG: -Claro: Está todo, pero has hecho otra cosa con eso. Bah: está Macedonio Fernández… Por eso: es un libro de nuestra época, de nuestras lecturas y de nuestras vidas políticas, y es un tratado sobre lo que leímos y sobre cómo leímos. Por eso yo me sentí muy identificado. Me pareció un libro de los más cercanos a la experiencia de una generación de lectores argentinos de los más diversos temas, y es un libro, en ese sentido, muy político, extremadamente político.
-Sí, yo quiero trabajar mejor el tema de la relación entre la literatura y la política, y pienso hacerlo en mi próximo libro. Lo que pasa es que para este próximo libro ya no tengo (y creo que todos estamos un poco en eso, ¿no?), no tenemos la cantidad de lectura que yo podía tener a fines de los ochenta, cuando escribí esto, ¿no? Que en realidad venía de los setenta. O sea: para trabajar ahora en la relación entre literatura y política, que no me gustaría repetir la conceptualización anterior, sino bueno: inventar un aparato nuevo, ¿no? No hay demasiado material, ¿no? Estamos tratando de cambiar discursos y no tenemos… modelos, no sé cómo llamarlos, ¿no? O sea que para mí, en este momento (y eso que vengo de un centro que desde el punto de vista bibliográfico es absolutamente exhaustivo) la sensación es de bastante orfandad.
HG: -¿Y vos dirías que en las carreras, o en los departamentos, como se dice, de Letras, considerados en abstracto, hay más chances que en los departamentos de las otras viejas áreas humanísticas?
-Yo diría que todos estamos trabajando con las mismas lecturas, en este momento, en todos los departamentos. Creo que vos tenés que coincidir conmigo porque supongo que tus lecturas y las mías coinciden bastante, ¿no? En este momento lo que yo veo es una especie de confluencia total de las humanidades, hasta el punto tal que la categoría de departamento misma parece estar cuestionada.
HG: -Sí, pero al mismo tiempo las luchas políticas entre territorios, departamentos, etc., aquí en la Argentina por lo menos, recrudecen cada vez más.
-Sí, sí: Recrudecen justamente ante el peligro de la disolución total. Porque lo que nos unifica ahora son problemas, y no ya disciplinas. O sea: tipos de problemas, que los trabajamos desde todos los lugares, ¿no? Ése es el Estado actual de las humanidades, que se dividen por tipos de problemas o por campos problemáticos y ya no por disciplinas.
ER: -Sí, si eso se pudiera arrastrar a las formas organizativas de las Universidades, destruye un modelo de Universidad.
-Bueno: Yo creo que la Universidad dentro de poco va a tener que reformarse totalmente, ¿no?, hacia unas nuevas humanidades.
HG: -Sí; acá se percibe eso, pero lo absurdo es ese sistema de custodiar pequeñas unidades académicas con criterios de perro guardián, ¿no?, rechazando lo ajeno, rechazando a los Invasores, a los “colgados” y a los intrusos de una especie de definición ideal del “campo científico”. Al menos en el campo de las ciencias sociales...
-Sí, sí, en literatura también. En literatura se ve clarísimo, ¿no? No sé: tal vez resolvería la cosa plantearla en términos de “estudios culturales”, que parece ser una zona donde se resolverían ese tipo de convergencias, permitiendo una ampliación del campo de la literatura al de la cultura, donde se encuentran todas las otras disciplinas. Yo supongo que este proceso se va a acentuar cada vez más, y por lo tanto los “guardianes”, como vos decís, se van a poner cada vez más duros.

Fin de la entrevista

(Entrevista realizada por H. González y E. Rinesi)

Fuente: Revista El ojo mocho, n° 4, 1994.

viernes, abril 21, 2017

adigitalizar.org


Me enorgullece anunciar la aparición del blog Taller de digitalización en el que con un grupo de compañeras y compañeros exploramos las vicisitudes de las generaciones de escáneres y cámaras en mano, dispuestos a retomar los archivos polvorientos que permanecen olvidados y aislados en bibliotecas de la triste realidad, abriendo caminos digitales a libros, revistas y demás yerbas que de otro modo no tendrían una existencia postfísica. El objetivo del blog es claro: brindar herramientas, suscitar reflexiones, recomendar proyectos en torno de la digitalización de la cultura. 
Una primera participación desde Golosina caníbal es este comentario sobre el portal AméricaLee:
Por aquellos años en que tener un escáner plano podía facilitarnos el acceso a materiales de estudio, buenos y viejos tiempos de compartir archivos comprimidos, de aprender a usar el OCR, de limpiar las páginas a mano con algún programa de edición de imágenes, me enteré de la existencia del cd que contenía la revista Contorno digitalizada. Recuerdo que algún compañero o compañera me hizo una copia (porque, claro, en aquella época la duplicación seguía siendo más analógica que virtual) y que al recibirla me sumergí a leer la revista en la que habían escrito maestros de la crítica literaria argentina como David Viñas. Luego me enteraría de que este trabajo señero en el mundo del archivo digital argentino había sido producido por el CeDInCI.
Ahora, esta institución, en conjunto con la Universidad de San Martín, se despachan con una gran proyecto llamado AméricaLee – Publicaciones latinoamericanas del siglo XX. Se trata de un repositorio digital donde se puede acceder a distintas revistas de América Latina desde fines del siglo XIX hasta fines del siglo XX.

