sábado, diciembre 03, 2011

Sobre El agua en los pulmones de Juan Martini (Elvio Gandolfo)

Sigo intentando configurar un pequeño rastro del policial negro en Argentina (intento omitir las obviedades o lo muy trabajado por la academia). Ahora, traigo esta concisa y lúcida reseña de Gandolfo, escrita en los '70, sobre el policial negro de Juan Martini, El agua en los pulmones (1973) (luego, vendrían Los asesinos las prefieren rubias (1974) y El cerco (1977)). Gandolfo separa a la novela de otras que también tienen elementos de policial negro en ese momento y se detiene específicamente en los logros de la prosa de Martini y en la configuración de los personajes. En fin, cortita y al pie, una reseña para otro ejemplar de policial negro en Argentina.

Reseña

Juan Carlos Martini, El agua en los pulmones, Buenos Aires, Goyanarte, 1973.

La primera novela de Juan Carlos Martini presenta varias características que llaman la atención. Se trata, por empezar, de una "policial'' a secas, clásica, con intriga, asesinatos y un investigador privado como protagonista. Esto la diferencia de otras novelas recientes (Triste, solitario y final de O. Soriano; Los tigres de la memoria de J. C. Martelli o The Buenos Aires Affair de M. Puig) donde lo policial era un elemento más dentro de una trama mítica o novelística (Soriano o Martelli), o no existía (Puig). En segundo lugar, la acción se desenvuelve en una ciudad poco frecuentada por la literatura argentina en general y por la policial en particular: Rosario. En tercer lugar, Martini se desenvuelve con una seguridad poco frecuente incluso dentro del panorama de la novela "negra" en general.
La efectividad de su estilo, que debe mucho y lúcidamente a Chandler y MacDonald, se expresa sobre todo en el ojo incisivo y sintético con que define, por detalles externos y materiales, ya sea la personalidad de un personaje o el habitat que lo rodea. Pocos trazos, aparentemente gruesos y al descuido, bastan para "ver" a Vargas, a Ferrer, a la Sra. Iglesias.
Los personajes están estructurados dentro de una compleja pero férrea pirámide de clases y vínculos de dependencia, que va desde la cúspide (el industrial Iglesias) descendiendo a través de Ferrer, la señora de Iglesias, Milton, Vargas, hasta llegar a las mucamas y los mozos, que se mueven como sombras a un lado de la madeja principal. Virginia Soulages queda un poco apartada de esa pirámide. Es cierto que maneja los hilos de la intriga, pero lo hace con la inescrutabilidad y la lejanía de una Parca o del Destino. Esto la vuelve más simbólica que real y cuando aparece físicamente, en las últimas páginas, provoca una de las pocas fallas del libro, de la que hablaremos más adelante.
Por último está el contorno, la atmósfera en que todos se mueven: Rosario. Martini ha sabido tratarla literariamente, como un escenario convincente, sin fisuras ni pintoresquismos, también sin simpatía. Los personajes sólo la soportan o la usan. La humedad y la llovizna permanentes que la cubren dejan de ser propiedades climáticas para convertirse casi en una exhudación de la sórdida cadena de crímenes, traiciones y humillación. Por fin, cuando todo acaba, el cielo es celeste, limpio, el sol da una luz intensa y blanca, y el foco se ha movido desde el centro o los barrios a la orilla del río, la parte menos opresiva de la ciudad.
Dos personajes medios, tanto por su acción como por su ubicación en la pirámide, el ex policía Vargas y el periodista Oliva, son los más trabajados. De ellos conocemos las vidas completas, detalles de la infancia y la juventud. Solís, en cambio, comparte con una larga serie de protagonistas, desde el Quijote hasta Marlowe o Archer, su destino de factor desencadenante. Es un hombre solo que únicamente puede conseguir romperse las uñas arañando la superficie de las cosas. Además, como antihéroe, está destinado a que le bajen los dientes, lo torturen, o a ser simplemente ridículo (la misma puerta que se haría astillas incluso ante el impacto de Marlowe se abre cortésmente y lo deja trastabillando frente a una Luger).
En ese mundo de decisiones masculinas, donde las mujeres quedan a un lado —lejanas (Laura Solís), impotentes (la Sra. de Iglesias), desesperadas o tristes (Lina)— recibiendo de rebote algunos golpes, que es tomado hasta con ironía por los personajes cuando se enfrentan y hablan, todos actúan conscientes de su papel, sobre todo los que están al tanto del asunto de las tierras. Por eso sorprende el papel de Virginia Soulages. No sólo se mantiene inalcanzable, como dijimos, sino que cuando es alcanzada por Solís, provoca en él una reacción poco acorde con el resto de la novela: la ahoga en un bañado, envuelto en vendas, bajo un cielo nublado, en la oscuridad. Aún justificado por la venganza, el fragmento suena discorde, con un sabor un poco grotesco, casi romántico. Este pequeño desfasaje se refleja sobre el final. Toda policial, por su mismo carácter, soporta un andamiaje lógico que, para diferenciarlo de la trama o del estilo, yo llamaría "mecánica". Dentro de esa mecánica, es un poco inconcebible que varios meses más tarde de su asesinato los patrones de Virginia no conozcan su destino, que Marín deba preguntarle justo a Solís qué ha sido de ella. Felizmente la solidez de las 170 páginas anteriores quita trascendencia a este detalle.
Juan Carlos Martini es autor de dos libros de relatos1. En ellos predominaba un estilo experimental, del que se fue despojando con el tiempo, hasta llegar a sus últimos cuentos2 y a esta novela, donde, paradójicamente, en esa prosa descarnada, casi esquemática, parece haber encontrado su voz propia.

1 El último de los onas, Buenos Aires, Galerna, 1969; Pequeños cazadores, Buenos Aires, Centro Editor, 1972.
2 "Pájaro sobre pájaro" en Pequeños cazadores; "La pura verdad" en El lagrimal trifurca, nº 9; "Procedimientos" en La Opinión Cultural, 3 de marzo de 1974; "Cuarteles de invierno", en Crisis, nº 10.

En revista Hyspamérica, nº8, octubre de 1974, pp. 97-98.

El último grito de la moda



¿No había un par de pensadores que hablaban de "poner el cuerpo" a las ideas? Genial, ya se puede: quiero una M de Bataille y una L de Foucault, por favor. Y si las tenés en negro, mejor.

jueves, diciembre 01, 2011

De la comparación considerada como una de las bellas artes


El programa, puede bajarse de acá.

miércoles, noviembre 30, 2011

Los viejos sentimientos (Copi)

Nota: para leer las páginas en un tamaño amable a la vista sólo tiene que abrir las imágenes con la opción de "Abrir en nueva pestaña" en el menú desplegable del botón derecho del mouse. De otro modo, sus ojos se esforzarán por leer una letra minúscula y unos trazos delgadísimos. Queda dicho.

Previously: Las costumbres incaicas
Recuerdos de circo
La última disputa
Kang



En Revista Fierro, nº5, 2da época, marzo de 2007.

martes, noviembre 29, 2011

Poder Ejecutivo


 2 de diciembre

Esta tarde, por primera vez después de varias semanas de estar aquí, me animé a asomarme a la calle Florida. Sabía que se había convertido en un bazar sin pretensiones, sus manzanas perforadas por galerías comerciales, pajareras atestadas de cuchitriles que se llaman a sí mismos boutiques.
Sin embargo, una vez más la perversa curiosidad de poner a prueba la memoria me hizo recorrerla tratando de identificar dónde había estado la librería Viau, dónde la Atlántida, dónde la galería Van Riel con el Instituto de Arte Moderno, dónde otras librerías que había frecuentado menos, como la tan anónima de Kraft, o la tan exclusiva de Janos Peter Kramer, dónde finalmente el Instituto Di Tella. Me sorprende que pudiese ubicar con exactitud tantos fantasmas, aun cuando hayan demolido o desfigurado sus viejas moradas.
Otros fantasmas, también, vinieron a mi encuentro. Ante donde hubiese estado el hoy inexistente número 770 de esa calle recordé haber leído que, mucho antes de mi tiempo, allí había estado una dependencia del Círculo Militar cuya sala de esgrima tenía amplios ventanales sobre la calle. Ante ellos practicaba Lugones, los transeúntes lo reconocían y se paraban a mirarlo. El poeta predicador de la «hora de la espada» no podía ignorar que tenía un público. ¿Habrá aumentado su destreza, o las ganas de lucirla, el saberse observado? ¿Le habrá confirmado el papel de profeta que se había elegido, personaje que el Ejército iba a halagar primero, a descartar después?
Estos recuerdos prestados tienen en mi memoria una presencia tan insidiosa como los vividos, si es que la distinción es válida, si es que lo leído no forma parte, también, y con qué fuerza, de lo vivido. Alfonso Reyes, recuerdo, visitó a Lugones en la Biblioteca Nacional de Maestros, frente a la plaza Rodríguez Peña, una tarde de otoño de 1926. En un momento de la conversación, le llamó la atención que la guía de teléfonos, sobre el escritorio de Lugones, no pareciera apoyada sobre la superficie. Fue a enderezarla y se encontró con un revólver. Por todo comentario, Lugones le dijo que estaba cargado y lo tenía siempre a mano. «Lo llamo el Poder Ejecutivo», añadió.
Según Francisco Luis Bernárdez, también lo llamaba «la Nena».

