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domingo, febrero 22, 2026

Los índices de la revista Opium (2a parte)

Para finalizar con los índices de la revista Opium, van los de los números 3 1/2 y 4. Y recuerden: "Dios está en los paratextos". ¡Que los disfruten!


 
Opium 3 ½ 

Baires, noviembre de 1965 
 
Tapa: Roberto Duarte 
Grupo editor: Ruy Rodríguez – reynaldo mariani – Isidoro Laufer – Sergio Mulet 
[Editado con el apoyo económico de Falbo Librero editor - y amigo] 
[Diagramación: Renée Cuellar – Ruy Rodríguez] 

Manifiesto “etcétera etcétera. Sí. Sí. Opium aún con el Amor y el Ocio” p. 3 y p. 47 
“A la memoria de Ann Jones”, Dylan Thomas (con nota de Enrique Molina) pp. 4-5 
“Sermón del subterráneo”, Daniel Giribaldi p. 6 
“Balada final”, François Villon (traducción y nota: Edmundo Eichelbaum) p. 7 
“Yo busco unos ojos…”, Mercedes F. Z. de Giúdice p. 8 
“Gigi”, Dalton Trevisan (Brasil) (traducción: Ruy Rodríguez) p. 9-10 
[Publicidad de Ediciones Sunda] p. 10 
“A la gloria de las familias”, Enrique Molina p. 11 
“Mañana, que es domingo”, Egito Gonçalves (Portugal) (traducción: Ángel Crespo) p. 12 
“Estado de mareas”, Ruy Rodríguez p. 13 
“La mesa”, José Peroni p. 14 
“Herido”, Saúl Yurkievich p .15 
“Panqueque con crema”, reynaldo mariani pp. 16-17 
[Publicidad de la revista La loca poesía] p. 16 
[Publicidad de la revista Airón] p. 17 
Dalmiro pregunta a Dalmiro p. 18 
Portada “4 poetas norteamericanos Merton, Ginsberg, Oberweiser, Sherman” p. 19 
“Albada Harlem”, Thomas Merton (traducción: Ernesto Cardenal) p. 20 
“Chillido”, Allen Ginsberg (traducción: Julio Valmaggia y reynaldo mariani) p. 21 
“Suceso”, David Oberweiser (traducción: reynaldo mariani) p. 22 
“El palacio de la luna más baja”, Susan Sherman (traducción: Eduardo Costa y Malena Ezcurra) p. 23-26
[Publicidad de la revista Jazz Up] p. 26 
“Todo por una fotografía que no pude tomar”, Martín Micharvegas p. 27-28 
“Acerca… …de esto que hago”, René Palacios More p. 28-29 
[Publicidad de la revista Vigilia / Publicidad del libro Estado de alerta, de Ezequiel Saad, ediciones La lengua del dragón] p. 29 
“Una cubierta de automóvil”, Sergio Mulet p. 30 y p. 40 
 “Desde la habitación vecina”, Eduardo Aray (Venezuela) p. 31 
“Maconha”, Luisa Futoransky p. 31 
Portada “Dos poemas de Blaise Cendrars” p. 32 
“Eres más bella que el cielo y el mar”, Blaise Cendrars (versión y nota: René Palacios More) p. 33 
“El vientre de mi madre”, Blaise Cendrars (versión y nota: René Palacios More) p. 34-35 
Nota sobre Blaise Cendrars p. 35 
[Publicidad de Falbo Librero editor] p. 36 
“Contra”, Juana Ciesler p. 37 
“Uno”, Jorge Michel p. 38 
[Publicidad de la revista Mediodía] p. 38 
“Poema”, María del Carmen Suáres p. 39 
[Publicidad de la revista El corno emplumado] p. 40 
“Abajo” (fragmentos), Leonora Carrington (nota y traducción: César Moro) pp. 41-46 
[Publicidad de la casa de antigüedades Hogart] p. 47 
[Publicidad de la galería de arte Vignes] p. 47 
[Aviso “Se adhieren a Opium: Claudia Sánchez, Guillermo Smith, Ricardo Becher”] p. 47 
[Aviso de colaboraciones y correo para Opium] p. 47 
[Foto de violencia contra negros en EE. UU. con epígrafe de James Baldwin] p. 48   




Opium 4 

Baires, 1967

Tapa: Gustavo Trigo 
Responsables: ruy rodríguez – reynaldo mariani – sergio mulet 
Editor: Miguel Ángel Gómez Sanjaume 

[el número no tiene paginación] 

Manifiesto “han pasado muchas cosas en un año (…):” 
“Poema para gritar entre las ruinas” – Louis Aragón (traducción y notas: Victoria Rabín) 
“Mutilación” – Marcelo Fox 
[Publicidad de Ediciones Sunda B. A.] 
“Magia”, Arnaldo Acosta Bello (Venezuela) 
“Prosa”, G. Albert Aurier (traducción y nota: Álvaro Rodríguez) 
“La escena de la pirámide”, Philip Lamantia (USA) (traducción: José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal) 
[Publicidad de una ¿antología-revista? El Opiumtodo, anticipaba textos de mariani, rodriguez, mulet y néstor sánchez] 
Fragmento de Siberia blues, Néstor Sánchez 
“Al extranjero”, Rodolfo Hinostroza (Perú) 
“Costumbres nupciales de los perros”, “El vino”, Francis Ponge (traducción y nota: Enrique Molina)
[Publicidad de galería de arte Vignes] 
“La vida no es simétrica”, Rodolfo Relman 
[Publicidad de Sanjaume editor] 
“M”, Francisco Pérez Perdomo (Venezuela) 
“Fragmentos”, Victoria Rabín 
“Reportaje algo agresivo a mí mismo”, Roger Pla (nota: mariani) 
[Collage con la imagen de colaboradores de Opium
[Inscripción tipográfica: “¡Al truco jamás!”] 
“Cartas a André Breton”, Jacques Vaché (traducción y notas: ¿?) 
“Blanca acetileno!”, Jacques Vaché [Recorte en francés y traducido sobre el suicidio de Vaché con opio]” 
[Publicidad de la librería Los cronopios] 
“Regreso de un ciudadano (mamotreto n. 5)”, reynaldo mariani 
“Credo y técnica para prosa moderna” (en inglés y traducido), Jack Kerouac (traducción y nota: ¿Miguel Grinberg?) 
“Kerouac y los ángeles subterráneos”, Henry Miller (traducción y nota: Miguel Grinberg) 
 “El gusto de Miles”, Ted Joana (USA) (versión: Loses Carpartaco) 
[Publicidad de estudio de fotografía Estudio Caglioti] 
“El mal garza real”, Francisco Madariaga 
“La belleza tiene nombre”, Jorge Centofanti 
“Poema IV”, Sergio Mulet 
“Resaca”, Osvaldo Alcântara (Cabo Verde, África) (traducción: Ruy Rodríguez) 
“Inventario sobre la marihuana y ella”, Ruy Rodríguez 
[Aforismos], Oscar Wilde 
[Grabado antiguo de un fraile y un indígena con un telar] 
“Oraciones de un señor arrepentido”, Antonio Cisneros (Perú) 
“Billy the kid”, Jack Spicer (traducción y nota: Miguel Grinberg) 
[Aviso para colaboraciones y suscripciones a Opium
[Índice y responsables del número]

lunes, febrero 09, 2026

Los índices de la revista Opium (1a parte)

Los que pasaron por Lecturas y exhumación, quienes conocen este blog, saben que me interesan los paratextos. Le he dedicado, por ejemplo, posteos a las notas al pie de Carlos Correas

En esta ocasión, comparto un trabajito que me tomé como complemento al gran laburo realizado por Fede Barea, amigo de la casa, en su libro Argentina beat. Derivas literarias de los grupos Opium y Sunda (Caja Negra, 2016). Faltaba tener una visión más general de lo incluido en los cuatro números de la efímera publicación opiúfica. 

