lunes, febrero 27, 2006

AZT (sobre Un año sin amor de Pablo Pérez)

En Un año sin amor, el SIDA funciona como una avalancha destructiva que se mueve de adentro hacia afuera, un virus que poco a poco va tomando no sólo el cuerpo sino el alma del protagonista. El cuerpo se va fragmentando desde adentro: la enfermedad carcome, corroe, se esparce como una niebla sobre los órganos y los va agujereando, los va mordiendo. A esta fragmentación interior se le oponen dos fragmentaciones exteriores: el diario que escribe Pablo para sobrellevar la enfermedad (la estructura del libro) y la dieta a la que se somete para aplacar el dolor, para crear anticuerpos. Ambos recursos (el diario y la dieta) funcionan como instrumentos para alejar la muerte tan próxima, esa muerte que también lo acecha desde su interior y que, paradójicamente, anuncia el final del dolor.

Ahora bien, frente a esa única salida que sólo le es posible aplazarla pero no evadirla, Pablo recurre a un dolor que se opone al que produce el SIDA: el sexo y el amor serán este dolor gozoso que le permitirán soportar al otro. El sadomasoquismo y el abandono, un palo de policía por el culo y un llamado que no llega, una quemadura de cigarrillo y noches de placer en un cine porno para acabar tirado en la cama con una tos espantosa. Si Pablo goza con el dolor que sus amigos SM le provocan es porque es un dolor controlado tanto por él como por el otro: el otro puede detenerse si lo ve sufrir y no gozar, él puede pedir que se detengan si no le gusta. Un dolor controlado y ligado al sexo (el sexo frente a la enfermedad, el goce frente al padecimiento) frente al dolor desmesurado que provoca el SIDA.

La forma para controlar ese dolor serán la escritura y la dieta: la escritura como una forma de objetivar su dolor, de limitarlo de explicarlo y a su vez, ser otro en la escritura misma; la dieta como una forma de cuidar su cuerpo, de atacar por zonas ya sea con pastillas, con homeopatía o con yuyos diversos (y sin embargo el AZT no funciona de la misma forma que los remedios naturales).

A través del diario de Pablo, leemos una suerte de diagnóstico del SIDA, una educación sentimental con sus altibajos correspondientes, una colección de fantasías sexuales y de parejas frustradas y, por si esto fuera poco, las peripecias de un hombre que sólo busca un poco de amor y algo de alivio frente a la muerte que se le aproxima desde afuera y que emerge desde adentro.

Fuentes: Pérez, Pablo, Un año sin amor, Buenos Aires, Libros Perfil, 1998.

PD.: Les dejo un link a Link: Enfermedad y cultura: política del monstruo.

domingo, febrero 26, 2006

Prometido es deuda

"Las palabras azules" les deja en Golosina Raddio!, algunos poemas de Marosa di Giorgio
recitados por ella misma, extraidos de su libro "La flor del lis" (Ed.El cuenco de Plata, 2004).

(escuchar apretando el nombre del poema, en el reproductor que está a la izquierda de su pantalla)

sábado, febrero 25, 2006

¿Salir del Super?

No estimaba demasiado a la revista “La mujer de mi vida”. Había leído sus primeros números y no encontraba nada que seduzca a mi enfermizo interés. Sin embargo, pasó el tiempo y encontré en el último número (año 3 nro.30) una revista bien formada (además de su diseño que siempre fue encantador). Aunque no me cierra esa perspectiva temática (en éste último número el tópico es “la moda”) ya que limita claustrofóbicamente a sus redactores, descubrí que además abre varias puertas de discusión, y libertad a sus periodistas para plantear posiciones ideológicas claras (e incluso, a veces, opuestas entre sí) y pienso que el valor de la revista está, a pesar suyo, en las notas periféricas.

Rescato principalmente dos discusiones que creo se vienen susurrando en todos los pasillos, o en cuanta cena intelectualoide haya, pero no se discute demasiado en este ámbito (revisteril o bloggero). La primera es acerca del populismo chavista enfrentado a la nueva política del movimiento zapatista y está a cargo de Raúl J. Cerdeiras.

La otra, en la que me quiero detener, ya que expresa lo que pienso desde hace tiempo mucho mejor de lo que yo podría plantearlo, es acerca de la “banalidad poética” de la mayoría de la poesía de la década pasada y la actual. Esta nota, firmada por Alejandra Varela realiza un análisis de las voces predominantes de la Nueva Poesía Argentina (si el rotulo es de ella, es lo único que refuto) y en él señala que la década del 90’ (tomando como ejemplos a Gambarotta, Cucurto y Belleza y Felicidad) se basa en una autorreferencialidad desmedida (basada en amiguismos sin posibles discusiones de estéticas o poéticas) y en un uso vacío del lenguaje banal o cotidiano. Cito: “No es que la voz poética de cuenta del vacío posmoderno, sino que el sujeto poético no puede vivir, no puede atravesar la experiencia, no puede ponerle el cuerpo al acontecimiento”; “El problema de fondo es que esto se traduce en una escritura donde la vida y la palabra carecen de autocrítica. Ese micro mundo de elogios repartidos lleva a convertir la onda, ese estilo de personalidad, a veces actuando para la tribuna, en un modo de escritura”.

Por fuera de esta revista pero aún más insertado en el campo poético, Walter Cassara, viene planteando esta discusión hace ya algún tiempo sin demasiados oídos que la discutan. ¿Usted, señora, que piensa?.

miércoles, febrero 22, 2006

It's only rock'n'roll (sobre los Rolling Stones en Argentina)

Ahora que somos todos stones, me sorprendió leer este pequeño artículo (a pesar de su título exagerado) que deja de lado el fanatismo e intenta ver la venida de los Rolling Stones desde otro punto de vista.

