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jueves, junio 12, 2025

Wilcock, el precursor (Ricardo Strafacce)

Este artículo publicado por Ricardo Strafacce en la revista Mancilla fue una de las razones por las que me asomé a la obra de J. R. Wilcock. Creo incluso haberlo dejado asentado en estas razones para leer El caos. Me debía esta exhumación. ¡Ojalá les guste tanto como a mí! 

Wilcock, el precursor (Ricardo Strafacce)


I.

Curioso destino el de Juan Rodolfo Wilcock. De cenar varias veces por semana con Borges en la casa de Bioy Casares y codearse con la corte que rondaba a las hermanas Ocampo a partir a Italia, protagonizar una película de Pasolini, tomar la decisión de escribir en italiano (la lengua de su madre), hacerse novelista y, misteriosamente, convertirse en precursor de Aira y Lamborghini.

Era de algún modo borgeana la relación de Wilcock con el castellano. Según se cuenta en el magnífico dossier que Guillermo Osvaldo Piro, D. G. Helder y Ernesto Montequin publicaron en el n.° 35 del Diario de Poesía, hijo de padre inglés y madre italiana, Wilcock nació en Argentina pero recién aprendió el castellano alrededor de los seis años, cuando la familia se trasladó a Londres. No fue esa la única extravagancia de la que cuenta este dossier: ya en Buenos Aires, integrado al grupo áulico de la revista Sur, “asiste a tertulias literarias que interrumpe simulando ataques de epilepsia, provocando pequeños incendios de mobiliario, etc”. Singularmente paranoico — anotan Piro, D. G. Helder y Montequin—, temía ser envenenado, a tal punto que en una oportunidad concurrió a una cena de la SADE llevando su propia comida. En 1957 partió a Italia para ya no regresar.

Ya estaba en Italia cuando empezaron a publicarse en distintas revistas los relatos que posteriormente se integrarían en El caos, su primer libro de relatos (hasta entonces sólo había publicado poesía), escrito originalmente en castellano. El dato es importante porque una vez establecido en Italia escribió, en italiano, una obra extraordinaria. Además de libros inclasificables como Hechos inquietantes (1960), La sinagogade los iconoclastas (1972), El estereoscopio de los solitarios (1972) y El libro de los monstruos (1978), publicó cuatro novelas que aún hoy siguen sorprendiendo: Los dos indios alegres (1973), El templo etrusco (1973), El ingeniero (1975) y, en colaboración con Francesco Fantasía y ya póstumamente, La boda de Hitler y María Antonieta en el infierno (1985).

Toda esta obra era desconocida en castellano hasta entrada la década del 90, a excepción de la traducción de La sinagoga de los iconoclastas que Joaquín Jordá hizo para la editorial Anagrama en 1982. Ya en el fin de esa década y los primeros años de la del 2000, las excelentes traducciones que Ernesto Montequin y Guillermo Piro hicieron para Sudamericana permitieron que en la Argentina se conociera a un escritor al que casi nadie, hasta entonces, le había prestado atención. Wilcock se había ido del país como un poeta neoclásico que escribía en castellano. Cuarenta años después, la traducción de sus libros y su edición y difusión, nos lo devolvían como un vanguardista revulsivo, originalísimo, absolutamente genial. Un precursor, como se adelantó, de Lamborghini y de Aira.

De un texto de Borges provienen —como casi todo— estos apuntes. 

 

II.

“Si no me equivoco —leemos en ‘Kafka y sus precursores’—, las heterogéneas piezas que he enumerado (Zenon, Han Yu, Kierkegaard, Browning, Bloy, Dunsan) se parecen a Kafka; si no me equivoco, no todas se parecen entre sí. Este último hecho es el más significativo. En cada uno de estos textos está la idiosincrasia de Kafka, pero si Kafka no hubiera escrito, no la percibiríamos; vale decir, no existiría. [...] Cada escritor crea a su precursor. Su labor modifica nuestra concepción del pasado, como ha de modificar la del futuro”.

En 1973 se publicó en Buenos Aires Sebregondi retrocede, de Osvaldo Lamborghini. El libro, en desmedro de la intensidad poética que lo recorría, llevaba incrustado un relato hiperrealista —“El niño proletario”— que había sido escrito en 1969 y oscureció al resto del volumen (claramente superior) y que después, con el paso de los años, se hizo lugar común y vulgata. De hecho, parece que hay alumnos que terminan la carrera de Letras en la Universidad de Buenos Aires sin haber leído otro texto de Lamborghini que “El niño proletario”. Lo cual es llamativo, porque se trata del texto menos lamborghiniano que firmó Osvaldo Lamborghini. Pero no es tan grave: me dicen que en la Universidad pasan cosas peores.

