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jueves, marzo 31, 2016

David Cronenberg, lector de Las varonesas

Este fragmento del capítulo 1 de Las varonesas (1978), de Carlos Catania podría tranquilamente haber sido el punto de partida de una de las famosas escenas de Videodrome (1983), de David Cronenberg. El deseo, el cuerpo y la tecnología se cruzan en estas líneas tal como luego se cruzarán en las imágenes oscuras de la película de Cronenberg. Vaya mi homenaje a ambas obras, radicales en su mirada sobre nuestro relación íntima con los artefactos. 


Lucía anotó en su cuaderno:
"Hoy cumplo treinta años y quiero poner algo que me ocurrió anoche, una cosa seria que todavía no me ha dejado salir del asombro. Nadie se acordó de mi cumpleaños, pero ésa no es la cosa. Seguro que mamá sí pensó en mí, pero ella ya no baja del dormitorio. Yo siempre recuerdo el cumpleaños de todos, tengo una memoria muy fuerte para las fechas y también para los nombres. Además apunto los días. Siempre fui así, desde chiquita, y aunque un cumpleaños realmente no es nada, como dice Alfredo, lo cierto es que a esta hora me siento un poco triste (escribo al otro día y pienso que ya pasó un año más en mi vida, pero no se nota y todo sigue igual).
"Anoche aguanté levantada, como de costumbre, hasta el último programa de televisión. Se me cerraban los ojos, pero me gusta oír la música de despedida, que es romántica y dulce y la voz del locutor y todo lo bondadoso que dice al dar las buenas noches. Es para mí un hasta mañana necesario, completa mi día, como si me contaran un cuento de dormir. Sin él no podría irme a la cama tranquila, la noche me parecería incompleta y el cansancio físico y las ideas me harían dar vueltas y más vueltas, porque sobre todo las ideas las tengo claritas a esa hora, y veo tan bien como se podrían arreglar las cosas, todas ellas, que soy puro nervio.
"Patricia, por suerte, se quedó dormida temprano. Está divina la pobrecita. Adela leyó un rato en la mesa de la cocina y después se acostó. Como Alfredo ahora duerme en su estudio, la casa era una tumba de silencio. Hacía bastante calor, ya que hace varios días que no llueve, y eso es perjudicial para la salud y el campo. También para mi hermano, porque últimamente no se lo puede ni hablar. Yo me doy cuenta enseguida cuando todos están dormidos en la casa, así que aproveché una propaganda para quitarme el salto de cama, acostándome tranquilamente en el sillón con un paquete de masitas al lado y una botella de soda. Me sentía liviana, como esa chica que se mueve flotando en cámara lenta en la propaganda de las toallitas femeninas.
"La película corta era un sueño, hecha para la televisión. Un personaje importante me hizo recordar a mamá y pensé cuánto le hubiera gustado a ella ver esta historia y compartir las masitas. Lloré bastante porque la protagonista representaba una maestra solterona muy bonita, pero sin suerte, como vos, lástima que no sea bonita. Atiende a todos los estudiantes con amor, a cada uno y el tiempo pasa mostrándolo con las hojas del almanaque que se vuelan. Los alumnos, ya grandes, la vienen a visitar un Año Nuevo y le traen regalos y le cantan. Ella tiene unas canas suaves que la hacen muy linda, quizá mejor que antes, y tiene el gran amor de ellos, más que algunos traen sus hijos y las esposas. Tuve un ahogo de llanto.
"Pero la última película fue rara, muy moderna, de esas que le gustan a Alfredo. Yo sé que tenía un mensaje, seguro lo tenía, pero era demasiado fuerte y desagradable. Un profesor de matemáticas vivía con su esposa en una casa de campo, y había varios muchachos, buenos mozos, que le estaban arreglando el techo del granero y que tenían muy seguido miradas pecaminosas e indirectas hacia la mujer. Pero el profesor usaba anteojos gruesos y no se daba cuenta de nada. Un día los muchachos lo invitaban a ir de cacería y después lo dejaban solo en medio del campo, mirando el cielo, esperando los patos que nunca llegan. Daba lástima. ¿Cómo se puede ser tan cruel con alguien que no ha hecho mal a nadie? Mientras tanto los malvados entran en la casa, se quitan las camisas y, en un sillón, se tiran uno después de otro sobre la esposa del profesor, haciendo eso. Se ve la expresión y el sudor de la muchacha y eso me confundió extraordinariamente, porque primero gritaba con el horror en la cara, y luego, sinceramente, no se sabe muy bien si le gustaba un poco o qué, Dios me perdone, pero así fue.
"Lo que siguió era muy enredado y no podía entenderlo porque la cara de la joven esposa impedía mi concentración (también, la expresión de los malvados que, al momento de hacer eso, parecían niños un poco tiernos pero pecadores). Total que el profesor después los mata a todos de diferentes maneras, y yo creo que ahí está el mensaje. La paciencia tiene un límite. No se puede jugar con la paciencia de la gente. Pero a mí no se me iba la cara de la muchacha con los hombres, uno después de otro, tirados encima de ella, que se veía como casi desnuda prácticamente. Ahora mismo me viene la sensación, porque se detallaba muy bien la escena con lo que hacían, aunque parezca mentira, y eso se graba.
"Después dieron el panorama cultural y dijeron los libros que hay que leer y la música que hay que escuchar. Presentaron a un escritor que está de paso, porque es argentino pero vive en otro país, y habló de literatura y alienación. Decía cosas muy elevadas, profundas, como dice Alfredo, pero creo que casi todo lo entendí bien, sobre todo cuando explicó por qué hay que escribir para el pueblo y todo eso. Varios artistas jóvenes, en una mesa redonda, discutieron sobre pintura y mostraron unos cuadros. A mí me parece que la modernidad ha pisoteado la belleza del arte. Para gustos no hay nada escrito. Yo no niego a Picasso y a los existencialistas, pero ya se exagera con tanto surrealismo. Cuadro como el que tenemos en la sala, de la viejita oyendo el reloj, ya no se pintan. Tampoco como el paisaje de la floresta, con la casita al fondo, que parece un sueño de hadas y uno siempre lo mira y puede seguir mirándolo a cada rato. El que dirigía el debate mostró mi cuadro a la cámara y dijo que era todo negro y que el punto que se veía al costado era anaranjado y brillante. Se llamaba Exégesis del Alma y busqué en el diccionario, pero no encontré nada que tuviese relación con la Biblia, como dice allí. Dice Alfredo que para gustar hay que saber, y a lo mejor es por eso que yo me quedo en babia.
"En las noticias pasaron algunas tomas de la ciudad y pude ver el centro y las calles. Me di cuenta de lo mucho que ha crecido todo, de los cambios, y de lo apartada que estaba yo de todo ese crecimiento (por suerte). Cuando una tiene un hogar como éste, el mundo desaparece y no es tan difícil adivinar lo que pasa afuera. También mostraron las fotos de una bomba que habían puesto en un edificio y dijeron las amenazas de esos asesinos sueltos. Al venir las internacionales, sentí que me agarraba el sueño, pero ahora viene lo raro que quieto anotar.
"Cuando me senté, sentí que el sillón se había mojado de transpiración. Las luces estaban apagadas y el locutor dio las buenas noches como siempre. Yo le contesté buenas noches y entonces, tal vez por lo boleada que me tenía el sueño, me pareció que la sonrisa que él hace al final, iba dedicada especialmente a mí. Esperé que la imagen se esfumara. Después vino la última música, que siempre me emociona, con el fondo del puente. La salita estaba a oscuras. Esperé. La música terminó, quedaron las rayitas moviéndose y ese ruido que de pronto viene a cortar todo lo lindo. Yo no sé, repito, si sería por el sueño, o tal vez porque estaba en penumbras y así es más fácil de imaginar, pero me quedé muy nerviosa viendo el aparato con las rayitas y, de tanto mirarlo, me pareció que se convertía en un ojo grande que me vigilaba desde la oscuridad. Era como un ojo pacífico, sonriente, pero también mandón. Tuve la sensación de que en medio del ruido que salía del ojo, había voces tratando de darse a entender conmigo, voces que me llamaban, ¡Lucia!, ¡Lucía!, mezcladas como con una música medio confusa y lejana. Me paré y caminé hasta el televisor sin quitarle la vista de encima. Estaba descalza y en ropa interior. Al moverme, las partes sudadas de mi piel se enfriaron un poco y me pusieron toda erizada. Me entró como una angustia rara en el cuerpo y supe que algo extraño iba a ocurrir. Tenía miedo y ansiedad, la garganta completamente seca.
"El ojo se agrandó y miró mi cuerpo como si lo abarcara por entero, iluminándolo y dándole formas muy redondas y blancas. Tuve un escalofrío y no me animé a apagarlo. Toqué la pantalla del aparato sintiendo que estaba tibia, casi caliente. Todo el aparato parecía moverse y querer tocarme. Entonces, no sé por qué apoyé mi vientre en él y sentí como si todas las rayitas del ojo fueran miles de manecitas que se peleaban por frotarme. Me sacudió una emoción tan grande que estuve a punto de llorar, pero también una gran felicidad, porque sentí que el aparato estaba tratando de comunicarse conmigo. Apoyé con fuerza mi cuerpo contra esa tibieza y todo el calor y las voces entraron en mí, entonces me abracé al aparato pensando que me volvía loca, y aunque parezca mentira nos hablamos, lo besé agradecida infinidad de veces, lo apreté, quise yo también darle calor, lo recorrí hasta los cables, apreté la antena, toqué el enchufe que es lugar por donde él recibe la vida, me acosté en el suelo y lo puse sobre mí. Y de pronto, como un milagro, supe, no sólo que el aparato y yo éramos una sola cosa, sino que él me estaba proyectando, que yo era una imagen viva saliendo de él, y al darme cuenta lo apreté con furia sintiendo que me moría de felicidad y pena, y lloré y reí, mientras él quería que yo fuese, y fui, la esposa del profesor de matemáticas".

