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domingo, febrero 08, 2015

El neoliberalismo desde abajo

Mi amigo y nuevo colaborador de este blog, L. L., está en plena lectura de La razón neoliberal: economías barrocas y pragmática popular de Verónica Gago (Tinta limón, 2014). Acá van sus subrayados sobre por qué Gago repiensa el neoliberalismo y qué entiende por neoliberalismo desde abajo:


  “(…) Pensar el neoliberalismo como una mutación en el 'arte de gobernar', como propone Foucault (2007) con el término gubernamentalidad, supone entender el neoliberalismo como un conjunto de saberes, tecnologías y prácticas que despliegan una racionalidad de nuevo tipo que no puede pensarse sólo impulsada 'desde arriba'. Foucault ha dicho que la innovación radical del neoliberalismo es que se trata de una forma de gobernar por medio del impulso a las libertades. Lo que a primera vista parece una contradicción, se vuelve una forma sofisticada novedosa y compleja de enhebrar de manera a la vez íntima e institucional, una serie de tecnologías, procedimientos y afectos que impulsan la iniciativa libre, la autoempresarialidad, la autogestión y, también, la responsabilidad sobre sí. Se trata de una racionalidad, además, no puramente abstracta no macropolítica, sino puesta en juego por las subjetividades y las tácticas de la vida cotidiana”.

“(…) En nuestro continente, la crisis del neoliberalismo ha abierto un debate sobre cómo caracterizar al momento que le sigue. Una línea gira alrededor de la discusión sobre la conceptualización del posneoliberalismo (Brandt & Sekler, 2009; Dávalos, 2012). Desde nuestro punto de vista, el prefijo pos -en el vocablo posneoliberalismo- no indica ni transición ni mera superación. Más bien señala la crisis de su legitimidad como política estatal-institucional a partir de las revueltas sociales recientes, las mutaciones operadas en el capitalismo mundial a partir de su crisis global y de ciertas políticas institucionales en los países cuyos gobiernos han sido caracterizados como 'progresistas' y, al mismo tiempo, la persistencia del neoliberalismo como condición y la incorporación o inmanentización de algunas de sus premisas fun­damentales en la acción colectiva popular que lo ha impugnado”.

Págs. 9-11.


“(…) En Argentina -y en América latina en general- la participación mayor del estado tras el declive de la legi­timidad neoliberal y el aliento a un consumo masivo ha cambiado en los últimos años el paisaje neoliberal: de la miseria, la escasez y la desocupación de principio de siglo (y todas las formas de lucha y resistencia que se generaron entonces) a unas ciertas formas de abundancia que se encuentran con nuevas formas de vivir el consumo, el trabajo, la empresarialidad, la organización territorial y el dinero. La mayor 'promiscuidad' de los territorios se presenta cada vez más como parte de una serie de economías barrocas que rearman una nueva dinámica política de desborde del propio neoliberalismo, cualificándolo de un modo nuevo.
Por neoliberalismo desde abajo me refiero entonces a un conjun­to de condiciones que se concretan más allá de la voluntad de un gobierno, de su legitimidad o no, pero que se convierten en condiciones sobre las que opera una red de prácticas y saberes que asume el cálculo como matriz subjetiva primordial y que funciona como motor de una poderosa economía popular que mixtura saberes comunitarios autogestivos e intimidad con el saber-hacer en la crisis como tecnología de una autoempresarialidad de masas. La fuerza del neoliberalismo así pensado acaba arraigando en los sectores que protagonizan la llamada economía informal como una pragmática vitalista”.

Pág. 12.


“(…) Entonces, hablar de neoliberalismo desde abajo es un modo de dar cuenta de la dinámica que resiste la explotación y la desposesión y que a la vez se despliega en (y asume) ese espacio antropológico del cálculo. Esta hipótesis está a la base de una ampliación (temática y conceptual) de la noción misma de neoliberalismo y, por tanto, de la proyección de una nueva afectividad y racionalidad para trazar el mapa político de estas economías fuertemente expansivas de las abigarradas ciudades latinoamericanas. Puesto en estos términos, parece difícil convencerse de que el fin del neoliberalismo depende de la declaración de unos gobiernos que dicen haber dejado atrás esas políticas. No porque haya que simplemente desconfiar de lo que declaman, sino porque el neoliberalismo es una forma anclada en los territorios, fortalecida en las subjetividades populares y expansivas y proliferantes en términos organizativos en las economías informales. Esta perspectiva no implica desproblematizarla como lógica de gobierno, sino profundizar el modo en que ese imperativo de gobierno se articula con formas de invención no reducibles, aunque tampoco del todo incompatibles, con el diagrama neoliberal”.