Volviendo a “El niño proletario”, leamos un fragmento:

“Porque el goce ya estaba decretado ahí, por decreto, en ese pantaloncito sostenido por un solo tirador de trapo gris, mugriento y desflecado.

“Esteban se lo arrancó y quedaron al aire las nalgas sin calzoncillos, amargamente desnutridas del niño proletario. El goce estaba ahí, ya decretado, y Esteban. Esteban de un solo manotazo, arrancó el sucio tirador. Pero fue Gustavo quien se le tiró encima primero [...] Él primero, clavó primero el vidrio triangular donde empezaba la raya del trasero de ¡Estropeado! Y prolongó el tajo natural [...] Esteban le enterró el falo, recóndito, fecal, y yo le horadé un pie con un punzón a través de la suela de la alpargata. Pero no me contentaba tristemente con eso. Le corté uno a uno los dedos mugrientos de los pies [...] Entonces todas las cosas que le hice, en la tarde de sol menguante, azul, con el punzón. Le abrí un canal de doble labio en la pierna izquierda hasta que el hueso despreciable y atorrante quedó al desnudo. Era un hueso blanco como todos los demás, pero sus huesos no eran huesos semejantes. Le rebané la mano y vi otro hueso, crispados los nódulos falanges aferrados, clavados en el barro, mientras Esteban agonizaba a punto de gozar. Con mi corbata roja hice un ensayo en el cuello del niño proletario. Cuatro tirones rápidos, dolorosos sin todavía el prístino argénteo fin de muerte”.

La violencia contra un niño relatada sin escrúpulos, la violencia glacial y obscena detallada hasta la lujuria impactaron en aquel 1973 cuando Sebregondi retrocede se publicó (y, por lo que se ve, siguen impactando, al menos en la Universidad). Lo notable es que la cuestión distaba de ser nueva. Sin abundar en otros antecedentes, en junio de 1960 la revista Ficción había publicado el cuento “La fiesta de los enanos”, de Wilcock, que posteriormente se incluyó en El caos. Así como en el relato de Lamborghini tres niños burgueses torturaban y mataban a un niño proletario, en el de Wilcock dos enanos torturaban y mataban a un niño de estatura normal:

“El enano procedió a arrancarle el pijama y la camiseta, con la ayuda del cuchillo de caza; luego, para probar la temperatura, le trazó una raya sobre el pecho con el soldador, desde la garganta hasta el ombligo. Al oír el grito prolongado del muchacho, entró Alfio [...]. Apenas vio el soldador [...] trató de apoderarse del aparato eléctrico. Présule no quería dárselo; tanto insistió y tironeó sin embargo su compañero, que finalmente le concedió permiso para que también él hiciera un dibujo sobre el vientre de Raúl. Con una sonrisa angelical en los labios, Alfio trazó sobre la piel tersa y morena una carita provista de ojos, nariz, boca y orejas. Cuando terminó, el muchacho se había desmayado. [...] Présule tuvo que reanimarlo vertiéndole el frasco de cola líquida en la cara; luego le hizo beber un sorbo de la botella de aguarrás, para disolverle la cola que eventualmente le hubiera entrado en la boca. Atado de pies y manos, Raúl se sacudía espasmódicamente, mientras el otro enano, armado de un punzón, se esforzaba por extraerle el menisco de la rodilla derecha; aunque todos sus esfuerzos en ese sentido habrían sido vanos si Présule no lo hubiera ayudado con el cuchillo de caza. No sabiendo que hacer con el menisco ensangrentado, se lo metieron a Raúl en la boca, para que no gritara tanto”.

No nos interesa investigar si Lamborghini tuvo o no acceso a aquel ejemplar de la revista Ficción donde, en 1960, se publicó “La fiesta de los enanos”. Nos interesa pensar que podríamos verlo como un antecedente. O un precursor.

 

III.