Cozarinsky, Edgardo (2007): Maniobras nocturnas, Buenos Aires, Emecé, pp. 102-103.

OMG: La juntidad espeluznante

lunes, noviembre 28, 2011

La sinagoga de los iconoclastas (J. R. Wilcock) (XXI)

HANS HÖRBIGER

Antes de la luna que hoy vemos en el cielo, la tierra tuvo al menos otras seis sucesivas, causa eficiente de los máximos cataclismos de su historia. Las vicisitudes de estas siete lunas son narradas en el volumen titulado Glazial-Kosmogonie que el ingeniero vienés Hans Hörbiger escribió en 1913, con la ayuda de un astrónomo aficionado. El libro abunda en páginas, fotografías, gráficos y ejemplos, y dio origen inmediatamente a una especie de culto astronómico que congregó a millones de fieles. A esta especial herejía alemana se le impuso el nombre de WEL, sigla del Welt-Eis-Lehre o sea Doctrina del Hielo Cósmico.
La WEL no tardó en adquirir las características y las dimensiones de un partido político: repartía octavillas, pasquines, folletos; engendró numerosos libros y una revista mensual, «La clave de los acontecimientos mundiales». Sus partidarios interrumpían las conferencias científicas y abucheaban a los oradores gritando: «¡Abajo la astronomía oficial! ¡Queremos a Hörbirger!» El propio Hörbiger había lanzado a los astrónomos del mundo su desafío ideológico, corroborado por una fotografía suya junto a un telescopio Schmidt de once pulgadas, en la cual él aparecía enigmáticamente disfrazado de Caballero de la Orden Teutónica: «¡O estáis con nosotros, o estáis contra nosotros!»
Según la WEL, como el espacio está lleno de hidrógeno enrarecido, satélites y planetas tienden a aproximarse al centro de rotación a través de la resistencia que el hidrógeno opone a su movimiento; llegará, pues, un día en que todos acabarán dentro del sol. En el transcurso de esa lenta contracción, sucede a veces que un cuerpo celeste capte a otro, más pequeño, para convertirlo en su satélite. La historia de los satélites de la Tierra, y de manera especial de los dos más recientes, se puede deducir directamente de los mitos de los pueblos antiguos; estos mitos constituyen nuestra historia fósil.
La luna del terciario era más pequeña que la que poseemos ahora. A medida que la penúltima luna se iba aproximando a la tierra, los océanos se elevaban en torno al ecuador y el hombre se refugiaba donde podía: en México, en el Tibet, en Abisinia o en Bolivia. Este objeto preocupante daba la vuelta a la Tierra en sólo cuatro horas, o sea seis veces al día; su aspecto desagradable dio origen a las primeras leyendas sobre los dragones y otros monstruos voladores, entre ellos el famoso Diablo de Milton.
A continuación, la fuerza de la gravitación terrestre se hizo tan violenta que la pequeña luna comenzó a desmenuzarse y el hielo que la cubría se disolvió, cayendo sobre el planeta; cayeron lluvias inmensas, ruinosas granizadas y finalmente, cuando la luna se deshizo del todo, molestos aluviones de piedras y de rocas. A esas agresiones lunares la tierra respondía a su manera, preferentemente con erupciones volcánicas, hasta que los océanos invadieron completamente los continentes; documentado acontecimiento conocido con el nombre de Diluvio Universal de Noé.
De ese desastre, como se ha escrito, se salvó un cierto número de hombres, encaramándose a las montañas. Le siguió una época feliz, de auténtica paz geológica, que los diferentes mitos sobre el jardín del Edén nos recuerdan. Pero una vez más la Tierra debía capturar una luna, y una vez más caer víctima de los paroxismos. Se trataba de la luna de ahora, la peor.
El eje del planeta se desplazó, los polos se cubrieron de hielo, la Atlántida tuvo el final que transmiten los mitos y así se inició el período cuaternario, hace trece mil quinientos años. En El Apocalipsis es historia verdadera, Hans Schindler Bellamy, discípulo inglés de Hörbiger, demuestra que el texto falsamente atribuido a San Juan no es más que un detallado relato del catastrófico final de la terciaria. Y en otro libro suyo, En el origen, Dios, explica que el Génesis no es una descripción de la primera creación del mundo, sino de una creación más reciente, si no la última, que había hecho necesaria la habitual caída de la luna. El autor expresa además la hipótesis de que la leyenda de la Costilla de Adán procede de una trivial confusión de los sexos, debida a la notoria imprecisión de los primeros copistas hebraicos; en realidad, se trata de la somera descripción de una cesárea, realizada en precarias condiciones sanitarias por culpa del caos y malos servicios que imperaban en los tiempos del Diluvio Universal.
Advertía, por tanto, Hörbiger que el máximo peligro que amenaza a la tierra es la luna, la cual un día u otro se nos caerá encima; y para colmo debe ser dura, porque está recubierta de un estrato de hielo de al menos doscientos kilómetros de espesor. También Mercurio, Venus y Marte están recubiertos, como la luna, de hielo. Hasta la Vía Láctea está hecha de bloques de hielo, y no de estrellas, como pretenden los astrónomos con sus fotografías burdamente manipuladas.
La WEL alcanzó una difusión innegable entre los nazis, que comparaban la inteligencia de Hörbiger con la de Hitler, y la de Hitler con la de Hörbiger, hijos eminentes de la cultura austríaca. Actualmente la Doctrina del Hielo Cósmico sólo cuenta con unos millares de adeptos; como, por otra parte, la cultura austríaca.

domingo, noviembre 27, 2011

Voy

sábado, noviembre 26, 2011

Por una filosofía de la infancia (Giorgio Agamben)

A los demás textos que me atreví a traducir, le sumo este: "Por una filosofía de la infancia" de Giorgio Agamben, un artículo de 2001 que recupera algunos planteos de Infancia e historia y los cruza con los conceptos de potencia, bios, zoe y forma-de-vida. Una joyita, que lo disfruten y cualquier comentario será bienvenido.

Por una filosofía de la infancia

Giorgio Agamben

En las aguas frescas de México vive una especie de salamandra albina que ha atraído la atención de los zoólogos y estudiosos de la evolución animal por largo tiempo. Quien haya tenido la oportunidad de observar un espécimen en un acuario, habrá sido sorprendido por la apariencia infantil, casi fetal de este anfibio: su cabeza relativamente larga encastrada en su cuerpo, su piel opalescente, levemente veteada de gris en el hocico y encendida en plateado y rosa en las excrecencias alrededor de sus agallas, sus delgadas patas en forma de lirio y dedos rojos como pétalos.
El axolotl (éste es su nombre) fue clasificado en principio como una especie discreta, una que mostraba la peculiaridad de mantener a lo largo de su tiempo vital, características que son, para un anfibio, típicas de la larva, como la respiración branquial y un hábitat exclusivamente acuático. Que ésta era una especie autónoma, sin embargo, fue probado más allá de toda duda por el hecho de que, a pesar de su apariencia infantil, el axolotl fue perfectamente capaz de reproducirse. Sólo después, una serie de experimentos confirmó que, seguido de la administración de hormona tiroidea, el pequeño tritón experimentaba la metamorfosis normal de los anfibios: éste perdería sus agallas y, desarrollando la respiración pulmonar, abandonaría la vida acuática para transformarse en un espécimen adulto de la salamandra manchada (ambistoma tygrinum). Esta circunstancia podría conducir la clasificación del axolotl a un caso de regresión evolutiva, un desafío en la lucha por la vida que compele a un anfibio a renunciar a la parte terrestre de su existencia y a prolongar indefinidamente su estado larval.

viernes, noviembre 25, 2011

I want it all

jueves, noviembre 24, 2011

Anita (Juan José Hernández)

A Silvina Ocampo.