martes, abril 04, 2017

Literatura, ciencia y ocultismo en la Argentina de entresiglos (sobre Cuando la ciencia despertaba fantasías, de Soledad Quereilhac)


En estos días tuve el placer de leer la investigación de Soledad Quereilhac, Cuando la ciencia despertaba fantasías. Prensa, literatura y ocultismo en el Argentina de entresiglos (Siglo XXI, 2016). La propuesta es directa y compleja: hacia fines del siglo XIX en Argentina, pero también en el mundo, la noción de lo científico englobaba tanto la ciencia oficial como múltiples pseudociencias y prácticas ocultistas. En este sentido, la autora afirma que, por esos años, no era tan evidente el límite entre, por ejemplo, teorías de la evolución y magnetismo animal o entre estudios sobre la electricidad y espiritismo. Por lo tanto, hablar de ciencia en esa época evocaba imágenes, ideas y fantasías heterogéneas en juego y en fricción.
En los primeros capítulos del libro, Quereilhac realiza un rastreo minucioso por revistas (conocidas como Caras y Caretas y no tan conocidas como Constancia) y por sociedades de ocultismo, magnetología, médiums y otras yerbas para trazar un mapa de ideas, teorías, autores y textos perdidos entre los pliegues de la Argentina de entresiglos. El espiritismo moderno, el magnetismo animal y la teosofía son algunas de las teorías que circulaban por Buenos Aires y alrededores y la autora las recupera para comprender sus razonamientos y las reflexiones y discusiones que evocaban. Tras dejar planteadas esas coordenadas, Cuando la ciencia despertaba fantasías se centra en el análisis de un género literario coincidente con este intéres social y heterogéneo por la ciencia: la fantasía científica. 
Así, la autora lee relatos de Eduardo L. Holmberg, Leopoldo Lugones, Atilio Chiappori y Horacio Quiroga a la luz de las experimentaciones de la época, de las reflexiones y discusiones pseudocientíficas rastreadas al principio del libro, y detecta qué tratamiento literario y qué recursos narrativos pone en juego cada autor cuando se trata de cruzar ciencia y literatura. En estos últimos apartados, hay pasajes muy valiosos como la discusión con Ludmer y otros críticos en torno a Las fuerzas extrañas de Lugones; la recuperación de los relatos de Chiappori y de textos perdidos entre revistas y publicaciones de los otros autores; y el esfuerzo logrado por encontrar nuevos sentidos en cuentos de Quiroga mil veces transitados como "La gallina degollada" o "El almohadón de plumas".
Finalmente, va la recomendación enfática de Cuando la ciencia despertaba fantasías, de Soledad Quereilhac, un estudio consistente y minucioso que recupera experiencias y discusiones sobre la ciencia y la literatura que, durante muchos años, quedaron relegadas por tratarse de saberes laterales, pseudocientíficos, sometidos.
Cierro con este fragmento sobre Lugones y la teosofía que me pareció sencillamente genial:
Desde el punto de vista de las historia de las ideas, estudiar la vinculación de Lugones con la teosofía se convierte en un auténtico ejercicio de iluminación de su obra; en cierta forma, cuanto más se investiga sobre la teosofía, más se comprende la escritura de Lugones. Y no precisamente porque en la teosofía se agote todo su repertorio sino, en todo caso, porque es posible encontrar en ella un verdadero acervo de temas, ideas, argumentos y formas de razonar que Lugones supo incorporar tanto en algunos ensayos como en su literatura fantástica. Había algo en el modus operandi discursivo de los teósofos que Lugones pareció comprender muy tempranamente. La teosofía le proveyó un tipo de argumentación que echaba mano de tradiciones, historias y mitos antiguos para hilvanarlos cuidadosamente con lo moderno, apelando a supuestos núcleos comunes, que se tradujo en el libro El payador (1916), con el armado del linaje argentino que comienza en Hércules y sigue con los paladines. Dar apariencia razonada a lo que en realidad es mito y encontrar un esencia espiritual en el objeto tratado también es una lección teósofica.
Lugones aprende de Blavatsky que se puede crear un texto nuevo, de aspiraciones cósmicas, proyectando de manera imaginaria las correspondencias entre lo antiguo y lo moderno. Aprende de Besant que el discurso espiritualizante de la teosofía puede articularse con una empresa de nacionalismo cultural, y que puede incluso politizarse explícitamente cuando se trata de justificar jerarquías sociales (como la superioridad de la elite frente a la masa) o de denostar la democracia para la Argentina. Hizo uso funcional del escalafón espiritualizante de las siete razas para inventar aquello de la "subraza gaucha", especie de "protoraza" del argentino en El payador. Apeló a la figura del médium para construir la figura del poeta que espiritualiza la materia y para escalonar esta tarea en una progresión creciente de espiritualizaciones: la naturaleza en bruto (la pampa), el payador que loa esa naturaleza, el Martín Fierro de José Hernández, él mismo -Lugones, poeta e intelecutal- lector de Hernández y médium mayor que comunica la tradición cultural nacional a la elite dirigente (Monteleone, 1998).