Me parecía relevante para notar: los vínculos con poetas y revistas de otros países y regiones del mundo (desde Brasil hasta África, pasando claro está por EE. UU.); las publicidades de locales de la época como el bar Moderno o la casa de antigüedades Hogart (¿algo que ver acaso con la madre Hogarth de OL?); las traducciones elegidas para marcar una tradición, como Alfred Jarry en el segundo número; otros poetas menores que quedaron olvidados en los márgenes de la literatura argentina (y que no entraron en Argentina beat, claro).

Van pues los índices de los números 1 y 2 1/2 de la revista Opium. En unos días subo los siguientes. Y recuerden: "Dios está en los paratextos". ¡Que los disfruten! 


Opium
n. 1 

Baires – Argentina Oct-Nov 1963 

Edita: Grupo OPIUM m. bartolomé – mariani – rodríguez – satz – l. bartolomé – fox 
Responsables: reynaldo mariani – ruy rodríguez 

En este número: jorge medina vidal (uruguay) miguel bartolomé reynaldo mariani ruy rodríguez mario satz marcelo fox rosa skific 

Suplemento: Poesía del Brasil (traducción y notas de Dilermanda Rocha) 
Viñeta: Grabado en madera – Daniel Zelaya 

“Madame”, Miguel Bartolomé p. 1 
“Entonces dijo el que de ellos hablaba”, Ruy Rodríguez p. 2 
“Hadad”, Mario Satz p. 2 
“Composición n. 1” y “Composición n. 3”, Jorge Medina Vidal p. 3 
“Poema”, Rosa Skific p. 3 
“Caca”, Reynaldo Mariani p. 4 
“Sombras”, Marcelo Fox p. 5 
[Publicidades de Eco contemporáneo, El corno emplumado y Librería Norte] p. 5 
[Datos de contacto con la revista] p. 5 
Manifiesto “Opium – opium – opium – opium…”, Grupo OPIUM [Octubre 1963] p. 6




Opium 2 ½ 

Año 2 n. 2 – junio y julio de 1965 

Grupo editor: isidoro laufer – ruy rodríguez – sergio mulet – reynaldo mariani 

Manifiesto “Porque no somos ángeles…” p. B [termina en p. U] 
“ABC de las catástrofes” (fragmento), Aníbal Machado (Brasil) p. C 
“No quisiera crepar”, Boris Vian (versión y nota: Leutrade Hucqtoeur) p. D-E 
“Epitafio”, Bertolt Brecht p. E 
“Enterremos en paz la guerra”, J. Mario (Colombia) p. F 
“Regreso de John Nobody, personaje imaginario aunque (quizás) no tanto”, reynaldo mariani p. G
“L’Opium”, Alfred Jarry (versión: René Palacios More) p. H-J 
[Dibujo de Mario Gómez] p. I 
“Tarma y las islas”, Ruy Rodríguez p. J 
Dos poetas africanos: “Mi canto Europa”, Tomás Medeiros (Isla Sao Tomé – África) // “Para más allá de la desesperación”, Ovidio Martins (Cabo Verde – África) (traducción: Ruy Rodríguez) p. L-M 
“Los héroes”, Juan Calzadilla (Venezuela) p. N 
[Publicidad de El corno emplumado] p. N 
“Poema báquico”, Yehudá Ha-Leví (poeta hispanohebreo - ¿1080-1140?) p. O 
“El trapecio”, Manuel Pacheco (España) p. O 
“Estoy pobre”, Isidoro Laufer p. P 
“La visita de la noche”, Henrique Simas (Brasil) p. Q 
 [Publicidad de Filmboard] p. Q 
“Poema 1” – Sergio Mulet p. R 
[Publicidad de Hogarth, local de antigüedades] p. R 
“Palabras antiguas”, Rafael Solana (México) p. S 
[Publicidad de Serna, local de cine] p. S 
“Envío”, Leopoldo José Bartolomé p. T 
[Publicidad de Falbo Librero editor] p. T 
[Publicidad de La loca poesía] p. U 
[Publicidad de Casa Vignes, galería de arte] p. U 
Continuación de Manifiesto “Porque no somos ángeles…” p. U 
[Publicidad de Ediciones Insurrexit y de próxima publicación editorial de Opium] p. V 
[Publicidad del bar Moderno] p. W 
[Publicidad de librería en Av. Corrientes 1740] p. W 
[Aviso sobre correspondencia y envíos a Opium] p. W 
[Publicidad de gráfica Imprimatur] p. Z

domingo, enero 18, 2026

Marcelo Fox te invita a su masacre


La necesidad tiene cara de hereje y la literatura argentina añora las herejías del pasado. 

¿Qué mayor hereje que Marcelo Fox, un joven escritor perdido en la década del 60? 

Durante febrero, leeremos relatos, poemas, reseñas y los dos libros de Fox publicados en su vida breve: Invitación a la masacre (1965) y Señal de fuego (1968). 

¿Que si habrá otros invitados? Claro que sí: frecuentaremos los bares de la Manzana Loca, las páginas de Opium y otras revistas olvidadas, y acompañarán nuestros pasos Alberto Laiseca e Ithacar Jalí, entre otros y otras. 

Si te interesa conocer y leer al gordo Fox, la invitación a su masacre queda extendida. Arrancamos en febrero. 

¡Más info al mail golosinacanibalblog@gmail.com!

jueves, enero 15, 2026

Las dedicatorias de Marcelo Fox



Esta muestra organizada por el área de Investigaciones de la Biblioteca Nacional fue un gran evento de 2025. La idea era seleccionar distintos libros del acervo de la Biblioteca que tuvieran dedicatorias y tratar de leer en esos breves mensajes algún vínculo, algún sentimiento, alguna historia. Hay elucubraciones fantásticas, les recomiendo que chusmeen el catálogo

Tuve la fortuna y el gusto de participar en el catálogo con dos textos, uno sobre dedicatorias de puño y letra de J. R. Wilcock; y otro sobre dedicatorias de Marcelo Fox al historiador Fermín Chávez. 

A continuación dejo este segundo texto. ¡Espero que lo disfruten!



Otro milagro secreto


Que dos ejemplares de un escritor perdido en las notas al pie de la literatura argentina como Marcelo Fox se conserven en el acervo de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno parece una curiosidad. Ahora bien, si ambos volúmenes además están dedicados de puño, letra y signo y dirigidos a la misma persona, el historiador revisionista Fermín Chávez, nos encontramos sencillamente ante un milagro. No es extraño que alrededor de Fox, de su precipitada vida, de su escritura oscura y profética aparezca un —otro— milagro secreto. 

En el crisol de las ideologías de los años sesenta, Fox publica Invitación a la masacre (Falbo Editor, 1965) y Señal de fuego (Yelpo Editor, 1968). Años después, escritores como Fogwill y Laiseca se encargarían de difundir su primer libro a través de fotocopias y con la convicción de que Fox había sido un verdadero genio (como todo genio, un muerto joven: en 1972, con apenas 30 años). No existe un archivo de vida y obra del “gordo” Fox. Se cuenta, por ejemplo, que Señal de fuego circulaba casi de mano en mano, que la tirada fue breve y secreta. Un largo manto de olvido, silencio e incomodidad cubre su producción y su historia. ¿Cómo recordar a un poeta que gritaba “Soy nazi, soy comunista” en las lecturas de la movida beatnik? ¿Qué decir sobre el joven de dos metros de altura y doscientos kilos que atravesaba las calles de la Manzana Loca porteña vistiendo una capota de la Gestapo? ¿Cuál es la clave para leer un libro como Señal de fuego, publicado en el año del Mayo francés, en cuyas páginas conviven aforismos y esvásticas grabadas en tinta roja? 