Casi todos los días, antes de almorzar, paseamos con Marcelo por la Plaza del Bajo. De allí salen los ómnibus que van a la campaña. Los pasajeros, que han llegado a la ciudad con el primer ómnibus, recorren desde muy temprano los negocios próximos a la plaza, donde hábiles y ojerosos comerciantes (el metro de hule enroscado al cuello, el lápiz o la tiza de color en la oreja) les ofrecen sus variadas mercaderías.
Apoyados en la puerta de sus tiendas (un cartel, en lo alto, anuncia la sorprendente liquidación) los vendedores declaman una lista de fugaces artículos rebajados de precio. Imposible evitar su exaltación sincera, sus gestos, su bigote. Los clientes son arrastrados entre mimos y halagos al interior del negocio. Por último se detienen frente a la desdeñosa patrona que juega con sus pulseras de oro, detrás de la caja registradora, y acaban por entregarle los manoseados billetes.
Pero también la Plaza del Bajo es el lugar preferido por los vendedores ambulantes que aparecen con sus monos sabios, sus víboras amaestradas, sus loros adivinos. Vociferan entre una multitud de hombres y mujeres que aguardan atónitos la demostración del prodigio; de pronto, sin darse cuenta, han comprado la birome dorada o la pipa sacacorchos, y antes de que la víbora baile, el loro vaticine, o el mono toque la guitarra.
En uno de nuestros paseos por la plaza descubrimos al hombre del turbante. Era moreno y delicado, con ojos de expresión melancólica. Sus dedos sostenían unas bolsitas de papel azul. Apenas se oía su voz aguda y entrecortada, como de rata. Tuvimos que acercarnos para saber qué decía. Pensé que era un vendedor poco diestro: necesitaba algo más llamativo que un simple turbante para anunciar su mercadería.
Con excepción de Marcelo, yo, y dos o tres chicos lustrabotas que estaban sentados en el suelo comiendo laponias, nadie hacía caso del hombre del turbante ni de las bolsitas azules que mostraba. Con los débiles sonidos que salían de su boca pudimos componer las siguientes frases: "Hierbas de Oriente. Curan toda clase de enfermedades. Se toman con la comida. Por un peso, un solo peso moneda nacional." Repitió varias veces las frases, equivocándose en el orden. Parecía no tener mucho interés en la venta porque en seguida se fatigó y comenzó a guardar las bolsitas en una valija adornada con signos cabalísticos. Nos dio tanta pena el hombre de turbante con su aire de palúdico y su mirada entre afiebrada y piadosa, que Marcelo y yo decidimos juntar las monedas que teníamos y comprarle dos bolsitas azules. De paso, le aconsejaríamos algo más eficaz para anunciar su mercadería: por ejemplo, atravesarse la lengua con una aguja, hipnotizar a un gallo, tragarse un hisopo encendido en nafta. El hombre sonrió al escuchar nuestras sugerencias. Antes, en los buenos tiempos, nos dijo, vendía cientos de bolsitas, pero el negocio era un fracaso desde que el Inspector le había prohibido trabajar con ella. Preguntamos quién era ella. ¿Queríamos conocerla? Estaba ahí, en la valija, agregó, y se llamaba Anita. Nos miramos con recelo pensando que el pobre estaba loco. El hombre abrió la valija, sacó una caja de alambre tejido, del que se utiliza en las fiambrerías, y dijo:
—Salga, Anita. Aquí hay dos jóvenes que quieren conocerla.

miércoles, noviembre 23, 2011

Kang (Copi)

Nota: para leer las páginas en un tamaño amable a la vista sólo tiene que abrir las imágenes con la opción de "Abrir en nueva pestaña" en el menú desplegable del botón derecho del mouse. De otro modo, sus ojos se esforzarán por leer una letra minúscula y unos trazos delgadísimos. Queda dicho.

Previously: Las costumbres incaicas
Recuerdos de circo
La última disputa


En Revista Fierro, nº4, 2da época, febrero de 2007.

martes, noviembre 22, 2011

Selectric 251


En realidad, lo que tiene lugar en Fringe es la oposición de dos modelos tecno-científicos. Uno es el de Massive Dynamic, la oscura corporación que representa el avance de la tecnología –con extrañas alianzas con la industria armamentística–; y el otro, el laboratorio de Walter Bishop en la Universidad de Harvard, un lugar –la Universidad– que en la actualidad ya no ocupa el rol primordial que en otro tiempo tuvo para la ciencia –alejada en la actualidad del ámbito del conocimiento y situada en el dominio empresarial–. Estos dos modelos, económicos y culturales, en la serie aparecen también como dos lugares diferentes a través de la puesta en escena y el display de la tecnología. Mientras que Massive Dynamic es un lugar aséptico, higiénico y desafectado, el laboratorio de Bishop es un lugar sucio, orgánico y vivo –en el que uno encuentra hasta una vaca–, penetrado por los remanentes de la cultura hippy.
Se trata también de una oposición entre un modelo de experiencia e intuición frente a un modelo frío y cuantitativo. Una ciencia afectiva y creativa frente a una ciencia absolutamente alejada de cualquier relación con la imaginación. Y esa misma dialéctica de modelos científicos es la que en cierto modo también se encuentra detrás de la confrontación entre los dos universos paralelos, donde de nuevo el papel de la tecnología es importante.

Para los que ven Fringe, el artículo "Tecnologías de segunda mano I: Fringe y los límites de la melancolía" de Miguel A. Hernández-Navarro, sigue acá. Para los que no ven Fringe, cuestiónense qué están haciendo con su tiempo libre, todavía hay mundos paralelos por descubrir y tecnología obsoleta por recuperar.

lunes, noviembre 21, 2011

La sinagoga de los iconoclastas (J. R. Wilcock) (XX)

ANDRE LEBRAN

André Lebran es recordado, modestamente recordado, o mejor dicho no es recordado en absoluto, como inventor de la pentacicleta o pentaciclo, o sea la bicicleta de cinco ruedas. A partir del triciclo de transporte, por todos conocido, es fácil imaginar un artefacto semejante provisto de cuatro ruedas, en lugar de dos, bajo el carrito trasero, lo que hace cinco en total; y es posible que en algún lugar exista un vehículo de dicho tipo. Nada más alejado, sin embargo, de las intenciones de Lebran, que era un estudioso autodidacta de mineralogía, tenía un espíritu pitagórico y se deleitaba especialmente con los polígonos y poliedros perfectos, llamados también aristotélicos, puros objetos mentales que tienen la propiedad de poseer infinitas propiedades. Su pentaciclo era, pues, una bicicleta pentagonal, con el asiento en el centro del polígono y una rueda en cada vértice.
Es obvio que si las ruedas hubieran estado dispuestas radialmente, o bien tangencialmente, el vehículo no habría servido para nada. En el segundo caso, quizás como rueda de molino; pero, dejando a un lado el escaso rendimiento de un molino movido por pedales, está claro que no se habría podido utilizar como vehículo. Lebran había observado que en cualquier medio de transporte que no gira sobre sí mismo las ruedas tienden a asumir la posición paralela; y, viceversa, había observado también que, apenas una o más ruedas se alejan de esa posición, el medio gira sobre sí mismo, o en torno a un punto fijo del entorno, o incluso se queda inmóvil. Por dicho motivo, muy sabiamente, las cinco ruedas de su pentaciclo apuntaban todas en la misma dirección.
Una vez establecido lo anterior, permanece el hecho de que resultaría arduo imaginar un artefacto más inútil, embarazoso y absurdo. Así, al menos, lo ha decretado el Hado, al concederle como segundo y definitivo premio el olvido. El primer premio, medalla de plata, le había sido conferido con motivo de la gran Exposición Universal parisina de 1889; en uno de cuyos pabellones, frente al Palais des Machines, el pentaciclo fue expuesto por vez primera a la admiración escéptica de los franceses, con el inventor sentado al sillín, provisto de unos robustos anteojos antipolvo.
A Lebran le había sido concedido un stand pequeño, de cuatro metros por cuatro, pero cuando no llovía podía salir y efectuar alguna evolución en un patio interior de la Exposición; cuando llovía, se limitaba a pedalear por el ámbito limitado de su stand, encima de una estera roja. Allí dentro podía realizar un recorrido de un metro y medio como máximo; una vez llegado a la valla, bajaba y empujaba hacia atrás un metro y medio el aparato, luego subía de nuevo y recomenzaba. A partir de cierto momento, para corregir el desinterés de los visitantes, Lebran apareció en público disfrazado de indio americano semínola.
De un folleto o dépliant que había hecho imprimir el inventor para aquella ocasión, extraemos las siguientes aclaraciones: «Ruedas impulsoras tres, con tracción antero-posterior; las otras dos ruedas laterales contribuyen al equilibrio del conjunto. Ejes plegables regulables dotados de muelles, de modo que absorben los desniveles del terreno. Escasa fricción en subida, velocidad en descenso igual a la de una bicicleta corriente multiplicada por el factor K (K depende del barro y varía de 2 a 2 1/2). Notables ventajas bélicas como sucedáneo del caballo: ningún forraje, equilibrio permanente sobre terrenos acribillados, escasa superficie ofrecida a la metralla, detención en forma de tresbolillo de modo que el mismo obús no puede dañar más de una rueda a la vez. Un solo regimiento en pentaciclo podría devastar pacíficamente en un solo día todo el valle del Marne. Razonada explotación de las propiedades mágicas, exóticas y geométricas del pentágono, del talismán pentagular y del Pentateuco; triple freno de corcho; sillín ampliable o reducible según las dimensiones del conductor. Ganchos previstos para el eventual añadido de 2 (dos) cestas para el transporte de niños o lactantes. Balance regulable al aire libre. Guardabarros parabólicos. Linternas a voluntad hasta el número de 5 (cinco) para paseos nocturnos. Camilla posterior transversal insertable debajo del sillín para el transporte de enfermos graves o cadáveres. Próximamente la utilización del pentaciclo ampliará al cuerpo de bomberos de la ciudad de Dijon (modelo incombustible de aluminio). Transformable en pentapatín para lagunas, inundaciones y aluviones (patines de baobab). Elimina rápidamente cualquier forma de obesidad pectoral, ventral o posterior. Vehículo deportivo especialmente idóneo para señoritas, señoras, viudas y enfermeras. El pentaciclo Lebran es veloz pero seguro.»
Al parecer, los restantes inventos de André Lebran no pasaron del papel. Tres patentes francesas de los primeros años del siglo XIX llevan su nombre: la más notable es un ventilador consistente en un gran triángulo vertical de cartón ligero que se cuelga del techo y puede maniobrarse desde la cama con un cordel.