La música y la sociología

Por Pablo Alabarces

De chiquito me gustaban Los Beatles. De grande me siguieron gustando. Algún periodista con inventiva sostuvo que la diferencia era que Los Beatles querían “tener la mano” de las chicas, mientras que los Stones querían metérsela. Capaz que fue por eso: lo cierto es que mi corazoncito pop y mis timideces me dejaron por décadas del lado de acá del fanatismo estón, aunque aún atesore un simple de vinilo con Satisfaction y tenga, en vinilo y en compact, Beggars’ Banquet, que me vuela la cabeza. Hasta que un día, más por Dylan que por ellos, peregriné a River. Era la época de Bridges to Babylon, y seguramente ya había muy poca novedad musical –inventiva, tensión por lo nuevo y lo transgresor, audacia y creatividad– y mucho ritual: la celebración de un encuentro con públicos renovados por generaciones y la vez permanentes, la constatación de la sobrevivencia al exceso y al desenfreno. Para ser sinceros, encontré poca música y mucho espectáculo: magnífico, profesional, ampuloso. Seamos malvados: ideal para una playa carioca. Encontré que todo el exceso, la desmesura y el desborde vital, aquel que había inventado al rock como cultura y a los Rolling como icono, se había transformado en puesta en escena. Que el único desborde era de pantallas, kilovatios y fuegos de artificio. Y dinero, claro, qué duda cabe.

Ahí se acaba la música y empieza la sociología. La descendencia rolinga en la música argentina apenas puede esgrimir cierta repetición estandarizada con pocos hallazgos. Pero la subcultura rolinga, por el contrario, nunca me dejará de fascinar. Porque se hace cuerpo en un mito –el que habla de las marcas en la cara de Richards y de las muescas en la culata de Jagger– para perseverar como imaginariamente irreverente, porque la irreverencia todavía es un dato necesario. Ahí hay una clave que explica los peregrinajes a River. Aunque –volvamos a ser malvados– la irreverencia se disipe frente a los precios de las entradas y al cordón policial que les impide siquiera pisar el barrio. Y los rolingas, disciplinados, no pisan el pastito.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/subnotas/63478-20898-2006-02-22.html


domingo, febrero 19, 2006

Golosina Raddio!


Siiiiiii!. Aqui mesmooo!. Después de horas de configuración este sitio tiene su radiecita!.

¿Donde?, acá, a la izquierda. Por el momento hay temas de un amigo de la casa: el Sr. Nick Drake.

Y también prometo los Domingos por la noche subir voces de poetas y narradores leyendo sus propios textos. En un programa que he decidido llamar: "Las palabras azules".

Dejennos una palabritas de como se escucha!, y a disfrutarlo!.

miércoles, febrero 15, 2006

No matar la palabra, no dejarse matar por ella

Diego Peller atraviesa los tres números de Literal (1973-1977) y los libros que se editaron alrededor de ésta (El fiord, El frasquito) para revolver la discusión con el realismo que iniciaron aquellos abanderados del psicoanálisis y la literatura: La flexión Literal y la discusión sobre el realismo.

lunes, febrero 13, 2006

fin-de-se-ma-na

Viernes. Escucho el nuevo de cd de Sabina que me prestó Caro. Como todos los anteriores chorrea melancolía. A veces una hermosa melancolía otras una melancolía redundante.

Este, además, sabe a despedida.

Dos horas después – J. Sabina (Alivio de luto)

La tarde consumió su luego fatuo
sin carne, sin pecado, sin quizás
la noche se agavilla como un ave
a punto de emigrar.

Y el mundo es un hervor de caracolas
ayunas de pimienta, risa y sal,
y el sol es una lágrima en un ojo
que no sabe llorar.

Tu espalda es el ocaso de septiembre,
un mapa sin revés ni marcha atrás,
una gota de orujo acostumbrada
al desdén de la mar.

Y al cabo el calendario y sus ujieres
disecando el oficio de soñar
y la espuela en la tasca de la esquina
y el vicio de olvidar.

Por el renglón del corazón
cada mañana descarrila un tren.
Y al terminar vuelta a empezar
dos horas después de amanecer.

Tiene la vida un lánguido argumento
que no se acaba nunca de aprender,
sabe a licor y a luna despeinada
que no quita la sed.

La noche ha consumido sus botellas
dejándose un jirón en la pared.
Han pasado los días como hojas
de libros sin leer.


Sábado. Recital de Spinetta. La gente llenó los bosques de Palermo como si estuvieran ahorcando a Bush. Al flaco le ví solo un codo, y puedo afirmar, que lo sigue teniendo flaco. Solo una frase de un borracho charlatán quedó zumbando en mi oreja:

“¿¡Cuánto vamo’ a tene’ que esperar pa otro mostro como vo’, flacoo!?"


Domingo. La flia. se fue al pasear al Tigre. Me quedó en casa internado entre estudio y películas. Comentario sobre “El topo” de Alejandro Jodorowsky:

“El topo” de Alejandro Jodoroswsky narra una historia en dos partes. Ambas secciones cuentan la búsqueda espiritual de un mismo cuerpo. En la primera parte ese cuerpo está encarnado en un pistolero en búsqueda de si mismo y su misión. Quien en un primer momento lleva la carga de ser padre y repartir justicia, y luego, la carga de dos mujeres que acechan su destino y cuatro maestros pistoleros a quién debe vencer. Un cuerpo trágico, sin salvación, hundido en el más profundo conflicto espiritual.
A través de planos muy elaborados y elipsis entrelazadas; y bajo una fuerte influencia de escenarios pasolinescos (también de sexualidad mítica) indaga en una constante reflexión teológica, alquímica y metafísica. Influenciado también por los freaks fellinescos, crea personajes rabellianos cargados con una fuerte impronta teatral, que no decaen en sus excelentens interpretaciones en ninguna escena.
En la segunda parte, este cuerpo perdido, encuentra su misión. Renace en una caverna desde la cual debe brotar como un topo para lograr abrir un puente, entre un pueblo y los deformes incestuosos que anidan en la caverna. Pero el pueblo está minado por los peores pecados del ser humano. El poder, la religión y el sexo brotan por todas partes, dejándole al topo y su amante (una petisa que cuidó de él en su nuevo nacimiento) la tarea de mendigar, humillarse o recurrir a perfomances de teatro callejero para reunir el dinero necesario para lograr su objetivo. Pero, cuando todo parece estar encaminado el topo se encuentra con otra carga. Su hijo, su discípulo, vuelve para enfrentarlo.
¿Puede el hijo enfrentar a su padre?. ¿Tolera la sociedad la libertad de los topos?.

Ni pienso contárselo.

martes, febrero 07, 2006

Dietético (Sobre El maquinista de Brad Anderson)

El maquinista es una película regular (¡le doy tres quintines!). La trama es rebuscada (o ¿re-buscada?) y efectista y copia los ya típicos recursos "locos", al estilo: "personaje-que-aparece-pero-no-existe" (véase Una mente brillante, El club de la pelea, Identidades, etc.) y "final-no-esperado-que-me-sorprende" (véase Sexto sentido, Los otros, etc.) Digo, si alguna vez están en sus respectivos video-clubes y les llama la atención esta película, tengan en cuenta que se van a encontrar con un refrito de otras películas que por lejos le pasan el trapo.