Las dedicatorias a Fermín Chávez abren más interrogantes alrededor de la vida y la obra de Marcelo Fox, un habitante del lado B de la literatura argentina. Desde fines de los años cincuenta, después de haberse acercado al peronismo desde el nacionalismo católico, Chávez comienza a cimentar las bases de su obra: una revisión de la historia nacional. ¿Fox lo habrá leído? Él, un joven escritor con ínfulas de maldito, ¿se habrá visto a su vez seducido por el hecho maldito de la política argentina? Algunos años antes, había dedicado un ejemplar de Invitación a la masacre (hoy parte de una colección privada) con estas palabras: "A Pedro Catella, Gran Inquisidor para congraciarse y evitar la Gran Hoguera". Catella, ¿hijo o padre? De seguro con vínculo cercano a Alicia Eguren y a la Resistencia Peronista. ¿Otro posible grado de cercanía entre Fox y el peronismo? ¿Cuál peronismo? 



En cuanto a las dedicatorias a Chávez, la primera es escueta; elocuente, en cambio, la de Señal de fuego. Se ve una cruz ansada, proveniente del esoterismo egipcio y vinculada con el renacimiento y la inmortalidad; se ve también una firma en donde el apellido se transforma en líneas, en trazos, en un código a descifrar. No hay muestras de afecto, no hay señas de cercanía, está la mano de Fox grabando sus sigilos poéticos, es decir, proféticos. Acaso, como sugiere Diego Arandojo, se esconde en esa firma una mistificación antigua y pagana: Marcelo TOTH. El dios egipcio Toth, con cabeza de pájaro, lleva en una de sus manos la cruz ansada; es el dios de la magia y de la muerte, mediador entre vivos y muertos. Hay una última pregunta: ¿Chávez habrá leído Señal de fuego? ¿Habrá sentido, entre esos aforismos apocalípticos y esas cruces gamadas de sangre, alguna profecía de los tiempos por venir, tiempos cargados de violencia, de persecución y de ríos de sangre firmados por tres letras A?


El resto del increíble catálogo de la muestra se puede leer por acá.

domingo, junio 15, 2025

Laiseca recuerda al gordo Fox

Hace unos días, mientras avanzamos con los encuentros de lectura foxeanos, recordé un testimonio de Laiseca sobre el gordo Fox que aparece en medio de la obra Fogwill, una memoria coral, de Patricio Zunini. Aprovecho esa microexhumación para traer a la memoria virtual dos textos más en donde Lai evoca a su viejo amigos de la Manzana Loca y el deseo amoroso de destrucción. ¡Qué los disfruten!



En este país hubo un genio, pero genio sin joda, llamado Marcelo Fox. Era amigo mío. Tuvo una muerte prematura, murió muy joven. Lo atropelló un tren en Belgrano R: le cortó la cabeza. El funeral fue a cajón cerrado, por supuesto. (Aquello fue un aquelarre. No bien entré me recibió el padre: “Se murió por pelotudo, ¡por pelotudo!”. En vez de decir: “Hola, Laiseca, gracias por venir”, decía: “Se murió por pelotudo”. Lo cual posiblemente sea cierto, pero qué tiene que ver). Fox escribió una obra llamada Invitación a la masacre. Yo siempre dije que esa obra no tenía ningún talento: solamente genio. Como es lógico, no tuvo ningún éxito. Era demasiado genial, demasiado nueva, con cosas muy agresivas y terribles y a la gente eso no le gusta. Se asusta la gente. Pero era una obra genial de todas maneras. O justamente por eso. La novela se había perdido en el río de las cosas; yo tenía un original —lo sigo teniendo—, y le di una copia a Fogwill. Él no lo conocía, pero quedó enloquecido: “¡Esto hay que divulgarlo!”. Entonces sacamos fotocopias de Invitación a la masacre y se la pasamos a mucha gente para ver si lo editaban. ¿Quién tuvo la idea de las fotocopias? Seguramente Fogwill. 
En Zunini, Patricio. Fogwill, una memoria coral, Buenos Aires, Mansalva, 2014, pp. 88-89. 


Pero más allá de que Almotásim exista o no, lo cierto es que en Argentina me he topado varias veces con seres geniales o al borde del genio. Garantizo que nada queda de ellos. Otros se están quemando en este preciso momento. Hay un hombre llamado Pedro Lipcovich. Tenemos un pequeño libro de él, llamado El nombre verdadero. Fue publicado hace poco. Es una obra trascendente que no despertó el menor interés. Cuando se pierdan esos pocos ejemplares en el ruido de las cosas, la obra desaparecerá. Esperemos un milagro. 
Existió un muchacho que a los dieciséis años publicó Invitación a la masacre. Ahora está muerto y su libro perdido. Se llamaba Marcelo Fox. Cada tanto aparece un ejemplar de su obra en las llamadas librerías baratas o “de viejo”, esas con libros usados. Invitación a la masacre es una de las obras más originales que se hayan escrito en Argentina. Cruel, terrible, vigorosa, lúcida. Marcelo Fox sabía demasiado. 
A veces la letra de alguien se pierde en el rock, como le pasó a Federico Moura, el creador del conjunto Virus. Su obra, por provenir del rock, no será valorada jamás. Su letra está bajo un lacre mágico: uno de esos sellos que hacen que el castellano se transforme en chino básico. Se lee pero no se lee, se escucha pero no se escucha. Vale decir no se comprende. 

El artículo completo de Laiseca sobre el centro y la periferia publicado en 1992 se leé en revista Bache



Marcelo Fox carecía de todo talento. Sólo tenía genio. Únicamente genio. [...] Una vez un malvado me dijo de Invitación [a la masacre], despectivamente: "Ese libro terrible. Fox lo escribió porque era gordo". Vaya manera de juzgar una obra de arte y, sobre todo, de este calibre. Yo era muy amigo de Marcelo y se lo conté expresándole mi indignación. Para mi sorpresa Fox lanzó una de sus carcajadas de ogro: "¡Es cierto! ¡Es cierto! Lo escribí porque era gordo. ¿Y qué?". 
Cierto: y qué. De todas maneras esto nos obliga a pensar en algo nuevo: no es verdad que nuestra alma se adapte a Dios o a sus deseos. Más bien concebimos una imagen de Dios que se adapte a las posibilidades de nuestro cuerpo. \
En efecto: estoy harto de ser gordísimo. El fofo muñequito del cual todos se burlan. Soy un genio y nadie lo ve. Más bien "echan lacre a mi paso" (textual). 
Tenía razón. La grandeza y el novedosísimo sentido del humor de su obra sólo despertó rechazo, incomprensión y miedo. Arrojaron lacre a su paso. 
Fox tenía dieciocho años cuando escribió Invitación. A esa altura había leído más bibliotecas que yo a mis setenta. Anunció el Proceso mucho tiempo antes de que alguien sospechara tal posibilidad. El torturador de uno de sus cuentos tiene un discurso interno que jamás un procesista se atrevería a tener. Sería quedar demasiado desnudo, expuesto. 
Posteo en Facebook de la editorial Simurg el día 15 de julio de 2021.

miércoles, mayo 28, 2025

Golosina Caníbal presenta... (tapas n.° 01 al 10)

Estas son las tapas de los primeros diez números de Golosina Caníbal presenta..., un fanzine analógico, impreso y finito que nació en 2020. La idea original surgió por intentar darle una sobrevida a textos que noto se pierden en los mares virtuales (revistas caídas, sitios inexistentes o en agonía) o han sido olvidados hace mucho tiempo. 