Voy

En un lado de la ciudad...


Al mismo tiempo, en otro lado de la ciudad...

domingo, noviembre 20, 2011

I'm a space cop, my name is Monday...

sábado, noviembre 19, 2011

Por una teoría del desecho incorporado

ESPONJA
Voy a justificar esta palabra en un instante.
Hay sujetos individuales (cada uno de nosotros) que pueden tener fantasmas de Vivir-Juntos. Se fabrica entonces un Vivir-Juntos fantasmático eligiendo a los compañeros en la red de personas que se conocen. Lo interesante en esta elaboración fantástica no es ver a quién se elige, sino a quién se elimina: pues los criterios de eliminación no abarcan forzosamente los imperativos del afecto. Criterios a menudo sutiles para analizar.
Muchas comunidades: esta paradoja (objeto de esta figura): lo que es eliminado es integrado, conservando su estatuto de eliminado. Es el estatuto contradictorio del paria: rechazado e integrado, integrado como desecho. Quizá no haya comunidad sin desecho integrado. Tomemos el mundo de hoy: tipos de sociedad muy diferentes; probablemente no sin desecho incorporado. Toda sociedad conserva celosamente sus desechos, les impide salir. A la sociología mundial le haría falta, pues, una teoría del desecho incorporado, del desecho retenido (simplemente: variaciones de la hipocresía, de las justificaciones ideológicas referidas al paria, que tiende a no ser reconocido como tal).
En nuestro corpus: Historia Lausiaca, capítulo XXXIV, p. 160: "La que simulaba demencia".
[Monasterio de mujeres, p. 160: "En ese monasterio, había otra virgen, que simulaba demencia y posesión diabólica; inspiraba tanta repugnancia que no comían con ella, lo que justamente ella pretendía.
"Merodeaba en la cocina y la usaban para todo; era, como se dice, la esponja del convento... Ponía en práctica la palabra de las Escrituras: Si alguien pretende ser sabio en este siglo, que se haga loco para con-vertirse en sabio."
Cf. Tao, Grenier, 125: "Aunque sabio, simular insensatez (obstinarse en vivir retirado); ésta es la verdad esencial. "
[Esta esponja] "se había atado trapos en la cabeza (todas las demás están rapadas y llevan la cogulla), y hacía así el servicio. Ninguna de las cuatrocientas religiosas la vio comer durante su vida: no se sentaba a la mesa, no tomaba un pedazo de pan; se contentaba con las migas que juntaba de las mesas o de los platos. Jamás ofendió a nadie ni murmuró ni dijo una palabra; y sin embargo, la golpeaban, la insultaban, le deseaban el mal, le tenían aversión."
Con el cambio evangélico: San Piterum, advertido por una revelación que le dice que hay una mujer más piadosa que él. Piterum va al convento (p. 161):
[Al llegar al convento] "pidió verlas a todas. Pero ella no aparecía. Finalmente, Piterum les dice: 'Tráiganme a todas; falta una todavía. -Tenemos a una tonta, dicen ellas, adentro, en la cocina' —pues es el nombre que les dan a las que tienen el espíritu perturbado. Piterum les dice: '¡Tráiganmela también a ella, déjenme verla!' La llamaron a los gritos, pero ella no respondía, porque se daba cuenta, tal vez, de la situación, o había sido advertida por una revelación. La trajeron a la rastra y le dijeron: 'San Piterum quiere verte...' -pues él era célebre. Cuando llegó, Piterum vio los trapos que tenía sobre la frente y cayó a sus pies diciendo: '¡Bendíceme, Señor!' Ellas, sorprendidas, le dijeron: 'Padre, no te ofendas, es una tonta. 'Pero Piterum les dijo a todas: '¡Son ustedes las tontas! Pues ella es su Madre, la de ustedes y la mía! (Es en efecto el nombre que se les da a aquellas que tienen carisma.) ¡Y pido en mis plegarias ser merecedor de ella el día del juicio!' Al oír estas palabras, cayeron a los pies de Piterum, haciendo cada una confesiones diferentes: una había volcado sobre ella el agua sucia de los platos; otra le había propinado puñetazos; otra le había puesto mostaza en la nariz; y todas, en una palabra, declararon ultrajes diferentes... Piterum oró por ellas, y se marchó.
"En cuanto a ella, contrariada por las alabanzas y homenajes de las hermanas y excedida por sus excusas, abandonó el monasterio algunos días más tarde. ¿Adónde fue? ¿Dónde se quedó? ¿Cómo terminó? Nadie lo supo."]
Recordemos el esquema actancial de Greimas: Sujeto -> Objeto + Destinatario/Destinador + Oponente/Ayudante. Este esquema es demasiano razonable, pleno y armonioso: le falta el Actante-Desecho, la Esponja. Se podría incluso -simple hipótesis de trabajo- imaginar una tipología de los relatos y de las comunidades, de las ficciones de comunidades, en función del papel de este Actante-Desecho:
1. Comunidad donde el actante está presente: desecho integrado (Historia Lausiaca). The Lord of the Flies: un chico tiene el papel de la esponja en la banda: Porcinet. Pot-Bouile. Adèle, la fregona; edificio burgués: círculos de nivel de vida. Al nivel de los amos le responden analógicamente el nivel de los domésticos (y el de los pisos) (cf. "Domésticos"). La última de las familias (en el último piso), los Pichon: no tienen sirvienta. Antes, la familia más pobre, los Josserand (la madre intenta casar a sus hijas): tienen una fregona, Adèle. Muy bien percibido por Zola: Adèle es la esponja, no solamente de sus amos, sino también de la domesticidad, que dispone de un espacio comunitario, el patio de las cocinas, donde constantemente le lanzan invectivas y le hacen burlas a Adèle. Dos veces esponja: su soledad de paria absoluta, ilustrada por la escena horrible del parto clandestino. Adèle tiene que parir sola en su cuarto, sin ayuda ni miradas, el niño es tirado a la basura, todo se cierra. Paria = nada (cf. partida, desaparición de la demente en Historia Lausiaca).
2. Relatos sin Actante-Desecho: 1) Robinson Crusoe. espacio a) de la soledad de a dos (Viernes); b) de un grupo esclavista (otro problema = directamente económico: esclavos ≠ parias). 2) La montaña mágica: no hay desecho. En un sentido, laguna extraña, "falla" del relato: es que, en realidad, es un relato humanamente idílico. Lo "negro" del relato viene de la muerte, no de los afectos. El desecho: la muerte. En lo que respecta a la comunidad: relato muy civilizado, humanista.
Una estructura absolutamente paradójica: el Actante-Desecho se confunde con el Actante-Sujeto; confusión de dos actantes en el mismo actor. La Esponja es el Sujeto del relato: la secuestrada de Poitiers como "actor". Es decir, según sus atributos novelescos, según la instancia de descripción: ella es el desecho absoluto (antro-basura, mugre, excrementos, piojos); pero ella es el Sujeto-enigma del relato. (Sujeto paradójico, pues no tiene Objeto, ni búsqueda: la policía, la sociedad hacen de ella un relato.)
Todo esto puede ser vinculado: ya sea a una teoría del chivo expiatorio (Cf. René Girard, La Violence et le Sacré), ya sea a la teoría del brujo en Lévi-Strauss (Introduction á l'anthropologie structurale). Punto sobre el cual la comunidad fija la enfermedad (como un absceso de fijación) y así lo exorciza, lo elimina. Integro lo anómico codificando su lugar de anómico. Lo recupero en un lugar sin peligro = es lo que hace el poder, si es astuto, con las marginalidades. Establece parques (como para los indios). Convierte a los intelectuales en una casta reconocida y aislada. Pues la última vuelta de la manipulación es, para terminar, glorificar, honrar, consagrar el desecho. Es lo que quiere hacer el monasterio. El desecho, si es consecuente, no puede sino partir: es lo que hace nuestra "Esponja".