Ahora bien hay algo que se puede rescatar de esta película: el estado físico que logró Christian Bale para hacer a Trevor Reznik. Aparte de que me parece un buen actor (¿cómo olvidar al yuppie asesino de Psicópata americano?), el personaje que hace en la peli parece salido de un campo de concentración. Esta película vale solamente por el hecho de ver a Christian Bale famélico: las costillas pegadas a la piel, sobresaliendo asquerosamente; el vientre contraído; la cara chupada; las cuencas de los ojos hundidas, absorbiendo la mirada. Lástima que Bale no haya usado su resistencia física para hacer una película decente.

sábado, febrero 04, 2006

Link a link...

La lectura más lúcida que leí en los últimos tiempos sobre los últimos tiempos:

http://linkillo.blogspot.com/2006/01/pasado-y-futuro.html

martes, enero 31, 2006

Queremos tanto a Rohmer

Ahora que Eric Rohmer cumplió 85 años y todos somos fanáticos de su cine, paso a comentarles que se emitirá:

CICLO ERIC ROHMER
Todos los jueves de Febrero a las 20:30 hs.
en TV5MONDE (Canal 69 en Cablevisión)

Las películas afortunadas que componen el ciclo son:

  • La rodilla de Clara (Le genou de Claire - 1970)
  • La mujer del aviador (La femme de l'aviateur - 1980)
  • La noches de la luna llena (Les nuits de la pleine lune - 1984)
  • El árbol, el alcalde y la mediateca (L'arbre, le maire et la mediatheque - 1993)

Y si todavía les tiembla el pulso a la hora de apretar los correspondientes numeritos del oscuro control remoto para poner las películas de Rohmer, encuéntrense con la agradable lectura de una pequeña y acertada reseña sobre el susodicho, aquí.

sábado, enero 28, 2006

Sopa de letras

Era viernes a la mañana y mientras realizábamos nuestro gran aporte a la organización y reordenamiento del patrimonio simbólico de nuestro país (léase pasantía de data entry en la Biblioteca Nacional) conversábamos con Julieta sobre el origen de algunas palabras. Ella me contó sobre el queso roquefort (parece que es el nombre de una cueva en donde un alpinista olvidó queso y al volver estaba podrido) y del queso (leche que se sacudía en los camellos árabes bajo un incesante sol) y yo le conté un rumor sobre el origen del dulce de leche. En el medio de la charla, ambos recordamos un libro (que al menos para mi) marcó para siempre la inquietud que tuve hacia el misterio de las palabras. Ese libro es Palabrelío (Colihue, 1989) de Gloria Pampillo. Les dejo aquí dos relatos y espero que nos cuenten las historias que sepan (o inventen) sobre el tema.

Cantimplora

El agua habla, canta y llora. Eso lo dicen todos los poetas que se paran a escucharla cuando se cansan de estar parados al lado del arroyo o del río o de la acequia o de la alcantarilla o del tejado de donde cae la lluvia.
Algunas veces a los poetas les parece que el agua habla y entonces dicen:

“Ya viene la primavera
lo ha dicho el agua”
O si no:
“Cuando se calla la tarde
levanta su voz el río”
Otras veces les parece que el agua canta y dicen:
“Ya la guitarra
del aguacero
le canta a Pedro
bajo el sombrero”
O si no:
“Siempre soñando hacia el mar
como una canción de plata
va cantando sus cristales
desde la noche hasta el alba”
Otras veces les parece que el agua llora y dicen:
“Sueñan los árboles verdes el ir lloroso del agua”
O si no:
“Cuando la gota es una
es una lágrima la luna”
Y también:
“¡Oh qué dolor el del río
sin pececillo de plata!
Su sollozo lo recogen
dos sauces de verdes ramas.”

Pero no son los poetas los únicos que saben oír el agua. Los viajeros, los andinistas, los caminantes también saben oírla. Ellos aseguran que cuando el agua sale a borbotones de ese frasco forrado de lana que llevan colgado de la cintura, al mismo tiempo canta y llora. Y es por eso que llaman a ese frasco la cantayllora o, si ustedes prefieren, la cantimplora.

Luciérnaga

Antes, muchos años antes, mucho tiempo antes, cuando llegaba la noche, llegaba de veras la noche. La noche era más noche. Desde debajo de los árboles, la sombra crecía, se desenroscaba y tapaba todo. Todo quedaba oscuro.
La gente no podía alumbrar tanta oscuridad. Alumbraba un poquito, lo que podía: una vela aquí, una fogata allá, o una lámpara. En esas épocas que les digo, las lámparas se llamaban lucernas.
Costaba prender esas luces y también costaba mantenerlas encendidas. Una puerta que alguien abría de repente, una ráfaga de viento y ¡zas! se quedaba sin luz.
Por eso sorprendían mucho a la gente unas lucecitas que se prendían en la noche en verano sin que nadie se tomara el trabajo de encenderlas. Andaban por los pastos altos y un momento estaban aquí, otro más allá y siempre parecían flores de luz.
A veces una flor de luz daba vueltas alrededor de otra flor de luz que se quedaba quieta. Se prendía y se apagaba, una vez aquí y otra vez allá, pero cada vez más cerca y más cerca de la luz que estaba quieta hasta que las dos luces se juntaban.
A los enamorados les gustaba mucho mirar ese baile de flores de luz.
Los enamorados también salían de noche a visitar a sus enamoradas. La enamorada prendía una lámpara en su casa – una lucerna – para guiar a su novio. Y el novio se acercaba con su lámpara en mano – otra lucerna -. El novio prendía y apagaba a veces la lucerna para esquivar a los perros y también al padre de la novia, que si lo veía acercarse lo sacaba a los chumbos. Al final, el enamorado llegaba a la ventana donde brillaba la lucerna de la novia.
La gente desde las casas cuando miraba la noche de verano no sabía desde lejos qué luces eran de los enamorados y qué luces eran de las flores de luz.
Y como los enamorados con sus lucernas se parecían tanto a las flores de luz, la gente empezó a llamar a las flores de luz lucernas. Después las llamó luziernegas y al final las acabó llamando luciérnagas.
Ustedes, a lo mejor, las llaman bichos de luz. Pero eso es porque no están enamorados. Cuando se enamoren, ya van a ver como las llaman luciérnagas.

viernes, enero 27, 2006

La pausa son 4 segundos

Me acuerdo que la descubrí por un amigo (el mismo que me inicio en el fabuloso mundo de Wimpi) y el primer número que leí era "¿Jugás?" que venía en la revista Ultra nº 3. Efectivamente me reí mucho y a partir de esa iniciación corrí desesperado a buscar los demás números de la extinta historieta: 4 segundos.