Quereilhac, Soledad (2016). Cuando la ciencia despertaba fantasías. Prensa, literatura y ocultismo en la Argentina de entresiglos, Buenos Aires, Siglo XXI, pág. 157.

martes, marzo 21, 2017

Para conmemorar otra larga noche...

A la buena noticia de la película basada en la novela de Humberto Costantini, La larga noche de Francisco Sanctis, que por cierto viene dando mucho que hablar, se le suma la reedición del libro a cargo de la editorial Tren en movimiento. Justamente, para este 24 de marzo de 2017, se realizará en el Centro Cultural Haroldo Conti una presentación doble: primero, la proyección de la peli; luego, el brindis y la charla por el libro. Una fecha justa para celebrar una película y una reedición más que esperadas. Dejo el flyer para los/as interesados/as.

viernes, marzo 10, 2017

Lo que se viene en 2017 (II) (Cactus / Lafarium y Oráculo ediciones / Blatt&Ríos)

Seguimos con la propuesta de novedades para 2017 de tres editoriales. La primera entrega pueden verla acá.

Novedades 2017 en Cactus
 

Esta gran editorial de filosofía tiene preparados varios títulos para este año:


-Para salir de lo postmoderno, de Henri Meschonnic

-Anatomía comparada de los ángeles / Sobre la danza, de Gustav Fechner

-Sobre la técnica, de Gilbert Simondon

-Foucault más allá de Foucault, de Sandro Chignola

-Los diferentes modos de existencia, de Etienne Souriau

-Fragmentos subjetivos, de Stephane Nadaud

-Derrames II. Aparatos de Estado, de Gilles Deleuze

-Simondon. Filosofía de la transindividualidad, de Muriel Combes

-Semilla de Crápula, de Fernand Deligny


Novedades 2017 en Lafarium y Oráculo ediciones


La revista Lafarium y Oráculo ediciones, comandados por Diego Arandojo, prometen estos títulos:

-Harlock, el libro de los fantasmas. Segundo volumen del ilusionista y espírita Harlock. Esta vez se abordan historias sobre fantasmas alrededor del mundo, además de un apéndice especial sobre tipología y material de ficción, que incluye un cómic de Quique Alcatena.

-La botella de Klein, de Claudio García Fanlo – Esta nouvelle de género fantástico, escrita por Claudio García Fanlo, da término a la llamada “Saga Hiperbólica”, iniciada con “La Casa Hiperbólica” (2015) y “El Disco de Poincaré” (2016). Las tramas abiertas se cierran en pos de un arcano de otro mundo.

-Niños desechables, de Diego Arandojo. Relatos trágicos sobre niños y niñas. Narraciones que nos conducen por historias de vida donde lo oscuro, lánguido y perverso está presente.


Novedades 2017 en Blatt&Ríos


Estos son los libros que anticipan desde esta editorial amiga. Las fechas son tentativas (aunque ya en febrero y marzo vienen cumpliendo).

Febrero

Sombras rusas, de Liliana Villanueva. Libro de crónicas sobre Rusia después de la caída del muro, en los 90. Un libro sobre las ruinas del socialismo real, con descripciones de las grandes ciudades y también viajes a Siberia y otras zonas de Rusia. Villanueva es periodista y vivió cinco años allá en esa época. Tiene la técnica narrativa de los buenos cronistas. Es la autora de Las clases de Hebe Uhart y acaba de recibir el premio Casa de las Américas.

Fer, de Cucurto. A fines de los 90 y principios de los 2000, Cucurto emprendió la escritura de novelas breves. Algunas de ellas, como Noches vacías y Cosa de negros, fueron publicadas. Fer pertenece a esa serie, la del poeta que de pronto se hace novelista, inspirado en la figura de otra artista: Fernanda Laguna.


Marzo

Florentina, de Eduardo Muslip. Novela breve de Eduardo Muslip, con una narrativa que recurre a flashback y retoma imágenes de la infancia. Está inspirada en su abuela. Es una novela muy conmovedora, hermosamente escrita, que se inscribe perfectamente en la obra de Muslip. Autor de Avión, Plaza Irlanda, Phoenix.

Las luces de emergencia se encenderán automáticamente, de Luisa Geisler. Luisa Geisler es una de las jóvenes promesas de la literatura brasileña. Con gran capacidad narrativa, cuenta una historia de amistad. Está ambientada en una ciudad mediana brasileña, en la actualidad. Un joven de 20 y pocos años entra en coma y su mejor amigo se propone tomar nota de todo cuanto pase, para que al despertar pueda enterarse de lo que pasó en su entorno. Es un libro sobre el amor y la amistad, sobre el pasaje de la juventud a la madurez: sobre el trabajo, la diversión, las drogas, la sexualidad y las expectativas de una generación respecto del futuro.