Barthes, Roland (2005): Cómo vivir juntos, Buenos Aires, Siglo XXI, pp. 133-136.

viernes, noviembre 18, 2011

La última disputa (Copi)

Nota: para leer las páginas en un tamaño amable a la vista sólo tiene que abrir las imágenes con la opción de "Abrir en nueva pestaña" en el menú desplegable del botón derecho del mouse. De otro modo, sus ojos se esforzarán por leer una letra minúscula y unos trazos delgadísimos. Queda dicho.

Previously: Las costumbres incaicas
Recuerdos de circo






En Revista Fierro, nº3, 2da época, enero de 2007.

Teatro de operaciones (Carlos Gardini)


Serpiente

Una zona era la franja desértica, un arenal salitroso alrededor de una laguna que cambiaba de tamaño según la época del año y las lluvias. Otra eran las tierras de labranza, en general maizales que a veces eran campos de rastrojos y a veces terrenos yermos, según la propiedad donde estaban, según las oscilaciones de la guerra. Después venían los morros, cubiertos por una selva tupida y húmeda y proliferante, estriada de manchas grises: las cicatrices del napalm, las escoriaciones de los explosivos. La selva tenía un gusto violento, invitante, como un sexo abierto. En sus entrañas acechaba el cáncer, Gregorio.
En ese paisaje cambiante, incoherente, había aldeas. Las aldeas eran chozas de barro apiñadas junto a un arroyo o un montón de ruinas, y allí vivían gentes aindiadas, las víctimas de la guerra, hijos de las víctimas de muchas guerras anteriores, guerras entre militares y colonos, entre colonos e indios, entre piratas y colonos, entre militares y militares. Las ruinas eran estatuas de piedra, parapetos, dioses enjoyados, dioses entronados y caídos, dioses que copulaban o defecaban, con una o varias caras grises o pardas. Y una diosa panzona, con pechos que le colgaban hasta el ombligo. Las caras de la gente eran grises o pardas, como las de los dioses, y estaban manchadas de cicatrices violentas, como el paisaje.
En medio de todo corría una carretera de polvo, una línea sinuosa y blanca a veces moteada de verde —vehículos militares— que caracoleaba internándose en los morros, donde se perdía en una contorsión agónica. Los aldeanos emigraban, se refugiaban, saqueaban o se unían al enemigo. A veces se veían hileras que arrastraban los pies por la carretera blanca, el único vínculo, el único contacto en esa mancha arenosa y verde y amarilla de kilómetros cuadrados de extensión. Llevaban chicos, mujeres, pollos, bueyes, muías y carretas. Vestían ponchos, overoles, bombachas y sombreros de ala ancha. Morían quemados, hambreados, violados y mutilados, pero nunca abandonaban el paisaje, el teatro de operaciones. Se aferraban a sus enfermedades, sus antepasados, sus abuelos, los abuelos de sus abuelos, sus dioses, los vientres de sus mujeres hinchadas de trabajo y de opio. Desde el aire, la carretera imponía un orden. Era un enlace, y sus contorsiones parecían premonitorias.

miércoles, noviembre 16, 2011

Presentación El común olvido de Sylvia Molloy

martes, noviembre 15, 2011

Cómo desaparecer completamente

Con tanta red social disponible (Facebook, Myspace, Twitter, Flickr y digamos… Pluplr) los genios de RRHH buscan instalar una nueva e ingeniosa metología de evaluación de personal ideal para joderle la vida a la gente que busca trabajo en el marco de un mercado laboral cada vez más competitivo. Ahora resulta que lo primero que recomiendan a los empleadores antes de contratar a un individuo/candidato es chequear su Facebook. Así, tu futuro empleador puede ver cómo te pusiste en pedo el fin de semana pasado y bailaste el hula-hula con la corbata en la cabeza arriba del parlante de la fiesta de quince de tu prima Caro.
La estrategias para desaparecer en este post de Juan Marcos, "Pasado on-line vs. Futuro off-line". Visto en Lobo Suelto.

lunes, noviembre 14, 2011

Recuerdos de circo (Copi)

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Previously: Las costumbres incaicas.





En Revista Fierro, nº2, 2da época, diciembre de 2006.

sábado, noviembre 12, 2011

De vuelta al matadero (sobre El asesino de chanchos de Luciano Lamberti)


Existe un pequeño texto de Bataille, del fascinante diccionario crítico que ideó con Michel Leiris, que servía como definición de “matadero” y termina así:
No obstante, en el presente el matadero es maldito y puesto en cuarentena como un barco infectado de cólera. Pero las víctimas de esa maldición no son los matarifes o los animales, sino esa misma buena gente que ha llegado a no poder soportar más que su propia fealdad, una fealdad que responde en efecto a una enfermiza necesidad de limpieza, de pequeñez biliosa y de tedio: la maldición (que sólo aterroriza a quienes la profieren) los obliga a vegetar tan lejos como sea posible de los mataderos, a exilarse por corrección en un mundo amorfo donde ya no existe nada horrible y donde, sufriendo la indeleble obsesión de la ignominia, se ven reducidos a comer queso.
Ese texto muestra una apuesta por recuperar una zona de la experiencia humana que ha sido excluida: la zona de lo horrible, del gasto, de la pura pérdida. Esa zona (y su lógica, sus habitantes, sus lugares, sus elementos) señalan el punto vacío de un sistema que se quiere perfecto, de un mundo burgués que brega por la limpieza y el orden de lo amorfo, de lo equilibrado. Y la literatura, lo sabemos los lectores de Bataille, es una de las vías para recuperar ese plano de lo heterogéneo, de lo inasimilable, del gasto improductivo.
En “Febrero”, el Hombre que llevaba la nariz en el bolsillo escucha el canto lúdico de unas niñas y hace las compras necesarias, en una estación rutera, para un veraniego asado. Como un Meursault criollo, el Hombre que llevaba la nariz en el bolsillo soporta el sol y el calor mientras se toma un rifle y prepara el fuego. En el cuento no pasa nada, o mejor pasa nada, y sin embargo el ambiente es opresivo. El Hombre que llevaba la nariz en el bolsillo lleva una vida despojada, monótona pero en cuanto comienza el verano, se sube a la Renoleta y se va para las sierras, siempre a un lugar diferente. Hasta ahí, una normalidad lisa y llana, poco ostentosa. Sin embargo, en las provisiones para el tiempo de ocio que comienza, hay un elemento, entre el bolso y la conservadora: un bidón de kerosén. Un día caluroso, el Hombre que llevaba la nariz en el bolsillo se sube a la camioneta, viaja hasta una ruta en desuso y traza una línea recta de kerosén a través de los pastizales hasta terminar el bidón. Prende un fósforo y lo tira. Se sube a la camioneta y se va.

viernes, noviembre 11, 2011

Hola, sí, quién habla?

Hubo un tiempo en que el teléfono ocupaba un lugar central y estable en la casa, como el santuario, o la cocina-comedor. Cuando sonaba, los miembros de la familia se entregaban a una sutil carrera, como si llegaran noticias del otro mundo. Alguien preguntaba: ¿Quién es? Una voz desde el otro lado respondía: soy Ricardo, el Doctor. Un nombre y una función social. Había entonces un lugar en la casa, desde el cual se hacía una pregunta por el ser, y se encontraba una respuesta con una identidad estable. Y también había otro mundo. Un mundo de plena realización religiosa o política: utópico, del que se esperaba una palabra. Esa palabra, si llegaba, regiría la vida de la familia, hoy diríamos: de modo “autoritario”.
En la actualidad nadie pregunta ¿quién es? La respuesta a la pregunta por el ser la devela el CallerID. En cambio se le pregunta ¿dónde está? Si antes se decía la identidad, ahora se dice el lugar. Estoy yendo, llegando, subiendo: la obsesión por la localización se da en el contexto de un sistema económico en el cual la valorización del producto se da en el movimiento: te mando el trabajo adjunto, está yendo, modificá lo que quieras, enviámelo, lo retoco y se lo envío a los brasileños. Producir es poner en movimiento. La circulación incrementa el valor y la policía de los gobiernos neoliberales lo indicó tempranamente: circule.

El fundamental ensayo de Juan Ringelheim, "La nueva instrucción cívica", sigue acá, en Revista Artefacto.

jueves, noviembre 10, 2011

Cuando los apaches vienen marchando...


