viernes, julio 16, 2010

Y después...

Copio las últimas preguntas de "El espacio de la orgía. Una conversación con Néstor Perlongher" realizada por Osvaldo Baigorria para El Porteño, número 43, 1985. Recordé esta entrevista al enterarme de la buena noticia de la aprobación del matrimonio gay en el Senado. ¡Enhorabuena!
[...]

¿[El sida] Viene a prohibir la sodomía?
En realidad lo que se viene a prohibir es la promiscuidad. Ojo, que el poder no está planteando la abstinencia. Lo que se está estimulando es la monogamización y familiarización de los perversos.

La pareja, sea gay o hetero. La relación "limpia".
Claro. O sea, los promiscuos ya teníamos una relación con el poder médico vía las enfermedades venéreas. El descubrimiento de la penicilina de algún modo sacó fuera de la cancha el último obstáculo de la indiferenciación sexual. Entonces, en una clínica en Brasil a mí me ponen: "Sexo: promiscuo". Vas a hacerte un examen, porque te pescaste una gonorrea, por ejemplo, y te preguntaron: "¿Cómo se la agarró? ¿Conoce con quién tuvo la relación...?" Y si no conocés, sos promiscuo. A mí nunca se me había ocurrido que entraba en esa categoría. A partir de entrar ahí, descubro que —aparentemente— tengo "otra" sexualidad. Y esto me ha servido para aclararme las cosas a mí mismo. Porque de alguna manera yo seguía pensando en la ilusión conyugal, que en el ghetto gay era más o menos así: la represión de la homosexualidad tenía, como compensación, la ilusion de que el sujeto no tenía pareja porque la homosexualidad estaba prohibida. Retirada la prohibición, el sujeto podía realizar su felicidad conyugal. Entonces el sida pone las cosas en su lugar, porque te permite descubrir que vos tenías "otra" sexualidad negada; porque la promiscuidad siempre fue considerada algo sucio, pasajero, nómade. Por eso yo veo a la promiscuidad como punto de resistencia, o por lo menos, punto a través del cual se puede resistir.

¿No puede ocurrir con la promiscuidad lo mismo que con la homosexualidad? ¿Una nueva integración, una nueva delimitación de territorios?
Bueno, el problema es que si nosotros ya no podemos hacer política de certezas, habría que ver cada situación concreta. Evidentemente, todos esos gigantescos ideologemas (la Gran Revolución, la Gran Liberación, la Identidad Sexual) no son de una utilidad muy valiosa, y en verdad resultan sospechosos a esta altura de las cosas. Lo que pasa es que con la integración de la promiscuidad la cosa no es tan fácil, porque, ¿dónde va a parar la familia? O sea, en toda esta cosa de la revolución sexual, quedó la familia; reestructurada, más abierta, más progresista, pero quedó. Y lo que ahora se pretende es también familiarizar la homosexualidad. Entonces, esa promiscuidad que el sida deja como marginalidad total, como zona de exclusión, puede convertirse en un nuevo punto de resistencia. Porque el problema no es tanto la familia: ¿y el Edipo? ¿dónde va a parar con la promiscuidad? Y ahí pasaríamos de Foucault a Deleuze, tal vez.

¿Continuar cuestionando a la familia desde el espacio de la orgía y la promiscuidad?
El cuestionamiento siempre sigue siendo pertinente; lo que pasa es que ha sido ocultado por toda esa superficialidad, esa inflexión del cuerpo. El cuestionamiento iba en dirección a una multiplicación del placer, y al mismo tiempo una singularización de los sujetos, para que cada uno pudiese encontrar cuáles son sus puntos de goce, sin dejarse arrastrar por esa inflación corporal de dispositivo de sexualidad y sin dejarse seducir por las ilusiones de la represión. Estas ilusiones nos seducen con la de idea de que en la sexualidad hay un misterio terrible y que por eso está prohibida; a partir de ahí, creés que si se descubre ese misterio se encontrará la felicidad. Yo creo que en su momento, el gay liberation fue una manera de salirse de la familia, de nomadizarse. Y que luego el liberacionismo entra en contubernio con el dispositivo de la sexualidad, mediante la política de "asumirse".
Con el crecimiento del mercado, se precisa armar un sector gay, porque entonces la asunción discursiva pasa a tener un valor de diferenciación y crece el status en el mercado sexual. Asumirse como gay implica decir: yo no me acuesto con ése porque no es gay.

¿Qué se puede hacer con todo ese dispositivo? ¿Evitar ser categorizado en una minoría, es suficiente?
No sé, pero la cosa tiene que ser más de confluencia que de sectorización. Hoy tenés que trata de hacer movimientos lo más amplios posibles, movimientos que sirvan para soltar, y multiplicar las conexiones entre los cuerpos, no para disminuirlas. Y la cuestión sigue siendo encontrar alguna singularidad, algún punto de fuga y algún punto de goce. 

Fuente: Perlongher, Néstor (2004): Papeles insumisos, Buenos Aires, Santiago Arcos, pp. 277-279.

4 comentarios:

Ezequiel M. dijo...

Buenisimo.

Horacio Gris dijo...

Interesante, me sirve para reflexionar sobre algunas cuestiones que estoy rumiando.

saludos!

Matías dijo...

Sí, muchachos, justamente lo reproduje porque me pareció que llevaba agua para algunos molinos que se pusieron en funcionamiento con la aprobación del matrimonio gay. Saludos y gracias por los comentarios!

E dijo...

Buenísimo el texto che. Me hace pensar un poco en lo que dice Link, de que ahora que se institucionalizó el casamiento podemos reirnos de las locas pequeño burguesas, por un lado. Al mismo tiempo, habría que pensar si no es un punto de avance, en lo que tiene que ver con la "confluencia" y la no "sectorización" el hecho de que la cuestión del matrimonio gay hay finalmente sido traducida en términos de matrimonio igualitario, poniendo a la igualdad, como categoría en algún punto vacía en el centro de la escena. Bueno, ahora nos queda la fraternidad, que de esa siempre nos olvidamos. Saludos!

 

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