Tampoco es importante indagar (aunque lo hemos hecho, con resultado negativo) si Aira había leído El templo etrusco, publicado en 1972, en italiano, cuando, en 1991, escribió La costurera y el viento (la edición en castellano de la novela de Wilcock es de 2004, de manera tal que en este caso no hay nada que indagar). Pero tal vez aporte algo recordar el camión en el que se abisma Delia en La costurera y el viento y compararlo con el aljibe que se encuentra en el patio de la zapatería de El templo etrusco.

Leemos en Aira:

“Tardó unos agonizantes segundos en comprender que al ponerse de pie había metido el cuerpo por dentro del volante [...] Se acordó de sacar los pies del asiento. Pero tuvo que volver a ponerlos en él, más aún: pararse sobre el asiento para acceder a los aposentos del camionero. Sabía [...] que la entrada estaba por encima del respaldo, y allí se asomó a mirar: Había un doble biombo horizontal que cortaba dos veces una luz dorada [...] Se metió, las piernas primero. Al descolgarse cayó más de lo que esperaba. Se deslizó por uno de esos biombos, que se inclinaba por estar pegado a la pared trasera de la cabina con bisagras. Se vio en ese dormitorio rutero del que tanto había oído hablar. Había dos camas muy cerca una de la otra, las dos sin hacer, el desorden y la suciedad eran indescriptibles: revistas de historietas, ropa, aves disecadas, cuchillos, zapatos... Una velita encendida sobre la cómoda alumbraba el tugurio. [...] Salió por una de las dos puertas, al azar, y atravesó un cuarto de trastos que no miró, rumbo a otra puerta, al otro lado de la cual había un saloncito con sillones de cuero. [...] El salón tenía cuatro puertas, una a cada lado. Todas estaban abiertas. Echó una mirada por la más oscura, que daba a un pasillo, y luego a la siguiente: una oficina, con un gran escritorio de tapa, donde se repetía el desorden y la suciedad del dormitorio. Se metió por ahí, salió por la puerta del otro lado y se encontró en un vestíbulo con sillas”.

Leemos en el precursor:

“El capataz miró a su alrededor: no había ninguna puerta o escotilla. Al salir de nuevo al patio, advirtió que en el centro había un aljibe. Apenas lo vio, Atanassim comprendió que la vía de acceso — siempre y cuando allí existiera un sótano debía de estar dentro de ese aljibe [...] La entrada debía de encontrarse en el fondo del pozo, o bien en uno de los lados. Sin pensarlo dos veces, se trepó al aljibe y comenzó a descender [...] De pronto Atanassim apoyó el pie sobre el ladrillo flojo, trastabilló y habría caído si no se hubiese aferrado a ciegas a una especie de manija oxidada que se dobló rechinando bajo el peso de su cuerpo Era la manija de una puertita de metal, escondida en la pared del pozo. Atanassim permaneció un instante suspendido en el vacío [...] Luego la puerta cedió y el capataz cayó de costado en la oscuridad total de un túnel abierto en la tosca del subsuelo. [...] Avanzó por el túnel, húmedo y sofocante, apenas iluminado por unos pocos rayos de luz tenue que se colaban a través de las hendijas de unas puertas de madera. Estas puertas, casi todas cerradas, se alineaban a intervalos regulares a la derecha del túnel y daban a otros tanto cuartitos todos iguales y todos al parecer vacíos.

“En cierto momento, sin embargo, el espeleólogo divisó en uno de esos cubículos a un viejo hundido en un sillón cubierto de telarañas. [...] Dos puertas más adelante, en otro cuartito, se toparon con una joven sentada delante de una mesita. La muchacha les hizo señas de que entraran. No era fea, o no lo habría sido si una enorme nariz ganchuda como el pico de un buitre no le hubiera alterado bastante la armonía de sus proporcionadas facciones”.

 

IV.

En el caso de Lamborghini, el antecedente común es más difuso, aunque seguramente hay muchos. En el caso de Aira parece inevitable pensar en la concepción de los espacios de Kafka, espacios siempre desplegables infinitamente, percepción que también puede rastrearse en Levrero.

Lo cual ya sería demasiado para estos meros apuntes. Baste, para terminar, repetir a Borges: Aira y Lamborghini no necesariamente se parecen (y en su frondosa correspondencia jamás mencionaron a Wilcock). Pero en algunos textos de uno y otro creo percibir la idiosincrasia del autor de “La fiesta de los enanos” y “El templo etrusco”. En cualquier caso, sobre Wilcock está escribiendo, o escribirá pronto, sin dudas con mejor erudición y concepto, Ernesto Montequin. Solo cabe esperar.