Pág. 14.


“(…) Desde esta perspectiva, el neoliberalismo es mucho más que una doctrina de los think tanks imperiales y está mucho más acá de lo que buena parte del progresismo regional está dispuesto a asumir. Y esto porque desafía la idea de que su opuesto es una 'vuelta al estado' entendida en términos de una 'autonomía (contractual o del significante puro) de lo político', tal como la teoría del populismo propone. Tomar en serio la articulación entre neoliberalismo y subjetividades populares pone la exigencia de recrear conceptos aptos (territorio, valor, economía, etc.) para comprender la dinámica compleja que alcanza a lo político cuando es capaz de recoger en sí todas las capas de lo real, Otro modo de leer aquella advertencia de Marx: 'lo real es múltiplemente determinado'. La dinámica axiomática del capital, como han teorizado Deleuze y Guattari (1988), pone de relieve justamente esta tensión entre una flexibilidad y versatilidad de captura y explotación, por parte del capital y, al mismo tiempo, la necesidad de distinguir las operaciones mediante las cuales esa máquina de captura subsume relaciones sociales e invenciones que también resisten y desbordan el diagrama de captura/explotación”.

Págs. 15 a 16.

miércoles, octubre 29, 2014

Sobre el tedio a vencer


El Samuel Beckett más joven (apasionado entonces por la posibilidad de una lectura “ejemplar” de Marcel Proust) bordeó en notas paralelas y suficientemente contradictorias las fronteras de una sospecha poco menos que insoslayable. Sospecha de aprendiz de brujo en relación con la vida misma (la de cualquiera) y, por extensión directa, con todo intento de dilucidación de sentido en cuanto a la literatura, a su práctica, a sus carencias.
Afirmaba algo por el estilo de que el tedio, como tal, como fenómeno plausible, debe ser el más soportable de los males humanos, a causa de ser el más permanente.
Y aunque no queden del todo claras las relaciones, lo mismo se hace evidente que toda su obra posterior llega a relacionarse, de una u otra manera, con ese tedio que implica en última instancia, el otro tedio de “estar escribiendo”. Pero tal vez se trate de un mal de este siglo del racionalismo sin atenuantes, o acaso aquella sospecha no tenía otra finalidad que la que recordarnos (otra vez) la posibilidad siempre latente de una salida por el humor, por esa especie de humor intrínseco en toda escritura que admite el “destino” de cuestionarse a sí misma como tal.
Lo cierto es que si se intenta partir de la fatalidad de ese tedio y se revisa entonces cierto flanco “marginal” de la vanguardia europea del primer cuarto de siglo no solo cabe la posibilidad de verificarlo como telón de fondo de actitudes y de libros poco divulgados, sino que puede darse, casi sin transición, a una especie de clave que se estaría negando a ofrecer, a pesar de todo, una respuesta más o menos terminante. Entonces también podría hablarse de cierta clave en cuanto a la razón de ser (no necesariamente demostrable) del acto de escribir.
El “caso” Jacques Vaché (que se pretenderá recuperar hasta en sus rasgos efeméricos) parece, por largos momentos y de acuerdo a su contexto, un ejemplo sin atenuantes del tedio a vencer, o de la derrota a aceptar de una vez y para siempre.

Sánchez, Néstor: "El 'umor' de la resistencia absoluta" en Vaché, Jacques ([c. 1916] 2013): Cartas de guerra, Buenos Aires, Editores argentinos hnos., 17-18.

sábado, junio 07, 2014

La vieja monserga arrinconada de lo oscuro y lo claro


El libro Ensayos barrocos. Imagen y figuras en América Latina (Colihue, 2014) de José Lezama Lima, que recopila ensayos y artículos del intelectual cubano, es una gran oportunidad de recuperar una voz del pensamiento latinoamericano que hacía rato no circulaba (al menos no en forma de libro). En la sección "Artículos", se recuperan textos breves y lúcidos como la semblanza por la muerte del Che Guevara o la primera aparición del manifiesto poético "Se muestra ahora el ángel de la Jiribilla". Entre estos, se encuentra una respuesta de Lezama Lima para una encuesta organizada por la revista Cuba en la UNESCO ante la pregunta "¿Cómo pueden contribuir la radio y la televisión a la educación popular?". En línea con aquella famosa sentencia del cubano "Solo lo difícil es estimulante...", copio la primera parte del artículo y los invito a que lean el resto en Ensayos barrocos.