Nación Apache es, junto a otros, uno de los últimos bastiones para resistir al anunciado fin de los blogs (ni que hablar de los blogs colectivos): cultura, política y estilo se unen en cada una de las heterogeneas entradas, para deleite (y polémica) de los lectores virtuales.
Mañana presentan el primer libro que recopila artículos, ensayos y diatribas de los últimos años: Los archivos de Nación Apache. No podremos estar pero nuestra asistencia querrá rsolucionarse con la lectura del libro. Enhorabuena y felicitaciones, apaches!

miércoles, noviembre 09, 2011

La sinagoga de los iconoclastas (J. R. Wilcock) (XIX)

HENRIK LORGION

Una lista de sustancias ideales, prolongadamente buscadas y jamás encontradas, incluiría la favorita de Wells, que abole la fuerza de la gravedad; el polvo de cuerno de unicornio, que hace inocuos los venenos; también de Wells, el líquido que nos convierte en invisibles; el flogisto, que es la sustancia del fuego, y que en lugar de poseer peso posee ligereza; los biones de Wilhelm Reich, burbujitas llenas de energía sexual localizables en la arena; la piedra filosofal, que convierte los metales inferiores en oro y plata; los dientes de los dragones, que ahuyentan a los enemigos; el anillo de los Nibelungos, que da el poder; el agua de la fuente que Ponce de León buscó en Florida; los cuatro humores de Galeno, hipocondríaco, melancólico, colérico y flemático, que guerrean en el cuerpo e instauran jerarquías; el ánima, que según Durand Des Gros es una compacta colonia de animillas, y según las últimas teorías una sustancia química que establece los contactos entre sinapsis; la sangre de Cristo, recogida en una copa por José de Arimatea; el elemento 114, que según los cálculos debiera ser estable.
A esa lista, tal vez infinita, quiso añadir un término más el médico Henrik Lorgion, de Emmen, Holanda; el cual, durante muchos años, buscó en la linfa de los hombres y de las plantas, en el fuego y en la luz, en los peces alados llegados de las colonias y en todo lo que es mudable la sustancia de la belleza.
Lorgion sostenía que cada cosa perfecta, armoniosa y simétrica que hay en la naturaleza extrae su perfección, su armonía y simetría de una sustancia circulante, llamada por él eumorfina, y que desaparece cuando la vida muere; es la misma que ocasiona que sobre todo lo que es muerte —hombre, bestia o vegetal— se abata el desorden y la falta de armonía. Con la muerte, esta sustancia se difunde de los cuerpos a los elementos circunstantes, hasta que los procesos orgánicos normales de los seres vivientes la reabsorben y se apoderan de nuevo de ella. Cosa que parece posible si se piensa que cualquier forma de vida que nace, nace desmañada, y sólo poco a poco extrae del aire, de la luz y de la nutrición forma, color y proporción.
Alejado de los grandes centros de investigación, de París, de Leida, de Viena, Lorgion sólo disponía de un antiguo microscopio de Amsterdam, un conocimiento más bien aproximado de la ciencia química, que como ciencia estaba aún en sus inicios, y una terca convicción, puramente idealista, de que todo es materia, o se puede reducir a la materia. Ante cualquier cosa que examinara en su aparato, el holandés quedaba sorprendido por la belleza, por las formas, por el resplandor de los colores: infusorios, cabellos, ojos de insecto, mucosas aterciopeladas, estambres y pistilos y polen, gotas de rocío, cristales de nieve y silicatos, diminutos huevos de araña, plumas de oca, todo hablaba a sus ojos de un Creador, un Artista, un Esteta inagotable, infinitamente inventivo, un músico de las combinaciones; aquel Creador de las sustancias también era para Lorgion una sustancia.
A nadie se le permite en este mundo ser totalmente original, a partir del momento en que todo o casi todo ya ha sido dicho por un griego. Reducida a su esencia, la teoría de Lorgion era, en cualquier caso, un desafío al mandamiento de Occam de no multiplicar inútilmente los entes. Lo que para otro habría sido un prisma de espato de Islandia, para el médico de Emmen era una aleación o combinación de calcitas y eumorfina: el mineral en sí era una masa informe, la eumorfina lo hacía prismático, transparente, incoloro, brillante, birrefringente, en suma: bello. Calentadas a temperatura suficiente, es posible que las dos sustancias llegaran a separarse, y, en efecto, en el crisol siempre era posible reducir el cristal a una masa amorfa; pero Lorgion no disponía todavía del instrumental necesario para recoger una eumorfina tan evaporada.
Había probado con el alambique, calcinando mariposas; pero de setenta y cinco Papilio Machaon sólo había conseguido obtener media gota de agua, un agua densa y turbia, como la de los lagos alquitranados, desprovista evidentemente de eumorfina. Había probado a dejar herméticamente cerrado dentro de un globo de cristal un tulipán, y, extrañamente, el tulipán se había mantenido intacto durante mucho tiempo; al final, se había derrumbado reducido a polvo. Tal vez su belleza se había condensado en la superficie interna de la esfera. Lorgion rompió el globo pero no encontró en su interior nada concreto.
Dichos experimentos, y una plausible explicación de su parcial fracaso, están descritos en el extenso informe publicado en Utrecht en 1847, con el sencillo pero no menos enigmático título de Eumorphion (enigmático porque era preciso leer el libro para entender su título). El volumen está dividido en 237 breves capítulos, cada uno de los cuales está dedicado a un experimento diferente. De las 237 pruebas, al menos nueve, por lo que afirma el autor, dieron un resultado tangible y positivo: en total, siete gotas de eumorfina, cuidadosamente conservadas durante casi un siglo en una redomita del Museo Cívico de Emmen. Ochenta y dos bombas alemanas destruyeron en 1940 redomitas y Museo; en cuanto al extracto de belleza que contenían, habrá vuelto a la naturaleza, al ser la belleza, según Lorgion, indestructible.
Después de la aparición del libro —que no tuvo mucho éxito, entre otras cosas porque Emmen parecía entonces muy alejada del mundo científico— Lorgion prosiguió tenazmente su investigación. En 1851 fue condenado, primero a morir ahorcado, después a reclusión perpetua en un manicomio, por haber calcinado en una adecuada caldera de cobre a un jovencito de catorce años, ordeñador de oficio.

Deus irae: de exorcistas, súcubos y niñas malas


DEUS IRAE [HD] from NerdhausFilms on Vimeo.

Visto en Almas oscuras.

lunes, noviembre 07, 2011

GH Unlimited


En No comment de Ivan Brun.

domingo, noviembre 06, 2011

K. los ángeles y la bisagra

Desnudez (2011, Adriana Hidalgo), el último libro de Giorgio Agamben publicado en Argentina, es una exploración de un concepto: la inoperancia (esa vía de desactivación, la actividad que queda después del fin de la historia, íntimamente ligada con la potencia negativa). Si Agamben nos venía prometiendo, ya desde el prólogo de Homo sacer. El poder soberano y la nuda vida (1998), que llegarían los textos en los que explorase las formas-de-vida y los modos de la política que viene, en los que dejara atrás el estado de exclusión, Desnudez parece ser uno de los pasos en dicha promesa (algunos otros, esperamos, estén dados en Altissima povertà). En unos días escribiré más largo y tendido sobre el auspicioso libro de Agamben; ahora, copio uno de esos momentos brillantes (con esa luz oscura que nos lanza lo contemporáneo) a los que el italiano nos tiene acostumbrados:

Una vez más -esta es la gran intuición estratégica de Kafka, la nueva cábala que él prepara- la lucha no se lleva a cabo contra Dios o la soberanía suprema (el conde Westwest, que nunca está realmente en juego en la novela), sino contra los ángeles, los mensajeros y los funcionarios que parecen representarlos. Una lista de las personalidades del castillo con las que K. de algún modo tiene que ver es, en este sentido, instructiva: además de varias "muchachas del castillo", un ayudante de portería, un mensajero, un secretario, un jefe de sección (con el que nunca tiene una relación directa, pero cuyo nombre, Klamm, parece evocar los puntos extremos -KM- del kardo). No se trata, pues, sin intención de contrariar a los intérpretes teológicos -tanto judíos como cristianos-, de un conflicto con lo divino, sino de un cuerpo a cuerpo con las mentiras de los hombres (o de los ángeles) sobre lo divino (principalmente aquellas corrientes del entorno de los intelectuales judío-occidentales al que Kafka pertenece). Lo que el agrimensor quiere poner en cuestión son sus fronteras, las separaciones y las barreras que estas han establecido entre los hombres, y entre los hombres y lo divino.
Tanto más errada parece, entonces, la interpretación por la cual K. querría ser aceptado en el castillo y establecerse en el pueblo. El pueblo, en sí mismo, a K. no le interesa en absoluto. Y menos aún el castillo. Lo que le interesa al agrimensor es el límite que los divide y une, y que él quiere abolir o, más bien, volver inoperoso. Ya que nadie parece saber por dónde pasa materialmente este límite, quizás en realidad no existe; sin embargo pasa, como una puerta invisible, dentro de cada hombre.
Kardo no es sólo un término de la agrimensura: también significa la bisagra de la puerta. "Bisagra —según una etimología de Isidoro de Sevilla- es el lugar en el que la puerta [ostium] gira y se mueve, y se llama así a raíz del término griego para el corazón [apò tês kardías], porque así como el corazón del hombre gobierna cada cosa, la bisagra sujeta y mueve la puerta. De aquí el proverbio: in cardi-nem esse, 'encontrarse en el punto decisivo'." "La puerta [ostium] -continúa Isidoro, con una definición que Kafka habría podido suscribir sin reservas- es aquello gracias a lo cual alguien nos impide entrar", y los ostiarii, los porteros, "son aquellos que en el Antiguo Testamento les impiden a los impuros la entrada al Templo". La bisagra, el punto decisivo, es aquel en que la puerta, que obstruye el acceso, es neutralizada. Y si Bucéfalo es el "nuevo abogado", que estudia la ley sólo a condición de que ya no se aplique más, K. es el "nuevo agrimensor", que vuelve inoperosos los límites y las fronteras que separan (y a la vez mantienen unidos) lo alto y lo bajo, el castillo y el pueblo, el templo y la casa, lo divino y lo humano. Qué serían lo alto y lo bajo, lo divino y lo humano, lo puro y lo impuro una vez que la entrada (es decir, el sistema de las leyes, escritas y no escritas, que regulan sus relaciones) haya sido neutralizada, qué sería finalmente de aquel "mundo de la verdad" al que le dedica sus investigaciones el protagonista canino del relato que Kafka escribe cuando interrumpe definitivamente la redacción de la novela: esto es lo que el agrimensor apenas podrá entrever.

Agamben, Giorgio (2011): "K." en Desnudez, Buenos Aires, Adriana Hidalgo, pp. 52-54.

Presentación Caligrafía tonal: ensayos sobre poesía de Ana Porrúa

sábado, noviembre 05, 2011

"So, we meet again, MAD Magazine."


De 1952 a 2011, todas las tapas de la revista MAD, esa GRAN revista satírica norteamericana.

viernes, noviembre 04, 2011

Per ardua ad astra (1)


El 1° de Abril de 1918, en el ocaso de la Primera Guerra Mundial, la guerra que acabaría con todas las guerras, fue fundada la Royal Air Force (RAF). Considerada la fuerza aérea independiente más antigua del mundo, su creación fue, en parte, una respuesta a los bombardeos alemanes a la ciudad de Londres en 1917. Si uno se detiene en el escudo de la RAF, se encontrará con la infaltable corona real en la parte superior, una imprescindible águila saliendo del centro y, además, alrededor del ave, podrá notar una frase en latín: “Per Ardua Ad Astra”. La historia del lema, que puede ser revisada en la página oficial de la RAF, nos cuenta que antes de la creación de esta fuerza aérea, dos jóvenes oficiales discutían preocupados qué lema proponer para la Royal Flying Corps. Uno de estos jóvenes, JS Yule, había estado leyendo una novela de Sir Henry Rider Haggard y en uno de sus párrafos se leía el lema “Per Ardua Ad Astra”, encima de unos portones señoriales de hierro, enmarcados por unos grifos de mármol negro. Tal vez no sea una coincidencia, que la RAF, la fuerza aérea que desarrolló una de las doctrinas de bombardeo estratégico más cruentas de la historia de la guerra, haya tomado su lema de una novela titulada “People of the mist.”

jueves, noviembre 03, 2011

Remixadísimos 2


Everything Is A Remix: THE MATRIX from robgwilson.com on Vimeo.

miércoles, noviembre 02, 2011

La sinagoga de los iconoclastas (J. R. Wilcock) (XVIII)

JOHN O. KINNAMAN

En 1938 John Kinnaman visitó Sodoma. De regreso a Inglaterra publicó Excavaciones en busca de la verdad (Digging for Truth, 1940); en el libro explica que en aquel lugar ha encontrado una cantidad considerable de columnas y pirámides de sal, lo que hizo muy difícil, por no decir imposible, la tarea que se había fijado: descubrir cuál de aquellas protuberancias era la mujer de Lot. Escribe: «Hay demasiadas; ¿cuál será el féretro de aquella desgraciada, quién puede decirlo ahora?»
A cambio, descubrió en los alrededores la casa donde vivía Abraham y en la casa una piedra que llevaba grabada en su superficie la firma del patriarca: «Abraham».

martes, noviembre 01, 2011

Monster in my pocket


Visto en Entrecomics.

lunes, octubre 31, 2011

Néstor Sánchez, 1974

ENTRETIENS

Néstor SÁNCHEZ

Después de Barcelona que reeditó sus novelas Nosotros dos (Sudamericana, Buenos Aires, 1966 y Seix Barral, Barcelona, 1971), Siberia blues (Sudamericana, 1967 y Seix Barral, 1972) y El amhor, los Orsinis y la muerte (Sudamericana, 1969 y Seix Barral,, 1971) y acaba de publicar Cómico de la lengua (Seix Barral, 1973), París descubre a este escritor entre los más dotados y nuevos de la joven literatura argentina, publicando Nous deux (Gallimard, 1974) y anunciando la traducción de Cómico de la lengua. El autor aclara el sentido de su primera novela y de su obra por venir, contestando las preguntas de su traductor francés Albert Bensoussan.

NOVELA Y POESÍA

Me resulta prácticamente imposible pensar una novela sin relación directa con la poesía. Por el momento (y siempre provisoriamente) creo saber que la elección de un género y su cuestionamiento se debe a una ley personal, muchas veces ni siquiera entrevista. Entre el poema y la novela, para mí, la única diferencia hay que buscarla en el aliento, en la capacidad o no de aliento. Si la expresión de un hombre «no cabe» en el poema, en algún momento tenderá a abrir las formas. Las relaciones son siempre idénticas, desde el punto de vista de la vida de una lengua: el verso es el párrafo, el período es el capítulo, la totalidad es la misma, aunque haya trescientas páginas de diferencia. El problema reside en que muchísima gente sin nada que ver con la poesía «noveliza» presupuestos culturales, en lugar de recurrir al ensayo. Por eso es, tal vez, que leo tan pocas novelas.

BUENOS AIRES: EL MUNDO MARGINAL

Buenos Aires fue, es cierto, la gran fascinación de mi primera adolescencia. Mis personajes no son héroes de tango porque en general todos los letristas de tango fueron siempre literatos del populismo. Mi atracción por el mundo marginal se debió, fundamentalmente, a que el mundo no marginal me parece de una pobreza sobrecogedora. Todavía hoy si tengo que elegir entre un buen ladrón y un buen sociólogo, prefiero cenar con el primero.

«NOSOTROS DOS»

El título fue un homenaje a Henri Michaux, poeta que en aquella época tuvo una considerable importancia para mi escritura.

«CÓMICO DE LA LENGUA»

Cómico de la lengua es mi propio cuestionamiento de la literatura como «destino», es el resultado de un horror muy concreto a sentirse condenado para siempre a una imagen de sí mismo, a la pobre imagen del escritor que vive (y padece) en función de su prestigio. La literatura es un instrumento de conocimiento, y como tal, a cada nuevo intento, debe volver a sobrecogerse de la estupidez de nuestra cultura, de la pobreza de cada uno de sus ritos de visibilidad.

EL PERSONAJE ABSTRACTO: EL INSCRITO, EL ADIVINO, EL FANTASMA...

El único sentido que reconozco es el aparente sinsentido global de una vida tan corta. Todos esos personajes soy yo ¿o acaso hay algún hombre que puede asegurar que es un solo personaje todo el tiempo? Más que abstracto diría inaprensible. En el fondo, como sucede con todo el mundo, yo ignoro la oscura voluntad de mis personajes.

SALVADOR DALÍ, OTRO GENIAL CÓMICO DE LA LENGUA?

Ignoro si Dalí ha llegado a elaborar una máscara para consumo de los otros, o si en el fondo no sigue siendo el esclavo. A pesar de todo, me gusta su frase «participar activamente en la cretinización del mundo».

PARTICIPACIÓN DEL LECTOR

Mi escritura actual está orientada hacia un cambio radical de perspectiva en cuanto a la participación del lector. Esto se debe a que, por primera vez, necesito decir cosas muy concretas, cosas que tal vez representen mi despedida de la literatura. El libro que estoy escribiendo es al mismo tiempo una historia terrible y un llamado. Es el resultado de un momento de fricción extrema en que siento, como nunca antes, que en realidad estamos estafados por una visión minúscula del mundo, que es preciso realizar un gran (y doloroso) viraje interior para poder escapar de esta trampa de idiotez en la que nos ha metido una cultura basada en la mentira y en el secreto miedo a la muerte. En suma: necesito decirle a cada lector que va a morirse muy, muy pronto, y que a pesar de todo vive como si fuese eterno. Necesito hacerle compartir esta vergüenza, la miseria de sus esquemas de aislamiento.