Abril

El libro de los géneros, de Elvio Gandolfo. Reedición del agotadísimo libro de Gandolfo que publicara Norma hace unos años, esta vez aumentado. Lector omnívoro, Gandolfo se dedica, abordando distintos géneros, a dar cuenta de algunos de los autores de policial, fantástico, terror y ciencia ficción que más marcaron su experiencia como lector. Es un libro erudito y de lectura ágil: tiene reseñas, notas largas, prólogos, reportajes, etc.

SMALL WARS + HIGH HEAT, de Lee Child. Dos novelas breves de uno de los mejores escritores de policiales del momento. Por primera vez editado en Argentina, en este caso se trata de dos historias de Jack Reacher. Lee Child escribió 21 novelas sobre este héroe, y algunas nouvelles que funcionan como precuelas. High Heat cuenta la historia de una visita de un Jack Reacher adolescente a Nueva York la noche del gran apagón. En Small Wars, Jack Reacher, ya policía militar, tiene que investigar a su hermano, también militar. Fluidez narrativa, gran manejo del género policial, grandes diálogos y tramas perfectas son algunos de los atributos de Lee Child.


Mayo

Un prisionero del Cáucaso, de Andrei Bitov. Primer libro de Bitov editado en Argentina, traducido por Fulvio Franchi. Sale en La Nariz, colección dirigida y prologada por Pablo Katchadjian. Uno de los autores rusos más notables del siglo XX con un libro que varios escritores rusos, desde Alexandr Pushkin, insisten en reescribir. Se trata de un viaje de Bitov a Armenia.


Junio

La escuela neolacaniana, de Ricardo Strafacce. Una de las mejores novelas de Ricardo Strafacce. Una trama enrevesada y mucha fluidez narrativa. Desde sus primeros libros, pasando por su fundamental biografía de Osvaldo Lamborghini, Strafacce se ha convertido en uno de los autores con mayor proyección. De algún modo, la novela es una vuelta a Literal o a esa generación que encarnó y encarna un modo de entender la literatura.

Reedición de Los hombres que hicieron la historia de las marcas deportivas, de Eugenio Palopoli. El modo en que unos pequeños emprendimientos familiares surgidos de las cenizas de la posguerra llegaron a transformarse en gigantescas y poderosas multinacionales –y en transformar junto con ellos al deporte mundial– está plagado de traiciones, espionaje, bromas pesadas, manejos espurios, victorias y fracasos pero, sobre todo, mucho talento y esfuerzo. Los hombres que hicieron la historia de las marcas deportivas cuenta ese largo y muchas veces oscuro derrotero que atravesaron Adidas, Puma, Nike, Reebok y otras marcas hasta llegar a ser lo que son hoy. Y al contar esta historia, el libro cuenta, inevitablemente, la trastienda de la relación entre las marcas, los organismos deportivos internacionales, los deportistas de primer nivel, banqueros, inversionistas, playboys y aventureros de todo tipo y hasta no pocos políticos y altos funcionarios gubernamentales. Con rigor documental y una escritura amena y precisa, Eugenio Palopoli logra narrar una zona poco frecuentada de los últimos setenta años de la historia del deporte mundial.


Agosto

Conversaciones con Cucurto, de Facundo Soto. Facundo Soto se propuso leer cada libro de Cucurto y le hizo una larga entrevista por cada uno de los libros. De esa manera, el libro es una suerte de pequeña biografía literaria y un repaso de la literatura que empezó, primero en poesía, a emerger en la década del 90.


Septiembre

Un nuevo libro de Maruja Bustamante. Libro que reúne obras de teatro de Maruja, el segundo de tres volúmenes que vamos a sacar en Blatt & Ríos de una de las dramaturgas más influyentes de su generación. Un teatro neobarroso, fluvial.

Las malas lenguas, de Alejandro López. Tercera novela del autor de La asesina de Lady Di y Kerés cojer? Una novela fragmentaria y asimismo muy fluida. La lengua endemoniada de la novela deja ver una apuesta por el género, las sexualidades disidentes, lo bajo.


Noviembre

DV. Autobiografía de Diana Vreeland, editora de Harper’s Bazaar y Vogue, asistente de imagen de Jackie Kenedy, columnista de moda, consultora del MOMA en Moda. Su autobiografía, espléndidamente escrita, es la historia de la alta costura de la segunda mitad del siglo XX y la historia de sus relaciones y amistades.

domingo, febrero 26, 2017

Lo que se viene en 2017 (I) (Años luz editora / Barba de abejas / Palabras amarillas)

Arranco, como en 2016, una serie de posts sobre las novedades editoriales para 2017 de distintos sellos que han pasado por estas humildes entrevistas o cuyos catálogos sigo con atención. Claramente se trata de dar un espacio de difusión para editoriales que no suelen tenerlo en las notas sobre novedades de los suplementos culturales mainstream. Voy de a poco porque como lector las notas que me tiran por la cabeza veinte editoriales y 80 nuevos títulos me marean. Va la primera triada, entonces, para aguardar con ansiedad.

