miércoles, julio 22, 2026

Sobre Vida secreta de Cristina Campo, de Cristina De Stefano


Leo Vida secreta de Cristina Campo, de Cristina De Stefano (Editorial Trotta, 2020). Se trata de una biografía de la extraordinaria ensayista italiana (a quien descubrí hace un tiempo gracias a la editorial argentina Ediciones Seré Breve). 

Campo nace en 1923 y muere en 1977. Padece un problema cardíaco congénito, se cría con un padre dedicado a la música, lee con fruición, primero, cuentos de hadas y clásicos y, luego, a Simone Weil, a Hofmannsthal y a T. E. Lawrence. Escribe ensayos extraordinarios, pocos, sobre la poesía, sobre la atención y sobre la belleza. No es casualidad, me parece, que termine colaborando en la revista Sur, en donde coincide con dos argentinos que tratará: H. A. Murena y J. R. Wilcock

La biografía de De Stefano está bien documentada (Campo era una incansable y gran redactora de cartas), es ágil y sensible. Una contra es que no logra reponer con claridad, para lectores extranjeros, el contexto cultural-literario italiano (¿qué fue por ejemplo la “Escuela Hermética” a la que Campo se acercó en los años 50?). Otra, que no se detiene demasiado en la obra de la autora de “Los imperdonables”, De Stefano menciona al pasar algunos textos y hasta los cita pero no hay comentario detenido sobre ideas e imágenes, por ejemplo. Hay vida en Vida secreta de Cristina Campo, me faltó obra. 

A partir de los últimos capítulos, y de los diez últimos años de vida de la ensayista y poeta, todo se precipita: la conversión católica, la fascinación con la liturgia y la oración, la actividad furibunda contra el Concilio Vaticano II, la pasión antimoderna… 

En paralelo, Campo deja de escribir y de leer, enferma cada vez más seguido y, hacia principios de los 70, se aísla cada vez más en un misticismo cerrado sobre sí mismo. Termina sola; sus ensayos y poesías también. Sin embargo, están ahí esperando a sus lectores (por ejemplo, en el volumen La nuez de oro y otros ensayos, que se consigue en nuestro país), que serán pocos seguramente pero apasionados como Campo lo hubiera querido.

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