París, junio de 1974.

Fuente: Cahiers du monde hispanique et luso-brésilien, No. 23 (1974), pp. 155-157.

domingo, octubre 30, 2011

Dr. Jekyll y Mr. Hyde x Fontanarrosa


sábado, octubre 29, 2011

Clase media (sobre La comemadre de Roque Larraquy)


“La clase media salva a la Argentina. Su triunfo será en el mundo.” anticipa Benjamín Solari Parravicini en una de sus psicografías proféticas, en 1971. Pero ¿por qué empezar una novela con ese epígrafe (y otro de Ferdinand de Saussure sobre la persistencia del pasado en toda alteración)? Esa novela, La comemadre (Entropía, 2010) de Roque Larraquy, está compuesta por dos historias, dos escrituras íntimas, dos partes: 1907 y 2009.
1907: en Argentina, un sanatorio de Temperley decide llevar a cabo un extraño experimento, la decapitación de enfermos de cáncer con una máquina que permita escuchar la última palabra, aquella palabra que percibe el decapitado cuando está ingresando en el más allá. Quintana, el protagonista de esta primera parte, anota y anota en su diario las idas y vueltas de un proyecto en el que el positivismo se toca con el delirio, la medicina con la ética pero además, intenta construir su historia de amor, entre el vouyerismo y el patetismo, con la jefa de enfermeras, Menéndez.
En un sanatorio donde la jerarquía, la competencia y la virilidad son una constante (ahí están las peleas entre Quintana y Papini, el menosprecio hacia las enfermeras, los banquetes opíparos y las reuniones en el Palais de Glace), el relato íntimo de Quintana nos presenta una historia de amor, paranoia y positivismo que anticipa la medicalización de la sociedad que avanzará a lo largo del siglo XX y el interés por lo biológico de los hombres de poder.

viernes, octubre 28, 2011

Buenos Aires Rojo Sangre XII


Acá, el cronograma y las pelis que dan.

Yo voy a ver The theatre bizarre:



Inquietante...

jueves, octubre 27, 2011

Un teatro tallado en zafiro

El antiguo alimento de los héroes (1988) de Antonio Marimón sería, claramente, uno de mis elegidos para los 200 libros. Hasta hace poco, sólo se conseguía la primera edición, la de Puntosur, ahora me enteré de que lo estaban republicando en Córdoba pero no estoy seguro de que en Buenos Aires pueda hallarse esta nueva edición. ¿Qué tiene de interesante el libro de Marimón? Todo, es decir, su variedad: autobiografía y ficción, relato sobre la última dictadura y relato sobre el Cordobazo, pequeñas crónicas (como la que pego abajo) y reflexiones sobre los héroes, historias arltianas y narraciones subjetivas sobre la posible revolución, autocrítica y utopía. El antiguo alimento de los héroes está compuesto de dos partes: la primera, "Lorera", es una nouvelle sobre la experiencia al borde de la deshumanización de un "chupado" por la última dictadura, relato durísimo, reflexivo y detallista; la segunda, "Pasos, es una colección de textos disímiles, autónomos (como "Un teatro tallado en zafiro") o que continúan (como "Héroe rojo"): ficciones, recuerdos, análisis culturales, estampas del deseo de hacer la revolución, estampitas de héroes exiliados o desaparecidos. Y sin embargo, más allá de la heterogeneidad, todos los textos están conectados por la voz del narrador, por el lirismo de la prosa de Marimón, por la exploración de la propia historia (inventada o real, no importa). En fin, lean lo que copio abajo; si quieren más, ya tendrán. Disfruten! 



Un teatro tallado en zafiro (Antonio Marimón)

Cuando me era posible, tenía la costumbre —diría la necesidad— de leer El Gráfico mientras comía. Buscaba cuidadosamente las ocasiones: solo, en una mesa arrinconada de restaurante, por ejemplo, o con el café con leche y un pan criollo untado de manteca. Pienso que existe un método íntimo hasta para leer El Gráfico. A mí me gustaba empezar por los epígrafes de las fotos, o por las secciones de chismes futbolísticos, o por las notas de vestuario que venían en recuadros a un lado de las principales. Si el mozo había traído ya el plato —ravioles con carne, milanesa napolitana— yo elegía un sector más sólido y de lectura continuada: quizás una entrevista, un reportaje o el comentario de un partido en el que no hubiese jugado Boca (no sé por qué causa, lo que se refería a Boca me sonaba poco atrayente, igual que el azul oscuro en las fichas del ludo, o el bando de los bastos en la escoba de quince). Revisaba hasta encontrar la nota apropiada para leer, ya fuese por el asunto, por la extensión, e incluso porque el diagramado permitía anchos pedazos de texto y no era preciso cambiar de posición la revista entre uno y otro bocado. Había una lábil correspondencia entre la página, apoyada contra el sifón, y el plato del que cortaba trozos con ajustado bienestar. Ambos parecían un mismo objeto. No alcanzo a definir mejor esos momentos porque no tienen definición: diré que la cascada sensitiva compuesta por la lectura y la comida simplemente eliminaba el marco, no había otra cosa como no estuviese asociada a esta apoteosis simultánea en la que a veces un elemento se distinguía ligeramente del otro, pero sin apartarse de la unidad, como es la relación que hay entre un ritmo y una melodía.

lunes, octubre 24, 2011

L'illusion comique: parte 2

En 1955, en el famoso número 237 de Sur, Borges escribía el artículo "L'illusion comique" en donde creía develar la clave del peronismo: su afán de simulación, afán que armaba una realidad irreal y que se vinculaba con los procedimientos del drama y del melodrama (ahí está también el cuento "El simulacro", recogido en El hacedor).
Hoy, en 2011, tras la victoria electoral de Cristina, me entretengo leyendo a los periodistas que no pueden justificar el suceso y que ansían el apocalipsis socio-económico. Entre ellos, encuentro un artículo de Sarlo, "Victoriosa autoinvención", en cuyo centro vuelve el tópico borgeano de la simulación, de la "puesta en escena", para contestar la pregunta que molesta como un moscardón: ¿por qué ganó, de nuevo, Cristina?. Ahí lo tienen, son tiempos cíclicos los nuestros, everything is a remix.


"L'illusion comique" (1955)
De un mundo de individuos hemos pasado a un mundo de símbolos aún más apasionado que aquél; ya la discordia no es entre partidarios y opositores del dictador, sino entre partidarios y opositores de una efigie o un nombre… Más curioso fue el manejo político de los procedimientos del drama o del melodrama.

El día 17 de octubre de 1945 se simuló que un coronel había sido arrestado y secuestrado y que el pueblo de Buenos Aires lo rescataba; nadie se detuvo a explicar quiénes lo habían secuestrado ni cómo se sabía su paradero. Tampoco hubo sanciones legales para los supuestos culpables ni se revelaron o conjeturaron sus nombres.

En un decurso de diez años las representaciones arreciaron abundantemente; con el tiempo fue creciendo el desdén por los prosaicos escrúpulos del realismo. En la mañana del 31 de agosto, el coronel, ya dictador, simuló renunciar a la presidencia, pero no elevó la renuncia al Congreso sino a funcionarios sindicales, para que todo fuera satisfactoriamente vulgar.
"L'illusion comique 2" (2011)
Después del entierro de Néstor, Cristina Kirchner dispuso casi de inmediato todos los elementos de la puesta en escena y vestuario: su luto, su palidez (atenuada con el transcurso de los meses), su figura erguida, su voz potente, que podía quebrarse por la emoción que ella misma se provocaba al mencionar al marido ausente. La Presidenta hizo una actuación de alta escuela, mezcla de vigor y emoción; se colocó a sí misma al borde del llanto y se rescató por un ejercicio público de la voluntad. Es la gran actriz de carácter sobre un escenario diseñado meticulosamente por ella misma. No compartió jamás el rol protagónico. Los focos, todos, convergieron en un solo punto.

Siendo un personaje excepcional (todo presidente lo es en su medida), la estética de la Presidenta tiene un aire de familia con las imágenes audiovisuales. A veces, un flash la asimila a una buena actriz de la televisión representando a una gran mujer política: el mismo empaque de señora que ha bajado a las cosas pero que conserva sus aires; la misma ropa con brillos; un poco de sobreactuación; un poco de distancia y mucho de afectividad. Aunque la Presidenta ha enriquecido estos rasgos, se apoya en una espontaneidad que es anterior a la puesta en escena.

domingo, octubre 23, 2011

Voy

miércoles, octubre 19, 2011

200 años, 200 libros


Acá, la lista de libro escogidos (gracias, eblogtxt). En cualquier momento, hago mi aporte con mis 15 elegidos. Si alguien se anima, puede dejar sus propios en las comentarios.
 

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