Novedades 2017 en Añosluz editora



Desde Añosluz editora continúan armando la colección sobre literatura rusa con la que sorprendieron el año pasado al publicar La Reserva Nacional Pushkin, de Sergéi Dovlátov. Para 2017 prometen estas novedades en esa línea:

-El oficio, de Sergéi Dovlátov (diarios, por primera vez en español).
-Dramas, de Marina Tsvietáieva (teatro).
-Antología de románticos rusos.

Por otro lado, también aparecerán por este sello, entre varios originales que ya están barajando:

-Tres impresiones, de Mario Arteca.
-El punto olivina y los cordones de zapatos, de Carlos Martín Eguía.

Sobre este último, los editores de Añosluz me comentaban: "Carlos Martín Eguía es un enorme narrador quien ha pasado medianamente desapercibido a lo largo de grandes poemarios y mejores libros de narrativa". 

Novedades 2017 en Barba de abejas

En Barba de Abejas (editorial artesanal & hogareña) se esperan las siguientes novedades para el 2017.
Por un lado, en la colección /En viaje:

-los volúmenes La mañana interior. Diario (1837-1847), de Henry David Thoreau (traducción de Eric Schierloh);
-Diario a bordo del Meteor (1860), de Herman Melville (traducción de Eric Schierloh) y;
-Leyendas de los indios estadounidenses, de la escritora sioux Zitkala-Ša (en traducción de Gabriel Matelo). 

Además, inaugurando la colección /Caribú (textos en torno a la música) se publicará Estoner Pampeano; Patagonia Rebelde, de Sergio Chotsourian (Los Natas, Ararat, Soldati, Sergio Ch.). 
En la colección /Ficción se sumará la reedición de Kanaka, de Juan Bautista Duizeide
En 2017 también quedará inaugurada la colección /La pequeña abeja, de libelos artesanales de hasta 40 pp, en la que aparecerán durante el año:
-un primer volumen de los Diarios, de Roger Deakin;
-los Poemas, en edición bilingüe, de Everett Ruess;
-un texto del naturalista John Burroughs y;
-acaso también el breve manual DIY Cómo montar una pequeña editorial artesanal.

El año cerrará con Vida editorial de las abejas, una celebración de los primeros 6 años y 30 libros de la editorial; el volumen recopilará toda la obra gráfica (ilustraciones de interiores y cibiertas) y tendrá textos sobre edición, encuadernación, dibujo y traducción.

Novedades 2017 en Palabras amarillas


Esta editorial, amiga de la casa, pequeña y pujante, promete dos novedades: 

Diario, de Alejandro Rubio

Editado por primera vez en Chile (La calabaza del Diablo, 2009), cuaderno de notas y caleidoscopio, reflexión sobre el tiempo, alegoría, poema y ficción, este Diario devuelve desde la perspectiva cambiante de un solo día, la voz de nuestra época. Como dice F. Fernandes Sola en el postfacio exclusivo de esta primera edición local: "Rubio ha comprendido bien el plan argentino para conquistar el mundo: no hay guerra externa, solo interna. La reedición de su clásico de culto oculto chileno en estos días en que bregamos, ahora que la así llamada 'generación intermedia' está cambiando inclusión por exclusión, soberanía nacional por apertura al mundo, paco por metaanfetamina, planeros por mendigos, justicia social por esfuerzo personal, el Centro Cultural Kirchner por el CCK, el Colón por un escenario para entrevistas con decrépitos actores yanquis, la mierda populista por la República Verdadera y así siguiendo, nos induce a una vaga satisfacción nostalgiosa cuando en verano, en nuestros quinchos, una leve brisa atraviesa toda la extensión de la pampa trayendo un aroma a quema y cuero y nos despeina la onda sobre nuestras frentes, onda que volvemos a acomodar como el lindo marinero gay que sabe de océanos y tormentas y sueña de vez en cuando con calmas chichas y óperas napolitanas".

Cuaderno del poema, de Gabriel Cortiñas

Libro fragmentario, entre la crónica y el ensayo, en diálogo con la poesía, sobre todo hispanoamericana, donde podemos entrar o salir por cualquier parte, siempre con alguna pregunta o idea acerca del verso, del ritmo o todo eso que puede caber en un poema. Como dice en una de sus entradas: "La poesía no existe, o es quizá la etiqueta para una forma, lógicamente histórica; ya que el poema es donde se actualiza el conflicto, es la forma viva de una tensión. ¿De dónde viene la palabra tensión?". Tanto la política, la educación como la estética serán, en este caso, el motor (o mundo) que se filtra detrás del sujeto que escribe. Este libro, que transita la poesía como una experiencia, despliega una tensión histórica y una atracción entre lo teórico y la vida cotidiana que algunos bautizaron como praxis.

miércoles, febrero 22, 2017

Señal de fuego (Marcelo Fox) (selección 2)


En 1968, Marcelo Fox publica Señal de fuego, por un sello efímero llamado Yelpo editor. En el colofón del libro de tapas color madera se lee: 
Se terminó de imprimir el dos de junio de mil novecientos sesenta y ocho, en los talleres gráficos "FOX". Buenos Aires, Argentina. 
Estuvo al cuidado de su autor, natural de Occidente, América. 
Fueron tirados unos pocos ejemplares.
Supuestamente el libro no se vendía; el mismo Fox se lo regalaba a amigos y conocidos.
Continúo con una segunda selección de Señal de fuego, aforismos escritos al calor de las llamas.