Así, pueden notar entre el número 01 y el 10 que las voces, las firmas, los temas y las épocas varían y van del pasado al presente ida y vuelta (y también, por qué no, le amagan al futuro). 

 

Las primeras novelas de Ariel Luppino, según la mirada de Agustín Conde De Boeck (n.° 01); 

un vistazo a La salamandra, una gran novela olvidada de 1965, de Celia Paschero (n.° 02); 

un ensayo sobre las Rubaiyat, escrito por el maestro Raúl Antelo (n.° 03); 

el retorno ficcional de Marcelo Fox, urdido por Luppino (n.° 04); 

ese perfil inolvidable de Luisa Sofovich sobre James Joyce (n.° 05); 

la traducción de prosas poéticas objetivistas de Gertrude Stein realizada por Juan Maisonnave (n.° 06); 

una entrevista perdida al monstruo Lai de Hernán Bergara con ilustraciones de Diego Cano (n.° 07); 

el relato sobre los crotos en la lapicera rabiosa de don Bernardo Kordon (n.° 08); 

un acercamiento múy lúcido a la poesía de Georg Trakl realizado por Rogelio Bazán (n.° 09); 

y los poemas muertos de Ligotti, traducidos por Agus Conde De Boeck (n.° 10). 

 

Golosina Caníbal presenta... es un fanzine, como decía, impreso y finito. Sus números se agotan, produzco pocos ejemplares (entre 100 y 200), y los números del 01 al 06 ya se han evaporado, están agotados y ahora viven y sobreviven en bibliotecas, mesas de luz, docenas de huevos o tachos de basura. En estos días apunto al n.° 20, casi para brindar con los 20 años que también se cumple en este año, 2025, de ese blog, Golosina Caníbal. 

Si a algún internauta le interesa un ejemplar del fanzine, saber qué otros hay (próximamente posteo del 11 al 19), me pueden escribir a través de Instagram, Facebook (de X me fui por cansancio y nihilismo) o por el viejo y querido mail: golosinacanibalblog@gmail.com 

Gracias por el interés y la lectura. De a poco intento despabilar este antro. Veremos, veremos...










 

martes, mayo 13, 2025

Ouroboros, un retrato imaginario de Marcelo Fox (corto documental de Nicolás Ivaldi)

Intento volver por estos pagos, cansado del ritmo efímero de las redes sociales y la imposibilidad de hacer búsquedas útiles y efectivas. Veremos, veremos.

En este post, comparto el corto documental que realizó Nicolás Ivaldi en 2020 sobre Marcelo Fox, titulado Ouroboros, un retrato imaginario de Marcelo Fox. ¡Paso la síntesis y el link para verlo online! ¡Que lo disfruten!

 

 

LINK: https://vimeo.com/825680598

 

Dirección: Nicolás Ivaldi.

Compañía Productora: ENERC, INCAA.

País: Argentina / Año: 2022 / Duración: 13' 31''.


SINOPSIS

En Buenos Aires, durante la década de los 60's, un joven poeta maldito desarrolla una corrosiva obra performática y literaria por la que es condenado socialmente. Años más tarde, la violencia presente en sus escritos es encarnada por la realidad mientras su figura se pierde en el olvido.

EQUIPO & REPARTO

Narración: Pablo Mónaco y Solange Rosales / Producción: Guido Chapto / Guion: Gastón Blanco y Nicolás Ivaldi / Fotografía: Ciro Zanela e Ian Pojomovsky / Montaje: Juan Ignacio Arias / Sonido: Gonzalo Imanol Del Peón / Arte: Agustín Celoné.

 

FESTIVALES

REC 14° | Festival de Artes Audiovisuales Latinoamericano de Universidades Públicas (2023).

4° ENERC SE PROYECTA | Muestra Federal de Universidades Públicas (2024).


PREMIOS

Mejor Cortometraje Federal | Festival REC 14° (2023).

Premio RAFMA | Festival REC 14° (2023).

Mención RAD | Festival REC 14° (2023).

Mejor Cortometraje Documental | 4° ENERC SE PROYECTA (2024).

Mejor Tesis Documental | 4° ENERC SE PROYECTA (2024).

Premio AADA a la Mejor Dirección de Arte | 4° ENERC SE PROYECTA (2024).

martes, agosto 03, 2021

Se viene Vida, obra y milagros de Marcelo Fox

 

Esta es la historia de un hombre llamado Marcelo Fox. Pocos lo han recordado, muchos lo sumieron en el olvido. Sin embargo, su escritura permanece. 

Las anécdotas alrededor suyo proliferan. En los revoltosos sesenta de la Manzana Loca, hay quienes lo recuerdan gritando “¡soy nazi, soy comunista!”; hay quienes lo vieron cruzando la avenida 9 de Julio a ciegas, tentando a la suerte; hay quienes no olvidan sus dos libros únicos e irrepetibles: Invitación a la masacre, de 1965 y Señal de fuego, de 1968. 

Y si el resto es literatura, este libro pronto a publicarse por Borde Perdido editora y escrito en secreto pacto entre Matías H. Raia y Agustín Conde De Boeck resulta un homenaje al escritor maldito de la literatura argentina. Esto es Vida, obra y milagros de Marcelo Fox, una biografía fantasmal.

Para sumarte a la preventa promocional, hacé click acá (estará vigente hasta mediados de agosto de 2021). Luego, enviá un mail a bordeperdidoeditora@gmail.com para coordinar la entrega!

lunes, julio 20, 2020

Laiseca en el Moderno, 1968

El vínculo inicial (¿iniciático?) entre Alberto Laiseca, su llegada a Buenos Aires hacia 1966, y el bar Moderno todavía conserva aristas por descubrir. Ubicado en Maipú 918, entre Paraguay y Charcas, el bar mítico de la Manzana Loca aparece mencionado o a través de algunos de sus habitúes en varias novelas del conde.
Por ejemplo, encontramos mencionado el bar en algún relato de Gracias Chanchúbelo y en Por favor, pláguienme. También, es posible cruzarse ficcionalmente con Marcelo Fox (El jardín de las máquinas parlantes, Los sorias y otras menciones menores en varias obras), mariani (Los sorias), Sergio Mulet (Las aventuras de un novelista atonal), y Horacio "Pepe" Romeu (Matando enanos a garrotazos), entre otros a descubrir. Es como si los recuerdos y las experiencias de Laiseca en el Moderno se entrelazaran en filigrana con sus relatos...
También Laiseca ha sabido mencionar el bar Moderno en varias entrevistas como un lugar central para su contacto juvenil con el campo cultural porteño. De dichas menciones da cuenta la valiosa entrada, "Moderno", del "Abecedario Laiseca", armado por Guido Herzovich, para la revista El Ansia, n. 1 (2013):