Catania, Carlos (1978 [2014]). Las varonesas, Buenos Aires, Las cuarenta, pp. 91-96.

miércoles, junio 11, 2014

Coloquio internacional: Michel Foucault y América Latina

viernes, febrero 14, 2014

Una tarea nada fácil

El paradigma de seguridad implica que cada disenso, cada intento más o menos violento de derrocar el orden, se vuelve una nueva oportunidad para gobernarlos, y por lo tanto le es redituable. Esto es evidente en la dialéctica que une estrechamente terrorismo con Estado en un interminable círculo vicioso. Comenzando con la Revolución Francesa, la tradición política de la modernidad ha concebido los cambios radicales en la forma de un proceso revolucionario que actúa como pouvoir constituant (poder constituido), el "poder constituyente" de un nuevo orden institucional. Creo que debemos abandonar este paradigma e intentar pensar algo así como un puissance destituante, un "poder puramente destituyente" que no puede ser capturado en la espiral de la seguridad.
En el blog Lobo suelto, se puede leer esta ponencia de Agamben, "Por una teoría del poder destituyente". La tradujeron Gerardo Muñoz y Pablo Domínguez Galbraith. El texto es interesante, un mash-up de hipótesis tomadas de Desnudez y de Estado de excepción. ¿Desde dónde pensar la política que viene?

lunes, enero 27, 2014

Dos bocas (Santiago Dabove)

Entonces llegamos a un lugar donde la gente tenía dos bocas, una en la cara y otra en el vientre. Se sentaban en la mesa y cuando traían los manjares, sacaban de vez en cuando un trozo y se lo llevaban a la barriga.
Esta feliz disposición les permitía hablar y sonreír con toda cortesía mientras los vientres absorbían.
Esa gente decía que esto era una ventaja, pues palabras y sonrisas no se mezclaban tropezando entre grasas y sopas. Sus bocas chiquitas y de lujo estaban hechas para una función superior, pero no decían nada espiritual, quizá porque todo debe ser mezclado y con algo de salvaje hasta la verdadera elegancia.
Yo pregunté si lo que comía allí en la barriga era otra cabeza.
—No puede haber dos cabezas en un cuerpo, contestó un médico. Es una boca contra natura que hacemos a la gente elegante. también hacemos ano contra natura, para jóvenes sanos de buena sociedad.
—¿Cómo puede ser? ¡Es monstruoso!
—Para que usen el otro en funciones "estéticas".