Salieron 7 números por la editorial Pipabang, entre el '99 y el '00, y el último, ¡la puta madre!, no lo conseguí. La historieta cuenta aventuras cotidianas y graciosas de cuatro amigos: Marcos, Aníbal, Terli y el Zurdo. Los temas centrales son el sexo y la joda, ambos resumidos en la remera que el Zurdo se pone cuando se juntan con las minusas: una remera de Baywatch con Pamela Anderson en malla apretada y sensual. No pienso contar más porque a pesar de que hay algunas continuidades (Marcos enamorado de Marina que lo cree: depravado sexual, homosexual, etc.), cada episodio es diferente al otro y en cada uno se trenzan historias que van desde la reunión en la pizzería del ruso que se parece a Stalin a un fin de semana en Las Toninas con un japonés-argentino nacionalista. Celebro fervientemente la existencia de 4 segundos y es una lástima que haya tenido una vida tan corta. Los invito a buscar las historietas en algunas comiquerías, todavía se consiguen y encajan muy bien en los tiempos muertos que de alguna forma u otra tenemos que soportar.

Páginas web: http://4segundos.4t.com/home.html
http://www.historieteca.com.ar/4segundos/4segundos.htm

martes, enero 24, 2006

Mark en el espacio - Mariana Souzzo

A pesar de compartir durante un par de años el mismo taller de poesía conozco a Mariana Souzzo realmente poco. Pero a su poesía, le vengo siguiendo el paso desde hace tiempo y con cuidada atención.

Varias veces intenté publicarla en las revistas literarias en las que participé, pero parece que los editores de hoy en día no publican a jóvenes poetas, salvo que lleguen a la redacción con cariñosas cartas de presentación o un par de libros publicados bajo el brazo.

Me desquito aquí y dejo el link a su último trabajo, que me parece sinceramente fantástico.

www.markenelespacio.blogspot.com

sábado, enero 21, 2006

86 años de cine...

En el Malba se está desarrollando durante el mes de Enero una retrospectiva del director francés Eric Rohmer. Como sólo había visto hasta el momento fragmentos de sus films y recibido algunos comentarios aislados, en una tarde calurosa donde el aire acondicionado del museo funcionó como salvador (y provocador de resfrío) pude ver dos películas de su amplia filmografía: “4 aventuras de Reinette y Mirabelle” y “El árbol, el alcalde y la mediateca”.
El director que integró la mítica revista Cahiers du Cinéma y nació en 1920, tuvo una fuerte actividad previa a la realización, como crítico y profesor de literatura; y fue el primero en realizar las hazañas experimentales del grupo francés.
Hay en estos dos films algunos puntos sobresalientes que me interesa ensayar ya que tal vez definan algunos rasgos del estilo de Rohmer.
El tiempo y el espacio de ambas películas se construye a través de elementos rígidos, como son por ejemplo los separadores con letras y músicas infantiles, que van advirtiendo lo que sucederá en la acción y construyen una fábula. Por otro lado, los espacios se repiten en ambos films y están inmersos dentro de la oposición campo-ciudad / ciudad-campo, aunque cuidando que en esa repetición en el tema no se repitan los ambientes.
Sin embargo, creo que está rigidez con algunos elementos le permite profundizar sobre otros. Por ejemplo, los vínculos entre los personajes, el contenido político de lo que viven y discuten; o el humor dentro de la retórica francesa. Así, basándose en un tono irónico y de escenas absurdas, construye duos de personajes entrañables como la amistad entre las dos jóvenes en “4 aventuras…” o la oposición entre los oratorios alcalde y rector de “El árbol, el alcalde…”.
Por último, dentro de esta fuerte caracterización de personajes (me sucedió con Reinette y Mirabelle lo mismo que cuando en una novela no queremos que termine para no abandonar a los personajes), toca con profundidad discusiones que no pierden actualidad: la extraña configuración de los partidos políticos, los límites de la moral frente a la pobreza y el robo, las mercancía en el arte, etc.; y realiza una radiografía de la convivencia de la formas de vida y el pensamiento urbano junto a la de los pequeños pueblos campesinos.
Finalmente, percibo claras diferencias en la etapa de rodaje de ambos films. Por un lado, hay un rodaje liviano e improvisado en “4 aventuras…”, y por otro una filmación estructurada a partir de los textos, personajes secundarios o escenarios fijos en “El árbol…”.
Seguiré concurriendo, ya que estas son simples ideas en un simple ensayito sobre el estilo de este director. Por el momento, pueden encontrar más información del ciclo en http://www.malba.org.ar y una entrevista con el director en http://www.revistasculturales.com/articulosLeer.php?cod=182

miércoles, diciembre 21, 2005

Un escritor de gimnasio...