MODERNO. “Estaba de peón cuando vi un barbudo de pelo largo. ‘Debe ser un intelectual’, pensé. Y le hablé: ‘Mirá… vengo de afuera, recién estoy en Buenos Aires, ¿no hay algún lugar donde se reúnan escritores?’. Y curiosamente el tipo no se me rió y me contestó: ‘Sí, hay un lugar donde se reúnen pintores, escritores, poetas, es el Bar Moderno, que queda en la calle Maipú al 800 y pico’. Y ahí fui, empecé a conocer gente, leía mis cosas, mis manuscritos. (…) El Moderno me cambió la vida a mí. No existe más, pobrecito: qué desgracia” (Entrevista de Gabriela Cabezón Cámara, Ñ, 20/5/2011). El Moderno quedaba en realidad en el 918 de Maipú, cerca de Paraguay. Corría el 66: Laiseca tenía veinticinco años. Además de la fauna variada del Di Tella —que estaba a la vuelta—, lo frecuentaban los integrantes del grupo Opium (Sergio Mulet, Reynaldo Mariani, Ruy Rodríguez), “beatniks argentinos”, amigos del también habitué Néstor Sánchez. “Nos conocimos en revistas, en bares, en confusas reuniones a las tres de la mañana. Nos conocimos orinando en baños donde leímos que Perón o Tarzán nos salvarían; nos miramos a los ojos y sonreímos: ninguno quería ser salvado”, informaba el primer panfleto de Opium. Entre los compañeros de mesa del Moderno, el que retorna con más regularidad en los relatos de Lai es Marcelo Fox: hijo de una familia bien, maldito vocacional, suicida a los treintitantos —decapitado por un tren—, escribió un par de libros inhallables que, según Lai, su familia quiere conservar así. “No quieren que se sepa que el hijo era un monstruo”. Monstruosidad de época que a Lai no le fue del todo ajena: vivir rápido, morir joven y dejar un cadáver sin cabeza. Esas charlas de café tal vez sean un elemento importante en la genealogía del delirio laisequiano, que se entroncaría así, en una tangente inesperada respecto de sus referencias explícitas, con lo más moderno de la escena estética del medio siglo: el seudo-surrealismo local, las pandillas de Aldo Pellegrini (a quien Darío Canton dice haber visto en el Moderno), el conceptualismo y el arte de los medios, los inicios del rock argentino. (Herzovich, Guido. “Abecedario Laiseca”, en El Ansia, n. 1, 2013)

En fin, baste rememorar algunas notas de ese íntimo vinculo entre Alberto Laiseca y el bar Moderno. Me gusta seguir buscando otros ejes de lectura en su obra, que se corran lateralmente del "realismo delirante" y que abran la puerta a los cruces entre vida y obra, biografía y literatura.
De yapa, dos fotos de 1968 que vienen circulando hace un tiempo en Facebook (gracias a Marcelo Sztrum y a Víctor Kesselman). En estas, Laiseca comparte mesa con miembros de la obra La Orestiada (una obra a la que, más vale tarde que nunca, le dedicaré un post) pero también con mariani y con Alejandro Medina (de Manal), entre otros. Como FB, esa red social vetusta, no tiene ninguna amabilidad para el archivo, aquí van para que puedan encontrarse y disfrutarse:


FOTO 1: Laiseca en el Moderno, 1968


Desde el centro hacia la izquierda: Graciela Dellepiane Rawson, Víctor Kesselman, Alfredo Slavutzky, Horacio "Pepe" Romeu, Marcelo Sztrum, Alberto Laiseca, Rubén de León. Alejandro Medina, Jorge Centofanti. Bar Moderno, 1968. Foto tomada por ¿?


FOTO 2: Laiseca en el Moderno, 1968


Desde la izquierda: Alfredo Slavutzky, Horacio "Pepe" Romeu, Marcelo Sztrum, Alberto Laiseca, Rubén de León, reynaldo mariani, Alejandro Medina, Jorge Centofanti, Graciela Dellepiane Rawson. Bar Moderno, 1968. Foto tomada por Víctor Kesselman.

viernes, julio 10, 2020

Conversación sobre Marcelo Fox en Un mundo feliz

Estuvimos conversando con Sebastián de Caro, conductor del programa de radio "Un mundo feliz", sobre Marcelo Fox, su rastro y sus libros inconseguibles. Pueden escucharlo acá:

jueves, mayo 21, 2020

Las carcajadas de Marcelo Fox

Mi investigación alrededor de Fox, autor de Invitación a la masacre (1965) y Señal de fuego (1968), tuvo su primera condensación en un tríptico de ensayos publicados en la revista Invisibles, entre diciembre de 2018 y octubre de 2019. ¿Por qué leer a Fox? ¿En qué época, en qué ciudad, en qué constelación de textos y autores escribía? ¿Cuál es la historia detrás de este fantasma oscuro y burlón?, fueron algunos de los interrogantes que me movilizaron. 
Hojear o leer Invitación... es una experiencia movilizante, sea por el rechazo o por la fascinación que sus páginas generan. Acercarse a un libro tan extraño como Señal de fuego, con sus aforismos y esvásticas rojas es sentir una piedra molesta en el zapato, es adivinar el sentido de un monolito poético. 
En este post, recopilo ese tríptico que comienza con un ensayo general sobre la figura de Fox, continúa con una lectura de Invitación a la masacre y finaliza con una inmersión literaria-esotérica en Señal de fuego y la muerte del joven escritor. Lo hago para que se puede leer en continuidad, porque estos tres ensayos forman una primera condensación, un primer preparado alquímico para invocar al fantasma foxiano que siga dando sus carcajadas en la noche de esta Gran Llanura de los Chistes.

Primer ensayo: "Marcelo Fox, un muerto punk"


A principios de los años 60, Marcelo Fox, quien se presentaba como “Emperador secreto del mundo”, fue un escritor inclasificable de la vanguardia artística porteña. Habitué del Moderno, integrante lateral del grupo Opium, autor de poemas en revistas contraculturales, tenía el íntimo deseo de “espantar al burgués”.


Segundo ensayo: "Marcelo Fox, lector de Lautréamont"

En esta segunda entrega sobre el escritor argentino Marcelo Fox, que gravitó en la escena porteña a mediados de los años 60 con su intensa vocación de espantar al burgués, analizamos la influencia que tuvo la literatura de Lautréamont en la vida y obra del autor de Invitación a la masacre, y los escritores de su generación.


Tercer ensayo: "Una cruz para Marcelo Fox"


En esta última parte de la investigación sobre el escritor Marcelo Fox, analizamos el alcance que tuvieron en su libro, Señal de fuego, las ideas en torno al esoterismo y el ocultismo. Estas ideas, atravesadas por el nazismo, le permitieron elaborar en su obra final aforismos de una enorme carga poética y visual, con las que imaginó la destrucción del mundo. A continuación del ensayo, una selección de textos de Señal de fuego.

miércoles, octubre 16, 2019

Una cruz para Marcelo Fox


Este es el cierre de la trilogía de ensayos sobre el escritor oculto, maldito, olvidado Marcelo Fox para la revista Invisibles. Para el final, me dejó fascinar por el segundo libro de Fox, Señal de fuego, publicado en 1968, una aerolito caído en la literatura argentina que nadie parece haber leído o visto. Y sin embargo... Pueden leer el ensayo completo acá.

domingo, abril 14, 2019

Marcelo Fox, lector de Lautréamont


En Invitación a la masacre, cada narración se presenta en primera persona singular: un hombre se confiesa frente a otras personas. ¿Qué confiesa? Ideologías y creencias, crímenes y delirios, revoluciones y traiciones.
Para leer el artículo completo sobre el libro maldito de Marcelo Fox, seguí por acá.

miércoles, enero 02, 2019

Marcelo Fox, un muerto punk


Para leer el ensayo completo sobre Marcelo Fox, autor de Invitación a la masacre, pueden pasar por el número 24 de la Revista Invisibles. Es el primer texto de una serie sobre el enigmático Fox, su vida, su literatura.

martes, agosto 15, 2017

"El fascismo de El Gordo era más bien formal..." (Fox, mariani y Poni) (2)

Va la segunda parte del recuerdo literario que Poni Micharvegas escribió en su libro de 1988. En este fragmento todo se torna mucho más confuso y un tono de malditismo y misticismo envuelve la figura del Gordo hasta llegar a su violento final. Leed y sacad vuestras propias conclusiones.