Dabove, Santiago (1976): La muerte y su traje, Buenos Aires, Calicanto, p. 165.

sábado, noviembre 09, 2013

El sonido del miedo


En noviembre de 2005, un numeroso grupo de periodistas internacionales informaron que la fuerza aérea israelí estaba usando bombas sónicas, bajo la cobertura de la noche, con el nombre de "bombas de sonido” en la Franja de Gaza. Llamamos 'bomba sónica' al efecto de baja frecuencia y alto volumen provocado por aviones que vuelan a poca altura y más rápido que la velocidad del sonido. Sus víctimas las compararon con el muro de aire a presión que genera una explosión masiva. Los informes sobre sus efectos incluyen ventanas rotas, dolor de oído, sangrado de narices, ataques de ansiedad, insomnio, hipertensión y algo usualmente calificado como “sacudida interna”. A pesar de las protestas por parte de palestinos e israelíes, el gobierno alegó que las bombas de sonido eran “preferibles a las reales”. ¿Cuál es el objetivo de estos ataques a poblaciones civiles? ¿Y qué nuevos modos de ejercicio del poder ejemplifican estos -no tan- nuevos métodos? Como sucedió tanto con la adopción por parte del ejercito estadounidense de las tácticas de “sorpresa y conmoción” en los ataques preventivos de Iraq como con las bocinas de los apoyos a proximidad durante la blitzkrieg de la Segunda Guerra Mundial, el objetivo ha sido debilitar la moral de la población civil creando un clima de miedo a través de una amenaza que era preferiblemente no-letal, pero, muy posiblemente, igual de perturbadora que un ataque verdadero. El miedo puramente inducido por efectos de sonido, o, por llamarlo de otro modo, aquel que se sitúa en el espacio de indecibilidad entre un ataque sónico o uno “verdadero”, es lo que llamamos un miedo virtualizado. El miedo que en este caso se vuelve totalmente ajeno de la necesidad por ser “controlado”. Y, por supuesto, ese miedo inducido sónicamente no por ello es menos real. En él, se activa exactamente el mismo mecanismo de defensa ante un posible futuro no deseado, quizás aún mas poderoso por su presencia espectral. Aún es más, estas innovaciones armamentísticas no tienen porque provocar la desmovilización enemiga, prevenir un futuro indeseable, sino que más bien tienden a provocar, a incrementar la sed de conflicto, a precipitar el futuro.

Guerra Sónica: sonido, afectos y ecología del miedo rastrea las resonancias provocadas por estas innovaciones, al igual que también investiga su impacto en la forma en que siente la población. Y no nos referimos solo a sus emociones personales, subjetivas e individualizadas, sino más bien a sus sentimientos colectivos o, más exactamente, a eso que llamamos 'afectos'. Específicamente, prestaremos más interés por los entornos, o ecologías, en los que el sonido contribuye con una atmósfera o ambiente inmersivo de miedo y amenaza –cuando decimos que el sonido ayuda a crear una mala vibración. A esta dimensión del encuentro se le llamará 'tonalidad afectiva', un termino que tiene una obvia, pero poco explorada, relación con como el sonido modula el ánimo. Mientras que en los ejemplos anteriores las armas sónicas no producían más que ansiedad, las vibraciones intensas no amenazan solo a las disposiciones emocionales traumadas o a la fisiología de la población, sino que también afectan a la misma estructura de nuestras construcciones y muros.
En 2012, Rosendo González Núñez brindó un anticipo de la introducción al español de Sonic Warfare, de Steve Goodman. La traducción puede leerse acá; el libro original en inglés, acá. Visiten La Ciudad Technicolor, un blog exquisitamente deleuzeano.

domingo, abril 28, 2013

Bioliteratura


Cuando uno revisa las publicaciones científicas desperdigadas en las revistas especializadas –en particular, aquellas orientadas a la psicología experimental–, descubre que una buena parte del trabajo científico se desarrolla, en cierta forma, dentro de una órbita muy próxima a la de la pornografía. Los textos que escribí en torno de la cirugía plástica fueron tomados, en gran medida, de un estudio científico sobre el tema; sólo cambié los nombres, ilustré el proceso y lo llevé hasta las últimas consecuencias. Uno puede leer perfectamente todos esos informes científicos como si trataran de pornografía pura. No contienen ningún elemento sexual explícito, pero son tan obsesivos, se muestran tan fascinados con la carne como cualquier acólito al hardcore. Y hablando en términos generales, me parece que la ciencia ha dejado de tomar su material de estudio directamente de la naturaleza, para terminar absorbiendo las obsesiones científicas de los investigadores; esto es algo que se puede notar particularmente en la ciencias blandas como la psicología, cuyos investigadores tienden a plasmar en sus experimentos las propias conjeturas acerca de, por ejemplo, la cantidad de dolor que una persona es capaz de tolerar, y con ese fin se establecen experimentos en los que los voluntarios se infligen dolor unos a otros. Ha habido algunos casos famosos en los que se descubrió, “sorpresivamente”, que la gente disfrutaba mucho haciéndose daño. Ahora bien, la mayoría de estos experimentos hablan más sobre la mentalidad de los investigadores que acerca de los sujetos estudiados. Las ciencias están empezando a mostrar signos compartidos con muchas de las características obsesivas del porno, inclusive con muchos de los conflictos psicopáticos que uno encuentra en la pornografía realmente patológica. Una pared muy delgada separa a ambos campos. Aquellos relatos o piezas que escribí en torno de la cirugía plástica reflejan tan sólo un aspecto de la cuestión; la misma tendencia puede verse en textos como “¿Por qué quiero coger con Ronald Reagan?”, donde ocurre una serie de experimentos imaginarios que ponen a prueba la reacción de los individuos frente a la imagen manipulada de algunas figuras célebres. Y experimentos como éste han tenido lugar desde hace al menos veinte o treinta años.
Acá, un adelanto de las conversaciones con J. G. Ballard, publicadas por Caja Negra en Para una autopsia de la vida cotidiana. Ante este tipo de reflexiones, se hace evidente cómo la literatura de mediados y fines de siglo XX estaba explorando las posibilidades de lo viviente y los planteos de la biopolítica a la par de la filosofía (recuerdo, entonces, la luminosa exposición de Fabián Ludueña sobre espectralidad y filosofía en unas jornadas recientes donde alentaba el acercamiento de la reflexión filosófica al mundo de la imaginación literaria; intentaré conseguirla para postearla). En todo caso, queda pendiente una lectura cruzada de la obra de Ballard, la filosofía de Foucault-Agamben y el cine de Cronenberg. Es una cuenta pendiente (además de la lectura de esta nueva joya).