“Un fragmento de la naranja, decía Goethe, refiriéndose a cosas de cultura, tiene el sabor de toda la naranja”, concluyendo, en atada relación con lo anterior, sólo se han escrito introducciones a la Filosofía, siempre introducciones... Por eso, en nuestra respuesta, vamos a evitar las excesivas generalizaciones acerca de la cultura y sus círculos concéntricos de irradiación así como las excesivas reducciones, tales como las perentorias exigencias de la imagen auditiva, y después, los entrecruzamientos de la imagen visual con la audicional. Todo lo anterior para precisar que la cultura en la radio y en la televisión dependerá de la cultura en que se encuentren insertadas, que sea capaz en cada fragmento de lo temporal de expresar lo necesario, de apretarse o expandirse sin perder la concentración de sus esencias.
Pero nada de adaptación, de reducción, de simplificación al llevar los productos de la cultura a la imagen radial o televisada. Los antiguos pasos, entremeses cervantinos, autos sacramentales, poemas breves, recuérdese los triunfos de Dylan Thomas en sus recitales televisados, todos esos aciertos que la cultura occidental rindió siempre a la brevedad, a una maestría que se complacía en reducirse a una sola palabra, a una sentencia, o a un cántico, que duraba lo que el aceite hirviendo sobre las aguas. En la radio francesa se ha llegado a escenificar la conversación prodigiosa entre el padre Pouget y Bergson, en la que un espíritu muy atormentado por los problemas últimos buscaba remansarse en las seguridades petrínicas.
Y el convencimiento de que el pueblo es siempre atraído por lo cualitativo sin mixtificaciones. ¿No participó en el teatro griego, en el cantabile de las grandes piezas ciceronianas, en la coral bachiana, en la Novena Sinfonía, en las imponentes oraciones de Martí? ¿Quién lo podrá excluir de lo más esencial cualitativo? No empezar con la tontería de lo que se comprende y lo que no se asimila, con la vieja monserga arrinconada de lo oscuro y lo claro, con el imperativo tema de lo fácil y lo difícil. Pues es más fácil que el campesino saludable comprenda lo oscuro creador, que el bachillerismo internacional, creador de toda esa tópica infernal, comprenda lo que es germinativo en su momento justo. (p. 381)

martes, mayo 20, 2014

La nota al pie como pieza exquisita

Carlos Correas, además de un ensayista de una lucidez ácida y un gran narrador del margen, fue un cultivador de la nota al pie. Van dos muestras tomadas de la recopilación de artículos Ensayos de tolerancia (Colihue, 1996). Copio el párrafo del texto central y, luego, la nota que se desprende.

Nota al pie de "Films argentinos", en el comentario sobre Buenos Aires viceversa, (77-78 pp.):

(...) Particularmente se ha interpretado que el idioma oral del film [Buenos Aires viceversa], casi siempre grosero, alegoriza no sólo el pasado "Procesista", sino, más arqueológicamente, un remoto pero perdido idioma filosófico de alcance nacional. La repetición de ese idioma permitiría liberarnos de terrores antiguos y nuevos. Es probable, sin duda*. (...)

* En 1943 yo tenía 12 años y vivía en la calle Santa Fe al 5000, en Palermo. Próximo al Carnaval, resolvimos, con mis amiguitos de la cortada de Ancón, armar una murguita y salir a la calle. La preparación y los ensayos nos llevaron un mes. Dos eran las cuestiones: la vestimenta y la redacción de las coplas que cantaríamos. Para la primera cuestión yo salí, ya en Carnaval, pintarrajeado y harapiento, con una escupidera pendiente de un hombro, sostenida por una corbata enroscada al cuello. Para la segunda, cantábamos en la calle, frente a los bares: "La puta que te parió se vistió de colorado/ y al pasar por el cuartel se la cogieron los soldados". También: "Por más que nadie se lo proponga, / nada es mejor que una buena poronga". También: "Te mato, te rompo, te cago, te reviento/ y el orto te lo pongo hecho un pimiento". También: "Mi hermana tejió una colcha y la llevó a la exposición/ y la 'colncha' de mi hermana el primer premio sacó". Nuestro mayor éxito fue en la esquina del famoso bar La Paloma, en Santa Fe y Juan B. Justo. Los pelafustanes sentados a las mesas de la vereda se desplomaban de la risa y nos daban monedas. Nos enorgullecía que nosotros, menorcitos, entretuviéramos a gente mayor. Transcribí sólo una antología de las coplas. Se habrán notado los términos "fuertes". Ni nuestros padres, ni nuestros maestros de la primaria y de la secundaria, ni las revistas de historietas que leíamos, ni la radio que escuchábamos usaban esas palabras. Nuestras fuentes eran los vagos de café y otros compañeritos, y nosotros éramos entusiastas iniciados en un idioma secreto. Ahora, en el declinar de mi vida, advierto, con una mezcla de extrañeza y consternación, que las paparruchadas carnavaleras que entonces cantábamos -u otras chocarrerías similares- se han convertido, para los últimos pensadores de este país, en "lengua coloquial argentina". ¿Habremos sido nosotros, los traviesos nenes murgueros de Santa Fe y Ancón, precursores de este advenimiento lingüístico?