 

En Mancilla, n. 9, año 3, noviembre de 2014, Buenos Aires, pp. 74-77.




martes, febrero 23, 2021

Boom Boom Borges o la distorsión multiplicada

¿Qué hacer con Borges en el siglo XXI? Ver Boom Boom Borges, es una opción. Dirigido por Ignacio Bartolone, autor de las obras Piedra sentada, pata corrida, La piel del poema y La madre del desierto, y con producción de Lucera tv y La espada de pasto y actuaciones de Julián Cabrera (Borges) y Cristian Jensen (Soler Serrano), se trata de un ejercicio de distorsión teatral, un remix siniestro de una famosa entrevista en la televisión española en los años 80. El video está a continuación y le siguen algunas preguntas gentilmente contestadas por Nacho Bartolone.

 

Golosina Caníbal: ¿Cómo surge la idea de “Boom Boom Borges”? 

Ignacio Bartolone: El material tiene una versión escénica preexistente que llegamos a hacer una sola vez en vivo para un festival de escenas teatrales en Librería Mi Casa. En ese momento, la situación resultante fue muy distinta ya que lo que se puso por delante, o lo que terminó resaltando, fue la eficacia casi sobrenatural de ambos actores, Julián Cabrera y Cristian Jensen, para representar, desde una exquisita fonomímica, la escena de la tan mentada entrevista. El mito fundacional del boom boom, ya que vamos a hablar de Borges hablemos en términos de cómo se lo narra a Borges, encuentra su origen en la intención de postproducir algún hecho borgeano y quizás sea mucho decir esto, pero la operativa resulto siendo una estrategia intrínsicamente borgeana: desplazar algún elemento preexistente hacia un nuevo contexto y otorgarle de esta manera una nueva significación y una nueva forma de lectura. Todo esto sumado a que todavía estaba fresca la penosa situación que Kodama llevó adelante contra Pablo Katchadjian, me hicieron renunciar a su literatura a cambio del último género que el maestro practicó con genialidad: las entrevistas. 

GC: ¿Cómo circuló y qué recepción tuvo en el público? 

IB: Invitados por el genial ciclo de música experimental, tan experimental que incluyeron esto en su programación, Mínimo un lunes, nos pusimos en contacto con los amigos de Lucera tv y decidimos juntos transformar el número vivo en un infierno de televisión alucinada. Filmando con los Lucera, además de permitirnos hacer algo en medio de la desolada pandemia, la escena ganó distorsión, enrarecimiento y una plasticidad que remite tanto al videoarte como a la involuntaria psicodelia de cierta televisión de cable que supo ser amparo y chupete de muchos los que trabajamos este proyecto. El toque final lo dio el compositor Valentin Pelisch que desarmó, ecualizó y mejoró el ya deformado audio con el que trabajamos. 

GC: En el video parece haber una apuesta por la distorsión y una mirada siniestra, ¿hay un trasfondo más amplio en el que se inscribe? 

IB: Quizás haya un efecto siniestro que convive a la par de cierta comicidad de mueca rota. En definitiva, tanto La espada de pasto (en IG, @laespadadepasto) como Lucera Tv (@luceratv), se toman muy a pecho la divisa que el maestro Leónidas Lamborghini nos dejó: Asimilar la distorsión y devolverla multiplicada.

jueves, agosto 20, 2020

Roberto Arlt por Borges

Hace unos años, hice un rastreo de las menciones de uno de mis autores predilectos, Santiago Dabove, en el Borges, de Adolfo Bioy Casares. Las entradas del diario en las que Borges y Bioy hablan sobre Dabove o se refieren a él se puede leer acá.

En esta oportunidad, y hacía rato que quería hacerlo, van las entradas del Borges sobre Roberto Arlt. Pasen y lean:

 

Sábado 30 de julio de 1955. En casa recibimos a un norteamericano —John Grant Copland—, a Beatriz Guido (no se queda a comer), a Peyrou y a Borges. El norteamericano es muy joven; prepara una tesis, para la Universidad de Indiana, sobre el cuento argentino. Aspira a publicar una antología. Discutimos con él la lista. Ha traducido un cuento de Luis Greve, muerto: “Incesantes naves”. No lo recuerdo; sólo sé que me avergüenza. Le doy La trama celeste, le aconsejan “El ídolo” y “En memoria de Paulina”. Le aconsejamos “Los caballos de Abdera”, “La lluvia de fuego” o “Yzur” de Las fuerzas extrañas de Lugones; irán también en la antología Borges, Silvina, Peyrou, Beatriz, César Dabove, Mallea, Mujica Lainez, Arlt, Barletta, Verbitsky.