domingo, septiembre 30, 2012

La religión bancaria

“Crisis” y “economia” actualmente no son usadas como conceptos, sino como palabras de orden, que sirven para imponer y para hacer que se acepten medidas y restricciones que las personas no tienen ningún motivo para aceptar. ”Crisis” hoy en día significa simplemente “vos debés obedecer!”. Creo que sea evidente para todos que la llamada “crisis” ya dura decenios y nada más es sino el modo normal como funciona el capitalismo en nuestro tiempo. Y se trata de un funcionamiento que nada tiene de racional.

Para entender lo que está pasando, es necesario tomar al pie de la letra la idea de Walter Benjamin, según el cual el capitalismo es, realmente, una religión, y la más feroz, implacable e irracional religión que jamás existió, porque no conoce ni redención ni tregua. Ella celebra un culto ininterrupto cuya liturgia es el trabajo y cuyo objeto es el dinero. Dios no murió, se tornó Dinero. El Banco –con sus funcionarios grises y especialistas– asumió el lugar de la Iglesia y de sus sacerdotes y, gobernando el crédito (incluso el crédito de los Estados, que docilmente abdicaron de su soberania ), manipula y administra la fe –la escasa, incierta confianza– que nuestro tiempo todavía trae consigo. Además de eso, al hecho de que el capitalismo sea hoy una religión, nada lo muestra mejor que el titulo de un gran diario nacional (italiano) de hace algunos dias atrás: “salvar el euro a cualquier precio”. Así es, “salvar” es un término religioso, pero ¿qué significa “a cualquier precio”? ¿Hasta el precio de “sacrificar” vidas humanas? Sólo en una perspectiva religiosa (o mejor, pseudo-religiosa) pueden ser hechas afirmaciones tan evidentemente absurdas e inhumanas.

Una entrevista completa al estimado Giorgio, acá.

miércoles, junio 20, 2012

Autoinmune

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Mis sospechas son: como me niego terminantemente a colocar mi número teléfonico como "medida de seguridad", ellos se meten en mi cuenta y mandan spam virósico. Luego, aluden a que "alguien" habría entrado (quién querría entrar en una cuenta que ya casi no utilizo) y me ofrecen su seguridad, una estrategia de inmunización: inocular en mi mail-organismo una dosis de aquello que ellos quieren evitar. Y de yapa, micropolítica de prevención: para "protegerme" me quitan la posibilidad de respuesta automática o mail vinculado para acceder a mi cuenta. Todos los caminos conducen a Roma: mi número telefónico o la eterna cuarentena de mi mail-organismo.

domingo, mayo 20, 2012

Hay sangre (sobre Sangre en el ojo de Lina Meruane)


La última novela de Lina Meruane se llama Sangre en el ojo (Eterna Cadencia, 2012). Sin embargo, cuando leemos algunas reseñas y gacetillas, podemos encontrarnos con un pequeño desliz, un resquicio que altera el título: “La” sangre en el ojo. ¿Qué significa ese artículo, ese determinante que se cuela cambiándole el título a la novela de Lina? En ese artículo que se acopla tal vez haya una intención de aferrar algo, de determinar algo que en la novela de Lina, que en el ojo de la otra Lina, se desborda. Ese algo es sangre y sangre, así sin artículo, es líquido que se esparce, que mancha, que vuelve turbia la mirada.
Como en los cuentos de Silvina Ocampo, en Sangre en el ojo, una frase del acervo popular se vuelve real: Lina, la protagonista de la novela, efectivamente tiene sangre en el ojo. Lo que en el discurso social tiene un sentido metafórico y cristalizado (aquel que “tiene sangre en el ojo” es aquel que tiene rencor), en el discurso literario es el punto de arranque de la máquina narrativa (¿qué pasaría si alguien tuviera realmente sangre en el ojo?). La elección de la primera persona para la narración es, en este sentido, fundamental. Como lectores vemos a través de los ojos ensangrentados de Lina, vamos perdiendo las cosas progresivamente; percibimos los contornos de su Ignacio, de su madre, de su doctor; se nos confundes los sitios que antes resultaban conocidos. Lina escribe esta especie de diario-carta y nosotros, como lectores, espiamos su intimidad, nos metemos en su sangre que no es sólo sangre como fluido, sino sangre familiar (y ahí está la insoportable relación entre Lina y su madre) y sangre de amor (y ahí está la apasionada y tensa relación entre Lina e Ignacio). En todo caso, la escritura intimista, que en otras novelas podría ser sólo recurso arbitrario, en Sangre en el ojo se vuelve necesaria para meternos en el cuerpo de Lina, en el pathos de esta mujer que se enceguece cada vez más a lo largo del relato.
En otro punto, la nueva novela de Meruane es, como lo era Las infantas, la recuperación de lo siniestro, una revelación del lado oscuro de lo familiar. A partir de que Lina nota cómo las venas de sus ojos estallan y su vista se nubla, la realidad que la circunda comienza a volverse aguda, hiriente, filosa. Justamente, para expresar esta realidad siniestra desde la perspectiva de una narración autobiográfica, Lina Meruane despliega ese estilo poético que ya había mostrado en sus anteriores novelas: una escritura que dosifica asociación metafórica, regodeo en la precisión poética de la frase corta y musicalidad para hacer que lo de siempre sea un poco más extraño que de costumbre. Vaya como ejemplo: “Se me lanzó al cuello, mi madre. Era una medusa, un aguaviva, un flagelo de mar, un organismo de cuerpo gelatinoso y tentáculos que causan urticaria. No había cómo despegarla. Su cuerpo se contraía como si sollozara y despedía un concentrado cien por ciento letal. Intoxicada por el veneno materno tendría que haber sufrido un vahído, caer desmayada, yo.”  Hay, así, una escritura que presenta la mirada ensangrentada donde la realidad se enturbia frente aquella mirada que antes veía, o creía ver, con cierta claridad.

