viernes, diciembre 15, 2006

El bondi de Ulises



Hace algun tiempo vengo pensando que cada uno tiene su propia historia interna de los colectivos. Su bitácora, tipología, clasificación, mapa. Todos los que tenemos la ventaja de viajar diariamente en ellos, desde que valian 0,50 (o menos) y te daban un boleto en mano hasta los 0,80 con maquinita de ahora, seguramente guardamos en la memoria anécdotas, sentimientos e imágenes de todo tipo. Estoy seguro, que aquel/lla que no se haya enamorado perdidamente de un pasajero ocasional, aquel que no se haya dormido profundamente y haya cruzado el trópico de Gral. Paz, aquel que no ha viajado apretado como vaca para el matadero a las 6,15 de un día lluvioso, tal vez haya sido mas feliz, pero seguramente ha vivido mucho menos.
En mi extraño intinerario, hay una especie de amor/odio sin demasiada explicación hacia los colectivos. Como con esas personas que te caen barbaro o muy mal pero sin saber demasiado bien porque. Por ejemplo, el 110 es un colectivo al que quiero mucho y sin embargo lo destesté durante semanas y semanas camino a mi trabajo cuando se dignaba a no pasar durante 20 minutos y luego venian cuatro juntitos como hermanos de la mano hacia la escuela. Tal vez lo quiera porque los domingos me lleva a Plaza Francia o a Parque Sarmiento, o porque algunas noches de ebriedad me acompañó como un buen amigo hasta mi casa. Otro colectivo al que sinceramente adoro es el 34. Viene uno cada cinco minutos, casi siempre semi vacio y va rápido. Un tipo esficiente es el 34, "el taxi de Juan B.Justo" como lo llaman algunos. También, creo que lo quiero, porque en mi memoria guardo hermosos momentos de mi adolescencia. Me dejaba en mis fines de semana deportivos en la puerta de GEBA, y también me llevó durante años, hasta la salida del tren rumbo hacia la casa de un gran amor.
Con el 109 tengo mucha ambiguedad. Durante un largo tiempo creí que era mi camino de Eros. El itinerario empezó a los 16 con mi primer novía que vivía cerca de una parada de la calle Córdona. Frustado ese amor, vino la segunda a dos paradas, y luego una tercera a otra dos paradas. Siempre pensé que encontraría al amor de vida cerca de Retiro, donde termina el recorrido. Pero algo misterioso pasó, y por culpa de otro amores que me llevaron lejos del camino del 109, comencé a sentir un odio especial hacia el 109. Odio que se fue transmitiendo hacia todos mis amigos, que cada vez que lo toman para venir de visita hacia mi casa, llegan inebitablemente de malhumor.
Dentro de los colectivos a los que odio profundamente, se encuentra el 76. Flor de hijo de puta si los hay. Pasa cuando quiere, siempre lleno y tiene un recorrido de porquería. Tal vez también lo destete porque me dejaba en la puerta de mi trabajo como "librero" en Yenny todos los domingos. Creo que cualquier ser humano que trabaje los domingos destesta a ese colectivo que amablemente lo transporta. También lo odio porque en esos mismos viajes hacia la explotación laboral, conocí a dos pungas que subian en la misma esquina y en el mismo horario casi todas las semanas. Por lo cual debía enfrentarme a esa situación de mezcla entre miedo y heroicidad que tenía cuando veía que mandaban las manos hacia todas las carteras y me los quedaba mirando fijo pero en silencio, intentando evitar los asaltos.
¿Que historia tiene usted estimado lector?, ¿en que colectivo besó apasionadamente a su amante?, ¿en cual dejó atrás una hermosa historia de amor?, ¿en cual asomó la cabeza por la ventana para disfrutar que el sol y el viento les peguen en la frente?, ¿en cual sintío que empezaba el último viaje?...

3 comentarios:

Griselda Soriano dijo...

Me encantaron tus reflexiones sobre el transporte público Pablito! Los colectivos son una fuente inagotable de experiencias extrañas (y de toda clase), sin duda.
Ya que estamos en tema, yo quiero destacar mi particular relación con el 44... aunque sólo me lo tomo para ir a un lugar (sí, a ESE lugar, nuestra querida facultad con la que tengo una relación tan particular como con el 44), creo que en él he pasado por todos, TODOS los estados emocionales y situaciones posibles! En el 44 he estudiado desesperada, me he sentido muy mal en consecuencia (porque leer en los colectivos me marea), he dormido, he chocado con el camión de la basura (sí, dije he chocado con el camión de la basura), he puteado y alabado a un sinnúmero de profesores, me he reido, seguramente habré llorado o me habré aguantado para no hacerlo en alguna ocasión, he hecho amigos/as, y obvio que me he enamorado de algún que otro pasajero (eso es infaltable en cualquier viaje en colectivo que se precie!); además, el 44 forma parte del infaltable ritual de aquellos días en que salgo tarde: abrir la puerta de mi casa y verlo pasar y doblar la esquina alejándose de mí, mientras el semáforo me impide cruzar (a veces acompañado de otros 44s, lo cual incrementa la ira).
Pero qué maravilloso fue el día en que supe que el 44 existía y que para llegar a Puán ya no tendría que caminar 8 cuadras para tomarme el 55, que me mareaba tanto... Ahhhh te quiero 44!
Sí, acabo de declararle mi amor a un colectivo.

Prometo que después del miércoles, cuando termine de rendir (uf!), escribo algo decente para subir aquí. Saludos a todos, muchachos!

Minerva dijo...

¿Sos de Paternal? Compartimos muchos colectivos, jajajaja. A mí el 109 me gusta, sin embargo, tan prolijitos ellos.

paula dijo...

¨34 mi buen amigo

que buena onda qes poder viajar contigo

desde liniershas ta paternal

a toda hora nunca nos vas a fallaaaar ¨



(esto canto con mis concubinxs, de madrugada especialmente y a modo de cábala p q llegue.Y llega)

 

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