Lunes 10 de diciembre de 1956. (…) Habla de Roberto Arlt: “Era muy ingenuo. Se dejaba engañar por cualquier plan para ganar mucha plata, por descabellado que fuera, a condición de que hubiera en él algo deshonesto. Por ejemplo, se interesó mucho en el proyecto de instalar una feria para rematar caballos, en Avellaneda. El verdadero negocio consistiría en que clandestinamente cortarían las colas de los caballos, venderían la cerda y ganarían millones. Un negocio adicional: con las costras de las mataduras del lomo fabricarían un insecticida infalible.

“Era comunista: se entusiasmó con la idea de organizar una gran cadena nacional de prostíbulos, que costearían la revolución social. Era un malevo desagradable, extraordinariamente inculto. Hablábamos una noche con Ricardo Güiraldes y con Evar Méndez de un posible título para una revista. Arlt, con su voz tosca y extranjera, preguntó: ‘¿Por qué no le ponen El Cocodrilo? Ja, ja’. Era un imbécil.

“En Crítica, estuvo dos días y lo echaron porque no servía para nada. No sabía hacer absolutamente nada. Me explicaron que sólo en El Mundo supieron aprovecharlo. Le encargaban cualquier cosa y después daban las páginas a otro para que las reescribiera. Dicen que reuniendo sus aguafuertes porteñas, que son trescientas y pico, podría hacerse un libro extraordinario. Imaginate lo que será eso. Las escribía todos los días, sobre lo primero que se le presentaba. Menos mal que algún otro las reescribió.

Me aseguran que después se cultivó y leyó a Faulkner, y que eso lo demostró en un artículo de dos páginas, algo magnífico, en que estaba todo: ‘Sobre la crisis de la novela’. Qué título. Ya te podés imaginar la idiotez que sería eso. Lo que pasa, según Arlt, es que la gente no comprende lo que es la novela, por eso hay crisis de novelas. En la novela cada personaje debe tener un destino claro, como el destino del tigre es matar. ¿Te das cuenta? Tiene que valerse de un animal para significar la sencillez del destino. Más que personajes describiría muñecos”.

Viernes 7 de junio de 1957. (…) Fernández Latour recuerda que alguien señaló como un error de Güiraldes que haga montar al narrador o a don Segundo en yegua. “Sí —digo—, estaba mal visto montar en yegua. Ahora, no”. Y cuento el caso de un gaucho de Pardo, cuya yegua —que era su amante— llevaba la cicatriz del balazo con el que alguien se vengó del dueño. BORGES: “Qué raro que Güiraldes cometiera ese error”. DABOVE: “Un escritor no puede equivocarse en nada”. BORGES: “En Mallea hay confusiones de razas ovinas, bovinas y hasta gallináceas, según me han dicho. La gente monta en pelo un orpington leonado. Le observaron los errores a Mallea y aseguró que no tenían ninguna importancia. El juguete rabioso de Arlt es mejor que todas las novelas de Mallea: cuando el malevo traiciona a su amigo, está bien”.

Sábado 14 de junio de 1958. Comen en casa Peyrou y Borges. Hablamos de Arlt. BORGES: “El argumento de Saverio el Cruel es bastante bueno: varias personas, en una estancia, siguen la corriente, en broma, a un loco que se cree dictador; al final, hay una tragedia, y la persona verdaderamente loca es otra”. PEYROU: “Arlt fue protegido, secretario o algo así, de Güiraldes. Cuando Güiraldes venía del campo paraba en un hotel: deliberadamente, Arlt ensuciaba todo, para mostrar que no lo arredraban hoteleros y que él era así. En el restaurant del Plaza pedía vino carlón”.