jueves, mayo 10, 2012

Pulpos

Vivimos en una época en la que se nos invita a definir nuestra identidad a partir de los productos que elegimos consumir. Lo que ridiculamente nos venden como un ejercicio existencial de libre albedrío, dentro del cual tenemos la radiante autonomía para decidir si vamos a lavar nuestro cabello con un producto de L’Oreal o con uno de Pantene, si vamos a comenzar nuestro día alimentándonos con unas hojuelas azucaradas de Nestle o con un Corn Pops de Kelloggs, o incluso para elegir si celebraremos nuestra decadencia gastronómica asistiendo al KFC o al Pizza Hut, lo cierto es que esta virtual libertad está acotada a la colosal gama de productos que derraman en el mercado solo diez grandes compañías.
El post sobre cómo nuestro consumo está tranquilamente bajo control sigue acá
Visto en Pijama Surf.

lunes, abril 16, 2012

Odradek



Visto en Biopolítica de los estados de excepción.

viernes, marzo 23, 2012

Epic Caperucita


Red de Jorge Jaramillo y Carlo Guillot. Visto en dadanoias.

sábado, noviembre 26, 2011

Por una filosofía de la infancia (Giorgio Agamben)

A los demás textos que me atreví a traducir, le sumo este: "Por una filosofía de la infancia" de Giorgio Agamben, un artículo de 2001 que recupera algunos planteos de Infancia e historia y los cruza con los conceptos de potencia, bios, zoe y forma-de-vida. Una joyita, que lo disfruten y cualquier comentario será bienvenido.

Por una filosofía de la infancia

Giorgio Agamben

En las aguas frescas de México vive una especie de salamandra albina que ha atraído la atención de los zoólogos y estudiosos de la evolución animal por largo tiempo. Quien haya tenido la oportunidad de observar un espécimen en un acuario, habrá sido sorprendido por la apariencia infantil, casi fetal de este anfibio: su cabeza relativamente larga encastrada en su cuerpo, su piel opalescente, levemente veteada de gris en el hocico y encendida en plateado y rosa en las excrecencias alrededor de sus agallas, sus delgadas patas en forma de lirio y dedos rojos como pétalos.
El axolotl (éste es su nombre) fue clasificado en principio como una especie discreta, una que mostraba la peculiaridad de mantener a lo largo de su tiempo vital, características que son, para un anfibio, típicas de la larva, como la respiración branquial y un hábitat exclusivamente acuático. Que ésta era una especie autónoma, sin embargo, fue probado más allá de toda duda por el hecho de que, a pesar de su apariencia infantil, el axolotl fue perfectamente capaz de reproducirse. Sólo después, una serie de experimentos confirmó que, seguido de la administración de hormona tiroidea, el pequeño tritón experimentaba la metamorfosis normal de los anfibios: éste perdería sus agallas y, desarrollando la respiración pulmonar, abandonaría la vida acuática para transformarse en un espécimen adulto de la salamandra manchada (ambistoma tygrinum). Esta circunstancia podría conducir la clasificación del axolotl a un caso de regresión evolutiva, un desafío en la lucha por la vida que compele a un anfibio a renunciar a la parte terrestre de su existencia y a prolongar indefinidamente su estado larval.