Marcelo Fox en Dichosos los ojos que te ven (1988), de Poni Micharvegas (segunda parte)

(...)

Tengo mi tesis: en los días previos a su muerte -donde no sería cierto eso de la separación de Juana-, él habría dado en la tecla, más o menos, de su preciada cosa. El fascismo de El Gordo era más bien formal, si esto fuera posible. Algo para cagarle la vida al otro. Ese cuaderno de notas con los dibujos de esvásticas variables era su especie de test de la mancha. Él buscaba realmente un mandala. Da la puta que todos los caminos conducen a Roma.
A Amor, como decía.
Y no era un inexperto. Un coleccionador de avispas, por ejemplo, en ese medio chato, hubiera provocado las mismas risas nerviosas. En su querer ir a fondo, agarraba a patadas, nada sutiles, a los espejos. En alguna parte la verdad absoluta esperaba como un diamante. Todo ese carbón puerco de los días, de los viejos, de los amigos que no amaba eran parte del humus necesario a ser colado. Toda esa vegetabilidad muerta, caída, era el polvo alrededor del sillón de los ciegos.
Cuando la conocí venía de romper su intención de entrar en el partido y, por el natural desarrollo de la velocidad que traía, se pasó automáticamente de rosca. Se hizo facha, nazi, futurista. Esto le duró tanto como el tiempo que tardó en descubrir que el asunto del Mein Kampf también era un “sueño manoseado por todos”. Él era un aristócrata arruinado. Alguien que no soportaba el tufo de los muchos (además de esa mole (dos metros) y esa gordura (120 kilos) que les repelía a todos). Sentía un gran asco por sí mismo y acentuaba sus desgracias somáticas.
Le recordé al Poeta que le había visto en tiempos de ascetismo, bien trajeado, de corbata, tomando té con limón, sin azúcar.
Eran rachas de una especie de misticismo al revés y no un deseo claro de integrarse al rebaño. Entonces balaba mefluidades. Es cierto, se sacaba. Se le evaporaba toda la humedad. Se bañaba todos los días y cepillaba sus dientes. Todo esto de la puerta de casa para afuera. En su pieza seguía coleccionando libreríos exóticos, revistas pornográficas suecas que conseguía a baldes con sólo suscribirse, primeras ediciones inhallables. Nosotros, mal o bien, éramos niños de pecho ante este despliegue de sus relaciones de información. Claro que pasaba duros tiempos masturbándose infatigable con esas paparruchas, ideando sociedades humanas como rulemanes donde resplandecía la criptonita de su brazo azotador e inexpugnable. Mi laburito consistió en arrancarlo de esas pajas de papel fotográfico. Darle calle, sobarlo, marcarle infantería por cuevas y bares. Yo también me convertí en sus sueños en el hijo del Carpintero que lo incitaba a la pesca del hombre real. Me lo gritaba desde una cuadra cada vez que nos separábamos. Creo que esperaba que algún día yo abriera inmensamente los brazos en medio de "La Joyería" y dijera preclaro: "yo soy la luz del mundo!". Ahí siempre le claudiqué. Yo sólo esperaba que me matara el hambre diaria con un bocado caliente. Y él de mí, que le matara el ragú secular de sus desgracias. Así que para mí eso del tren fue mero accidente.

No estaba acostumbrado a deambular por barrios donde hubiese vías, barreras, pasos a nivel, puentes de andén a andén. Y en esos días habría dado en el clavo de su trascendentalismo. Juntos fuimos a ver "Recuerdos del futuro": pistas de aterrizaje en las crestas de los Andes. Al salir, me habló de su gurú: iban a mirar de frente la destellante luz divina. El gurú, para refrendar el pacto, le martilleó la frente con un clavo. Se le veía el pequeño orificio amoratado del Clavo Trascendente. Se rapó. Tomó como un rebautizo el golpe del punzón. Arregló con Juana la tenencia de los 3 pibes. Quemó todo lo sádico literario que tuvo a mano. Apiló los tomos de poetas místicos y se fue a meditar a una casa prestada por un fulano que indisimuladamente se creía René Daumal dentro de la secta, cerca de Belgrano C. No había ni un mueble. Una jarra de vidrio y unos vasos como para beber agua. Y una heladera, donde el fulano le dejaba al Gordo, una olla semanal de una pastina de legumbres de la que comía directamente con una cuchara de madera. Estaba deformado, es cierto. Rapado. Con esos halos violeta alrededor de los ojos. Pero transmitiendo cierta mansedumbre radiante, che.
Y debe haber sido que al salir, cualquier día, a dar una caminata reflexiva, haya cruzado las calles con aquel paso de arco iris de la Nueve de Julio y sin tener en cuenta donde estaba, se haya llevado por delante el tren.
Sí. Fue el segundo vagón de un expreso con el que tropezó. El choque lo despachó hacia un costado, con una pierna de menos. También algo del corto pelo voló con el golpe. El Gordo debe haber agonizado unos breves segundos: un gran animal de tres patas manando sangre a la luz de una mañana común por aquellos barrios.

Micharvegas, Martín “Poni”. Dichosos los ojos que te ven, Madrid, Proletras Latinoamericanas, 1988, pp. 27-33.

lunes, julio 31, 2017

Estrategias para sembrar el bochorno

Este texto fue nuestra humilde contribución a la muestra Déjalo beat en el Museo del libro y de la lengua durante los meses de mayo y junio de 2017. El catálogo completo con hermosas imágenes y textos de Federico Barea, Reynaldo Jiménez y Tamara Kamenszain se puede leer completo acá.