Nota al pie de "Films argentinos", en el comentario sobre La nube (86-87 pp.):

(...) La mostración de jubilados maltratados, de policías venales o asesinos y mentirosos, de jueces impartiendo "la Justicia" cubiertos por paraguas bajo la lluvia, de servidores cuya capacidad de ser humillados es directamente proporcional a su compulsión de humillar, de abogados que arriesgan su vida por defender indigentes, de jóvenes que dejan la Argentina por Australia, de la exacerbación de los dolores comunitarios... sugeriría en Solanas un "reformismo" del que me ocupo en nota*.
*'Reformismo', esto es, enaltecer las instituciones republicanas y no destruirlas, sino depurarlas. Una pequeña y mediana burguesía que es progresista y racionalista: confía en las virtudes del diálogo, hace del trabajo un honor y pone el orgullo en las reivindicaciones profesionales. Muchos son universitarios que anhelan "funcionar honestamente en el mercado cultural". Pequeños y medianos burgueses que creen y quieren creer en el compañerismo entre amigos y en el compañerismo conyugal, y bregan por la "solidaridad social" y por la vida consensuada. Están contra los excesos, "vengan de donde vinieren", y sean voluntaristas o intelectualistas, y contra los extremos, "sean los que fueren" (la drogadicción, los suicidios y otras demencias; la guerrilla y/o el terrorimso "que siembran la muerte, el caos, el resentimiento, el terror y el odio en la sociedad argentina"). No tienen sentido del Mal, y cantan a la salubridad en ética y en economía y al aseguramiento "transparente" en la custodia de la propiedad privada y del orden jurídico. Este canon y este pensamiento, blandos y amorfos, enmudecieron en las épocas criminales y cuando recuperaron el habla su decir nos ha resultado torcido e inútil.
Otra pieza exquisita escrita por Carlos Correas, acá.

miércoles, abril 30, 2014

El arte arde en los bordes


En pleno año del Centenario, el etnógrafo Robert Lehman-Nitsche también escribió mirando al futuro. Recopiló unas Adivinanzas del Plata, dedicadas a los argentinos del año 2010, cuando los medios de comunicación de masas, según su previsión, ya habrían completado la tarea anestésica del olvido. Las más escatológicas y pornográficas sólo serían editadas en Leipzig, en 1923, bajo el seudónimo de Víctor Borde. Dreier nos ofrece pruebas de conocerlas. En esos Textos eróticos del Río de la Plata, Lehman-Nitsche lee, por ejemplo, un graffiti en un baño público de la Capital, S.P.Q.R., que no se decodifica, por el derecho, como las iniciales del Senado romano sino, por lo contrario, como una payada o provocación prostibularia: “Señoras putas, queremos rábanos”. Y en retrolectura R.P.Q.S., “rábanos queremos, putas seremos”. Se trata de un procedimiento de maledicencia que poco después sería activado por Duchamp para designar su ready-made emblemático, L.H.O.O.Q. A través de esa sigla, que al ser rápidamente leída en francés suena como “ella tiene fuego en el culo”. Duchamp nos dice que el arte arde en los bordes. Ésa es, en suma, la lección que Rrose Sélavy (el seudónimo travestido de Duchamp) supo extraer de los baños públicos, a través de la mediación de Víctor Borde, alias Lehman-Nitsche. Más tarde, ya en Nueva York, en 1925, ha de fotografiar y rescatar un graffiti del baño de la Lincoln Arcade en el que se lee Nous nous cajolions, i.e., “nosotros nos estimulamos” pero también, “nosotros, en la jaula de los leones”.
Antelo, Raúl (2006): Maria con Marcel. Duchamp en los trópicos, Buenos Aires, Siglo XXI, pp. 79-80.
 

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