Señal de fuego (selección - Parte 2) (Marcelo Fox)

Quiero arar en el infinito mi propia parcela infinita.

***

El conocimiento último. Saber que todo es vacío colgando del vacío. Plenitud colgando de la plenitud. Plenitud y vacío que son aire, llamas, vegetales, objetos, dialécticas, dioses, ramificaciones momentáneas, eternidades efímeras, concretas, huecas, rastros del sol para los ojos de los peregrinos de lo absoluto, alimentos cotidianos, rejas, para los otros, los que duermen.
Saber que las palabras, aun las más altas, son espejos ariscos, capaces, en manos inexpertas, de inocular con sus juegos el sueño, hasta el sueño más profundo, el soñar que se está despierto.

***

Pensamientos como piedras incendiadas para arrojas en las aguas del leteo cotidiano.

***

El santo deseo de destruir, de hacer hogueras de libros, de empezar todo de nuevo a partir de ciertas verdades fundamentales.

***

Dicen que hay ciudades, laberintos, risas, pájaros, niños, cielos, medallas al mérito, fosforecencias, divertidas charadas, arquitectos eficaces. Yo sólo veo un desierto opaco, yo sólo veo restos de antiguos naufragios y dioses estrangulados, estatuas que se agitan vanamente tratando de atrapar el viento, alguna que otra hoguera clandestina que se diluye al poco tiempo de encenderse, bajo la lógica uniforme de lo gris.

***

Lenguaje, traición servicial.

***

El desastre, el juego de locos, comienza cuando los hombres renuncian a ser sabios y se proclaman amigos de la sabiduría. Cuando arrojan el fuego de sus cráneos para alucinarse con vislumbres efímeras y cavernas oscuras.

***

El cráneo, templo natural del fuego.

***

Yo, resumen del Todo. Instrospección, salto hacia las raíces del ser. Metapsíquica = Metafísica.

***

La lucha, el cambio, el devenir, nivel del Logos. La paz, la permanencia, la eternidad, nivel del Ser.

Fox, Marcelo (1968). Señal de fuego (selección), Buenos Aires, Yelpo editor.

jueves, febrero 16, 2017

Los géneros de la patria. Entrevista a Josefina Ludmer en El ojo mocho (segunda parte)

Seguimos con la entrevista a Ludmer publicada en 1994 por El ojo mocho. Quedará una tercera parte final. Luego, será el turno de otra gran entrevista de la misma revista.

Los géneros de la patria. Entrevista a Josefina Ludmer en El ojo mocho (primera parte)

Los géneros de la patria (segunda parte)

