Leo Dodecamerón, del autor uruguayo Carlos Rehermann, una novela publicada por Hum editores en 2008.
La recomendación vino de la mano del amigo de la casa Gustavo Guerber. Hace varios años atrás me había mencionado el libro, que compré luego, y que atesoré en la pila de pendientes durante un par de años más. Por suerte, por azar, decidí abrir las páginas de Dodecamerón y me subí fascinado al yate Magalí para iniciar el viaje de la narración.
Inspirado en clásicos de la narración tradicional y múltiple como Las Mil y Una Noches, El Decamerón y Los Cuentos de Canterbury y, en especial, Manuscrito Hallado en Zaragoza, de Ian Potocki, Rehermann monta, construye, diseña una historia central ya transitada: diez personajes aislados en un yate cuentan cuentos para pasar el tiempo.
Uno de los aciertos es la focalización en Alejo, quien brinda el marco para el juego ficcional sin ataduras. La elección le da cohesión novelesca al caleidoscopio de las 12 jornadas de historias contadas por los 10 personajes en esta novela de casi 500 páginas.
El otro acierto es la propuesta de incluir nombres, recuerdos o detalles biográficos de los propios pasajeros del Magalí. Verdaderos o no esos detalles y alusiones (que por momentos se van encadenando y continuando y en otros torciendo y desviando de jornada a jornada) conducen al lector por el borde resbaladizo de la realidad y la ficción. Lo mismo sucede con la aparición de autores célebres como Lobsang Rampa, Jorge Luis Borges y Miguel Cané, entre muchos otros, consignados en un índice onomástico que cierra Dodecamerón.
Más allá de la imaginación ficcional desbordante que demuestra Rehermann en estas páginas, lo que más me fascinó es la variedad de estructuras narrativas (casi figuras geométricas o bosquejos arquitectónicos) que despliega en cada jornada. Así, una parece plantear una cadena de eslabón a eslabón (el relato 1 deriva en el 2; el 2 en el 3; el 3 en el 4; y así); mientras que otra surge de un relato inicial que se va abriendo como una flor (del relato 1 sale el 1A, el 1B, el 1C...); y otra juega con la lógica de las muñecas rusas (del relato 1 sale el 1A; del 1A sale el 1AA; del 1AA sale el 1AAA; etcétera). De jornada a jornada, Rehermann teje una telaraña de humor y tragedia, de erotismo y aventura.
En resumidas cuentas, Dodecamerón es una novela desbordante en su imaginación y calculada en su arquitectura, es fascinante la habilidad ficcional de Rehermann. Me quedan ahora las ganas de seguir leyendo su obra.

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