“Espantar al burgués” [Épater le bourgeois] podía ser una consigna ya obsoleta para la década de 1960, inadecuada para un país ubicado en América del Sur. Típico lema vanguardista en los años 20, se entendía cuando un grupo de dadaístas irrumpía en una galería de arte para provocar con sus acciones irrisorias o, incluso, si un tipo pintaba caras alteradas por la geometría y el color para poner en cuestión la percepción y el gusto... Pero la vanguardia había muerto, había entrado al museo y espantar al burgués en Argentina, cuarenta años más tarde, podía pasar por anacronismo o por travesura infantil.
Y sin embargo, en 1962, en una lectura de poesía por la zona oeste de Buenos Aires, recordaba un hombre memorioso: “Se armó un quilombo infernal. Uno de los poetas que invitamos –Marcelo Fox- empezó a gritar, ‘Soy nazi, soy comunista’. Era un tipo que después lo mató un tren”. ¿Quién era ese loco que gritaba esas cosas por ahí? ¿Cómo reaccionaba ante ese gesto desconcertante una sociedad pacata que asistía molesta al nacimiento de la juventud y de la contracultura?
Ese muchacho, Marcelo Fox, formaría parte un año más tarde de la revista Opium. También, si atendemos a la edición de su primer libro, estaría terminando su opera prima, Invitación a la masacre. En aquella lectura en Moreno, donde Fox provocaba con sus polémicos gritos, compartían la noche otros poetas y escritores como Sergio Mulet, Daniel Giribaldi y José Antonio Barzak. Además de escritor, Mulet fue actor y participó de la película Tiro de gracia (1969), basada en una obra propia y bajo la dirección de Ricardo Becher. Murió acuchillado por su mujer en una aldea de Transilvania en 2007. En el caso de Giribaldi siguió escribiendo hasta fines de los 80 y, entre otros, publicó sus Sonetos mugres (1968), como para seguir espantando burgueses, en los que mezcla la clásica estructura poética con el lunfardo y el bajo fondo. Barzak, quien en los 60 participó de la revista El escarabajo de oro, termina su vida tan abruptamente como Fox: muere en un acantilado de Mar del Plata. Ninguno de estos nombres forma parte del canon literario argentino actual, ninguna de sus obras se ha vuelto a reeditar, casi nadie los recuerda... ¿Por qué? Buena pregunta. Tal vez en esta exposición, organizada por la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, bajo el título Déjalo beat, se vislumbren algunas respuestas.
La provocación de estos escritores beat argentinos, ese ánimo de nadar a contracorriente de la sociedad argentina, también se lee en la frase recuperada por reynaldo mariani (así, en minúsculas) al final de sus 7 poemas grassificantes (1973): “No sé de qué están hablando pero me declaro en desacuerdo”. No por nada el libro de relatos de mariani, uno de los miembros centrales de Opium, se titulaba 7 historias bochornosas (1968). Esa palabra tan porteña y la idea de sembrar el ‘bochorno’ en la literatura argentina parecían ser premisas de estos jóvenes que se reunían en el Moderno o en otros bares del centro a tomarse la noche en discusiones bohemias y proyectos poético-culturales. En esas mesas de café, también se sentaba el crítico literario y psicoanalista Oscar Masotta, como bien lo cuenta Carlos Correas en La operación Masotta (1991); Graciela Martínez, primera bailarina pop, y el maestro Juan Carlos Paz compartían charlas sobre el Instituto Di Tella; e, incluso, Alberto Laiseca conoció a Marcelo Fox y a Ithacar Jalí bajo los hechizos del alcohol y la nicotina. Ese ecosistema cultural, ese circuito también llamado la Manzana Loca, fue, de algún modo, el campo de maniobras de estos jóvenes que se reunían en bares que luego, daban lugar a revistas como Opium y Sunda pero también Eco contemporáneo, Agua viva, La loca poesía o Airón.
En los últimos años, con la aparición de proyectos editoriales independientes como Paradiso, Caja Negra, La comarca ediciones, Instituto Lucchelli Bonadeo y gracias al valiosísimo trabajo de recuperación de Federico Barea, algunas de estas experiencias literarias pueden volver al público lector y buscarse un lugar en la literatura argentina. Es el caso de Néstor Sánchez, quizás uno de los narradores que más gravita sobre los escritores y escritoras nucleados en los grupos de Opium y Sunda, marcando un modo de escritura guiado por el ritmo del jazz, del tango, de la propia respiración. Su historia, reconstruida por una voz original y sincera en Sobre Sánchez (2012), de Osvaldo Baigorria, expone elementos que atraviesan a los muchachos y muchachas reunidos en esta exposición: bochorno, errancia y experimentación. En este sentido, los escritores beat argentinos eran el lado oscuro, contracultural, de fenómenos como el boom latinoamericano (aún cuando la sombra de Julio Cortázar pareciera proyectarse sobre algunos de ellos). El mismo José Peroni, autor de Cuerito viejo verde (1966), lo sintetizaría en esta notable frase que reclamaba desde el pie de página de la revista Sunda: “No se debería escribir aquello que puede contarse por teléfono”.
Si hacia 1960 ya no era posible ‘espantar al burgués’ como lo deseaban los dadaístas de 1920, aún era posible desde los bares de Buenos Aires, gestar dos o tres revistas efímeras como Opium y Sunda, publicar algunos libros perdidos en los vericuetos del tiempo como El búho en el vitral (1967) o Terrazajaula (1967) y reunirse en el Moderno para proclamar a los cuatro vientos porteños: “Aparecimos alguna vez y somos persistentes, sobrenadamos todas las formas del rechazo, la repelencia y las burlas. Continuamos nuestro peregrinaje, aún no llegamos: probablemente nunca llegaremos…”.

domingo, mayo 28, 2017

"Vos tan nazi y viviendo en pleno Once...?" (Fox, mariani y Poni) (1)

En 1988, el poeta y escritor argentino Martín "Poni" Micharvegas publica Dichosos los ojos que te ven en Madrid. El libro casi no circuló por nuestro país; sin embargo, entre sus páginas, quedaron grabadas algunas imágenes y recuerdos alrededor de la figura de Marcelo Fox, autor de Invitación a la masacre. De esto me enteré tras contactar a Poni vía mail y mantener un intercambio breve pero fructífero sobre Fox. Lamentablemente, Poni falleció el año pasado. En uno de nuestros últimos diálogos, me envió fotografías de ese fragmento en  sus libro Dichosos... en el que evoca a reynaldo mariani (el Poeta), compañero de Fox en Opium, quien a su vez evoca al Gordo y su oscuro brillo. Doble mediación entonces: Micharvegas escribe lo que mariani contaba sobre Fox y lo que él mismo recordaba. Palabras sobre palabras y por debajo los rastros elusivos del autor de Señal de fuego. Va la primera parte del fragmento. 


Marcelo Fox en Dichosos los ojos que te ven (1988), de Poni Micharvegas

Cualquier rescate. Aún el rescate de su confesión de estar ya totalmente jugado (cosa que nadie iba a dudar): su libertad era un anarquismo indeciso. Prefería merodear el mundillo de los frustrados que venden zapatos de mujer y ropa de temporada… Entendía pésimamente lo que pasaba con todo, con nosotros, con Perón, con la Argentina. Una hubiese olvidado todo lo dicho sin consistencia en esa mesa. Una vez más la sesuda realidad se nos negaba. Pasaba a ser alpistecito de sociólogos, historiadores y políticos: los nuevos dueños de la literatura. Pero su relación con El Gordo era mi intriga.
En algún momento aquello tenía que salir a flote. Daríamos vueltas por los morros llenos de bichas nocturnas que se animan en las escaleritas repletas de ocultos especialistas en la transacción. Y habría que recorrer el mundo del Poeta, con putos melenudos de tetitas insinuantes (hechas con silicones - y decía: yo no creo que eso lo consigan a fuerza de hormonas), en sus histerias y costuras de grandes trajes plateados y coronas de oro falso para las festividades de carnaval. Él también, como yo y el resto de los que fuimos, amábamos lo textual -que es infinito- y la posibilidad profética de entrar alguna vez a la temida trastienda del mundo donde se juegan a los dadas o cartas nuestros destinos. El Poeta esquiceu. Su rescate saludable del cuerpo duró hasta que apoyamos los codos en la dega. Quise hacer abrir una lata de sardinas, pero el Poeta volvió con su vieja palma a golpearse suavemente el mítico hígado. El Poeta bebeu. Un largo trago por su gaznate afónico. Todo el teclado golpeado del mundo. Oh, Jim Ellis, dónde quedó Bird? (el boxeador, lógico, con sus problemitas de isquemia cerebral, no supo qué responder. Solo ensayó un juego de cintura en el cual ninguno de nosotros creyó). De allí, pasamos a un “restaurante baratito de la esquina”. Eran las tres de la tarde en la subida sucia de una calle perpendicular al mar. Hastiados de los días nublados, de las lloviznas de tizne y poeira. Daríamos sentados, una gran vuelta por nombres y recuerdos, sobre kilómetros de olvidos y malos recuerdos, antes de llegar al punto en que hablásemos de El Gordo. Vuelos sobre recuerdos y malos recuerdos: una nueva manía. El Poeta quería decirnos que El Gordo había sido un bebé bello. En el montón quedaban: la fractura del fémur del Yeti y la pálida de la cortada de huevos de Isidro.
Tengo que decírtelo antes de comer. Después podría hacerte mal. I. en el baño de la casa, con una navaja en la mano, agarrando la bolsa por la raíz, pegando el tajo, soltando el alarido.
Pensándolo bien es coherente.
Salvó la vida, parece.
Sus testículos llevados envueltos en una toalla de cara hasta la sala de guardia. La hemorragia a los largo de las piernas, inundando con sus coágulos los mocasines vencidos. Algo más que Vincent.
Algo más lejos que un amor insospechado por una cuñada viúva.
El secuestro de Miguel Ángel, el tiroteo en Mendoza donde caería Paco, la desaparición de Haroldo por manos enmascarados.
Toda una gran vuelta de ronda apocopándose, sintagmáticamente. Quedarías afuera de toda esperanza. Poeta. En tu reloj la hora caía misericordiosa. El tiempo nuestro rebotaba en la tela de tus jeans. Ahora tendremos que mirar hacia adelante donde estaba tu escudilla reasegurada, sujeta con una cadena que en los ratos libres nos colgaríamos al cuello con otras chucherías.