Cómo terminé con mis lecturas y exámenes académicos me propuse desahogar la pila de libros que me esperaba. Comencé por Un viejo que leía novelas de amor (Tusquets, 1993) de Luis Sepúlveda. Lamentablemente al poco tiempo que la leía (digo lamentable porque sino no lo hubiese ni siquiera empezado) descubrí una crítica de Bolaño que lo compara con Allende, Mastretta y Eloy Martínez a quienes acusa (Sepúlveda incluido) de “escritores de gimnasio” a quienes les importa más el éxito social, el dinero, las tapas lujosas de Tusquets, que la supervivencia y dificultades que genera el esfuerzo intelectual y el encuentro cara a cara con el lenguaje. Así (leo en la solapa) veo que este Sepúlveda se la da de viajero y recorrió (¿con el dinero de los libros?) gran parte del mundo. De allí, aparentemente, se origina su literatura.
Esta es la historia de Antonio José Bolívar Proaño (¡¿Bolívar?!) un viejo que llega una isla, “El Idilio”, en la cual vive con su mujer. Ésta fallece (casi sin haberse besado) y es entregado a las aventuras del paso de la civilización a la barbarie. Del amor profundo a las enseñanzas de los indios shuar; y con el residuo de la civilización burguesa en el amor hacia la lectura (pero no la escritura, ¿pero no la escritura?) de novelas rosas. Luego, está metido en un conflicto por culpa de los gringos (acá viene la parte “comprometida” de la historia, la cuestión del Estado y la propiedad, de los yanquis contra el indígena) quienes por cazar un animal descubren que un tigre está suelto en la isla y amenaza a todo el pueblo. Así, el viejo es nombrado el guía de la cacería del tigre, y luego es abandonado a enfrentarse a solas con el animal. Hasta este momento varios personajes y escenarios fueron presentados y abandonados como la cáscara de un pan, para adentrarnos en un supuesto problema “psicológico”, de la conciencia del viejo enfrentado al animal, del ex-civilizado contra la barbarie.
Y les cuento que para colmo, cuando la cosa se pone buena porque la cacería te atrapa o la conciencia del viejo comienza a indagar sobre sus miedos y recuerdos de las enseñanzas indígenas, todo llega a su fin. El viejo caza a la bestia, se siente mal por sus resabios de asesino con arma blanca, y vuelve a perder sus últimos años en su pueblo junto a las lecturas de las hermosas novelas de amor.
Tal vez con 100 paginas más, o con la intención de indagar sobre alguno de los personajes a fondo, o sobre algunos de los problemas que se insinúa pero no desarrolla, la novela sería una gran novela. Aunque claro, lejos del gimnasio y los viajes.

(queridos lectores de este blog: si alguno leyó esta novela e interpretó algo distinto le suplico que me lo comente así se me pasa el enojo. Y sino la leyeron, es una excelente novela para leer entre la heladerita, los baldecitos de los sobrinos, el agua del mar y las chicas y los chicos en malla).

martes, diciembre 20, 2005

Función política y cultural de la rata (Wimpi)

Si se le llama agradecido al que todavía espera algo más, es porque implícitamente se admite que, cuan­do al tipo ya no le hace falta una cosa, la considera in­necesaria, pese a la necesidad que de ella pueden tener en ese momento los demás, o en otro momento cualquiera, el tipo mismo.

Sin embargo, todo cuanto existe en el mundo es necesario. Todo está hecho con vista a un fin. Todo tiene su razón de ser.

Jacques Henri Bernardin de Saint-Pierre —autor de "Voyage a l'Ille-de-France", "L'Arcadie", "Essai sur les journaux", "La mort de Socrate"—, amigo de ma­demoiselle Lespinasse y de madame Necker y de Napo­león, el intendente del Jardín Botánico de París, exage­rando los propósitos de François de la Motte Fenelón en su "Demostration de l'existence de Dieu", escribió sus "Etudes de la Nature", desarrollados en "Voeux d'urr solitaire pour servir de suite aux études de la Nature".

Y dice —en estas últimas obras— que hay, incluso, una razón para que las mujeres tengan las caderas1 más voluminosas que los hombres. La Naturaleza le asignó a la mujer, entre otros quehaceres, el de llevar a su niño en brazos; el niño, llevado en brazos, le pesa, a ella, adelante, tendiendo, desde luego, a inclinarla. De ahí que la Naturaleza le haya otorgado a la mujer el don de un contrapeso en la parte posterior, para resta­blecerle el equilibrio.
Todo está hecho con un fin preconcebido.

Bernardino de Saint-Pierre se explica la sorpresa de muchos ante el hecho de que la vaca tenga cuatro mamas, pese a que no suele alumbrar más de un ter­nero por vez —dos, acaso, cuando se trata de vacas muy bambolleras—, en tanto que la cerda, que en ocasiones alumbra hasta quince criaturas, tiene sólo doce mamas.

Parecería —admite el autor— que a la vaca le so­braran dos mamas y que a la cerda le faltaran tres.

Pero, no.

La Naturaleza ha dispuesto así las cosas porque dos de las mamas de la vaca están para que se las or­deñen con el fin de proveer a las lecherías de concu­rrencia humana y porque los hijos de la cerda es for­zoso que abunden, aunque ella carezca de espacio para las mamas necesarias, en tanto que hay que contemplar la demanda de las rotiserías.

Abreviando: la vaca dispone de cuatro mamas no obstante alumbrar, generalmente, un solo ternero, y la cerda tiene pentecaidecallizos2, magüer sólo contar con trece mamas, para que al tipo no le falten nunca ni su café con leche, ni su lechón.

Dice Saint-Pierre que las pulgas son negras para que resalten en la piel blanca y pueda la gente atra­parlas sin mayores dificultades. Y dice que los melones ya vienen con los gajos marcados para que no haya discusiones cuando se comen en familia.
Todo está bien como está. Todo se necesita.

No ha de faltar quien, irónicamente, pregunte: —"¿Y los mosquitos? ¿Son necesarios?"
¡Claro que son necesarios!

Si fué respetado el mosquito en la antigüedad por gentes sabias, se debió a que esas gentes sabias presen­tían lo que iba a aportar el mosquito a esta era indus­trial.

¡El mosquito fué cantado por Publio Virgilio Ma­rón en "Las Geórgicas", la mejor de las obras del ilus­tre mantuano!

Por aquella misma época, Meleagro de Gadara se había enamorado de Zenófila, y como no la podía en­contrar a tiro, ¡mandó al mosquito, en confianza, a que la enterara de su cuita!3

Si no hubiese mosquitos, ¿de qué viviría la gente que hace mosquiteros, espirales y mosquiticidas?

Uno ya supone qué pensará, a esta altura, más de un desaprensivo: —"Esa gente podría ocuparse de otra cosa".

Pero si los que viven de los mosquitos se ocuparan de otra cosa, ¿de qué se ocuparían los que se ocupan, ahora, de otra cosa, cuando se vieran desalojados de ella por los que en ella irían a ocuparse al quedar sin ocu­pación por la falta de mosquitos?

El tipo vive de sus plazas.

¿Innecesaria la mosca? ¡No! Ya Hornero había comparado el valor de Aquiles con el de la mosca4 —que por más que la manoteen, siempre vuelve a la carga.