Domingo 12 de julio de 1959. BIOY: “Bianco, que debe escribir un artículo sobre Arlt, me dijo: ‘Yo no lo conocía. Es una basura: lo que permite que uno lo lea, lo que lo salva un poco, es lo mal que escribe. Leyéndolo, vas como en un tilbury, con un movimiento saccadé. Si escribiera correctamente sería atroz. Dostoievski escribía para todos, aun para concierges; Arlt, únicamente para concierges. He descubierto que cuando uno no lee a un autor es por algo’”. BORGES: “Es claro, no leerlo ya es un juicio”.

Sábado, 1 de agosto de 1959. (…) BIOY: “Algunos libros deben leerse de corrido, si uno quiere leerlos. Si uno los hojea, si trata de entrar por aquí y por allá, se da cuenta de que no valen la pena y no los lee. Por ejemplo, Don Segundo. BORGES: “Carlyle decía que, salvo por deber, nadie podía leer el Corán.

BORGES: “Para protegerlo, Güiraldes tomó de secretario a Arlt; empezaba a dictarle y Arlt protestaba, con su voz extranjera: ‘No seas bruto, Ricardo, no vas a poner eso’. Secretario de Güiraldes... ¿Cómo podía corregir si no sabía nada de nada? Le discutía frases y palabras. No se ponían de acuerdo. Toro y Guisbert solía corregir los escritos de Güiraldes. Al lado de eclosionar escribió Toro y Guisbert: Incorrecto. Güiraldes acotó: ‘No me importa. Lo mantengo’”.

Lunes 18 de junio de 1962. (…) BORGES: “Clemente no quiere que lo arrastren a la actual admiración por Arlt. Dice que sus novelas no valen nada; que la gran obra de Arlt son las Aguafuertes, que ahí (estallando de risa) es invencible. ¿Qué me decís? Esas miserias, las Aguafuertes porteñas, cuyo título le impusieron en el diario, se reúnen en volumen y se atesoran como una obra literaria”. BIOY: “Aun reconociendo la torpeza con que están escritos, esos textos tienen una frescura de la que carecen otras obras”.

Miércoles, 31 de octubre de 1962. (…) BORGES: “Azorín ha de ser el único caso de éxito por méritos negativos. ¿A quién corresponderá, en otras literaturas, Azorín? Tal vez a nadie. ¿Se dirige a lectores cansados? No creo; no es epigramático, como Landor y Toulet, típicos autores para lectores cansados”. BIOY: “¿Lamb?”. BORGES: “Yo estaba pensando en él. Pero Lamb no es tan malo. Azorín no hubiera podido escribir ese párrafo contra la vejez y la muerte que tiene la frase ‘y la ironía misma’. ¿Capdevila se reirá de Azorín? No, porque comprende que debe admirarlo. Capdevila no se reirá de nadie”. “Arlt es mucho mejor”, comenta finalmente, como quien resume todo lo que puede decirse en contra de un literato.

Martes 13 de abril de 1965. (…) BIOY: “Cómo ha cambiado Pepe [Bianco], tan delicado antes en sus gustos, que se asqueaba de Henry James o de Proust, hoy admirador de González Lanuza y Arlt”. BORGES: “El comunismo vuelve basta a la gente. Bueno, Arlt es un clásico hoy en día. Qué raro: ¿Bianco se olvidó de que no podía publicar un artículo de González Lanuza sin corregirlo?”.

Martes 28 de diciembre de 1965. (…) BORGES: “Tal vez Arlt estuviera más cerca de los compadritos que Güiraldes de los peones de la estancia. A la larga conviene que un autor no esté muy lejos del tema de su libro”. Cita a Byron: “Prefiero el templo de mármol de Pope al montón de basura de Shakespeare”. Hablando de algunas literaturas, digo que si el montón de basura es grande, queda para siempre como una montaña. Desde luego que ni Borges ni yo compartimos el desdén de Byron por Shakespeare.

Domingo 7 de agosto de 1966. (…) BORGES: “El conocimiento de lo que llamamos popular está restringido a la gente culta; en cuanto al lunfardo, quienes mejor lo conocen son los chicos de colegio. González Tuñón (uno u otro) reprochaba a Roberto Arlt su ignorancia del lunfardo. Arlt explicó: ‘Qué querés. Yo me crié en Villa Luro. El lunfardo se aprende en el centro, en las redacciones de los diarios y entre escritores’”.