HG: -La simulación estaría en la noción misma de individuo clasificado en el Estado. La clasificación busca, en fin, recomponer a capacidad estatal de reclasificar, y de resolver operaciones políticas. ¿Cómo se clasifica en Arlt?
-Bueno, yo creo que lo que ocurre es que en el caso de Arlt..., lo que podríamos llamar “modo de representación” de Arlt, que sería un poco su marca especifica y su modo de clasificar, es que representa todas las instituciones, y todas las estructuras sociales, pero del lado de la ilegalidad y del delito. Y la verdad, la representa como comedia o simulación. Cada una de las zonas que uno puede pensar que constituyen ese conjunto social previo al golpe, están tomadas para ser representadas como su revés. Porque el grupo del astrólogo, en Temperley, es el Estado. Lo que pasa es que está representado del lado de la ilegalidad y la farsa. Es un Estado ilegal y delincuente. Pero es el Estado. O sea, el Estado puede funcionar a la vez como contraEstado. Porque el contraEstado representa al Estado. La reunión de Temperley es una reunión de ministros. Simplemente una reunión de gabinete. Y hasta tal punto es el Estado, que hay una cárcel al lado, porque allí está secuestrado Barsut. O sea, está el Estado, y al lado, la cárcel del Estado con su preso. ¿Por qué no hay representación de la clase obrera en Arlt? Porque está representada por los anarquistas, que son la zona “ilegal” de la clase. El revés, la otra cara. O sea, toda la realidad está representada por su otra cara, que es la del delito. Es la parte legítima o ilegal de esa zona la que se encarga de representarla. En cuanto a la verdad como simulación y comedia, ¿qué hace Barsut al final? Una comedia para salvarse de la justicia y se va de Estados Unidos a filmar la película… o que hemos leído, a filmar Los siete locos.
HG: -En alguna de las predicciones del astrólogo, el cine tiene un papel fundamental, me parece que ocupa toda la zona de la ilusión, pues en la lucha contra el Estado era necesario que se creara la ilusión de que el cartón podía convertirse en piedra. Y eso sólo ocurre en el cine. Sólo en el cine se puede hacer un paraíso de cartón pintado.
-Yo creo que eso está también en Gatica. Porque el cine aparece como el estadio superior de toda una cultura. Yo diría de toda la cultura popular, tal como está trabajada en esa película. Como una especie de muestrario. El cine aparece como el único medio que los puede absorber a todos: que puede absorber a la radio, que puede absorber al cabaret y al fútbol. ¿Viste que van apareciendo a lo largo de toda la película, como si hubieran hecho una lista? Y la primera es una calesita. De la calesita aparece el circo, porque la primera mujer de él (Gatica) es una actriz de circo. Aparece la radio, aparecen las revistas. Aparece el cabaret en la era del mambo. También la cantina. O sea que es como un recorrido totalmente coherente de lo que podría ser un muestrario…
HG: - …de la historia nacional, sí. Pero el cine como escenario está en la otra, en Un muro de silencio.
-Claro. Pero está… fíjate que…
HG: -En el set de Un muro de silencio no hace falta Gatica, en el set están los intelectuales que buscan la verdad del espíritu, que se encuentran a sí mismos.
-Claro, pero ahora, ahora podemos hablar de los valores que mencionábamos antes. Porque fijate qué concepción distinta del cine se da en Gatica, que es esta forma superior de lo que sería la diversión y la información popular. Forma superior simplemente porque puede absorber a todas, y reproducirlas a todas. Y en cambio el cine en Un muro de silencio es la reproducción absoluta de la realidad. O sea, el cine y la realidad. ¿Vieron el gran parecido de las actrices? Además la película se hace cansadora, tiene un ritmo repetitivo, porque esa reproducción de la realidad se repite incesante, sin cambios. En cambio, en Gatica, que es mejor cine para mí, hay un ritmo totalmente diferente porque el cine no es la realidad. El cine es la absorción, digamos, la posibilidad de reproducción cultural. Es un nivel diferente, me parece. O sea, Un muro de silencio es realista…
ER: -Lo de Favio es superior, sin dudas. Ahí el cine…
-… no es la reproducción de la realidad, el espejo. Y Un muro de silencio es el espejo total. En ese sentido la concepción realista de Un muro de silencio es algo antigua.
HG: -En Un muro de silencio lo realmente más interesante es la escena del secuestrado en bar… Uno lo compara con la escena de Gatica donde Perón y Evita están en el sanatorio. Son las dos grandes escenas de lo que nunca se pudo ver.
-Es lo previo a la muerte.

miércoles, febrero 08, 2017

La medida de un conflicto (de antologías, supervivencias y olvidos)


En 1970, la editorial venezolana Monte Ávila editores publica la antologia 20 nuevos narradores argentinos. La particularidad es que el antologador fue, ni más ni menos, Néstor Sánchez. En tapa se leen los nombres de los autores compilados que van desde Briante hasta Rozenmacher pasando por Libertella y Piglia, entre muchos más. Lo interesante quizás sean los otros nombres, los que no suenan tanto y también imaginar qué criterios habrá tenido en cuenta Sánchez para su selección. Transcribo el índice para dar una idea del contenido:

Índice de 20 nuevos narradores argentinos, antología de Néstor Sánchez 

Nota

Miguel Briante
"Habrá que matar los perros"

Antonio Dal Masetto
Siete de Oro (fragmento)

Fernando De Giovanni
Keno (fragmento)

Jorge Di Paola Levin
"Caballo sin Titán"

Raúl Dorra
"Aquí en este desierto"

Mario Espósito
"El exilio"

Aníbal Ford
"La respuesta"

Germán García
"Complicancia Uno"

Leandro Katz
Es una ola (fragmento)

Gregorio Kohon
Odetta en Babilonia y el rápido en Canadá (fragmento)

Héctor Libertella
El camino de los hiperbóreos (fragmento)

Reynaldo Mariani
"El cuchillo sobre el agua"

Juan Carlos Martelli
Persona Pálida (fragmento)

Martín Micharvegas
Las horas libres (fragmento)

Basilia Papastamatíu
"El pensamiento común"

Ricardo Piglia
"La honda"

Ruy Rodríguez
"Inventario sobre la marihuana y ella"

Horacio Romeu
"Cantata"

Germán Rozenmacher
"El gato dorado"

Rubén Tizziani
Las galerías (fragmento)

Las obras entre comillas son relatos; las obras en cursiva y con el paréntesis al lado son fragmentos de novelas o textos de más largo aliento. 
Se podría hacer un trabajo de relevo más específico y fundamentado, pero rápidamente realizo una clasificación de autores argentinos en:

-Muy conocidos (Miguel Briante, Antonio Dal Masetto, Germán García, Héctor Libertella, Ricardo Piglia)
-Relativamente conocidos (Jorge Di Paola Levin, Aníbal Ford, Juan Carlos Martelli, Basilia Paspamatíu, Germán Rozenmacher, Rubén Tizziani)
-Poco conocidos (Fernando De Giovanni, Raúl Dorra, Mario Espósito, Leandro Katz, Gregorio Kohon, Reynaldo Mariani, Martín Micharvegas, Ruy Rodríguez, Horacio Romeu)