sábado, noviembre 19, 2011

Por una teoría del desecho incorporado

ESPONJA
Voy a justificar esta palabra en un instante.
Hay sujetos individuales (cada uno de nosotros) que pueden tener fantasmas de Vivir-Juntos. Se fabrica entonces un Vivir-Juntos fantasmático eligiendo a los compañeros en la red de personas que se conocen. Lo interesante en esta elaboración fantástica no es ver a quién se elige, sino a quién se elimina: pues los criterios de eliminación no abarcan forzosamente los imperativos del afecto. Criterios a menudo sutiles para analizar.
Muchas comunidades: esta paradoja (objeto de esta figura): lo que es eliminado es integrado, conservando su estatuto de eliminado. Es el estatuto contradictorio del paria: rechazado e integrado, integrado como desecho. Quizá no haya comunidad sin desecho integrado. Tomemos el mundo de hoy: tipos de sociedad muy diferentes; probablemente no sin desecho incorporado. Toda sociedad conserva celosamente sus desechos, les impide salir. A la sociología mundial le haría falta, pues, una teoría del desecho incorporado, del desecho retenido (simplemente: variaciones de la hipocresía, de las justificaciones ideológicas referidas al paria, que tiende a no ser reconocido como tal).
En nuestro corpus: Historia Lausiaca, capítulo XXXIV, p. 160: "La que simulaba demencia".
[Monasterio de mujeres, p. 160: "En ese monasterio, había otra virgen, que simulaba demencia y posesión diabólica; inspiraba tanta repugnancia que no comían con ella, lo que justamente ella pretendía.
"Merodeaba en la cocina y la usaban para todo; era, como se dice, la esponja del convento... Ponía en práctica la palabra de las Escrituras: Si alguien pretende ser sabio en este siglo, que se haga loco para con-vertirse en sabio."
Cf. Tao, Grenier, 125: "Aunque sabio, simular insensatez (obstinarse en vivir retirado); ésta es la verdad esencial. "
[Esta esponja] "se había atado trapos en la cabeza (todas las demás están rapadas y llevan la cogulla), y hacía así el servicio. Ninguna de las cuatrocientas religiosas la vio comer durante su vida: no se sentaba a la mesa, no tomaba un pedazo de pan; se contentaba con las migas que juntaba de las mesas o de los platos. Jamás ofendió a nadie ni murmuró ni dijo una palabra; y sin embargo, la golpeaban, la insultaban, le deseaban el mal, le tenían aversión."
Con el cambio evangélico: San Piterum, advertido por una revelación que le dice que hay una mujer más piadosa que él. Piterum va al convento (p. 161):
[Al llegar al convento] "pidió verlas a todas. Pero ella no aparecía. Finalmente, Piterum les dice: 'Tráiganme a todas; falta una todavía. -Tenemos a una tonta, dicen ellas, adentro, en la cocina' —pues es el nombre que les dan a las que tienen el espíritu perturbado. Piterum les dice: '¡Tráiganmela también a ella, déjenme verla!' La llamaron a los gritos, pero ella no respondía, porque se daba cuenta, tal vez, de la situación, o había sido advertida por una revelación. La trajeron a la rastra y le dijeron: 'San Piterum quiere verte...' -pues él era célebre. Cuando llegó, Piterum vio los trapos que tenía sobre la frente y cayó a sus pies diciendo: '¡Bendíceme, Señor!' Ellas, sorprendidas, le dijeron: 'Padre, no te ofendas, es una tonta. 'Pero Piterum les dijo a todas: '¡Son ustedes las tontas! Pues ella es su Madre, la de ustedes y la mía! (Es en efecto el nombre que se les da a aquellas que tienen carisma.) ¡Y pido en mis plegarias ser merecedor de ella el día del juicio!' Al oír estas palabras, cayeron a los pies de Piterum, haciendo cada una confesiones diferentes: una había volcado sobre ella el agua sucia de los platos; otra le había propinado puñetazos; otra le había puesto mostaza en la nariz; y todas, en una palabra, declararon ultrajes diferentes... Piterum oró por ellas, y se marchó.
"En cuanto a ella, contrariada por las alabanzas y homenajes de las hermanas y excedida por sus excusas, abandonó el monasterio algunos días más tarde. ¿Adónde fue? ¿Dónde se quedó? ¿Cómo terminó? Nadie lo supo."]
Recordemos el esquema actancial de Greimas: Sujeto -> Objeto + Destinatario/Destinador + Oponente/Ayudante. Este esquema es demasiano razonable, pleno y armonioso: le falta el Actante-Desecho, la Esponja. Se podría incluso -simple hipótesis de trabajo- imaginar una tipología de los relatos y de las comunidades, de las ficciones de comunidades, en función del papel de este Actante-Desecho:
1. Comunidad donde el actante está presente: desecho integrado (Historia Lausiaca). The Lord of the Flies: un chico tiene el papel de la esponja en la banda: Porcinet. Pot-Bouile. Adèle, la fregona; edificio burgués: círculos de nivel de vida. Al nivel de los amos le responden analógicamente el nivel de los domésticos (y el de los pisos) (cf. "Domésticos"). La última de las familias (en el último piso), los Pichon: no tienen sirvienta. Antes, la familia más pobre, los Josserand (la madre intenta casar a sus hijas): tienen una fregona, Adèle. Muy bien percibido por Zola: Adèle es la esponja, no solamente de sus amos, sino también de la domesticidad, que dispone de un espacio comunitario, el patio de las cocinas, donde constantemente le lanzan invectivas y le hacen burlas a Adèle. Dos veces esponja: su soledad de paria absoluta, ilustrada por la escena horrible del parto clandestino. Adèle tiene que parir sola en su cuarto, sin ayuda ni miradas, el niño es tirado a la basura, todo se cierra. Paria = nada (cf. partida, desaparición de la demente en Historia Lausiaca).
2. Relatos sin Actante-Desecho: 1) Robinson Crusoe. espacio a) de la soledad de a dos (Viernes); b) de un grupo esclavista (otro problema = directamente económico: esclavos ≠ parias). 2) La montaña mágica: no hay desecho. En un sentido, laguna extraña, "falla" del relato: es que, en realidad, es un relato humanamente idílico. Lo "negro" del relato viene de la muerte, no de los afectos. El desecho: la muerte. En lo que respecta a la comunidad: relato muy civilizado, humanista.
Una estructura absolutamente paradójica: el Actante-Desecho se confunde con el Actante-Sujeto; confusión de dos actantes en el mismo actor. La Esponja es el Sujeto del relato: la secuestrada de Poitiers como "actor". Es decir, según sus atributos novelescos, según la instancia de descripción: ella es el desecho absoluto (antro-basura, mugre, excrementos, piojos); pero ella es el Sujeto-enigma del relato. (Sujeto paradójico, pues no tiene Objeto, ni búsqueda: la policía, la sociedad hacen de ella un relato.)
Todo esto puede ser vinculado: ya sea a una teoría del chivo expiatorio (Cf. René Girard, La Violence et le Sacré), ya sea a la teoría del brujo en Lévi-Strauss (Introduction á l'anthropologie structurale). Punto sobre el cual la comunidad fija la enfermedad (como un absceso de fijación) y así lo exorciza, lo elimina. Integro lo anómico codificando su lugar de anómico. Lo recupero en un lugar sin peligro = es lo que hace el poder, si es astuto, con las marginalidades. Establece parques (como para los indios). Convierte a los intelectuales en una casta reconocida y aislada. Pues la última vuelta de la manipulación es, para terminar, glorificar, honrar, consagrar el desecho. Es lo que quiere hacer el monasterio. El desecho, si es consecuente, no puede sino partir: es lo que hace nuestra "Esponja".

