lunes, diciembre 11, 2006

Justicia poética

Sin conocimiento de causa, se me ocurre una dudosa anécdota del futuro en alguna exclusiva escuela de alta alcurnia en Santiago de Chile, quizá un colegio militar. En los últimos días del ciclo lectivo, con las gotas en la frente del sudor veraniego, un profesor pregunta a sus alumnos:
-¿Chicos, qué se conmemora hoy, 10 de Diciembre?
-La muerte de nuestro ilustrísimo General don Augusto Pinochet

El 10 de diciembre de 1948, tres años después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, la Asamblea General de las Naciones Unidas se reunió para aprobar la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en conmemoración de la cual, dos años mas tarde, se invitó a los países miembros a observar esa fecha como el Día Internacional de los Derechos Humanos. La reunión, un aquelarre de espanto luego de los horrores de la guerra y los genocidios, era un acervo para poner punto final al terror "para hacer frente a las violaciones de los derechos humanos dondequiera que ocurran". Lamentablemente, la memoria humana, que es endeble y corto-placista, pronto olvidó la vehemencia de la declaración, y derechos humanos se tornó antes que un principio, una bandera. Mal que pese al pintoresco romanticismo sarmientino, las ideas no son nada sin los hombres que las llevan.

Ayer domingo por la tarde, sin juicio y sin castigo, y en medio de lo que parecía una nueva treta para escapar de la justicia, falleció el dictador Augusto Pinochet, que mantuviera Chile bajo su mano ni más ni menos que por 17 años, notable representante del "dream team" de dictadores latinoamericanos y, por que no, del mundo. Genocida y torturador, autor de un golpe de estado notable por lo sangriento, destacado por su corrupción, no bastaron 16 años, casi el tiempo que estuvo en el poder, para enjuiciarlo. Mirándolo en retrospectiva, si hay algo de qué sentirse orgulloso en nuestros pagos es por lo menos haber llevado a cabo el Juicio a las Juntas, más alla de sus resultados ulteriores.

Las palabras se las lleva el viento. ¿Sin distinguir ideología, cuántos genocidios se produjeron desde aquel 10 de Diciembre de 1948? Lo que debió haber sido un principio se transformó en un nuevo régimen jurídico bajo el cuál acusar al otro en controversias para las que lo que menos importa son los derechos humanos, o cuanto mucho en una reivindicación parcial: una "bandera de zurdos", un sinonimo de blandura, otra causa perdida.

Desde ayer, Chile está nuevamente dividido. Están los que vivan la muerte del dictador más allá de la falta de justicia; hay quienes lo defienden y lo quieren sepultar con honores en la ceremonia militar. Al menos no habrá duelo ni honores de ex presidente. Que nos sirva a modo de recordatorio, de este lado de la cordillera, para que las muertes de impunes sin juicio no tengan ocasión. Por mi parte me quedo tranquilo, y espero así poder quedarme, que nadie va a vivar a Videla el día que lo entierren sin honores que no se merece. En cualquiera de los casos, valga la paradoja terrenal, si creyó asegurarse el cielo con la extremaunción que se apuró en recibir, para manchar su obituario.

3 comentarios:

Guille dijo...

Lamento en el alma que se haya ido sin pagar...

vicki dijo...

brindo porque de ahora en más, los despreciables no se vayan sin larguísimas agonías. justicia prosaica. gracias gente, por todo, siempre

Desdichada dijo...

ya pasó, ya pasó.

 

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