Lunes 29 de agosto de 1966. (…) BORGES: “Arlt era muy ignorante. Suponía que pelafustán significaba gigantón. En una Aguafuerte sobre los hospitales dijo que escaseaba la tela de Siva. Después se enteró de que la grafía correcta era adhesiva y escribió otra aguafuerte sobre el mismo tema, para tener ocasión de escribir nuevamente la palabra y para que los lectores de la aguafuerte anterior pensaran que ese dios era una errata. Todo el artículo no era sino una fe de erratas”. BIOY: “¿Sabés cómo dicen los españoles? Esparadrapo. BORGES: “Vos sacaste esa palabra de un artículo de Cela”. BIOY: “No me la dijo él, en una comida. Cuando le hablé de mi accidente, me dijo: ‘¿Costillas? Te habrán aplicado un esparadrapo’”. BORGES: “Esas palabras denigrantes que tienen los españoles son opiniones sobre la realidad: expresan la convicción de que todo es despreciable, una inmundicia. Al español que escribe con palabras oscuras, no lo tomamos por secreto sacerdote del idioma, sino por labriego”.

Jueves 3 de noviembre de 1966. Come en casa Borges. BORGES: “Encuentro a personas que me admiran porque lo conocí a Arlt”. BIOY: “Hice un ranking de autores muertos, según la vitalidad póstuma”. Se lo leo: Hernández, Quiroga, Arlt, Sarmiento, Florencio Sánchez, Macedonio Fernández, Güiraldes, Lugones. Le divierte mucho la idea de que para algún momento de la posteridad Quiroga, Arlt, Florencio Sánchez tengan importancia y estén en la misma frase, en una ocasión siquiera, con Lugones. Opina que sólo la gloria de Güiraldes está en baja; no así la de Quiroga, la de Lynch, la de Arlt ni la de Florencio Sánchez. BIOY: “A unos la muerte perjudicó, a otros favoreció. Cancela, con más mérito que muchos, muerto en un momento en que el peronismo y el nacionalismo estaban desacreditados, desapareció del recuerdo de la gente; Marechal, con méritos muy inferiores y con la misma catadura política, porque vive hoy en día, cuando esas tendencias recuperaron popularidad, es un personaje considerable. Si Larreta hubiera muerto después de publicar La gloria de don Ramiro otro gallo le cantara; no estando vivo para atender el negocio, su fama rápidamente se oscureció. (Nadie traduzca las líneas anteriores como elogio a La gloria.) Autores buenos y autores malos desaparecen: casi nadie recuerda a Groussac, casi nadie a Ángel Estrada. Victoria Ocampo hasta hace poco no había leído a Lugones; tal vez todavía se mantiene de ese lado de la lectura”. Según Borges, la circunstancia de que nadie hubiera leído El payador fue favorable (capital, diría la gente) para la fortuna de Don Segundo. “En El payador está Don Segundo con más fuerza”.

Miércoles 7 de diciembre de 1966. Come en casa Borges. Dice: “Matthew Arnold señaló la falta de high seriousness en Moliere. Andrew Lang hizo notar que, dentro del estilo de Moliere, la high seriousness sólo cabía irónicamente”.
En el homenaje a Mastronardi, Calvetti elogió el estilo de su maestro, que combinaría a Valéry, a Borges y a Arlt. Mastronardi dio un codazo a Borges y comentó: “Qué mezcla”. Después, Borges felicitó a Calvetti, con la salvedad de la referencia a Arlt, “que era un animal”.

Martes 13 de junio de 1967. (…) En un sueltito de El Mundo dicen que “Borges dio, como siempre, la conferencia en inglés”. Enojado, comenta: “Primero: si quieren decir que no soy argentino, soy más que ellos. Segundo: doy mis conferencias en español. En la Cultural Inglesa me piden que hable en inglés. Es un esfuerzo mayor. Para mucha gente, hablar francés o inglés es una prueba de snobismo. Arlt participaba de la prevención”. BlOY: “Generalmente se ha considerado un mérito tener cualquier conocimiento. Saber idiomas no es una excepción, salvo que perjudique el estilo, cuando se trata de un escritor. No creo que se atrevan a decir que tu estilo es deficiente”.