Por lo cual El Gordo no dejaba de brillar, al fondo de su recuerdo, como un lindo mozalbete.
Cómo es eso de cuando uno cree ser y termina siendo lo opuesto a lo que creía? Al Gordo lo deformaron.
Lo conoció en el bar Coto Chico. El Gordo andaba con sus primeros versos mostrables en el bolsillo, con su aire de pavo descomunal (sus anteojos de culo de botella cayéndoseles permanentemente hacia la punta de la nariz), sudado y sucio, hablando de su obra de teatro con monjitas sangrientas. El Poeta se conmovió ante este chico foto lleno de tanta gracia y capaz de despertar tanto repudio. Confesó que lo llevó a la casa:
Y le di de comer y beber como en el Viejo Testamento.
Arriba y abajo, charlando proyectos para impulsar al abismo el féretro con ruedas de la literatura nacional. La hora en que abrían los mitos, narcisos y heroísmos. La hora de las Lauras. Los días de las Tres Marías. De aquel asunto mal fraguado y peor realizado del prostíbulo de hombres con la mayordomía de la Negra Castigadora, la fabulosa ninfa spilimberguiana.
El comienzo de los 60 (mientras el escorpión centelleaba en el cielo con su cola en signo de interrogación). Se iba hacia la escritura que lo contendría todo: disquisición, fanatismo. La hora de la sinceridad rayana en el espanto (juego de la verdad escrita). Tiempo de romper los moldes de la nada. Periodo lleno de declaraciones, de manifiestos, de editoriales para 150 lectores: conferencias hasta el amanecer. De aquel entonces el Poeta conserva resabios en el habla solemne: el uso de arcaísmos. Un detalle fugaz que no le importa en su raíz a nadie. Un retrato de la lengua del poeta ejercitada en la penumbra del balbuceo surreal. Y su odio al barrio.
Pero yo quería saber cómo vivía él. En qué casa? Con qué gente?
Supo por sus cuentos que la Vieja era ciega y que obligaba al Viejo y a él a hacer de la casa un claustro donde no entrara nadie.
Típica familia clase alta decadente: un bisabuelo ministro, un abuelo senador, un padre lleno de ideas que no daba pie con bola en ningún negocio.
Nadie tiene que entrar en esta casa!, dando bastonazos a troche y moche por costillas fantasmales. Orden cerrado con cuerpos a tierra por la violencia de la ciega, repartiendo como un molinete turbo, mandobles a rolete.
Yo tenía mi enigma y quería colaborar en el destronamiento de aquella bruja. Así que forcé al Gordo a llevarme a su casa, un piso grande, roñoso, en Junín y Ayacucho, en pleno gueto. “Vos tan nazi y viviendo en pleno Once, cómo puede ser, Herr Goebels?” Como no tenía respuesta (él también como Martí, y en las antípodas, se sentía vivir en “las entrañas del monstruo”) entrar en su mundo fue más que fascinante. Un salón de aquellos con bustos de mármol caídas de sus peanas y con una alfombra de polvo de cuarenta años de sedimentación. Allí, al trono de la ciega, no entraría nadie. Poder pispiar desde la puerta. Estar casi al alcance de su pelo justiciero (y ella, sentir con ese otro tacto de los ciegos, mi presencia), y El Gordo mintiéndole diciendo que allí estaba él solo. Él solo.
Él solo.
El Poeta reconoció que el asunto del suicidio del Gordo era algo improbable.
Lo que pasa es que nunca salió de los barrios del centro. Tenía su ruletita rusa: cruzar la Nueve de Julio, por ejemplo, sin detenerse, con los ojos fijos, como un ciego, justamente. Me agarraba la cabeza cuando veía los filetes que le hacían los autos. Y El Gordo, inconmensurable, con su mole pesada (elefante unos días, hipopótamo otros) siguiendo adelante con sus trancas de aurora. (...)

Micharvegas, Martín "Poni". Dichosos los ojos que te ven, Madrid, Proletras Latinoamericanas, 1988, pp. 27-30.

miércoles, febrero 22, 2017

Señal de fuego (Marcelo Fox) (selección 2)


En 1968, Marcelo Fox publica Señal de fuego, por un sello efímero llamado Yelpo editor. En el colofón del libro de tapas color madera se lee: 
Se terminó de imprimir el dos de junio de mil novecientos sesenta y ocho, en los talleres gráficos "FOX". Buenos Aires, Argentina. 
Estuvo al cuidado de su autor, natural de Occidente, América. 
Fueron tirados unos pocos ejemplares.
Supuestamente el libro no se vendía; el mismo Fox se lo regalaba a amigos y conocidos.
Continúo con una segunda selección de Señal de fuego, aforismos escritos al calor de las llamas.

Señal de fuego (selección - Parte 2) (Marcelo Fox)

Quiero arar en el infinito mi propia parcela infinita.

***

El conocimiento último. Saber que todo es vacío colgando del vacío. Plenitud colgando de la plenitud. Plenitud y vacío que son aire, llamas, vegetales, objetos, dialécticas, dioses, ramificaciones momentáneas, eternidades efímeras, concretas, huecas, rastros del sol para los ojos de los peregrinos de lo absoluto, alimentos cotidianos, rejas, para los otros, los que duermen.
Saber que las palabras, aun las más altas, son espejos ariscos, capaces, en manos inexpertas, de inocular con sus juegos el sueño, hasta el sueño más profundo, el soñar que se está despierto.

***

Pensamientos como piedras incendiadas para arrojas en las aguas del leteo cotidiano.

***

El santo deseo de destruir, de hacer hogueras de libros, de empezar todo de nuevo a partir de ciertas verdades fundamentales.

***

Dicen que hay ciudades, laberintos, risas, pájaros, niños, cielos, medallas al mérito, fosforecencias, divertidas charadas, arquitectos eficaces. Yo sólo veo un desierto opaco, yo sólo veo restos de antiguos naufragios y dioses estrangulados, estatuas que se agitan vanamente tratando de atrapar el viento, alguna que otra hoguera clandestina que se diluye al poco tiempo de encenderse, bajo la lógica uniforme de lo gris.

***

Lenguaje, traición servicial.

***

El desastre, el juego de locos, comienza cuando los hombres renuncian a ser sabios y se proclaman amigos de la sabiduría. Cuando arrojan el fuego de sus cráneos para alucinarse con vislumbres efímeras y cavernas oscuras.

***

El cráneo, templo natural del fuego.

***

Yo, resumen del Todo. Instrospección, salto hacia las raíces del ser. Metapsíquica = Metafísica.

***

La lucha, el cambio, el devenir, nivel del Logos. La paz, la permanencia, la eternidad, nivel del Ser.

Fox, Marcelo (1968). Señal de fuego (selección), Buenos Aires, Yelpo editor.
 

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