Luciano de Samosata había escrito, ya, su "Elo­gio a la Mosca"; Claudio Eliano de Preneste, en su "De natura animalium", ya había asegurado que la mosca tenía un alma inmortal; ¡y como si todo eso no bastara para configurarle un prestigio, hoy la mosca es la primera colaboradora en los estudios de Genética!5

¿Innecesaria la lombriz? ¡Tampoco! Según las ob­servaciones hechas recientemente por los doctores Henry Hopp y Clarence S. Sláter —del Servicio de Conserva­ción del Suelo del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos—, la lombriz nutre la tierra, la afloja, la mantiene porosa, la abona con una substancia que ella misma segrega. Es tan importante una lombriz co­mo un agricultor 6.

Cierto día de 1822, navegando por las costas orien­tales de Groenlandia a bordo del "Baffin", el explora­dor inglés William Scoresby se asombró de la enorme cantidad de medusas que arrojaban las olas a la playa. Y dicen que por un momento consideró antieconómica, derrochona, a la Naturaleza. Sin duda, habrá pensado: —Toda esta materia prima de vida que la Naturaleza desperdició en las medusas le podría haber servido para confeccionar seres más útiles: caballos, gallinas, motormén, langostinos, plomeros, referees, corvinas, doc­tores...

Tras reflexionar un poco, sin embargo, el explora­dor advirtió lo siguiente: las medusas les sirven de ali­mento a los arenques, de los arenques se mantienen las focas, y las focas constituyen el menú de los osos. Si no hubiese medusas, los arenques morirían de hambre. Y no habiendo arenques, ¿con qué comerían las focas? ¡Mo­rirían de hambre las focas también! Pero ¿y los osos?7 Los osos no se resignan a morirse de hambre. ¡Invadi­rían las ciudades en busca de víveres!

Quedó todo aclarado: la Naturaleza hizo a las me­dusas para salvar a las ciudades de la invasión de los osos.

Cabe aún admitir que surja quien inquiera: —"Pe­ro ¿y la rata? ¿Para qué sirve la rata?"

A causa de presentar muchas de sus reacciones vi­tales parecidas a las del tipo, la rata sirve para estudiar al propio tipo. Los sabios, entre otros abusos que come­ten con ellas, ponen a una dieta pobre en sales y amino-.ácidos a ratas de cuatro semanas de edad, y, observán­dolas, establecen las curvas del crecimiento.

En su obra "Problemas of Aging", Cowdey publica retratos de ratas taradas a causa de tales experiencias, que parten el alma.

Además, le cupo a la rata una función histórica de incalculable trascendencia.

En la primavera de 1347 pasó por Constantinopla una peste procedente del Asia, y al año siguiente —1348 8—, tras asolar la Europa entera, llegó a Lon­dres. Según las estadísticas de que dispuso el Papa Cle­mente VI, murieron en aquella pandemia 42.836.486 de personas.

El mal se iniciaba con respiración agitada y estor­nudos. Y era tal el temor al contagio9, que cuando uno oía estornudar a otro se apartaba alarmado, pero no sin antes desearle, cristianamente, "salud".

La costumbre de decirle "salud" al prójimo estor­nudante fué, pues, la primera consecuencia de aquella peste.

Como el pánico la precedía, se establecieron guar­dias en las puertas de las ciudades, para que, antes de dejar entrar a forastero alguno, lo retuvieran fuera del ejido cuarenta días, a fin de cerciorarse de que no tenía el mal.

La cuarentena es otra consecuencia.

Mientras la peste azotó a Florencia, dijo Giovanni Bocaccio, que siete muchachas — Pampinea, Fiametta, Filomena, Emilia, Lauretta, Neifile y Elisa— y tres bue­nos mozos —Panfilo, Filostrato y Dioneo— se protegie­ron de la calamidad aislándose en un lejano palacio. Para entretenerse, contaron una historia por día cada uno durante diez días. Recogiendo esas historias, Bo­caccio compuso "El Decamerón", famosa colección de cien cuentos, que constituye la primera obra en la que el idioma italiano se eleva en la prosa a la jerarquía que ya obtuviera en la poesía merced al Dante y a Petrarca.

El Decamerón se le debe a la peste.

La impresión que tal epidemia ocasionara en aque­lla población de Europa, cuya cuarta parte había su­cumbido, se tradujo en una extraña neurosis, llamada "manía de baile", que culminó, ya bien entrado el 400, en Estrasburgo. Los atacados bailaban sin poder conte­nerse y contangiando sus desatinados movimientos a cuantos les miraban. Entretanto, desesperados, se enco­mendaban a San Vito. Hoy se sabe que ese "baile" es una especie de parálisis agitante —corea o mal de San Vito—, producida, posiblemente, por una encefalitis di­fusa. Pero en aquella época se ignoraban sus causas. Y como las gentes que lo bailaban tocaban, o hacían que les tocaran, una música estridente, de ritmo rápido —porque decían que con ella se les calmaba algo el desasosiego—, y como hubo, en el Sur, quienes sostu­vieran que el mal del baile lo producía la picadura de la tarántula, por asociación se le llamó a aquella música preferida de los saltarines, tarantela.

La tarantela es otra consecuencia de la peste.

En Inglaterra la epidemia cobró caracteres de ver­dadera catástrofe. Fué donde le llamaron "muerte ne­gra" (black death). Redujo la población de la isla de cuatro a dos millones de habitantes. Los resultados del terror fueron inmediatos. Se desvalorizó la tierra aban­donada por los señores, que huían empavorecidos. Pasó la tierra a otros dueños.
Subieron los de abajo.

Las clases superiores, de origen normando, habla­ban francés. Las inferiores, anglosajonas, el sajón, que, influido por el franconormando, produjo el inglés. Al sobrevenir la decadencia de la aristocracia, empezó a ser utilizada la lengua de los otros. En 1362 aparece el in­glés como idioma judicial10.

La difusión del inglés es otra consecuencia de la peste.

Por otra parte, los nuevos acaudalados dejaron el cultivo de la tierra para dedicarse a la cría del ganado, actividad de rendimiento más rápido que la agricultura, y, por consiguiente, indicada para unos días en que pro­gresaba la tendencia de obtener provechos a corto plazo, ya que nadie sabía en qué momento iba a llegarle la "scomúniga".

Inglaterra se cambió de país agrícola en país pas­toril. Eran necesarios otros mercados para colocar los productos de la ganadería que ahora sobraban; era ne­cesario, consiguientemente, asegurarse el dominio de los mares para proteger esos mercados. Y así, la política in­sular —tan defendida y cimentada 50 años antes por Eduardo I— se fué transformando en política imperial.