Martes 27 de noviembre de 1968. (…) BORGES: “Di Giovanni dice que la gente aquí es más amable y cordial que en los Estados Unidos. Los escritores también. Tal vez generalice... En los Estados Unidos los escritores argentinos que se conocen son Cortázar, yo, un poco Sábato, (a mí) un poco vos y un poco Malea; ni Arlt ni Quiroga llegaron allá. Nadie tiene ganas de leer a Mallea. Se lo respeta, pero no se lo admira”. BIOY: “Hoy a mucha gente le han dicho que no se debe respetar. Si para Mallea quedaba el respeto, ya no le queda nada”. BORGES: “¿Cómo Cortázar no piensa que un título como La vuelta al día en ochenta mundos lo muestra como un sonso? Es una broma demasiado fabricada”. Silvina comía en silencio. Yo pensé: “Ni se acuerda de ella. Está amargada”.

Viernes 11 de julio de 1969. Come en casa Borges. Me habla de un artículo de Martínez Estrada, publicado en Chile: “Sólo se salva un escritor. ¿Sabes quién?”. BIOY: “Sí, el uruguayo de Misiones”. BORGES: “Exactamente”. BIOY: “Quiroga. El peor escritor del mundo. Qué les ha dado a los jóvenes talentosos por descubrir a Quiroga y a Arlt. Con la mayor independencia de criterio, como las limaduras, en el cuento sobre las limaduras y el imán, de Wilde”. BORGES: “Güiraldes es mucho mejor, ¿no creés?”. BIOY: “Creo que si comparás la lectura de Quiroga con la idea de Güiraldes, Güiraldes es mejor”.

Jueves 11 de septiembre de 1969. Come en casa Borges. Empezamos de nuevo el cuento del correo. Pregunta: “¿Has notado cómo se admira hoy a Arlt? ¿Raro, no? La explicación es: cualquier cosa, menos pensar. Se puede aceptar o negar. Es preferible aceptar. Es claro que si todo el mundo empieza a decir que Arlt es una porquería dirán que es una porquería”.

Martes 18 de abril de 1972. (…) BORGES: “De la Fundación Guggenheim me preguntan por la hija de Lisa Lenson. ¿Qué debo decir?”. BIOY: “Yo no puedo contestar que una persona no vale nada. Yo he contestado que Murena es un gran escritor”. BORGES: “Tenés razón: estás en la tradición argentina. Además (en broma) aunque dice strictly confidential, ¿si se llegara a saber? Claro que si Arlt es una autoridad en materia de idioma, ¿quién no lo es?”.

Lunes 23 de abril de 1972. Come en casa Bianco, que me dice de Borges: “Mirá que es loco. Aquí pasan por locos Macedonio y Arlt. Son loquitos. El verdadero loco es Borges”.

Viernes 26 de noviembre de 1976. (…) Pregunta: “¿Cuál será el escritor más overrated? ¿Shakespeare?”. BIOY: “Entre nosotros, Quiroga y Arlt, este último infinitamente mejor”. BORGES: “Quiroga escribe demasiado mal: como diría Arnold Bennett, third rate grandiose. ¿Vos creés que si a uno de esos admiradores le leés cualquier texto de Quiroga queda embelesado? Por bruto que sea, se dará cuenta de que está mal escrito. Qué extraño, a pesar del increíble culto por Quiroga, no lo reclamamos. Nos importa menos que las Malvinas. Al fin y al cabo era hijo del cónsul argentino”. BIOY: “Lo cedemos gentilmente al pueblo hermano”. BORGES: “La lista de los sobrevalorados incluye también a Herrera y Reissig, otro oriental me temo; y a Gabriela Mistral; y también a Neruda, otro chileno, me temo”.

Sábado 27 de marzo de 1982. (…) Borges fue a Cosquín, Córdoba, acompañado por Alifano, a dar una conferencia sobre Lugones y otra sobre poesía japonesa. Quisieron mostrarle una casa donde había vivido Arlt. BORGES: “‘Yo lo conocí a ese compadre’, expliqué, y no insistieron. Tampoco quise ver una casa donde vivió Hugo Wast: les dije que tenía un aspecto mezquino, de prestamista”.

Miércoles 7 de marzo de 1984. Veo a Borges en la televisión, en diálogo con Antonio Carrizo. Desafía a Carrizo a recordar un buen verso de Neruda. También censura a Quiroga, a Arlt, a la Mistral. Dice que la mayor parte de los argumentos de Bustos Domecq son de él y la mayor parte de las frases mías. No es del todo exacto en cuanto a los argumentos (sobre todo después de Seis problemas), pero es demasiado inexacto (por generosidad) en cuanto a las frases. Yo creo que son mitades y mitades de ambos.

 

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