Barthes, Roland (2005): Cómo vivir juntos, Buenos Aires, Siglo XXI, pp. 133-136.

sábado, octubre 29, 2011

Clase media (sobre La comemadre de Roque Larraquy)


“La clase media salva a la Argentina. Su triunfo será en el mundo.” anticipa Benjamín Solari Parravicini en una de sus psicografías proféticas, en 1971. Pero ¿por qué empezar una novela con ese epígrafe (y otro de Ferdinand de Saussure sobre la persistencia del pasado en toda alteración)? Esa novela, La comemadre (Entropía, 2010) de Roque Larraquy, está compuesta por dos historias, dos escrituras íntimas, dos partes: 1907 y 2009.
1907: en Argentina, un sanatorio de Temperley decide llevar a cabo un extraño experimento, la decapitación de enfermos de cáncer con una máquina que permita escuchar la última palabra, aquella palabra que percibe el decapitado cuando está ingresando en el más allá. Quintana, el protagonista de esta primera parte, anota y anota en su diario las idas y vueltas de un proyecto en el que el positivismo se toca con el delirio, la medicina con la ética pero además, intenta construir su historia de amor, entre el vouyerismo y el patetismo, con la jefa de enfermeras, Menéndez.
En un sanatorio donde la jerarquía, la competencia y la virilidad son una constante (ahí están las peleas entre Quintana y Papini, el menosprecio hacia las enfermeras, los banquetes opíparos y las reuniones en el Palais de Glace), el relato íntimo de Quintana nos presenta una historia de amor, paranoia y positivismo que anticipa la medicalización de la sociedad que avanzará a lo largo del siglo XX y el interés por lo biológico de los hombres de poder.

sábado, julio 23, 2011

DNI

La reducción del hombre a la vida desnuda es hoy a tal punto un hecho consumado, que esta ya se encuentra en la base de la identidad que el Estado les reconoce a sus ciudadanos. Así como el deportado a Auschwitz ya no tenía nombre ni nacionalidad y era sólo ese número que se le tatuaba en el brazo, del mismo modo el ciudadano contemporáneo, perdido en la masa anónima, equiparado a un criminal en potencia, se define sólo a partir de sus datos biométricos y, en última instancia, a través de una especie de antiguo destino aún más opaco e incomprensible: su ADN. Y, sin embargo, si el hombre es aquel que sobrevive indefinidamente a lo humano, si siempre hay humanidad más allá de lo inhumano, entonces una ética debe ser posible incluso en el extremo umbral posthistórico en el que la humanidad occidental parece estar atascada, a la vez satisfecha y estupefacta. Como todo dispositivo, la identificación biométrica captura también, de hecho, un deseo más o menos inconfesado de felicidad. En este caso, se trata de la voluntad de liberarse del peso de la persona, de la responsabilidad tanto moral como jurídica que ella comporta. La persona (tanto en su aspecto trágico como cómico) es también la portadora de la culpa; y la ética que ella implica es necesariamente ascética, porque está fundada en una escisión (del individuo en relación a su máscara, de la persona ética en relación a la jurídica). Es contra esta escisión que la nueva identidad sin persona hace valer la ilusión, no de una unidad, sino de una multiplicación de máscaras. En el punto en que enclava al individuo en una identidad puramente biológica y asocial, le promete dejarlo asumir en internet todas las máscaras y todas las segundas y terceras vidas posibles, ninguna de las cuales podrá pertenecerle jamás en sentido propio. A ello se suma el placer, rápido y casi insolente, de ser reconocidos por una máquina, sin la carga de las implicaciones afectivas que son inseparables del reconocimiento operado por otro ser humano. Cuanto más ha perdido el ciudadano metropolitano la intimidad con los otros, cuanto más incapaz se ha vuelto de mirar a sus semejantes a los ojos, tanto más consoladora es la intimidad virtual con el dispositivo, que ha aprendido a escrutar su retina tan en profundidad. Cuanto más ha perdido toda identidad y toda pertenencia real, tanto más gratificante es ser reconocido por la Gran Máquina, en infinitas y minuciosas variantes: desde la barra giratoria en la entrada del metro hasta el cajero automático, desde la cámara que lo observa benévola mientras entra en el banco o camina por la calle, el dispositivo que abre la puerta de su cochera, hasta el futuro carnet de identidad obligatorio que lo reconocerá inexorablemente siempre y en todo lugar por lo que es. Yo estoy ahí si la Máquina me reconoce o, al menos, me ve; estoy vivo si la Máquina, que no conoce sueño ni vigilia, sino que está eternamente despierta, garantiza que vivo; y no soy olvidado, si la Gran Memoria ha registrado mis datos numéricos o digitales.
Agamben, Giorgio (2011): "Identidad sin persona" en Desnudez, Buenos Aires, Adriana Hidalgo, pp. 76-77.

martes, noviembre 23, 2010

Cómo vivir juntos

El ciclo Commonalities: Theorizing the Common in Contemporary Italian Thought tuvo lugar el 24 y 25 de Septiembre en la Universidad de Cornell, Ithaca, New York. Este encuentro reunió a la crème de la crème de la filosofía italiana contemporánea (aunque faltó Agamben, pucha) para la reflexión en torno de lo común y la biopolítica. Mientras esperemos que cuelguen los trabajos que se leyeron en dicha ocasión, les dejo algunos artículos, de manufactura italiana en su mayoría, claro, que saqué de este blog que se armó para las conferencias (en el que por ahora se puede ver la conferencia de Negri):

Franco Berardi (“Bifo”): “Biopolitics and Connective Mutation”
Mabel Berezin: “The Strength of Weak National Identities”
Bruno Bosteels: “Thinking, Being, Acting, or, On the Uses and Disadvantages of Ontology for Politics”
Cesare Casarino: “Surplus Common”
Jodi Dean: “Communicative Capitalism: Circulation and the Foreclosure of Politics”
Laurent Dubreuil: “Leaving Politics”
Roberto Esposito: “Community and Nihilism”
Michael Hardt: “Laboratory Italy”
Antonio Negri: “The Italian Difference”
Karen Pinkus: “Zones of Exception”

jueves, octubre 21, 2010

Una biopolítica menor: entrevista con Giorgio Agamben

Conversación mantenida con Stany Grelet y Mathieu Potte-Bonneville, y publicada en la revista Vacarme, n.° 10, invierno 1999-2000. Traducción y notas de Javier Ugarte Pérez.

