viernes, julio 21, 2006

El extraño mundo de Lynch (o cómo la televisión también puede tener sus obras maestras)


"Through the darkness of future past
the magician longs to see
one chants out between two worlds
fire, walk with me..."

Son frecuentes (y, no vamos a negarlo, en muchos casos perfectamente justificadas) las críticas a la televisión como un medio manipulador que subestima a su público, donde la regla nunca es la calidad sino que lo que gobierna es el beneficio, y no precisamente el del espectador. Si bien esta condición de “industria cultural” es un problema constante en las artes audiovisuales, por su forma de producción, sus costos, su modo de exhibición (el cine también está atravesado por la dualidad arte/industria y, en el fondo, ya no hay arte que pueda eludir a la economía), es en la televisión donde el costado comercial y consumista parece hacerse más evidente; así, la televisión es demonizada y reducida a la única función de máquina de atrofiar cerebros de la cual quien aspire a la calidad y la creatividad debe mantenerse lo más alejado posible. Hay que reconocerlo: no es fácil innovar en un medio donde tantos hay tantos intereses económicos en juego pero, incluso teniéndolos en cuenta, tampoco es imposible; creer que un programa de calidad va a espantar a los espectadores es subestimarlos demasiado, y para quien todavía mantenga ese prejuicio, ahí tenemos a esa maravilla titulada Los Simpsons que durante años ha probado lo contrario, para poner sólo un ejemplo. Lo que determina la calidad no es el medio sino el uso que se hace de él: la televisión también es capaz de darnos obras maestras. Y una de ellas, sin duda alguna, es Twin Peaks.
Creada por Mark Frost y David Lynch (para mayor referencia ver el ciclo de abajo), esta serie de dos temporadas emitida en 1990 y 1991 se convirtió en un programa de culto y hasta hoy, más de diez años después, sigue cosechando fanáticos, entre los que demás está decir que me cuento (imposible dejarla después de ver el piloto de una hora y media con que se abre la serie). Para los que éramos muy chicos como para verla en el momento de su estreno, o para los que tengan ganas de volver a verla (por lo que se dice en la red, en Argentina se emitió por canal 9 y “recortada” por ellos, así que no creo que nos hayamos perdido de mucho en ese entonces de todas maneras) la primera temporada está disponible en DVD. Pero ¿por qué tantos elogios? Lo más recomendable es correr hacia el videoclub más cercano y descubrirlo, o recordarlo.
Twin Peaks es un pueblito perdido en el norte de los EE.UU., en el que nada es lo que parece. A partir del asesinato de Laura Palmer, una joven del lugar, y la llegada de un excéntrico agente del FBI para investigar su muerte, la paz de sus habitantes se vendrá abajo revelando un oscuro universo de perversiones y secretos. Es una de las obsesiones preferidas de Lynch el develar lo siniestro que se oculta en lo cotidiano, y aquí, a partir del formato televisivo de la serie, es llevada a su máxima expresión al desplegarse a lo largo de 30 capítulos, a través de una intrincada red de personajes y conflictos donde nada queda resuelto por completo, exigiendo del espectador una participación ctiva y una labor interpretativa que dista mucho de la pasividad a la que la televisión suele habituarlo. Twin Peaks es una escuela de guión, de dirección, de actuación, de construcción de personajes; una demostración de que calidad, diversión y reflexión no necesariamente deben ir por caminos separados. El deseo de conocer el desenlace, de develar la intriga, es ampliamente superado por el placer que provoca recorrer ese extraño mundo, un mundo oscuro y surreal, capaz de sobresaltarnos y perturbarnos, pero a la vez atravesado por un sentido del humor extraordinario y absurdo. Como dice el agente Cooper: “No tengo la menor idea de a dónde nos conducirá todo esto, pero tengo la firme sensación de que será un lugar tan extraño como maravilloso”. Vale la pena visitarlo.


"(...)Desde el episodio piloto, en cada casa y en cada apartamento donde se seguían los capítulos, Twin Peaks recreo la noche; la verdadera noche y no una noche de decorados, una noche con una duración que persiste y con una profunda oscuridad, que sitúa cada pantalla de televisión en lo que es: una ventanita de luz excesivamente coloreada que brilla en un océano de noche.
Está claro que esto se debe a Lynch: lo que hay de primitivo y de sentido del vacío en su imaginación impregnó, como por contagio, los episodios en los cuales él menos participó. O mejor, como si hubiese hecho surgir en cada uno –actor o director– su propio núcleo primitivo, de manera que le permitiera alimentar el mito colectivo en que se convirtió Twin Peaks.
El conjunto de Twin Peaks sobrepasa a sus autores, Lynch incluido, y, mediante un efecto de superposición de capas e intenciones, adquiere la extraña fuerza del poema épico o del libro religioso, que, como se sabe, es una creación colectiva. Twin Peaks es a la vez delirio personal y locura universal, mito y nido para adormecer nuestros sufrimientos, en el que cada uno aporta su ramita."
Chion, Michel: David Lynch, Paidós, Barcelona, 2003.


“Twin Peaks no hubiera sido posible sin la confianza en el poder del subconsciente. En mis películas muestro pensamientos y situaciones que ocupan mi mente. Y estoy interesado principalmente en el lado oscuro de la vida, lo desconocido, lo temible. Eso conduce automáticamente a la controversia sobre la violencia. Pero estoy cansado de la perpetua discusión por la violencia en mis films. La violencia existe en nuestro mundo y hay que mostrarla. Quienes sólo quieren hablar de las alegrías de la vida y del arte de cosechar cerezas no deberían hacer películas. La gente buena es aburrida. Sólo los malos tienen estilo. Por eso es que Twin Peaks está dirigida primero que nada a un público con un sentido del humor macabro. Tampoco hace falta haber visto la serie para entender la película que hice después (Twin Peaks: Fuego camina conmigo), porque Twin Peaks está en todas partes. No es un lugar. Es una condición.” - David Lynch

7 comentarios:

Pablo Croci dijo...

Ahora si!, bienvenida compañera!

(sabes que me tenes que pasar esos malditos dvds).

pd: frase genial "solo los malos tienen estilo".

Saludos!

Griselda Soriano dijo...

Gracias Pol! Ya me estaba dando vergüenza mi falta de creatividad para participar de esto.... era hora!
Cuando me los devuelvan te paso los dvds, vas a ver lo adictiva que es esta maldita serie (a mí me quedan sólo 5 capítulos y ya estoy sufriendo por adelantado, no quiero que se termine)
Todos a ver Twin Peaks caramba!

pd: siiiiiii me causaron muchísima gracia las declaraciones de Lynch, es un grande, cada día lo quiero más (léase cual cantito de hinchada)

Desdichada dijo...

Devoro los posts de este blog, los quiero, sigan así. Griselda, me encantó tu post. Besos

Griselda Soriano dijo...

Muchas gracias por los halagos!

Griselda Soriano dijo...

Ayer terminé de ver Twin Peaks; es sencillamente increíble que el último capítulo sea un capítulo de una serie de televisión exitosa!Véanlo y después me cuentan...

quimera dijo...

Lynch es adictivo. Me encantó este texto, gracias por la información!

Griselda Soriano dijo...

Terriblemente adictivo, y debo advertir que después de Twin Peaks la adicción es irreversible!!!
De nada, siempre es un placer difundir la obra de este gran señor; gracias por leer!

 

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