El Imperio británico es otra de las consecuencias.
Y bien: en aquella época la gente creía que las pestes eran castigo del cielo. La gripe actual, a la que antiguamente se le llamaba "influenza", debía ese nom­bre a que se la consideraba una "influenza celestia" —influencia celeste. De manera que cuando se le preguntó a Guy de Chauliac a qué se había debido el fla­gelo, dijo que "a la conjunción de los tres planetas su­periores: Saturno, Júpiter y Marte bajo el signo de Acuario".

Pero la peste —bubónica— fué esparcida por las ratas que iban repletas de pulgas xenopsyllas cheopis 11.

Luego: (a, el actual cumplido ante el semejante resfriado; (b, la cuarentena; (c, El Decamerón; (d, la difusión del inglés; (e, el Imperio Británico, se lo de­bemos a las ratas con pulgas.

Todo, siempre, fué necesario.


Fuente: Wimpi, El gusano loco, Buenos Aires, Borocaba, 1956.


1 Por una razón de humanidad pone, uno, caderas. Saint-Pierre, puso nalgas — "fesse".
2 Del griego pentekáideka, quince, y de mielgo: del latín gemello, ablativo de gemellus — sánscrito, yamanas, gemelos. En dos palabras: 15 lechones.
3 El encargo de Meleagro al mosquito, fue así: —"Vuela por mí ¡oh mosquito!, leve mensajero, y murmura estas palabras en el oído de Zenófila: —"¡É1 vela, él te espera, él te ama!". Si tú me traes a Zenófila, te regalaré, para que te vistas, una piel de león".
4 Ilíada XVI.
5 La mosca Drosophïla.
6 Además, la lombriz es nada menos que el símbolo de la carnada en un mundo donde al que no pica, lo ahogan.
7 Porque al final, el problema siempre está en los osos.
8 Fue el año del baile de Eduardo III en el que se le cayó la liga a la Condesa.
9 Guy de Chauliac, el médico más eminente de la época —lo fué de Clemente VI, a quien encerró, para protegerlo, en el castillo de Avignon—, decía que los enfermos contagiaban el mal sólo con la mirada.
10 Su primera plasmación literaria de alguna importancia fué la traducción de la Biblia hecha por John Wiclif (Lamben Gerber. "Historia de Inglaterra"). Y la poesía inglesa se inició en 1369 con Geoffrey Chaucer, que después de publicar "Book of the Duchess" y "The House of Fame", habría de producir, copiando de "Il Filostrato", de Bocaccio, su "Troilus and Cryseide", de la cual, naturalmente, copió Shakespeare su propia "Troi­lus and Cryseide". Pero a Chaucer le corresponde la gloria de haber creado al alcahuete Pándaro. No obstante figurar Pándaro en Hornero (Ilíada II, IV y V) , fué Chaucer quien, recreando al personaje, hizo que quedara, en inglés, la palabra "pander" para significar alcahuete.
11 Había tantas ratas en aquella época, que el caballero sir Richard Wittington —tres veces alcalde de Londres— se hizo rico con lo que sacó de la venia de un gato que tenía, (André Maurois, "Histoire d'Angleterre").

jueves, diciembre 15, 2005

Love will tear us apart (sobre 24 hour party people de Michael Winterbottom)

Y después de ver 24 hour party people de Michael Winterbottom es imposible no correr desesperadamente a la computadora y buscar ese maldito cd donde tenés ese tema que te rebota, que te penetra, que no te deja tranquilo. Agarrás el cd y buscás hasta encontrar el nombre Joy Division, marcás todos los temas y los mandás al Winamp. Doble click sobre Love will tear us apart y con esa música de fondo sí, ahora sí que podés escribir sobre la película, sobre todo esa música y toda esa droga, sobre esa época tan tecno, sobre ese productor desquiciado bailando como un imbécil, seducido por Ian Curtis, cantante de Joy Division, que desde arriba del escenario derrama su voz gutural y se mueve con ritmo hiperkinético; negando que Happy Mondays sea funk, viendo en Shaun Ryder a un verdadero poeta posmoderno. Let´s begin.

Esa música paralela, esa música under, esa música otra que se cuela por los subterráneos de Manchester y por las paredes de The Factory, ya no Queen o Bowie sino una música que al principio es casi siniestra y primitiva en las manos de Joy Division, con un cantante que es capaz de bailar como un esquizofrénico y de tener un ataque en medio de un recital repleto de skin-heads; esa música que luego se tornará brillante y simple con los Happy Mondays y Bez bailando como un estúpido y preparando los mejores cocktails lisérgicos del mundo musical. Si 24 hour party people intenta mostrar, por un lado (confesión: es el lado que a mí me interesa), el surgimiento de dos grupos que marcaron la música de los 80’ y toda una cultura alrededor de esos grupos, cultura del movimiento, cultura de la droga, cultura vanidosa, cultura ascética, entonces la escena que marca el cambio, el nacimiento de la nueva era, la primera piedra arrojada contra la prostituta melódica es esta: dos manos arrancando un póster de Led Zeppelin y luego otro de David Bowie; un cuerpo saltando al ritmo de una batería que imprime sus sonidos como los golpes de un martillo oscuro en un yunque oxidado, golpeando la carne inerte y transpirada de suciedad humana, sacando chispas fulgurantes; un cantante aferrado al micrófono con la boca abierta y la garganta surcada por el odio y la tristeza; un productor, Tony Wilson, que ve en los Sex Pistols y en Johnny Rotten a la estrella de Belén que anuncia la llegada de algo que revolucionará el mundo de la música y la vida toda.

Por otra parte, la ruta de la muerte (los pies de Ian Curtis colgado en frente del televisor; el vocero gritando la muerte; el funeral de Ian con sus fanáticos en cuero negro y aros en la cara) y la ruta de la droga (la línea de la ruta es una línea de cocaína; el viaje a Barbados y la metadona) tienen su encrucijada en el territorio de la música ochentosa. El porro que pasa de mano en mano, de boca en boca y el tánathos que se filtra a través de esa boquilla, el veneno entrando al organismo como si fuera un virus, multiplicándose en su reservorio orgánico, incendiando los pulmones y las vísceras que podrán ser apagadas sólo con alcohol. Es el típico “sex, drugs & rock’n’roll” pero explotado por una música diferente: la música oscura de Joy Division, la música festiva de Happy Mondays.