Giorgio Agamben es filósofo. Ha teorizado, especialmente, en la línea de Foucault, sobre la «biopolítica». Una estructura de poder muy antigua, cuya genealogía él remonta a la Antigüedad occidental, y que no ha cesado de expandirse desde entonces, hasta llegar a convertirse en la forma dominante de política en los Estados modernos: un «estado de excepción convertido en regla». El objeto propio de la biopolítica es la «nuda vida» (zoé), término que designaba en los griegos «el simple hecho de vivir», común a todos los seres vivos (animales, hombres o dioses), distinto a la vida cualificada (bios), que indicaba «la forma o manera de vivir propia de un individuo o un grupo». El objeto de la soberanía, según Giorgio Agamben, no es la vida cualificada del ciudadano, charlatana y protegida por derechos, sino la vida nuda y reducida al silencio de los refugiados, los deportados o los perseguidos: la del homo sacer expuesto sin mediación al ejercicio, sobre su cuerpo biológico, de una fuerza de corrección, de encierro o de muerte. Al modelo de la ciudad, considerado rector de la política occidental desde siempre, él opone el del campo, «nomos de la modernidad», paradigma de esta «politización de la nuda vida» que se ha convertido en lo habitual del poder. La estructura de la política occidental, nos dice, ya no es la palabra, sino el bando.
Esta tesis tiene evidente actualidad. Las medidas de salud pública, regulación del trabajo, control de la inmigración o prohibición de las drogas, revelan la naturaleza eminentemente biopolítica de las políticas públicas contemporáneas. Se aplican precisamente a nudas vidas atrapadas en las categorías y dispositivos de un poder que las trata como a tales: vidas expuestas y administradas. Se piensa inmediatamente en los sin papeles, es cierto, objetos de campos muy literales, muy reales. Pero también en los usuarios de drogas, obligados a cuidarse o encarcelados; en los parados, obligados a trabajar o condenados a la miseria de un Estado del bienestar cada vez más parco; o bien en otros. No es, sin duda, por azar que los recientes debates sobre el PACS han contemplado la proliferación de metáforas animales. En el mismo Parlamento, corazón teórico de las ciudades parlamentarias, el bios cede el paso a la zoé desde que se legisla sobre vidas.
Pero Giorgio Agamben no se limita a un análisis conceptual. Repetidas veces reclama y anuncia, de una manera bastante profética, «otra política». Ésta se desarrollará en el lugar mismo donde se ejerce la soberanía moderna, puesto que de ahí no se escapa. Ésta, para ser «otra» deberá, sino abstraerse, al menos afrontarla o subvertirla. Ahora bien, pudiera suceder que los grupos más expuestos al biopoder estén en camino, desde la experiencia que tienen y las resistencias que le oponen, de inventar la alternativa que Agamben reclama. Cogidos entre los aparatos del biopoder, sin verdadera oportunidad de salir de ellos (¿cómo escapar al poder médico cuando se está afectado por el VIH, a la administración del Estado del bienestar cuando no se tienen recursos, a los centros de retención o a las zonas de espera cuando no se tienen papeles, etc.?), estos grupos inventan una biopolítica menor, como contrapunto a la del adversario. Reivindicando de qué vivir: tratamientos antirretrovirales, ingresos mínimos garantizados, drogas legales y seguras, etc. Enfrentándose al poder allí donde se ejerce: en la ventanilla de las administraciones, en las burocracias sanitarias, en los tribunales ordinarios, etc. Buscando, de alguna forma, el bios de su zoé.

lunes, agosto 30, 2010

¡mamá, mamá! ¡biopolítica, biopolítica!

Toni (Negri) y Michael (Hardt), en cambio, utilizan biopolítica en un sentido histórico determinado, basándose en Foucault, pero Foucault de la biopolítica habló en pocas páginas -en relación al nacimiento del liberalismo-, por eso Foucault no es una base suficiente para fundar un discurso sobre la biopolítica y mi temor, mi miedo, es que biopolítica pueda transformarse en una palabra que esconde, cubre, los problemas en vez de ser un instrumento para enfrentarlos. Una palabra fetiche, una palabra "abre puertas", una palabra con el signo exclamativo, una palabra que corre el riesgo de bloquear el pensamiento crítico en vez de ayudarlo. Entonces, tengo miedo de las palabras fetiche en política porque se parecen a los gritos del niño que tiene miedo de la oscuridad..., el niño que dice: "¡mamá, mamá!", "¡biopolítica, biopolítica!". No niego que haya un contenido serio en el término, sin embargo veo que el uso del término biopolítica algunas veces es un uso consolador, como el grito del niño, mientras que a nosotros nos sirven, en todo caso, instrumentos de trabajo y no palabras propaganda.
Paolo Virno, "Entrevista con el Colectivo Situaciones" (p. 11) en Dossier de lecturas.

sábado, agosto 21, 2010

No future (sobre Varadero y Habana maravillosa de Hernán Vanoli)


En Varadero y Habana maravillosa de Hernán Vanoli (Tamarisco, 2010), el tiempo ha pasado, lo notamos por ciertos detalles que no cierran: ciertas alusiones a enfermedades, a ciudades devastadas, a desastres ecológicos, a conflictos político-sociales que no recordamos pero que se parecen demasiado a pequeños acontecimientos de nuestra abigarrada realidad. En estos relatos, el tiempo ha avanzado, no demasiado, pero ha avanzado: lo leemos en la creciente segregación social, la enfermedad epidémica y la represión voraz en “Funeral gitano”; en los controles médicos del aeropuerto y las características anacrónicas (la “comida natural”, el sexo por “frotamiento”) de las tierras cubanas en “Varadero y Habana maravillosa”; en el contrabando biológico de “Eugenia volvió a casa”; y en el mundo devastado de “Castores”. Y lo que más nos desconcierta de este futuro cercanísimo es el presente narrativo denso en la mayoría de los relatos (un presente que puede volverse exasperante por la monotonía en la que nos sumerge, un presente apegado a la narración minuciosa de las acciones, las conversaciones, los pensamientos…) y, en contraste, la poca información sobre estos elementos extrañísimos (pero, claro, los personajes no necesitan explicar esos elementos, ellos conviven con tales condiciones, saben manejarlas o las soportan, y si eligen contar una historia, será por otras razones).
 

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