De los "Muy conocidos", no me voy a ocupar.
Respecto de los "Relativamente conocidos", todos fueron recientemente reeditados excepto quizás Martelli y Tizziani. Recomiendo enfáticamente Los tigres de la memoria (1973), de Martelli, un policial negro extraño. 
Quizás lo más interesante sea, claro, los "Poco conocidos". Hay solo tres autores de la lista que han logrado una pequeña reivindicación en estos años. En la antología Argentina beat (Caja Negra, 2016), relatos y poesías de reynaldo mariani, de Leandro Katz y de Ruy Rodríguez asomaron tímidamente. Se suma la indispensable publicación de la obra poética de mariani de la que ya dimos noticia por acá. Asimismo, para 2017, esperamos la reedición de 7 historias bochornosas, de mariani, y de El búho en el vitral, de Rodríguez. De los demás autores poco conocidos, basta una rápida búsqueda en ML para encontrar las primeras ediciones, a veces a precios irrisorios. ¿Qué narrativas, qué escrituras nos estaremos perdiendo? ¿Qué historias detrás de estos autores olvidados, de estas obras menospreciadas esperan nuevos lectores? Dejo la inquietud pendiente.
Finalmente, como el índice de 20 nuevos narradores jóvenes lo muestra, el volumen abre con una "Nota" firmada por Néstor Sánchez y que solo un fragmento de la misma se encontraba en la web. Vaya pues la presentación de esta interesante antología que abre la puerta a la interrogación por cuál red de nombres y obras sobrevivió en la lucha por la supervivencia literaria y que abre una luz curiosa sobre algunas escrituras que hace años nadie se anima a reeditar o siquiera a leer. Va el texto de Sánchez:

Nota a 20 nuevos narradores argentinos (Néstor Sánchez)

La alusión no es del todo arbitraria: hace aproximadamente una decena de años, en la ciudad de Buenos Aires, un tal Roque Islam (poeta impublicable y desasosegado) necesitó poner el pecho a una especie de exhortación, acaso un poco desconsiderada: ¿por qué motivo no escribía prosa?
Casi sin lugar a dudas él debió experimentar algo bastante parecido a una provocación, a lo alusivo de por sí; entonces preguntó, a su vez, si se le estaba proponiendo que narrara (en los términos más o menos frecuentes), si se le estaba ofreciendo la alternativa de contar alguna historia, o suceso ajeno, o recoveco mnemónico.
La respuesta no sólo resultó afirmativa sino que además contenía la intención de una posibilidad personal (es decir, para él a su edad, de acuerdo con su obstinación sin atenuantes). Casi de inmediato Islam, fiel a cierto octosílabo recurrente, con esfumaturas, optó por ponerse de pie y salir a la calle. Todo esfuerzo por entrever lo que habrá pensado durante el trayecto hasta su casa, solo, a esas horas, resulta poco menos que impensable.
Ahora, por una rara inclinación a lo inmediato, se presenta la oportunidad de contrapuntear a veinte narradores argentinos que por aquel entonces, en el peor de los casos, sólo llegarían a los veinticinco años de edad.
De los innumerables lugares comunes de la supuesta crítica especializada rioplatense, entonces, convendría recurrir a tres que, a su modo, terminan de garantizar cierta tendencia a la proliferación y al auge: experiencia directa en lo narrativo que salta sobre la noción de poema (supuesta raíz de la lengua); confianza poco menos que inusitada por parte de las casas editoras; cierto costado de desenfado formal (sobre todo sintáctico) a partir de la segunda edición de Rayuela.
Sin embargo, releyendo el material, surge casi de improviso un elemento categórico que pretendería enfrentarse a otro un poco más desvaído: por un lado la permanencia inevitable del realismo sin atenuantes (o con sus propias esfumaturas y modorras); por el otro la irrupción del texto que querría negarse a ser cuento, o relato, o crónica.
Y tal vez otro síntoma bastante identificable: casi la mitad de los autores renuncian a la “prosa de cámara” para empezar directamente con el aliento, con la novela o su parodia. En este sentido el material vale la pena porque muestra una transición y, al mismo tiempo, un cansancio, cierta confianza cuestionadora en relación con determinado criterio de realidad (y de palabra), más, al mismo tiempo, la sospecha de que el lenguaje escrito podría protagonizar una sospecha, como tal.
Por otra parte: las ausencias inevitables pretenderían estar comentadas en algunas de las tendencias que se incluyen aquí.
En el mejor de los casos la recopilación de veinte autores jóvenes1 no “da” un solo autor, ni tampoco dos: ofrecería la medida de un conflicto, el titubeo inevitable y bienintencionado de las tendencias más la riqueza obvia de un “estado” semejante. También aparece, por algunos momentos, esa fatiga previa de la convención que tanto atormentara a Roque Islam.

Caracas, 1970

N. S.

1. Por dos motivos (exceso de edad y/o divulgación suficiente) fueron excluidos: Manuel Puig, Daniel Moyano, Tomás Eloy Martínez, Juan José Hernández, Rodolfo Walsh y Juan José Saer.
 

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