Mientras tanto la rueda sigue girando y de la cima se pasa a la sima y a revolcarse en las deudas y en los sueños frustrados, a perder dinero en la ruleta del mercado. Tony Wilson, protagonista y productor, sabía que Ian Curtis era el Che Guevara cantando en el frente de la música new wave, con una cigarrillo en una mano y la tristeza consumiendo su cuerpo; sabía que Shaun Ryder, cantante de Happy Mondays, estaba a la par de W. B. Yeats, un poeta bajo los influjos esclarecedores e inspiradores de la heroína, escribiendo con una jeringa las letras que contagiarán a sus seguidores; Tony con su sangre firma el contrato para unir su vida a los grupos de la revolución musical, es el contrato con el que vende su alma a la música, al poder y a la ambición. Por último, vuelve a estar la droga, camino divino comprado en Barbados con la plata que Happy Mondays debía usar para grabar su nuevo disco, el nexo que lo conecta con Dios y Dios es el mismo, que brillante y luminoso dice: “Es una lástima que no hayas firmado con The Smiths.” Y, sí, Tony, nosotros también sabemos que es una lástima.

miércoles, diciembre 14, 2005

Daniel y Diego...

Los que hacemos este blog, los que hacen blogs, los que desperdician blogs, los que organizán luchas civiles y quema de autos a través de blogs, se preguntan cuál es el sentido de los blogs, o directamente lo encuentran.

El hallazgo de la entrevista a Lamborghini por Matías, generó esto.

martes, diciembre 13, 2005

¿por qué los tigres tienen tanto miedo? (Pablo Croci)

El eximio y joven poeta Pablo Croci presenta su primer plaqueta de poemas ¿por qué los tigres tienen tanto miedo? (Editorial Zorra Poesía, 2005). Podrán encontrar ejemplares de la misma en el Festival Buen Día, el sábado en Plaza Armenia, Armenia y Costa Rica, desde las 12 hs. hasta las 24 hs. El autor estará "firmando, tomando mate y bailando de alegría cerca de las 16 hs". Obnubilado por la belleza de su poética, estupidizado por la armonía de sus versos, confundido por la claridad de sus imágenes, les dejo algunos fragmentos para que vayan embebiéndose en la savia del tronco Croci. ¡Adelante, Croci!

¿por qué los tigres tienen tanto miedo? (fragmentos)

Cenábamos muy tranquilos
con la radio de fondo
y los jazmines recién cortados.
De pronto, la boca de mi padre se convirtió en un volcán.
Como en un desfile de carrozas, la cocina
se lleno de fantasmas.
Mi abuela y yo quedamos tapados por la lava
petrificados
como niños ante un monstruo.

***

Cuando te fuiste
el aullido de un perro en el monte
trajo tu voz lejana.
La tierra agrietada y las flores
no humedecieron mis ojos.
Acaricie la corteza de una piedra
como a tu cuerpo malherido.
Me acosté
y olvide lo hermoso que era despertar
juntos en invierno.

***

Miro la jaula embobado. Imito
los movimientos y la voz del animal.
Desde su figura gallarda y sus ojos
achinados, me mira
¿por qué los tigres tienen tanto miedo?.
Un látigo golpea su cuerpo dorado y
del dolor me estremezco.
Dentro de la jaula el tigre
corre enfurecido
queriendo alcanzar las puertas del circo.

sábado, diciembre 10, 2005

Chimenea de fábrica (Georges Bataille)

Si tomo en cuenta mis recuerdos personales, pareciera que desde la aparición de las diversas cosas del mundo durante la primera infancia, para nuestra generación, las formas arquitectónicas atemorizantes eran mucho menos las iglesias, aun las más monstruosas, que algunas grandes chimeneas de fábrica, verdaderos tubos de comunicación entre el cielo siniestramente sucio y la tierra barrosa y fétida de los barrios de hilanderías y tintorerías.

Actualmente, mientras unos muy miserables estetas, procurando ubicar su esclerótica admiración, inventan neciamente la belleza de las fábricas, la lúgubre suciedad de esos enormes tentáculos me parece tanto más repugnante, los charcos de agua bajo la lluvia a sus pies en los terrenos baldíos, el humo negro a medias inclinado por el viento, los montones de escorias y de limaduras son los únicos atributos posibles de esos dioses de un Olimpo de asco, y no estaba alucinando cuando era niño y mi terror me hacía distinguir en mis espantosos gigantes -que me atraían hasta la angustia y a veces también me hacían escapar corriendo con todas mis fuerzas— la presencia de una terrible cólera, y no podía sospechar que más tarde se volvería mi propia cólera, dándole un sentido a todo lo que se ensuciaba en mi cabeza y al mismo tiempo a todo aquello que en los estados civilizados surge como carroña en una pesadilla. Indudablemente, no ignoro que la mayoría de las personas, cuando perciben chimeneas de fábrica, ven en ellas únicamente el signo del trabajo del género humano y nunca la proyección atroz de la pesadilla que se desarrolla oscuramente dentro de ese género humano como si fuera un cáncer: en efecto, es evidente que en principio ya nadie observa lo que se le muestra como la revelación de un estado de cosas violento en el que se halla envuelto. Esa manera de ver infantil o salvaje ha sido sustituida por una manera de ver científica que permite considerar una chimenea de fábrica como una construcción de piedra que forma un tubo destinado a la evacuación del humo a gran altura, es decir, como una abstracción. Pero el único sentido que puede tener el diccionario que aquí se publica es precisamente mostrar el error de las definiciones de esa índole.

Conviene insistir por ejemplo en el hecho de que una chimenea de fábrica sólo pertenece de manera muy provisoria a un orden completamente mecánico. Apenas se eleva hacia la primera nube que la cubre, apenas el humo se enrolla en su garganta, es ya la pitonisa de los acontecimientos más violentos del mundo actual: al igual por cierto que cada pliegue en el barro de las veredas o en el rostro humano, que cada parte de una agitación inmensa que se ordena del mismo modo que un sueño o que el hocico velludo e inexplicable de un perro. Motivo por el cual es más lógico dirigirse, para situarla en un diccionario, al chico aterrorizado en el momento en que ve nacer de manera concreta la imagen de las inmensas, de las siniestras convulsiones en las que se va a desarrollar toda su vida y no a un técnico necesariamente ciego.

Fuente: Bataille, Georges, “La conjuración sagrada”, en La conjuración sagrada. Ensayos 1929-1939, Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2003.

 

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